martes, 13 de diciembre de 2016

Per Olov Enquist: La partida de los músicos

Idioma original: sueco
Título original: Musikanternas uttag
Traducción: Marina Torres y Francisco J. Uriz
Año de publicación: 2.016 (escrito en 1.978)
Valoración: Muy recomendable 


Cuenta en el prólogo Paco Uriz cómo este libro, escrito allá por 1.978, por esas cosas de las editoriales quedó sin publicarse en castellano hasta hace unos pocos meses. Lo lamenta Uriz y seguramente deberíamos lamentarlo todos, porque nos hemos perdido durante años un muy buen libro, que ahora rescata la estimable Nórdica Libros. 

El relato se sitúa en la primera década del siglo XX en el norte de Suecia. En esa época (y también en  esas latitudes) Suecia tiene realmente muy poco que ver con el Estado del bienestar y la socialdemocracia escandinava con que hoy día asociamos a ese país. Estamos ante enormes extensiones de bosques entre las que asoman poblaciones diminutas, aisladas, generalmente asociadas al monocultivo de la industria maderera. Un entorno cerrado de gentes desconfiadas, que hablan un dialecto difícil, luteranos a machamartillo y pobres de solemnidad. Allí va a parar un agitador sindical enviado desde Estocolmo para remover conciencias. Como se puede suponer, una tarea sumamente complicada.

El agitador Elmblad se encontrará con un inmenso muro cultural, y su voluntarioso proselitismo le acarreará consecuencias poco agradables. Sin embargo, no es él el protagonista, sino el mero hilo conductor, a veces intermitente, de un relato sobre la vida de esta gente, sobre esa peculiar sociedad rural que sin darse cuenta se va viendo invadida por el capitalismo industrial, sus efectos y sus contradicciones. Elmblad trae la buena nueva del socialismo y es radicalmente rechazado, pero la conciencia de clase llegará por sí misma. De forma muy lenta, peculiar y con muchas dificultades, pero llegará.

Aunque esta perspectiva es la que parece predominar al principio de la novela, el foco se va desplazando desde el colectivo hacia las personas. Vamos conociendo uno tras otro a esos aldeanos cerriles, a los que Enquist presenta con apenas unos rasgos, alguna pequeña anécdota, una pincelada, como para dejar claro que son humanos. De esta forma se va trenzando con calma, muy poco a poco y con maestría, una espléndida imagen del lugar y la época. Es una labor de costura, en una dirección y en otra, con pequeños saltos en el tiempo y en apariencia sin un rumbo concreto, y así tenemos el sencillo pero soberbio mosaico de esa sociedad que parecía incomprensible.

La narración se desarrolla siempre con un fondo de humor, una ironía fina que retrata la ingenuidad de los personajes, incluso su brutalidad, pero con llamativa delicadeza,  diríamos con ternura (agggg, la palabreja), seguramente derivada del hecho de que el entorno está relacionado con la infancia del propio autor. Sin asomo de paternalismo, con agudeza pero con cariño, Enquist nos muestra que estos individuos son así, a veces terribles, pero terminan resultando entrañables.

Y así, como fondo de esta pasarela de personajes se va desarrollando la pequeña historia obrera de aquellas remotas latitudes, los tímidos y un poco infantiles comienzos de una actividad sindical frente a los abusos de los patronos, sus reuniones en la cocina, las actas redactadas con ingenua circunspección, su respeto reverencial por el superior, las indecisiones y el temor, vestido de rechazo, a las nuevas ideas que pretenden traerles desde el civilizado sur.

No cambia ese tono benevolente ni tan siquiera cuando la amargura y la tragedia empiezan a rondar en la parte final del libro. No quiere decir que el autor disculpe la violencia ni las atrocidades. Simplemente nos hace partícipes de historias lejanas, de individuos profundamente humanos que, en una sociedad oscura, incluso primitiva, intentan hacer realidad aquello de que ‘siempre hay algo mejor que la muerte’, ese paradigma de la desgracia que movía a los desesperados animales del cuento a buscarse un futuro como músicos en Bremen.

Otras obras de Per Olov Enquist en ULAD: El ángel caídoEl libro de Blanche y Marie

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo un comentario.....es tan pero tan inconveniente la palabra ternura???

Carlos Andia dijo...

Hombre, deja que uno tenga alguna pequeña manía. En este caso, el término me parece tan manido y utilizado de forma tan reiteradamente cursi, que me cuesta tirar de él con naturalidad, de ahí la queja.

De todas formas, quizá nos gustaría a todos que comentases alguna otra cosa sobre el libro o sobre la reseña; pero en cualquier caso, gracias por leernos.

Koldo CF dijo...

Este Enquist es el mismo que el de "El libro de Blanche y Marie", que publicó Destino y me gustó mucho en su momento. En mi caso, es lo único que he leído de él, pero tras este "muy recomendable" parece que se hace necesario seguir indagando en su obra.

Por otra parte, el catálogo de "Nórdica" es ya uno de esos a tener muy en cuenta. Por amplitud y por calidad (ay, esas preciosas ediciones de clásicos ilustrados).

En fin, gracias por la reseña!

Abrazo

Carlos Andia dijo...

Ejem, no sé si has querido decir sutilmente que no he puesto el enlace. Si saco un rato lo hago luego.

Yo creo que de verdad merece la pena, y el de Nórdica me parece un material muy interesante. Esperemos que dure.

Saludos!

Luis Villela dijo...

Hombre, acabo de descubrir tu blog y, ¡me encanta la idea de un libro al día!
Genial, ¡sigue con éxito!

Carlos Andia dijo...

Muchas gracias Luis. Aquí tienes reseñas de unos 2.800 libros a tu disposición. Espero que los disfrutes!