jueves, 15 de diciembre de 2016

David Vann: Acuario

Idioma original: inglés
Título original: Aquarium
Traducción: Luis Murillo Fort
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

Un acuario. Este es el lugar utilizado por David Vann como escenario central donde ubicar su historia. El acuario como sitio físico pero también emocional ya que supone un mundo de calma y paz en contraposición a la vida agitada y caótica del exterior del mismo.

Como es habitual en David Vann, el paisaje y el entorno tienen una incidencia y una semejanza con la historia que nos quiere transmitir y, en este caso,  el autor ha elegido un acuario por ser un lugar donde cohabitan gran variedad de peces, de forma análoga a lo que ocurre con una ciudad y sus habitantes. De esta manera, el acuario es un personaje más de la novela, presente de forma recurrente en la historia, no solo como espacio físico donde se desarrolla gran parte de la acción sino también como escenario simbólico de la diversidad de sus habitantes. Integrado el acuario como un personaje más de la historia, David Vann utiliza sus recuerdos y traumas personales (los hay y muchos) para escribir una novela que trata de las relaciones familiares. De esta manera, el autor se sumerge de nuevo en sus recuerdos de niñez para contarnos una historia de tristeza, de abandono y de lucha bajo una aparente resignación. La lucha por la dificultad de perdonar, pero también de los que quieren ser perdonados.

Tal y como nos tiene acostumbrados David Vann, ya en un inicio del libro el autor nos presenta la familia que formará el eje central alrededor de la cual gira toda la trama argumental. Tenemos de esta forma dos personajes iniciales principales, madre e hija, siendo esta última la narradora de la historia y, por tanto, quien nos da el punto de vista como observadora pero también como parte implicada en la misma. Así pues, la historia se centra en Caitlin, una niña de doce años a quien le atraen y obsesionan los peces. Es por ello que menudo acude a un acuario público para aislarse de su vida (nada fácil por cierto) buscando en él la calma y remanso que le aportan los peces. Caitlin se imagina su propia vida como si viviera dentro de un acuario, y utiliza su imaginación para simular que vive en él cuando los problemas la superan, dejando la parte más caótica y complicada de su vida fuera de su "pecera" interior.
Es en una de estas frecuentes visitas al acuario donde conocerá a alguien que supondrá un cambio en su vida. No contaré más para no reducir el interés de los futuros lectores.

¿Teniendo ya el esqueleto de la historia, como entrelaza Vann todos estos elementos? De forma tan solo aceptable a mi pesar ya que si bien es cierto que David Vann acostumbra a manejar bien los ritmos, sabe cómo crear tensión y clímax, la devoción que tiene Caitlin con el acuario nos lleva a una descripción excesivamente meticulosa sobre la variedad de peces que pueden encontrarse en él. El esfuerzo de David Vann para poner de manifiesto la analogía entre peces y personas, entre la ciudad y el acuario, tiene como resultado un inicio del libro con exceso de detalles, lejos de la prosa directa a la que nos tenía acostumbrados el autor; esto supone que el principio de la novela tenga un ritmo excesivamente lento y que no coja el tono hasta superado el primer tercio. Demasiada explicación sobre los peces y sus variedades. Que Caitlin esté obsesionada con los peces y le fascinen (como al propio autor según ha reconocido) no justifica ni soporta tanta exposición de detalles.

Por suerte, una vez la historia atraviesa el determinado punto crítico (siempre existente y claramente marcado en la obra de Vann), ésta se desata, se acelera y arranca con fuerza como un torbellino de forma incontrolable. Y sí, digo incontrolable porque los comportamientos de algunos personajes son impulsivos, salvajes y hasta crueles. Es a partir de este momento cuando recuperamos al David Vann de novelas anteriores, tanto en el enfoque como en la dureza y agresividad emocional de sus personajes. Vann es bueno en este aspecto, cuando se aparta de la palabrería y largos párrafos descriptivos y se centra en los comportamientos humanos. David Vann, como sus personajes es un autor que se basa en hechos más que palabras (cosa aparentemente incoherente en un escritor) y gana dejando que los hechos te impacten sin intentar suavizarlos, sin pretender matizarlos, tratándolos como si estuviera dispuesto a propiciarte un duro golpe, objetivo que sin duda logra y acierta de pleno.

Sin llegar al nivel de impacto de Sukkwan Island, siempre hay algo de David Vann que te produce angustia y momentos de parálisis emocional que requieren (y casi exigen) una pausa para coger aliento y recuperarte. Si bien según mi punto de vista el libro es demasiado largo y se recrea en exceso sobre los peces y las particularidades de los mismos, no deja de ser un libro que cuando lo acabas sientes que te deja cierto vacío y desaliento. Y con esto Vann logra su cometido.

Tal y como indica David Vann en palabras de uno de los personajes: "te voy a romper para averiguar entonces lo que eres". Él hace con nosotros algo parecido, intenta rompernos para que descubramos como encajamos ese impacto y qué marca nos deja en nuestro subconsciente.

Es difícil ya que a estas horas sorprenda una novela de Vann en lectores ya iniciados en su obra pero sus seguidores apreciarán este libro que según indica Vann es el cierre a las novelas basadas sus traumas familiares.

También de David Vann en ULAD: Sukkwan IslandTierra

2 comentarios:

Anna dijo...

Acabo de leer el libro y no me pareció que la detallada descripción de los peces fuera excesiva; cierto que proprcionalmente ocupa una buena parte del texto, pero al fin y al cabo es una novela cortita, llena de fragmentos memorables muy lejos del acuario, la mayoria protagonizados por la madre de la narradora que, para mi, son los que permanecen en la memoria (sin desmerecer los protagonizados por la propia narradora y su compañera Shalima).
Se puede acusar al autor de forzar un tanto las analogías entre animales y humanos, aunque todas ellas son tan sensuales y hermosas que merecen la pena: seres que en su afán de esconderse pierden toda capacidad de movimiento, el deseo de pasarse la vida en una bañera de agua calentita, la forma de abrazar a un ser querido como hace el feo pez-rana... esta última imagen por cierto abre y cierra un libro redondo y, en mi opinión, perfecto

Marc Peig dijo...

Hola Anna, gracias por tu comentario.
Comparto totalmente tu valoración respecto a la cantidad de fragmentos memorables que tiene el libro y la potencia de ciertos pasajes que quedan en la memoria, especialmente los que apuntas protagonizados por la madre y Shalima. David Vann es bueno en esto, en la potencia, en el impacto, en la visceralidad de su narrativa y en crear momentos que no se olvidan fácilmente. Pero sí encuentro un exceso de detalle, especialmente en comparación con otras obras suyas como "Sukkwan Island" o "Caribou Island", aunque eso es algo muy personal ya que la tolerancia al detalle es diferente en cada uno por lo que entiendo que lo hayas percibido de forma diferente y, de esta forma, hayas valorado aún más positivamente un libro que en términos globales es bueno.
Gracias por tu aportación y por visitar el blog.
Saludos
Marc