sábado, 18 de julio de 2026

Jon Fosse: Soy el viento

Idioma original: nynorsk (neonoruego)
Título original: eg er vinden
Traducción: Carolina Moreno Tena en catalán para Comanegra y Cristina Gómez Baggethun en castellano para De Conatus
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable


A pesar de ser un gran aficionado a la literatura nórdica, me sigue sorprendiendo que aún haya autores de gran calidad que pasen desapercibidos en nuestros lares. Por eso el otorgamiento del Nobel a Jon Fosse me brindó la oportunidad perfecta para descubrir este autor de gran talla artística que muestra una gran habilidad para tratar, con pocos personajes, el comportamiento humano y, especialmente, sus debilidades, carencias emocionales y temores vitales.

En esta pieza teatral de corta extensión, el autor sitúa a dos únicos personajes y lo hace sin detallar su nombre, ampliando así una indefinición que le permite extender el tema tratado a cualquier persona; así, en este texto, Fosse versa sobre la individualidad, el aislamiento y el sentido de la vida y lo hace a través de cortos diálogos entre ambas personas (que podríamos también interpretar como una sola con dos voces internas, algo muy característico del autor) donde una de las cuales admite que no puede estar sola porque «si estoy solo sólo me veo a mí, sólo me oigo a mí, y no me gusta ni verme ni oírme». Tal es así que, de manera simbólica, el personaje que carga con el peso de la acción afirma que cuando está solo se convierte en una piedra que va cayendo, mar adentro hasta el fondo; un peso, inmóvil en silencio, sin nada más. De esta manera, en una especie de alegoría entre el mar y la soledad de un viaje en barca, el autor busca hacer un retrato del viaje con la vida y la búsqueda de un lugar donde descansar y encontrarse a sí mismo, lejos de la multitud del ruido, la muchedumbre y el gentío. Así en la búsqueda de la paz interior, el autor indaga sobre la soledad, la pausa y el momento vital buscando un lugar donde encontrar reposo.

A nivel estilístico, el autor emplea frases muy cortas en las que intercala muchos silencios, dejando espacio así a la reflexión y a la pausa y juega un poco con la confusión, al despiste, al equívoco propio de la ambigüedad planteada y que plasma al aseverar de manera clara y rotunda que «de alguna manera todo debe ser imaginado (…) aunque ocurra realmente es como si fuera imaginado, como si existiera también en otro lugar, como si todo pasara en las palabras». Este componente onírico, a caballo entre realidad e imaginación es un rasgo muy propio del autor que utiliza este recurso para extender diálogos y situaciones más allá de la cabeza de los propios personajes, ampliando así sus dudas, temores e inseguridades.

De la misma manera que sucede con sus novelas, en esta obra teatral se puede constatar que, para Fosse, los personajes y lo que les sucede en su interior son la pieza angular sobre la que se sostiene cualquier narración; unos personajes reflexivos, alicaídos y desolados, donde la fatalidad parece ya escrita e es inexorable, donde el destino está ya marcado y fijado, donde, a pesar de las pequeñas variaciones o alteraciones que se puedan producir en el camino ya trazado estas no les apartan, sino que simplemente son pequeños recodos en los cuales tomar un poco de aire y constatar que, a pesar de que siempre parece haber una salida, esta no deja de ser sino una pausa, un breve respiro en el que tomar el aliento necesario para constatar, nuevamente, que no hay vuelta atrás posible, que, a pesar de los intentos de eludir el futuro, a pesar de los intentos de comprender su existencia, siguen sin ser conscientes de que es ella misma la que guía y marca cada uno de sus pasos hasta dirigirlos ineudiblemente hacia el negro abismo.

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