domingo, 19 de julio de 2026

Benjamin Markovits: Días de juego

Idioma original: inglés
Título original: Playing Days
Año de publicación: 2010
Traducción: Juan Nadalini
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable

En la reseña de El resto de nuestras vidas, mi compañero Koldo mencionaba "la alargada sombra de Stoner. Hay algo de eso también en este segundo libro que leo de Markovits (eso sí, no tiene la profusión de los personajes universitarios, por lo que la carga/pretenciosidad intelectual se reduce al mínimo).

Esta es una novela prácticamente autobiográfica. Por lo que sé, el autor jugó básquet en la segunda división de Alemania con un talento que luego explotaría en la NBA (no lo menciona por su nombre, pero si uno rastrea sus descripciones es fácil de llegar a él), con la idea de ascender al equipo a la primera división. Aparte del talento, que se llama Karl, se encuentra con un grupo conformado de universitarios que ven al deporte como un hobby, de veinteañeros tardíos que se han dado cuenta que ser el mejor en su infancia no significaba nada a la hora de la verdad y de  un treintañero desesperado por tener otra oportunidad en las grandes ligas; todo esto aderezado por un entrenador dispuesto a explotar el talento de Karl para conseguir un puesto de trabajo mucho mejor (un personaje que va de más a menos; al principio tiene presencia y luego funciona más como una comparsa del equipo, aunque quizás esa era la intención de Markovits, el desligamiento de la figura paternal a lo largo del libro y de la madurez del narrador a la hora de asumir los golpes de la vida).

Cuando no está jugando al básquet (de las pocas veces que el relato de un partido de básquet, y acá se incluyen varios, se hace apasionante. Se nota que el autor sabe de lo que habla y ha reflexionado mucho sobre el deporte), el narrador, que se llama Ben (y que no tiene ningún problema en incluir el apellido real), pasea por Landshut, el pueblito, interactuando de vez en cuando con sus compañeros de equipo, recorriendo la naturaleza de los campos alemanes y espiando por la ventana a su vecina del complejo de departamentos. También discurre en ciertas reflexiones sobre la identidad del judío (pero no es un tema central, solo un poco de color sobre el personaje) y, lo más importante, la definición del talento, o lo que se considera talento según la zona en la que se encuentra uno. ¿Es lo mismo un talento local de una ciudad de cincuenta mil a un talento que se ha probado contra todos los equipos de un país de trescientos millones? ¿Cómo la psicología del que se cree talentoso se ve afectada cuando se da cuenta que siempre hay otro mejor?

En esta novela el paisaje y la relación con los alemanes cobra un poco más de protagonismo, no tanto como para intentar un retrato de ese pueblo, pero sí entreviendo, mientras el narrador establece una dinámica azarosa o conveniente con los demás (en un momento se queja de que es el único que pregunta y de que nadie se interesa por él), que el tormento o el conflicto pasa por el interior de Ben. Acá es donde se puede notar la sombra de Stoner, en el sentido de cierta resignación hacia lo que sucede, o un dejarse llevar por los hechos, como si no pudiera controlarlos y se comportara de forma apacible por ello. Hay, por supuesto, celos hacia el otro, no solo en cuanto a lo deportivo, sino también sexual (una de las tramas, que resulta algo floja por su indecisión de resolver la historia, es la del narrador siendo una especie de novio con la vecina del departamento, que resulta ser la ex del segundo mejor jugador del equipo y con una hija de tres años). Uno de los posibles títulos del libro podría ser Una felicidad menor, en cuanto que las pequeñas victorias no cambian nada, y los golpes de realidad son piñas esperables, que no terminan destruyendo expectativas infundadas.

Mientras leía la novela revisé varias veces la foto de solapa del autor. No es algo que suela hacer, pero la mirada afable e incluso tierna corresponde totalmente a mi imaginación sobre el narrador, alguien que aprendió rápido lo que ocurría en ese ámbito deportivo, la asimilación de sus limitaciones respecto a Karl (además de que otros le repiten constantemente que puede funcionar para segunda división y no mucho más) y el efectivo análisis de su talento a la luz de ojos ajenos. Es por ello que, sacando alguna trama como la mencionada, en la que parece más un intento de forzar algún tipo de conflicto emocional, y ciertas reflexiones que no corresponden a la unidad de la novela, deja una sensación de nostalgia y tristeza por lo perdido y encontrado, un espejo en donde uno se identifica con su niñez, con las ilusiones y sueños, y comprueba qué tan lejos ha podido (o querido) llegar respecto a la voluntad de ese anhelo personal e inimitable.

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