viernes, 30 de octubre de 2015

Paul Pen: El aviso

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: entre recomendable y está bien

Comienzo con una pregunta capciosa: ¿nos encontramos ante el Stephen King español? Pongo lo de "capciosa" porque, evidentemente, resulta en todo punto injusto comparar a un escritor que publica su primera novela -aunque ahora ya tiene alguna otra- con otro de fama mundial que ha publicado decenas de ellas. Y en cuanto a calidad literaria, la de King tampoco es desdeñable y suele ser reivindicado fuera del ámbito de los lectores de best-sellers o los aficionados a las novelas de terror... Por otro lado, tampoco es descabellada la comparación; ésta no es la primera vez que se hace y el propio Paul Pen asegura que el de Maine es uno de sus escritores favoritos. Su influencia es indudable, en todo caso: igual que suele hacer King, Pen situa una historia con transfondo sobrenatural o al menos inexplicable, en medido de la vulgar cotidianeidad de la vida moderna; en este caso, entre los habitantes de un pueblo de la sierra madrileña. En fin, en realidad no soy el más indicado para seguir con la comparación, pues hace años que no leo nada de Stephen King -la mayor especiualista de ULAD en este autor es mi compañera Izas-, pero ahí dejo este apunte, para quien quiera tenerlo en cuenta...
La historia que nos cuenta esta novela parte, ya digo, de la aparición de una circunstancia ominosa e inexplicable en la cotidianeidad de unos personajes casi indefensos ante lo que les sucede y, que ni siquiera aciertan a asimilarla; mucho menos a comprenderla. La narración se estructura en dos planos temporales que avanzan de forma paralela: uno, en el año 2000, cuando se produce un acontecimiento trágico pero, en apariencia, sin misterio alguno: el atraco a la gasolinera del pueblo. Años más tarde, en 2009, un niño llamado Leo, recibe unas advertencias anónimas que llenan de pavor su ya complicada vida (el pobre chaval es víctima de un bullying escolar continuado durante años). Y hasta aquí puedo contar para no destriparle la lectura de la novela a nadie (aconsejo además no echarle un vistazo a la contraportada del libro, para no enterarse de más de lo conveniente del argumento).
La novela está bien escrita, desde luego, con especial habilidad por parte del autor en mantener el suspense en ciertos momentos de la narración. Sin embargo, ésta también avanza, en otras ocasiones, a un ritmo algo lento y reiterativo-contraproducente, precisamente, para una novela de este tipo-; una de las causas de esta ralentización está creo, en la excesiva prolijidad al describir ciertos detalles, como son todos y cada uno de los gestos de los personajes (sus descripciones, en cambio, se apuntan tan sólo y se van completando con pericia de veterano en el oficio, a lo largo de la novela). también el hecho de que el elemento "inexplicable" vaya apareciendo de forma gradual, en vez de una forma más contundente y adrenalínica... (como ocurría precisamente en las novelas de King, según creo recordar). Por otra parte -y esto puede considerarse tanto un mérito como todo lo contrario- en toda la novela y sobre todo en algunos momentos nos sobreviene la impresión de estar leyendo un relato con cierto aire de guión cinematográfico.... incluso Pen resulta muy hábil insertando ciertos "trucos" típicos de guionista, como ir sembrando la historia de elementos aparentemente anodinos, pero que luego tendrán su importancia en el desarrollo de la misma (no sé cual es el nombre técnico exacto de este "truquillo"). Por supuesto, aquí también estoy jugando con ventaja: sé que Pen estudió Comunicación Audiovisual y ha trabajado como guionista de televisión... 
En cuanto al tratamiento de los personajes, ocurre algo parecido al ritmo narrativo: están todos muy bien trazados, con sus matices y evoluciones... excepto uno (y que tiene bastante importancia, por cierto), que resulta, si no plano, sí bastante monolítico en todo momento y desequilibra un poco el conjunto, creo yo. Aunque tal vez de lo que se tratara fuese de crear un cierto contrapunto, no sé...  que cada lector lo juzgue, si le parece.
¿Los aciertos de la novela? En mi opinión hay sobre todo tres grandes aciertos: primero que, a pesar de esa cierta morosidad reiterativa de algún momento, la última parte de la narración avanza a un ritmo cada vez más trepidante que te lleva en volandas hasta el final, dejando al lector, en este sentido, con un buen sabor de boca. En segundo lugar, circunscribir el desarrollo de la historia a esa localidad de la sierra madrileña, que en principio representa el ideal de la clase media: urbanizaciones de chalés y adosados, una universidad privada, parque acuático, idílico lago artificial... bien es cierto que, aparte de los nombres de los personajes, tampoco hay muchos más elementos que hagan situar la acción, de forma inequívoca, en España; la historia bien podría desarrollarse en un suburbio acomodado  de  París o Londres. O Kansas City. En cuanto al tercer gran acierto... creo que no lo voy a contar: que quien lea la novela piense en ello al llegar al final de la misma. 
Ahora bien, hay también un aspecto de este libro que, si bien no puede considerarse en absoluto un fallo narrativo, tal vez sí que sea un cierto demérito -según opiniones, por supuesto-; me refiero a un asunto que señalaba mi compañera Montuenga es la reciente reseña de No está solo: la utilización del sufrimiento de un niño -vale que ficticio- en la ficción literaria. Es cierto que el caso que nos ocupa no es para nada escabroso, pero aún así... ¿no es ésta una circunstancia que nos puede volver más insensibles aún hacia lo que les ocurre a los niños en la vida real? En fin, confieso que yo no me hubiera planteado nunca esta cuestión si no llega a ser por la reseña de mi compañera. Tampoco quiero condicionar a nadie: ahí lo dejo también, para quien quiera pensar en ello.