jueves, 3 de noviembre de 2016

Pierre Lemaitre: Tres días y una vida

Idioma original: francés
Título original: Trois jours et une vie
Año de publicación: 2016
Traducción: José Antonio Soriano
Valoración: bastante recomendable

De algo más de un año a esta parte, Pierre Lemaitre parece estar por todos lados. La repercusión del Goncourt, y una curiosa competencia entre Alfaguara y Salamandra, que han puesto en las tiendas como media docena de novelas, de las cuales ésta es la más reciente, también la primera concebida por un autor ya consciente, por el premio, de estar generando ciertas expectativas, cosa que debe tenerlo bastante alucinado: leo por ahí que, habiendo publicado por primera vez pasada la cincuentena, Lemaitre vive ahora el sueño de vivir de la literatura. Aunque mis dudas se mantienen: la velocidad a la que se devoran sus novelas me desconcierta, y la facilidad con la que este hombre es capaz de organizar historias que le tienen a uno en vilo, realmente sorprendente, más cuando parece intentar tratar bien al lector y, sin grandes artificios, su prosa es directa y asequible pero de un cierto nivel.
Y Tres días y una vida es un nuevo ejemplo y no puedo llamarle de otra manera que otro acierto, pues no he soltado el libro hasta que en apenas dos días me he zampado sus doscientas y pico páginas. Así de vertiginosa es esta historia de la cual es muy difícil organizar una sinopsis sin incurrir en riesgos de adelantar cuestiones importantes para un mejor disfrute (contundentemente cierto: se disfruta leyendo este libro). Antoine Courtin, doce años, vive junto a su madre en un pequeño pueblo francés rodeado de bosques. Su padre vive en Alemania y cumple con sus obligaciones de padre divorciado en la distancia: pagar pensión y enviar regalos en fechas señaladas. Una vida plácida en un pequeño entorno donde cualquier insignificante suceso tiene una gran repercusión. Cómo no va a tenerla que Rémi, seis años, desaparezca cerca de la   Navidad de 1999. 
Lemaitre organiza la novela en torno a tres momentos: 1999, 2012 y 2015. Insisto: mejor no dar pistas de qué y quién. En esta novela, que tan pronto puede reducirse a un correcto misterio cifrado con sencillez como desplegarse a una indagación sobre la inocencia, la culpa y los canales del arrepentimiento, pueden hallarse indicios de las miserias rurales de Faulkner o Robertson Davies, como ciertos trucos visuales propios de la cultura actual. Me ha recordado cierta película de Woody Allen. 
Y un valor nada desestimable de los libros de Lemaitre: venía de alguna lectura compleja y exigente y sentía un "bloqueo" lector. Elegir esta novela, consciente de que es a la vez interesante y asequible, ha sido un acierto.


También de Lemaitre en ULAD: Irène, Vestido de novia, Nos vemos allá arriba

3 comentarios:

Reve Llyn dijo...

Suscribo todo lo dicho por ti. Venía de leer la primera mitad de "Tenemos que hablar de Kevin" (que me estaba gustando mucho pero me estaba axfisiando, tenía que "coger aire" con otro libro pero sin salirme mucho de la temática). Los primeros capítulos me resultó excesivamente formal la estructura y la forma de narrar, muy clásica, no se el motivo, bueno si, leo mucho relato y la forma también me aparece importante, pero salvado ese pequeño obstáculo, me atrapó. Lo devoré en un día.

Anónimo dijo...

Para mí, esta es la perfecta novela de suspense. Nada de espías internacionales, mafiosos, narcotraficantes, sino gente normal, en un pueblo pequeño. Estoy deseando leer otras obras de este autor.

Francesc Bon dijo...

Lemaitre empieza a ser eficaz a la par que ubicuo. Puede ser que lea alguna más de sus novelas, si hay una suficientemente brillante (o mala, claro) la reseñaré, pero me invade cierta sensación de que ya alcanzó su público y a empezado a poner el piloto automático...
Gracias por los comentarios.