domingo, 7 de diciembre de 2014

Colaboración: En mares salvajes de Javier Reverte

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

En mares salvajes es un título engañoso, como muchas veces ocurre. Parece que nos van a contar alguna gran travesía, que nos adentraremos en esa literatura oceánica que siempre aporta emociones al límite. Pero el libro se subtitula Un viaje al Ártico, que resulta mucho más descriptivo. Y lo sería más aún si rezase Un viaje al Ártico canadiense, que es realmente el objeto del libro. Aunque, claro, con ese título vendería bastante menos.

Javier Reverte, reconocido autor de libros de viajes, inicia su recorrido visitando algunas pequeñas localidades del levante ártico canadiense, y nos introduce así en ese mundo peculiar de las regiones boreales: sus núcleos urbanos, definidos por la meteorología hostil, su población, donde se mezclan funcionarios blancos e inmigrantes de todo el mundo con los nativos inuit (esquimales), la idiosincrasia y agitada historia de estos últimos en su encuentro con la civilización occidental.

Parece quedar claro que lo que busca Reverte no es la erudición, ni desde el punto de vista sociológico ni tampoco literario. Aporta información digamos general, claro está, pero su experiencia personal la transmite como lo haría un amigo, contaándonos cómo son los bares (acabamos conociendo unos cuantos), lo áspero del paisaje o las peculiaridades de un hotel; pero todo ello desprovisto de adornos o aspiraciones estéticas.

Pasamos después a embarcar, ahora sí, en un buque oceanográfico ruso reconvertido para el turismo (una cosa muy post-soviética, desde luego), para navegar el llamado Paso del Noroeste, es decir, la conexión marítima entre el Atlántico y el Pacífico por el norte de Canadá. A causa del calentamiento global, estos mares resultan ahora navegables durante la mayor parte del año, algo insólito en la historia conocida.

La singladura marítima propiamente dicha es en realidad parcial, porque recorre la parte central del Paso, aunque sin llegar a completarlo entre ambos océanos. Según nos la va contando Javier, nos queda la sensación de un viaje bastante menos intenso de lo esperado, la cosa queda un poco en el típico viaje turístico ‘de aventura’ para ricos, y tampoco parece que al autor le impresionase demasiado.

Pero aprovecha Reverte para ir relatando la extenuante búsqueda del Paso durante varios siglos, a través de sucesivas expediciones, patrocinadas casi todas el Almirantazgo del Imperio británico, entonces dominador casi absoluto de los mares. Vamos conociendo historias, a veces apasionantes, de intrépidos marinos que con medios rudimentarios desafían las terribles condiciones del entorno (temperaturas extremas, violentas tempestades, el hambre y la soledad de los parajes árticos) para ir descubriendo, palmo a palmo, los entresijos de ese inmenso laberinto blanco, la mayor parte de las veces a costa de su propia vida. Se nos presentan algunos nombres famosos, como Hudson, Parry, Franklin y por supuesto, Amundsen (sí, el del Polo Sur), junto a otros muchos que van jalonando la epopeya.

De forma que, si el relato del viaje en sí no nos transmite una emoción especial, es en la vertiente histórico-didáctica donde el autor se luce realmente. No sólo va desgranando las diferentes aventuras con buen sentido y de forma amena y clara, sino que tiene la habilidad de ir incrustando las sucesivas historias en los momentos adecuados de su propio viaje.  Como además dosifica con acierto los dos itinerarios narrativos, sin que nos cueste trabajo pasar de uno a otro, se puede decir que la composición le sale perfecta.

Por lo demás, se diría que al propio Reverte la travesía también le supo a poco, como le ocurre al lector. De forma que, una vez finalizada y ya en el continente, decide continuar, explorando por su cuenta parte de los vastos territorios que rodean el curso del río Mackenzie, en los Territorios del Noroeste. Aquí recuperamos al viajero independiente, que se busca sus propios puntos de interés y nos habla de lo que va viendo: remotas y minúsculas poblaciones, minas abandonadas, carreteras que cuadrarían bien al concepto de lost highway, ríos que hay que atravesar en transbordadores… y, sobre todo, hoteles y bares donde charlar con la gente.

Así que la prometedora travesía por mares salvajes se nos queda un poco mustia, no disfrutaremos de descripciones épicas o grandes aventuras. Pero tenemos a cambio un relato, más bien sencillo, bien construido y sin pretensiones, de un tipo que simplemente se gana la vida así: viajando y contando lo que ha visto.

Firmado: Carlos Andia

Otros libros de Javier Reverte en Un Libro al DíaEl sueño de África

sábado, 6 de diciembre de 2014

Jorge Zepeda Patterson: Los corruptores

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: entre recomendable y está bien


Para que queden las cosas claras, diré qué NO es Los corruptores :

Los corruptores no es una novela sobre constructores de la periferia madrileña, ni sobre empresarios que regalan coches para hacerse con contratas de basura en Alicante, ni sobre otros que pagan comisiones del 3% a familias mafiosas de políticos catalanes. Tampoco es una novela sobre un grupo sectario dentro de la Iglesia que capta menores de edad para abusar de ellos. Ni sobre editores y agentes literarios que obligan a los jurados de los premios -casi profesionales, en algún caso- a elegir los libros ya concertados entre ellos. Ya puestos,señalar que Los corruptores no es la novela ganadora del último premio Planeta.

¿Y qué SÍ es Los corruptores, en cambio?

Pues es una novela sobre los mecanismos de poder y corrupción en México, tierra de origen de Jorge Zepeda. Sobre esos círculos en los que se mezclan abogados, políticos, servicios de inteligencia, narcotraficantes, periodistas... que determinan el devenir de aquel país tan castigado por todo tipo de males, pero sobre todo por una violencia inclemente y -a lo que parece- creciente en los últimos años (22.372 homicidios denunciados en 2013, el año de publicación de esta novela, 19 por cada 100.000 habitantes). Es una novela, pues, sobre quién y cómo maneja los resortes que determinan la vida y la muerte de cualquiera de los habitantes de ese país, los hilos de las marionetas en que se convierten el resto de los ciudadanos... Los corruptores, además, es la primera novela del veterano economista, periodista y analista político Jorge Zepeda Patterson. Un debut literario, por tanto.

La trama, perfectamente urdida, hay que decir (no es para menos: el autor parece ser un perfecto conocedor de aquello de lo que habla), parte de un primer hilo suelto a partir del cual se va devanando toda una madeja: el truculento asesinato de una conocida y hermosa actriz, que ha sido amante, además, de una buena porción de la clase política y empresarial mexicana. Un periodista en horas bajas, Tomás Arizmendi, incluye en su columna un dato que parece implicar a uno de los hombres más poderosos del país, el ministro de la Gobernación.... temiendo por su vida, Tomás pide ayuda a sus mejores amigos desde el colegio, un grupo que se hace llamar "los Azules" (sic... y menos mal que son cuatro y no cinco), entre los que se cuentan, convenientemente, la presidenta del principal partido de la izquierda y un ex alto cargo de los Servicios Secretos...(también es casualidad).

De todos modos, no sólo la trama resulta perfectamente convincente, sino que además introduce con bastante solvencia muchos elementos informáticos o digitales que son imprescindibles en cualquier historia de espionaje político ambientada en la actualidad. También resultan muy bien resueltos, con eficaz agilidad, los momentos de acción y violencia que se suceden en la historia. Sin embargo, y pese a que el tono general del estilo es de una voluntariosa desenvoltura, me temo cuando se trata de las relaciones sentimentales y, sobre todo, sexuales entre los personajes, la narración tona un aire algo viejuno (y no por un exceso de pudor, precisamente), como si nos encontráramos leyendo un best-seller de hace treinta años y no una novela político-policíaca del siglo XXI...

Aún así, la novela resulta entretenida e interesante a partes iguales. Una de las pocas pegas que se le pueden poner es que quizá los entresijos de la política mexicana nos podrían resultar ajenos a los lectores que no somos de allá. pero Zepeda resuelve este problema desplegando toda una serie de explicaciones y recapitulaciones, más que suficientes para ponernos en materia.  También, que a los lectores de otras latitudes nos puede parecer algo lejano e incluso "exótica" la ya legendaria corrupción que campa por sus respetos en ese país y la violencia en la que parece estar sumido... Aunque también es cierto que, en el caso de este bendito Estado español desde el que escribo, algunas concomitancias sí que resultan cada vez más familiares -salvando las distancias y, por fortuna, no en lo que se refiere a la extrema violencia-. ¿Acaso no nos hemos acostumbrado a leer u oír cada día sobre las corruptelas, más o menos graves o cutres, de nuestros gobernantes; sobre caciques provinciales que entran en prisión (e incluso algún asesinato); sobre los chanchullos organizados por los servicios de inteligencia, utilizando como peón a algún joven mentecato, si es necesario? ¿O sobre el control cada vez mayor sobre la población y, ante todo, sus protestas, perseguidas gracias al conveniente recorte de nuestros derechos? ¿Sobre el enquistamiento de una clase política (tranquilos todos: no voy a emplear esa dichosa palabra que empieza por "C") que se resiste a perder el privilegio, sumo, de manejarnos a su antojo, y de acuerdo a intereses que no tienen por qué ver con los de los ciudadanos a quienes se supone que sirven?

Caramba... a ver si va resultar que Los corruptores sí que tiene que ver con lo que he negado al principio de esta reseña...

viernes, 5 de diciembre de 2014

Eduard Limónov: Soy yo, Édichka

Idioma original: ruso
Título original: Это я, Эдичка
Año de publicación: 1979
Traducción:  Ana Guelbenzu
Valoración: muy recomendable


Repite un amigo mío constantemente aquello de que "escritor no es quien escribe sino quien no puede dejar de escribir". Y la definición le ajusta casi a la perfección a Eduard Limónov. Bueno, en función de las muchas cosas que parece no poder dejar de hacer, igual las "profesiones" se le amontonarían. No todas, parece ser, al gusto de las leyes: ha pasado diversas etapas en prisión debido a sus radicales actitudes políticas que le han situado siempre en una especie de encrucijada de constante polémica.
Y "Soy Yo, Édichka", primera de su serie de narraciones autobiográficas, no hace más que constatarlo lìnea tras linea. El joven escritor residente en Nueva York, donde de vez en cuando se lamenta de la fama y el prestigio que ha dejado atrás en la Rusia natal de donde ha salido y donde, proclama a lo largo de las páginas, no piensa volver. Cualquiera volvería, porque, aunque parece atravesar penurias económicas, el tipo se lo pasa en grande. Hasta alardea de que su casero en el Hotel Winslow le tenga manía por "no parecer infeliz".
Centrado en su estancia en diversos cuchitriles de los que se avergüenza, vagando entre cobro de subsidios y empleos de mala muerte, Limónov transita de catre en catre, apegado a un esquizoide recuerdo de su amada ex-mujer, la modelo Elena, cuyo recuerdo va y viene a lo largo de todo el libro y martiriza a Limónov. Obsesión que condiciona todos sus juegos, abundantes, variados, pues tras esa traumática experiencia matrimonial decide llevar a término todo tipo de escarceos relacionados con todo tipo de gustos sexuales.
Auténtico festín de encuentros, el que se avecina. Obsceno, por lo crudo y minucioso de sus descripciones le parecerá a alguno. Habrá quien exagerará y lo llamará hasta pornográfico, pero eso sería una equivocación de peso. Puesto que todas las proezas sexuales de Limónov son descritas con naturalidad, si acaso con cierto aire de chulería, pero en modo alguno con intención provocadora. Aquí el autor parece más un Serge Gainsbourg que un Hunter S. Thompson, aunque todo parezca muy gonzo. La cuestión es que, en ese mundo en el que parece estar de visita, Limónov está cómodo, observando todo el nutrido universo que le rodea y le observa a su vez. Sacando un extraño partido de su exotismo. Rodeado, en ese Nueva York revuelto y cosmopolita de la segunda mitad de los 70, de una combinación estrafalaria de intelectuales, compatriotas, y relaciones esporádicas. Limónov, rondando la treintena, teje en Soy Yo, Édichka un curioso canto a la vitalidad, una incontestable oda a la carnalidad más desinhibida, y aunque esto podría ponerse en duda viendo cómo el autor ha abrazado a posteriori algunos de los trazos ideológicos de los que aquí parece renegar, una involuntaria crítica, un ataque a la línea de flotación de los regímenes totalitarios. Porque esta es la sensación que permanece tras esta estimulante lectura: el aire libertino de un poeta ruso en medio de una gran ciudad americana. Duro, excesivo y descarnado, pero, a la vez, lírico y honesto.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Timur Vermes: Ha vuelto

Idioma original: alemán

Título original: Er ist wieder da
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Adolf Hitler despierta en una calle berlinesa, con un fuerte dolor de cabeza y sin saber por qué no está en su búnker (como recuerda) ni dónde están aquellos que lo acompañaban en los últimos días de la contienda. Tras descubrir que se encuentra en 2011 y bastante desorientado, encuentra asilo temporal en el chiringuito de un vendedor de periódicos que lo confunde con un imitador del Führer. Mientras se apresura a ponerse al día y comienza a planear su regreso a la cancillería alemana, es descubierto por unos cazatalentos televisivos que también creen que es un cómico disfrazado y que, impresionados por su realista imitación del dictador, lo convierten en estrella de la televisión.

Así comienza Ha vuelto, primera novela del periodista Timur Vermes, que ha irrumpido en el mercado literario europeo por la puerta grande. Hay que reconocer que Vermes no lo tenía nada fácil. ¿Escribir un libro en el que el protagonista es Adolf Hitler? Nada más propicio para caer en la parodia o en el estereotipo facilón. Y, sin embargo, el autor pasa la prueba con muy buena nota.

El gran acierto de este libro es que el narrador es el propio Führer, lo que aporta al lector un testimonio de primera mano sobre lo que opina de la política actual alemana, de la Unión Europea o la situación mundial en general. Ahí se nota, además, el exhaustivo trabajo de investigación que ha realizado el autor, pues hace constantes y exactas referencias a los acontecimientos ocurridos hace sesenta años y a la situación político-económica y social de la Alemania de entonces, tal y como debería recordarlos el propio dictador si se despertara hoy en día y para él no hubiera pasado el tiempo, como Vermes plantea.

Gracias a los deseos de Hitler de recuperar su lugar en el gobierno alemán y a su éxito televisivo (que no es de extrañar, teniendo en cuenta que todo el mundo lo considera un freak y no hay nada que nos guste más que ridiculizar al primer bicho raro que vemos en televisión), el autor aprovecha para criticar con crudeza la sociedad actual, convirtiendo la novela en una sátira que muestra no sólo que sería posible que Hitler que volviera a convertirse en un éxito de masas (como dice un personaje, también se reían de él entonces y nadie lo tomaba en serio, y así pasó lo que pasó), sino también que estamos idiotizados y que hemos dejado de preocuparnos por nuestros verdaderos problemas para perder el tiempo con nuestros móviles e internet y demás cosas absurdas a las que no deberíamos prestar atención.

También hay momentos cómicos en esta novela, lo que hace que la acción se desarrolle con rapidez y nos da un respiro ante la seriedad del tema que se plantea, pero considero que, a pesar de ello, son un tanto insuficientes. Al fin y al cabo, la figura de Hitler y el desfase temporal y social al que continuamente se enfrenta dan para más situaciones hilarantes que las que Vermes nos ofrece. 

El otro "pero" que le pondría a este libro es que, por supuesto, el dictador hace referencias continuas a personajes políticos y mediáticos alemanes que no siempre son conocidos fuera de este país, por lo que el lector puede perderse en algunas ocasiones, al no saber de quién se está hablando.

Sin embargo, a pesar de estos dos "peros", Ha vuelto es una excelente novela que plantea temas más serios de lo que parece y que al final, más que hablar de Hitler, habla de nosotros y critica con agudeza esta sociedad cuyos defectos hemos aprendido a no ver.


Nota final: Aquellos que puedan leer este libro en alemán, que lo hagan. Muchos de los personajes hablan en dialecto berlinés (lo cual es también importante para el desarrollo de la acción y produce varias situaciones cómicas) y no sé yo cómo lo habrán adaptado en la versión en español.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Robert Heinlein: Forastero en tierra extraña

Idioma original: inglés
Título original: Stranger in a strange land
Año de publicación: 1961 (en versión íntegra, 1991)
Valoración: está bien

Es ya un tópico decir que la ciencia ficción, aunque se sitúe en tiempos futuros y más o menos lejanos, en realidad sirve para hablar de las preocupaciones, miedos y esperanzas de la sociedad actual: el miedo atómico durante la Guerra Fría, la ecología desde los años 60 hasta nuestros días, el desarrollo tecnológico y las desigualdades económicas en el cyberpunk... Esto es también muy evidente en las novelas de Heinlein: si Amos de títeres era una alegoría no demasiado encubierta del miedo al comunismo, este Forastero en tierra extraña le sirve para desarrollar algunas de sus ideas filosóficas, políticas y morales en una línea que recuerda lo que pocos años más tarde llegaría a ser el movimiento hippie.

El planteamiento de la novela recuerda al del Libro de la selva de Kipling, y de hecho parece que esta fue una inspiración directa, con la diferencia de que Valentine Michael Smith, un huérfano superviviente de una fallida misión a Marte, no es criado por lobos sino por marcianos. Cuando una nueva misión a Marte lo descubre y lo trae a la Tierra, Michael deberá "asimilar" (grok en inglés, un término inventado por Heinlein que se ha popularizado después) todos los conceptos, tradiciones, normas sociales y morales de los humanos, e inversamente, la presencia de un ser totalmente extraño como Michael obligará a que los terráqueos se replanteen todas aquellas convenciones que consideraban incuestionables.

Como decía al principio, esta novela es un vehículo para que Heinlein plantee algunas de sus ideas sobre la vida y el mundo: la importancia excesiva del dinero, la inoperancia del matrimonio y la monogramia, la significación del miedo a la muerte... Por eso, Forastero en tierra extraña es una novela con relativamente poca acción (concentrada sobre todo en los primeros capítulos) y mucho diálogo, en especial con Jubal Harshaw, una especie de Elisabeth Costello cínico, misántropo y extraordinariamente inteligente. A medida que Michael va "asimilando" la realidad humana y terráquea, y adaptándola a sus convicciones marcianas, se va convirtiendo en una especia de Jesucristo interestelar alrededor del cual se crea una religión (una secta) no muy distinta de una comuna hippie, donde reina el amor libre y no existe la propiedad privada.

Aunque Forastero en tierra extraña es uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción, creo que ha envejecido mal: en su momento, las ideas propuestas por Heinlein debieron ser muy avanzadas, incluso escandalosas (de hecho el editor obligó a Heinlein a reducir la extensión de la novela en casi una cuarta parte, por motivos económicos sobre todo, pero también para eliminar algunos pasajes especialmente controvertidos). Ahora, en pleno siglo XXI, parecen ideas arqueológicas, como de una civilización extraña a la nuestra. Si eso se debe a que efectivamente estas ideas han quedado desacreditadas, o si es que ahora somos más conservadores todavía que en los años 60, eso ya no lo sé.

También de Robert Heinlein: Amos de títeres, Estrella doble, Rebelión en el espacio

martes, 2 de diciembre de 2014

Nadine Gordimer: La gente de July

Idioma original: inglés
Título original: July's people
Año de publicación: 1981
Traductores: Barbara McShane y Javier Alfaya
Valoración: recomendable

No soy demasiado entusiasta de los celebérrimos premios Nobel y suelo acoger cada concesión anual de al Academia Sueca con bastante escepticismo. No se trata solamente que me parezca adecuado o justo a quién se concedan o se dejen de conceder, que también (además de que no quiero saber nada hasta que se haga justicia y se lo den a Murakami... Ryu, por supuesto), sino que la misma idea de que la culminación óptima de una carrera literaria se cumpla con la obtención de un premio me rechina bastante. Pero, en fin, cosas mías...

Aún así, lo que sí le agradezco a la dichosa Academia Sueca es que, gracias a sus premios, nos descubran o popularicen escritores de ámbitos que nos pueden quedar más o menos lejanos. Escritores a quienes quizás no leamos en ese momento, pero cuyos nombres ya se nos quedan grabados en la memoria y tal vez, aun con retraso -y no sin remordimiento-, acabemos por abrir alguno de sus libros. Eso es lo que me ha ocurrido a mí con Nadine Gordimer, escritora sudafricana que recibió el galardón en 1991 (sí, ya sé: el retraso es considerable...), posicionada siempre, tanto en su actividad política como literaria, contra el régimen racista del apartheid.

Precisamente esta novela, La gente de July, trata sobre el tema de las relaciones entre blancos y negros o, para ser mas precisos, entre amos y sirvientes, entre dominadores y dominados... Parte de una especulación -que podríamos llamar incluso "ucrónica"- sobre la realidad del lugar y la época: en un momento dado, las protestas y disturbios negros en las ciudades sudafricanas devienen en una auténtica guerra civil en la que la peor parte se la lleva la población blanca, que sufre saqueos saqueos y matanzas. Los Smales, una familia blanca de clase media -para nada racistas, pero sí beneficiarios del sistema injusto en el que viven- huye a ocultarse, con las escasas pertenencias que pueden recoger, al lejano poblado de chozas de barro de donde proviene su criado, July, que les ha servido durante años. Allí deben adaptarse a las duras condiciones de vida del bush mientras tratan de enterarse de lo que está ocurriendo en el mundo del que provienen, en el exterior de la humilde aldea donde se han escondido y de la que no saben si pueden o no marcharse...

Las relaciones entre ellos empiezan a cambiar de manera sinuosa: July pasa de ser el sirviente de los Smales a su huésped e incluso amigo. Y luego, a su protector, guardián e incluso "poseedor", con la familia blanca convertidos en una suerte de exóticos animales domésticos que le aseguran el disfrute de un vehículo y quizás, incluso de un arma de fuego... Como puede deducirse, toda la novela no deja de ser una metáfora sobre la situación política y social de la Sudáfrica de aquél entonces (supongo, además, que su publicación causaría algún impacto en aquél país, al menos en ciertos círculos). Pero no sólo eso: también la podemos considerar hoy en día, en el mundo globalizado del siglo XXI, como una alegoría de las relaciones entre los países desarrollados, opulentos -a pesar de la crisis- y el resto de la humanidad, que malvive en condiciones mucho más precarias, lo que nosotros, los ricos,  nos permitimos llamar "el Tercer Mundo"... Y además, es una reflexión sobre el despojamiento. No sólo de los elementos materiales o las estructuras y sistemas que nos facilitan la vida y nos protegen, sino también de aquello que consideramos que forma las diversas capas de nuestra identidad, pero que pueden deshacerse como azucarillos cuando nos encontramos con que no nos sirven para nada: la ideología, la pertenencia a una comunidad, la cultura...

Una novela, pues, francamente interesante y sugerente por lo que nos propone. Lástima, he de decir, que, a pesar de que se trata de una narración, si no minimalista, sí que bastante austera, en la forma y los elementos con los que juega, su lectura se halle jalonada de algunos párrafos de sintaxis un tanto dificultosa (al menos para este limitado lector). Como es la primera novela que he leído de esta autora, ignoro si esta circunstancia es una característica de su estilo o se debe a una traducción desafortunada. Me inclino por esta última opción, puesto que otra pega que me he encontrado, en las abundantes escenas en que se encuentran personajes de ambos sexos, es la elusión constante de los pronombres personales, lo que también dificulta seguir el hilo de la acción o el diálogo y que, como es obvio, se debe a la traducción al castellano y no al original en inglés.

Nadine Gordimer murió en Julio de este año, abundante en ilustres fallecidos del mundo de las letras. Sirva esta lectura y su reseña como minúsculo y modesto homenaje a una escritora que, hasta donde yo sé, supo estar siempre a la altura de la complicada situación de su país y del siglo en los que le tocó en suerte vivir.



lunes, 1 de diciembre de 2014

Colaboración: El anticuario de Julián Sánchez

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Hay libros a los que llegas por recomendaciones de amigos, otros que buscas después de haber leído alguna reseña  y otros en los que aterrizas por puro azar. Este es el caso de mi experiencia con El Anticuario, libro al que llegué husmeando por internet y del que me atrajo, en un primer momento, su llamativa portada, en la que aparecen los gastados lomos de libros antiguos apilados en una librería. A continuación, leí un breve resumen de la trama, que me pareció interesante y, finalmente, el argumento definitivo: por esas cosas del destino la descarga ese día era gratuita. Motivos más que suficientes para iniciar la lectura que tiene un arranque prometedor.

Artur Aiguader, anticuario de Barcelona, se reúne en su tienda con unos amigos del gremio a los que comunica que en una de sus últimas compras ha adquirido  un lote de libros entre los que ha descubierto un antiguo manuscrito escrito en latín y catalán que ha comenzado a estudiar y que sospecha que tiene un valor incalculable. Aiguader es asesinado días después y su hijo adoptivo, el escritor Enrique Alonso, que ha recibido una carta de su padre informándole del extraordinario hallazgo, se traslada a Barcelona para investigar el manuscrito y resolver la muerte de su padre.

A partir de aquí nos encontramos con una narración, a caballo entre la novela histórica y la novela negra, en la que se van entremezclando el presente y el pasado, puesto que la interpretación que el escritor hace del manuscrito le lleva a descubrir, ay, la existencia de un objeto excepcional que se ocultó hace siglos, pero que puede hallarse escondido en la Barcelona actual. Volvemos a encontrarnos una vez más, y van unas cuantas en los últimos años, con una de esas tramas inverosímiles de búsqueda de santos griales u objetos pseudo-mágicos que inexplicablemente han sorteado el paso del tiempo y se encuentran ocultos esperando que los hiperavispados protagonistas los descubran.

Afortunadamente no hay cátaros, masones o templarios de por medio, pero la trama se asemeja mucho a los superventas de Matilde Asensi, Julia Navarro o Dan Brown sin ir más lejos. A favor tiene que está infinitamente mejor escrita que los bodrios del norteamericano. La narración es ágil, los personajes bien definidos y la cuidada ambientación de la historia en Barcelona resulta muy atractiva, pero llega un momento en que la resolución de los misterios que propone la novela resulta bastante evidente y la lectura pierde interés.

El anticuario, primera novela del autor, es una novela entretenida y muy bien escrita, y desde ese punto de vista absolutamente recomendable. Es una pena que el mercado esté inundado de propuestas similares.

Firmado: José Miguel Martínez Camino