Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable
Empezaré la reseña indicando que esta es la tercera parte (como su nombre indica) de «El volumen del tiempo», obra con la que la autora Solvej Balle nos narra un relato en la que una mujer, Tara Selter, experimenta un salto temporal constante: siempre se levanta el dieciocho de noviembre del mismo año, con la particularidad de que ella sí recuerda lo que ha hecho durante el día y envejece de manera natural, al contrario que el resto del mundo que reinicia su existencia por la mañana al despertar. Por tanto, la reseña de este tercer volumen tiene trazas de los dos volúmenes anteriores con lo que, a partir de este punto, ¡alerta spoilers!
Empieza el relato donde terminó el volumen anterior: Tara encuentra alguien a quien le ocurre lo mismo que a ella; también él se halla atrapado en el mismo dieciocho de noviembre. Este arranque es ya de por sí un fuerte gancho narrativo, pues junto al hecho de intentar saber qué le ocurrió a Tara, ahora vemos que en este extraño suceso no es algo en lo que esté sola. Por ello, la premisa de arranque es potente ya en la primera página, porque tal y como afirma Tara, «me resulta casi impensable: que entrara por la puerta alguien con la memoria intacta». Este hecho es algo que la sorprende, porque tal y como afirma, «caigo en la cuenta del tiempo que llevaba sin sentir esa identificación mutua, ese pequeño sobresalto en la conciencia, ese ligero cosquilleo en el cerebro al reconocer a alguien que también te reconoce a ti». Así, a la protagonista le sorprende la posibilidad de conversar con alguien ya conocido, retomar conversaciones ya iniciadas, que no todo sea empezar de nuevo una y otra vez (que triste sería la vida si no pudiéramos profundizar en nuestras relaciones, si solo tuviéramos pocas horas para completarlas) y le cuesta encajar esta situación porque «aunque algunas veces me había preguntado si sería posible arrastrar a otra persona conmigo al dieciocho de noviembre, jamás se me había pasado por la cabeza que pudiera toparme con alguien rondando por mi bucle»; alguien también incómodo con ese paréntesis temporal perpetuo que manifestaba en pequeños detalles de inconformidad pues «no le gustaba ir a cortarse el pelo porque le recordadaba el paseo del tiempo».
Este encuentro fortuito propicia que el libro abarque temas nuevos en este tercer volumen, pues permite algo que no era factible en los dos volúmenes anteriores: la posibilidad de conversar y dialogar con otra persona sobre el suceso, salir de las reflexiones y pensamientos propios y expandir no únicamente el argumento sino también la propia situación, pues al hacerlo vemos otros puntos de vista, otras experiencias, porque Henry «descubrió que su memoria no había retenido muchas de las cosas que había leído en el pasado (…). Ahora había empezado a pensar de nuevo. A almacenar información sin finalidad de utilizarla. A mirar su alrededor, ignorando de que le serviría todo aquello que veía. A recolectar trozos inservibles del mundo». Con ello, el libro lanza una interesante reflexión acerca de qué podemos hacer en un único día que pueda ser de utilidad de cara al futuro, cuales de nuestras tareas tienen una continuación más allá del momento en el que las ejecutamos. Así, el libro lanza una serie de cuestiones acerca de la continuidad, no únicamente de un día hacia el siguiente, sino dentro de uno mismo en lo que refiere al crecimiento y al desarrollo como persona; aquello que dejamos al futuro o aquello que consumimos en el presente, si trazamos nuestra vida con mirada larga o aquello que hacemos empieza y acaba en el mismo día, si nuestras tareas perecen al anochecer o tienen una continuidad en nosotros y a nuestros semejantes; qué dejamos que sea de utilidad al futuro, a los que vienen, a los que vendrán. Y esa reflexión supone un cambio de paradigma en Tara, pues tal y como admite, «no sé si será correcto quedar atrapada en el dieciocho de noviembre, lo que sé es que no puedo quedarme en la habitación que da al jardín y a la leñera. No sé si he sido llamada filas o enviada a alguna misión, si me han expulsado o solo he huido».
Por todo ello, la continuación del libro en este tercer volumen es interesante y, a pesar de que es cierto que uno podría pensar que debido a la corta duración de cada uno de los volúmenes hubieran podido publicarse en uno o dos de mayor extensión, a medida que vas leyendo los diferentes libros te das cuenta de que en cada uno de ellos el enfoque sobre la situación es diferente: mientras en el primero se trata de entender lo que ha sucedido y el segundo consiste en tratar de adaptarse, este tercero intenta hallar el lugar y función que la vida nos depara.
Tal y como reflexiona la protagonista, «si nos despertáramos un día en el que han quedado atrás los dieciocho de noviembre, ¿no tendríamos la responsabilidad de que el día que acabamos de abandonar fuera mejor de todos los dieciocho de noviembre posibles?» Ahí radica principalmente el mensaje que nos deja el tercer volumen: ¿qué hacemos en un día que pueda suponer un impacto al día siguiente? ¿Cómo afrontaríamos nuestra vida a nivel personal y social? Quizás obraríamos de manera diferente, quizás querríamos cambiar cosas, o quizás la comodidad o la situación nos causaría una parálisis que nos abatiría. Probablemente es una de aquellas cosas en las que nunca podremos saber cómo actuaríamos hasta que nos encontremos con ellas. Obviamente la posibilidad es muy remota, pero para eso está la ficción, para hacernos reflexionar sobre cosas que, aunque no puedan pasar, nos sitúen en un punto de proximidad mental suficiente para pensar en ello y no quedarnos anclados, también y de manera perpetua, en el mismo sitio donde nos encontramos.
También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo I, El volumen del tiempo II
No hay comentarios:
Publicar un comentario