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domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

viernes, 20 de junio de 2025

David Aliaga: La lengua herida

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable 

Toda novela contiene, al menos, un viaje, ya sea este real o metafórico, espacial, temporal o interior. Y algunas novelas llevan en su interior más de un viaje. 

Es el caso de La lengua herida, donde tenemos:

  • el viaje que realiza el profesor P. Coen de Barcelona a Mexicali en busca de las huellas de su abuelo.
  • el viaje que el abuelo realizó de Trieste a México huyendo del nazismo (y el que hizo de México a Barcelona, donde se estableció).
  • el viaje en el tiempo del profesor P. Coen, para quien la vuelta a Mexicali supone encontrarse también con su pasado, con su yo de 20 años atrás
  • el viaje a través de la historia del pueblo judío, etc.
Todo lo anterior (y algún que otro "viaje espacial") para hablar de memoria e identidad, de cómo codificar la experiencia del ser, de la necesidad de contar y ser contados y del origen de la misma, del deseo de la memoria y del temor ante ella.
Ambos conocen la historia, pero en eso consisten a menudo los reencuentros, las charlas con viejos amigos, las comidas familiares, en repetir los relatos que nos anudan unos a otros, como si dejar de explicarlos fuese a extinguirnos un poco, a alejarnos un poco.

También los recuerdos que han empezado a invocar en algún momento lo han hecho reír mientras sentía, en el estómago, una arcada de pea ácida y amarga.

La novela, si esto ayuda en algo, trae a la cabeza algunas páginas de Modiano y sus búsquedas medio espectrales, a Bolaño y su obsesión por la escritura y las referencias literarias (además de ese norte mexicano, claro), a los grandes de la literatura centroeuropea de entreguerras por la indagación en la identidad y la memoria.

El problema que le veo a La lengua herida es que quizá se abren demasiadas historias, muchas de ellas de lo más "promisorias", que no acaban de cuajar. Está claro que lo que inicialmente parecía un viaje en busca de información sobre el pasado familiar se termina convirtiendo en un viaje interior y el "peso" se va trasladando de uno a otro, pero eso nos deja con la miel en los labios en alguna de las tramas secundarias (por ejemplo, la historia del Nonno) y hace que varios personajes sean apenas sombras o esbozos. Aunque, ahora que lo pienso, ¿no será esto último un guiño a la carrera literaria del profesor?

En cualquier caso, la impresión general que me deja el libro es favorable, especialmente en lo que hace referencia a la vertiente más "ensayística" y "reflexiva" del mismo. Su indagación en la memoria, la identidad y la escritura resulta sumamente interesante y compensa, con creces, los defectillos que pudiera tener la novela.

sábado, 9 de marzo de 2024

Colaboración: Dora Bruder, de Patrick Modiano

Idioma Original: Francés.

Título Original: Dora Bruder.

Año de Publicación: 1997

Valoración: Muy Recomendable

París, la ciudad luz, es para Patrick Modiano la ciudad de las tinieblas. Porque la luz es movimiento y la oscuridad inacción. Y es que, desde la desaparición de Dora Bruder, en esta ciudad el tiempo se ha detenido.

Un día, el narrador -Modiano mismo- encuentra un anuncio de 1941 donde se reporta como desaparecida a una niña judía, Dora Bruder, al fugarse de un internado. Así él iniciará su búsqueda, no a través de la historia, sino del olvido y de la indiferencia, en esa Francia a la par cuna de los Derechos del Hombre y colaboradora de la Gestapo, donde se revelará un París ajeno a nuestra idea habitual de belleza, en un ambiente gris e indiferente pero salpicado de poesía con atardeceres que aniquilan, estaciones de metro que emergen de la neblina y reflejos enigmáticos entre las familias Bruder y Modiano.

En su investigación, los edificios hablarán lo que otros han intentado borrar. A través de registros civiles, internados y cárceles -materialización del olvido- Modiano hará resonar los ecos de los que no tuvieron voz, ecos que nos hablarán de Dora y su familia, de esos migrantes que huyen de un cazador solo para que una bestia los devore. La historia de esta niña va más allá del pueblo judío: interesa a toda la humanidad. Como también interesa desenmascarar a París y mostrar ese lado crudo que tanto se maquilla y que lo fue aún más en ese invierno de 1941, el más duro de la ocupación, empeñado en separar familias y sembrar incertidumbre. ¿Por qué Dora se fugó? ¿En qué condiciones se refugió ante ese ambiente tan adverso? ¿Cómo pudo su padre registrarla como extraviada ante la policía si ellos mismos lo estaban buscando? ¿Se reencontró con sus padres? Solo Modiano puede arrojar luz en la oscuridad, o en este caso, oscuridad en una luz que borra todo.

Como en cualquiera de sus novelas, la sencillez de Modiano sacude. Basta con una caminata vespertina para comunicarse con Dora. Pero es una comunicación fundada en interrogaciones persistentes, en preguntas que la niebla de París parece despejar pero el tiempo acrecienta. Modiano refleja la complejidad de la historia en oraciones sencillas pero lo suficientemente mordaces para comenzar a cuestionar lo que otros han escrito y así liberar y liberarse: hay que salir de los caminos habituales y andar en callejones sin salida porque ahí se encuentra la verdad, o lo que queda de ella en fotografías rotas y archivos ilegibles. He aquí la otra gran virtud de este escritor: arrebatar a los que él llama guardianes de la historia el secreto que ellos mismos olvidan que custodian.

Los ecos de Dora, como ella, regresan y se van. Son una huella en el vacío, como la de tantos. Pero su destino ha sido reivindicado en la escritura de Modiano con un secreto victorioso. Nos toca aplicarlo.

Firmado: Arturo Jiménez Viveros

Unos cuantos libros de Modiano reseñados en ULADaquí


martes, 11 de julio de 2023

Hilario J. Rodríguez: Construyendo Babel

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2004

Valoración: Recomendable 

Hace ya algún tiempo publicamos en este blog nuestras biografías lectoras, unos breves textos en los que hablábamos de aquellos libros que nos habían marcado a lo largo de los años. Pues bien, algo parecido, aunque muchísimo más elaborado (por supuesto), es lo que nos ofrece Hilario J. Rodríguez en su Construyendo Babel. 

Biografía y lectora, esas son las palabras clave de este libro. Ambas se entrelazan y uno no termina de saber, aunque realmente de lo mismo, si son los sucesos de nuestra vida en los que determinan nuestras lecturas como si son esas lecturas las que nos llevan por según qué caminos.

El caso es que el autor se sirve de unos y de otros para construir un edificio híbrido en el que conviven realidad y ficción y en el que creo que el tema principal es la construcción de la propia identidad. Tanto es así que por momentos uno tiene la sensación de estar leyendo algo de W.G. Sebald o de Patrick Modiano y sus indagaciones a tientas. Porque hay rostros y rastros que se desvanecen, nombres que solo son dos palabras en un libro, asociaciones, tenues hilos que nos llevan por lugares tan variopintos como Galicia, Extremadura, Londres, Estados Unidos, etc.

Estructurado en 6 partes en las se entremezclan vivencias, anécdotas, pensamientos, ¿microensayos? y memoria personal y colectiva, "Construyendo Babel" es una biblioteca de la memoria convertida en pirámide, un compendio de lecturas que, si bien quizá no sean las mejores o las que más mayor influencia han ejercido sobre el Hilario Rodríguez autor o lector, son aquellas que más entroncan con la (su) vida.

Puestos a elegir, me quedo con las partes del libro en las que predominan las reflexiones sobre lectura y/o la escritura (esta como forma de supervivencia, aquella como alimento de la imaginación) y con los textos en los que el autor vincula determinados libros con la memoria familiar y/o colectiva. Especialmente recomendables resultan los capítulos en los que el autor se plantea cuestiones tales como qué significan los libros para un bibliófilo, cómo se comienza a "edificar" una biblioteca, qué nos lleva a leer determinados autores u obras, etc. y los textos en los que el autor indaga en autores más o menos malditos y/o de identidades difusas, ligando esto a lo familiar.

También resulta interesante el acercamiento a libros y escrituras nacidos del dolor y el recuerdo (la literatura concentracionaria y la literatura autobiográfica de Paul Steinberg y Annie Ernaux, respectivamente), a autores de lo "pequeño", alejados de la "gran cultura", en un último tercio del libro que puede ser la perdición para quienes ya tenemos por casa una pila enorme de libros por leer.

En el lado menos positivo, quizá algunos desvíos más ligados a lo estrictamente personal que no aportan gran cosa al conjunto, si bien por separado pueden funcionar perfectamente, y que hacen que por momentos uno pueda desconectar algo del hilo principal (si es que existe) del libro.

En cualquier caso, un libro recomendable con el que seguro que se sentirán identificados y disfrutarán de lo lindo los bibliófilos (bookaholics para los modernos). 

miércoles, 22 de febrero de 2023

Mercedes Guillén: Picasso con los exiliados

Idioma original: Español 

Año de publicación: 1973 (2023)

Valoración: Recomendable

Aclaración previa nº 1: El texto que hoy traemos a este blog faro de la intelectualidad de oriente y occidente es la reedición parcial de la primera parte del libro "Picasso", publicado originalmente en 1973, al que hay que sumar un más que interesante epílogo de carácter biográfico que sobre la autora de este texto escribe Laura Vicente. De ahí esa doble fecha que indico en el año de publicación.

Aclaración previa nº 2: Se cumplen este año, y más concretamente el día 8 de abril, el 50º aniversario del fallecimiento del que a buen seguro sea el pintor español más importante del siglo XX (y de la historia, why not?). Nos adelantamos, por tanto, a la previsible avalancha de libros y lo hacemos con uno que muestra una faceta íntima y cotidiana del malagueño.

Al lío. "Picasso con los exiliados" son parte de las memorias de Mercedes Guillén, fundadora de Mujeres libres, asociación situada en la órbita de la CNT con la que peleó por la liberación social y de género en los años previos a y durante la Guerra Civil española, y abarcan en su gran mayoría los años 1939-1946 y su amistad con Pablo Ruiz Picasso en el exilio parisino.

Son años de inestabilidad, de abandono, de inseguridad, de choque brutal entre la España devastada por la guerra y la abundancia (inicial) de París, de una guerra que sucede a otra guerra. Son momentos en los que sale a relucir el heroísmo de los pequeños gestos frente a los recelos de las autoridades galas y aquí es donde surge la figura de un Picasso preocupado por el destino de los españoles que llegan a París con una mano delante y otra detrás.

Guillén nos presenta, con su mirada tierna, a un Picasso llano y natural que trata de hacer más llevadera la situación siniestra y el ambiente denso y angustioso del París de la Ocupación. No es ni pretende ser este un texto hagiográfico sino más bien un texto que presenta a un hombre "normal y corriente", a un Picasso en las distancias cortas, más allá de que para buena parte de los españoles de la época y lugar fuese una figura mitad paternal mitad deificada.

Pero estamos en París, en 1940, en un ambiente artístico,  y es inevitable la abundancia de nombres y referencias (calles, plazas, bares...), lo que otorga al texto un aire evanescente que, por momentos, trae a la cabeza las novelas de Patrick Modiano. Nombres que apenas aparecen y desaparecen, lugares de paso, etc. Y quizá el texto adolece de lo que me parece lastra las novelas de Modiano: cierta "livianidad", cierto no profundizar en demasía... O, al menos, no tanto como a mi me hubiese gustado.

Más allá de todo lo anterior, creo que el texto de Mercedes Guillén merece ser destacado, especialmente, por tres motivos: su magnífico retrato de la irrespirable atmósfera del París de la Ocupación, sus reflexiones sobre la obra picassiana y por ciertas figuras secundarias (Eluard, Sabartés...) muy sugestivas.

Un último apunte, referente al epílogo: llama poderosamente la atención el repliegue interior de Mercedes Guillén tras el exilio. De la fundación de Mujeres Libres a consagrar la casi totalidad de su vida a la obra de su pareja, el escultor Baltasar Lobo, o de su amigo Picasso apenas hay un intervalo de 5-10 años. Este repliegue puede ser debido en parte por la pobreza y la enfermedad, pero no sé si estos factores explican tal cambio. ¿Asunción de la derrota, tal vez? No lo sé, pero me quedo con ganas de conocer algo más. 

miércoles, 11 de enero de 2023

Mohamed Mbougar Sarr: La más recóndita memoria de los hombres

Idioma original: francés
Título original: La plus secrète mémoire des hommes
Traducción: Oriol Valls (en catalán para Més Llibres) y Rubén Martín Giráldez (en castellano para Anagrama)
Año de publicación: 2021
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


En el panorama literario actual, en los que la publicación de títulos es tan avasalladora que ni publicando la reseña de un libro al día únicamente de las novedades destacadas llegaríamos a cubrir todo lo que el mercado ofrece, la otorgación de premios literarios sirve para situar una obra en el escaparate. Y este hecho hace que, también, cada vez haya más premios literarios, más apariciones en listas “reputadas”, más focos ante los que poner una reciente publicación para que sobresalga entre el resto. Pero hay premios y premios y el Goncourt es uno de los que tiene más prestigio, por su antigüedad de más de cien años, pero también por sus premiados a lo largo de la historia (Proust, Houellebecq, Modiano, Duras, etc. etc.). Y, en 2021, Mbougar Sarr ganó este prestigioso premio con esta novela, convirtiéndose en el primer autor senegalés en hacerlo. Y tiene todo su sentido, por lo que expone y por cómo lo hace. ¡Veamos! 

Hay libros que plantean un reto lector importante, ya sea por el estilo del autor, por la estructura de la novela o por la ambición del escritor. Este libro se situaría en este último grupo, pues Mbougar Sarr teje una novela que mezcla reflexiones en torno a la propia literatura y que nos interpela directamente ubicando al narrador en un escenario que trasciende la propia narración, así como una trama descompuesta en fragmentos que, desde diferentes ángulos, nos presenta una historia en torno a una figura central, T.C. Elimane, que ejerce como protagonista ausente y que sirve como MacGuffin a través del cual Mbougar Sarr nos lleva a diferentes territorios, físicos y mentales, desde los que nos habla de guerras mundiales, de colonización y de dramas familiares.

A nivel argumental, la novela nos presenta Diégane Latyr Faye, un autor senegalés, que por cuestiones del azar descubre a T.C. Elimane, alguien que «había jugado las tres cartas más poderosas de las que se puede disponer: primero, había escogido un nombre de iniciales misteriosas; después, había escrito un solo libro; finalmente, había desaparecido sin dejar rastro», y sin poder afirmar a ciencia cierta si había existido o se trataba de un seudónimo. Elimane, un autor que «figuraba en el Compendio de Literaturas Negras, una de las infatigables antologías que, desde la era colonial hasta nuestros días, servían de libro de consulta a los escolares de África francófona» y que, tras publicar un único libro ganador de numerosos premios, después de estallar la guerra destruyó todos los ejemplares, siendo imposible encontrar ninguno de ellos hasta que, por cuestiones de azar, Diégane accede a un ejemplar. Por ello, este hallazgo del único libro del autor, publicado en 1938 y que fue un acontecimiento que elevó a su autor hasta ser considerado «el Rimbaud negro» le causa un impacto y más teniendo en cuenta que, tras ser su autor acusado de plagio, desapareció sin dejar rastro convirtiéndose en un ser entre mítico y fantasma. Atraído por el misterio que envuelve el libro y el autor, Diégane Latyr Faye decide investigar sobre lo sucedido, embarcándose en un viaje emocional que le absorbe y le obsesiona enormemente.

Con este punto de partida, el relato alterna la búsqueda de Elimane por parte de Diégane con la narración del pasado del autor así como del contexto histórico en el que se encuentran. Ahí entra en juego sus mejores páginas, en una narración sostenida en la transmisión de una honestidad y cercanía. Las confesiones siempre tienen ese punto de nostalgia, y el autor hace que empaticemos con su estado anímico, tanto en la subida explosiva propia de los enamoramientos casuales como en sus declives y pesares en los que el autor nos habla de la colonización y la necesidad casi imperiosa por parte de los escritores africanos de traspasar fronteras y ser reconocidos más allá de su territorio aunque «ningún escritor africano establecido aquí lo confesará públicamente. Todo el mundo lo negará (…) pero, en el fondo, esto formaba parte del sueño de muchos de nosotros (…): la entronización por parte del mundo literario francés (…) es nuestra vergüenza, pero también nuestra gloria fantaseada; nuestra servitud, y la ilusión envenenada de nuestra elevación simbólica». Unos recuerdos rodeados de nostalgia, pues «nada entristece tanto un hombre como sus recuerdos, incluso cuando son felices».

Estilísticamente, la prosa de Mbougar Sarr es potente, directa y profunda. Se ha comentado mucho que se asemeja a Bolaño (y no seré yo quién lo discuta), pero veo en él también rasgos de Cărtărescu cuando nos habla de literatura, de la necesidad imperiosa de escribir, cuando, ya en la primera página trata la relación entre escritor y obra, afirmando que «el uno y la otra caminan juntos en el laberinto más perfecto que podemos imaginar» porque «un gran libro no tiene tema y no habla de nada, solo busca decir o descubrir algo, pero este solo ya lo es todo, y este algo también lo es todo». O también, cuando en un diálogo entre escritores uno de ellos espeta al otro que «aquí está tu error. Aquí está el error de todos los individuos como tú. Creéis que la literatura corrige la vida. O la completa. O la sustituye. Es falso (…) los escritores como tú están atrapados en sus ficciones. Sois narradores permanentes. Es la vida, lo que cuenta. La obra únicamente viene después». Estas páginas en las que habla de la literatura desde la fatalidad, desde el que afrenta la escritura como única vía de redención aún a sabiendas que no existe y si lo hace no es a través de los libros, nos atan a la literatura y a una espiral en el que no hay salida. Y en esos recovecos metaliterarios uno recuerda a Cărtărescu (también en ciertos episodios oníricos) y Lispector, en esa meta literatura que constatamos al leer que «escribían porque no sabíamos nada, escribían para decir que ya no sabíamos qué hacía falta hacer en el mundo, más allá de escribir». Asimismo, también en ciertos fragmentos, cuando habla sobre tragedias familiares en la tierra natal de Elimane, con las disputas entre hermanos, fallecimientos y secretos, veo a Mouawad y sus extraordinarias tragedias por la manera de abordarlas y la crudeza de su narración porque cuando el autor traza el origen y pasado de Elimane desde su nacimiento, en clave retrospectiva una vez establecido el misterio en el primer tramo del libro, hay ecos significantes del autor libanés en la tragedia familiar y las herencias heredadas de un pasado entre hermanos mal resuelta, y la descendencia vital que reclama ser atendida «era responsable de la descendencia de mi hermano», un niño al que, cuando lo miraba sentía que «en el corazón de su inocencia, a veces batía, como un nervio doloroso, todo el odio que había sentido por su padre. ¿Puede ser responsable un niño de un pasado que no ha conocido? ¿Es forzosamente el heredero de los sucesos que le han precedido? ¿Podemos estar resentidos con él por los errores de su ascendencia? (…) Elimane arrastraría por todos los sitios la sombra y el recuerdo de Assane. Sería este recuerdo y esta sombra. Solo por este hecho, sabía que siempre me recordaría a mi hermano. Nunca conseguiría liberarme de él».

Particularmente, encuentro el libro fascinante y muy potente en su primer tramo, cuando se envuelve de literatura, de reflexiones, de dudas existenciales y de inseguridades relacionadas con la creación literaria y con la vida. En este aspecto el libro es sublime. Es por ello que, a mi entender, va de más a menos, reduciendo impacto cuando deja parcialmente de lado estos aspectos para centrarse en la búsqueda del autor y su historia pasada, una búsqueda que pasa por diferentes ciudades y países y momentos históricos que marcaron el siglo XX. La ambición de Mbougar Sarr es muy grande, y esto es algo digno de elogio y también lo es que consiga mantener el interés a lo largo de toda la narración y a pesar de intercalar cartas, narradores y puntos de vista para dar forma a la figura del misterioso autor a través de diferentes personajes que coincidieron puntualmente con él. Ya lo apunta el autor al interpelarnos indirectamente cuando afirma que «todas las siluetas de este pasado de repente abierto se mueven delante de mí en una coreografía tan compleja como fascinante». Y tiene toda la razón en esta afirmación porque en este juego metaliterario en el que nos vemos arrastrados al leer el libro nos ocurre lo mismo, compartiendo así experiencia con el propio protagonista al desenredar la trama argumental de la vida de tan misterioso y enigmático personaje. El reto era mayúsculo, y las múltiples capas que ofrece la lectura de este libro dan fe de ello, aunque en ocasiones la dispersión roza el exceso.

Mbougar Sarr reivindica con este libro su propio espacio en el mundo literario, y lo extiende a sus compatriotas pues en boca del protagonista se dirige a ellos afirmando que «nos decía a nosotros, los escritores africanos: inventad vuestra propia tradición, fundad vuestra historia literaria, descubrid vuestras propias formas, experimentadlas en vuestros espacios, fecundad vuestro imaginario profundo, tened una tierra que sea vuestra, porque solo allí existiréis para vosotros, pero también para los demás». Esta reivindicación de la literatura africana es otro gran eje del libro, y que nos hace recordar al gran Ngũgĩ wa Thiong’o.

El autor es consciente de la literatura y su poder hasta el punto que afirma que «es mejor no escribir si como mínimo no tienes la ambición de hacer temblar el alma de una persona» y profesa, especialmente en la primera parte del libro, su gran devoción por la literatura al hablar de los escritores confesando que «si los escritores no hablan de literatura, es decir, si no hablan de ella desde dentro, como a prácticos, obsesionados y poseídos, como enamorados, como locos (…), ¿quién lo hará? (…) Nuestra vida es esto: intentar hacer literatura, sí, pero también hablar de ella, porque hablar de ella también es mantenerla con vida, y mientras tenga vida, la nuestra, aunque sea inútil, incluso trágicamente cómica o insignificante, no estará perdida del todo». Y esta es una misión que compartimos desde este pequeño espacio literario.

También de Mohamed Mbougar Sarr en ULAD: Purs homes

martes, 8 de octubre de 2019

ULAD inaugura el premio ¡NOOOO! BEL

Estimados señores de la Academia. Dejen ya de jugar. Que si el año pasado no dan su premio por unos asuntillos de tema sexual. Que somos muy coherentes y no hay premios que dar, castigados todos a la cama sin postre.

Respuesta contundente: ULAD crea el NOVEL

Y ahora, este año, todo olvidado, pero el palmarés no puede quedar vacío. El tiempo, que todo lo borra y, como si hubiéramos saltado una casilla, y ahora DOS Nobel. Para recuperar la media. 
Oigan: esto es trampa. Y les va perfecto: pueden premiar a pares, contentando y compensando, a equidistantes no les va a ganar nadie: un hombre y una mujer, un novelista y un poeta, un representante de la literatura occidental y otro de las periféricas, uno blanco y uno de color, un escritor consolidado y uno casi debutante. O pueden premiar a un pianista y a un guitarrista. Ejem. O mejor, a ciertos dos escritores españoles muy machotes y muy amigos. Qué comodona les ha quedado la jugada. Pueden optar por un escritor comercial y otro artístico. 
La de escritorzuelos que estarán ilusionados porque este año hay dos premios y eso dobla sus posibilidades. Cuánta ilusión en cuántos despachos llenos de papelotes o presididos inmaculadamente por una máquina de escribir, por un PC, esperando pacientes a la prensa dispuesta a fotografiar el RINCÓN DONDE CREA EL GENIO. 
POR DOS.

Respuesta aún más contundente: ULAD crea el ¡NOOOO!BEL

Porque ULAD es un blog cohesionado e integrado por 10 personas de conducta recta e intachable, 10 seres humanos a los que poco hay que reprochar salvo el tamaño de las baldas de sus estantes. Olvidemos la pequeña escisión de la rama catalana y el asunto que acabo con la fusión entre MAS ULAD y MENOS ULAD. Estamos unidos, estamos fuertes, miramos adelante.

Y este es nuestro premio: nuestros colaboradores explican quién NO debería ganar el Nobel, quién ni de coña debe alzarse con el honor, con el prestigio, CON LA PASTA, porque no nos gusta nada lo que hace, porque no aguantamos lo que escribe, por pura envidia. Motivos no nos faltan. Adelante.


AMÉLIE NOTHOMB, por Francesc Bon


Lo mío con la escritora belga es para llorar. Para reverdecer, o quizás rectificar sensaciones, leo Barba Azul, novela de hace unos años (pone la sinopsis, vigésimoprimera, desde entonces ha publicado 7 más, incluyendo una titulada Riquete el del Copete), y casi sollozo (habrá reseña, qué diantres). Pero con tamaña producción, su condición de escritora de pequeño país, los precedentes de Modiano, de Jelinek... tengo algo de miedo de que los señores de la Academia la tengan en cuenta. Una autora que emplea las portadas de sus libros para enseñar sus poses-con-sombrero acompañadas de expresión vivaracha, casi siempre la misma. Que pinta a sus personajes con trazos gruesos de simplicidad o fragilidad casi paródicos. Que suelta puntualmente sus cien pagínitas de volatilidad tiznada de trascendencia de suplemento dominicial. Que ensucia el catálogo de Anagrama de manera incomprensible, año tras otro. La palabra es REPUGNANCIA. Ni se les ocurra.


PAULO COELHO, por Carlos Andia

La gente es idiota. O no, peor, se ha quedado sin referentes. Ya no cuela la recompensa de la vida eterna, ni los ideales de justicia o de una sociedad nueva. Nos han convencido de que no hay más que sálvese quien pueda, de que el sistema no se va a mover por mucho que gritemos o recemos. Y aquí aparece él, Coelho, irrigando el planeta con sus frases redondas, sugiriendo que hay una Dimensión Diferente donde un Espíritu Recto conecta con el Alma de las Cosas y finalmente la Armonía Universal se instala en nuestras vidas. Igual no hay Cielo para los justos ni paraíso socialista, pero si tu hijo está enfermo, o te echan del trabajo, o piensas que tu vida es una mierda, Coelho tiene la frase perfecta para reconducirte al Equilibrio.
En su día tuve la mala sombra de reseñar aquí el único libro de este individuo que ha disfrutado del honor (inmerecido, sin duda) de una entrada en el blog. Me arrepiento. Ya sé que vende mucho, que grupos editoriales le pagan bien por escribir en suplementos, pero me da pena. Siento que haya gente que se deje embelesar por tantas sandeces. Y solo me queda un consuelo: en el fondo, este tipo es inofensivo, es una droga cutre, no muy cara, que a él le hace rico y a los demás, a lo sumo, nos provoca un sarpullido.


J. K. ROWLING, por Oriol Vigil

Esta autora es mundialmente conocida por haber escrito la heptalogía protagonizada por Harry Potter. Y sí, sé que J. K. Rowling ha publicado otras cosas. Sin ir más lejos, ha hecho sus pinitos en novela negra o ficción adulta. Pero mucho me temo que en eso no la reivindica ni Dios.
Ya puestos, tampoco entiendo que se reivindique a Harry Potter como si de una obra maestra de literatura juvenil se tratara. Claramente, esta exitosa saga va de mal en peor (aunque hay que reconocer que sus dos primeras entregas funcionan a su manera): un worldbuiling y un sistema de magia inverosímiles, mensajes poco intuitivos, continuidad cada vez más contradictoria...
Pero claro, piensa Rowling, a la gente le gusta Harry Potter, y todo lo demás es un fracaso, así que hay que exprimirle, a él y a su universo. Sacarle el dinero a los potterheads a base de libros "complementarios" más próximos al merchandising que a genuinos productos literarios. Aprobar como canon una pieza teatral que parece más bien un vulgar fanfiction.
Por si lo dicho no fuera suficiente para cuestionar la calidad como narradora de Rowling, la tía va y desempeña un flagrante ejercicio de intrusismo al escribir, sin tener ni p*ta idea de cómo hacerlo, varios guiones cinematográficos (relacionados con el mundo de Harry Potter, of course).
Y una última cosa: ¿esta mujer no ha oído hablar de la muerte del autor? En Twitter no deja de ampliar innecesariamente el universo de Harry Potter (también suelta rancias diatribas políticas, pero eso dejamos que lo critiquen otros blogs). ¡LO QUE NO HAS ESCRITO EN LAS NOVELAS, PELÍCULAS, ETC, LO DEJAS A LA IMAGINACIÓN DE TUS LECTORES, PESADA!


KARL OVE KNAUSGARD, por Koldo CF

Porque estoy hasta las narices de esa literatura del yo que no es otra cosa que un continuo mirarse al ombligo, porque el interés que puede tener (para mí) este tipo de literatura procede bien de una "nueva estética narrativa". bien de una vida "excepcional" o bien de una proyección de lo individual hacia lo colectivo y creo que no se da ninguno de los tres casos, porque me aburre soberanamente, porque la potencia ambición sin control no sirve de nada, porque tienes los santos cojones de ponerle el título de "Mi lucha" a las 21222851 páginas de la historia de tu vida (¿"Mi lucha" llevar a tu hija a un cumpleaños, "Mi lucha" hacerte pajas, "Mi lucha" emborracharte en la adolescencia?), porque no te hacen falta ni el premio ni la pasta (joder, que eres KOK, un noruego de dos metros, con pinta de estrella del rock y más atractivo que un plato de jamón ibérico acompañado de una botella de Dom Perignon) y porque si no le dieron el Nobel a Thomas Berhard... ¿cómo te lo van a dar a ti, alma de cántaro?

P.S.: También un poco por tocarle las narices a Marc, la verdad.


CUALQUIER MIEMBRO O MIEMBRA DE LA RAE, por Juan G. B.


Es obvio que candidatos/as para no merecer jamás de los jamases este premio sobran; mis compañeros han nombrado a varios (yo añadiría al franchute ése con pinta de clochard), pero, ante la imposibilidad de decidirme por nadie, me vais a permitir que haga un disparo por elevación: no se lo daría a ningún o ninguna baranda de los que calientan el sillón en la Real Academia Española de la Lengua. Mis razones (tengo más):

  1. Porque aún me dura la vergüenza ajena de cuando se lo dieron a Cela. Además del espectáculo de él y su mujer bailando el vals, por la caterva de lameculos que salieron hasta de debajo de las piedras.
  2. Porque todos sabemos que los literatos (incluyo en esto a periodistos) que entran en tan venerable institución lo hacen por puro postureo, para figurar y disimular su mediocridad como autores. No me refiero a filólogos y lingüistas: fijo que José Antonio Pascual, director del Nuevo Diccionario Histórico del Español, curra más en un solo día que todos los CebrianesGoytisolosGimferreresMolinasAnsones en los muchos años que lleven allí.
  3. Que todos los escritores miembros de la Academia son un poco peñazo, para que nos vamos a engañar (sí, incluso PérezZzz-Reverte, que se supone escribe novelas de aventuras y acción): Soledad PuértolazZzz, Javier MaríazZzz, Felix de AzZzúa, Luis Mateo DíezZzz... El único con un poco de chispilla era Álvaro Pombo, pero desde que ya no da mítines de UPyD ha decaído bastante (a ver si le dejan en esta ¿nueva? campaña).
  4. Que mola pensar en la envidia que corroerá a todos éstos cuando se crucen en los pasillos con Vargas Llosa (quien, y dolerá más o menos, pero hay que reconocerlo, sí había hecho méritos para que le concedieran el Nobel). Y encima tendrán que ofrecerle la mejor de sus sonrisas, pues no sólo es uno de los suyos: es el puto macho alfa de la manada.

E.L. JAMES, por Beatriz Garza


Alfred Nobel dejó por escrito en su testamento que el Premio Nobel de Literatura se le entregara «a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal». Y se fue al otro mundo convencido de que tales directrices eran suficientes para diferenciar la LITERATURA del resto de mierdas varias que se publican a diario, se venden como rosquillas, se adaptan al cine y conducen a autores hasta los primeros puestos de la lista Forbes; como sucede con E.L. James. Pero no voy a argumentar por qué E.L. James no se merece el Nobel, si no por qué sí se merece el NOOO-Bel y es que, señoras y señores, lo que ha conseguido esta mujer es digno de llevarse un premio:
  • Ha conseguido que sus Cincuenta sombras III y III se convierta en la obra erótica de referencia. ¡Qué importa que D.H. Lawrence escribiera El amante de Lady Chatterley hace casi cien años! Ella ha sabido empezar de cero para buscar la esencia del erotismo y he aquí los resultados: cero esencia, cero erotismo y cero literatura.
  • Ha logrado rellenar (y rentabilizar) centenares de páginas con personajes absolutamente planos e inverosímiles, conflictos facilones y poco desarrollados y una voz narrativa menos convincente que las audiodescripciones de las películas para personas invidentes.
  • Ha situado la, hasta hace no mucho relegada, literatura erótica en la primera línea de los estantes de las grandes librerías, junto a las memorias de Belén Esteban y el libro de recetas del chef de moda. Oh, pues en tal caso muchas gracias, señora E.L. James.
Y es que para que E.L. James mereciera el Nobel de Literatura tendría que vivir más de cien vidas y en todas ellas dedicarse a cualquier cosa menos a escribir.


JAVIER MARÍAS, por Santi

Sí, sé que me arriesgo más que muchos de mis compañeros, porque mi candidato al ¡Nooooo! Bel tiene opciones de ganar el Nobel, el de verdad. Por lo menos, eso dicen todos los años todas las encuestas. Y la verdad, creo que sería un error y una oportunidad desaprovechada. Mi opinión sobre Marías ya la expliqué en esta otra entrada, así que no me voy a repetir. Solo añadiré que darle el Nobel a Marías ahora, que se ha convertido en un representante de lo antiguo y lo establecido (tanto en literatura como en varios ámbitos sociales y políticos, en particular en relación con el feminismo) sería darle en el siglo XXI un premio a un escritor que sigue anclado en el siglo XX. Si en su momento Marías pudo ser innovador y rompedor en el contexto de la literatura española, ahora en cambio es un peso muerto: más de lo mismo, sin riesgo ni ruptura. El Nobel no puede premiar eso.


JOHN BANVILLE, por Montuenga

Al paso que va, no me extrañaría que el escritor irlandés John Banville –desdoblado en Benjamín Black cuando escribe novela negra– aparezca cualquier año de estos en la lista de candidatos. Por ello, y sin negar sus evidentes méritos –reconocidos  con importantes galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias 2014– he creído oportuno incluirlo en la lista uladiana de No-Candidatos al premio.
Comienzo por su prosa que, a juzgar por la traducción al castellano, es correcta, agradable, cuidada y lo primero que suele destacarse. Se reconoce además su sobriedad. Sin embargo, sus personajes suelen estar desdibujados, abusa de las coincidencias y sus descripciones tienen una extensión desproporcionada. Intuyo un carácter laborioso que construye sus tramas con dedicación y pule incansablemente sus escritos, pero ese afán perfeccionista acartona un poco (o un mucho) sus historias, de tal manera que a algunos nos resulta imposible conectar emocionalmente con ellas. Sospecho que su autor, absorto en los aspectos técnicos, evita implicarse a fondo. Pero, como bien saben, el primer requisito de un relato, de cualquier relato que se precie, es interesar al lector, y somos unos cuantos los que nos quedamos más bien fríos leyéndole, tanto en su faceta de novelista serio como en la otra, más lúdica a priori. Yo, la verdad, tampoco encuentro tanta diferencia entre las dos.

Hablando claro, Banville no solo me aburre: ni siquiera soy capaz de recordar ni uno solo de sus argumentos; a mi entender les falta consistencia, por eso al poco tiempo se desvanecen en el aire. Sin embargo, admiradores tiene, eso no se puede negar. Sus motivos tendrán, digo yo.

martes, 27 de agosto de 2019

Zoom: Lacombe Lucien, de Louis Malle y Patrick Modiano

Idioma original: francés
Título original: Lacombe Lucien
Año de publicación: 1974
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia
Valoración: interesante y está bien

Durante la ocupacion alemana de Francia, en la II Guerra Mundial, Lucien Lacombe es un muchacho de un pueblo del sudoeste del país, hijo de un soldado cautivo y empleado a su vez en un hospicio de ancianos. Tras intentar incorporarse al maquis, acaba un poco debido al azar y otro poco al resquemor, integrándose en un grupo parapolicial que ayuda a la Gestapo en la represión de los resistentes. 

De esta forma, de un día para otro, en el verano del 44, Lucien se ve formando parte de una pandilla variopinta, que comprende desde el fascista convencido al resentido o a quien no ha encontrado su lugar en otro sitio. Además, por medio de uno de sus compañeros, entra en contacto con el sastre judío Horn, que espera escondido la oportunidad de pasar a España, y con su hermosa hija France. En fin, que con las cartas repartidas, con los papeles asignados, ya puede empezar la historia... es decir, la película.

Porque este libro no es una novela, aunque pueda leerse como tal, ni una obra de teatro, aunque ídem, sino un guión cinematográfico, el que escribieron Patrick Modiano y Louis Malle para el filme que éste dirigió en 1974 y que en su momento supuso una conmoción en Francia, puesto que trataba sobre un tema casi tabú hasta ese momento: el del colaboracionismo con los invasores nazis durante la guerra mundial (tema que ya había tocado Modiano, cierto es). Pero, sobre todo, porque además el protagonista no se metía a colaborador filonazi por fanatismo u odio a judíos y comunistas, sino por cierta dejadez, por dejarse llevar, por estupidez, incluso... Vamos, por las mismas razones que la mayor parte de la población francesa (y la de cualquier otro país) tomó partido en aquel entonces, supongo. Es más, en algún lugar he leído que lo que pretendían hacer los guionistas era ejemplificar en su protagonista aquel concepto acuñado por Hannah Arendt de "la banalidad del mal"; mal que así no estaría encarnado por un sturmbannführer de las SS convencido de que su superioridad racial le eximía de cualquier escrúpulo ético o moral, sino por un campesino francés capaz de cometer cualquier atrocidad sólo porque se ha juntado con unos amigachos que le invitan a beber y le permiten vaguear a sus anchas cuando no tienen que perseguir a los maquis.

En este punto, sin embargo, quisiera, si no defender, sí resaltar una mayor complejidad de la que parece en el personaje de Lucien: su posicionsmiento y actuación no son sólo frutos del azar, de la pusilanimidad o la molicie, sino también, en gran medida, debidos a un rencor social que, en vez de manifestarse a través de la lucha de clases colectiva, lo hace por medio de una violencia individual, utilizada, en este caso, por un grupo fascista. Y hay también, claro, una urgencia juvenil, una necesidad de expresarse, de ser oído y de conseguir aquello que algunos disfrutan por nacimiento o por edad, pero que un adolescente pobre no tiene paciencia para esperar.

Estas circunstancias le dotan al personaje de Lucien de un carácter algo más trágico de lo que sugiere la propia peripecia política o bélica, algo que se percibe mejor en la película (según yo recuerdo) que en la lectura del libro. Porque si leer un guión no deja de ser un ejercicio interesante, cuando se trata de un determinado tipo de historia y determinado estilo de cine, no deja de resultar una lectura incompleta, me temo.


Otros títulos de Patrick Modiano reseñados en Un Libro Al Día: Tres desconocidasEl lugar de la estrellaCatherineRopero de la infanciaLa hierba de las noches,En el café de la juventud perdida

domingo, 24 de febrero de 2019

Reseña a cuatro manos: Patrick Modiano: Catherine

Título original: Catherine Certitude
Idioma original: Francés
Traducción: Miguel Azaola
Ilustraciones: Sempé
Año de publicación: 1988
Valoración: Guay

Comprarle a tu hija de 10 años un libro escrito por todo un Premio Nobel, aunque algo polémico (eso sí), como Patrick Modiano e ilustrado por Jean Jacques Sempé, famoso por la serie de libros protagonizada por El pequeño Nicolás, puede parecer un autorregalo del padre, ¿verdad? 

Bien, lo admito, algo de eso hay. Pero también hay mucho de cambiarle un poco el paso. Le gustan los comics (Bone, Los diarios de cereza, etc), pero de vez en cuando se deja caer por casa con libros de la biblioteca de colegio del tipo “Los futbolísimos”, “Geronimo Stilton” y demás. ¡Por ahí no paso! ¡Uno es un intelectual y ha de mantener su reputación! ¡No pueden llegar visitas a casas y ver al lado de los libros de Proust las “aventuras” de los futbolísimos, joder!

Total, que probamos con un escritor serio, un ilustrador de prestigio y un libro publicado hace más de 30 años. La historia, de apenas 95 páginas, generosa fuente de letra y abundantes dibujos, se asemeja bastante a las novelas para adultos de Modiano. En ella, Catherine rememora momentos de su infancia parisina, con un padre dedicado a oscuros negocios y una madre ausente que vive bien lejos. ¿Os suena de otros libros de Modiano? 

Aunque esta vez, y como no podría ser menos tratándose de un libro infantil (en teoría), el peso que tiene la indagación en la memoria no es tan grande. Pero lo dejo por ahora y, ya que estamos ante un libro "infantil", le paso la palabra a Irantzu, la “beneficiaria original del libro”. Aquí su aportación:

Argumento (sin spoiler): 
Catherine vive en París con su padre y los dos llevan gafas. Su madre vive en Nueva York y Catherine quiere ser bailarina, al igual que ella. Su profesora de baile (Madame Dismailova) la obliga a quitarse las gafas para bailar y entonces se ve en dos mundos diferentes: cuando lleva gafas ve el mundo real y cuando se las quita ve un mundo “borroso y tierno” (¡Será vaga la tía! ¡Casi se lo ha copiado de la contraportada!). Catherine se aprovecha de eso porque no todas las niñas pueden ver como ella, solo las que llevan gafas

Valoración personal: 
Este libro me ha gustado mucho porque te dice que nunca te olvidarás de los recuerdos.

Bueno, un poco parca en palabras la chiquilla, ¿no? En fin, que a mí también me ha gustado mucho. Catherine es entretenido, divertido, tierno y, sobre todo, su autor trata a los niños como los seres inteligentes que son, al contrario de lo que parecen hacer ciertos libros para el público infantil. Además, los lectores habituales de Modiano encontrarán en el todo el imaginario del autor y los no iniciados podrán adentrarse en un mundo y una literatura de lo más personal (aunque a algunos no acabe de convencer al 100%)

Koldo CF e Irantzu

sábado, 14 de octubre de 2017

Danielle Collobert: Asesinato

Idioma original: francés
Título original: Meurtre
Año de publicación: 1964
Traducción: Pablo Moíño Sánchez
Valoración: Muy recomendable

Si uno se fija únicamente en el título del libro, “Asesinato”, puede llegar a pensar que se encuentra ante una novela negra. Nada más lejos de la realidad. Ni novela ni negra. Y no es necesario adentrarse demasiado en el libro para darse cuenta de por dónde irán los tiros porque ya en la tercera o cuarta página puedes leer “y a qué agarrarse cuando uno ya no reconoce ni sus propias manos, ni su propio paso, ni siquiera la pequeña dosis de desesperación cotidiana”.

Se trata, como poco a poco vas comprobando, de un libro, a medio camino entre el diario, el relato breve y el poema en prosa, con el que la autora parece colocarse frente a un espejo para estirar el brazo,  sacarse las vísceras y, así, extirpar el dolor (dolor de vivir, dolor de sentir).

No es, como ya habréis imaginado, un libro “fácil” ni “cómodo”. Es un libro breve, de unas 130 páginas, que apenas ofrece resquicios por los que entre el aire fresco, con el dolor, la muerte y la desesperanza como hilos conductores, plagado de imágenes y sensaciones, y tremendamente personal. Es uno de esos libros no "hechos para disfrutar".

En cuanto a posibles influencias o similitudes, la más evidente es “El oficio de vivir”, de Cesare Pavese. Párrafos como los que transcribo a continuación podrían formar parte del testamento vital y literario del italiano sin ningún problema:

Tengo la impresión de vivir una muerte

Estoy perdida en las calles…El día se desgarra

Una mañana tendría que rechazar el cansancio del día, todo el cansancio de los días por venir. Marcharme

Estoy sin fuerza. Me aferré a ella y por eso la engullí, la vomité, la pisoteé.

Como con un buril, en cobre, tengo que grabar las últimas palabras, en el centro de un dibujo que debería traducir la calma la serenidad, y también todo ese tiempo vivido y devorado


Pero no solo Pavese. También tiene uno la impresión de estar leyendo, por momentos, a un “Maldoror” infinitamente más terrenal que el de Lautreamont, aunque cargado de la misma lucidez y radicalidad. Y también, en ocasiones, uno cree estar inmerso en alguna de esas búsquedas,  imprecisas y condenadas de antemano al fracaso, de los personajes de Modiano.

En cualquier caso, esto son solo referencias para tratar de situar una obra altamente recomendable, densa y oscura, a la que no conviene acudir en caso de depresión. Avisados estáis.

sábado, 7 de octubre de 2017

Françoise Hardy: La desesperación de los simios y otras bagatelas

Idioma original: Francés
Título original: Le désespoir des singes...et autres bagatelles
Traducción: Felipe Cabrerizo
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable (sobre todo, para mitómanos)

Recuerdo haber pasado muchas madrugadas de mi adolescencia y tardoadolescencia escuchando "Flor de Pasión", el mítico programa de Radio 3 conducido por el no menos mítico Juan de Pablos, y recuerdo haber descubierto gracias a él multitud de artistas de la "prehistoria" del pop y del rock. Nombres como los de France Gall, Serge Gainsbourg, Sylvie Vartan, Michel Polnareff y, cómo no, Françoise Hardy forman parte de mi "educación sentimental". Así que cuando me enteré de la publicación en castellano de la autobiografía de la Hardy, allá que me lancé.

Ay, Françoise, Françoise..."Je ne sais pas ce que je veux", "Tous le garçons et les filles", "Comment te dire adieu", "Ma jeneusse fout le camp", "La question" al completo, "Je te cherche", etc, etc. Tantas canciones, tantos discos desde aquel lejano 1962 en el que saltó a la fama y alcanzó la astronómica cifra de dos millones de discos vendidos (solo en Francia, eh!). Cincuenta y cinco años al pie del cañón son muchos años y las casi cuatrocientas páginas de esta autobiografía resumen lo más relevante de todos estos años, tanto en la parte artística como en la personal y familiar.

En el plano artístico descubrimos no solo el éxito que desde bien joven cosechó y, al mismo tiempo, la abrumó, sino que también nos acercamos a sus altibajos creativos, a sus manías, sus miedos y frustraciones (muy unidos a los de su vida personal), a su fobia al directo, a los vaivenes de la industia, etc. Esta parte artística es todo un compendio de nombres casi legendarios, un deleite para mitómanos. La lista es abrumadora: Dylan, Beatles, Rolling Stones, Celentano, Gainsbourg, Stockhausen, Nick Drake, Ettiene Daho, Michel Berger (clave en su evolución musical), etc.

En la parte más personal y familiar, el libro está atravesado fundamentalmente por la relación, digamos un tanto destructiva, que la Hardy ha mantenido con Jacques Dutronc a lo largo de casi cincuenta años. Pero más allá de hechos conocidos, esta autobiografía nos permite acercarnos a otras vertientes que pueden haber quedado eclipsadas por la figura pública. Por ejemplo, su infancia y adolescencia, sus celos, sus inseguridades, sus complejos (ay, esa relación con su madre y sus abuelos), sus opiniones en materia política o religiosa, su forma de afrontar la maternidad, su afición por la astrología, etc. También aquí la vida de Hardy aparece rodeada de nombres más que conocidos: Patrick Modiano, Georges Pompidou, Michel Houellebecq,  Dalí, el doctor Barnard, etc

Los dos planos se van entrelazando a lo largo del libro, que sigue un orden estrictamente cronológico, lo que hace que la acumulación de nombres, fechas y datos no resulte pesada. Además, el estilo de Hardy es directo y sencillo, sin florituras ni artificios, lo que favorece un lectura de lo más ágil.

Más allá del aspecto mitómano que uno busca en este tipo de libros, es de agradecer que los mismos no se reduzcan a mero exhibicionismo o a simple autobombo sin asomo alguno de autocrítica. En este caso, me gustaría destacar la ausencia de autocomplacencia. Hardy reparte palos, sí, pero los principales palos se los lleva ella misma, ya que el reconocimiento de sus errores en la vida de pareja y en su vida artística está muy presente.

En definitiva, una lectura muy disfrutable, sobre todo si estás interesado en la música y en la cultura POP, que permite constatar, una vez más, cuánta verdad hay en esos versos de Kirmen Uribe que dicen "cierto, en tres generaciones hemos recorrido un largo trecho en la historia de la escritura (digamos la música). De todas formas, las preocupaciones, los miedos son los mismos y lo seguirán siendo".

lunes, 28 de agosto de 2017

Patrick Modiano: Ropero de la infancia

Idioma original: Francés
Título original: Vestiaire de lènfance
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia
Año de publicación: 1989
Valoración: Recomendable

Llevaba un tiempo sin leer a Modiano. Y no sé si ha sido este período de descanso o, simplemente, que quizá le haya cogido el tranquillo al francés, pero he de admitir que "Ropero de la infancia" me ha gustado.

Los detractores de Modiano le acusan de escribir siempre el mismo libro, aunque más bien se trata de que la obra de Modiano gira, casi de forma exclusiva, en torno a la memoria, a un pasado ya inaprensible, con personajes que viven en una especie de intemporalidad.

En este caso, la no-acción característica de Modiano se situa en una ciudad indeterminada, que bien pudiera ser Tánger o Casablanca, y el personaje principal es Jimmy Sarano (anteriormente conocido como Jean en su juventud parisina), escritor de folletines para la radio, antiguo escritor de cierto éxito en París y desterrado en la ciudad para tratar de aliviar el peso de una culpa que crece con los años.

En esa ciudad africana de la costa, Sarano aparece rodeado de personajes de los que apenas conocemos nada, salvo su vacío y su incomodidad vital. Entre esos personajes está Marie, joven de veinte años, que es la chispa que prende el recuerdo en Sarano. Los rasgos de Marie harán que Sarano hurgue entre sus recuerdos y esa búsqueda le llevará a Sarano a París, a 1965, a una época, a una ciudad y a una juventud perdidas para siempre. Boulevares, teatros, cafés, personajes del pasado que entran y salen de la novela y de la vida como si fuesen fantasmas que surgen de las brumas de la memoria.

Quizá toda esta indagación en el pasado, toda esa búsqueda, no conduzca a nada o quizá sí. Puede que, gracias a ella, obtengamos respuestas a preguntas vitales o puede que solo sean fuegos de artificio. Pero, ¿a quién no le gustaba ver aquellas luces de colores en el cielo?

En fn. No diré que Modiano vaya a ser uno de mis autores de cabecera, pero esa forma de retratar el vacío, cierta angustia vital y el tiempo que se fue para no volver jamás me han llegado más que en otras ocasiones. Tendré que volver a él y comprobar si es que mi percepción sobre su obra está cambiando o si, simplemente, he tenido un "mal día".

domingo, 4 de septiembre de 2016

Svetlana Alexiévich: Los muchachos de zinc


Idioma original: ruso
Título original: Cíncovie málchiki
Año de publicación: 1990
Traducción: Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González
Valoración: muy recomendable alto

¡Pero qué tranquilos vivimos en esta parte del sur de Europa! Nos quejamos del calor en verano y de lo cortas que son las vacaciones y de que la cerveza no está lo bastante fría. Y cada año despotricando un poquito de lo inmerecido del último Nobel, con la de escritores buenos que hay para descubrir. 

Entonces, qué pasa con el Nobel de Alexiévich. Nos desconcierta. Andaba en alguna "quiniela" del Nobel, pero no esperábamos esto. Hasta a sus editores parece haber pillado de sorpresa: que répido se inundaron los estantes de Coetzee o de Modiano, escritores en idiomas asequibles en traducción "express" como el inglés o el francés. Pero una escritora bielorrusa. Hay que digerirlo y la cosa lleva su tiempo. Pero casi que mejor. No hemos de darnos prisa: los libros se van traduciendo y (un poco como cuando surgió el boom de Kapuscinski) su disfrute puede ser pausado y sostenido. Aunque un guapo pajarito me ha chivado que en septiembre va a salir otro, este Los muchachos de zinc es el último título traducido.

Y es glorioso.
Repito: glorioso.

Apenas una veintena de páginas y Alexiévich ya nos ha regalado una frase sencilla, obvia y lógica, pero de tan esencial y aplastante nos perseguirá a largo de todo el libro.
Mientras tanto, nuestros chicos se están muriendo en un país lejano por algo que desconocemos.
Porque el zinc del título es el material del que están confeccionados los ataúdes en que los cadáveres de los soldados son repatriados. Sí: esos que se recubren con una bandera y ante los que un militar de rango medio (o un ministro, si se acercan elecciones) se cuadra como si tuviera el mínimo respeto hacia los que él mismo, o los suyos, ha enviado a morir.

Por cuestiones geo-estratégicas. Por una ideología. Por un subsuelo trufado de combustible. Por la locura de un mandatario. Por la religión. Porque un dictador criminal dijo hace ochenta años que la patria era una.

Alexiévich confiesa en las primeras páginas que escribir su libro anterior ( La guerra no tiene rostro de mujer ) la ha dejado tocada. Pero ahí está. Por esa literatura que se ha inventado. La crónica testimonial donde, parece, ella interviene lo mínimo. Y en Los muchachos de zinc habla de los soldados soviéticos en Afganistán. Afganistán fue el Vietnam de la URSS. El país al que fueron a ganar con la gorra y del que tuvieron que salir por patas. Dicen, uno de los factores que precipitaron el hundimiento del bloque soviético. Y aunque Alexiévich intente moderar (aunque sea para mitigar el dolor), el tono de Los muchachos de zinc resulta tan duro y tan implacable como el de otro texto imprescindible como Voces de Chernóbil . Dureza física, me refiero. El llanto y el dolor y la desesperación las damos por supuestas. Pero la descripción del daño físico, de la devastación de los cuerpos. Qué poco propia nos parece, más cuando la escritora, en aras de la sinceridad de la escritura, no duda en reconocer que se ha desmayado en algún momento, ante la dureza de lo que se ha obligado a presenciar y describir. Que algunos testimonios la han sumido en el mismo llanto del testigo. Dureza que consigue traspasar al texto y hacer llegar al lector. Yo ya he hablado muchas veces de libros ante los que existe la opción de mirar a otro lado. Actitud completamente legítima, pero, permitidme, que me sorprendería en el perfil del lector de este blog. Aunque sepamos, algunas veces, lo que buscamos, no siempre la literatura debe depararnos su encuentro, de forma tan cruel, tan abrupta, tan descarnada. Buscar literatura del sufrimiento, de la devastación, puede que no sea un objetivo usual. Buscar placer, escapismo, estímulos, todo legítimo. Pero encontrarse lo que Alexiévich ofrece. No apto para según que paladar, para según que estómago. Claro. La guerra de Afganistán nos pilla muy lejos, en espacio y en tiempo. No parecemos muy preparados para que nos planten 300 páginas de testimonios así como así. Que agobian y saturan, cierto, tanto como lo es que no se puede, no se puede dejar de leer.
Y como colofón, un buen puñado de páginas adicionales nos describen todas la consecuencias de la publicación de este libro. Alexiévich fue demandada por algunos de los testimonios (de todos ellos se ocultan identidades en el texto original) que la acusaban de haber alterado o falseado situaciones, de haber llevado más allá la pura edición e interpretación de los testimonios, de haber publicado el libro en el extranjero para socavar esa noble finalidad patriótica. En un libro dentro del libro, las demandas, los argumentos a favor y en contra de la escritora y la obra, las sentencias, los alegatos, nis hacen comprender su importancia y su necesidad. Afganistán fue una guerra absurda más, perpetrada con la única finalidad de extender a cualquier lugar necesario la partida de ajedrez global que era la (ya entonces agonizante) Guerra Fría. Se cobró víctimas, Alexièvich lo explicó, los testigos muestran la cruel sinceridad que solo puede emanar de la verdad. Alexiévich molestó con su obra, en su momento, y puede que aún lo haga hoy. Qué se puede decir mejor que eso.

Otras reseñas de Alexiévich en ULAD: El fin del Homo Sovieticus, Voces de Chernóbil, que nos gustó tanto que mereció una doble reseña