lunes, 19 de octubre de 2015

Carlos Fuentes: Diana o la cazadora solitaria

Resultado de imagen de diana o la cazadora solitariaIdioma original: español
Año de publicación: 1994
Valoración: Está bien


Hasta a los grandes autores les cuesta arrojar a la papelera o dejar a medias esas obras que, aunque técnicamente irreprochables, no están a la altura de aquellas que les elevaron a la cumbre. Poemas y novelas prescindibles dentro de una producción concreta se encuentran en cualquier época, pero desde hace algunos años, y en lo que concierne a la novela, la presión editorial ha originado una literatura de relleno que desentona un poco con la brillantez del currículo. La estructura de Diana no parece muy meditada, su conjunto resulta bastante irregular aunque le salve en parte la brillantez de su prosa, la hondura de algunas reflexiones y, en general, el innegable oficio de Fuentes.

Lo que se recrea aquí es un fragmento de la biografía del novelista: la relación que mantuvo en la década de los 60 con la actriz Jean Seberg, fallecida prematuramente. Comienza idealizando su figura mediante una enumeración de cualidades, pero de forma tan distante y abstracta que más que el retrato de una amante parece una idealización artificial al estilo de aquellos poetas medievales que practicaban el amor cortés. Porque ni se relatan las incidencias de esos amores ni se muestra el carácter de Diana. Ni de nadie porque, en realidad, todos los personajes aparecen difuminados. Tras esa presentación, la novela se convierte en un híbrido de narración, ensayo y memorias que se alternan anárquicamente sin un criterio claro y sin llegar a profundizar en ninguno. Aunque las páginas más logradas son, sin duda, las que dedica a analizar cine, literatura, personalidades y episodios históricos

“¿Cuándo fueron inocentes los Estados Unidos? ¿Cuando explotaron el trabajo negro esclavizado, cuando se masacraron entre sí durante la guerra de secesión, cuando explotaron el trabajo de niños e inmigrantes y amasaron colosales fortunas habidas, sin duda, de manera inocente? ¿Cuando pisotearon a países indefensos como Nicaragua, Honduras, Guatemala? ¿Cuando arrojaron la bomba sobre Hiroshima? ¿Cuando McCarthy y sus comités destruyeron vidas y carreras por mera insinuación, sospecha, paranoia? ¿Cuando defoliaron la selva de Indochina con veneno? (…) Los hipócritas ingleses, los cínicos franceses, los orgullosos alemanes (los inculpados y autoflagelantes alemanes tan ayunos de ironía) los violentos (o lacrimosos) rusos, ninguno cree que su nación haya sido jamás inocente”
o el escenario político del momento
“… a las vorágines del asesinato de los Kennedy y de Martin Luther King, la muerte de decenas de miles de muchachos salidos de los pueblecitos rurales a las selvas asiáticas, los muertos de Vietnam, los soldados drogados, los muertos inútiles, para nada, menos mal que al frente no iban los muchachos blancos, sino los negros y los chicanos, la carne de cañón, y en el país un coro de mentirosos diciendo que estábamos conteniendo a China, salvando la democracia vietnamita, impidiendo la caída de los dominós… Jhonson, Nixon, los magnavoces de la hipocresía, la ignorancia, la estupidez…”
o su actividad como escritor
“Necesitaba mentirme como escritor para sobrevivir como hombre.”
Pero se trata de divagaciones dispersas aquí y allá, sin el rigor y la organización de lo estrictamente ensayístico pues forman parte del flujo de conciencia del personaje que, a su vez, transmite sus propias preocupaciones y juicios.

El texto languidece por momentos, eleva el vuelo a veces pero en su mayor parte no mantiene el interés demasiado. Esto es así hasta que empieza a presentirse el desenlace, justo después de un episodio –tan reiterativo como ambiguo– en que el protagonista intuye una infidelidad. Es entonces cuando Fuentes comienza a ser concreto: por fin presenta a Diana como emblema del movimiento opositor sucumbiendo a la persecución de una derecha radical y racista, asistimos a una escena que contiene información real sobre la situación conyugal del narrador, nos ilustra sobre el final de la activista informándonos retrospectivamente de las causas que lo motivaron, muestra sus pensamientos y sentimientos sin máscaras por medio. Ahora es cuando comprendemos las motivaciones del personaje, incluso esa indiferencia que motivó la ruptura entre ambos. Es decir, precisamente cuando la muerte aparece en escena el texto comienza a cobrar vida. Y así es como concluye, justo cuando empezaba a interesarnos.


1 comentario:

Rosa Berros Canuria dijo...

Os he nominado al premio Blogger House Blogosfera. Si os interesa ver la entrada de mi blog os dejo el enlace:
http://elblogdelafabula.blogspot.com.es/2015/10/premio-bh-blogosfera.html
Un saludo y enhorabuena por vuestro blog al que sigo hace tiempo.