lunes, 7 de diciembre de 2009

John Updike: Corre, Conejo

Idioma original: inglés
Título original: Rabbit, run
Año de publicación: 1960
Valoración: está bien

Corre, Conejo es un horrible título español para una buena novela del escritor estadounidense John Updike. Cuando murió a comienzos de este año, recuerdo haber leído en algún sitio que se iba uno de los grandes de la novela estadounidense del siglo XX, al que se echaría de menos a medida que pasase el tiempo. También recuerdo que leí alguna reseña elogiosa, pero que ponía alguna pega a su estilo realista y algo anticuado.

Corre, Conejo es, diría yo, una perfecta muestra de esto: la historia está bien contada, tiene momentos solemnes, ridículos, conmovedores. El personaje principal, Harry 'Rabbit' Armstrong (antes, un exitoso jugador de baloncesto juvenil; ahora, un fracasado vendedor de puerta en puerta casado con una mujer semi-alcohólica) es impactante, por su incapacidad para relacionarse, por su indiferencia y por su incoherencia, y pese a ello no resulta del todo odioso. La novela está bien escrita y es, como dice la contraportada de la edición que he leído, "sexy, de mal gusto, violenta y cínica; y que le aproveche".

Sin embargo, para mi gusto, a Corre, Conejo le falta algo: le falta imaginación, vuelo, originalidad, genialidad. Parece que John Updike está demasiado pegado al suelo, su narración es demasiado concisa, demasiado lineal, demasiado realista en el sentido tradicional. La vida del grupo de personajes que componen la novela está perfectamente enmarcada y descrita, pero no se logra con ello un gran efecto estético que perdure en el lector. No hay, por ejemplo, la complejidad y profundidad psicológica y narrativa de Philip Roth, el atrevimiento iconoclasta de Bret Easton Ellis ni por supuesto la explosiva exuberancia de Auster o el experimentalismo de Don DeLillo (por compararlo solo con sus compatriotas).

En definitiva, John Updike es un escritor competente, muy bueno, incluso, podríamos decir; pero Corre, Conejo no es una obra maestra: sólo una buena novela bien escrita y bien contada, que no es poco.

También de John Updike en ULAD: Terrorista

domingo, 6 de diciembre de 2009

Alessandro Baricco: Tierras de cristal

Idioma original: italiano
Título original: Castelli di rabbia
Fecha de publicación: 1991
Valoración: Muy recomendable

Después de descubrir Seda, me sobrevino la necesidad de buscar otros libros de Baricco para ver si el estilo que me había deslumbrado lo mantendría en el resto de sus novelas. Había degustado cada palabra de Seda y tenía ganas de sentir esa misma sensación de nuevo. No recuerdo exactamente cuál fue el siguiente libro que leí. Si digo la verdad, creo que me decepcionó, pero luego, enseguida, me topé con Tierras de cristal y volví a disfrutar como un enano leyéndolo.

Es un libro diferente a Seda, muy diferente, pero con un estilo igualmente cargado de poesía, con personajes marcadamente literarios, decimonónicos, encerrados en sus tierras de cristal y alejados del mundo real. Por ejemplo, el señor Rail, cuyo único sueño es contruir un ferrocarril por la mera curiosidad de sentir la velocidad, o Pekisch que está siempre buscando una nota musical imposible.

También es un libro cargado de frases lapidarias. Sin embargo, por el ambiente marcadamente poético que lo envuelve todo, son frases que no cansan y que parecen encajar a la perfección allá donde Baricco las coloca:
"lo que hay de bello en la vida es siempre un secreto... las cosas que se saben son las cosas normales, o las cosas desagradables, pero después están los secretos, y es allí donde va a esconderse la felicidad."
Tierras de cristal es, en definitiva, un libro del que se saborea casi cada palabra y que introduce al lector en una atmósfera delicida, de cristal, sumamente melancólica, pero sumamente hermosa a la vez.

También de Alessandro Baricco en ULAD: Aquí

sábado, 5 de diciembre de 2009

Comité invisible: La insurrección que viene

Idioma original: francés
Título original: L'insurrection qui vient
Fecha de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Nunca he sentido el menor deseo de verme como un "revolucionario", y dudo mucho de que lo sienta alguna vez. Un síntoma inequívoco son los escalofríos que me causa esa célebre frase de Marx, que luce impresa en letras doradas sobre las escaleras de la Humboldt Universität (en lo que fuera Berlín oriental), aquello de que "hasta ahora los filósofos se han limitado a interpretar el mundo; ahora se trata de cambiarlo". Cualquier podría decirme que esos escrúpulos no son sino miedo a la acción y justificación de mis privilegios de clase, y puede que no andara desencaminado.

Pues bien, si cuento todo esto aquí es para avisar de que mi predisposición a este libro era más bien negativa. Por si el título no es lo suficientemente explícito, la portada la ilustran dos gendarmes armados con porras que empujan a un detenido, y la contraportada nos aclara que varias personas han sido detenidas en Francia por el solo hecho de tener un ejemplar de este libro. Vamos, que al empezar su lectura yo esperaba poco menos que un manual de guerrilla urbana, y en parte lo es. Pero sólo en parte.

En La insurrección que viene he encontrado algunas de las páginas más lúcidas que he leído en mucho tiempo. Con lo que he dicho al principio, se puede suponer que no conozco los textos canónicos de los movimientos, digamos, "antisistema". Creo, de todas maneras, que este tiene un tono muy distinto de aquellos. O eso se deduce de la distancia que los propios autores ponen, por ejemplo, respecto de ATTAC (los de la Tasa Tobin). El libro destila hartazgo por los cuatro costados, un hartazgo insurgente. Da la impresión de que sus autores, que se esconden bajo el nombre del colectivo "Comité invisible", descreen de las muchas alternativas que la izquierda más o menos radical ha ido ofreciendo a la globalización del capitalismo. Su referencia recurrente es histórica: la Comuna de París; su intención, antes que nada, destructora. Sólo el párrafo final da una ligera idea de cómo se imaginan el mundo post-insurgencia, donde una socialidad en comunas y una economía de trueque desterrará las formas alienantes y represoras en que subsistimos.

Más que esa ensoñación utópica, me importa la increíble puntería de los diagnósticos que lanzan en los primeros capítulos del libro, antes de empezar a incitar al lector a bloquear vías férreas. Dicen cosas como que el modelo de la ciudadanía que viene es el minusválido, puesto que toda relación humana ("incluso trabajar, incluso amar") parece adquirir forma de terapia. Se ocupan del caduco concepto de nacionalidad y lanzan esta admirable paradoja, que, desde luego, no vale sólo para Francia: "Los inmigrantes ocupan en este país una curiosa posición de soberanía: si no estuviesen aquí, los franceses quizás ya no existirían." Anuncian la muerte de la pareja, ese último reducto de relación auténtica al que nos aferramos como locos, y encuentran en la movilización, constante y sin motivo, el máximo imperativo de nuestro tiempo.

Bajo su lupa, todo lo que damos por sentado parece volverse quebradizo y frágil, y desbaratarse como una sarta de mentiras. Algo tan evidente, a primera vista, como la oposición campo-ciudad se confunde en una unidad mayor, la metrópoli global, que engulle en su red creciente una heterogénea mezcla de reductos protegidos, polígonos industriales y ciudades-dormitorio, todos convenientemente vigilados (o dejados de lado) por quienes protegen los flujos de intercambio. El activismo ecologista aparece, desde este prisma, como la enésima transformación del espíritu del capitalismo, que puede ya aspirar con éxito a la gestión de la biosfera: "Todo le está permitido a un poder que se ampara en la naturaleza, la salud y el bienestar."

Yo estoy mucho menos seguro que ese "Comité invisible" de cómo deba reaccionarse a los procesos globales en que estamos inmersos. De lo que sí estoy seguro es de que resulta difícil encontrar un diagnóstico más acertado que éste, donde uno se vea obligado a asentir con cada frase. Leedlo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sarah Kane: Blasted

Idioma original: inglés
Título original: Blasted
Título en español: Reventado
Año de publicación: 1995
Valoración: Muy recomendable

Cuando Blasted* fue estrenada en el Royal Court Theatre Upstairs de Londres, el crítico Jack Tinker declaró en el Times que la obra no era más que un "asqueroso banquete de porquería". En realidad, nadie que asistiera al estreno de Blasted en 1995 salió de aquella diminuta sala inalterado por la espiral de violencia que acababa de ver representada a un palmo de su cara.

Si bien es cierto que Blasted sumerge al público en un mundo de pesadilla, las sucesivas imágenes de violencia no son en absoluto gratuitas. Kane decidió situar la acción en la habitación de un lujuso hotel de Leeds -"tan lujoso que podría estar en cualquier parte del mundo", reza una acotación- para acercar, así, al imperturbable rostro de los británicos la realidad de las guerras yugoslavas, en las que la violencia sexual llegó a ser blandida como un arma devastadora.

Sin embargo, una bomba desbaratará tanto forma como contenido: de repente nos encontramos con que, aunque a los personajes no les sorprenda en absoluto, una guerra está teniendo lugar afuera. Tras la entrada del Soldado, cuyo único interés parece ser relatar a Ian las brutalidades cometidas en sus campañas militares, personajes y público se encuentran atrapados en una atmósfera de pesadilla -más propia del teatro expresionista- que alcanza sus más altos picos cuando, por ejemplo, el Soldado se come los ojos de Ian o cuando Ian devora un bebé muerto. No obstante, el lector ha de permanece alerta para descubrir las muchas claves que sugieren que no todo en Blasted está ocurriendo en el plano de la realidad.

Debido a que Kane fue acortando la obra hasta que sólo quedó "lo esencial", sus 61 páginas no aptas para estómagos delicados pueden resultar desconcertantes: son casi más importantes los huecos que el lector/público tiene que esforzarse por rellenar. De forma similar a Bertolt Brecht, Sarah Kane quiso sacudir a su público para que reflexionara sobre los horrores de una guerra que los medios retransmitían como relativa a otro planeta. La diferencia es que la distancia intelectual resulta inútil con esta obra: Blasted no puede ser digerida más que con el estómago.

Si alguien tiene interés en ahondar en los recovecos de esta obra, puede acercarse a la clarificadora la lectura que hace de ella Peter Buse según la "teoría del trauma".

*"blasted" = "reventado(s)" o "maldito(s)"

jueves, 3 de diciembre de 2009

Amos Oz: De repente en lo profundo del bosque

Idioma original: hebreo
Título original: Pit’om be’omek haya’ar
Año de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer


De repente en lo profundo del bosque es la historia de un pequeño pueblo de montaña del que han desaparecido todos los animales. No hay perros, gatos, vacas... ni siquiera insectos, pero no se habla de ello. Casi todos los adultos se esfuerzan por ignorar la situación y olvidar los hechos que causaron la huida de todos los animales, aunque hay algunos que, a pesar de todo, recuerdan. Como la maestra Emmanuela, el viejo pescador Almón o la panadera, que a diario esparce migas de pan en el patio de su casa, por si a los pájaros se les ocurre volver.

Hasta que el pequeño Nimi desaparece en el bosque y regresa enfermo de relinchitis y se convierte en diana de las burlas y el miedo. Entonces, Maya y Mati, dos niños empeñados en descubrir la verdad, deciden romper la ley del silencio establecida en el pueblo y se adentran en la espesura.

Cargada de simbolismo, esta fábula de Oz es una buena historia para pasar el rato. Pero que nadie se llame a engaño. A pesar de estar bien escrita, hay pasajes que rechinan, y en ocasiones da la sensación de que al autor se le ha ido la mano en su intención moralizante. Si a eso le sumamos un final un tanto flojo (que yo achaco a un esfuerzo demasiado grande e innecesario por quedar bien con todo el mundo y no mojarse), lo que nos queda es un cuento simpático que se podría haber narrado en menos páginas. Una pena, porque su punto de partida prometía más.

Otras obras de Amos Oz en Un libro al día: Una historia de amor y oscuridadUna pantera en el sótano

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Luis Landero: Juegos de la edad tardía

Idioma original: español
Año de publicación: 1989
Valoración: Imprescindible

Soñar es gratuito. ¿Seguro? Puede que no siempre, puede que algunas veces haya que pagar por ello. Sobre todo, si en nuestros delirios resulta involucrado alguien más. ¿Es en la realidad o en la evasión dónde queremos vivir? Ésta es una novela sobre ambiciones frustradas y, por tanto, una reflexión sobre la vida. También es la historia de una amistad a distancia basada en una quimera. Para hablar de la inocencia, de la admiración incondicional se pone en escena un duelo de personalidades, para nada excelsas, al contrario, perfectamente anodinas, representado con vigor, con honestidad, en el que, a menudo, nos reconocemos a nosotros mismos y que nos arranca fácilmente una sonrisa.

Así como Landero no es complaciente consigo mismo, no se facilita las cosas, tampoco lo es con sus lectores – ya que no nos cuenta fantasías amables sino la realidad con sus luces y sombras – ni con sus personajes pues en el retrato que hace del ser humano no salimos muy favorecidos. Pero no hay ningún juicio condenatorio, al revés, la comprensión y afecto que siente por sus personajes se trasluce en todo momento.

Como el verdadero meollo de la acción – que no empieza hasta después de la página 80 – desarrolla una dilatadísima mentira, el lector se ve implicado en el juego e, igual que si presenciase una apasionante partida de ajedrez, se divierte, toma partido, teme por la suerte de los personajes, imagina lo que haría si estuviera en su lugar, de forma que la tensión se mantiene hasta el último momento. En el fondo, y aunque nos tememos que no es posible que así sea, nos gustaría que ese maravilloso castillo de naipes nunca se derrumbase, que permaneciese en pie para siempre.

Al estar escrita por un profesor español de literatura, si nos da por buscar influencias, no es difícil encontrar en los dos personajes centrales un trasunto de D. Quijote y Sancho. Y, de una forma no literal, también hay molinos, gigantes, dulcineas y todo tipo de situaciones rocambolescas y de aventuras sin cuento, más mentales que reales, eso sí. Y, también en este caso, gracias a su fuerte enraizamiento, rezuma universalidad.

Se trata de un largo diálogo de 300 páginas (en las que, mientras parece no ocurrir nada, se nos habla de nuestra propia esencia) interrumpido por otros diálogos secundarios. En cierto modo, es una historia de historias ya que encierra miles de anécdotas dentro de su – aparentemente – sencillo argumento.

Bien escrita, mejor desarrollada, con unos diálogos antológicos y unos personajes tan de carne y hueso como los que nos podemos encontrar por la calle, ésta es la excelente primera novela (y, con la que acaba de salir, van seis) de un gran autor que, ya en la cuarentena, inició su carrera literaria.

En resumen, un libro divertido a ratos, melancólico siempre, lleno de sabiduría de vida, con multitud de guiños al lector e impregnado de una suave ironía que en ocasiones intensifica y en otras difumina hasta casi borrarla, que os hará pasar muy buenos ratos sin que tengáis que moveros de la silla ni siquiera mentalmente.

También de Luis Landero en ULAD: Retrato de un hombre inmaduro

martes, 1 de diciembre de 2009

Jane Austen: Mansfield Park

Idioma original: inglés
Título original: Mansfield Park
Fecha de publicación: 1814
Valoración: recomendable

Hace poco vi una película que trataba sobre un grupo de lectores de Jane Austen. Seis miembros formaban el grupo, uno por cada libro de la autora, y comenzaron a reunirse una vez al mes para comentar cada uno de sus libros. Yo ya había leído cuatro, y me quedaban otros dos...así que he estrenado el libro electrónico que me regalaron por mi cumple con Mansfield Park.

Tras leerlo, deja un regusto distinto a Orgullo y prejuicio, Emma o Sentido y sensibilidad. Este es más oscuro, más angustioso, más agónico. Sabes hacia qué lado tiende el final de la novela, pero esa oscuridad te lleva a creer que a lo mejor Jane estaba un poco depre y decide que termine como tú no quieres que lo haga. Vamos, que conectas empáticamente con Fanny Price y quieres que su bondad sea recompensada, y tenga un final feliz. Pero ese final, ese que esperas angustiosamente y que anhelas que le haga justicia, es narrado en muy pocas páginas, y da la impresión de que a la autora era lo que menos le importaba. Sí, te quedas a gusto y te alegras por Fanny, pero tardas en quitarte esa sensación de injusticia y oscuridad.

Pero creo que me estoy adelantando. Veamos, Fanny Price es enviada muy joven a la casa de sus tíos, a Mansfield Park. Su madre, la hermana de su tía, no ha tenido una boda muy beneficiosa y no tiene los recursos suficientes para educar a sus nueve hijos. Allí se encuentra con su tía, lady Bertram, lánguida y despreocupada; su tío Thomas, serio y señor de la casa; la otra hermana de su madre, la señora Norris, un horror de personaje al que dan ganas de espachurrar; y sus cuatro primos: las preciosas María y Julia, el tarambana Tom, que además es el hijo mayor, y el sensible Edward. Años después, dos personajes más aparecen en escena y complican las relaciones de todos los jóvenes de la casa. La historia trata sobre las relaciones que se establecen y cómo se desarrollan.

Parece que Austen quiere escribir un tratado de moralidad para las jóvenes de su tiempo. Quizá por eso el final no le resulta tan importante. La razón del libro es mostrar los sentimientos y las acciones rectas de una joven humilde y bondadosa. Y compararlas con las del resto de habitantes de la casa. Una aguda crítica social al tratamiento de la mujer en un período en el que parece que lo más importante es ser bella y saber cantar y coser, independientemente del resto. Se fomenta así que sean vanidosas, orgullosas y egoístas mientras que, educadas de otro modo, podrían desplegar sus virtudes.

No sé si hay algo de rencor, de resquemor, de rabia contenida derramada muy sutilmente a lo largo de la obra contra los tópicos femeninos y masculinos, contra lo que son las apariencias y las discordancias que encontramos con los verdaderos sentimientos. Es la sensación que me ha dejado. Una sensación que consigue sobrecogerte y desear poder intervenir en la novela.

Más oscura, pero como siempre con esta autora, podemos leer un libro intimista, bien escrito, crítico e irónico con la sociedad de la época, y con mensaje. ¡Ya sólo me queda uno!

Otras obras de Jane Austen en ULAD: Orgullo y prejuicioLa abadía de Northanger