viernes, 23 de marzo de 2018

Tom Wolfe: Lo que hay que tener

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1980
Título original: The Right Stuff
Traducción: Angela Pérez, José Manuel Álvarez
Valoración: muy recomendable alto

Pues Wolfe no era un novelista en estado larvario hasta su eclosión en La hoguera de las vanidades. Diría que al revés: desde su paso a la narrativa de ficción parece que nunca haya dejado de ser un periodista en excedencia. Un nuevo periodista, más concretamente. Lo que muestra en Lo que hay que tener lo pone de manifiesto, y no creo equivocarme, aunque haya quien diga que no todas sus crónicas son de esta brillantez, con lo que he leído aquí mi juicio no va a cambiar mucho. 
El aire acondicionado les golpeó como un muro, Todos quedaron helados hasta el tuétano. Tenías la sensación de haber perdido los dientes. Resultaba que era allí donde iba a celebrarse el pequeño cóctel: en el Coliseo de Houston. Salieron por fin al campo del Coliseo, que era como una gran bolera cubierta. Había miles de personas dando vueltas por allí y una especie de olor increíble y una algarabía de voces y risillas dementes de cuando en cuando. Había unas cinco mil personas sumamente escandalosas, ávidas de lanzarse sobre el asado con ambas manos y devorarlo bien, regado con whisky. El aire estaba impregnado del hedor a carne de vaca abrasándose. Habían instalado allí unos diez hoyos de barbacoa, y estaban asando treinta animales. Y había cinco mil hombres de negocios y políticos con sus consortes, recién salidos de la torridez del centro en julio, deseosos de hundir sus fauces en ellas. Era una barbacoa tejana, estilo Houston.
No narra en este párrafo, es obvio, complicados accionamientos dentro del reducido espacio de una cápsula por parte de un héroe que sabe que en cualquier error se juega el pellejo. Esto es el exagerado agasajo de la ciudad de Houston a siete hombres.

Leer atentamente párrafos como estos es lo que me hace estar seguro de que Wolfe está detrás de algunos de las crónicas que aportan algunas de las mejores páginas de David Foster Wallace. Esa forma de narrar, perdonad que no me documente lo suficiente, no sé si era realmente nueva allá por l980, pero aún hoy suena fresca y descarada, lejos de la crónica y la entrevista felatriz que aún domina en muchas partes (ostentosamente en la televisión, ya que hablamos) y muy cerca de la perfección narrativa. Por eso este libro es un plato de cocción a fuego lento, porque todo lo que ello representa, esa información subliminal que Wolfe nos suministra es digno de disección en sus capas y en su desarrollo. Porque es completamente legítimo quedarse con la primera capa: la historia de los intrépidos hombres que, con muchas bajas de por medio (Wolfe no ahorra truculencias para describir la infinidad de accidentes), se encaminan hacia la gloria de las primeras misiones espaciales y experimentan el enorme subidón de convertirse en héroes de la  nación y depositarios de las esperanzas de Occidente frente al implacable y anónimo avance del bloque soviético, con su perra Laika y Yuri Gagarin y su Sputnik, siempre un paso adelante en la carrera espacial. Solo por la mera información suministrada sobre ese episodio de la historia de la humanidad (me he ahorrado alguna mayúscula, lo sé) el libro ya tendría un enorme valor.
Pero Wolfe deposita huevos de Pascua por doquier, y lo que podría ser narrativa épica y hasta propagandística viene a poner de relevancia todo lo que no es tan brillante. El machismo intrínseco a todo el despliegue (también los rusos fueron pioneros en enviar una astronauta), la sonrojante relegación de las mujeres ("esposas de"), la psicología de los aspirantes a los vuelos, el choque entre la conciencia civil y conciencia militar, la manipulación de la masa, el uso de la propaganda, el despliegue de medios y el despilfarro de recursos. 
Curioso: Wolfe mantiene intacto su toque irónico y su trasfondo crítico y solo levanta el pie cuando habla de Número 61 y Número 85, respectivamente Han y Enos, chimpancés con los que se experimentaron algunos de los viajes de prueba, primates sometidos a expediciones tripuladas en las que eran meros pulsadores de teclas a cambio de estímulos de castigo o de retribución. Curiosamente, en ese tramo del libro Wolfe renuncia a situarse en el cerebro de los aspirantes y a usar su habilidad para la disección psicológica. Una curiosa renuncia que tiene su significado, también. Nada aquí está por casualidad. 

6 comentarios:

Juan G. B. dijo...

Hola:
Siempre me había llamado la atención este libro, porque he visto la peli un par de veces en la tele y estaba muy bien. Debí haberlo leído hace tiempo, supongo. Buena pinta y buena reseña... ; )

Francesc Bon dijo...

Ni idea de la película, pero este texto no puede trasladarse a imágenes sin perder parte de su fuerza. Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Hola. Creo que el libro es muy bueno como lo dices en tu reseña y la peli que se hizo de él, también. Cada uno en lo suyo, ambas obras son notables.

Tom Tom dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tom Tom dijo...

Como fan de Wolfe y Wallace caerá dentro de poco gracias por la recomendación.

Francesc Bon dijo...

Pues a disfrutarlo, y gracias por el comentario.