jueves, 14 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #4: Carmen Martín Gaite: El cuarto de atrás

Idioma original: español
Año de publicación: 1978
Valoración: Está bien

En cierto punto de su trayectoria, C. M. Gaite sintió la necesidad de cultivar el género fantástico y dio alas a una imaginación vinculada estrechamente a sus memorias de infancia y juventud. De todo ello resulta este texto híbrido, compuesto de visitas al pasado y alguna alusión al presente, en el marco de un ambiente alucinado, irreal, como una pesadilla amable, si eso fuese posible. La autora da rienda suelta a esos recuerdos que  “viven agazapados en el cuarto de atrás”, según dice. Dichos recuerdos atañen a su faceta personal y, como no podría ser de otra manera, también a la literaria. Por sus palabras y escritos, sabemos que, antes que nada, le importaban las personas, y es valiéndose de ellas –sean reales o producto de su fantasía –como logra construir este mosaico. Un conjunto de retazos que, en aparente desorden, incluye anotaciones para obras futuras, proyectos más o menos olvidados, sucedidos entrañables de su infancia y juventud difuminados unas veces, otras eternamente vivos, sabrosas anécdotas que desarrolla con la naturalidad que le caracteriza, episodios fosilizados por el tiempo y experiencias que hicieron de ella lo que llegó a ser. Desde el pasivo y subordinado rol de las mujeres durante la postguerra española que le indujo a rebelarse y tomar las riendas de su vida, la utilización del pasado como propaganda, la rancia y poco estimulante figura del dictador, el futuro que se intuía con su fallecimiento hasta el onírico refugio que inventó siendo adolescente. Sin olvidar casas y objetos. Todo un mundo y unas pautas de conducta cuyo recuerdo le llenaba de nostalgia por mucho que le alegrara haber dejado atrás.
Desde un principio, como anunciando lo que vendrá después, Gaite declara que vendería su alma al diablo con tal de revivir ciertas sensaciones de su infancia. Contempla un supuesto grabado en el que:
“Se ve a un hombre de pelo y ojos muy negros incorporado sobre el codo izquierdo dentro de una cama con dosel... apunta hacia la segunda figura que aparece en el grabado. Se trata de un personaje desnudo y, a excepción de la cornea del ojo, totalmente negro: negra la piel del cuerpo, negro el pelo rizoso, negras las orejas puntiagudas, negros los cuernos, negras las dos grandes alas que le respaldan… Debajo dice: “Conferencia de Lutero con el diablo”, y esta leyenda me ayuda a escapar del sortilegio que la habitación pintada empezaba a ejercer sobre mí…”
Y el diablo, trasunto de Mefistófeles, aparece por fin vestido de negro y se cuela en ese cuarto que le sirve de refugio. La fantasía, el misterio que la Carmen-personaje añora, que según confiesa tiene intención de cultivar, a cuyos preludios materializados en el misterioso personaje de la playa acabamos de asistir cobra por fin vida. Desde su llegada, lo equívoco, lo inquietante, lo impenetrable y oscuro se adueña del texto. A la ambigua personalidad del recién llegado se añade un algo indefinido que lo abarca todo: el tipo de relación que se establece entre ambos, lo que dura la visita (pues a través de sutiles cambios en la escenografía percibimos algunos saltos temporales), la proporción de sueño y vigilia, la intención de la narradora, la expectativa de adónde conducirá todo esto. Pero en un punto concreto el visitante se vuelve demasiado humano, alguien le reclama por teléfono, se aportan datos inequívocamente realistas. Con ello se reduce el difícil equilibrio establecido entre tantos y tan diversos factores y, con él, el interés del lector.
A lo que falta le llamaría la coherencia de lo incoherente. La integración de las partes en un todo no acaba de producirse y eso disminuye en gran parte el efecto que producen los hallazgos.

También de Carmen Martín Gaite: Irse de casa, Nubosidad variable, Entre visillos

miércoles, 13 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #3, Groucho Marx: Groucho y yo

Idioma original: inglés
Título original: Groucho and me
Año de publicación: 1959
Traducción: Xavier Ortega
Valoración: recomendable

A ver... este libro me tiene muy despistado; por más que lo intento no encuentro la parte donde se habla del materialismo hformación o y el dialéctico... voy a tener que mirar en El Capital...
¿Cómo? ¿Qué hacer gracietas sobre la coincidencia de apellidos entre los distintos Marx suena más viejuno que las hazañas amatorias de Sánchez-Dragó? Bueno, ya lo sé, pero a ver quién se resiste... dejando aparte que proporciona uno de los mejores momentos de este libro: cuando su agente de bolsa llamó al autor (que había invertido todo su dinero en acciones), durante el crack del 29 y le espetó: "Marx, la broma ha terminado".

Bueno, dejémonos de bromas -o mejor no, en este caso-: Groucho y yo es, como el propio título indica, la autobiografía de Julius Henry Marx, nacido en 1890 en Yorkville, en el Upper East Side de Nueva York y hermano de Harpo, Chico, Zeppo y Gummo (casi nada). Quizás sí que fueran, después de todo, parientes delninsigne Karl, porque los padres de los cinco angelitos eran judíos alemanes -alsaciano el padre; el peor satre del vecindario, según Groucho, pero gran cocinero-; la vena actoral les venía por parte de los abuelos maternos. Groucho se crió pues en un ambiente con pocos medios económicos pero frecuentado por personajes a cual más pintoresco -no sólo parientes, sino vecinos y amigos-, recordado aquí con una benevolencia quizá más fundada en la nostálgia que en la realidad... Lo que no significa, en ningún caso, que estas memorias guarden un tono cursi  o gazmoño; nada más lejos de lo que es este libro: como bien se puede suponer, una corriente de humor irónico y tronchante (aunque menos desaforado que en el otro libro de ¿memorias? escrito por Groucho, Memorias de un amante sarnoso). De hecho, no hay más que echarle un vistazo a los títulos de algunos capítulos, para adivinar por dónde va la cosa: ¿Por qué escribir cuando uno puede telegrafiar sus pullas?; Mi juventud: puedes quedarte con ella; Un sencillo caso de auto-erotismo -no es lo que parece-; Ricos es mejor; ¿Por qué lo  llaman amor cuando quieren decir sexo? -¿alguien se preguntaba de dónde viene la frase?-... y el último, que hace referencia al programa de televisión en el que acabó su carrera Groucho: Apueste mi vida.

No piense nadie, sin embargo, que esta autobiografía es una simple acumulación de anécdotas graciosas, ocurrencias y frases ingeniosas. Las hay por todas partes, por supuesto... ¡estamos hablando de Groucho Marx!, pero ya digo que el libro suponen unas memorias en toda regla: Julius/Groucho repasa su humilde infancia y adolescencia, sus primeros pasos en el teatro -componente de un trío de adolescentes travestidos o limpiador de pelucas-, las giras por teatros de pequeñas ciudades, alojándose en pensiones de mala muerte -las únicas que admitían actores-... el éxito final en Broadway, labfortuna...y la pérdida de ésta, ya digo, en el crack de 1929. La fama internacional gracias a las películas, los chismorreos de Hollywood, la renovada celebridad en los 50, gracias a la radion y la televisión (el mítico programa Apueste su vida). El relato de toda una vida, bien regado de un sinfín de sabrosas anécdotas (sin olvidar alguna que otra diatriba contra los críticos), pero que en ningún momento pierde el hilo y demuestra unas dotes más que notables como escritor de Groucho, pese a los reiterados recordatorios de éste acerca de su deficitaria -voluntariamente, en gran medida- formación.

Lo que más llama la atención de estas memorias, sin embargo, no es su carácter testimonial sobre una época y ambiente determinados, o sobre unos personajes peculiares. Ni la evidente brillantez humorística, sino la humilde naturalidad, la modestia sobre sí mismo -y que no parece falsa, desde luego- que muestra su autor. Groucho habla maravillas -aunque sin obviar cierta amable ironía- de muchas personas con las que se cruza (como el productor Irving Thalberg, a quien los Marx hacían todo tipo de barrabadadas), de su familia, de sus hermanos (sobre todo de Chico, al que tilda de genio de las matemáticas... quizá por ser un empedernido jugador, y de Harpo, que presenta como un dechado de virtudes, amabilidad y sensatez)... mientras que él mismo parece ser más un tipo con suerte y desfachatez que el inteligente y genial humorista que sin duda fue. Un libro éste, pues, absolutamente recomendable para conocer a un personaje irrepetible y entrañable, que rebosaba humanidad, más allá de sus icónicas gafas y puro y su bigote pintado con betún.

martes, 12 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #2: Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable para todos; muy recomendable para escritores; imprescindible para fans de Piglia

Habrá quien piense que estoy haciendo trampa reseñando unos diarios en la semana de la autobiografía, sobre todo cuando el nombre del autor, Ricardo Piglia, y el del protagonista, Emili Renzi, son diferentes. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: la primera es que esto no son realmente unos diarios, sino una reelaboración revisada, con cincuenta años de distancia, de unos cuadernos escritos en la juventud del autor; y la segunda es que el nombre completo de Ricardo Piglia es Ricardo Emilio Piglia Renzi, así que la distancia entre autor y personaje es, en fin, la misma que en cualquier obra autobiográfica: la que hay entre el sujeto que habla y el objeto de que habla.

Que conste que empecé esta obra con algunos recelos. No soy aficionado a leer memorias, autobiografías o confesiones, y menos todavía de textos privados que se hacen públicos en la vejez o tras la muerte del escritor (ya me despaché a gusto sobre el tema en esta entrada). Además, Babelia había elegido este libro como mejor libro del año y, en fin, serán prejuicios míos, pero eso para mí es casi un punto negativo. Y las primeras páginas estaban confirmando mis prejuicios, porque notaba en ellas un tono pedante y egocéntrico (muy de Piglia, me parece) que no me estaba gustando nada... Pero luego estos diarios que no son un diario me engancharon, y me hicieron reconciliarme con la obra, con el autor y quién sabe si también con el género.

Este primer volumen de los Diarios de Emili Renzi cubre los "años de formación" del escritor (1957-1967). Vemos en estos años a un escritor algo inmaduro, titubeante y pobre pero decidido a triunfar y convertirse en escritor ("en diez años seré el mejor escritor de Argentina", reconoce haber dicho en un momento dado), y que mientras tanto vive de dar clases en la Universidad de La Plata, de traducciones, ediciones y antologías, o de la generosidad de amigos y familiares. Junto con las relaciones amorosas de juventud (varias y variadas), es la literatura el tema que ocupa más espacio en los diarios; no solo vamos siguiendo lo que Piglia (perdón, Renzi) escribe, sino también lo que lee: el autor demuestra en estas páginas ser un lector y un crítico atento, intuitivo y muy consciente de la técnica y sus posibilidades.

Pero lo que más me ha gustado de este libro es, precisamente, que no es un diario íntimo, sino una producción literaria creada a partir de un diario, y con consciencia de que es un texto para ser releído más adelante, por el propio autor, primero, y después por el público. Y aunque al final Piglia (o Renzi, tanto da) diga estar "transcribiendo mis diarios", en realidad está haciendo mucho más que ellos: selecciona (por ejemplo, solo se incluyen los cuadernos relativos a su vida en Argentina), incluye textos ajenos a los diarios (relatos, reflexiones, fragmentos) y sobre todo se relee a sí mismo, reafirmándose, o por lo menos eso dice, en el que fue cuando comenzaba y no era todavía "el mejor escritor de Argentina".

En la cabecera de esta reseña he incluido tres valoraciones diferentes: los fans de Piglia, sus estudiosos y seguidores, adorarán estos diarios, que les acercarán al autor en proceso de construcción; a los que quieren leer por el puro placer de hacerlo, a lo mejor les resulta algo pesada tanta reflexión sobre el estilo, los narradores o los tiempos verbales; en cambio, los escritores tienen aquí mucho material que aprender. Para empezar, sobre la determinación que hace falta para llegar a ser escritor: Piglia sacrifica lo que hace falta, pasa hambre, malvive, da sablazos si hace falta, con tal de poder leer y escribir; y también sobre la forma de leer y aprender de otros escritores, con atención al detalle, a las variaciones técnicas, pero también con un criterio y una estética propios. (De García Márquez, por ejemplo, dice que tiene una prosa "demagógica").

No sé si me compraré el resto de los Diarios cuando salgan (está prevista una trilogía): a lo mejor son más de lo mismo, y terminan por aburrir. Lo que sí sé es que, si volviera a leer este primer volumen, bolígrafo en mano, encontraría mucha frase para subrayar y mucha idea para reflexionar, sobre Piglia, sobre las mujeres, sobre la literatura, sobre la vida.

También de Ricardo Piglia en ULAD: Plata quemada, Blanco Nocturno, Las tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh, Los casos del comisario Croce

lunes, 11 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #1, James Rhodes: Instrumental

Idioma original: inglés
Título original: Instrumental
Año de publicación: 2014
Traducción: Ismael Attrache
Valoración: muy recomendable


Pues resulta que, de todas las frases que decoran el fajín, la que más me convence la dice alguien tan teóricamente alejado de lo literario como un juez. Que reconoce a Rhodes su derecho legítimo a contarle al mundo su sufrimiento. Que no es poco. Es importante para ponerse en contexto: Rhodes ya es una relativa celebridad en el Reino Unido y hay quien intenta impedir que estas memorias sean publicadas porque, supongo, no le gusta lo que sale en ellas o se siente aludido.
Rhodes es, dicen, un renovador del ámbito de la música clásica, un concertista de piano que ha traspasado la barrera del restringido, anquilosado y rígido mundo propio de ese estilo e intenta que sea accesible a mucha gente. Lo hace por pasión, parece, y su conocimiento se manifiesta no solo en los textos iniciales que jalonan cada capítulo, donde da rienda suelta a elogios sin medida hacia compositores, intérpretes e interpretaciones, sino de forma constante a lo largo de todos los capítulos. La música ha salvado la vida a James Rhodes. De momento, porque se autodefine aún como una persona insegura e inestable, siempre al borde de la autodestrucción.
Importa más saber los motivos de esa personalidad.
Hay uno principal.
Rhodes fue objeto, desde los seis años, de un prolongado episodio de "abusos".
Pero él no lo llama "abusos", más bien no soporta que se use ese eufemismo. En esto estamos muy de acuerdo. James Rhodes, niño. fue violado de forma reiterada por Peter Lee, que era su profesor de gimnasia en la carísima escuela a la que acudía. Y no importa que las circunstancias en cuyo detalle Rhodes no tiene reparo en extenderse puedan parecer escabrosas. A ver si es que estábamos más tranquilitos sin saberlo, claro. Estamos siempre tan tranquilos sin conocer los detalles que la palabrita "abusos" cumple una función tranquilizadora. Y es importante que Rhodes le dé una contundente patada a esa preconcepción. Claro que habrá quien opine que ser tan explicito es entregarse al morbo o al sensacionalismo. Pues voy a discrepar. Es valiente y es muy conveniente, por no decir necesario. Hoy mismo leía una reseña en un medio teóricamente "desinhibido" que ponía en tela de juicio que Instrumental sea apto para según que rango de lectores precisamente por eso, por llamarle penetración a la penetración, y todas esas cosas.
¿Vamos a escandalizarnos ahora? Por favor. El valor de Rhodes es inmenso, su franqueza ejemplar, y si es oportunista o no, él lo sabrá, pero si pensaba que había de explicarlo, no veo a quién perjudica. Esas 150 páginas iniciales, donde esa situación polariza todo su comportamiento (sus relaciones personales, su matrimonio, su paternidad, la elección de su profesión), son vertiginosas. Nos fascina no lo que explica, sino que lo explique, que no se corte en describir tanto los hechos como sus consecuencias. Drogas, alcohol, autolesiones, traumas psicológicos, problemas familiares, son efectos no colaterales, sino directos. Y aún hay quien preferiría que todo quedara simplemente "sugerido". Claro: todo pulido y que el lector no haga esfuerzos ni recree situaciones desagradables.
Cuando Rhodes desplaza la narración hacia su situación actual, es algo inevitable que se acuse un cierto bajón. Como si el libro tuviera dos partes diferenciadas: recriminación vs agradecimiento, y queda claro que el plus de rabia beneficia a Rhodes, soez, áspero, frontal, pero, curioso, sin un especial énfasis en el rencor o en la persecución del desagravio. Curioso, como lo es la elusión de menciones extensas a sus padres, cuestión que sería muy interpretable en clave freudiana. 
¿Es Instrumental, aún con ese desequilibrio, una lectura muy recomendable? Por supuesto que sí. El testimonio de Rhodes es crudo, desinhibido a conciencia y procaz con un objetivo. No dejéis que esa equivocada evocación como "canto a la vida" os confunda. Rhodes demuestra algo diferente, una ira contenida de forma poco disimulada hacia aquel que destrozó su niñez y lo dejó sin poder existir en esa patria que dicen, es la infancia. Y que condicionó muchos de sus desequilibrios posteriores. Esa ira, parafraseando a John Lydon, es la energía que moviliza las partes más brillantes de este singular libro.

domingo, 10 de enero de 2016

Félix Fénéon: Novelas en tres líneas

Idioma original: francés
Título original: Nouvelles en trois lignes
Año de publicación: 1906, en el diario Le Matin. 1948, como libro.
Traducción: Lluís Maria Todó
Valoración: muy recomendable

Empezaré la reseña por lo más obvio: ni microrrelatos, ni "poetweets", ni haikai 3.0, ni gambas fritas... ninguna modernez que se le ocurra al último hipster literario de turno resulta original: todo eso ya lo hacía, más de un siglo atrás -110 años, para ser exacto- el señor Félix Fénéon, ilustre y ubicuo animador de los ambientes pictóricos y literarios franceses de finales del siglo XIX, crítico de arte, descubridor de nuevos talentos, editor de revistas de vanguardia, funcionario ejemplar en el Ministerio de Guerra, anarquista furibundo, acusado incluso -aunque absuelto- de un atentado con bomba contra un restaurante frecuentado por senadores de la República. Periodista y galerista después de perder su puesto en el ministerio; durante el año 1906 se encargará de la columna de hechos diversos del periódico liberal Le Matin, donde plasmará, a partir de los sucesos por lo general luctuosos, acaecidos por todo el territorio francés y aun en las colonias, sus excepcionales Novelas en tres líneas, a razón de veinte diarias.

De todos modos, ¿realmente podemos hablar de "novelas", en este caso? Es obvio que se juega con el doble significado en francés del término nouvelles : en principio, significa noticias, novedades, pero también relatos cortos (más que "novelas" propiamente dichas). Por otra parte, a estas alturas del siglo XXI, ya con todo el XX toreado, sabemos bien que no es necesario que una novela respete la disposición clásica de planteamiento-nudo-desenlace (más epílogo, si se tercia), para ser considerada como tal. Lo que no significa que algunos relatos no respeten a la perfección ese esquema básico:

El señor O. Calestroupat conoció en la Cámara de los Diputados a una señora poco esquiva. Velada galante seguida de triste despertar: le habían birlado once mil doscientos cincuenta francos.

En otras muchas ocasiones, sin embargo, Fénéon sigue tácticas más astutas; por ejemplo, inicia la noticia/relato, con algún elemento más desconcertante, ya sea por desusado o banal, para acabar rematando la faena con lo que debería, en puridad, suponer la idea central de la noticia:

Apenas acababa de aspirar su rapé cuando A. Chevrel estornudó y cayendo del carro de heno que le traía de Pervechéres, expiró.

Por no hablar de cuando la evidente sorna obliga a repensar la historia que se acaba de leer, por breve que sea:

Como las dedicaba a aporrear el  piano, la policía de Brest juzgó no electorales las sesiones del bardo Artigues, candidato. Infracción.

El mundo que retrata Fénéon en sus nouvelles no resulta, sin embargo, demasiado amable, o no siempre; todo lo contrario... Debido a la materia prima periodística de la que se nutren, nos ofrecen una visión ominosa de la sociedad francesa de aquel 1906, plagada de homicidios, accidentes, suicidios, riñas, robos, atentados, huelgas, disturbios, epidemias y desastres naturales. Una realidad violenta, brutal a veces, que no encaja, quizá con la imagen plácida que a menudo nos hacemos del pasado.

Una loca de Puéchabon (Hérault), la señora Bautiol, despertó a sus suegros a mazazos.

Unos bebedores  en Houilles, se estaban pasando de mano en mano una pistola que creían descargada. Lagrange apretó el gatillo. No volvió a levantarse.

Ávidos de indulgencia, unos ladrones han desvalijado una tienda de objetos de piedad y peregrinación  de  Clichy-sous-Bois.

También, por suerte, hay lugar para las fiestas populares, los eventos destacados, los homenajes a figuras prominentes, siquiera a nivel local; momentos de respiro que nos parecen ahora de una ingenuidad que probablemente no era tal...

Delante de quince mil ciudadanos de Nîmes, seis toros destriparion a siete modestas yeguas y fueron estoqueados por Conejito y Bombita Chico.

El reglamento del alcalde de Angers sobre procesiones prohíbe en la calle los estandartes sindicales, los cantos no litúrgicos y los bastones.

La ironía, la retranca incluso, están presentes en todo momento, hasta en aquellas nouvelles que dan cuenta de hechos más trágicos; muy especialmente en las que glosan el asueto y otros actos edificantes para la sociedad bienpensante de la época:

Pánico entre las amazonas. El tiovivo de cerdos Legrand, en la plaza de las fiestas de Clichy, ha ardido a las seis de la tarde. Destrozos: dieciocho mil francos.

A igual modestia, distinta paga: la Reina de la virtud de Les-Granges-le-Roi, doscientos cincuenta francos; la de Magny-en-Vexin, trescientos; quinientos para la de Argenteuil.

Mil novecientos concursantes de "La Caña de Niort" estaban pescando ayer en el río Sèvre, y mil quinientos curiosos animaban a los peces a que picasen.

En última instancia, lo que más destaca de estas pequeñas  joyas escritas por Fénéon no es su originalidad, su habilidad técnica o su audacia narrativa -que iba a más según pasaban los días y los meses, y se ve que que aumentaba su soltura y confianza-, sino la humanidad de que hace gala. Quizás un tanto socarrona, ya digo, pero que no deja de ser compasiva incluso con los autores de las mayores atrocidades -no digamos ya con sus víctimas-, perfectamente sabedor de que en cualquier momento cualquiera de sus contemporáneos, cualquier conocido suyo o cualquier probo ciudadano que pasara por la calle podría convertirse en protagonista de alguna de estas nouvelles. Empezando por el mismo, claro. O por nosotros, si a eso vamos...

Demasiado jóvenes y ya madres, las señoritas Meuzaret, vecina de Saint-Barthélémy (Sena y Marne) y Garnier, vecina de Chassagne (Saona y Loira) han matado a sus respectivos hijos.

No me resisto, no sin antes recomendar encarecidamente este libro a todo el mundo -a quién no lo haya leído, para que lo haga; y a quien lo haya hecho, para que lo relea y vuelva a disfrutar de todas sus pequeñas maravillas-, a copiar una más de estas "novelas en tres líneas", que sin duda hará las delicias de más de uno de nuestros lectores. Nada nuevo bajo el sol, como se suele decir...

En Le Boulou (Pirineos Orientales) unos suboficiales españoles han insultado a un turista francés culpable de este grafiti: ¡Viva Cataluña!

También hay, claro está, muchas noticias de cargos políticos corruptos, pero ya no voy a poner ninguna: ¡son demasiadas y no tengo sitio para todas!

sábado, 9 de enero de 2016

Andrea Camilleri: Mujeres

Idioma original: italiano
Título original: Donne
Traductor: David Paradella López
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

Los que seáis seguidores del blog desde hace tiempo ya sabréis que de Andrea Camilleri nos gustan hasta los andares; y sabréis también, supongo, que Andrea Camilleri no es solo el autor de las novelas de la serie de Montalbano, sino también de novelas, ensayos, obras históricas o relatos no policiacos. Mujeres, lo último publicado en España mientras esperamos que salga el siguiente Montalbano (Salamandra tiene un filón con este hombre) es una mezcla de relato, memoria y ensayo, que gira en torno a la mujer en abstracto y a las mujeres en concreto.

El libro se compone de treinta y nueve capítulos, organizados alfabéticamente y titulados todos ellos con nombres de mujer (Angélica, Antígona, Beatriz, etc.). Algunas de estas mujeres son personajes literarios (la Beatriz de Dante, la Angélica de Ariosto, Helena de Troya), otras son figuras históricas (Nefertiti, Teodora), en otros casos son mujeres que formaron parte de la vida del escritor (desde su abuela hasta mujeres con las que mantuvo una aventura amorosa). Hay por último capítulos en los que uno no tiene claro si Camilleri inventa o si está basándose en hechos reales, pero al fin y al cabo, qué importa.

El tipo de mujer preferido por Camilleri es una mujer fuerte, inteligente, decidida, con personalidad, pero también sensual y hermosa. (De hecho, de casi todas las mujeres que aparecen en el libro, reales o no, se destaca su belleza en algún momento). Un modelo de este tipo de mujer es Carmen (y sus continuadoras, Nora de Casa de muñecas, Hedda Gabler, la Señorita Julia...), pero también Teodora, que ascendió de prostituta a emperadora, o incluso Ingrid, una muchacha sueca sexualmente liberada que lo invitó a pasar la noche con ella con total despreocupación.

Algunos de los capítulos son emotivos (como el dedicado a la abuela del autor), otros son divertidos (como el de una mujer obsesionada con la limpieza hasta en el ámbito amoroso) y otros son simplemente reflexiones más o menos originales sobre personajes literarios o cinematográficos conocidos por todos. En ciertos casos, da la impresión de que se han escrito algunos capítulos solo para completar el alfabeto (los dedicados a Venus, Winnie o Xenia son de los más flojos del libro). Como casi todo lo que escribe Camilleri, es un libro de lectura agradable, con destellos de ironía y de inteligencia en muchas páginas.

¿Podría haber pasado el mundo sin estas Mujeres de Camilleri? Probablemente sí, pero tampoco le hacen daño a nadie. Y dan para pasar unas horas entretenido, y para conocer mejor al creador del comisario Montalbano.

También de Andrea Camilleri en ULAD: Aquí

viernes, 8 de enero de 2016

Álvaro Pombo: Una ventana al norte

Idioma original: español 
Año de publicación: 2004
Valoración: Recomendable

No había oído antes la expresión que da título a la novela, quizá por tratarse de un localismo o por puro despiste. Pero el autor se encarga de aclarar su significado desde el principio: “… se sabía que una chica consistentemente extravagante como Isabel de la Hoz estaba de los nervios, tenía, sin duda, una ventana al norte… “.
 
Hasta el epílogo no conocemos su fuente. La mujer, cuyo nombre real no se desvela, perteneciente a la generación de los padres del novelista, tan acomodada y excéntrica como el personaje que ha inspirado, se trasladó, efectivamente, a tierras mejicanas pero no participó, que se sepa, en las guerras cristeras que tuvieron lugar entre el pueblo y el gobierno a partir de la modificación del Código Penal mejicano llevado a cabo por el presidente Elías Calles en 1926. Esto fue añadido sobre la marcha por un Pombo que en cierto momento descubre el episodio histórico, lo encuentra fascinante, y no para hasta consultar toda la documentación disponible. Pero luego pasa de puntillas por los acontecimientos y necesita aclarar que la opción se debe a cuestiones estéticas. Es cierto que el foco está en otro sitio y no era preciso ahondar demasiado, pero en mi opinión si se hubiese explayado un poco el conjunto hubiese adquirido más enjundia.

El resultado es un análisis del comportamiento de la protagonista y, sobre todo, una sátira de todos los estamentos retratados (a excepción de las clases populares mejicanas que, abandonadas por las jerarquías religiosas, se esfuerzan honestamente por defender sus creencias) que Pombo lleva a cabo mediante un humor muy sutil y personal y con un tratamiento de los personajes casi displicente. 

Ninguno de ellos sale bien parado, pero ni siquiera se equivocan a conciencia, su arbitrariedad, falta de lógica y de agallas demuestran una mediocridad que atañe a todos; incluso Fabián, el héroe indiscutible, confiesa que en un principio se adhiere a la causa impulsado por el hambre. Hasta la vehemencia y resolución de Isabel –a la que, en un punto concreto, se llega a denominar hombre de acción– aparece como deshilvanada (aunque magníficamente definida) al faltarle coherencia y objetivos. Mientras el gobierno laico reprime cruelmente las revueltas, se suceden los escarceos bélicos y la sangre corre por doquier, encontramos a un cura cobarde y acomodaticio que se va convirtiendo progresivamente en un guiñol indigno sin voluntad ninguna, a un marido instalado cómodamente en una inopia casi inverosímil y a una buena sociedad que vegeta sin ideales absorta en cotilleos de salón.

Tanto la prosa –que probablemente recrea la particular sintaxis santanderina– como la forma de estructurar la narración tienen sello propio. El relato, más o menos cronológico, no suele recrear escenas, lo que hace es mezclar constantemente reflexiones del narrador, esbozos de situaciones, información histórica, ideología, retrato de personalidades, información general, algo de humor negro y hasta algún guiño meta-ficcional que otro.

También de Álvaro Pombo en ULAD: Santander, 1936, El héroe de las mansardas de Mansard