miércoles, 21 de octubre de 2015

Alexis Ragougneau: La madona de Notre-Dame

Idioma: francés
Título original: La Madone de Notre-Dame
Año de publicación: 2014
Traducción: Isabel González-Gallarza
Valoración: entre recomendable y está bien

Agradable sorpresa la de este polar de reciente hornada. Atrayente, en principio, por lo curioso y hasta insólito, de su "escena del crimen" (lo siento... son años viendo C.S.I.): nada menos que una capilla de la catedral más famosa, quizás de la cristiandad, la de Notre-Dame de París; sí, la de las gárgolas y la aguja de Viollet-le-Duc; la misma en la que Quasimodo trazaba sus piruetas de campana en campana o en la que no dejaron entrar a Enrique de Navarra a su propia boda; la catedral en la que Napoleón se coronó emperador a sí mismo... por poner sólo unos ejemplos de su leyenda. El día siguiente a la de la Asunción de la Virgen, en pleno agosto, aparece allí mismo, en una capilla del deambulatorio, el cadáver de una hermosa joven vestida de blanco. La investigación del crimen la llevarán a cabo, primero, una desastrosa pareja de polícías, Landard y Gombrowicz, junto a la arisca ayudante del fiscal Kauffmann -más tensa que la cuerda de un violín-, para pasar luego a manos de un curita -en todos los sentidos-, el padre Kern, sin duda el gran hallazgo de esta novela (nada que ver con el célebre padre Brown, por si alguien lo ha recordado). A su alrededor, toda una serie de personajes, cuando menos peculiares... sin llegar, claro está, a la excentricidad de los de Fred Vargas, cuya sombra, no obstante, sobrevuela alguna vez esta novela.

No voy a engañar a nadie: la trama policíaca de esta historia tampoco resulta como para tirar cohetes... Dejando aparte la correctísima y competente prosa, los puntos fuertes de la novela son, precisamente, el lugar donde se comete el crimen y alrededor del cual gira la investigación, y que se revela como un microcosmos fascinante, con su propia fauna y flora... un escenario que el autor conoce a la perfección, puesto que, al parecer trabajó de guía en Notre-Dame (por si alguien tiene algún reparo de tipo religioso, aclaro que, en mi opinión, la Iglesia, o al menos la Fe católica, son tratadas con gran respeto, pese a las evidentes connotaciones del caso); por otro lado, como ya he señalado, la aparición de una pléyade de personajes interesantes y bien dibujados; sobre todo el padre Kern y la ayudante del fiscal, aunque también es cierto que otros dan la impresión de haber sido un poco desaprovechados (el preso Djibril, por ejemplo, podía haber dado mucho más juego o el propio teniente Gombrowicz).

Porque esta novela deja una sensación contraria a lo que ocurre más frecuentemente con otras: uno piensa que habrían mejorado si los autores hubiesen hecho una buena poda antes de publicarlas. En el caso de La madona de Notre-Dame, en cambio, creo que habría merecido muchas más páginas, -el doble incluso, puesto que es una novela más bien corta-, para poder desarrollar con más desahogo la trama y la intervención de algunos personajes, ya digo... Una sensación agridulce, por tanto: la de haber disfrutado leyendo una novela policíaca bien escrita, pero también la lástima porque no resulte memorable, aunque podría haberlo sido.