miércoles, 22 de enero de 2014
André Gide: Paludes
martes, 26 de julio de 2022
André Gide: El inmoralista
Título original: L´immoraliste
Traducción: Julio Cortázar
Año de publicación: 1902
Valoración: Recomendable
Ante su padre agonizante, Michel ha prometido casarse con Marceline, una joven que es poco más que una simple conocida. El matrimonio arranca por tanto con escaso entusiasmo, aunque con el confort que proporciona acomodarse a las convenciones sociales. En su viaje de boda la relación parece fortalecerse, y llegan así a Túnez, donde Michel contrae la tuberculosis. Gide relata con cierto detalle el proceso de la enfermedad, el descenso hasta sentir próxima la muerte, y la posterior y lenta recuperación. Cuando más está sufriendo, Michel experimenta su epifanía: hasta entonces enteramente centrado en sus estudios, sin apenas ser consciente de ello empieza a valorar la salud, el vigor que en esos momentos le falta y que observa en los niños que merodean a su alrededor. Aunque siente, y agradece profundamente, las atenciones de Marceline, Michel ha descubierto el otro lado de la vida, los placeres que quizá no había sospechado, y que le impulsan a luchar por su curación.
Ya desde muy pronto tenemos esas dos caras de la existencia pugnando, no tanto por imponerse, pero sí por mantener una coexistencia que no resulta sencilla. El mundo reposado, amable y socialmente aceptable de un matrimonio convencional, dominado por el respeto, el afecto y los cuidados mutuos. Y la llamada de experiencias diferentes, que le harán deambular entre París y la casa familiar de Normandía (en una fase que recuerda bastante al hace poco reseñado Tolstoi), casi siempre con la compañía de muchachos muy jóvenes (vecinos, hijos del guardés o de un aparcero) cuya presencia va siendo cada vez más llamativa. Con esa prosa exacta, de cierto aire arcaico, Gide muestra en este punto una extraordinaria sutileza para sembrar la sospecha del lector e intensificarla de manera tan leve como perceptible, porque esos niños o adolescentes están ahí, obviamente, para ilustrar esa atmósfera hedonista que atrae a Michel cada vez con más fuerza que su vertiente más burguesa.
En esa dicotomía, lo que podríamos llamar el lado oscuro (o luminoso, según se mire) va acumulando elementos. Michel persiste en esas amistades que le transmiten vitalidad, y se afana en dirigir personalmente la gestión de sus tierras, lo que le permite llenarse de la sensualidad de la naturaleza, sus colores y sonidos. Pero también contacta con un antiguo amigo que le insta a decidirse, y llega tal vez al fondo de esa exploración conociendo las brutales escabrosidades de la familia Heurtevent. La atracción de ese mundo prohibido gana terreno (‘Llegaba a no gustar en los demás sino las manifestaciones más salvajes, a deplorar que una sujeción cualquiera las refrenara’), aunque siempre sin abandonar su otra vida, sin descuidar a la Marceline que siempre estuvo a su lado. Podría llamarse hipocresía, pero también búsqueda, necesidad de vivir varias vidas o de atender a lo que reclaman diferentes instintos. Tal vez lo más estremecedor es la relación de vasos comunicantes que se establece entre los dos miembros de la pareja. Mientras Michel va ganando confianza y deseos cada vez más acelerados de conocer y experimentar, Marceline parece irse difuminando, como si su marido estuviese absorbiéndole la vida.
A veces ocurre que la sensación más poderosa que transmite un libro no se deduce de lo que uno va leyendo, de los personajes o del argumento, sino de algo que solo se puede observar desde la perspectiva del libro terminado, y tal vez de un cierto tiempo transcurrido. Es lo que experimento en este caso. Leído página tras página, El inmoralista puede resultar algo aburrido, no sabemos a dónde nos lleva, ninguna circunstancia parece determinante para lo que viene después o para algún tipo de desenlace. Pero cuando se termina el libro todo se ve con más claridad, se trata de un proceso, una trayectoria que es realmente dramática, que es de ida y vuelta, con dos personajes que están fuertemente entrelazados por algún tipo de vínculo malsano. El posible spoiler me impide ir más allá, pero solo diré que así, desde esa distancia, por encima de los detalles, es como la historia se desvela con nitidez y en su totalidad.
viernes, 6 de agosto de 2010
André Gide: Los monederos falsos
Idioma original: francés
Fecha de publicación: 1925
Valoración: Muy recomendable
Reseña muy "personal"
Ian va a escribir una reseña sobre un libro del "nobelizado" André (Gide).
El libro de André (Gide), Los monederos falsos, contiene muchos personajes (Bernard, Olivier, Vincent, Laura...) cuyas vidas se cruzan y descruzan creando un macramé muy apetecible.
Bernard es un joven burgués que en el París de entreguerras descubre que su padre no es su padre y muy rebelde él, da un portazo y se va a pasar la noche a casa de su gran amigo Olivier.
El hermano de Olivier es Vincent, que abandona a su novia, Laura, estando ésta embarazada, aunque él no lo sabe.
Vincent trabaja de secretario (y quizás, haciendo algo más) para un tal conde de Passavant, un tipo cínico de tendencias homosexuales.
Vincent se lía con una tal lady Griffith, muy aventurera ella.
Bernard entra a trabajar de secretario para el bondadoso Eduard, tío de Olivier, también con tendencias homosexuales, que está escribiendo una novela llamada Los monederos falsos.
Laura también se refugia en casa de Eduard, le gusta Eduard, pero a Eduard parace gustarle Bernard. Bernard se acaba enamorando de Laura. Laura no le corresponde.
Bernard se aloja, por intermediación de Laura, en un internado para chicas. Allí se lía con Rachel, espabilada hermana de Laura. Y ello le pasa factura...
Olivier, que siente celos de la buena relación de Eduard y Bernard, se hace hombre de confianza de Passavant.
Paulina, la madre de Olivier, soporta los cuernos de su marido, y también se refugia en Eduard.
El hijo pequeño de Paulina, Georges, sale con una pandilla de gamberros de buena familia en cuyo seno habrá una trágica muerte.
Uno de los personajes centrales de la trama intentará suicidarse.
Y mientras pasa todo esto, Los monederos falsos, el libro de Eduard, se sigue escribiendo y el lector va leyendo así las "dos novelas".
Ian termina esta extraña reseña y se va a la piscina.
Muy recomendable (la novela; la piscina también).
También de André Gide en ULAD: Paludes, El inmoralista
lunes, 23 de abril de 2018
Herbert Lottman: La Rive Gauche
Idioma original: inglésTítulo original: The Left Bank
Traducción: José Martínez Guerricabeitia
Año de publicación: 1982
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
lunes, 15 de enero de 2018
Marcel Proust & Jacques Rivière: Correspondencia 1914-1922
Idioma original: FrancésTítulo original: Correspondance 1914-1922
Traducción: Juan de Sola
Año de publicación: 2017
Valoración: Hombre, por favor. La duda ofende
Marcel Proust escribió a lo largo de su vida unas 100.000 cartas. Al menos, eso dice Philip Kolb, que estima que las 5.000 que él recopiló para la edición de su monumental Correspondance son solo la vigésima parte del total. ¡100.000 cartas! ¡Y eso que él mismo se declaró, en una carta enviada a Jacques Rivière en noviembre de 1919, "ateo de la amistad"!
Para responder a estas cuestiones es necesario que antes hablemos de la "Nouvelle Revue Francaise" (NRF). La NRF, fundada en 1908 por un importante grupo de escritores franceses entre los que destacaba André Gide, fue una revista literaria y editorial clave en las letras francesas de la primera mitad del siglo XX. Aquí entra en juego Jacques Rivière. Colaborador de la NRF desde 1910 y director de la revista entre 1919 y 1925, fue el principal responsable de que Proust publicara casi la totalidad de la Recherche en las Ediciones de la NRF, hasta el punto de que uno duda de qué hubiera sido de la obra de Proust sin Rivière. De hecho, la NRF rechazó
13/10/1921. J. Rivière a M. Proust: "Ahora mismo eres el autor, el creador de una sociedad al menos tan completa y compleja como la de la Comedia Humana. ... Tienes a la vez las dotes del pintor y las del analista... No sé de nadie en quien estas dos cualidades se hayan encontrado nunca aliadas...
08/06/1922 J. Rivière a M. Proust: "¿Por qué has perdido la esperanza de acabar tu obra? Yo estoy convencido de que la terminarás. Es tan grande la necesidad que tenemos todos que no puede quedar insatisfecha. ¿Sí, es misticismo si quieres! Pero del bueno
Otra cosa, antes de que se me olvide (que todo hay que decirlo): Magnífica edición por parte de La Uña Rota y estupendo prólogo de Juan de Sola. Un lujo
lunes, 29 de octubre de 2012
Maria Van Rysselberghe: Hace cuarenta años
Título original: Il y a quarante ans
Año de publicación: 1936
Valoración: imprescindible
No recuerdo cuándo valoré un libro con un "imprescindible" por última vez. Desde luego, esta será la primera que lo haga con una obra alejada del canon de textos clásicos habituales y de autores sobradamente reseñados en este mismo blog. Pero cuando una novela te cala de la manera en que estas apenas 70 páginas, escritas hace, buf, tantísimos años, lo han hecho conmigo, no puedo sino entregarme a la evidencia. No exagero un ápice si digo que lo he leído tres veces seguidas y que me está costando acercarme a otras lecturas. Tan bueno como para denunciar a Errata Naturae por daños.
Esta es la historia real de un amor inesperado, demoledor, imposible. "Es como morirse", dicen los protagonistas. Maria Van Rysselberghe, esposa del pintor Theo Van Rysselberghe y amiga íntima de André Gide, nos relata el mes que vivió con Émile Verhaeren, amigo de su marido y también casado. Es, por tanto, la historia de un infidelidad a dos bandas. Escrita en primera persona, los nombres de los protagonistas no son sus nombres verdaderos. El título encuentra su explicación en la nota final de la autora, terminado el texto:
Puesto que solo yo sobrevivo; puesto que, después de tantos años, mis recuerdos pueden ver la luz sin herir ya a nadie a mi alrededor, te los regalo, querida sombra. Es lo más hermoso que he cosechado para regalarte, y la sed que me dejaste sigue siendo tuya.
Con esta belleza nos traduce Regina López Muñoz la voz de Maria, en esta edición. Maria y Hubert (el nombre ficticio con que ella se refiere a él) comparten apenas cuatro semanas en una casa cerca del mar, que es, también, protagonista indiscutible de esta historia. La casita de la duna. Aislados del mundo y separados de sus parejas por determinadas circunstancias, vivirán primero en tanto que amigos con la debida cortesía que se espera de ellos, hasta que la realidad va imponiéndose como las estaciones, sin medida, arrastrándolos a una pasión cegadora, contra la que nada pueden hacer salvo dejarse llevar.
Escribe Maria con una sensibilidad extraordinaria, pero también con una sobrada inteligencia que se revela en la combinación de los silencios, en las frases que deja colgando al final del párrafo, en las agudas reflexiones sobre el amor y el dolor que no puede callarse. Es intensa y es lírica, y aunque la distancia sea de cuarenta años su memoria nos evoca olores, sabores y sonidos, tal es su capacidad de conectar con aquellos acontecimientos, con aquel amor lejano. Uno sale de este libro con la sensación de no haber respirado durante la lectura. A mí todavía me falta el aire.
viernes, 6 de enero de 2017
Marcel Schwob: Vidas imaginarias
Idioma original: francésTítulo original: Vies imaginaires
Año de publicación: 1896
Traducción: Olga Novo Presa
Valoración: muy recomendable
miércoles, 22 de julio de 2026
Sophie Demange: Las carniceras
Título original: Les bouchères
Año de publicación: 2025
Traducción: Susana Prieto Mori
Valoración: se deja leer
Dos apuntes o avisos antes de comenzar la reseña en sí, para dejar las cosas claras:
1°- Voy a tratar de evitar todo espoiler sobre la trama de esta novela, pero me temo que va a ser difícil que algún lector o lectora avispado/a no adivine por donde va. No pasa nada, se puede leer el libro aún intuyendo o incluso sabiendo esta información, aunque, claro está , no es lo más idóneo. (*).
2°- ¿Me he decidido a leer esta novela atraído por su molona cubierta? Pues sí, no lo niego; ya sabéis de mi superficialidad al respecto. Aunque como dijo, no sé si Gide: "Lo más profundo de los hombres es su superficie"... Pues a veces con los libros pasa igual.
Dicho lo cual, vamos al lío... Las carniceras trata, cómo no, de unas carniceras; en concreto, Anne, que decide hacerse cargo del negocio familiar en la normanda ciudad de Ruán y para ello recluta, primero, a su compañera de formación Stacey y luego, como ayudadante, a la guineana Michèle, conformando todas ellas un trío de profesionales del despiece cárnico especialmente seductor, dentro de una profesión en general detentada por hombres (al menos en Francia, al parecer). Además, redecoran y actualizan la carnicería heredada del padre de Ann para convertirla en un local encantador, por no decir cuqui e incluso trendy, hipster o como se denomine ahora el pijerío Bobo (Bourgeois-bohème, no hablo de ningún ex-presidente del Gobierno español). La iniciativa parece ir sobre ruedas... excepto que ambas tres han sido o son víctimas de algún tipo de abuso, violencia o discriminación por parte de los hombres y esa circunstancia acaba revertiendo a sus vidas. Claro que dichos hombres no cuentan con sus destrezas en el manejo de la cuchillería utilizada en su oficio y hasta ahí puedo leer...digo, contar.
¿Qué me ha parecido Las carniceras? Pues permitidme desarrollar mis puntos de vista usando el que podríamos denominas "Método Patentado Oriol de Elaboración de Reseñas". Es deir, por una parte, veamos los aspectos positivos o que me han gustado de esta novela:
- la inevitable simpatía que , desde un principio, suscitan las protagonistas. Simpatía que se siente hacia ellaas a pesar de que ciertos comportamientos que llevan a cabo no son los más correctos desde diferentes puntos de vista... desde el puramente legal al ético, pasando por la seguridad alimentaria.
- Una recreación de la vida diaria de un barrio tradicional francés tirando a gentrificado bastante amena y hasta divertida (por continuar con las referencias francófilas, aunque sean cinematográficas, recuerda a algunos pasajes de las películas de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, Amélie e incluso Delicatessen).
- Ciertos pasajes del libro, sobre todo cuando se trata de descripciones de paisajes o de las actividades propias del oficio de las protagonistas, que destacan literariamente sobre un estilo general más tendente a la eficacia narrativa que a la floritura y no digamos ya, la brillantez.
- Que el estilo, precisamente, tienda más hacia la eficacia que a buscar una mayor calidad literaria -pese a que, ya digo que de vez en cuando esa posibilidad se vislumbra y resulta una verdadera pena que su autora no ahonde en ese sentido (cierto es que ésta es su primera novela, así que démosle algo más de tiempo para desarrollarse como escritora).
- Las oportunas elipsis que hace de determinados episodios de violencia. Es decir, ciertos episodios, según quienes sean la víctima y el agresor y la naturaleza de esa agresión nos las cuenta con más detenimientos que otros momentos, más sangrientos, por los que pasa con discrección y hasta asepsia.
- En general, el maniqueísmo que denota toda la obra y que la convierte, en cierto modo, en una "novela de tesis". Entiénd aseme: nadie (y yo tampoco, claro) siente simpatía por los acosadores sexuales, los violadores y los agresores de ningún tipo. Y el trasfondo general de la novela me parecede perlas: unas mujeres que se empoderan a través del ejercicio de un oficio tradicionalmente masculino y se enfrentan a los hombres que las causan algún mal -aunque not all men, como se encarga la propia novela de dejarnos clarinete- ; pero claro, eso es una cosa y otra es converetir a las protagonistas en adalides del empoderamiento femenino, sin tener en cuenta según qué comportamientos... Tampoco consideramos a Ed Gein o Jeffrey Dahmer (o Hannibal Lecter, por no salirnos del terreno de la ficción) como modelos de una actitud adecuada para sobreponerse a los problemas de salud mental... y, de nuevo, hasta aquí puedo contar.
(*) No sé hasta qué punto he superado este escollo o en la reseña se deja entrever, quizá demasiado, por dónde van los tiros en esta novela (metafóricos, se entiende, que aquí tiros no hay... Sólo faltaba eso). Mis disculpas si es así.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Stendhal: Rojo y negro

Idioma original: francés
Fecha de publicación: 1830
Valoración: Muy recomendable
Siete razones para no reseñar Rojo y negro, por un vago llamado Ian Grecco:
1-Es que lo leí hace mucho, mucho tiempo, cuando apenas era un adolescente, venciendo así la terrible oleada de pereza que me invadía cada vez que cogía entre mis manos la edición que andaba por casa. Se trataba de un ejemplar del año de la polca, adquirido en una tienda de segunda mano, grueso, polvoriento, con letra enana y la jeta de un tipo con cara de interesante en la portada, seguramente, un personaje sacado de algún cuadro famoso y "recortado" para la ocasión por el diseñador de turno. Rojo y negro, decían unas austeras y regias letras colocadas encima de la cara de aquel hombre con gesto duro, casi de perfil, y portador de cabellos y ropas negras. Parecía un cura joven pero ya muy quemado por la existencia. Y en la contraportada, flotaba una ausencia total de sinopsis o buenas palabras sobre la obra. Pereza, pereza, pereza...Pero lo acabé leyendo. "Te van a devorar los ácaros", me advirtió mi buena madre. Y aunque me encantó y puedo contar de qué trata, sucede lo que he dicho en la primera línea: que hace demasiado que lo leí como para poder reseñarlo dignamente.
2-Si reseño este libro, tengo que hablar inevitablemente de su final, porque Stendhal se basó en un suceso similar para escribirlo. Y los cazadores de spoilers de ULAD pedirán mi cabeza...
3-Me iría demasiado por las ramas aludiendo a las similitudes entre Stendhal (llamado en realidad Henri Beyle) y Julien Sorel, su criatura, un joven de origen humilde que quiere trepar en la escala social cueste lo que cueste, y que se debate entre dos opciones: la de decantarse por el romanticismo del buen soldado que quiere defender a su patria (uniformado de Rojo), o la de entregarse a Dios y a su servidumbre (vestido pulcramente de Negro).
4- Es un rollo explicar el contexto histórico, político y social de la obra, la época de la Restauración borbónica, y explicar por qué Julien Sorel, pese a ser fan de Napoleón hasta la médula, oculta sus verdaderos ideales para caer bien en el medio en el que quiere medrar.
5- Si hablo de las dos mujeres a las que Julien Sorel seduce, los hunters of spoilers pedirán para mí, una vez más, la guillotina cibernética. Ellas son una mujer madura y su propia hija, esposa y retoña respectivamente del hombre para el que Sorel entra a trabajar, pero sólo una de las dos (no, no diré quién) es la que verdaderamente le roba el corazón a nuestro protagonista y la que le llevará a la perdición...
6-Debería, por propia debilidad personal (adoro hablar de "síndromes" con nombres sugerentes), explicar de qué va el síndrome de Stendhal, y por qué se le llama así, desviándome de la obra a tratar...Pero si hacen memoria, no hace mucho, en un anuncio de coches, se me adelantaron; en él contaban cómo Stendhal entró en una catedral en Florencia, y que la construcción le pareció tan hermosa, que se le cortó la respiración, se le nubló la vista y casi le dio un pampurrio al buen hombre. El doctor le diagnosticó algo así como una sobredosis de belleza. El síndrome de Stendhal es eso, desde entonces...
7- En Internet ya existen varias reseñas sobre el libro, ¿las han visto? Aunque no sean muy buenas, son más concretas que la que yo pueda hacer, y explican que Rojo y negro es una maravilla para el estudio psicológico de los personajes, y que la galería de secundarios es impecable, y que la obra se divide en dos libros, y que escritores como Tólstoi o Gide la tomaron como ejemplo...Vamos, que otros ya han hecho el trabajo.
Resumiendo: que no pienso escribir un reseña sobre Rojo y negro. Ya lo siento...



