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domingo, 13 de octubre de 2024

Kate Folk: Ahí fuera

Idioma original: Inglés


Título original: Out there
Año de publicación: 2022
Traducción: Inga Pellisa
Valoración: Está muy muy bien

Me la juego. Quedan más de 2 meses para que termine el año, pero me atrevo a decir que Ahí fuera estará en mi lista de lo mejor de 2024, al menos en la categoría de relato. Y es que el primer libro de Kate Folk ha sido toda una sorpresa: relatos con arriesgados y originales puntos de partida, con comienzos de esos que te agarran por la solapa, con buen desarrollo de las tramas y subtramas y finales a la altura. 

La casa necesitaba humedad. Eso le dijo a Karl (comienzo de La casa húmeda)

Tengo la idea esta de meterme en el bosque y que me peguen un tiro (comienzo de Ojos de cierva) 

Por la noche, los huesos se nos disuelven en la sangre como azúcar en el te (comienzo de El pabellón óseo)

Quince son los textos que componen Ahí fuera, un volumen en el que se aprecia unidad temática y estilística, algo que no siempre ocurre en los libros de relatos. Temas como la soledad, el amor (o la búsqueda de amor), la inseguridad, la incomunicación o el dolor recorren la práctica totalidad de unos textos protagonizados, en su mayoría, por mujeres de unos 30-40 años que viven en mundos aparentemente distópicos (¿quién no se enamoraría de un blot, eh?) pero terriblemente reales, mundos grotescos y absurdos que no dejan de ser la otra cara (¿o tal vez la misma) de mundos interiores en derrumbe.

En el aspecto genérico, Folk juega con lo distópico, lo terrorífico y lo grotesco, si bien comenzando casi siempre con toques de humor negro. Pero la sonrisa inicial se va borrando a medida que avanzamos en los textos y da paso a una sensación más bien desasosegante, por la tristeza infinita que van dejando a su paso. 

Como ocurre con toda colección de relatos, la valoración de la misma vendría a ser algo así como una media aritmética. En el caso de Ahí fuera, creo que los textos más extensos tienen un nivel general superior a lo más breves. Pese a que las 10 páginas de Ojos de cierva  o que las 4 páginas de Tu novio el sonámbulo resultan impactantes en sus diferentes exploraciones sobre la búsqueda de sentido y resultan notables, los textos que rozan (o alcanzan) el sobresaliente son aquellos en los que la autora opta por un mayor desarrollo de los personajes, por la introducción de diferentes capas, por la utilización de contextos y subtextos tan importantes como los más "visibles".

Así, Kate Folk consigue con Ahí fuera y El Big Sur (me gusta esa circularidad del libro), El refugio, El pabellón óseo o La esposa del viento esas atmósferas turbias y extrañas que, sea o no de forma imperceptible, nos rodean y condicionan.

Para terminar, y por si alguien necesita referencias, tres son los autores que me vienen a la cabeza: Shirley Jackson, Mariana Enriquez y Edmundo Paz Soldán. ¿Podéis imaginar los motivos?

sábado, 17 de agosto de 2024

Edmundo Paz Soldán: La vía del futuro

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

No es ningún secreto, al menos para los que seguís este blog con cierta frecuencia, que Edmundo Paz Soldán es uno de mis autores favoritos de la actualidad. Creo que son ya 10, contando este "La vía del futuro", los libros que he leído del autor nacido en Cochabamba. Pese a que su obra es mucho más amplia, creo no equivocarme si digo que dos son las principales líneas, ambas ancladas firmemente en la realidad, que se pueden distinguir en ella: la "puramente realista" y la "fantástica". 

El libro que hoy traemos a ULAD se enmarcaría, al igual que "Iris" o "Las visiones", en esa segunda línea que hemos dado en llamar "fantástica". Porque las tres obras parten de premisas ligadas a la ciencia-ficción para hablarnos de realidades y situaciones muy identificables para los lectores. Es decir, nada de ciencia-ficción escapista ni de "consumo fácil" (absolutamente legítima, por otra parte) sino historias que, pese a estar pobladas por algoritmos, hologramas y realidades virtuales, hablan del aquí y del ahora, de este mundo que habitamos. No sé a vosotros, pero a mi todo esto un poco a Black Mirror (aunque sea una referencia demasiado obvia).

Así, los 8 relatos que componen "La vía del futuro" hablan de relaciones de pareja, de relaciones de poder (político, económico, religioso...), de la utilización de las tecnologías y de nuestra relación con las mismas, de control social, del uso de drogas, etc.

Para mí Dios es el GPS - responde Olmos-. Una máquina que te dice cuál es el mejor camino a seguir, nunca te falla y está encendida las 24 horas. ¿Qué otro Dios quieres?

En términos generales, califico el libro como "recomendable" debido a cierta irregularidad entre los distintos textos. Y aunque algunos ("Mi querido resplandor", "El astronauta Michael García"o "En la hora de nuestra muerte") me han dejado más bien frío y no he logrado conectar con ellos, otros son verdaderamente magníficos. Destacaría los siguientes:

  • "Las calaveras", relato en el que se juega con la dicotomía vida real / virtual para hablarnos de las inseguridades en la pareja, 
  • "La muñeca japonesa", relato tragicómico en el que se narra un particular descenso a los infiernos y en el que se plantea, entre otros asuntos, la cuestión de si somos nosotros los que dominamos la tecnología o es más bien al revés, y
  • "El Señor de la Palma", quizá el relato más político del volumen y que no es otra cosa que una crítica a esas nuevas formas de fe que bajo términos como emprendimiento o hecho a sí mismo esconde el capitalismo más salvaje.
Un poco más en tierra de nadie quedan "La vía del futuro" y "Bienvenidos al nuevo mundo", relatos que abren y cierran el volumen. Son relatos más que aceptables, pero en mi opinión quedan por debajo de los anteriores.

En resumen, colección de relatos interesante aunque algo irregular de un autor en el que uno, al menos según lo que he podido leer hasta ahora, puede confiar casi a ciegas. ¡Que ya es decir!

Un montón de libros de Edmundo Paz Soldán AQUÍ

jueves, 15 de agosto de 2024

VV.AA.: The King

Idioma original: español e inglés

Año de publicación: 2019 (como libro)

Traducción: David Muñoz Mateos

Valoración: recomendable para friki... digo, fans

El subtítulo de este libro (por si no había quedado claro con lo de The King... y no digamos ya la magnífica ilustración de la cubierta) resume a la perfección de qué va la cosa: Bienvenidos al universo literario de Stephen King. Y eso es lo que encontramos aquí: una serie de artículos o ensayos escritos por autores tanto norte como hispanoamericanos (incluyo a una catalana en esta categoría) sobre diferentes aspectos de la obra y también, en más de un caso de la vida, de Su Graciosa Majestad don Stephen King (*).

Ojo cuidao, de todas formas, para quien se espere encontrar en este libro un mero recorrido anecdótico, simpaticón, por la trayectoria del monstruo de Maine (nunca mejor dicho), puesto que, si bien las aportaciones de los autores hispanohablantes o hispanoescribientes son más ligeras o, cuando menos, más llevaderas para el eventual lector/a, las que están redactadas originalmente en inglés, resultan un pelín más  densas. He puesto el participio "redactadas" porque, salvo en el primero de los capítulos, se trata de artículos o pequeños ensayos (no me atrevo a llamarles papers, que me parece un término más académico y, por tanto, engañosamente campechano) escritos por profesores/as de filosofía, Ciencias políticas e Historia del arte y tratan sobre las implicaciones filosóficas sociológicas y políticas presentes en la obra del Rey... Tranquis todos, porque una cultura medianita basta para seguir estas disertaciones -que seguro que sus autores/as se tomaron como un divertimento, un respiro ligerito entre tanto sesudo trabajo-, pero vamos, tampoco me parecen dirigidas a todos los públicos, por decirlo así... Huelga decir que no tengo ni idea de quienes son todos estos y estas docentes de varias universidades norteamericanas e ignoro si con prestigio y prestancia académicas, puesto que hasta el momento, yo sólo conocía a los hispanoescribientes del libro, a saber: los argentinos Rodrigo Fresán y Mariana Enriquez -no podía faltar, en este libro-, la catalana Laura Fernández y el boliviano Edmundo Paz Soldán

Trataré de ser breve, pero creo que lo mejor, para una mejor comprensión del libro, será ir explicando de qué va cada capítulo o ensayo, o, por lo menos, reseñar su título:

- Esta recopilación se abre con una interesante entrevista realizada por Tony Magistrale -profesor de Literatura y escritura creativa- al propio Rey en 2003, sobre las adaptaciones de sus libros a la pantalla (se entiende que hasta ese momento): La versión de Steve: una entrevista con Stephen King.

- Sigue un recorrido algo rutinario de Rodrigo Fresán por -algunos de- los muchos niños y adolescentes que aparecen en su obra: El King de los chicos.

- El filósofo Greg Littmann especula sobre qué habrían pensado Platón, Aristóteles y David Hume sobre los libros de King y de terror, en general, en Stephen King y el arte del horror.

- Algo parecido a Rodrigo Fresán, aunque con mayor profundidad, hace Mariana Enriquez: "Para Tabby, que me metió en esta...". Un recorrido por las mujeres en la obra de Stephen King, un estudio de varios arquetipos femeninos que aparecen en las novelas del Rey.

- Otra filósofa, Katherine Allen en "A veces es preferible la muerte". Stephen King, Dédalo, dragones tiranos y mortalidad, expone la oposición transhumanismo vs. bioconservacionismo a través de Cementerio de animales y Tommyknockers (según ella, estas novelas de King advierten sobre los peligros de trascender los límites humanos).

- La novelista Laura Fernández, tras el chiripiflaútico título "Cuidado con lo que sueñas porque podrían salirle colmillos y empezar a correr detrás de ti" o la realidad (deseada) como monstruo en tres actos que son tres obras de Stephen King y a partir de La pata de mono de William Wymark Jacobs, explora cómo Cementerio de animales, La larga marcha, Misery y La tienda, son parábolas del viejo adagio de que se ha de tener cuidado con lo que se desea (aviso para los reticentes al estilo de esta escritora, con sus habituales (PARÉNTESIS) y cursivas que pueden parecer aleatorias... y quizás lo sean: en este artículo no abusa tanto de ellas, pero de vez en cuando le da el siroco le da por poner varias seguidas)

- Joseph J. Foy y Timothy M. Dale (profesores de Ciencias Políticas), en Distopía en las pantallas. Poder y violencia en El fugitivo y La larga marcha, pues hablan justamente de eso, relacionando ambas novelas con Sobre la violencia de Hannah Arendt.

- La filósofa Kellye Byal en La subjetividad femenina en Carrie nos presenta a la protagonista de la primera novela de Stephen King como epítome del destino femenino, vista a través de El segundo sexo de Simone de Beauvoir.

- De nuevo un filósofo, Thomas W. Manninen, pergeña en Apuntes sobre precognición, verificación y contrafactuales en La zona muerta, según sus propias palabras (quizás con un poco de coña) un "ensayo sobre las cuestiones metafísicas que plantea La zona muerta de Stephen King".

- Garret Merriam en "Gan ha muerto". Nietzsche y el eterno retorno de Roland, nos ilustra sobre la conocida brasa algunos conceptos filosóficos nietzscheanos ejemplificándolo en la saga La torre oscura.

- La profesora de Historia del Arte y Estudios sobre Cine Elizabeth Hornbeck expone en El hotel Overlook o la heterotopía del terror cómo podemos considerar el célebre hotel de El resplandor dentro de las "heterotopías", según el concepto acuñado por Foucault: esto es, espacios que "se encuentran en relación con todos los demás espacios, pero invirtiendo las relaciones sociales normales"

- Por último, el escritor Edmundo Paz Soldán pasa de tanto ensayo y nos ofrece en Planetario un relato de terror basado en alguno de los más célebres del Rey (musofóbicos, abstenerse).


Los capítulos que más me han interesado y gustado, sin hacer de menos al resto, son el de la Reina Mariana (como no podía ser menos) sobre los arquetipos femeninos en la obra de King; enlazando con éste, el de Kellye Byal que analiza la figura de Carrie White y, sobre todo, el de Elizabeth Hornbeck sobre el Hotel Overlook como ejemplo de heterotopía. Sin olvidar, por supuesto, la entrevista al propio Stephen King, algo que siempre resulta interesante y esclarecedor. Ahora bien, ésta es mi preferencia personal y es muy probable que a otro lector o lectora le atraigan más otros ensayos o que incluso le parezcan más sesudos y dignos de consideración; en eso radica la gracia de este libro, que ahonda en diferentes aspectos de la obra de este grandísimo autor y constructor de un mundo propio, pero, como puede comprobarse en esta compilación, enraizado no sólo en la realidad (algo que se ha dicho ya muchas veces), sino en el sustrato que alimenta la cultura occidental.

(*) Lo de "Graciosa", justificado sobre todo por su gran afición a los chistes y juegos de palabras de pésima calidad, como puede atestiguar cualquiera que siga su cuenta de Twitter. Afición, por cierto, que comparte con más de un miembro de este benemérito blog.

Mogollón de libros del Rey reseñados en Un Libro Al Día: aquí

lunes, 25 de septiembre de 2023

María Virginia Estenssoro: El occiso

Idioma original: Español
Año de publicación: 1937
Valoración: Está muy bien

Llevaba tiempo detrás de este libro. La constante reivindicación del mismo y de su autora por parte de Liliana Colanzi y Edmundo Paz Soldán, dos de los escritores bolivianos actuales con más proyección internacional, hacía que El occiso estuviera marcado con una cruz desde hace tiempo.

Afortunadamente, la pequeña editorial Espinas se ha lanzado a publicar en España esta pequeña joya, oscura y hermosa, de apenas 70 páginas y compuesta de tres textos en los que la muerte, los amores "clandestinos" y el aborto ocupan el lugar central. 

Publicado originalmente en Bolivia en el año 1937, El occiso no fue demasiado bien recibido por los círculos biempensantes de la época. Pero no debemos centrarnos en su supuesto carácter  "provocador" o "polémico" ya que el texto posee un alto valor literario que se eleva por encima del contexto sociopolítico del momento en que fue escrito.

Abre el volumen el texto que da título al mismo. El occiso es un poema en prosa en el que se narra la descomposición de un cadáver. Si por algo destaca este primer relato, es por la perfecta combinación de fondo y forma. Sus tres capítulos se corresponden con tres etapas en el proceso de putrefacción. En el primero de ellos, el pánico, el espanto y el miedo de una mente en ebullición frente a un cuerpo en descomposición se presentan bajo la forma de frases (versos) brevísimas, acompañamiento perfecto a la angustia de la que el occiso es consciente; en el segundo la situación cambia y la forma se adapta a ella, la frase se alarga y se vuelve más narrativa hasta dar paso al precioso capítulo final. Es el texto más poético de los tres, el que posee mayor potencia visual y el que colocaría a Estenssoro en el podium del terror gótico.

Continuamos con El cascote, texto que cuenta la interminable espera del amante muerto. Se trata de un relato plagado de presencias y espectros que se sitúa entre la "visión", la evocación y el recuerdo de un amor más fuerte que la muerte. 

Y estar ahora el uno hecho trizas, esqueleto descarnado, con los huesos en astillas, estar frío, estar muerto, estar helado, y poder amarlo ahora, como siempre, como nunca.

Cierra el libro El hijo que nunca fue, el más breve de los tres relatos. El título deja poco a la imaginación, pero no importa. Más allá del tema del aborto y el estigma que el mismo supone para su protagonista, el texto destaca por su construcción en base a varias contraposiciones (voz infantil - voz adulta, hijo nacido - hijo no nacido, vida - muerte) y por un cambio de voz final que deja con la piel de gallina. 

Creo que con todo lo anterior podéis haceros una idea de dónde situar a María Virginia Estenssoro. En cualquier caso, si queréis algún nombre con quien relacionarla, aquí dejo estos tres: María Luisa Bombal y su La amortajada, el Conde de Lautreaumont / Maldoror y Mircea Cartarescu (quizá añadiría a Alejandra Pizarnik, pero hace demasiado que leí algo suyo y aquí el recuerdo es más vago). Porque la escritura de Estenssoro es oscura, es onírica (pero profundamente humana) y es, sobre todo, terriblemente bella y poética. Porque este libro es una crucifixión y un INRI.

viernes, 7 de abril de 2023

VV.AA.: Mundo Weird. Antología de nueva ficción extraña

Idioma original: Inglés / Español
Traducción: Federico Fernández Giordano / Ramiro Sanchiz
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados)

Mundo Weird reúne diecinueve relatos. Diecinueve relatos que han salido de la pluma de autores de diversas nacionalidades, sobre todo anglosajones e iberoamericanos. Diecinueve relatos que se pueden encasillar bajo el amplio paraguas de lo que se conoce como «ficción weird».

Un exhaustivo prólogo de Ramiro Sanchiz, de un rigor y minuciosidad casi académicos, nos sitúa ante el origen, desarrollo e influencias del género. 

A continuación tenemos los relatos. Algunos pueden adscribirse a una tradición más o menos familiar para el lector promedio; otros son de un vanguardismo desconcertante. Algunos evocan la ciencia ficción u horror clásicos, mientras que otros se bifurcan por los senderos del bizarro o lo extraño.

Como ya habréis intuido, aquí encontraréis poca uniformidad. Y es que estos relatos no coinciden ni en intenciones, ni en temática, ni en registro, ni en tono ni en estilo. Aun así, podríamos englobarlos en tres grandes categorías, aunque éstas a veces se solapen: los que exploran ideas súper locas, los que con apenas unas pinceladas construyen un mundo propio y los que juegan con la forma, dejando en segundo plano el contenido.  

Ah, antes que nada, debo advertiros que esta antología presenta altibajos considerables. Entre las piezas que la componen hay relatos magníficos de principio a fin, relatos que comienzan de manera deslumbrante y se desploman paulatinamente, relatos más o menos planos, relatos logrados pero en cierto modo prescindibles e incluso algún que otro relato infumable. Por lo demás, el nivel general es satisfactoriamente alto. 

Admito que mi gusto personal puede haber influido a la hora de seleccionar los que, a mi juicio, son los mejores relatos del conjunto. También mis carencias como lector pueden ser las culpables de que no haya apreciado adecuadamente ciertos componentes de esta antología. Sea como fuere, yo destacaría los siguientes:  

"Covehithe", de China Miéville. Molón a la par que reflexivo. Plataformas gigantescas cobran vida cual kaijus.

"Mayonesa negra", de Michael Cisco. Estudio de personaje cuya prosa es muy sensorial. Va sobre una mujer que empieza a obsesionarse con la idea del suicidio.

"La pared de moho", de Blake Butler. Erige una atmósfera tremendamente inmersiva y da un mal rollo que te cagas. Va sobre un matrimonio, cuyo hijo murió, y la decadencia de su relación, granja, terreno y cultivos.

"Amor de gulgrumbo", de Luis Carlos Barragán. Parte de un concepto muy bizarro y al final le da una vuelta de tuerca todavía más extraña. Imaginaos que, tras consumir una droga, nace una especie de pokémon de vuestro cuerpo.

"Por favor, entre", de Cynthia A. Matayoshi. Genialidad que presenta una voz narrativa única, personajes fascinantes y un escenario hipnótico. Transcurre en una La Plata onírica y alberga un Museo de Curiosidades, gente que sabe crear ilusiones, un cementerio de barcos y monos que hablan. 

"Bienvenidos al nuevo mundo", de Edmundo Paz Soldán. Lograda meditación alrededor de la entropía, el escapismo, la precarización de los trabajos académicos relacionados con las humanidades, etc… Varios integrantes de una universidad intentan evadirse (literalmente hablando) de la realidad.  

"Chaco", de Liliana Colanzi. Cuento descoyuntado, potente, perturbador. ¿Un niño asesina a unas cuantas personas?

"¡Cuidado, lobo! (fragmentos)", de Gary J. Shipley. Microrrelatos raros pero evocadores. El cielo desaparece, un bebé-cocodrilo nace, una unidad familiar parasita a otras…

No sé si lo expuesto sirve para que os hagáis una idea sobre lo que encontraréis en Mundo Weird. En todo caso, reitereraré que es una colección de relatos interesantes y variados pertenecientes a un género al que auguro muy buena salud.

martes, 20 de septiembre de 2022

Remedios Zafra: El bucle invisible

Idioma original: Español

Año de publicación: 2022

Valoración: Está muy bien

Ya hemos hablado en más de una ocasión de los efectos o posibles efectos de la "cultura algorítmica" en el mundo actual, si bien lo hemos hecho siempre desde el lado de la ficción. Es el caso, por ejemplo, de la reseña de algunas de la últimas obras de Edmundo Paz Soldán. Esta vez la aproximación viene de un lado más teórico a través de este magnífico ensayo de la extremeña Remedios Zafra. 

Todo lo que prolifera si ser visto inquieta. Con esta frase lapidaria da comienzo un texto que, como todo buen ensayo, trata más de plantear preguntas que de ofrecer respuestas. Preguntas que pueden resumirse prácticamente en dos (¿qué es trabajar? y ¿qué es vivir?) pero que implican reflexiones mucho más amplias sobre, por ejemplo, los peligros que la tecnología implica para la democracia, la mercantilización de los individuos, la relación tecnología / ideología, los roles, las "casillas preestablecidas", la permanente necesidad de más de todo, etc.

Preguntas y reflexiones que abarcan distintos ámbitos (laboral, académico, cultural...) pero que no obvian algo fundamental que puede ser olvidado en este tipo de análisis: que la tecnología es creada por humanos y no algo meramente abstracto y que la crítica de la autora no implica en absoluto desdeñar los avances científicos y tecnológicos, las posibilidades que estos ofrecen y la necesidad que de ellos podemos tener.

De lo que Remedios Zafra habla es, más bien, de una necesidad de replantearnos una serie de aspectos que conduzcan a aquello que en teoría nos decían hace años, que la tecnología debe ayudar y no controlar o limitar las vidas. Para ello habrá que tratar de cambiar inercias, de salir de esos bucles invisibles que nos llevan a un sentimiento de esclavitud y vértigo ante la "lógica aplastante" de los mercados y la eficiencia, ante la velocidad de los acontecimientos. De ahí el elogio del pensar / imaginar sobre el producir / consumir, de la lentitud sobre la urgencia, de la comprensión y la empatía sobre la polarización, del valor social del trabajo sobre las (i)lógicas del mercado, etc.

Todo ello tratado de una forma relativamente asequible para un lector medio (o medio-bajo, como yo), con referencias teóricas entre las que destaca "La condición obrera" de Simone Weil y situaciones de la vida cotidiana perfectamente reconocibles, pero sin reduccionismos absurdos ni maniqueísmos. Aquí no se trata de "criticar por criticar" sino de pararse a reflexionar y decidir qué camino tomar. Porque otra sociedad "menos mala" es posible. Es nuestras manos está.

También de Remedios Zafra reseñado en ULAD: El informe

viernes, 8 de julio de 2022

Edmundo Paz Soldán: La mirada de las plantas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable 

Ya he hablado en alguna ocasiones del reciente (y más que bienvenido) desembarco en España de varias editoriales latinoamericanas. Esta vez es el turno de la mexicana Almadía, quien se estrena por estos lares con un autor de amplia trayectoria y de quien ya hemos reseñado un buen puñado de obras en ULAD. Nos referimos al boliviano Edmundo Paz Soldán y a su última novela, esta La mirada de las plantas que podría ser una mezcla de Apocalypse Now y Philip K. Dick.

Porque en ella "habemus" laboratorio en la profundidad de la selva amazónica, experiencias lisérgicas, drogas sin drogas, realidad virtual, personajes con oscuros pasados, deepfakes... Podríamos, por tanto, hablar de una novela de ciencia ficción distópica, siempre anclada al presente (eso sí), acerca de las posibilidades y problemas de los usos de la tecnología, pero eso quizá sería simplificar en exceso.

La adicción, el placer, la solución a una necesidad, son más fuertes que el deseo de privacidad.

Y es que aunque ese sea el aspecto principal de la novela, La mirada de las plantas es mucho más completa y compleja. Posee, por ejemplo, una indudable vertiente político-social (referencias a la política ecológica y económica del Compañero Presidente, a la explotación de las gentes de la Amazonía, etc) que sirve como fundamental telón de fondo de los acontecimientos de la trama o una veta metafísica a la que se alude con bastante frecuencia.

Somos ideaciones creadas por nuestros cerebros. Las plantas y las máquinas nos ayudan a darnos cuenta de eso. A descentrarnos. A sacarnos de nosotros. Estamos regados en los demás. Somos los demás. Podemos ser el que abusamos. Podemos ser el que desapareció.)

Todo lo anterior en una ubicación geográfica para nada casual: la Amazonía boliviana, justo en la frontera con Brasil. Sirve esta como frontera "política", pero también como metáfora de las dos realidades en las que se ven envueltos los protagonistas de la novela y condiciona, como no podía ser menos, el habla de los mismos.

Por tanto, novela de género (o al menos en parte) con sus ya comentados pros y alguna que otra contra, como una cierta sensación de cuento algo alargado en su trama principal y algún que otro personaje secundario al que se observa mayor recorrido y que queda algo desaprovechado. Un texto que emparenta con la obra más reciente de Paz Soldán (Iris, Las visones, partes de La vía del futuro), que amplía horizontes y busca salir de las estrechas fronteras tradicionales para plantearnos dudas y preguntas que quizá ofrezcan respuestas que no sean fáciles de ofrecer ni cómodas de leer.

Un montón de libros de Edmundo Paz Soldán en ULAD AQUÍ

viernes, 24 de junio de 2022

Emigración, exilio y literatura: tres puntos de vista

Emigración, exilio y literatura. Tres palabras unidas desde hace siglos. Caminos que llevan de Europa a América, de América a Europa, de África a Europa o América, de una parte de Europa a otra, de América del Sur a Norteamérica, etc. y que sirven, también, para abrir vasos comunicantes entre diferentes literaturas.

Sobran los motivos: académico-formativos, económicos, políticos... Autores de "familia bien" que a fines del XIX y comienzos de XX llegaban a Europa en viajes iniciáticos, autores que huyeron del terror (nazi, soviético, de las diferentes (o quizá son versiones de lo mismo) dictaduras latinoamericanas, de la represión franquista, etc), autores en busca de nuevas oportunidades, de nuevas experiencias o sencillamente de una vida mejor. Unos regresaron en loor de multitudes mientras que otros jamás regresaron. Algunos encontraron el éxito al tiempo que otros se contentaron con sobrevivir. Autores que encontraron la vida y autores que no pudieron huir de la muerte.

Martí, Zweig, Cortázar, Rubén Darío, Benedetti, Sarduy, Tsvetáyeva, Roth (Joseph), Kis, Assia Djebar, Kadaré, Conrad...Hay de todo, la verdad. Lo que personalmente más me interesa es la incidencia que la emigración o el exilio tienen en el autor y su obra. Para ello recurrimos a tres autores que residen fuera de su país de nacimiento y que continúan la "tradición" latinoamericana de emigración y exilio: Rodrigo Blanco Calderón (Venezuela), Edmundo Paz Soldán (Bolivia) y Gerardo Fernández Fe (Cuba). Mi agradecimiento a los 3 por su amabilidad y sus jugosas respuestas.  Estas son 

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ULAD: A modo de introducción, ¿qué os lleva a residir fuera de vuestros respectivos países de nacimiento?

RBC: Un cansancio que se fue acumulando con los años, motivado por el conflicto político, el atasco en que estaba (y está) la batalla política. Y también porque la vida cotidiana se hacía cada vez más precaria y exigente. No me veía escribiendo y leyendo como quería hacerlo, en esa situación. Así que a mediados de 2015 me postulé para un doctorado en Francia y lo obtuve.

EPS: Cuando salí del colegio en Bolivia era 1984 y sufríamos una hiperinflación terrible. Las  universidades se abrían por unos días y luego se cerraban con huelgas largas. Mis padres decidieron enviarme a estudiar a la Argentina. En 1988 me fui a estudiar a los Estados Unidos (Alabama) con una beca para jugar al fútbol. No salí con vocación de no volver, pero una vez afuera me fui quedando.

GFF: Siempre he dicho que soy un caso atípico. Muchos de mis colegas de universidad y otros tantos del gremio de las letras huyeron apenas pudieron, buena parte recién terminados los estudios o, cuando más, antes de cumplir los 30 años. Esto es algo con lo que los cubanos convivimos desde hace más de cuatro décadas, desde que se produjo la huida de 125,000 personas por el puerto del Mariel. Antes también hubo partidas, pero más bien a cuentagotas.
  
Soy un caso atípico, insisto. Tuve hijos siendo bastante joven; el primero con apenas 25 años y una niña tres años después, de manera que me sumergí en el trabajo que tenía, que no era malo, y en la familia. Por esa época escribí Cuerpo a diario y El último día del estornino, pero sobre todo me alejé del mundillo literario y disfruté mucho de la infancia de mis hijos. Vista desde lejos, fue un momento en el que ni leí ni escribí lo que hubiera deseado, pero, ya te digo, tengo un lindo recuerdo de la dinámica en casa y de la manera en que los niños retribuyen a diario con mucho amor.

Una aventura como la que mencionas no estaba en mis prioridades. Entonces creía que se podía hacer como Enrique Lihn o Raúl Zurita, que realizaron viajes fuera de Chile, pero nunca se exiliaron. Tampoco se me habría ocurrido volar y dejar a mis hijos y mi esposa atrás, como ha tenido que hacer tanta gente para salvarse o para no terminar en una prisión. Eso, sin contar el apego a mis padres, que siempre fue muy fuerte. Por eso digo que soy una variante atípica del emigrado, ni mejor ni peor, solo que me salgo del patrón de desespero con el que muchos cubanos han asumido ese cambio definitivo. Y aquí hay que aclarar que durante mucho tiempo irse de Cuba significaba irse para siempre, perder el legítimo derecho de regresar a vivir a tu país. Yo no quería eso. 

Ahora, un día recibí una citación para una entrevista con un oficial de la Seguridad del Estado, la policía secreta, una institución creada a imagen y semejanza de la Stasi de la Alemania oriental, que siempre ha movido los hilos de la vida en Cuba. Yo trabajaba en una agencia de viajes francesa, en aquellos tiempos éramos medianamente autónomos (luego supe que los controles por parte del MINTUR arreciaron), apenas una vez al mes tenía que pasar por una de las grandes corporaciones del turismo dependientes del estado, a pagarles, por cierto, y bien caro, por el derecho a operar dentro del país. Tenía una situación estable, tranquila. Pero en paralelo llevaba un tiempo colaborando con Penúltimos días, un blog ya desaparecido, muy interesante y bien nutrido, creado desde Barcelona por el escritor Ernesto Hernández Busto. Hablo de una página que por un tiempo fue el azote de la política cultural en la isla. El ciudadano de a pie no tenía entonces acceso a internet, como ocurre hoy, pero sí los gerifaltes de la cultura y de la policía política, cuyo vínculo siempre ha sido muy estrecho. Entonces les bastaba conectarse y revisar: ahí estaban mis textos, sobre todo uno que supongo que fue el detonante. Era una crónica sobre mi viaje a Praga 40 años después de la entrada de los tanques soviéticos y donde cuestionaba además la alineación de Fidel Castro a aquella invasión. (https://revistaelestornudo.com/praga-la-habana-numero-redondo/).

Un poco más un mes más tarde ya me estaban citando para una oficinita discreta detrás de la unidad de la policía de mi barrio… a mí, que jamás había tenido que ir a una estación de la policía para nada. En teoría querían saber sobre el desempeño de la agencia de viajes, en donde desde 1996 promovíamos alquileres en casas particulares en contra de las directrices de las autoridades del turismo. Sin embargo, yo ya me olía cuál era su trasfondo. Me decían que querían saber más sobre mi jefe francés, quien hacía años que no visitaba la isla y que —esto me daba mucha gracia— no se ajustaba para nada al modelo del europeo que viaja en busca de aventura, alcohol, fiesta, sexo y todo lo demás. Ese hombre, que además era mi amigo, más bien rechazaba todo lo que tuviera que ver con Cuba y, así me lo confesó con dolor un día, por la duplicidad de rostros y el don del murmullo con los que viven todos cubanos, obligados a callarse lo que piensan, y por el afán de beneficio material inmediato que se respira en la mayoría de los casos. 

En dos palabras, en todo momento supe que el objetivo era yo, que estaba siendo objeto de un plan de “crecimiento” muy parecido al de las sectas. No había que ser muy sagaz para darse cuenta de que me querían “trabajar” a base de presiones para que colaborara de manera continuada con ellos. (Hay un mito urbano que dice que dos de cada tres cubanos colaboran de alguna manera con “El Aparato”; es muy truculento y triste todo, quien ha vivido toda su vida en democracia no lo puede entender, mi propio jefe y amigo no daba crédito). 

Recuerdo que ese día regresé a casa convencido de que había llegado el momento. Por entonces ya había iniciado los trámites para obtener la ciudadanía española por la condición de mis abuelos; solo quedaba esperar. Mis hijos tenían 9 y 12 años. Y ¿sabes qué? —esto ahora me da gracia, pero es terrible— hubo personas en mi familia que cuestionaron mi decisión: no veían con malos ojos que yo conservara mi buen trabajo y que colaborara en secreto con la Seguridad. Poco después nos fuimos a Quito, la primera ciudad donde un buen amigo me ofreció amparo y hasta trabajo.

ULAD: Como autores emigrantes o exiliados (según el caso), ¿es posible construir una obra personal que no lleve esa marca?

RBC: La etiqueta «autor exiliado» ya de por sí es problemática. Aunque su primera acepción es bastante amplia, «separación de una persona de la tierra en que vive», la palabra exilio está cargada de unas connotaciones de persecución política que no aplican en mi caso. Dicho eso, veo muy difícil que lo que estoy escribiendo ahorita no pase, de una u otra forma, por ese terreno que vincula literatura y exilio. Y más en el caso del exilio venezolano, que es una experiencia tan reciente.

EPS: El lugar te marca incluso cuando no te marca. Tu lenguaje y forma de percibir las cosas van cambiando inevitablemente, se empapan del nuevo espacio. Cuando regreso a Bolivia la miro y percibo de otra manera, pero eso no significa que vea los Estados Unidos de manera “natural”. Mi mirada es extrañada, algo desarraigada, y eso creo que sirve para la escritura: que nada te parezca normal, que el mundo te parezca un lugar extraño. 

GFF: Siento demasiado respeto por Gastón Baquero, por Cabrera Infante, por Celia Cruz —a quien, por cierto, no le permitieron regresar para acudir al velorio de su madre— y por cientos de miles de exiliados “sin nombre” que tuvieron que irse con una muda de ropa, perdiéndolo todo atrás, como para hablar yo con tanta contundencia de “exilio”. ¿O será que hay diferentes modalidades de exilio, una por cada experiencia? Hace 30, 40 años todo era mucho más difícil para el cubano que decidiera huir de aquel proyecto grandilocuente, aunque ahora mismo no son pocos los casos de exiliados a los que no se les permite siquiera asomarse de visita por su propio país. Son desterrados en el siglo XXI.

En fin, no creo que mi condición aparezca, al menos hasta ahora, en mi trabajo. Todavía vivía en La Habana cuando escribí El último día del estornino, y ya entonces me había propuesto una literatura lo menos apegada posible a la condición insular y lo más lejana posible de los tics, los escenarios y las demandas de buena parte de la literatura cubana, esa que tan bien se ha vendido en el mercado editorial español. Son una convicción y un método que, como sabes, apliqué a Hotel Singapur, una novela que pudo haber sido escrita por un cubano en Tasmania.

ULAD: ¿Funciona la literatura como "cicatrizante" de las heridas o sirve para hurgar más en ella?

RBC: Siguiendo esa imagen, creo que la literatura debería ser como esa uña nerviosa que rasca y rompe la costra junto cuando la herida comienza a cicatrizar. Ese gesto que todos hacemos y que nos enfrenta ante el enigma del dolor y el innegable placer estético de una gota de sangre.

EPS: Escribí una novela de la nostalgia (Río Fugitivo, 1998), que ambienté en el último año de mi vida en Bolivia (1984). Fue una forma de hacer las paces con el país que dejé atrás. Pero las paces nunca están hechas del todo, cualquier cosa reactiva el desgarro de no ser más parte activa de esa vida que dejaste atrás. Vives una vida paralela en tu cabeza, habitada por ese camino que no seguiste.

GFF: Yo entiendo la literatura como ahondamiento, como martilleo implacable en determinados temas. A partir de ahí, lo que uno escribe debería percutir no tanto en las heridas del exilio en particular, como en las de la condición humana. El paso del tiempo, el desamor, la vejez, la soledad, la traición, son situaciones que nos competen a todos. En el exiliado pudieran ahondarse, claro está, pero no creo que se le deban conferir a este sujeto atributos exclusivos. Un exiliado no está en peor situación que un perseguido en su propio país o que un sujeto carcomido por dentro y por fuera, que vive en la casa que lo vio nacer, que se cae a pedazos, y para quien no hay futuro ninguno. Dentro de Cuba hay miles, varios millones de exiliados. Alguien llamó a ese fenómeno insilio.

En realidad, tiendo más bien a aligerar lo que desde hace mucho tiempo ha sido explotado como “el drama del exilio” en sentido general. Creo que por salud mental hay que huir de las sensaciones que se desgajan de esa escena de la familia italiana en el Nueva York de los años 40 que el cine tanto ha explotado. Y para un escritor es una situación resbaladiza, si no tiene cuidado puede caer en la tontería y el lagrimeo.

ULAD: ¿Creéis que vuestra obra sería diferente de permanecer en vuestros respectivos países de nacimiento? ¿En qué puede notarse la influencia de la emigración o el exilio?

RBC: Claro, sería diferente. Pero esta es una consideración que aplica para cada aspecto de la vida en su relación con la literatura. Cada decisión, incluso la más cotidiana, modifica a futuro la obra de un escritor. Son tantas las posibilidades que no sabría decir dónde están los rasgos diferenciales.

EPS: Estando afuera mi lenguaje ha cambiado gracias a las influencias de otros latinoamericanos con los que me relaciono y de los que me presto palabras y giros idiomáticos, y también por el inglés, que está al lado e impregna la sintaxis, el vocabulario, etc. Percibo el mundo de otra manera debido a los tantos años en la distancia, escribiendo en un lenguaje que aquí no es el dominante. Todo lo que está en el aire me cambia incluso cuando conscientemente quiero resistirme a esos cambios. Si me hubiera quedado en Bolivia también habría cambiado, pero de otras formas.

GFF: Creo que esto te lo respondí antes. No, no sería muy diferente, pues ya antes de salir de Cuba pretendía atomizar mis voces y moverme a locaciones muy variadas, al menos dentro de la ficción. Si estuviera todavía en La Habana creo que mis lecturas y mi escritura seguirían tendiendo al cosmopolitismo y a la rarefacción con respecto a “lo cubano”, ese cliché tan barato. Pero, la verdad, no me veo viviendo en La Habana, y mucho menos ahora.


ULAD: ¿Puede hablarse, en el caso de vuestras literaturas nacionales, de una literatura del "interior" y una literatura del "exterior" o del "exilio" o es un cliché sin sustento alguno?

RBC: Creo que sí puede y debe hablarse de una literatura que se escribe en Venezuela y una literatura escrita por autores venezolanos que no viven en Venezuela. Negarlo es, de alguna manera, negar el mayor trauma desde nuestra independencia, que es este desgarro y fragmentación del país que ahora estamos viviendo. No obstante, es cierto que es una distinción muy poco instrumental porque no todas las novelas (por referirme al género más popular) reflejan necesariamente el lugar desde donde fueron escritas. Ahora bien, lo que me parece inútil y falso es establecer una jerarquía entre ambas modalidades, porque más bien se complementan.

EPS: Hay muchos escritores bolivianos afuera, pero todavía no encuentro las características específicas que los define. Ese estudio está por hacerse.

GFF: Creo más bien que ese es otro cliché. Hay buena y mala literatura cubana, y ambas son producidas tanto dentro como fuera de aquel estado policial. Luego habría que estudiar de qué manera se le ensancha la visión al escritor que huye y se mueve por diferentes latitudes, pero siempre teniendo en cuenta que Kant, Flaubert y Lezama Lima prácticamente no salieron de sus barrios, y mira qué obra hicieron. También habría que analizar de qué modo se relaja el escritor (y el ser humano en general) desde el momento en que deja de ser tutelado por un partido y por las normas reductoras de un estado totalitario. Eso: de qué manera “entramos en libertad”, un sintagma que no deberían banalizar quienes siempre han vivido en democracia, y sobre todo cómo uno se va despojando de sus viejos miedos. Lo que no quiere decir que no aparezcan otras angustias de diferente calado.


ULAD: ¿Alguna vez os habéis planteado escribir en vuestra lengua de "adopción" (en el caso de Rodrigo Blanco nos referimos al francés, por los años que vivió en París)?

RBC: No. Quizás, de haberme quedado a vivir en Francia, pudiera haberlo intentado como un experimento o un juego. Pero toma una vida entera aprender a escribir en el propio idioma.

EPS: No. A veces traduzco cosas mías, pero tardo mucho en hacerlo, me da pereza, y vuelvo al español.

GFF: ¡Jamás! Eso es para Conrad, Nabokov y otros pocos. Yo no tengo lengua de adopción. Vivo en Miami, una ciudad muy demonizada, por cierto, por la intelligentsia de izquierda europea, y no experimento ninguna vergüenza por ello. Hace unos años, siendo profesor, tuve un alumno adolescente, hijo de dominicanos, cuyo padre les prohibía, a él y a sus hermanitos, hablar en español en casa; decía el buen hombre que ya no les hacía falta. Imagínate, habían llegado a la Tierra Prometida y para el cabeza de familia, a quien felizmente nunca conocí, el pasado era desechable y la lengua de adquisición era superior. 

Apenas llegué a Estados Unidos me empeñé en que para mis hijos el inglés fuera una herramienta perfecta para encaminarse (como para mí lo fue el francés, simplemente un utensilio), pero solo eso, y que el español no dejara de ser su lengua real, tan rica en sonidos y en matices… Y creo que lo logré.

ULAD: Puestos a elegir un autor exiliado que destacaríais, ¿quién y por qué?

RBC: Elegiría a Rubi Guerra. En primer lugar porque, aunque sigue viviendo en Venezuela, su experiencia de lucha contra enfermedades, precariedades económicas y la violencia imperante demuestra que no hace falta irse de Venezuela para sentirse desterrado. El chavismo ha hecho de los venezolanos unos extranjeros en su propia tierra. Y, en segundo lugar, porque la calidad de la obra narrativa de Rubi Guerra es incuestionable. Su obra está allí, brillando con la discreción propia de su autor, esperando que un editor español con sangre en las venas lo descubra y lo publique.

EPS: Como dice Bolaño poniendo el ejemplo de Kafka, a veces no es necesario irse a ningún lugar para sentir que el destierro está presente en una obra. César Vallejo ni siquiera había ido a ninguna parte y ya miraba todo con extrañeza en sus primeros textos. Irse a Lima lo asfixió aun más, el dolor estaba en cada una de sus líneas. París completó el gran viaje del desterrado.

GFF: Como infiero que hablas de autores del patio, me debato entre Lino Novás Calvo, escritor cubano nacido en Galicia, como mi abuelo Sixto, mira tú, que vivió al menos tres exilios; y Lorenzo García Vega, un tipo torpe que se anticipó a muchas cosas, por una parte al conservadurismo y la mojigatería del grupo de la revista Orígenes, donde creció como escritor hasta zafarse, y por la otra a la astringencia
del estado totalitario en que mutó casi al acto la revolución verde olivo. García Vega llegó a Madrid en 1968 y, el mismo día en que se conocieron, Antonio Buero Vallejo le advirtió que tuviera mucha cautela, pues no se veía bien en el mundillo literario proferir alguna crítica contra el sistema político imperante en Cuba. Poco después un editor español que recién había llegado de una visita a la isla le aseguró que las posibilidades de publicar en Madrid para un exiliado cubano eran mínimas.

Y luego, Lorenzo fue un escritor que jamás miró ni de reojo al mercado editorial y para quien no significaba nada vender cada vez más ejemplares, algo que nunca se propuso. Supo retratar además por diferentes vías lo que él mismo llamó “el destartalo cubano”. 

Todo de lo que ha ocurrido en estos 70 años, desde que Fulgencio Batista ignoró la Constitución y ultrajó la República, puede resumirse en ese sintagma.

martes, 8 de junio de 2021

Edmundo Paz Soldán: Allá afuera hay monstruos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

Queridos editores españoles (si es que alguno ha llegado hasta aquí):

Creo que este es el octavo libro de Edmundo Paz Soldán que leo. Entre ellos, hay libros magníficos ("Los días de la peste", "Las visiones" o "Billie Ruth") y otros que, sin alcanzar el nivel de los anteriores, seguro que son bastante mejores que la gran mayoría de las cosas que publicáis. ¡Vamos, balance más que suficiente para publicar "casi a ciegas" cualquier cosa que salga de la mente del cochabambino!

Pero puedo entender que no os fieis, que penséis que esta novela está demasiado apegada al momento presente y que puede ser un intento de aprovechar el filón pandémico y demás. Craso error sería porque, más allá de lo anterior, "Allá afuera hay monstruos" es una buena novela en las que se aúnan realidad y fantasía (¿ciencia-ficción?) para hablar de la ruptura de los lazos personales personales, familiares, comunitarios, etc, de enemigos visibles e invisibles.  A ver si logro explicarme.

El comienzo de la novela nos sitúa, en apenas unas líneas, en el contexto en que esta transcurrirá: en plena pandemia apocalíptica y en plena convulsión política, algo con lo que ya jugaba el autor en novelas y relatos anteriores. La diferencia, esta vez, radica en que lo que hace escasos meses podía ser leído como una distopía se ha terminado convirtiendo en una crónica ficcionalizada del desastre, en una "película de horror interminable" basada en hechos reales. ¡Más aún si vemos como andan las cosas por la Bolivia natal del autor!

A mi entender, dos son los principales aciertos de Paz Soldán: la elección del personaje narrador (y el tratamiento otorgado a este) y la estructura de la novela. 

En cuanto al personaje que narra o lleva el hilo conductor, se trata de una preadolescente de 12 años, lo que la sitúa en un territorio "híbrido" entre la infancia y la madurez que provoca una mayor fuerza en la transmisión de la extrañeza ante los acontecimientos sociopolíticos de los que es testigo. Esto, además, lo logra dotando a esta narradora de una voz propia y creíble al mismo tiempo, algo especialmente complicado cuando se trabaja con personajes de este estilo.

En lo que se refiere a la estructura de la novela, si bien en un primer momento puede parecer que vamos a asistir a la clásica historia "planteamiento / nudo / desenlace", no estamos tanto ante una trama novelística convencional como ante una sucesión de imágenes, estampas, escenas o flashes (casi microrrelatos, en ocasiones) protagonizadas por diversos personajes que sirven como imagen de conjunto y reflejo de los diferentes estados que la situación provoca a nivel individual y colectivo: miedo, suspicacia, terror, ansiedad, venganza, estigmatización de algunos sectores de población, resentimiento, etc.

Pero quizá estas elecciones condicionan el final de la novela y la hacen algo inferior a la ya citada "Los días de la peste", con la que guarda ciertas similitudes. Y es que en el caso de "Allá afuera hay monstruos" la existencia de apenas 2/3 personajes principales (el resto son apenas presencias) y la opción por una narración "desestructurada" fuerzan un final abierto y abrupto. Por otra parte, y desgraciadamente, algunos de las situaciones que se narran en la novela se han visto superadas con creces por la puñetera realidad.

No importa, ya os digo que "Allá afuera hay monstruos" es una buen libro y un texto mucho más complejo de lo que a primera vista pudiera parecer, una buena novela. Ahora queda por ver si algún editor español se anima. Si no, siempre nos quedarán las ediciones boliviana (Nuevo Milenio) o chilena (Los libros de la mujer rota), que es la que yo he podido leer gracias a la amabilidad del autor.

Otros libros de Edmundo Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visionesLos días de la pestePalacio quemadoDesencuentrosIris

martes, 13 de abril de 2021

VV.AA.: Cuadernos hispanoamericanos (Cuento)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

Que el "cuento latinoamericano" goza de una salud excelente es algo que creo que poca gente pondrá en duda. Una muestra significativa de ello son las múltiples reseñas que hemos publicado en este blog en los últimos años y que dejan un buen reguero de nombres: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Mónica Ojeda, Samantha Schweblin, Rodrigo Blanco, Edmundo Paz Soldán, etc., algunos de los cuales aparecen en este número dedicado al género breve de la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" con el que podemos corroborar la afirmación inicial.

18 autores (12 hombres y 6 mujeres, lo cual  - aunque aquí habría que valorar los entresijos de la selección - me parece injusto dada la calidad de alguna autora que no aparece por aquí), 18 países (solo falta, si no me equivoco, una representación de República Dominicana y El Salvador) y 18 relatos con un nivel medio bastante alto.

Curiosamente, este elevado nivel medio no viene siempre de la mano de los autores más consagrados o reconocidos a este lado del Océano. Por poner un par de ejemplos, el relato de Halfon (escritor que me encanta) parece hecho con el piloto automático puesto y el relato metaliterario de Fernanda Trías deja al lector algo frío porque puede funcionar bien como juego pero se echa en falta algo más. Por su parte, otros autores TOP, como Mariana Enríquez, Liliana Colanzi o Mónica Ojeda, aportan relatos que serán fácilmente identificables para sus lectores habituales y servirán como interesante carta de presentación para los no iniciados.

Por el lado de los autores más desconocidos (o menos leídos) para mi vienen alguna de las sorpresas más agradables. Destacan especialmente 4/5 relatos:

  • "La cinta roja" de la hondureña María Eugenia Ramos, un relato brutal cargado de simbología.
  • "El río, una pasta espesa que no hace olas" de Jon Bilbao, relato carveriano de parejas y amistades, mentiras o medias verdades y tensión "subterránea" algo alejado en lo estilístico de lo que yo he podio leer de su obra.
  • "Marginalia" del costarricense Carlos Fonseca, un relato en el que se juega con la literatura como forma de huida o de entrada a otras vidas posibles.
  • "El barbero de Hialeah" del cubano Carlos Manuel Álvarez y su impactante final.
  • "Serenatas" del venezolano Juan Carlos Méndez Guedez, quizá el relato más arriesgado en lo estilístico, con sus diferentes voces y tiempos y su aire de "culebrón"

En definitiva, 18 más que interesantes relatos que beben de múltiples influencias, tanto del propio Sur como del Norte, que poseen una serie de elementos comunes (la emigración, la violencia, el desarraigo, la propia literatura) y que demuestran que la cantera de "cuentistas" latinoamericanos está muy pero que muy viva. ¡Y que dure!.

viernes, 5 de junio de 2020

Edmundo Paz Soldán: Iris

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable


Hace ya un tiempo, reseñamos en este mismo blog "Las visiones", libro que, según los expertos, vendría a ser la continuación temática y estilística de "Iris". Pues bien, tras la lectura de este último, podemos confirmar, con algún matiz, el juicio de los expertos.

Si bien "La visiones" estaba compuesto por 14 relatos más o menos breves, "Iris" es algo parecido a una novela compuesta por cinco relatos, centrados en cinco personajes diferentes, de unas 60-70 páginas cada uno. "Algo parecido a una novela", ojo, porque no hay una estructura planteamiento/nudo/desenlace, sino una serie de relatos conectados entre sí que ofrecen una completa cartografía de un espacio y un tiempo que no aparecen definidos en el texto pero que sí podemos identificar. Ahora bien, podemos hacerlo moviendo el ratón a lo largo de la linea del tiempo, ya que "Iris" puede ubicarse, gracias a algunos elementos tecnológicos que aparecen en la narración, en un futuro apocalíptico al estilo "Blade Runner" (replicantes/ artificiales incluidos), en diferentes momentos del pasado porque las formas de dominio que los colonizadores ejercen sobre Iris son muy parecidas a las que en su momento ejercieron la United Fruit en Centroamérica o la Anaconda en Chile y porque algunos de los métodos empleados por los colonizadores con sus soldados/shanz no son muy diferentes a los utilizados por los estadounidenses con sus soldados en Vietnam, o en el momento presente (era cuestión de explorar un poco para darse cuenta de que todos vivían en lugares así, lo que cambiaba era el estilo de la extrañeza, la intensidad, la magnitud).

En este caso, es la corporación SaintRei quien se encarga de la explotación de las minas de X503 en  el protectorado de Iris y quien ejerce el dominio de facto sobre la población y el territorio. Para ello, cuenta con una serie de tropas, en las que se juntan humanos con artificiales, que no dudan en recurrir a las drogas, al sexo y a la violencia para sobrellevar la soledad y la tensión a la que están sometidos y para hacer frente a la creciente insurgencia irisiana. En esta insurgencia, liderada por el mesiánico  (¿leyenda?, ¿mito?, ¿ser real?, ¿excusa?) Orlewen (guiño a Orwell, quizá?), se observan referencias bíblicas y referencias a cultos precolombinos que confirman el ya citado movimiento en el tiempo de la novela. 

Este movimiento está, además, muy ligado a la forma y al fondo de la novela, totalmente contrapuestos. Así, mientras que la forma es la de novela de ciencia-ficción o novela distópica, el fondo no es otra cosa que un feroz alegato contra las diferentes formas de (neo)colonialismo.
Pero no es la única contraposición que encontraremos en "Iris". Destacan, por ejemplo, el contraste entre el hiperdesarrollismo tecnológico y el creciente culto a deidades estrechamente ligadas a realidades latinoamericanas pasadas y presentes, entre la racionalidad y la animalidad, entre el horror y el placer, entre la búsqueda y la huida, entre Barça y Madrid (hay un Rakitic y un Chendo!), etc.

Mención aparte merecen otros aspectos más vinculados a la opción "estilística" del autor. Uno, el lenguaje, plagado de neologismos, spanglish, palabras casi onomatopéyicas, que cuadra a a la perfección con las sensaciones que de ese mundo se desprenden. Otro, la elección de los personajes centrales de los relatos, casi siempre protagonizados por los colonizadores, y de un narrador externo a estos. 

Termino. Novela que sobrepasa los clichés del género sci-fi, compleja y algo irregular (por momentos), no indicada para todos los públicos tanto por esa complejidad como por su estilo y por la ausencia de una trama al uso, por el estilo, aunque recomendable para quienes se atrevan a entrar en el peculiar mundo de un autor con una larga y variada obra ya a sus espaldas. Un valor seguro.

También de Edmundo Paz Soldán en ULAD: DesencuentrosPalacio quemadoLos días de la pesteLas visionesBillie Ruth

lunes, 28 de enero de 2019

Reseña + Entrevista. Liliana Colanzi: Nuestro mundo muerto

 Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Llevo un tiempo diciendo que el "relato escrito por mujer joven latinoamericana" goza de muy buena salud. En este blog encontraréis algunos ejemplos: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Andrea Jeftanovic, María Fernanda Ampuero o la boliviana Liliana Colanzi.

En el caso de Colanzi y "Nuestro mundo muerto" nos encontramos con ocho contundentes relatos, de unas 15 páginas de extensión, dominados por presencias casi sobrenaturales y por amenazas exteriores, ya sean reales o ficticias, que ponen en evidencia amenazas interiores infinitamente más peligrosas.

El contexto utilizado por Colanzi para presentarnos sus historias se acerca en muchas ocasiones a la ciencia-ficción: ojos que parecen sacados de películas de serie B o de 1984, poseídos y aparecidos que se asemejan a los chicos del maíz de Stephen King, meteoritos que provocan reacciones en cadena como si de la Melancolía de Lars von Trier se tratara, exploraciones marcianas, etc. Pero estas referencias casi "pop" aparecen unidas a creencias (o supersticiones) tradicionales vinculadas a culturas andinas, creando una curiosa mezcla entre tradición y modernidad

En cualquier caso, esto no es más que el contexto, ya que lo que de verdad esconden estos decorados son problemas reales como la incomunicación, el extrañamiento, el miedo a la muerte o, como podemos leer en "La ola", la soledad infinita de un mundo desquiciado y sin propósito.

Entrando más en detalle en cada uno de los relatos, encontramos en "El ojo", "Alfredito" y "Chaco" la influencia de Silvina Ocampo en la visión desde la infancia / adolescencia de un mundo al mismo tiempo mágico, extraño y hostil. En ellos se mezclan leyenda y "realidad", alucinaciones y hechos absolutamente ciertos.

En "La Ola", uno de los mejores relatos del libro, la protagonista pasa a ser una joven a la que persigue una rara vibración, mezcla de extrañeza, abulia y tristeza. Es este un relato circular, de ida y vuelta, que nos habla de lo difícil que resulta escapar del pasado. Esta imposibilidad aparece nuevamente en "Nuestro mundo muerto", otro de los grandes relatos del libro gracias a su ambiente cerrado y opresivo. En esta ocasión, el telón de fondo es Marte, lugar al que su protagonista huye, aunque siempre esté como un satélite girando alrededor de lo perdido. También en "Cuento con pájaro" asistimos a una nueva huida imposible. Esta vez, Colanzi maneja un registro más "terrenal", más "social" incluso, ya que en el aparecen de forma más perceptible las "dos Bolivias" (la blanca y la "india").

Finalmente, y volviendo a lo ya citado acerca de las amenazas exteriores que sirven como resorte para sacar a la luz amenazas o miedos interiores, tenemos "Meteorito" y "Caníbal". En aquel, la caída de un meteoro es el detonante del oscuro y trágico final de una pareja de "perdedores"; en este, un caníbal que vaga por las calles de París y una extraña relación serán la "excusa" para hablar de la soledad y de relaciones absorbentes.

Por último, un breve comentario acerca de los finales de los relatos, ese aspecto tan crucial. Colanzi nos ofrece finales generalmente abierto, muy sujetos a la interpretación del lector, algo que va en consonancia con el desarrollo de los mismos. Se agradece ese tratar de evitar sorpresas finales y giros inesperados, la verdad. En definitiva, muy buen libro este "Nuestro mundo muerto", compuesto por ocho relatos sin desperdicio, contundentes y originales de una autora aún joven que seguro que da mucho que hablar.

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ULAD: Tres cosas me llaman especialmente la atención en "Nuestro mundo muerto". La primera, que supongo sorprende más a un lector europeo, es la mezcla de modernidad y tradición: referencias "pop" ("El ojo" me recuerda por igual a los monstruos de serie B y a 1984, "Meteorito" a "Melancolía" de Lars Von Trier, por poner un par de ejemplos) y leyendas o tradiciones "indígenas" van de la mano. Esto también creo que sucede, en mayor o menor medida, en obras de Edmundo Paz Soldán o de Maxi Barrientos. ¿Puede ser esta mezcla el reflejo de la Bolivia actual?

L.C.: Cuando escribo no estoy pensando en reflejar la Bolivia actual; la literatura siempre está desfasada con respecto de la realidad. Lo que sí me interesa es recoger elementos que están flotando en la cultura, pero a los que nadie presta mucha atención porque provienen de las tradiciones indígenas o de la cultura popular o de géneros como la ciencia ficción, que son considerados saberes menores o descartables, y ver cómo se puede construir una poética desde ese lugar. Me gusta mucho lo que dice Herta Müller: “La superstición es la poesía de los pobres”.

ULAD: La segunda es que en los relatos de "Nuestro mundo muerto" siempre parece estar presente una amenaza exterior que pone en marcha una amenaza interior más peligrosa. ¿Llevamos dentro a nuestro peor enemigo?

L.C.: Es que en muchas ocasiones aquello que vemos como una amenaza externa, en realidad se trata de un rechazo a algo que sospechamos que está dentro de nosotros. El miedo al bárbaro, por ejemplo, revela el terror hacia el animal que somos; el machismo es la negación de la potencia femenina que hay en el hombre y de la potencia masculina que hay en la mujer.

ULAD: La tercera es la sensación de un pasado que nos persigue. ¿Podemos verdaderamente escapar de el? ¿Cómo?


L.C.: El pasado al que me refiero en mis cuentos está muy presente, porque se trata de un pasado colonial que configura hasta el día de hoy la forma en que pensamos, deseamos, soñamos y nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestra tragedia es no haber encontrado la forma de desactivar ese legado.

ULAD: Además de la influencia de clásicos como Silvina Ocampo (esa visión de la infancia de mundos mágicos y extraños), creo que la presencia de ese "terror cotidiano", por llamarlo de alguna forma, te emparenta con autoras latinoamericanas recientes como Mariana Enríquez, Vera Giaconi o Andrea Jeftanovic. ¿Pura casualidad o puede haber un punto de vista generacional (o error de apreciación mío)?

L.C.: Justo estoy escribiendo algo que es una especie de homenaje a “El vestido de terciopelo”, de Silvina Ocampo. Cada época tiene su modo de canalizar sus ansiedades y horrores, y por supuesto que encuentro puntos de contacto con muchas autoras y autores de mi tiempo. “Reunión” de Vera Giaconi es un cuento hermoso y raro que muestra a la familia desde una óptica monstruosa; Andrea Jeftanovic también presenta a la familia desde un lugar peligroso y perturbador. Me interesa mucho el cruce que hace Mariana Enríquez entre el horror, la política y la cultura popular, y la manera en que ha renovado el imaginario del horror latinoamericano.


ULAD: Sabemos que te has lanzado al mundo de la edición con Dum Dum Editores. Tres preguntas relacionadas con esto: ¿No es un poco locura en los tiempos que corren? ¿Qué le lleva a tomar la decisión de publicar su obra en otras editoriales? ¿Veremos los libros de Dum Dum en España?


L.C.: Tenía la impresión de que montar una editorial era difícil, pero vivir un tiempo en Buenos Aires, donde todo el mundo tiene una editorial independiente, me convenció de que no era así. Trabajo con una diseñadora excelente y la editorial Nuevo Milenio se encarga de la distribución de los libros de Dum Dum, así que con eso tengo más de la mitad del trabajo resuelto. Y disfruto mucho de la aventura y del desafío de proponer a un autor nuevo en el medio. No me autopublico porque después de pasar mucho tiempo escribiendo mi propio libro, lo último que quiero es seguir trabajando para él, ¡lo que deseo más bien es deshacerme de él!

ULAD: Sea o no con Dum Dum, ¿tendremos en breve alguna novedad de Liliana Colanzi?

L.C.: No sé si en breve, porque soy una escritora un poco lenta, pero vengo escribiendo cuentos y espero terminar este año.

sábado, 21 de julio de 2018

Edmundo Paz Soldán: Desencuentros (2x1)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018 (1990 y 1994)
Valoración: Recomendable

Hay autores (y no daremos nombres) a los que se acusa de escribir siempre el mismo libro. Desde luego, esta no es una acusación que se pueda verter sobre el boliviano Edmundo Paz Soldán. A lo largo de estos casi 30 años ha publicado libros de todos los colores: relatos breves e hiperbreves, novela política, ciencia – ficción , distopía, etc., lo que da idea de que nos encontramos ante un tipo inquieto y camaleónico.

Buena muestra de esas inquietudes y de esas múltiples vertientes del cochabambino es este "Desencuentros", libro que, pese a ser publicado en España en este 2018 por la editorial madrileña Páginas de Espuma, reúne  “Las máscaras de la nada” y “Desapariciones”, los dos primeros libros de relatos publicados por Paz Soldán allá por 1990 y 1994. En él (o en ellos, uno no sabe muy bien), encontramos ni más ni menos que... ¡104 relatos (68+36)! Obviamente, no es para menos con 104 relatos, el libro peca de cierta irregularidad. Mantener el nivel a lo largo de todos ellos es prácticamente imposible. Por eso conviene quedarse con el tono y la sensación general, con el “nivel medio”.

He de decir que me ha gustado más “Las máscaras de la nada”  que “Desapariciones”. Me parece que los 68 relatos que lo componen son más homogéneos, que el conjunto está mejor trenzado. Tres son los temas centrales de estos relatos: la violencia (o la muerte), la familia (especial hincapié en la pareja) y la literatura, en general. Se trata de muy breves, entre un solo párrafo y un par de páginas, construidos en su mayor parte en base a contraposiciones entre situaciones cotidianas y personajes patéticos. La tensión entre ambos elementos acaba, por lo general, resolviéndose en finales que oscilan entre la sorpresa y el absurdo.

En cuanto a “Desapariciones”, se trata de un libro bastante más ecléctico en el que los relatos ganan en extensión, alcanzando en ocasiones las 4 o 5 páginas. Pese a que se repiten algunos de los temas y mencionados, en esta ocasión ganan peso relatos que versan sobre el paso del tiempo y relatos que incluyen una cierta crítica social. Por otra parte, los relatos de “Desapariciones” pierden inmediatez y frescura respecto a los de “Las máscaras de la nada”, tan breves y tan basados en la imagen puntual. En cambio, ganan peso los personajes, seres solitarios y desubicados situados frente al espejo de las paradojas y el absurdo de la vida, con sus miserias, inseguridades y mediocridades.

Me gustaría destacar, por último, varios aspectos de este "Desencuentros". En primer lugar, se trata dos libros escritos y publicados cuando Paz Soldán apenas contaba con unos 20 - 25 años, pero dan la impresión de haber sido escritos por una persona mucho más mayor, con un recorrido vital más amplio, lo que da buena cuenta, a mi entender, de la capacidad de observación del autor. Por otra parte, me gusta la sensación general de pesimismo que transmiten los relatos, gracias a ese humor, a medio camino entre la ironía, el absurdo y el humor negro, que los recorre. Y, por último y sobre todo, me quedo con la capacidad de Paz Soldán de construir relatos que ofrecen a los lectores muchas más preguntas que respuestas. Como ocurre en casi toda su obra, por cierto!.

No quiero acabar esta reseña sin recomendar, una vez más, que os acerquéis a la obra de Paz Soldán, uno de los mas interesantes e inquietos autores que podemos leer hoy en día en lengua castellana. Para ello puede ser una buena opción este "Desencuentros", tanto por la propia calidad de los relatos como por las pequeñas pistas que da acerca de su posterior evolución.

Otras obras de Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visionesLos días de la pestePalacio Quemado

lunes, 30 de octubre de 2017

Maximiliano Barrientos: Una casa en llamas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable

Tiene narices (por no decir otra cosa) que, tras casi 3200 reseñas, solo hayamos reseñado en ULAD a un autor boliviano, el gran Edmundo Paz Soldán. ¿Será que la "literatura boliviana" es la rama desconocida / ignorada de la "literatura latinoamericana", suponiendo que existan una literatura boliviana o una literatura latinoamericana como tales?

Hoy vamos a tratar de romper con ese "ninguneo" reseñando, por segunda vez en la vida del blog, a otro autor boliviano. Se trata, en este caso, del cruceño Maximiliano Barrientos.

Barrientos, cuya obra está siendo publicada en España por la editorial Periférica, es autor de este libros de relatos publicado por Eterna Cadencia, una de las editoriales sudamericanas más interesantes del momento. En él, se observan claras influencias de uno de los grandes del género: un tal Raymond Carver.

Veréis. El libro consta de seis historias atravesadas por la violencia física. Todas ellas están protagonizadas por tipos solitarios que ven como el pasado vuelve de forma recurrente, como si fuese una marca indeleble en la piel, por perdedores llenos de una rabia convertida en tristeza. 

El relato que abre el libro, "No hay música en el mundo", es quizá el más diferente de todos, no  tanto por la temática del mismo sino por su protagonista y su ubicación geográfica. Se trata de la historia de un boxeador / luchador en sus horas más bajas y, al contrario que el resto de relatos del libro, se sitúa en los Estados Unidos.

Los cinco relatos restantes, en cambio, están protagonizados por personas de la clase media o media-alta de Bolivia, y en la mayoría de ellas hay un pasado violento que vuelve para romper con la aparente tranquilidad del presente y de una vida más o menos cómoda. La violencia, en forma de venganza en varias ocasiones, y el sexo juegan, en todos ellos, un papel fundamental.

Destacaría, por encima de todo, la utilización de las imágenes por parte de Barrientos. Las seis historias están llenas de poderosas imágenes, muy ilustrativas de lo que el autor quiere contar. Además, Barrientos dosifica la información y las palabras de manera adecuada, manteniendo al lector en tensión. No hay artificios en los relatos, no hay adornos, solo las palabras precisas para componer un conjunto homogéneo y atrayente, en especial para aquellos que gusten de historias duras narradas de la forma más cruda posible.