sábado, 3 de octubre de 2015

Colaboración: Pasajero K, de Adolfo García Ortega

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Muy recomendable

Empezar diciendo algo: los editores aseguran que sobra y se tira papel. Tener en cuenta que hay un mostrenco al otro lado, el lector. Afinar. Los editores aseguran que sobra y se tira papel, pero que no están preocupados, la buena literatura abunda. Valorar la superposición de un «oiga». La buena literatura abunda, oiga. Sí, sí, mucho mejor.

Un editor de libros es una especie de persona. Su lenguaje es la sinopsis y su adjetivo el calificativo. Dentro de sus complicados mecanismos, Pasajero K, el libro de Adolfo García Ortega, forma parte de un rotor en la sección de Novela intelectual. Que qué pereza, dirá usted. Bueno, tampoco. Pasajero K es una novela intelectual pero no hay rastro de ningún pérfido existencialista, cuestión más que trascendente, se mire por donde se mire. Porque la vida puede ser una mierda, efectivamente, pero es una porquería que se pega a la ropa o a otra cosa, no suele pararse a reflexionar.

Por eso me gusta que Adolfo se mueva. Se mueve tanto que nos tiene todo el día de viaje, pero en tren, Europa es su territorio, y mientras avanza va ganando en emoción, hasta que estalla, entonces la novela se convierte en una suerte de liberación: el origen, la razón, el dolor, la violencia, la miseria humana, todo está relacionado, aunque sea duro reconocerlo, aunque sea más fácil mirar hacia otro lado. Adolfo García Ortega ha construido una frenética novela de trenes y acontecimientos —los grandes expresos de antaño frente a los trenes de alta velocidad que ajustan el movimiento a los tiempos de ganancia—, agarrándola del mismo modo con que otros aprietan el mango de un puñal en sentido descendente, pero sin empujar, todo muy digno, Europa sigue siendo un lugar desolado en el que los horrores de la guerra balcánica de finales del siglo XX permanecen a flor de piel.

Uno puede asomarse al mundo muy enfadado y rebelarse contundentemente contra el Sistema a golpe de clic, o puede dedicarle tiempo al asunto y escribir un libro, como Adolfo, que además de traductor crítico articulista es un escritor con talento y buen gusto y seguramente las retinas desgastadas y las muñecas rotas. El resultado es excepcional, aunque a mí no me guste el título, lo siento. Tampoco me ilusionan los nombres de los personajes, voy a decirlo: Fernando K. Balmori, un viejo director de cine; Sidonie, la joven periodista. Pero la novela es cojonuda. En serio, está para comerse a besos al autor. Puede incluso que usted le encuentre un sentido emocional al título, conecte con el nombre de los personajes, no sea un raro ni tenga algún pariente reseñista, o peor, filólogo procesal, para quien todo es demasiado obvio o difícil de entrever, y entonces, el abanico es grande, Pasajero K sea uno de sus libros del año. Avisado queda.

Terminar con una cita: En resumen, leer es buscar. Rubricar: Leer a los mismos siempre, sobre todo si vienen de fuera, es muy pesado. Lea también a otros. Gente de dentro, . Adolfo García Ortega da en el clavo con Pasajero K, pero resulta que tiene más libros: Café Hugo, Lobo, El comprador de aniversarios, Autómata. Luego, si se autoexige más nombres, haga como yo, averigüe, los buenos abundan: Joaquín Berges, Pedro Ugarte, Luisa Etxenike, Alejandro Gándara, Patricio Pron, Eduardo Halfón, Xavi Ayén, Sergi Pàmies, Clara Usón... ¡Podría estar todo el día!

Podría, pero no lo voy a hacer, oiga, espabile también usted.

Firmado: Álex Azkona