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jueves, 26 de marzo de 2026

Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada

Idioma original: japonés

Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)

Año de publicación: 1948

Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman

Valoración: bastante recomendable

Hoy en día los tatuajes son algo tan extendido y aceptado en nuestra sociedad que ya se los hacen hasta los chavales de la ESO (y los de Primaria, casi por poco), amén de jóvenes y mayores de toda clase y condición. pero antaño eran algo exclusivo de oficios un tanto aventureros (marineros y soldados, por ejemplo) y, sobre todo, de gentes de mal vivir o, al menos, que rondaban los ambientes del malevaje. Lo mismo que en Occidente ocurría en Japón, a pesar del maravilloso nivel artístico alcanzado por el irezumi o tatuaje tradicional, pero que se asociaba a  quienes se dedicaban a oficios arriesgados como bomberos o trabajadores de la construcción y, por otras razones, a los célebres yakuza. Con el punto añadido del erotismo, puesto que en la tradición japonesa los tatuajes más apreciados son de grandes dimensiones, en ocasiones de cuerpo entero o casi y sólo pueden apreciarse sobre los cuerpos desnudos.

Ahora bien, si hoy en día la percepción social hacia los tatuajes, aquí y allí, ha cambiado por fuer de la moda, en 1947, al poco de acabar la II G. M. en Japón seguían viéndose como algo más bien marginal y túrbido -y, de hecho, la prohibición de dedicarse a tatuar seguía vigente por entonces -; lo interesante, por supuesto, es que esa práctica o afición, incluso pulsión, en algunos casos, conformaba un submundo muy particular, entre lo artístico, lo exquisito y lo opaco que resultaba de lo  más estimulante, desde un punto de vista narrativo. De ahí que la primera novela policiaca de Akimitsu Takagi, el considerado "Simenon japonés" (aunque creo que esto también se dice de su mentor, Edogawa Rampo), partiendo de una idea de lo más sugerente: en el asolado Tokio de la posguerra, que trataba de volver a la normalidad entre ruinas y escasez, se producen unos crímenes que parecen tener como objetivo apropiarse de la piel tatuada de las personas asesinadas. En el primero de los asesinatos se ve envuelto el joven médico Kenzo Matsushita, quien nos servirá de guía lo largo de toda la novela, pues además es hermano del comisario de la policía criminal Daiyu Matsushita y amigo de otro forense, el antiguo "Niño Genio", Kyosuke Kamizu, que viene a ser el Sherlock Holmes de esta historia (de hecho, esta novela es la primera de una serie protagonizada por él). 

Con estas premisa, sin duda se podría escribir un thriller erótico/truculento -y aquí encontramos ambos aspectos, de lo sensual al gore, pues después de todo, los autores japoneses son consumados intérpretes de ambas suertes-, así como una "novela problema", con misterio de cuarto cerrado incluido, que también se trata de eso. Pero, además y antes que los subgéneros mencionados, éste es un noir diríamos que clásico -o casi, debido a su ambientación- con femme fatale y todo... Es decir, que Takagi jugó con la combinación de estas diversas modalidades del género, lo que no resulta fácil, pero a él le salió bastante bien, con el atractivo añadido de, ya digo, sumergirnos en un mundo hermético, en una subcultura cerrada incluso para la mayoría de los japoneses de aquella época y que resulta o puede resultar de lo más estimulante y estremecedor al mismo tiempo. Todo bañado, ya digo, por un aura de sensualidad y, por momentos, con un toque onírico -quizás debido al estilo con que describe el autor ciertos elementos que aparecen en la novela, pero también a circunstancias de la trama-; digamos, por entendernos, que si se hiciera una adaptación de este libro al cine  (creo que no existe aún), el resultado podría ser algo así como una clasica película de detectives  de la Hammer, dirigida por Kurosawa y con la trama de una peli de Park Chan-wook, pero dándole un aire al Terciopelo Azul de David Lynch y a la estilizada brutalidad de Se7en o El silencio de los corderos... (perdón, quizás sean demasiadas referencias cinematográficas para la reseña de un libros).

El caso es que Takagi consiguió combinar todos estos elementos de una forma cuando menos amena y, en algún  momento, incluso fascinante. Cierto es que se le puede atribuir una cierta parsimonia narrativa, propia de la época en la que se escribió la novela y que, como historia de misterio, despista un poco que el Sherlock Holmes o Poirot de turno no aparezca hasta el último tercio del libro, pera luego resolver el misterio sin apenas despeinarse -bueno, sí que se despeina un poco, cosa insólita en él, por lo demás-; así, aunque sus deducciones no resultan forzadas, sí algo artificiosas. Dicho de otro modo: quizá el final no sea un Deus ex machina, pero sí un Kamizu ex machina... Da lo mismo: estos no son más que detalles, pequeñas objeciones a una novela, por lo demás estupenda, interesante e insólita. Ojalá esta editorial u otra siga publicando en España los libros de este escritor porque realmente creo que merecerá la pena leerlos.

Nota para quienes hayan leído la novela o para quienes no lo hayan hecho, pero no les importe arriesgarse a un spoiler que, en realidad, no lo es: Por lo visto, en el Museo de Patología Médica de la Universidad de Tokio sí que existe la colección de tatuajes que aparece en este libro, aunque no está abierta al público (por suerte, pienso yo, aunque entiendo que habrá a quien le gustaría verla). El iniciador de la misma fue, al parecer, un tal doctor Fukushi Masaichi, a quien no cuesta reconocer como el inspirador del profesor Hayakawa de la novela.

lunes, 13 de octubre de 2025

2x1: Strange Houses y Strange Pictures de Uketsu

Idioma original: japonés

Título original: 変な家 (Henna ie)

Año de publicación: 2021

Traducción: Sandra Ruiz Morilla

Valoración: Se deja leer (a duras penas)

¿Conoce alguien a un famoso youtuber que esconde su identidad tras una sudadera negra y una máscara blanca? No, no me refiero al soplagaitas aquél que se hace o hacía llamar Un Tío Blanco Hetero (a decir verdad, no sé si aún sigue con sus patochadas sacando vídeos), sino a un "creador de contenido" japonés conocido por Uketsu, de quien no se sabe la identidad y que se dedica a contar historias de misterio, con un toque weird e incluso de terror (bueno, ya os adelante que tampoco mucho). Por lo visto su video más visto en internet fue uno (este) sobre una casa cuyo extraño plano le movía a hacer ciertas indagaciones que desvelaban el terrible secreto que ocultaba. Como buen youtuber, adalid de los medios digitales, Uketsu enseguida escribió un libro -así, a la antigua, de papel con sus tapitas, etc.-, Strange Houses, que es uno de los que se reseñan hoy en este blog y cuyo éxito llevó luego a que se hiciese una no menos exitosa película en Japón. Movido por la curiosidad ante esta supuesto hit del terror psicológico, según diversos y entusiasmados medios que reflejaron su publicación en España, este mismo año (quiero pensar que de forma desinteresada y profesional) y movido por mi vocación de servicio a los seguidores y seguidoras de este vuestro blog que confían en nosotros para una prescripción acertada de lecturas, me puse a ello y le dedique al libro unas cuantas horas de mi vida que no recuperaré jamás...

Os resumo brevemente: el narrador -se supone que es el propio Uketsu- recibe la petición de consejo por parte de un amigo que está pensando en comprar cierta casa, pero hay algo que le parece raro. El narrador, a su vez, pide ayuda a un tercer amigo, que es arquitecto y, por lo que se ve, el más espabilado de los tres. Bueno, espabilado y fantasioso, porque a partir del análisis del plano de la casa saca unas deducciones totalmente gratuitas sobre circunstancias y sucesos luctuosos que pueden haber sucedido allí. Pero fijaos que ojo tiene el tipo, de nombre Kurihara -y que también aparece en la segunda novela que reseño hoy-, que en cuanto se le ocurre una hipótesis, por disparatada que sea, ésta pasa a ser automáticamente cierta, sin que nadie plantee posibilidades alternativas ni se intente comprobar por medio de algún tipo de pruebas... el método hipotético-deductivo más riguroso, vaya. es decir, más riguroso para programas tipo Cuarto Milenio, donde si sale un locatis diciendo que los chemtrails se deben a que nos fumigan con nanobots desde aviones o que la Tierra es plana y si te arrimas mucho al borde te caes, se da por buena la teoría y santas pascuas. Pues aquí lo mismo... Para que luego el asunto acabe siendo un culebrón familiar truculento, desestimando la novela, por desgracia, algunas posibilidades más inquietantes pero también más interesantes que parecían plantearse al principio. Una lástima, aunque ya os lo digo: eso no es lo peor...

Lo peor es que el libro parece haber sido escrito por y para lectores retr... bisoños. pero que muy bisoños... (es de suponer que el público mayoritario del canal de YouTube de Uketsu sean adolescentes, pero, coño, los adolescentes no tienen por qué ser tontos del culo y menos aún los que leen). Está escrito con una prosa supersencillita -los diálogos, incluso como si se tratara del guion de una película u obra de teatro-, sin el menor intento de utilizar recursos literarios que no sean los más básicos, una repetición constante de ideas (como en los programas de true crime, para entendernos, de los que supongo que Uketsu también tiene bastante influencia) y con muchas, muchas ilustraciones de los planos de las casas de las que se habla y que se supone ocultan la clave de un terrible secreto (terrible y totalmente inverosímil, os adelanto), con todo lo que se cuenta en el texto bien señaladito no sea que los lectores y lectoras, más acostumbrados, supongo, al lenguaje audiovisual, se pierdan con tanta palabrería... La ventaja de esta poca exigencia es que la novela se lee bastante rápido y el bochorno (quizás exagero; digamos la incomodidad) dura poco.

En fin, que si buscáis una historia de misterio con su punto de horror que os vuele la cabeza o incluso una novelilla de crímenes para pasar el rato... hacedlo en otro sitio, hacedme caso, porque con este libro vais a perder, si no el dinero (yo lo he sacado de la biblio, qué os creíais), al menos seguro que el tiempo...

Nota casi final: al parecer, hay una continuación o ampliación de este libro, aún no traducido al español (por fortuna), con once planos, nada menos, de strange houses de éstas... Vamos, no lo toco ni con un palo.


               Idioma original: japonés

               Título original: 変な絵 (Henna e)

               Año de publicación: 2022

               Traducción: Sandra Ruiz Morilla

               Valoración: Un poco mejor que el otro


Pues entonces, os preguntaréis y no sin razón: ¿a qué viene que hayas leído también Strange Pictures, la segunda novela del tal Uketsu? Os debo una explicación y esa explicación que os debo os la voy a dar... Debido a tres motivos fundamentales, a saber:

    1. Que soy más bueno que las pesetas y pensé que el amigo Uketsu, que parece buen chaval detrás de su máscara de asesino de slasher, merecía que le diera otra oportunidad, a ver si había mejorado como escritor.
    2. Que soy más bueno que el arroz con leche y pensé que los lectores/as de este blog merecen que haga el sacrificio de leer libros de dudosa calidad para poder advertirles de qué deben mantenerse alejados/as, por su bien.
    3. Que soy más bueno que... vale, que también lo había sacado de la biblioteca y ya, total, de perdidos al río... Así que me puse a leer esta otra novela perpetrada por el mismo youtuber misterioso, etc. y, mira por dónde, resulta que no está tan mal. O, en todo caso, está mejor que la anterior (tampoco era difícil). Parece que Uketsu habrá asistido a las clases de algún taller literario (o contratado un ghostwriter más competente) porque el resultado, sin ser tampoco para dedicarle una mascletà fallera, se lee con bastante más interés y hasta agrado que en el caso anterior.
En esta ocasión la cosa no va de hacer deducciones peregrinas a partir de planos de casas con truco, sino de hacer deducciones peregrinas a partir de dibujos que ha realizado alguno de los personajes de la novela. Entiéndaseme: las deducciones son igual de gratuitas y traídas por los pelos, por más que alguna de ellas pretenda basarse en las teorías psicológicas al respecto, pero aceptada la premisa de que Uketsu no se come mucho el tarro deductivo y menos aún busca una verosimilitud (que sus seguidores, además, seguro que ya le han otorgado de entrada), al menos ha sido capaz de componer una trama igualmente truculenta que en la novela anterior pero más creíble, aunque sea un tanto propia de película de sobremesa dominguera de Antena 3. Pero se le puede perdonar porque no da tanta vergüenza ajena como en Strange Houses. además, la estructura de la narración tiene cierto interés: en principio la novela está compuesta de cuatro capítulos  que parecen corresponder a relatos independientes unos de otros; a partir de un momento de la verdad, aunque determinado, sin embargo, queda claro que son cuatro partes o vertientes de la misma historia y componen en conjunto una novela de crímenes, drama(s) familiar(es) mediante... de esta forma, se logra mantener la atención del lector sin necesidad de cliffhangers forzados ni demás trucos bestselleros. La cosa no le sale mal del todo, a decir verdad.

Por lo demás, ya digo que el estilo literario ha mejorado bastante con respecto a la novela anterior y sin denotar una prosa preciosista, sino simplemente eficaz, se lee con bastante más alivio por ahorrarnos la spanish shame. Los personajes están más trabajados (tampoco era difícil), incluso con cierta profundidad psicológica, en algún caso. La trama detectivesca tiene también interés, aunque las pistas a través de los dibujos -también repetidos a lo largo del libro una y otra vez, con diagramas explicativos, además, para que nadie se pierda- están bastante traídas por los pelos, pero, en fin, también lo estaban las de las novelas de Sherlock Holmes. Aunque el maestro de Uketsu en esto de la novela policiaca es su compatriota Edogawa Rampo... y por lo que he leído en las reseñas del compañero Oriol, se nota.

En todo caso, mi consejo está claro: si alguien está interesado/a en leer alguna cosa de este autor que se esconde en las sombras interneteras, mejor decidirse por la novela de los dibujitos que por la de las casas (ya puestos, ¿por qué los títulos de la edición española son en inglés, si en el original están en japonés? Mí no entender...). O pasad directamente a su canal de YouTube, que, como también es en japonés, no os enteraréis de mucho (bueno, nuestro Alain sí) e igual hasta salís ganando...

domingo, 2 de marzo de 2025

Svetislav Basara: La leyenda de los ciclistas

Idioma original: Serbocroata 
Título original: Fama o biciklistima
Año de publicación: 1988
Traducción: Juan Cristóbal Díaz
Valoración: Fuera de concurso


Sí, emosido engañado. O si no, ¿cómo explicar que un libro titulado La leyenda de los ciclistas no hable de la vida y milagros de Coppi, Bartali, Merckx, Hinault, Indurain y compañía? 

¡Y eso que Eddy Merckx fue miembro de la Agrupación Sudoriental de Ciclistas Evangélicos! ¡Y eso que en el libro hay unas cuantas bicicletas! Pero esto no es lo que parece porque hoy hablamos de un libro "raro" de un yugoslavo "raro", valga la redundancia.

Si hacemos caso del prólogo del propio autor, escrito 20 años después de la publicación original del libro (¿quién soñaría este prólogo?), la leyenda es una novela sobre errores humanos y frustraciones en la tarea de dedicar esfuerzos inútiles al olvido de Dios y a burlar a la muerte. Por sí solo, esto no parece demasiado extraño. En cambio, la cosa se tuerce si digo que se trata de una recopilación de textos de la sociedad secreta de los ciclistas rosacruces que engendra una suerte de doctrina ciclista esotérica. ¿O no?

Así que tenemos, por un lado, una sociedad secreta cuyos seguidores se reúnen en sueños y que pretende, o eso parece, la penetración en el mundo de tal magnitud de fuerzas irracionales del espíritu que aquel acabe purificado por un fuego salvífico. Y tenemos, por otro lado, una serie de textos (manuscritos, testimonios, diarios, proclamas, proyectos) e imágenes que vendrían a constituir el cuerpo histórico y doctrinal de la sociedad de los hermanitos.

Y es inevitable acordarse de Borges, de Pynchon o de Cartarescu (también Kadaré) al leer un texto en el que las fronteras espaciotemporales saltan por los aires, al avanzar en una novela plagada de mistificaciones, aporías, referencias cruzadas, teorías a cual más loca o más cuerda, personajes que se desdoblan, espejos, etc. Posmodernismo puro y duro, vaya.

Lo que creo que diferencia a Basara de los autores citados es el humor. Hay mucho de burla, de ironía, de desmitificación o de absurdo en La leyenda de ciclistas. Ya los textos que abren la novela (el de Carlos el Feo y su esbirro Grosman) dan buena idea de lo que vendrá después. Otro ejemplo: 
La perspectiva de un hombre de cincuenta años ataviado con un polvoriento atuendo deportivo debía de llamar la atención. Tal vez fuera mi aspecto atractivo lo que inclinó la balanza a la hora de salir elegido como profeta: resultaba verdaderamente llamativo. Los profetas están llamados a profetizar y el pueblo a perseguir a los profetas. Así funciona el mundo.
Más. El carácter fragmentario de libro hace que el interés de los diferentes textos que lo componen sea, casi de forma obligatoria, algo desigual. Historias como la del ultimo caso de Sherlock Holmes o como la del arquitecto encargado de reparar la Catedral del Espíritu Santo, destrozada por la policía nazi (valga la redundancia) del sueño resultan tan sesudamente divertidas como áridas son las partes centradas en los postulados filosófico/ esotéricos de Kowalski y compañía.

Para terminar, solo queda decir  que es innegable que La leyenda de los ciclistas no es un libro apto para todos los públicos. Quien quiera una historia lineal con planteamiento, nudo y desenlace, quien busque entretenimiento y no pensar demasiado o quien pretenda echar un ratejo leyendo que se vaya buscando otro libro. Pero quien guste del riesgo y los artefactos literarios, quien piense que la realidad es un simulacro, la existencia una ilusión y la literatura la ilusión de una ilusión, seguro que disfruta de este delirio yugoslavo.

P.S.: Ya lo comentábamos en la reseña de El ángel del atentado, pero no está de más insistir: no tiene que ser nada fácil traducir y corregir un texto como este. Creo que traducción y corrección están muy logrados. Y la edición del libro es muy pero que muy chula.

También de Basara en ULAD: El ángel del atentado

viernes, 5 de enero de 2024

Alan Moore & Eddie Campbell: From Hell

Idioma original: inglés

Título original: From Hell 

Publicación:  a partir de 1991, por capítulos; 1999, como obra completa

Traducción: Jaime Rodríguez, asistido por Beatriz Barba

Valoración: imprescindible

En el muy improble caso (aunque a saber, que estos suecos, cuando se ponen, están muy locos)de que se concediera el premio Nobel de literatura a un creador del mundo del cómic, me parece que hay pocas dudas de que uno los principales candidatos, si no el primero, sería el guionista Alan Moore, por muchas razones, entre las que se cuentan los guiones de novelas gráficas tan destacadas como Watchmen, V de Vendetta o la que ocupa la reseña de hoy, otra obra magna de este arte (ya no recuerdo si era el octavo o noveno.): From Hell, una recreación/elucubración de la figura y los asesinatos del célebre Jack el Destripador. Como véis, amigues, el espíritu navideño aún no ha abandonado ULAD...

No me andaré con rodeos por miedo a destri... perdón estropearle la lectura a alguien, puesto que en el libro a la autoría de los  crímenes se desvela o atribuye casi desde el comienzo y, de hecho, buena parte de la novela consiste en acompañar al asesino mientras los comete. Siguiendo la hipótesis del autor Stephen Knight, que en 1976 publicó Jack the Ripper: The Final Solution, el Destripador habría sido Sir William Gull, primer médico real y destacado masón, que habría matado a sus víctimas para tapar el escándalo de cierto desliz cometido por un joven y alocado miembro de la casa real. Por ellos, en el complot estarían desde la mismísima reina Victoria hasta miembros prominentes de Scotland Yard, así como simples agentes, etc. Aunque en su momento tuvieron bastante éxito -incluso se realizó una película basada en el libro, con Sherlock Holmes persiguiendo al famoso serial killer-, parece que las tesis de Knight han sido refutadas desde entonces y no gozan, hoy día, de demasiado crédito.


Pero eso poco importa. En primer lugar, porque también Moore, aunque siga estas ideas durante todo el desarrollo de la novela, las pone en cuestión, así como al resto de teorías que han ido surgiendo sobre la identidad del destripador, en uno de los dos apéndices, titulado, significativamente Dance of the gull catchers (es decir, la danza de atrapagaviotas, pero también de los farsantes). Y, por otra parte, porque lo interesante de su narración no es tanto si la autoría hay que atribuírsela a éste o aquel personaje, sino el retrato descarnado que hace de un alma humana desquiciada, ambiciosa y megalómana... y de una sociedad, la del Imperio Británico de la era victoriana, que se correspondía punto por punto con ese retrato individual. Porque si algo se hace evidente en esta novela gráfica es que, crímenes aparte, el mayor horror del Londres en el que se desarrolla es la tremenda diferencia económica entre unos y otros, la miseria en la que viven los habitantes de Whitechapel, donde suceden los asesinatos, en contraste con la opulencia de la buena sociedad del West End, la autocomplacencia de los francmasones, la hipocresía de la realeza... Un mundo de desigualdades donde las más perjudicadas son las mujeres y, sobre todo, aquellas que se ven obligadas a "hacer la calle" para sobrevivir, como las víctimas del asesino; es más, en el libro el propio Gull ve sus actos como parte de una guerra de los hombres contra las mujeres, en la que aquellos han conseguido revertir la  situación, tras muchos milenios de dominio de éstas... Los crímenes del Destripador no serían para él sino unos sacrificios rituales para asentar el poder del heteropatriarcado, en la eterna lucha de lo femenino y lo masculina, de la diosa Luna contra el dios Sol... (no está mal para unos señoros de hace 30 años, ¿eh, amigues?). También hay que decir que a Gull -o al Gull que nos presenta Alan Moore- se le iba un poco bastante la pinza con los rollos esotérico-metafísicos y, de hecho, uno de los capítulos más memorables del libro no es para nada truculento, sino un recorrido "psicogeográfico" que hace por Londres, siguiendo la pista de las iglesias de su admirado Hawksmoor y otros monumentos, que resulta fascinante y también bastante perturbador. 


Enfrente, el asesino tiene al inspector Abberline, representación no ya del policía honesto pero poco imaginativo, sino del hombre común que se ha de enfrentar, con evidente impotencia, al monstruo, pero no sólo al que representa el asesino, sino también al de la degradación humana y social que ve a su alrededor, en esas calles de las que trata de huir sin conseguirlo. Ambos, Jack/Gull y Abberline son los dos protagonistas, sin lugar a dudas, de la narración, aunque sin olvidar a las prostitutas víctimas del Destripador, a las que los autores tratan con especial deferencia y compasión, deteniéndose lo suficiente en la vida de cada una de ellas, para que no convertirlas en simple atrezzo de vísceras y sangre, como ocurre en tantas novelas o películas policiacas, incluso en aquellas también basadas en casos reales. A su lado aún hay sitio -son casi 600 páginas- para encontrar a personajes destacados que pululaban por el Londres de la época: desde miembros de la familia real, como ya he dicho, al célebre "hombre elefante", John Merrick, Oscar Wilde, William Morris, los pintores Whistler y Sickert -éste, metido de hoz y coz en el asunto, de hecho-, etc. Todos se mueven por una ciudad recreada con todo detalle y conocimiento, en contraste buscado, en más de una viñeta, con el abocetamiento de las figuras humanas. Londres, sin duda, es en esta obra no ya el escenario, sino uno más de los personajes y no el menos importante...

He hablado durante toda la reseña de Moore porque es el autor de un guión de una complejidad y profundidad que rara vez se suele encontrar en las novelas gráficas, pero no quiero olvidar la magnífica labor gráfica del escocés Eddie Campbell, que en un estilo aparentemente sobrio -a esa impresión contribuye no sólo el imprescindible blanco y negro (aunque, por lo visto, existe también una edición posterior coloreada que no tengo la menor intención de ver jamás, ni por curiosidad...), sino la estricta y casi invariable distribución de las viñetas en la página- consigue no obstante transmitir todo el horror y la agitación inherentes a una historia tan tremenda, con un estilo que podríamos llamar "expresionista contenido". Las escenas de los crímenes en sí, basadas en el mejor montaje cinematográfico son, sencillamente, aterradoras. Sólo por el aspecto gráfico de este cómic (aunque el término aquí, más que en ninguna otra obra, se queda muy corto) ya merecería la pena el libro, pero si le sumamos el guión de Moore, no cabe duda de que nos encontramos ante una gran novela tanto policíaca como de terror, más un estudio psicológico y sociológico de primer orden y una narración absorbente que convierten a esta obra, definitivamente, en imprescindible.



También del maestro Moore y reseñados en Un Libro Al Día: V de Vendetta, Watchmen y La broma asesina



martes, 16 de mayo de 2023

Colaboración: Todo modo, de Leonardo Sciascia

Idioma original: italiano

Título original: Todo modo

Traducción: Joaquín Jordá

Año de publicación: 1974

Valoración: Muy recomendable


Siempre me ha parecido un acierto y modelo a copiar por la crítica de otras ramas del saber la diferencia que se establece en enología, (disciplina a la que soy totalmente ajeno), entre lo que se le suele llamar “gusto” y “regusto”. Esto, como profano, lo entiendo como la diferencia de sensaciones que te produce algo (un “input”, se mal llamaría ahora) en el momento del consumo y en su digestión; y que conste, hablo de vinos porque de momento no me he dado a las drogas, ni tampoco quiero propugnar su uso. Por cierto, al contrario que en la comida, soy acérrimo defensor de las novelas de digestión pesada, profunda y laboriosa.

No es este el caso, puesto que es una novelita corta que se puede despachar en un par de horas a placer. Y hablo del gusto/regusto porque, a pesar de su brevedad, me ha recordado muy claramente a tres obras muy distintas entre sí (y, al menos dos de ellas, bastantes más largas), sensación que ha ido aumentando a medida que lo dejaba reposar: La montaña mágica, El nombre de la rosa, y, porqué no, Hotel Pánico, de Superlópez. Curiosamente, todas ellas, incluida la reseñada, del S. XX.

Les cuento parte del argumento y ya me dirán ustedes:

Un pintor, sin nombre revelado en toda la obra, llega como casi por casualidad a una especie de antigua ermita que actualmente funciona como hotel, pero regentada por curas, monjas y demás personajes religiosos.

Nuestro protagonista se entera de que en los próximas días se celebrarán unas jornadas de meditación a las que acudirán la flor y nata del país, desde el presidente y ministros, hasta peces gordos de la banca y la industria, por lo que decide quedarse a ver qué se cuece, cosa que consigue valiéndose de su influencia.

Dado que en ese primer día de estancia las únicas ocupantes parecen ser cinco llamativas jóvenes, nuestro protagonista (gustos hay de todo tipo) aprovecha para acercarse y conocer al padre Gaetano, sacerdote y jefe de hotel, que se convierte rápidamente en la figura central de la novela, y con el cual surge una complicidad que no sabemos hasta qué punto es real y hasta cuál imaginada por el pintor.

También con rapidez (todo tiene que ser rápido a la fuerza, es una novela realmente corta), en cuanto llegan los afamados huéspedes se producen una serie de actos que forman el argumento en sí de la novela. Y hasta aquí podemos leer sin destripar el argumento.

Tildada por la posterioridad como profética (publicada unos 4 años antes del asesinato y secuestro de Aldo Moro) y por la crítica como novela de fuerte carga social, la verdad son estos aspectos que no he detectado en ningún momento, quizá por mi inevitable distanciamiento con el régimen italiano de la época. De hecho, si cito La Montaña Mágica y El nombre de la Rosa es por la sensación de aislamiento y mundo propio que me han hecho sentir las tres.

Aunque he leído en bastantes sitios que Todo modo se podría catalogar como novela negra, no encaja para mí dentro de lo noir: No hay un Sherlock Holmes – ni, más importante, un Watson – si no contamos las deducciones que se le ocurren al propio pintor y que hace llevar al personal encargado de resolver el caso, que por alguna razón desconocida parecen tomarlas en consideración. Sí que hay, pululando a lo largo de todo el libro, algo de brumoso, pero con una niebla que más que ocultar de misterio acoge parece tener forma de existencialismo – mérito del padre Gaetano.

De hecho, lo mejor de la novela, para mí, son los parlamentos entre el pintor y el padre Gaetano, o más bien todos los momentos en los que aparece este último, verdadero eje central del libro. Aunque de inevitable tendencia religiosa, se nos muestra un personaje maquiavélico y manipulador con el que en ningún momento los lectores sabremos a qué atenernos. Mención aparte para su final, lo que para mí descarta definitivamente el género negro: simplemente, no cumple las reglas no escritas del género.

Sciascia se sirve de la oportuna amistad entre el personaje del juez instructor, compañero de la infancia del protagonista, y de la complicidad que surge entre este y el comisario para irnos dando migajas del – nulo – avance en el caso.

Con estos tres personajes centrales, acompañados de un cocinero acongojado por las circunstancias que personifica al personal laico del hotel, y un comisario con más ganas de retirarse que de solucionar el caso, cumpliendo este el papel de policía pasota y corrupto que presuntamente preponderaba en la época, Leonardo Sciascia construye una novela muy bien formada, excelentemente escrita, con numerosas citas (muchas de las cuales, vergüenza de mí, ignoro) que nos hablan de alta cultura pero aún así accesible y perfectamente disfrutable.

Lo abierto del final, que no sé si se deberá a que fue escrita para una época y un lugar muy concretos o es así por decisión artística, y las referencias críticas que no he conseguido advetir en la novela, la alejan, a mi juicio, la calificación de Imprescindible, pero con los suficientes méritos propios como para alzarse con un Muy Recomendable.

Pero ojo, me da la sensación – tan manida pero a la vez tan cierta - que es de esos libros que el no poder disfrutarlo al máximo es más culpa de (la ignorancia) del lector que del oscurantismo del autor.

PD: Y sí, no es tan divertida como Hotel Pánico, pero es que hablar de la época buena de Superlópez ya son palabras mayores...

Otras (bastantes) obras de Leonardo Sciascia en ULADaquí

Firmado: EPS

lunes, 15 de febrero de 2021

Maurice Leblanc: Arsène Lupin, caballero ladrón

Idioma original: francés

Título original: Arsène Lupin, gentleman cambrioleur

Año de publicación: 1907

Traducción: Lorenzo Garza 

 Valoración: está bien y, desde luego, entretiene 

Una serie de Netflix protagonizada por Omar Sy ha vuelto a poner de moda las aventuras de Arsène Lupin, afamado ladrón de guante blanco y todo un clásico de la literatura popular (sobre todo, lógicamente, en Francia) creado por Maurice Leblanc hace más de un siglo, basándose, al parecer, tanto en el personaje antecedente Rocambole como en el anarquista Maurice Jacob, un ladrón auténtico que robaba a los ricos para financiar su lucha por la Causa. Nuestro Lupin, en cambio, no delinque para perseguir un ideal ni tampoco se trata de un moderno Robin Hood -es decir, moderno en 1907-: él roba para su propio beneficio y sin ningún remordimiento. Eso sí, no sin cierta caballerosidad y con un ingenio y simpatía,  amén de maestría, arrebatadores; imposible que a alguien le caiga mal el personaje. 

Tal personaje, ya digo, fue creado por Maurice Leblanc, un escritor que antes había tratado de abrirse camino en la literatura más "seria", y rápidamente obtuvo el favor del público, de forma que su éxito le permitió rivalizar en popularidad, al menos en el país de los mil quesos, con su contemporáneo (y especular, por decirlo así) Sherlock Holmes. De hecho, el último relato de los que componen este primer libro de Arsène Lupin se titula, sarcásticamente, Herlock Sholmés llega demasiado tarde y otro de los libros escritos por Leblanc se llama, ya sin ambages, Arsène Lupin contra Herlock Sholmés. Para acentuar este parecido, resulta que Lupin actua en algún caso también como detective, sus aventuras son transcritas por un confidente, a modo de doctor Watson -se entiende que se trata del propio Leblanc-, y mantiene una relación ambivalente con su perseguidor en las fuerzas del orden, en este caso el veterano inspector jefe Ganimard.

Este primer volumen, Arsène Lupin, caballero ladrón -título muy expresivo, aunque mola más, empero, el cambrioleur francés original- está compuesto, pues, por varios relatos, independientes aunque relacionados entre sí, en los que asistimos a algunos de los primeros "trabajos" del sin par Lupin, su detención por Ganimard -el punto más bajo en su carrera delictiva... o no-, el robo en el castillo del barón Cahorn, desde la cárcel de la Santé, la anunciada fuga de la misma... Por haber, hay incluso alguna aventura en la que el desplumado es el propio Lupin, porque siempreuede haber alguien más listo -y sinvergüenza- que el más astuto de los ladrones. En fin, una serie de historias con las que pasar un rato agradable -pese a que quizá Leblanc fuera más ocurrente planteando intrigas que resolviéndolas-, siempre que se tenga claro que, como es obvio, no se trata de alta literatura. Pero sí de una literatura de evasión que tiene el sabor añejo, y quizás también añorado, de otros tiempos que, sobre el papel, parecían más amables a los de hoy. Aunque no lo fueran, en absoluto.

Nota mitómana: Existe una película francesa de 2004 titulada, cómo no, Arsène Lupin y que, al parecer, es una adaptación de otro de los libros de este personaje, La condesa de Cagliostro, protagonizada por un tal Romain Duris (que ni sé quién es, ni me interesa) y -agarraos a la silla- Kristin Scott-Thomas y Eva Green... casi me da un pasmo cuando me enteré. No la he visto aún, pero ya tengo un objetivo en la vida... : )

jueves, 24 de septiembre de 2020

Arthur Conan Doyle: La tragedia del Korosko

Idioma original: Inglés
Título original: A Desert Drama. Being The Tragedy Of The Korosko
Año de publicación: 1897, por entregas
Traducción: E. F. S. Alonso
Valoración: Entre recomendable y está bien




Un grupo de turistas es secuestrado por guerreros árabes durante una excursión por el desierto de Libia. De esta sencilla premisa se sirve Arthur Conan Doyle para escribir La tragedia del Korosko, una novela de aventuras narrada a modo de crónica periodística.

De ella destacaría:

  • Su brevedad. Se lee, literalmente, en una sentada. 
  • Su empaque. Aunque originalmente fue publicada por entregas, su nivel de planificación es muy alto. 
  • Su prosa, concisa y elegante. 
  • Su bien estructurada y adictiva trama.
  • Su mezcla de drama, acción y romance. 
  • Su inmersiva ambientación. Doyle es capaz de sumergirnos en el escenario, hacer que sintamos el asfixiante calor del sol o el frío de las noches, consigue que veamos los bellos colores que presenta el paisaje. 
  • Sus heterogéneos protagonistas. Los pasajeros del Korosko no son excesivamente memorables (a excepción, quizás, de Miss Adams), pero te caen simpático, están bien caracterizados, tienen interacciones interesantes e incluso experimentan cierto desarrollo a lo largo del relato. 
  • Sus audaces contrastes. Estas páginas superponen Occidente con Oriente, lo moderno con lo atávico, la civilización con la barbarie, la dignidad con la mezquindad, la paz con la violencia, la fe armoniosa con el fanatismo más agresivo... 

Por otro lado, querría señalar aquellos aspectos en que la novela no acaba de funcionar, pues no ha envejecido demasiado bien:

  • La atraviesan varios prejuicios raciales y religiosos, amén de sesgos ideológicos, propios de la época y el contexto en que fue concebida. Al inicio de la narración, tenía la impresión de que Doyle iba a parodiar las actitudes colonialistas y evangelizadoras de los países cristianos. Sin embargo, se va posicionando subrepticiamente (o eso me ha parecido a mí) a favor de la ocupación militar británica de Egipto, o de la preponderancia del Cristianismo por encima del Islam. 

Tampoco me convencen algunas de las decisiones argumentales que toma Doyle:

  • Su manejo de la tensión es, visto en retrospectiva, un tanto artificial. Hay alguna que otra muerte en el grupo protagonista, cierto, y sus integrantes sufren lo suyo, pero el desenlace positivo da la impresión de que el autor velaba extradiegéticamente por su seguridad en todo momento. 
  • Me parecen poco verosímiles las reacciones que los turistas tienen, dada su situación. Salvo alguna rencilla aislada, hacen piña, hasta podría decirse que se muestran altruistas y heroicos. Personalmente, no creo en la bondad humana, y menos todavía en que ésta aflore en situaciones límite. 
  • A esto sumamos que los únicos personajes buenos del relato son exclusivamente blancos (al guía de la excursión o algún aliado sorpresa se les retrata como gente que, si actúan con rectitud, es por interés y conveniencia) y queda clara la parcialidad de Doyle.
  • Los antagonistas de su historia son villanos irredimibles. Les podría haber humanizado un poco para que el conflicto no fuera tan maniqueo.
  • El tonillo ejemplarizante que da al texto es, a mi juicio, un desatino.  

En todo caso, es innegable que La tragedia del Korosko es una novela muy entretenida. La recomiendo encarecidamente, pese a sus defectillos. Defectillos que, admitámoslo, en su mayoría se detectan por culpa de nuestra perspectiva histórica, y que estoy seguro que sus lectores decimonónicos apenas percibieron. 

Ah, el propio Doyle convirtió La tragedia del Korosko en una obra de teatro. Además, existen un par de adaptaciones cinematográficas: una película muda de 1923 y otra, esta vez sonora, de 1932.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock HolmesCuentos de terror

miércoles, 11 de marzo de 2020

Juan Díaz Canales & Juanjo Guarnido: Blacksad integral




Idioma original: francés
Título original: Blacksad, l'intégrale
Año de publicación: 2000-2013, como historias independientes; 2014, reunidas en este volumen
Traducción: supongo que los propios autores
Valoración: recomendable

Si hay algún personaje típico y tópico en literatura, en este caso de cierto gérnero, és el del consabido detective privado de la novela negra (o noir, como se dice últimamente, porque suena más guay).Por ma´s que después hayan aparecido decenas o , yo qué sé, cientos de variantes del mismo, el modelo del private-eye sigue siendo el que trazaron hace muchos años Hammett y Chandler: un tipo duro y desencantado, pero no exento de cierta integridad, de un código ético propio al que es fiel, y que sin más protección que su gabardina y su perspicacia algo cínica, se mueve entre los malotes, tanto de los bajos fondos como de las altas esferas, confiando por igual en su inteligencia como en sus puños para resolver el misterio que le han encargado investigar. Un modelo digamos opuesto (quizá no tanto o no siempre) al detectyive puramente cerebral que representan Sherlock Holmes o Hercules Poirot.

Se trata de un modelo, ya digo, firmemente asentado en el imaginario popular, pero que a veces cuenta con curiosas variantes; por ejemplo, en el caso de este cómic, el detective John Blacksad  es un gato -casi- negro. Mejor dicho. es un tiarrón con cabeza de gato, de igual forma que sus partenaires erótico-afectivas también son esculturales chicas con rasgos felinos, etc. En fin, que todos los personajes son zoomorfos y ahí reside, en buena parte, la gracia de estas historietas (lo escribo en plural porque el libro es una recopilación de las aventuras de este personaje, que ya fueron editándose como álbumes independientes o como parte de otras publicaciones). Los personajes, por tanto, tienen anatomía humana pero cabezas, o al menos rasgos, de animales. Aunque éstos tampoco han sido repartidos al azar, sino siguiendo criteerios basados en las supuestas "cualidades" o "defectos" que la tradición otorga a los bichos en cuestión, o las actividades a las que les hacemos dedicarse; así, los policías son perros; los matones, gorilas o rinocerontes , asesinosy sicarios, reptiles; los sabios, búhos, etc... Esta humanización de los animales (o animalización de los humanos, según se mire) no es en absoluto una novedad en el cómic y la novela gráfica: recordemos, sin ir mñás lejos, la albadísima Maus o El gato Fritz, de Robert Crumb. Aunque o que nos viene a todos a la mente, supongo,  son tantos personajes de Disney... justamente la compañía para la que ha dibujado durante años Juanjo Guarnido, así que hemos de convenir que sabe lo que hace...

Por lo demás, las aventuras que nos cuentan en este volumen integral -cinco historias largas más dos cortitas, de tan sólo un par de páginas- son bastante típicas del género negro: resolver el asesinato de una antigua amante, el secuestro de una niña, encontrar a un músico desaparecido, etc., pero se van enredando e implicando a poderes superiores o secretos ocultos del pasado. Los casos se desarrollan en los años 50, en diferentes lugares de los EEUU -Nueva York, Nueva Orleans, Texas...- y aparecen personajes más o menos característicos de esa época: beatniks, músicos de jazz, estrellas de cine, científicos y supuestos espías comunistas... En uno de los mejores capítulos, quizá por resultar más actual, Nación Ártica, encontramos un grupo racista así llamado, trasunto del KKK y enfrentado a los Black Claws, formado por animales de pelaje negro. Esta referrencia distintos colores y gamaas cromáticas es una constante ua desde el título de casi todas las historias -Un lugar entre las sombras, Arctic-Nation, Alma Roja, Amarillo- y recuerdan un poco a los títulos -también al contenido, aunque aquí es más light, de las novelas de la serie de Easy Rawlins, de Walter Mosley.

De todas formas, lo más destascable de las historietas protagonizadas por el detective Blacksad, además de los estupendos guiones de Díaz Canales, sin duda son las prolijas ilustraciones de Juanjo Guarnizo dotadas de un trazo sumamente elegante sin perder dinamismo, una composición narrativa perfecta y un color administrado con gusto exquisito; no se puede sino otorgarle un 10, en todos los aspectos. Por ceirto, que el propio Guarnizo ha asegurado en alguna ocasión que, tras la publicación de su último y receinte álbum, El Buscón en las Indias, volverían las aventuras de este gatuno detective. A ver si tenemos suerte y cumple su palabra...

Un último apunte, sobre el idioma original de este cómic: siendo sus dos autores españoles, cabe suponer que los guiones fueron escritos, en principio, en castellano, pero se publicaron antes en Francia, por Dargaud, por lo que el fracés es la lengua que consta como original, aunque con una traducción, imagino, de ida y vuelta.



domingo, 5 de mayo de 2019

Ricardo Piglia: Los casos del comisario Croce


Idioma:
 español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien


Sin más referencia de la obra de Ricardo Piglia que la proteica y excelente Plata quemada, me dispuse a leer éste su último libro; de hecho, publicado de forma póstuma. No se trata de una novela, sino de una serie de relatos policiales protagonizados por el comisario Croce (personaje que ya aparecía, por lo visto, en Blanco nocturno), un pesquisa rural de la provincia de Buenos Aires, especialmente atinado a la hora de resolver misterios gracias a métodos que aúnan la deducción y lo intuitivo. Hay que señalar que estos casos no siguen un hilo temporal, sino que saltan de la época en la que el policía se encontraba en el mejor momento de su carrera, a la de su jubilación o cuando tuvo que pasar a la clandestinidad por motivos políticos  (Croce estaba vinculado, aunque no queda claro si de forma muy entusiasta, con el régimen peronista).

Tampoco es que los casos de estos cuentos o, la mayoría de ellos, guarden mucho parecido con los consabidos de la "novela problema", como ocurre con los de Sherlock Holmes o los libros de Agatha Christie, Gaston Leroux y tantos otros... Alguno sí que transita, aun de forma más modesta,  por ese terreno, como La resolución, que el autor además aprovecha para explicar el "método" del comisario Croce o uno de los mejores, La señora X, supuestamente basado en un caso real que llegó a conocimiento de Piglia, en el que Croce investiga una "no violación". Son varios, por otra parte, los relatos que parecen basados en sucesos reales o anécdotas que le contaron a Piglia, en personajes y rumores más o menos legendarios de la cultura popular argentina -El astrólogo o La película-, aunque no sean tan conocidos fuera de ese país. También están representadas, y de forma no menor, las tramas de raigambre borgeana: así sucede con esa especie de Wakefield que aparece en El impenetrable y, sobre todo, con el estupendo relato La excepción, donde toda la investigación se lleva a cabo a través de unos versos. El propio Borges o un trasunto suyo protagoniza La conferencia, donde se diserta acerca del relato policíaco y el crimen perfecto.

El último de los relatos (y me he dejado alguno), El método, es más bien un compendio de reflexiones, apuntes y recuerdos de o sobre el comisario Croce, así como un rápido repaso a varios casos que quizás no tenían la entidad para merecer un cuento propio. Tal método de Croce que además de en la observación se basa en su humanidad e incluso empatía con el criminal, recuerda un tanto a los de otros famosos comisarios de los libros, como el Maigret, de Simenon, por su bonhomía,  o el Adamsberg de Fred Vargas, aun con menos tendencia que éste a "palear nubes". Croce es más circunspecto, más melancólico, más "tanguero", si se quiere, aunque también , sin duda, está armado con un estoicismo imbatible.

Antes he mencionado Plata quemada, pero he de reconocer que toda comparación con esta novela es injusta. Porque aquella crónica anfetamínica y fascinante de un atraco la escribió un Piglia en la plenitud de su vida y su oficio literario y estos cuentos del comisario Croce, un autor enfermo, en cada vez peor estado físico, que incluso debió utilizar un sistema de escritura a través de la mirada para poder acabarlos. El resultado, claro, es más calmo, relajado, incluso algo desfondado, lejos de la tensión adictiva de aquella otra novela. Pero, eso sí, en ambos libros pervive el interés de Piglia por desvelar y entender, por asumir la complejidad desconcertante del ser humano.


Otras obras de Ricardo Piglia reseñadas en Un Libro Al Día: Plata quemadaBlanco nocturnoLos diarios de Emilio RenziLas tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh

sábado, 14 de abril de 2018

Philip José Farmer: Un exorcismo. Rituales I y II


Idioma original: Inglés
Título original: The image of the beast. An exorcism: Ritual One 
Traductor: Antonio Resines
Año de publicación: 1975
Valoración: Estoy confuso (para bien, creo) 


 Un ambiente enrarecido por el smog; el más denso de la historia de los condados de Los Ángeles y Orange. Un detective privado, Childe, que asiste a la proyección de una película porno. En ella, su socio, recientemente desaparecido, es mutilado brutalmente. Childe empezará a buscar a los responsables de tamaña atrocidad... Sin tener en cuenta que él mismo puede ser el siguiente en caer en sus garras. Empezamos fuerte, ¿eh?  

 En esta reseña intentaré estar a la altura de las circunstancias, aunque no las tengo todas conmigo. La imagen de la bestia es una novela extraña. La empecé a leer pensando que supondría un pasatiempo inocuo. Entretenido, a lo sumo, pero sin trascendencia alguna. Y al volver la última página, todo parecía indicar que así había sido. Pero me era imposible ignorar una vaga sensación que me había atravesado en varias ocasiones a lo largo de la lectura, sensación que desmentía y reforzaba a partes iguales mi prejuicio respecto al libro. Me explico: no tengo claro si la novela es una auténtica maravilla o no. Parece bastante consciente de la clase de literatura que es, y en ningún momento promete más de lo que es capaz de dar. Eso no impide que Farmer ridiculice, asimismo, las barreras que separan su obra de otras consideradas "mejores”. Pero esas barreras todavía existen, ¿no? Por lo tanto, La imagen de la bestia sigue siendo mala. (¿?) ¿O la el autoconocimiento de la novela y el manejo que hace del mismo la convierte en un producto bueno? ¿Es mejor Sherlock Holmes que La Sombra? Sí. No. En principio. 

 Da igual, volvamos a La imagen de la bestia antes de que me gane a más detractores y aleje a un público potencial de esta obraEste libro es una mezcolanza de géneros. La novela negra se plasma en el protagonista y la investigación que lleva a cabo. La ciencia ficción, en el smog y los mutantes. Los elementos góticos hacen acto de presencia en forma de criaturas sobrenaturales y casas repletas de pasadizos secretos. Tampoco nos olvidemos del componente pornográfico que embadurna cada capítulo. Una auténtica locura, vamos. Podríamos enmarcar a este abigarrado pastiche dentro de la literatura pulp más genuina.

 Sus excesos van más allá del cóctel de géneros; también están presentes en una narrativa sin complejos a nivel formal y conceptual. La redacción de Farmer es burda, torpe, repetitiva. Y las ideas que pululan por aquí... Farmer está dispuesto a soltar alocadas ideas cada dos por tres, sin sonrojarse siquiera. Estas ideas resultan ingeniosas a ratos; otras veces, totalmente ridículas. Pero La imagen de la bestia no tiene sentido del ridículo y jamás lamenta haberse desmadrado; si acaso, nos escupe en la cara que no somos el lector idóneo para disfrutarla y se va de rositas. En cierto modo, esta novela me recuerda bastante a Que se mueran los feos, de Boris Vian. Tanto por la historia como por la forma en que está escrita. 

 El carácter irreverente (hablo a nivel literario, no narrativo) del libro, en definitiva, me tuvo magnetizado desde el principio. No se ceñía a ninguno de los parámetros de lectura que poseo, y eso que me gusta pensar que son bastante amplios. Y aún y así, hubo algo en esta novela que debió convencerme. Porque, como he dicho antes, ciertos indicios me hicieron pensar que no estaba (solamente) cara a cara con un producto de entretenimiento. ¿O sí? 

 Farmer aporta. Bueno, quizás no sume para todos. De hecho, seguro que, desde la perspectiva de muchos, degrada a la literatura. Pero quedémonos con que nos ha seducido a todos. Su impúdica, disparatada y alucinante novela nos ha encantado. Contra todo pronóstico. ¡Pues a disfrutar de sus aciertos! Y es que cuando le interesa, el autor suelta auténticas perlas. Perlas casi profundas, como las reflexiones que giran en torno el protagonista y su relación con su ex esposa. O perlas que no necesitan de profundidad para encantarnos. Pienso en el personaje de Vivienne. En el fantasma y sus métodos para abandonar su condena ectoplásmica (y otra condena peor que la incorporeidad, condena que no voy a revelar). Los globos. Oh, sí, los malditos globos.

 Pero nada de esto quita que la novela siga siendo bastante peculiar. Todavía debo decidir si Farmer me ha fidelizado lo suficiente como para ir a por la parte dos de esta saga, titulada ¡Cuidado con la bestia!. Ya veremos. 


PD: Si esta cubierta os parece fea de narices, la de la edición que yo leí es si cabe más atroz todavía; ay, la vergüenza que me entró al dárselo a la bibliotecaria para sacarlo en préstamo. Si alguien quiere, verla, que la busque... Paso de publicarla en esta entrada o enlazarla.  




Idioma original: Inglés
Título original: Blown Sketches among the ruins of my mind 
Traductor: Jordi Beltrán
Año de publicación: 1987
Valoración: Decepcionante 


 ¡Cuidado con la bestia! es la continuación de La imagen de la bestia. He leído esta novela antes de lo que tenía planeado, creo que para recuperar esos elementos que me gustaron de la primera entrega. Y ya aviso que no los he encontrado. Probablemente eso condicione mi crítica. Lo siento.

 No voy a andarme con preámbulos. Mientras que Farmer suelta una serie de ideas extravagantes al vuelo en La imagen de la bestia, ahora parece querer clavarlas con agujas en una pared. Estructurarlas. Racionalizarlas. No suele importarme que se vaya generando un andamio lógico en un suceso literario que parecía carecer de sentido. Me gusta como los mitos de Lovecraft van siendo apropiados por ciertos autores, que los dotan de una interesante coherencia interna. El problema aquí es que la aparición de la lógica llega un libro tarde (aunque se entrevé que Farmer ya la tenía planeada desde el principio) y a veces acaba siendo muy conveniente. De hecho, esta lógica parece antagónica a la alocada y estrafalaria fantasía de la saga; el contexto resulta perjudicial para el desvarío febril. Ya en la primera entrega se burlaban de la voluntad humana por comprenderlo todo. Y ahora Farmer cae en ello. Parece ser que era lo que pretendía, como ya he dicho, pero no le queda conseguido, la ejecución fracasa. Por suerte, y a pesar del empeño de Farmer en justificar en demasía sus idas de olla, estas siguen apareciendo. Sí, vale, demasiado explicadas, pero ahí están. El autor empieza rescatando a Vivienne, un personaje que ya era misterioso en la primera parte, y dándole una escena totalmente descabellada (más que la que ya tuvo en su momento). O sea, que un personaje que ya en La imagen de la bestia hacía palidecer al resto de su grupo, grupo que parecía poseer ciertas cualidades sobrehumanas, asociadas a los licántropos o vampiros, es ahora mostrado con más extrañeza todavía. También me gusta la incorporación de Plugger, otro ser al que tampoco se puede relacionar con nada existente hasta la fecha. 

 En fin, vamos a la trama. ¡Cuidado con la bestia! incorpora a otro protagonista, que compartirá en esta ocasión perspectiva narrativa con el (ahora) ex detective Childe: Forry, un aficionado a la ciencia ficción. Ambos se verán envueltos en una guerra que se remonta a tiempo atrás, donde criaturas alienígenas llamadas ogs y tocs se pelean para conseguir el “Grial”. Este objeto, una vez activado, podrá devolverlos a sus respectivos planetas. Y para activarlo necesitaran a Childe. Las excusas que da el autor para justificar elementos previos se ven forzadas. Si ya se sugirieran más explícitamente en la primera parte, vale, pero que ahora aparezcan, sin más... No me convence. Unos seres que parecían quererle mal a nuestro protagonista ahora dependen de él. ¿En serio? ¿Me estás vacilando? Sabían que lo necesitaban, y aún y así actuaron de esa forma. ¿Fue un malentendido? ¡Venga ya! Por culpa de este viraje se pierde la tensión que existía en la primera entrega. Salvo el primer tercio, donde Childe y Forry son blanco de extrañas situaciones, todo parece demasiado fácil y hasta consensuado. Bah...


También de Philip José Farmer en ULAD: Los amantes

miércoles, 23 de agosto de 2017

Leonie Swann : Las ovejas de Glennkill

Idioma original: alemán
Título original: Glennkill
Año de publicación: 2005
Traducción: María José Díez y Diego Friera
Valoración: está bien

Como modesto aficionado a las novelas policíacas o de misterio, uno ya ha visto de todo como protagonistas de las mismas: detectives profesionales o improvisados, periodistas, abogados, delincuentes... y hasta policías, claro. Pero no sólo personajes que desarrollan un oficio más o menos relacionado con el delito, en cualquiera de sus variantes; también profesores, camareros, criadas o dulces ancianitas. Incluso hay una serie destinada, en principio, al público juvenil, en la que el detective es un esqueleto fantasma, o algo parecido... Ahora bien, lo de la novela que reseño hoy supera todas las marcas de bizarrismo al respecto: en ella, la investigación del preceptivo asesinato  lo lleva a cabo un rebaño de ovejas. Tal cual.

Sí, un rebaño. Sí, de ovejas e irlandesas, para más señas. No una oveja sola, pues la autora del libro fue lo bastante astuta como para para no pretender la verosimilitud de una oveja con las dotes deductivas de Sherlock Holmes o Poirot. lo que hizo, en cambio, fue distribuir estas cualidades entre diferentes animales del rebaño para que, gracias a su acción combinada, consiguiesen conformar un equipo investigador que ríete tú de C.S.I Las Vegas... Así, de la parte analítico-deductiva se encarga la oveja más inteligente de todas y puede que del mundo entero, Miss Maple (qué sutileza en el guiño, ¿eh?); la memorización de los datos es labor del orondo carnero -por otra parte, algo tonto- Mopple the Whale, mientras que la audacia necesaria para llevar a cabo la misión investigadora corre a cargo del negro carnero de las Hébridas Othello y de la oveja Zora. Hay más -bastantes más- miembros del rebaño como los hermanos Sir Ritchfield y Melmoth (sí, también errabundo), pero esta muestra ya vale para dar una idea, creo yo.

Y hay un muerto, claro, en este caso, el pastor y dueño del rebaño, George Glenn (es decir, el libro nos cuenta el asesinato de Glenn, en Glennkill... jo, me parto con tanto ingenio), que amanece una buena mañana tirado sobre su prado -que además no es un prado cualquiera, sino un bucólico prado con dolmen y todo, junto a la costa irlandesa- y con una pala clavada en la barriga. Que así de pronto no parece, la verdad, un método muy eficaz para asesinar a alguien, aunque sí lo suficiente, por lo visto, no sólo para cumplir su objetivo, sino para que además la policía no de con la menor pista del asesino...aunque también es cierto que ni se molesta en buscarlas (?); así pues, han de ser las ovejas del rebaño de George los que se decidan a averiguar lo que ha pasado con su pastor y, tomándoselo como una afrenta personal, a quien lo haya hecho... algo doblemente complicado no sólo por la proverbial falta de inteligencia de esa especie animal, sino por su desconocimiento casi absoluto del mundo de los humanos, habida cuenta que la mayoría de ellas ni siquiera ha salido nunca del prado de marras.

En fin, el asunto las tiene ocupadas más de 300 páginas, que pese a lo chocante del argumento y a que algún que otro momento tiene su gracia, también guardan otros muchos que las hacen parecer bastante más numerosas, hasta que llegamos al -aún más- absurdo final. Hay que reconocer que la autora ha tenido gran habilidad para contarnos una historia desde el punto de vista de las ovejas (yo no sabría ni por donde empezar), con la dificultad añadida del tipo de novela, digamos "policiaca", de que se trata. Es muy interesante, por ejemplo, cómo consigue hacernos ver el mundo desde la perspectiva de estos animales, subrayando, por ejemplo, la gran importancia que tienen los olores para ellos, o la diferencia de prioridades que les dicta su naturaleza con respecto a las humanas -primero, comer; luego protegerse; después, comer; luego, dormir, después, com... bueno, igual no somos tan diferentes-... Pero, caray, ¡que estamos hablando de una novela protagonizada por ovejas! No deja de ser una soberana tontería... (por no decir una santa chorrada). Y que conste que el primer interesado en toda clase de tonterías soy yo; de hecho, fue lo que me animó a leer este libro. Ahora bien, hay que darle la importancia y el interés que merece y avisar a quien quiera leerlo de que se va a encontrar una novela algo raruna, entretenida a ratos, pero poco más...  incluso demasiado larga y complaciente, de alguna manera, para que podamos siquiera atesorarla con nuestras lecturas más entrañablemente bizarrescas.

Eso sí, a quien le guste la novela que sepa que, a raíz  del éxito que debió tener el libro, al menos en Alemania, hay publicada una segunda parte. Por si quiere leerla (sé de uno que creo que no lo hará). 

viernes, 23 de junio de 2017

Ernest William Hornung: La cámara diabólica

Idioma original: Inglés
Título original: The camera fiend
Traducición: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1911
Valoración: Está bien

Ernest William Hornung fue un prolífico escritor inglés conocido, fundamentalmente, por dos de sus personajes, A.J. Rafflles y Bunny Manders, ligeramente inspirados en los celebérrimos Sherlock Holmes y Watson. Da la casualidad, además, de que Hornung estaba casado con una hermana de Arthur Conan Doyle. Pero tampoco vamos a hablar más de sir Arthur, ni de Watson y Holmes. Bastante tendría el pobre Hornung con aguantarle a su cuñado en los eventos familiares, ¿no?

Mejor hablemos de "La cámara diabólica", una novela negra con ligeros toques de ciencia-ficción. En ella, un informal y optimista, aunque algo despistado, Tony "Pocket" Upton se ve obligado a pasar la noche en las peligrosas calles de Londres. Para su desgracia, se ve involucrado en un asesinato del que todo parece indicar que es culpable.

A partir de ese momento, la novela se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, un extraño doctor, gran aficionado a la fotografía y a las ciencias ocultas, "salva" a Upton y le oculta en su casa. Por otro, la familia de Upton, con la colaboración de un detective de extrañas maneras, emprende su búsqueda.

Tenemos, por tanto, un joven un tanto alocado, extraños doctores con bizarras pretensiones, hermosas jóvenes, detectives de métodos dudosos y una familia bien que trata de encontrar a su descarriado vástago.

Todo ello conforma un puzzle que Hornung consigue formar poco a poco, encajando las piezas con precisión y ofreciendo un libro tan británico como el Big Ben o el Palacio de Buckingham. Además, la novela tiene ritmo, se nota el oficio del autor y el desarrollo de la trama es coherente con el desenlace. En cambio, y de ahí en parte la valoración, me da la impresión de que los más de 100 años transcurridos desde su publicación no juegan precisamente a su favor. Pese a todo, creo que se trata de una buena opción para estos días de calor que se avecinan (en algunos sitios ya los sufrimos desde hace días), en los que lecturas ligeras como esta pueden ser interesantes.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ramón María del Valle-Inclán: Sonata de primavera

Resultado de imagen de sonata de primavera amazonIdioma original: español
Año de publicación: 1904
Valoración: Muy recomendable



La gran ventaja de un escritor es que puede vivir varias vidas. Crear un alter-ego que protagonice aventuras imposibles, viaje a lugares ignotos, nazca en una cuna diferente o posea unas dotes de seducción de las que carece el original es una tentación demasiado fuerte en la que muchos escritores han caído para satisfacción de su público y en beneficio de la excelencia literaria.
El Marqués de Bradomín, como Peter Pan, Sherlock Holmes y otros muchos, es uno de los personajes que flotan en el panorama cultural sin que haga falta haber leído ni una página de las obras en que aparecen para tener una ligera idea –demasiado ligera, a menudo– de quiénes son y lo que significaron en su contexto social y literario. Su acogida y trascendencia se ha visto reflejada en el marquesado que se concedió a los descendientes del escritor hace unas décadas, en el premio literario creado en su honor y hasta en una breve mención en un poema de Antonio Machado. Este Valle Inclán idealizado no solo aparece en las cuatro novelas autobiográficas denominadas Sonatas y en su adaptación teatral de 1906, lo encontramos también en la trilogía carlista titulada Comedias bárbaras. Y fue, precisamente, un militar carlista quien sirvió de modelo al autor para crear uno de sus personajes más célebres.
Valle Inclán era un maestro de la caricatura, facultad que puso en práctica ante todo con su propia persona, estilizándola y añadiendo a su figura ciertos rasgos inconfundibles que la memoria colectiva ha guardado desde entonces. Lo mismo hizo con el marqués: con solo tres adjetivos (feo, católico, sentimental) consiguió dotarle de entidad convirtiéndolo en una figura inconfundible. Conseguir esto con un personaje que de original tiene más bien poco y cuyo precedente -ese don Juan, tan reconocido, que transita por las obras más diversas- no es un secreto para nadie, podría considerarse una de las grandes operaciones publicitarias de la historia de la literatura. Los otros donjuanes se pueden confundir entre ellos, este no, pues a un apelativo diferente y a los –más que significativos– rasgos mencionados se añade un título nobiliario nada menos.
El marqués cuenta su historia en primera persona, pero no lo hace por orden cronológico: comienza en la edad adulta o verano de la vida, continúa en la época otoñal, para descender a continuación a esa primavera juvenil que ambienta esta novela y, ya en la última etapa, poner el broche a sus confidencias. Lo hará durante aquel invierno en el que, se supone –dejando aparte pequeñas inexactitudes cronológicas–. tienen lugar las anotaciones que acabarán constituyendo sus memorias.
Hablamos de un individuo que, ya desde su primera juventud, posee una alta opinión de sí mismo, que se vanagloria de cada una de sus ocurrencias, tengan las consecuencias que tengan para otros, y que, en general, se mueve por el mundo pisando fuerte y guardándose muy bien de darlo a entender, al menos desde un principio.
Las grandes obras literarias lo son, entre otras cosas, porque se convierten en un retrato fidelísimo de personajes, actitudes y conductas de cara a la posteridad, independientemente de las intenciones de quienes las firman. Ese es el motivo de que a su creador le cayese más simpático Bradomín que a nosotros. Él triunfa, él se vanagloria, pero el lector de hoy puede considerarlo hipócrita –más aún, si cabe, que su entorno–, calculador, desconsiderado, frívolo, egocéntrico y soberbio. Nada ni nadie puede interferir en los planes de este enviado de su Santidad que viaja por Italia para otorgar los honores cardenalicios a un obispo y se lo encuentra en su lecho de muerte. Pero, teniendo en cuenta que los desplazamientos eran entonces mucho más largos e incómodos y que nadie con un ego de ese tamaño se va a desplazar para nada, Bradomín tiene a bien encapricharse de la hija mayor de la Princesa que le da hospedaje, además del tiempo que necesita para llevar a cabo el encargo, todo el  que considere conveniente. No sé si les sonará de algo esto, pero se trata de una chica muy joven, que no conoce nada del mundo y está a punto de entrar en un convento. La opresión de las convenciones religiosas –que unos padecen y otros se saltan a la torera–, la del ambiente de palacio, la de las reglas no escritas y la de los testigos que rodean a los personajes principales –que apenas conocemos pero cuya mirada fija en lo que ocurre el lector tiene muy presente gracias a la habilidad de Valle Inclán– va creando un caldo de cultivo cada vez más angustioso que acabará convirtiéndose en tragedia.