viernes, 25 de diciembre de 2009

Amélie Nothomb: Estupor y temblores

Idioma original: francés
Título original: Stupeur et tremblements
Año de publicación: 1999
Valoración: Está bien

Hija de diplomático belga, nacida en Japón, educada en éste y otros países de Asia, Nothomb nos habla del choque cultural que, según parece, experimentó en carne propia durante la etapa que pasó, ya adulta, en su país de nacimiento. Tanto en el fondo como en la forma, la carga autobiográfica es evidente. Escritas en forma de memoria, estas páginas pretenden dar la impresión de que estamos asistiendo en directo a una esperada revancha. Ya sea realidad o sólo una convención literaria, lo cierto es que lo consigue. A pesar del carácter caricaturesco de historia y personajes, predomina una sensación de realidad, el lector no duda de que lo que se le está revelando son recuerdos auténticos.

Para guardar la distancia necesaria que le impida caer en la autocompasión la autora recurre a una ironía que impregna cada escena y que a menudo convierte en sarcasmo. A medida que avanzamos, la tensión va en aumento, las situaciones se vuelven cada vez más grotescas de puro absurdas, rozando a veces un surrealismo de gran efecto cómico. Nothomb es capaz de ridiculizar ferozmente a sus personajes, con audacia pero sin dejar de adjudicarse la dosis de culpa justa para no quedar demasiado malparada. La Amélie personaje se va refugiando poco a poco en una especie de victimismo digno. Después de haber penado con ella, de habernos metido en su piel párrafo tras párrafo, no podemos evitar alegrarnos con un triunfo vivido en la distancia, fruto de una competitividad que, inevitablemente, le han inculcado a ella también.

Aunque puede leerse como una crítica a las condiciones de trabajo en las empresas japonesas, añadiendo los prejuicios que derivan en un claro menosprecio por lo ajeno, las situaciones que refleja podrían producirse – por supuesto, no literalmente – en cualquier entorno laboral o social de cualquier país del mundo.

La exposición directa y concisa de los hechos, con sólo los detalles precisos de escenario y personajes, consigue que la atención se centre exclusivamente en lo que sucede, en las sensaciones y sentimientos que esto provoca en la protagonista y en los que van surgiendo mientras escribe. Resulta así la técnica idónea para este argumento concreto, pero lo que aquí resulta un acierto, en cualquier otra ocasión –y la autora parece haberla adoptado como marca de la casa – puede convertirse en recurso fácil y de lectura poco atrayente.

En 2003 se estrenó, como producción franco-japonesa, el film del mismo título. Por él Sylvie Testud obtuvo en su día varios premios a la mejor actriz principal.

También de Amélie Nothomb: Metafísica de los tubos

6 comentarios:

Mentxu de la Cuesta dijo...

Conocí a esta autora precisamente con este libro y en unos momentos en que vivía una situación muy similar a la protagonista. Efectivamente Nothomb es magistral en el recurso de la ironía en esta obra y casi diría que en la mayoría de las suyas. Con un éxito enorme en Francia y Bélgica (no así en Japón claro está) parece ser que se le puede considerar la escritora del momento, tanto de jóvenes como de los que no lo somos tanto. La película no la he visto y no creo que me animase a ello. Me quedo con sus libros. Yo también recomendaría "Les catilinaires" y "Biographie de la faim". Prácticamente todas sus obras son imaginativas y dan prueba de su gran creatividad.

Jaime dijo...

A mí me encantó este libro. Es toda una enciclopedia de la humillación de un ser humano por sus semejantes, o sea que, Mentxu, siento de verdad que estuvieras viviendo algo siquiera lejanamente parecido...

Santi dijo...

Me la acabo de terminar, y me ha gustado mucho, también. Es verdad que en cuanto a técnica literaria no es innovadora en absoluto, pero el estilo deliberadamente prosaico y suelto de la escritora, unida a la absurdez de las situaciones que describen, hacen que se lea en dos viajes de metro (bueno, tres).

Y hay pasajes divertidísimos, como cuando la protagonista tiene que cambiar no el día, sino ¡el mes! en todos los calendarios de la oficina, y la gente la aclama como si fuera una atleta olímpica en pleno esfuerzo...

No me extraña que en Japón no haya gustado: vaya imagen que da del país...

Montuenga dijo...

Sí, sí... Luego me leí "Ácido sulfurico" y la taché de mi lista para siempre jamás.

Elia Quiñones dijo...

He cometido un gravísimo error, empezar a leer a Amelie Nothomb justo después de un ataque de Kunderitis (es decir, tras leer 4 novelas de Milan Kundera). Una compañera de estudios literarios, cuyo criterio aprecio en demasía, me incitó a descubrir a esta autora. A día de hoy creo que postpuse demasiado la tarea. Si hubiera leído éste libro con 20 años, estoy segura de que me habría encantado. Es entretenido (tampoco diría divertidísimo) y de prosa muy viva e ingeniosa. Destaco el fragmento en el que se describe psicológicamente a la mujer nipona y como se la educa en la escisión entre el placer y el deber. Pero el maestro me ha malacostumbrado con su profundidad poética y filosófica y al lado de La Inmortalidad, Estupor y temblores me resulta un paseo por el parque de la Ciudadela tras volver de un largo viaje por la selva amazónica. Un "está bien" me parece una buena calificación.

Montuenga dijo...

Me alegro que estemos de acuerdo, Elia. Eso de estar mal acostumbrados es estupendo si supone que leemos obras magníficas y por tanto no nos satisfacen las mediocres. Este libro es, probablemente, de lo mejorcito que tiene la autora. Puedes hacerte una idea.

Es preferible seguir con Kundera, la verdad.