domingo, 29 de septiembre de 2013

Aitor Saraiba: El hijo del Legionario

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien


De carácter autobiográfico, El hijo del Legionario es la primera novela gráfica de Aitor Saraiba (Talavera de la Reina, 1983), licenciado en Bellas Artes a quien siempre le ha gustado dibujar y contar historias. Saraiba se estrenó en el mundo narrativo a través de pequeñas publicaciones como Tus ídolos favoritos, Un pony muerto, El viaje más largo de mi vida o la autoedición Heavy-Metal, obras que aparecen mencionadas en El hijo del Legionario. 

Este cómic nos introduce en un hogar roto debido a las continuas disputas de los progenitores y al carácter agresivo del padre que acaba abandonándolos, con quien el narrador se muestra crítico desde un principio: un montón de gente le respeta y dicen que es "un tío de cojones" (aunque a mí a veces me ha parecido el hombre más cobarde del mundo). El narrador observa que no guarda ningún recuerdo de su padre relativo a sus primeros ocho años de vida e incide en los enfados o la ausencia de éste: ¿qué se le cuenta a un padre que no recuerdas?, ¿qué se le dice a una persona que casi no conoces?. ¿qué es un padre? [...] el recuerdo más grande que tengo de mi infancia es un vacío gigante al que he llamado "la ausencia de mi padre", indica.

La infancia es un lugar extraño. y la memoria un lugar donde se acumulan un monton de trastos viejos. [...] ... todo esto es sólo un remiendo de mis recuerdos. Y conforme remienda, la obra abandona los recuerdos iniciales de la infancia y da paso a la adolescencia, una edad hasta la que pudo pasar desapercibido y un momento vital en el que coser o jugar con muñecas empezó a verse como algo extraño e impropio entre los chicos. De ahí que el colegio se convirtiera en un infierno y que el protagonista empezara a sentirse lejos de todo y de todos. Encerrarse en la habitación, empapelarla de pósters y escuchar a tus grupos de música favoritos mientras sueñas con irte muy lejos. La búsqueda de la identidad, una pésima información sobre el sexo, la inseguridad y un padre que, en lugar de apoyarte, te pregunta con un tono despectivo tú no serás maricón, ¿verdad? 
Creo que podemos imaginar la escena. 

De manera paralela a su búsqueda de identidad, el narrador deja de hablar con su padre, y se prepara para
iniciar el vuelo. En este sentido, la universidad se convierte en una vía de escape para él, al igual que lo serán más tarde sus viajes (Manchester, México) y las personas a las que conoce en sus nuevos destinos con las que comparte el mismo lenguaje (Lorena, Sara, Joe, Gerardo).

En realidad, la historia es bastante previsible, pero el grado de sensibilidad con la que está narrada, la delicadeza que encierran algunas frases y, al fin y al cabo, el hecho de tratarse de un relato sobre la soledad, la incomprensión o la necesidad de ser amados, provocan que empaticemos con la voz narrativa y nos dejemos arrastrar por sus ilustraciones y su estética de boceto, cuaderno de viaje (en lo referente a los dibujos) o borrador inicial (en relación a la expresión lingüística).

Respecto a la estética, me gusta el modo en que Saraiba escoge un color o una gama determinada para hablar de un período concreto de su vida (por ejemplo, para hablar de la primera niñez, emplea una gama cromática más variada de la que presenta en el caso de la adolescencia, marrón, rojo, u otro tipo de pasajes difíciles como la estancia en Manchester o la muerte de Gerardo). A pesar de adoptar la estética de un diario o cuaderno de viajes, las imágenes son limpias y dinámicas. Muy poéticas en ciertos momentos.

Lo que encuentro un desacierto o, mejor dicho, no acaba de convencerme, es el hecho de que el texto presente errores ortográficos evidentes. Supongo que, al adoptar este tipo de estética del boceto, la intención a la hora de trabajar la expresión escrita era la misma (de ahí que se incluyan tachones, para transmitir esa idea de inmediatez y frescura) y por eso se incluyen este tipo de descuidos, pero a mí, como lectora, me molestan. En este sentido, las ilustraciones están más cuidadas que el manejo de la palabra y el hilo conductor entre algunos de los pasajes. De ahí que mi valoración haya sido la de un simple "está bien".

  
NOTA: en las citas se ha respetado el texto original.