sábado, 24 de febrero de 2018

Nuccio Ordine: Clásicos para la vida


Idioma original: Italiano 
Título original: Classici per la vita  
Traductor: Jordi Bayod Brau
Año de publicación: 2016
Valoración: Entre recomendable y está bien  

Los clásicos pueden ser una respuesta a los problemas de la sociedad actual. No la única, por supuesto, pero una de lo más efectiva. Esto que es tan obvio para algunos no acaba de ser asimilado por tantos otros. Quizás la lectura de este libro lograría convencer a esas personas reticentes de la pertinencia de este enfoque. Pero vamos por partes. Clásicos para la vida lo escribe un profesor de literatura, Nuccio Ordine, que cree a pies juntillas que la escuela debe predicar la siguiente idea: los clásicos son una herramienta que nos puede enseñar a vivir. En la "Introducción" expone y desarrolla el marco teórico de esta noción, y durante el resto del libro se encarga de aplicarla y mostrar ejemplos prácticos de la misma. 

Además de esa, Ordiane tiene otras opiniones, las cuales también esgrime en su "Introducción". La práctica pedagógica, dice, debe posicionarse a favor de la proliferación de estudiantes con un saber crítico que aplicar para desarrollar un juicio autónomo. Debe obviar la dirección que sigue en la actualidad (hacia la profesionalización, hacia la digitalización). Debe apostar por una formación con docentes capacitados, alumnos estimulados por la curiosidad y la creatividad y una consciencia institucional que sea favorable a ambas figuras. Según Ordiane, todo esto es posible si se revive a los clásicos. Si se aplican. 

Ordine propone en Clásicos para la vida una serie de reflexiones de calado moral. Las extrae gracias a diversos fragmentos de clásicos que ha ido seleccionando. Su intención es mejorar al hombre y, por extensión, a la sociedad en que éste habita, gracias a ellas. Para Ordine, repito, los clásicos deberían ser tomados en cuenta para enseñar a vivir y a pensar a la gente. 

Me he demorado bastante en leer este libro, pese a su corta extensión. Eso es debido a que cada uno de los fragmentos que propone es un remanso en el que detenerse a escuchar. Primero prestas atención al autor del fragmento, luego a la interpretación de Ordine y, finalmente, a tus propias cavilaciones. Garantizado: ningún fragmento deja indiferente. Y, mucho menos, carece de eco. Todos y cada uno de los fragmentos compilados granjean una lectura, una interpretación, sobre un tema universal o de actualidad; si no me creéis, fijaos en el primero de todos, donde se nos habla de violencia contra la mujer.  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Crítica muy favorable. La puntuación no tanto. Por qué?

Oriol dijo...

Hola, Anónimo.
He decidido darle esta valoración al libro porque "Clásicos para la vida" me parece una propuesta estupenda, pero que delega mucho al lector. Me explico: las interpretaciones de Ordine están muy bien; lo mismo su variada selección de textos (ya puestos halagaría hasta la traducción). No obstante, quizás el encanto principal del libro, o al menos así lo he visto yo, es permitir que el lector sea el que extraiga algo de cada fragmento; en otras palabras: que en vez de quedarse con las aseveraciones (fascinantes, por otra parte), del autor, sea él el que otorgue un sentido a cada texto.
Aún y así, el ensayo en sí mismo me parece una lectura de lo más sustanciosa, que no se me malinterprete.
En fin, espero haber resuelto tu duda y haberme explicado bien. Gracias por comentar, por cierto. Si al final te decidieras a leer el libro, estaría encantado de saber tu opinión. Un saludo.

Interlunio dijo...

Hola.
El libro parece muy prometedor.
Lo que el autor esgrime sobre nuestra profesionalización, que tantas veces deja de lado la educación en el espíritu crítico, es algo que vienen repitiendo muchísimos intelectuales, y es algo en lo que sin duda estoy de acuerdo; la carrera de Ambientales, su enfoque y los resultados tras tres décadas con técnicos dedicados a guardar papeles en los cajones, me parece un clarisimo ejemplo de este problema. También creo que el espíritu crítico es algo que se debe fomentar en casa, como lavarse las manos y pedir permiso. Aquí sale a la luz otro grave problema de nuestra sociedad; esa fea tendencia que tenemos los padres en delegarlo todo a las instituciones. En líneas generales somos maleducados criando maleducados.

Y, como defensor de los clásicos que soy, creo compartir la idea del autor, aunque considero que la literatura moderna también es necesaria. Voy a usar unas metáforas chungas para explicarme: Opino que en los clásicos tenemos todos los espejos que necesitamos, pero en casa faltarían ventanas si no tuviéramos la literatura moderna.
Opino así en respuesta a que nosotros hemos cambiado muy poco, pero el barrio ya no es el mismo que en los tiempos de Papá Goriot.

Un saludo.

Oriol dijo...

Hola, Interlunio.
En efecto, el libro es muy prometedor. Y no diría que se desinfla en ningún momento, como ocurre con ciertas premisas interesantes a la hora de desarrollarse. Aún y así, insisto en que, para mí, el principal interés de este libro es el ser un resorte que permita al lector sacar sus propias conclusiones, en vez de contentarse con las del autor.
Estoy de acuerdo contigo en que la sociedad es cada vez más dependiente de un estado paternalista y que se delegan muchas funciones, no únicamente la de la educación, al mismo. Ciertamente, como dices, los clásicos tienen mucho de imperecedero. Probablemente, lo que tú llamas su cualidad de espejo. Yo hace poco me he releído Las penas del joven Werther y Memorias del subsuelo, y es increíble como ambas obras parecen apelar a lo universal.
Como siempre, muchas gracias por comentar.