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sábado, 30 de septiembre de 2023

Reseña a cuatro manos: Vivir deprisa, de Brigitte Giraud

Idioma original: francés

Título originalVivre vite

Traducción: Maria Teresa Gallego Urrutia

Año de publicación: 2022

Valoración: Muy recomendable


Hace unos años publicamos una entrada que llevaba por título Libros sobre la pérdida de un ser querido. No estaría de más actualizarla de vez en cuando para ir incluyendo en ella textos como este Vivir deprisa que, si no me equivoco, debería figurar en un hipotético listado canónico sobre el tema.

Porque Vivir deprisa es un texto cuyo centro lo ocupa el fallecimiento en accidente de tráfico del marido de la autora, el cual es rememorado y reconstruido (¿o tal vez deberíamos decir deconstruido?) por su autora 20 años después, tomando como punto de partida la venta de la casa que ambos compraron días antes del accidente.

El tiempo transcurrido es clave en la forma y el fondo de la novela. Esa distancia es fundamental, tal y como confiesa Giraud ('escribo desde ese escenario lejano donde aterricé y desde el que vislumbro el mundo como una película algo desenfocada que se ha rodado mucho tiempo sin mí'), y permite el planteamiento de cuestiones que "en el calor del momento" resultarían imposibles y la introducción de un leve toque de humor impensable en un momento inmediatamente posterior a fallecimiento.

Esa distancia temporal también puede llevar a plantearse hasta qué punto esa búsqueda tiene algo o bastante de morboso. Se examinan con todo detalle los antecedentes, cuáles fueron esos momentos en que todo pudo haber cambiado con una simple llamada de teléfono (o con su ausencia), con un cambio en la meteorología o un cumpleaños infantil que pudo haberse aplazado. La fatalidad vista como el cúmulo de circunstancias que llevan a un desenlace u otro, el famoso aleteo de la mariposa que puede determinar una vida entera.

La búsqueda de un por qué pasa entonces de ese algo genérico y desesperado que cualquiera se plantea ante una desgracia a un análisis frío de la cadena infinita de interacciones, muchas veces fortuitas, que componen la existencia. Algo como el clásico jurídico causa causae, causa causati, o los límites de la responsabilidad too remote: ¿qué fue lo realmente determinante del suceso final? ¿se hubiera evitado de no ser por aquella pequeña negligencia, por un inocente arranque aventurero o un simple gesto de generosidad?

No es la única lectura que ofrece Vivir deprisa y esto es clave a la hora de otorgarle una valoración. Obviamente, esa literatura sobre el duelo y el recuerdo del marido ausente está ahí, pero la constante búsqueda de sentido a cualquier detalle, por nimio que sea, o la sugestión de hipótesis con las que apaciguar el vacío elevan al texto a otro nivel y permiten que sea leído como novela psicológica (la culpa, las dudas...) o como novela generacional (la búsqueda de pisos, la construcción de la pareja...) que trascienden de lo meramente individual.

El relato de la tragedia es por tanto también una excusa para la rápida autobiografía de una vida en la que todas las piezas parecían ir encajando hasta que algo, la confluencia de esos pequeños detalles indetectables, hizo girar la historia hacia la grieta definitiva, el momento que lo cambió todo.

La prosa de Giraud tiene el magnetismo de lo sencillo y directo, se vuelve rápidamente adictiva y está llena de sinceridad. Expone las circunstancias e intercala puntos de inflexión, pausas dramáticas para fijar el momento en que el proceso fatal pudo, por muy poco, variar el rumbo, y lo hace con un deje de humor amargo, como algo que la distancia de esos veinte años hubiera apaciguado hasta dejar solo un rescoldo. Un efecto que funciona y es eficaz durante todo el relato, aunque puede dejar una sensación extraña al final de la lectura, como de haber removido un poco gratuitamente esa herida que nunca llegará a cerrar. 

Firmado: Koldo y Carlos

También de Brigitte Giraud en ULAD: Tener un cuerpo

viernes, 7 de julio de 2023

Reseña a cuatro manos: El largo viaje, de Jorge Semprún

Idioma original: Francés
Título original: Le grand voyage
Año de publicación: 1963
Traducción: Jacqueline y Rafael Conté
Valoración: Muy recomendable 

El viaje al campo de concentración de Buchenwald "apenas" duró cuatro días y cinco noches, pero el antes, el durante y el después quedan grabados en la memoria de forma indeleble y dan sentido al título del libro escrito por Jorge Semprún (también conocido como Federico Sánchez), quien entre otras cosas fue guerrillero antifascista, superviviente de los campos de concentración, miembro del Comité Central del PCE, escritor, guionista, Ministro de Cultura en uno de los gobiernos de Felipe González, etc.

Centrándonos en el texto que hoy traemos a ULAD, lo primero que debemos aclarar es que El largo viaje no es un libro sobre la experiencia del campo de concentración. O, al menos, no es un libro cuyo centro lo ocupe la experiencia física del campo. Tampoco el viaje hace referencia al viaje "en sí", a ese traslado en un vagón de mercancías o de ganado con decenas de individuos hacinados, algunos muertos durante el trayecto, sino que se trata una especie de viaje interior en el que Semprún pasa revista a su experiencia desde que se enrola en la Resistencia hasta que, finalizada la guerra y liberados los campos, regresa al mundo exterior.

Así, el traslado a Buchenwald abre el libro y da pie a diferentes recuerdos, reflexiones, experiencias personales en las que predomina una visón subjetiva y fraccionaria que condiciona la estructura "desordenada" del texto, en el que no hallaremos apartados ni cronología precisa, y que lo separa de la crónica, tantas veces vista y leída, de los espantos de la época, y que lo sitúa en un lugar de excepción en la literatura concentracionaria.

Es evidente que el horror y la muerte están por todas partes y el libro es terrible y doloroso pero, como decíamos antes, el campo es más una presencia y un destino que sirven como ejes sobre el que pivota el texto. Y aunque pueda resultar llamativo el escaso espacio que el autor dedica a lo que es estrictamente la experiencia en Buchenwald (es extraño que alguien que lo ha vivido no emplee sin freno páginas y más páginas a describir las atrocidades, y quizá la única de ellas que relata con detalle es la matanza de un grupo de niños judíos descubiertos en un tren), la clave está en el tiempo. Por una parte, los diversos saltos temporales sirven para que Semprún ofrezca un amplio cuadro sobre la Europa de los años 30, 40 y 50; por otro, los años transcurridos desde los dramáticos acontecimientos sirven para ofrecer una mirada más "fría" o más analítica de la pudiera resultar al calor del momento. 

Puestos a elegir, nos quedamos con esa vertiente reflexiva o introspectiva del texto en la que el autor se plantea cuestiones tales como la actitud de la gente "corriente" ante el horror o la influencia de las circunstancias sociales / personales a la hora de determinar en qué lado de la trinchera caemos, en la que Semprún muestra que las heridas del horror permanecen durante largo tiempo y determinan relaciones y vivencias futuras. Es curiosamente en ese terreno de la introspección donde encontramos algunas de las escenas más impresionantes: la visita a una casa con la única intención de observar el campo de concentración desde fuera, como lo vieron durante años aquellos campesinos mientras los internos morían apaleados o incinerados; la charla en una cárcel francesa con el guardián alemán, alguien aparentemente 'normal' que pudo haber caído en cualquiera de los bandos; o esa reflexión sobre cómo la idea de 'lo inconcebible' deja de tener sentido en cuanto alguien entra en un campo de exterminio.

No conocemos el tanto de ficción que puede haber en el texto, que entendemos que lo hay. Pero parece muy claro que la experiencia y las sensaciones vividas fueron tan poderosas que los años transcurridos hasta la publicación del libro, aunque las han podido deformar o enriquecer, de ninguna manera han hecho decaer la intensidad y honestidad de lo relatado. Por resumir, El largo viaje es uno de esos textos de obligada lectura, tanto por lo que supone de recorrido por la terrible historia de Europa en la primera mitad del siglo XX como por lo que representa dentro de la amplia literatura sobre los campos de concentración.

Firmado: Koldo y Carlos

Otras obras de Jorge Semprún en ULADViviré con su nombre, morirá con el míoLa escritura o la vida

miércoles, 9 de marzo de 2022

Reseña a cuatro manos. Entrevista a Amelia Tiganus, autora de La revuelta de las putas


Para cerrar el monográfico iniciado ayer, Día de la Mujer, con nuestra reseña del libro La revuelta de las putas de Amelia Tiganus, publicamos hoy la entrevista que pudimos hacerle a la propia autora a la que agradecemos enormemente que nos hiciera un hueco para atendernos en una fecha tan señalada y en plena promoción de su libro.

Así que para todas y todos que disfrutaron con la reseña de ayer y quieren comprobar que Amelia Tiganus es tan buena comunicadora escribiendo como hablando, aquí les dejamos esta maravillosa entrevista.




(El audio arranca de un modo un poco abrupto porque nos hemos acogido al estilo brutalista de algunos podcast que están muy de moda. O quizá es que no queríamos dedicarle más tiempo a la edición del audio que a la reseña y a la entrevista juntas).

martes, 8 de marzo de 2022

Reseña a cuatro manos. Día de la Mujer. La revuelta de las putas, de Amelia Tiganus

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable



De víctima a activista es el subtítulo de este ensayo tan necesario en los tiempos que vivimos. Ya desde la portada se muestra claramente el enfoque que la autora ha querido dar a su trabajo: la frase califica desde el principio la realidad de una situación, conocida de primera mano por ella, contradiciendo a todas esas voces –interesadas o culpablemente ingenuas– que consideran la prostitución un trabajo como cualquier otro. Además, el término activista señala la actual ocupación de la autora, que podría resultar ambiguo si no conociésemos previamente su seriedad y dedicación a ese compromiso autoimpuesto. En tercer lugar, el diseño, tan particular, abundando en esa actitud combativa, pretende ser un toque de atención, que volvamos la cabeza al pasar por la librería y asumamos de un vistazo el gran drama en el que están inmersas las mujeres más vulnerables del planeta. Ellas y, en consecuencia, todas las mujeres, ya que la prostitución a gran escala es una estrategia más del dominio que ejerce un sexo sobre el otro. Si esto les parece una exageración sigan leyendo, o mejor, lean a Tiganus, y no les quedará ninguna duda.

Coincidimos por completo con el prólogo de Rosa Cobo Bedia. Efectivamente, gran parte del valor de este texto radica en que quien lo ha escrito conoce de primera mano el medio que describe, pero también, y sobre todo, en el tono empleado, ya que no se recrea en situaciones amargas sino que las esboza y pasa de largo adoptando una actitud constructiva. “Son palabras de quien ha logrado sobrevivir al infierno, pero también de quien un día abrazó el feminismo porque encontró en él las palabras y los conceptos que transformaron su experiencia individual en un hecho político”. Nada mejor que estas palabras para calificar un texto cuya escritura no ha debido resultar nada fácil.

Esperábamos mucho de esta obra, sabíamos que nos conduciría a lugares donde no hemos estado nunca y aclararía las zonas oscuras, las contradicciones de lo que leemos y escuchamos sobre un asunto tan controvertido. Y aun así la estábamos subestimando. Porque no se trata de un mero testimonio. De hecho, tal como explica la prologuista, pasa casi de puntillas por los hechos, enumerándolos pero sin recrearse en detalles, extrayendo de todo ello consecuencias y modos de actuación que sorprenden por una claridad y un rigor conceptual no demasiado frecuentes. Por eso, haciendo nuestras una vez más las palabras de Cobo: “Agradezco a  Amelia que no se haya recreado en las experiencias dolorosas y haya utilizado las elipsis para dar paso a una interpretación política de su propia experiencia”.

Para que no haya confusión, hay que aclarar que la delicadeza presente en los fragmentos autobiográficos no disfraza nada, no es ambigua ni amiga de medias tintas, llama a cada cosa por su nombre y lo hace para que algo cambie, para que el abolicionismo deje de ser una reivindicación y se convierta en hecho consumado. Porque ella ya salió pero muchas siguen dentro, es más, el sistema se renueva constantemente exportando carne fresca desde países deprimidos, o no tanto. Es algo que también ocurre en España y puede afectar a cualquier clase social, pues chicas desorientadas o decepcionadas con la vida las hay en todas partes. Si la mujer es el segundo sexo o dicho de otra forma, la otra, las mujeres prostituidas son la otra de la otra, es decir, sin abolición de las circunstancias que perpetúan un sistema claramente injusto nunca desaparecerán las categorías que oprimen a la mitad de nuestra especie. La estrategia es sencilla: en la mayor parte de los casos se priva de recursos intelectuales y económicos así como de los derechos más elementales a esas niñas que están creciendo, así, sin formación ni medios de subsistencia se convierten en carne de cañón de los desaprensivos. Son vulnerables en todos los sentidos, no tienen experiencia, se lo creen todo, en muchos casos han perdido la autoestima debido, entre otros motivos, a violaciones repetidas. Así, inermes ante un mundo despiadado, se les promete el paraíso y aceptan. ¿Es esto consentimiento? Por supuesto que no, es engaño, chantaje y hurto descarado del futuro de las mujeres para lucrarse con toda desvergüenza. 

"Quien es capaz de ver que no puede haber libertad de vender órganos porque eso supone alimentar la desigualdad cultural entre pobres y ricos, y no es capaz de ver que no puede haber libertad de vender el cuerpo porque eso alimenta la desigualdad estructural entre mujeres y hombres y entre las mujeres pobres y ricas, solo demuestra que tiene absolutamente integrado el machismo clasista"

Las redes de la prostitución son amplísimas y muy bien organizadas como corresponde a un negocio multimillonario. Esto es lo que la ensayista narra en primera persona y lo que viven miles de niñas y adolescentes de todo el mundo. Pero el proxenetismo nos engaña –más bien nos narcotiza– con el cuento de la libertad individual, y nos tragamos el argumento porque es más cómodo no enfrentarse a una realidad tan cruel.

Una vez se ha conseguido recluir a las víctimas en lo que Tiganus denomina campos de concentración, el argumento para mantenerlas sometidas sin necesidad de vigilancia no deja de ser ingenioso: “sé lista”, aprovéchate de ellos, gana todo el dinero que puedas en el menor tiempo posible y pronto tendrás medios para vivir sin problemas económicos. Pero este argumentario es, desde luego, una trampa ya que ellas tienen que pagar todos los gastos que genera su actividad además de cancelar una supuesta deuda que no se agota nunca. Así se les incluye en una cadena perversa de la que necesariamente forman parte. Debilitadas por el alcohol y las drogas se convierten en el último eslabón, en cómplices del proxeneta que las convierte en aliadas para que rivalicen entre ellas en lugar de apoyarse. No obstante, el abuso se disfraza con la ficción de la profesionalidad: hay que vestirse y arreglarse para gustar, hablar y moverse suavemente, sonreír, en una palabra, complacer al putero a costa de olvidarse de sí mismas. Pero este tipo de consumidor no está determinado genéticamente, lo fabrica la pornografía apoyada por el aplauso social. Tiganus los divide en tres tipos: putero "majo", (insoportable), putero macho (antipático) y putero misógino (peligroso). Por cierto, su número aumenta y cada vez son más jóvenes. Y todo esto con la complicidad del Estado, sin ella España no se habría convertido –como tristemente se repite una y otra vez en prensa y este ensayo lo ratifica– en el prostíbulo del continente europeo.

“El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y tu cuerpo solo intenta sobrevivir”

Pero el asunto es mucho más complejo de lo que imaginamos si nos fijamos únicamente en esta frase o nos dejamos llevar por los prejuicios. La autora nos recuerda que el sometimiento de las mujeres es general, que unas tienen un único dueño (o dueños sucesivos) y otras, las prostituidas, son propiedad de todos. ¿Y qué pasa con las solteras? Pues que el reconocimiento social es mucho menor, y aunque hoy día nadie se atreva a confesarlo sigue siendo así. En definitiva, el orgullo de la puta existe porque se les educa para que lo sientan: “somos sumisas y soberbias a la vez”, se llegan a sentir privilegiadas en comparación con las decentes pues ellas saben aprovechar su poder femenino, sus encantos. Una distorsión que extraña menos si analizamos todo el proceso de reclutamiento y lavado de cerebro al que se las somete y que desde fuera no se entiende, pero todos estamos sometidos a distorsiones: por época, sexo, edad etc. que vistas con perspectiva resultan igual de incongruentes. Por ejemplo, quienes sufren violencia de género experimentan algo muy parecido. Por eso insiste en la necesidad de un diálogo entre mujeres sin prejuicios ni condescendencias, solo así se entendería que la subordinación afecta a todas.

“Dentro de la enajenación, a las mujeres privadas “les pone” limpiar, cuidar, cocinar, criar y servir a su familia. No es que lo disfruten per se, sino que es la única forma de ser vistas y valoradas, aunque siempre infravaloradas. Un falso poder. (…) Dentro de la enajenación, a las mujeres públicas “les pone” ofrecerse, insinuarse, follar y servir sexualmente a los hombres. No es que lo disfruten per se, sino que es la única forma de ser vistas y valoradas, aunque siempre infravaloradas. Un falso poder.”

Un razonamiento que sorprenderá a algunos porque no se puede entender más que desde una perspectiva feminista, es decir, situándose en un estricto punto medio donde nadie lleve la batuta. Y aquí llega la parte luminosa de un discurso en el que nadie se libra, ni los que se lucran del negocio ni las propias mujeres prostituidas ni ningún sector de la sociedad, aunque en cada caso las responsabilidades sean muy distintas. La conciencia feminista liberó definitivamente a Amelia, su activismo le proporcionó un objetivo más allá de la vida cotidiana y le ayudó a clarificar ideas. Así conectamos con el título, porque este ensayo nos interpela directamente: no habrá triunfo feminista si no hay colaboración entre mujeres, pues “será la revuelta de las putas la que propicie el fin del patriarcado.


También sobre esta obra: Entrevista con Amelia Tiganus

sábado, 6 de junio de 2020

Reseña a cuatro manos: Los puentes de Moscú, de Alfonso Zapico

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien

Nota previa (el reseñista y sus circunstancias). No está claro si los que firmamos abajo tenemos o no una zona de confort en materia literaria. De haberla, creo que en esta ocasión nos salimos claramente de ella: normalmente no reseñamos este tipo de libros, así que pedimos cierta indulgencia, tanto a los lectores del blog como a los compañeros más aficionados a estas cosas.

Introducción, quizás necesaria (los personajes): Los puentes de Moscú presenta a dos personas que son sin duda conocidas en el País Vasco, quizá algo menos a nivel español y seguramente desconocidas por completo en el exterior, así que se requiere una pequeña semblanza:
  • Eduardo Madina: miembro del Partido Socialista vasco nacido en 1976, procedente de la Margen Izquierda (la zona obrera de Bizkaia). Cuando tenía 27 años ETA colocó una bomba-lapa en su coche provocándole la amputación de parte de una pierna. Tras salvar la vida de milagro, siguió su carrera política y llegó a presentarse al cargo de Secretario General del PSOE, aunque perdió frente a Pedro Sánchez.
  • Fermín Muguruza: músico nacido en 1963, frontman de los grupos de ‘Rock radical vasco’ Kortatu y Negu Gorriak, con una larga carrera posterior en solitario; autor de una obra variada y siempre militante, e identificado con la ‘izquierda abertzale’, se le ha acusado desde ciertos sectores de ser simpatizante y altavoz de ETA, pese a que hace tiempo que se muestra contrario al uso de la violencia para fines políticos.
De manera que tenemos dos personajes desde luego fácilmente identificables dentro de la política vasca, pero cuyos roles pueden también trascender lo local y ejemplificar un conflicto que puede darse en ámbitos muy diferentes.

Escena de interior: Eduardo Madina entrevistando a Fermín Muguruza
Por su parte, Alfonso Zapico, el asturiano guionista y dibujante del libro, es autor entre otras de una obra sobre James Joyce (Dublinés, que recibió el Premio Nacional). La idea de Los puentes de Moscú (referido a una plaza en Irún, no a la ciudad rusa) surge de una entrevista que Madina le hizo a Muguruza para el magazine Jotdown, que se puede leer completa aquí. El contexto en el que se compone la obra, cuando ETA anuncia el fin de la lucha armada y se inicia una época social y política nueva tanto en el País Vasco como en España, añade interés al proyecto.

Y, de hecho, al resultado no le faltan virtudes. Desde el punto de vista gráfico, Zapico demuestra una enorme soltura en la composición de las páginas y en la relación entre imagen y texto. Con dibujos a veces a página completa, o varios sucesivos repartidos por la página y separados simplemente por espacio en blanco o por texto, la libertad de composición, unida a la capacidad de Zapico para crear retratos y paisajes con pocos trazos, hace que la lectura resulte ligera y ágil, aunque dejando también margen para disfrutar de su maestría. El blanco y negro, junto con el trazo despreocupado, dan al conjunto un aspecto de fanzine muy apropiado a la época y el ambiente de esos años 80 y 90 en que se sitúa casi todo el relato.

Paisaje bilbaíno desde la Universidad de Deusto (en la época de construcción del Guggenheim).

También es encomiable (aunque luego le pondremos algunos “peros”) la actitud de Zapico, que está también muy presente en el cómic: como persona externa al (mal o bien llamado) conflicto vasco, su actitud es la de escuchar, aprender, intentar comprender, acercarse a una realidad que le resulta ajena e incluso desconcertante. Este deseo de comprender sin juzgar se percibe tanto en la forma como retrata a ambos personajes, como en diversas páginas en las que resume determinados hechos o conceptos, destinados a lectores de fuera del País Vasco (o de fuera de España) que no estén familiarizados con la historia de Euskadi o de ETA. Así, la obra tiene mucho de celebración de la capacidad para tender puentes (de ahí el título) entre personas con posiciones políticas diferentes e incluso, en determinados aspectos, opuestas.

Página dedicada al asesinato de Yoyes.
Este espíritu de concordia, sin embargo, tiene también su lado negativo, y hace que en cierto modo Los puentes de Moscú resulte algo decepcionante, o al menos que no responda a las expectativas previas que teníamos. El relato intenta ofrecer una visión sencilla de un periodo y un conflicto que son realmente complejos, lo que efectivamente puede facilitar una visión alejada de extremismos, pero a cambio se pierde profundidad y se hurtan, a propósito o por el talante del dibujante, aspectos más espinosos o discutibles. Solo uno de los capítulos ofrece una reflexión algo más enfocada sobre los aspectos éticos, más que políticos, de la violencia: es el titulado “La trampa del absurdo”, en el que se plantea el peligro de pensar que ciertas víctimas como Madina no merecían serlo, lo que indirectamente supone asumir que hay otras víctimas (militares, policías, etc.) que sí se lo merecían.

Es cierto que Zapico intenta abrir el foco contraponiendo los puntos de vista de los dos personajes, pero esta contraposición es más la exposición de dos discursos paralelos, sin que lleguen realmente a cruzarse, lo que se plasma incluso de una forma visual, en la página llamada El definiciómetro, en que ambos dan algunas coordenadas de su pensamiento, en páginas separadas. De esta forma, el intento de construir puentes queda en cierto modo a medias, sin profundizar en un campo de donde podrían haber salido quizás reflexiones muy interesantes sobre, por ejemplo, el concepto de socialismo, el uso de la violencia en otros contextos históricos y políticos o la propia idea de reconciliación y reparación en el País Vasco. 

El definiciómetro

Por otro lado, a medida que avanza la lectura se impone la sensación de que el protagonista indiscutible es Fermín Muguruza, y Madina una mera comparsa. Esto puede deberse al origen del volumen (donde el entrevistado era Muguruza), o al carácter de los dos personajes: más expansivo y hablador el músico, más reflexivo y contenido el político. Y no es que Muguruza no sea un personaje interesante desde un punto de vista musical, artístico o político, pero acaba por resultar algo cargante la (auto)glorificación sin (auto)crítica del cantante, que en determinado momento casi da la impresión de que fue él quien trajo personalmente la paz a Euskadi… 

Desde luego, tampoco es fácil transmitir en pocas páginas lo que fueron los años de plomo en el País Vasco. Los puentes de Moscú muestra los atentados, las torturas, la guerra sucia, la corrupción policial, la animadversión contra lo vasco o lo español, según los casos. Pero nos falta quizá lo menos aparatoso y no menos importante, los odios enraizados en barrios y pueblos, el ambiente asfixiante, las pintadas y las guerras de banderas, las justificaciones extemporáneas de unos y de otros, los olvidos o los silencios interesados. El sustrato que alimentaba la violencia y del que no encontramos un reflejo claro en este libro tan bienintencionado. 

Firmado: Santi y Carlos Andia

domingo, 8 de marzo de 2020

Alice Walker: El color púrpura (EL DEBATE)



Eres pobre, 
eres negra, 
eres mujer. 
Vamos, 
que no eres nada.



mujer A: 
Qué novela tan bien escrita, tan valiente y tan reivindicativa la de la reseña de ayer. ¿Pero no te parece –Mujer B– que quizá, gracias a (o a pesar de) la película dirigida por Steven Spielberg, el mensaje de la novela ha caído un poco en el olvido? 

mujer B: 
Totalmente y es una lástima porque los conceptos que plantea son todavía hoy vigentes y muy necesarios. Es posible que la infame etiqueta de «literatura para mujeres» o «película para mujeres» haya diluido considerablemente su impacto. 

mujer C: 
Pues yo creo que las etiquetas son de gran utilidad. Yo prefiero estar prevenida y no como aquella vez viendo Armaggedon con unos amigos que de pronto todos los tíos se pusieron a llorar. Ojalá alguien me hubiera dicho que Armaggedon no es una «película para mujeres». 

mujer A: 
En cualquier caso, aunque Spielberg hizo un gran trabajo con la adaptación (no puede evitar los momentos tontorrones pero también da grandes muestras de sensibilidad y perspicacia), sí es posible que dejara de lado algunas cuestiones de calado y que ello haya contribuido a que el mensaje original no se vea del todo reflejado en la película. 

mujer B: 
Lo dices porque elude descaradamente la cuestión de la relación lésbica entre Celie y Shug ¿no? Es verdad que en dos horas no cabe todo, pero lo que se selecciona dice mucho del director y, por supuesto, del momento. Y en 1985 las películas mainstream no hablaban de esas cosas. Lo mismo que sucedió con Tomates verdes fritos (1991). 

mujer A: 
Ya, hombres que violan niñas, sí, sexo entre dos mujeres adultas, no. 

mujer C: 
Pues mis amigos, los que lloran con Armaggedon, sí ven mucho sexo entre mujeres adultas y no hacen daño a nadie. 

mujer B: 
Lo que seguro que se le pasó por alto a Spielberg es algo básico que impregna toda la novela y que en la película queda relegado a algunos momentos aislados y un par de frases en el aire. 

mujer A: 
Sí, aquello por lo que las mujeres de la novela logran superar sus miserias y, en algunos casos, incluso emanciparse: apoyo mutuo y comprensión incondicional que no se pone en duda ni siquiera por el hecho de tener un hombre en común en sus vidas. Y eso también contribuye a desactivar el mito de que las mujeres compiten entre ellas por sistema. Estamos hablando, por supuesto, de la SORORIDAD. 

mujer B: 
Exacto. Spielberg no fue capaz de captar ese concepto o quizá no fue consciente de su trascendencia y es una pena que esté tan deslucido en la película. Hay una escena en la que Sofia le recrimina a Celie que le haya aconsejado a su marido que la pegue (porque ella lo vive como si fuera lo normal) y entonces Celie se da cuenta de que las mujeres deben ser solidarias entre ellas, y aquí tú dices: mira qué avispado el señor Spielberg. Pero luego hay una escena en la que Celie va a ver cantar a Shug por primera vez; en la novela está incómoda porque se siente fea entre tanta gente elegante pero ahí queda todo, sin embargo en la película, un grupo de mujeres de color se ríen de ella por su aspecto (gratuito y contraproducente para el mensaje) y ella les saca la lengua (ejemplo de momento-tontorrón). Y ahí es donde a Spielberg se le escapó definitivamente el tren.

mujer A: 
Porque Spielberg no habría percibido la SORORIDAD aunque ésta sobrevolara una noche de luna llena metida en el cesto de una bicicleta y con una toalla en la cabeza. 

mujer C: 
Hay que ver qué piel tan fina… ¿Qué tal si os digo que hasta hace medio minuto yo pensaba que sororidad era la nueva fragancia de Lancôme

mujer B: 
Reconozcamos, no obstante, que Spielberg sí trasladó muy bien a la pantalla algunas otras ideas bastante controvertidas que igualmente no han trascendido. 

mujer A: 
La de la virginidad femenina, por supuesto. Cuando Shug se entera de que Celie nunca ha tenido unas relaciones sexuales satisfactorias –básicamente porque todas habían sido contra su voluntad– le dice que en realidad ella continúa siendo virgen. O sea, desmonta todo el mito de que la virginidad se pierde solo con un hombre y la consiguiente penetración y con independencia de cómo lo viva la mujer. A mí, el hecho de que tanto la novela como la película afirmen rotundamente que una mujer solo pierde su virginidad la primera vez que goza plenamente de su sexualidad, me parece un bombazo. 

mujer B: 
Cosas como esta son las que todavía me hacen detestar más la etiqueta «para mujeres». 

mujer A: 
Pienso lo mismo. Dudo mucho que Alice Walker escribiera la novela únicamente para decirles a las mujeres lo que ellas ya saben. Es una novela que denuncia y da visibilidad a unos hechos (no tan) del pasado al tiempo que apunta directamente al germen: la miseria, la ignorancia, la falta de horizontes y un sistema en el que se presupone la superioridad del hombre respecto a la mujer.

mujer B: 
¿No sería genial que los hombres disfrutaran abiertamente de la lectura y la reflexión que suscita El color púrpura igual que las mujeres lo hacemos con El Gran Gatsby, por ejemplo?

mujer C: 
Sin duda alguna, mucho mejor El Gran Gatsby que Armaggedon

mujer B: 
Pero aquí no acaban las curiosidades alrededor de esta película: ¿Sabías que El color púrpura tenía once nominaciones para los Oscar? 

mujer A: 
No lo sabía pero tampoco me sorprende, ¿con cuántas estatuillas se hizo? 

mujer B: 
CERO. Fue la gran perdedora de la 58ª edición mientras que Memorias de África (también con once nominaciones) se alzaba con ni más ni menos que siete estatuillas, entre ellas la de mejor película y mejor director. 

mujer A: 
¿Me estás diciendo —Mujer B— que la Academia encumbró el romance heterosexual cuqui de dos personas blancas, atractivas y socialmente bien situadas (con el trasfondo de una África evocadora) en detrimento de un retrato sobre la miseria, el racismo y el machismo sufrido por las mujeres dentro de su propia comunidad de descendientes de esclavos, al tiempo que África es cruelmente devastada por la codicia del hombre blanco?

mujer B: 
Más o menos.

mujer A: 
Me sorprende muchíiiiiiiiiiiisimo.

mujer C: 
Habláis como si el cine ya no fuera arte y, en tanto que manifestación artística sujeta a la sensibilidad y la subjetividad de cada individuo, los ilustres jueces de la Academia no tuvieran derecho a expresarse como individuos sensibles y subjetivos que son. Afortunadamente, Memorias de África sí es una «película para mujeres» de las que no decepcionan.

mujer B: 
Pero más allá de los tejemanejes de la Academia (que no deja de ser el stablishment) y ya para terminar, lo que me ha resultado más sorprendente de todo son algunas voces que se alzaron en su momento desde la comunidad afroamericana. 

mujer A: 
¿Jaleando el hecho de disponer al fin de un altavoz que denunciara con tanta sensibilidad y buen tino las miserias sufridas en el seno de su comunidad? 

mujer B: 
Pues no. Lamentándose por el retrato que la historia hace de los protagonistas masculinos. Sobretodo del marido y del hijastro.

mujer A: 
No me cuadra porque en El color púrpura no hay caricaturas ni prototipos simplones ni clichés y tampoco es una historia de buenos y malos; es una historia de personajes que toman decisiones nefastas amparados en un también nefasto y arraigado paradigma sociocultural. ¡E incluso para esos personajes, la historia otorga elementos que ayudan a entender (que no aceptar) sus actitudes y abre cierta vía para su redención!

mujer B: 
Les ofendió igualmente.

mujer A: 
Eso me recuerda todas las veces que las mujeres jóvenes, blancas y de clase acomodada se han sentido ofendidas por el retrato de mujer infiel, voluble e inmadura que se hace de Emma Bovary.

mujer B: 
¡Pero si eso no ha sucedido jamás!

mujer A: 
Efectivamente.

mujer C: 
Pues a mí no me parece mal que la comunidad afroamericana se sintiera ofendida ¿Acaso no tienen derecho a manifestar su malestar? ¿Acaso no tienen bastante ya los pobres con ser negros? ¿Dónde queda la libertad de expresión? 

mujer A: 
Oye, llevas un rato interviniendo pero no tengo ni idea de quién eres ni qué haces aquí. Y disculpa que sea tan directa. 

mujer C: 
No, tranquila: yo soy la cuota feminista liberal. 

mujer B: 
(Jolines, ¿pero eso existe de verdad?) 

mujer A: 
(Yo también pensaba que era una moda pasajera de brilli-brilli, como los unicornios) 

mujer B: 
Verás, mujer C feminista liberal, es que te has equivocado de foro. Por eso parece que estés continuamente meando fuera de tiesto. 

mujer C: 
No lo parece: es lo que hago. A mí me pagan por esto. 

mujer A: 
Pues no se con quién has hablado pero este es un blog amateur e independiente y aquí no cobra nadie. 

mujer C: 
Ah, pues entonces me voy con la música a otra parte. ¿Sabéis si hay por aquí cerca alguna otra charla más acorde con lo mío? 

mujer B: 
Pues mira ¿ves aquel pasillo oscuro y angosto? pues al fondo, a mano derecha, verás una puerta. 

mujer C: 
Al fondo y a la derecha, qué curioso, como los lavabos. 

mujer B: 
Solo que en la puerta de este no pone «señoras», pone «señorOs». 

mujer C: 
Sin problema, yo estoy muy a favor del lenguaje inclusivo. ¿No venís conmigo? 

mujer A: 
Es que allí son muy de explicarte la historia del mundo desde el principio de los tiempos y nosotras ya nos lo sabemos: lo de la costilla, lo de la manzana, la Reconquista, el descubrimiento de América, el Mundial de Sudáfrica y Rafa Nadal. 

mujer C: 
¡Qué graciosas sois! Nos vemos otro día entonces. 

mujer B: 
Sí. Y feliz 8 de marzo. 

mujer C: 
¿San Fermín? 

mujer A: 
Menudo cuajo tiene el unicornio. 

Bromas aparte, un fuerte abrazo para TODAS las mujeres, con independencia de ideologías, creencias, principios y grado de tolerancia al pelo de las axilas. 

Desde ULAD y con todo el cariño, os deseamos que disfrutéis todas de un feliz 8M, Día de la Mujer.

Firmado: Montuenga y Beatriz

sábado, 7 de marzo de 2020

Reseña a cuatro manos. Alice Walker: El color púrpura

Idioma original: inglés
Título original: The purple color
Año de publicación: 1982
Traducción: Ana María de la Fuente
Valoración: Imprescindible Alto

El arte germina de la forma más inesperada. A la niña Alice, nacida en una pequeña localidad de Georgia y la menor de ocho hermanos, le alcanzó un perdigonazo cuando jugaba con ellos y acabó perdiendo un ojo a causa de la herida. Ella se sintió agredida, discriminada y nunca llegó a superarlo. Pero muy probablemente este hecho determinó su carrera, ya que su carácter introspectivo la convirtió en una gran observadora, en primer lugar, de su familia, que le proporcionó parte de la materia prima con la que elaboró sus argumentos.

Aunque tiene en su haber poesía, ensayo y otras obras de ficción, El color púrpura es su obra más conocida, con ella obtuvo los premios Pulitzer y el American Book Atward. Méritos tiene de sobra pues trata asuntos tan trascendentes como machismo, racismo, clasismo, capitalismo, colonialismo, religión y ecología. El racismo está en todas partes. Si los personajes viven en un mundo más o menos autosuficiente, pero pobre, es porque están segregados. Lo ilustra muy bien Nettie al señalar que la Biblia cuenta una historia de negros, pero los dibujantes han pintado blancos y eso los tiene confundidos. También queda muy claro que el colonialismo blanco ha esquilmado las riquezas africanas para adornar sus casas y museos, igual que capturó y esclavizó a las personas más productivas, despojando de su capital humano a la población del continente.

También es destacable su capacidad para conmover a los lectores, que no solo depende de los hechos en sí, sino de la forma de transmitirlos. El lenguaje es sencillo, en su versión inglesa reproduce la variante popular negra (black folk english). Está escrita en primera persona, con estilo epistolar, y a través de dos narradoras (Celie y su hermana Nettie) asistimos a una serie de desgracias e injusticias que nos muestran la forma de vida y mentalidad de una parte de la América negra, donde la instrucción es mínima y las leyes estatales no han penetrado del todo. La trama abarca tres décadas de la vida de una familia bastante numerosa, así como las costumbres e incidencias que afectan a una tribu africana y a los misioneros seglares que tratan de ayudarles como pueden.

Walker se vale de lo metaliterario, que maneja hábilmente, para desarrollar el argumento. No encontramos un relato objetivo sino muchos, a cargo de gran cantidad de personajes con voz propia, cada uno interpretando la realidad a su manera. Todos ellos, desde el protagonista hasta el último de los secundarios, tienen un carácter reconocible, un rol perfectamente definido dentro del conjunto y forman un universo propio. Sus diferentes puntos de vista son piezas del puzle que es la novela y que necesita del lector para estar completo. 

Entre todos ellos, destaca la voz de Celie, que en un primer momento sorprende por su ingenuidad –no es casual que en inglés se pronuncie igual que "tonta" (silly)–, aunque según vamos leyendo comprobamos que sus reflexiones son más complejas de lo que parecen, ya que describe sin cortapisas los terribles abusos a los que es sometida desde la infancia. El contraste entre ese tono exento de ira o tristeza y el horror de lo que narra intensifica enormemente la sensación de impotencia e injusticia. Su personalidad nos cautiva porque sabe disfrutar de las cosas pequeñas: como el color púrpura –de ahí el título– que, junto con el rojo, relaciona con la alegría y la libertad y que atribuye a un plan divino (“A mí me parece que Dios se mosquearía si, al pasar por un campo, no vieras el color púrpura” “Tan ocupada estaba pensando en Él que no me daba cuenta de las cosas que ha hecho. Ni de la espiga de trigo (¿cómo las hará?), ni del color púrpura (¿de dónde habrá salido?)”. Estas son muestras de su capacidad para maravillarse y obtener placer con lo mínimo, y hasta de ser feliz en la medida de lo posible. A la vez se trata de una inteligente estratagema por parte de la autora para desvincular el concepto color –tan presente en el texto– de la cuestión racial, y llevarlo a un plano sensorial, emocional, incluso espiritual. No obstante, la Celie que conocimos al principio va evolucionando según pasan los años y, aunque sigue siendo la misma, su visión de la realidad y su influencia en quienes la rodean reflejan su propia madurez.

La sororidad es un elemento presente a lo largo de toda la novela (Celie en relación con su hermana, con Shug Avery, con Sofía etc.) Las mujeres no compiten, no se espían entre sí ni sienten celos retrospectivos, sino que se tienden la mano continuamente y se consuelan entre ellas. Eso las hace más fuertes.

En su momento, se produjo un hecho curioso. Parece ser que la novela y la película incomodaron a la comunidad negra debido a que uno de ellos, el marido de Celie, se presenta como un maltratador que se ceba con ella de muchas formas, y el otro, su hijastro, como un idiota que, a pesar de su talante dócil y sensible, pierde a su familia para no ser menos que el resto de los maridos que pegan a sus mujeres. Sí, habéis leído bien.

Describe también un lugar muy concreto del continente africano a través de las crónicas que Nettie envía a Celie a lo largo de tres décadas. En ellas se refleja la mentalidad evangelizadora y paternalista de Occidente en la época, también resulta convincente la cultura indígena que se intuye y que ellos consideran ignorancia, así como sus conflictos con los propios misioneros y con las multinacionales que les roban aprovechándose de su ingenuidad.

Después de tantas penurias, lo que todos queremos es que se haga justicia pero, desde el punto de vista narrativo, no resulta muy convincente que Walker vaya cerrando todas las historias sin que casi nos demos cuenta de la forma que más conviene a sus lectores. Es verdad que logra poner a cada uno en su sitio y eso, aunque no resulte muy verosímil, es absolutamente didáctico.

Por todo ello pensamos que debería ser lectura obligatoria en los institutos.

Y eso es todo lo que tenemos que decir acerca de El color púrpura.
Bueno, no. Es mentira.
Mañana seguimos.

Firmado: Beatriz y Montuenga

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Reseña a cuatro manos. Valeria Luiselli: Desierto sonoro


Idioma original: inglés
Título original: Lost Children Archives
Año de publicación: 2019
Traducción: Daniel Saldaña y Valeria Luiselli
Valoración: recomendable (para lectura discontinua)



No vamos a negar que cierta puesta en contexto previa a la lectura de Desierto sonoro haya podido influir en nuestra opinión. Saber que la autora ha redactado esta novela a la vez que desarrollaba el ensayo Los niños perdidos, una certera denuncia sobre la cruel y esperpéntica situación a que se somete a los menores que ingresan en Estados Unidos sin la pertinente autorización, en especial procedentes de países como Honduras o Guatemala. Ver su entrevista en Página 2 y descubrir a una persona joven y decidida, generando una enorme expectativa. Saber, también, lo de la cuantiosa beca que se le ha otorgado para que pueda centrarse en su carrera literaria sin las consabidas interferencias de las facturas a pagar. Todos esos elementos nos hacían presagiar una obra muy cargada en lo social (que no debería, pero es una posición ideológica) integrada en una estructura narrativa de ficción más o menos generada y empujada hacia la denuncia.
Cuestión que sitúa a la novela en esa fina línea (apenas una desinencia) entre lo oportuno y lo oportunista.
Ese matiz se ha tambaleado durante sus 450 páginas, en las que, por un lado, nos hemos encontrado con un planteamiento ambicioso y bien ejecutado en lo formal, pero por otro esta ambición condiciona un poco el conjunto de la novela, que plantea muchas cuestiones, casi de forma simultánea, algunas de ellas de corte más doméstico, otras de alcance global, y –quizás sea malinterpretada nuestra opinión– el argumento sería más eficaz en la obtención de sus resultados (la conmoción del lector, su toma de partido) si sus premisas no resultaran algo contradictorias, pura consecuencia de algunos descuadres.
Lo que se nos cuenta es un viaje que parece no tener fin, desde Nueva York hasta el sur de Estados Unidos, de un matrimonio al cual cada uno ha aportado un hijo y que comparte perfil profesional concienciado socialmente: él obsesionado con lo sucedido en el pasado con las tribus indias diezmadas en el proceso de la conquista del territorio USA, ella obsesionada con lo que sucede en el presente con las corrientes migratorias, cuestión que le ha tocado de cerca: no localizan a las dos hijas de Manuela, una conocida, que están en proceso de deportación. En el transcurso de esa diáspora, -que, como suele suceder, no les alejará del todo del origen ya que arrastrarán el equipaje que todos llevamos dentro y que resulta imposible abandonar– se irán fabricando los mitos que atesorarán los pequeños y acabarán convirtiéndola en una experiencia inolvidable con la que establecerán su futura escala de valores.
Paralelamente, se abre otro de los espacios narrativos: el que alude a la crisis de pareja. A medida que se acercan a su destino, un territorio indio (reserva) situado en Arizona, el desencuentro entre el matrimonio en presencia de sus hijos en los asientos posteriores parece materializarse de forma lenta e inexorable. La protagonista y narradora manifiesta desolación por el fin de un estado de cosas idílico, por un distanciamiento progresivo y silencioso que tiene lugar dentro de un coche –el cubículo más reducido posible– y por la incertidumbre, más o menos consciente, del que no es quien decide y al que se niega toda posibilidad de diálogo. Las continuas alusiones (“mi marido”, “mi esposo”) reflejan muy bien el hermetismo de él y la impotencia resignada de ella. Pero las mayores catástrofes suelen producirse de puertas para dentro y nuestro mayor enemigo suelen ser nuestras creencias. Todo ello amenizado por canciones de fondo: Bowie, Kendrick Lamar. El niño mayor, diez años, tomando polaroids que guarda entre las páginas de un libro que obsesiona a la madre. Son las elegías por los niños perdidos, cruel letanía del triste y trágico recorrido de muchos de los niños que entran en búsqueda del sueño americano, texto que se inserta en todas las partes del libro. Pero este matrimonio no puede preocuparse por quienes están lejos y descuidar lo cercano. Es un planteamiento obvio y fantasioso a la vez que la odisea en que se sumen sirva para unir sus voluntades y separar sus existencias. Algo nos ha rechinado ahí y todas esas reflexiones críticas a las realidades sucesivas del país que atraviesan (el genocidio indio, la esclavitud, los votantes elevando a Trump hacia el poder para que construya muros) simplemente parecen generar demasiados acercamientos al clímax sin alcanzarlo. Claro que nos indignamos cuando comprendemos lo muy real de muchas de las situaciones que se muestran. Pero indignarse, no vamos a andarnos con ejemplos, a veces es simplemente insuficiente.
Otro protagonista no humano, además del viaje en sí, son los sonidos, el lenguaje articulado y cualquier otro, de toda índole y procedencia. Resulta curioso encontrar tantísimo dato sonoro en ese santuario de la incomunicación que es la propia novela. El lector se pregunta si realmente tanto registro, fichas, anotaciones, etc. sirve a los personajes para descifrar el mundo o, por el contrario, les sumerge en un amasijo informe que los mantiene cada vez más confundidos.
Falta la capa más profunda, el mensaje ético transmitido por la historia pasada y presente, que se divide en los dos relatos a los que aludíamos más arriba, claramente diferenciados en el mundo adulto y asimilados como uno solo por ese misterio que son las mentes infantiles. El de la madre, que concienciada por la pérdida de las hijas de su amiga, investiga el destino de los niños migrantes, solos y perdidos en algún lugar indeterminado a este lado de la frontera estadounidense; el del padre que, como hemos dicho, pretende cubrir lagunas sobre lo ocurrido a los últimos nativos que se opusieron al poder invasor. De paso se abordan nuevos códigos morales: vegetarianismo, rechazo al GPS y al plástico, qué supone hoy ser padre o la demagogia retórica del poder. (“La normativa estadounidense permite expulsar inmediatamente a los menores mexicanos capturados en la frontera” (…) es como si el autor del artículo intentara ofrecer algún consuelo diciendo: No se preocupen, al menos no nos quedamos con los niños mexicanos…) a través de la acción en sí misma o por medio de reflexiones impagables. Y el elemento metaliterario apoderándose del texto.
Por el camino, vamos conociendo retazos de eso que solemos llamar la América profunda, apenas entrevista pero reconocible, y bastante similar a lo que muestran las películas autóctonas, tanto en los comportamientos como en ciertos párrafos descriptivos que destacan por su lirismo.
Y, abarcándolo todo, la derrota. La de la pareja como tal, pero también la que sufren los vencidos por la Historia: ausencia de libertad, violencia, miseria, aislamiento, muerte.
Finalmente, durante la lectura hemos ido salvando –y admirando– esos párrafos brillantes, inspiradísimos, que compensaban de alguna forma tanto tiempo muerto, para acabar enterándonos (gracias al Apéndice final) que Luiselli ha practicado la intertextualidad por doquier. Es decir, se ha apropiado de los hallazgos de Elliott, Pound, McCarthy, a medida que le iba conviniendo. Quizá no se pueda hablar de estafa, pero trampa sí podemos llamarlo.
De plena actualidad, tanto por los asuntos que trata como por su posmoderno carácter fragmentario, Desierto sonoro podría haber sido el gran retrato de una época si su autora hubiese decidido omitir muchos párrafos prescindibles, olvidarse de demasiados tiempos muertos dejando solo alguno que considerase representativo y si su afición por las listas ofreciese un contenido menos anodino, más simbólico. Diría que Luiselli se ha perdido en un bosque demasiado repleto de árboles que, no obstante, merece la pena atravesar, porque su estilo desenfadado y aparentemente espontáneo simula mantener una conversación con los lectores, regalarnos una extensa confidencia mediante una prosa trabajada a fondo y una estructura irreprochable que transmiten mensajes tan vigentes como necesarios.

Francesc Bon y Montuenga

También de Valeria Luiselli: Los ingrávidos, Los niños perdidos

lunes, 4 de febrero de 2019

Reseña a cuatro manos: El aliado, de Iván Repila

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable


Cualquier noche de jueves tras la sesión de la RAE. Lugar: una distinguida coctelería del centro de Madrid. Dos hombres maduros, dos amigos, charlan mientras beben sendos gimlets.

- …pues los soviéticos tendrían sus cosas chungas, no te digo que no, pero la Tokarev siempre ha sido una pistola mejor que cualquier semiautómatica norteamericana…

- Ay, Arturo, vaya perra te ha dado con las armas de fuego, con lo estruendosas y vulgares que son… ¿Te parece algo propio de nuestra condición?

- Entiendo… ¿Tú prefieres las armas blancas? ¿Has visto alguna vez “Forjado a Fuego”?

- Que no, hombre, lo que pretendo decir es que, ya que somos los dos escritores y académicos de la Lengua, podríamos departir sobre temas más elevados… hablar de libros, por ejemplo.

- Pues tú dirás, Javi, porque yo hace siglos que no leo ninguno. Ni los míos, je, je…

- Je, je… Yo sí que he leído una novelita de cierto interés. Como se acerca el día 8 de Marzo, quería tocar en mi columna semanal el tema del feminismo, pero no de forma directa, que ya sabes cómo se ponen las feminaz…nistas y los inquisidores de la corrección política. Así que pensé en hablar sobre los aliados.

-¿Quiénes?¿Los que desembarcaron en Normandía con subfusiles Thompson y…

- No, hombre, no, los aliados son esos tipos que se juntan con las femina…nistas y luego se convierten en más feministas que ellas.

- ¡Ah, los planchabragas! Bueno, yo les llamo así en privado, porque en público los inquisidores de la corrección política no me dejan… aunque cuando puedo lo cuelo en algún tweet, je, je…

- Je, je… pues sí, esos mismos, Arturo. La novela se titula precisamente así: El aliado y es de un escritor joven y prometedor, Iván Re…no sé qué…

- ¡No jodas, Javi! ¿Un millenial de ésos que nos llaman “pollaviejas”? Pues como me lo encuentre yo llevando encima el hierro, se va a enterar…

- Bueno, no sé si es tan joven. Igual me lo parece porque, claro, no tiene detrás una carrera tan prestigiosa como la mía… como la nuestra, me refiero.

- Nada, nada,  Javi, como la tuya, dices bien… Que este año te llaman de Estocolmo sí o sí, ya lo verás. La rabia que le va a dar al japonaka ése… y a los inquisidores de la corrección política, je, je...

- Je, je... sí. Bueno, como te contaba: es ya la quinta novela de un tal Iván Rop...lo que sea. El caso es que a este mozalbete le sigo con cierto interés. Parece que para él "todo acto es un acto político y todo texto es un texto político" (como para mí cuando era joven, rojo y alocado). Porque El aliado es un texto claramente político, al igual que sus anteriores novelas, el Atila o Prólogo. Más gamberro, menos "sesudo", menos metafórico si se quiere, pero a todas luces político... Sí, con el libro persigue zarandearnos y lo consigue, sin duda.

- ¿Zarandearte, Javi? ¿Quieres decir con esto que te dan ganas de comprar por el Wallapop un AK47 y hacer que las concentraciones feminaz…nistas parezcan el instituto de Columbine?

- ¡No seas bruto, Arturo, un poco de contención! Mira: vale que los personajes resultan un tanto arquetípicos o caricaturescos, pero eso es lo que les hace funcionar. Además, a veces la realidad supera a la ficción. ¡Anda que no habremos oído conversaciones “cavernícolas” similares a las que aparecen en el libro en las que, pensándolo fríamente, me da vergüenza ajena haber participado sin haber puesto en su “sitio” a los sujetos que intervenían!

 - ¡Coño, Javi, me sorprendes! ¿O sea que te arrepientes de haberle dicho a Soto Ivars: “Juanito, con esa melenita de niña vas a follar menos que un casado”? ¿O de haberle soltado a Houellebecq: “Ne pas épouser la japonaise car elle a de petits nichons!”?

- No, hombre, que es broma… ¡Que a mí en Oxford me llamaban “the Pretty Iberian Machito” por algo, je, je! Mira, hablando de Michel, aquí el Iván Rodi… el pollo éste hace un poco de Houellebecq porque predice un poco el auge del “neomachismo” que vemos en el mundo. ¡Y mira que me fastidia porque yo soy más partidario de la masculinidad tradicional!

- ¡Joder, y yo! Del hombre-hombre, como El Fary, y del “la mujer, de la habitación a la cocina y por el pasillo a hostias!”

- ¡Arturo, compórtate! El caso es que, estando totalmente en desacuerdo con Iván Repo…el perroflauta, vaya; he de admitir que me lo he pasado muy bien leyéndolo. Para empezar, es divertido, tiene muy buen ritmo narrativo y la extensión justa para no hacerse pesado. Parte de una premisa muy muy buena y no la alarga innecesariamente. ¡Anda que no habremos leído libros que arrancan genial pero que el autor estira el tema hasta hacerse cansino!

- ¡Por las pelotas de Blas de Lezo, qué insinúas, eh! ¿Que en mis libro hay más pajas que en una peli porno? Perdón, quería decir paja… ¡A qué te reto a duelo, mal amigo! ¡Si parece que te ha gustado más que mi Sabotaje!

- ¡Pardiez, Arturo, no way! Sabotaje te sitúa en la cumbre de la novelística actual, por favor… El Iván Ropi… Ripo…bueno, como  sea, no deja de ser un tuitero con ínfulas que escribe estas cosas para tener más predicamento entre las féminas...

- Fijo. Esa gente sólo piensa en el ñaca-ñaca.

-Eso sí, lo hace con gracia el muy… titiritero. Además, mantiene un acertado equilibrio entre lo cómico / humorístico / gamberro, lo patético / esperpéntico y lo serio o incluso épico. Sin olvidar el erotismo;  aunque a la novia del protagonista, la tal Najwa, ni la tocaría un gentleman con un mínimo de educación y cultura... ¡Vaya una pájara femina…nista! Me gusta también la evolución del personaje: toma de contacto - toma de conciencia - acción… y que la historia sea una uto-distopía, un poco al estilo del Ensayo sobre la lucidez o el Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Eso sí, estirando la ficción de una forma muy diferente al portugués, mezclando humor gamberro con patetismo, tensando la cuerda sin que esta llegue a romperse.

- ¡Por las patillas del último de Filipinas, Javi, qué despliegue de erudición! ¡Y no te veía tan entusiasmado desde que la última vez que vetamos la entrada de una tía...mujer en la RAE! Igual hasta me lo tengo que leer. ¿Me animo o no?

- Hombre, el tema de fondo está claro que no puede ser más actual. Habrá quien se sienta más o menos concernido por ello, of course… Yo no, porque no soy ni machista ni feminista; sólo tengo sentido común, je, je… Pero al ser una historia sin una moraleja clara, sino más que nada satírica, creo que le puede interesar a cualquiera. Eso sí, me parece un texto generacional. Vamos, muy para la muchachada o gente de nuestra edad, pero joven de espíritu como nosotros (si es que eso es posible). En todo caso, ideal para machirulos de viejo y nuevo cuño.

- ¿Me estás llamando machirulo? Mira que saco la fusca otra vez, ¿eh?

- ¡Qué va, Arturo, si tú y yo somos un ejemplo para las generaciones presentes, pasadas y venideras! Anda, guarda la Tokarev y vamos a ver el partido del Madrid a mi casa. A ver si consigo explicarte lo del fuera de juego, que toda la vida viendo fútbol y aún no lo has pillado.

- Claro, porque mientras tú comías pipas en el Bernabéu yo veía los partidos en una tele en blanco y negro con los guerrilleros somalíes… ¿Te lo he contado alguna vez? Pues verás… 


Firmado: Koldo y Juan (excepto si hay alguna querella por delitos contra el honor. Entonces, no).


Otros libros de Iván Repila en Un Libro Al Día: Una comedia canallaEl niño que robó el caballo de AtilaPrólogo para una guerra

miércoles, 16 de enero de 2019

Lucia Berlin: Una noche en el paraíso


Idioma original: Inglés
Título original: Evening in paradise: More stories
Año de publicación: 2018
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
Valoración: Muy recomendable

-Hola Oriol. Me comentas que te han regalado Una noche en el paraíso. ¿Qué te parece una reseña a cuatro manos? Desde luego, es un libro al que le tengo un montón de ganas. La anterior recopilación de relatos de Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, me fascinó; me pareció que la autora tiene una voz original. Exquisita y cargada de arrojo y belleza. Y además, su condición de personaje relegado al olvido, ninguneado por la industria editorial, le añadía un extra de atractivo, aunque esta es una consideración que nada tenga que ver con el interés o valor de su escritura. Pero bueno, lo que vengo a decirte es que no suele ocurrirme con frecuencia, esperar la salida de un título nuevo con tanta apetencia como con Una noche en el paraíso. Si me gusta tan sólo la mitad de lo que lo hizo Manual para mujeres de la limpieza ya será un gustazo.

-¡Encantado de hacer una reseña contigo, Carlos! La verdad es que yo no he podido leer todavía Manual para mujeres de la limpieza, pero no tardaré en hincarle el diente. Y es que Una noche en el paraíso me ha dejado con ganas de más Lucia Berlin. Por si no se ha notado, esta antología me ha encantado: la mayoría de los relatos que la componen estaban muy bien. Encima, es lo suficientemente variada como para no saturar al lector. De hecho, Berlin me ha parecido capaz de moverse con holgura por registros de lo más distintos. Algunas historias estaban en primera persona, otras en tercera; había textos empañados por un tono algo ingenuo, y otros se decantaban por una voz narradora casi fatalista; cuando te has acostumbrado a los escenarios suburbanos, va y te sale con una ambientación que bien podría haber salido de la pluma de Stefan Zweig...

-Quizás, Oriol, uno de los rasgos de Lucia Berlin que más me llaman la atención sea la ausencia de cinismo, carencia más que remarcable en alguien que a los treinta y dos años acumulaba tres ex-maridos, cuatro hijos y una rotunda afición al trago. Lucia Berlin (EE.UU., 1936/2004) escribió a lo largo de su vida unos setenta y pico cuentos, veintidós de los cuales están recogidos en Una noche en el paraíso, habiendo asistido en su juventud gracias a su conocimiento del castellano a las clases del escritor aragonés Ramón J. Sender en la Universidad de Nuevo México. Y sí, sus protagonistas parecen tener mucho de ella misma; mujeres que siempre contestan al teléfono y nunca cierran con llave. Mujeres que plantan flores, cultivan carcajadas, sonríen a las visitas inesperadas y leen y cantan a sus hijos, aunque sus vidas parezcan una calamidad, un despropósito, un loco desafío.

-Yo también he localizado en estas narraciones los elementos autobiográficos de los que hablas, Carlos. Uno de los más curiosos aparece en "La barca de la Ilusión" y "Las (ex)mujeres". Ya sabes, cuando dos mujeres apuñalaran al ex-camello de su marido, aunque el herido apenas sangra. Y estoy completamente de acuerdo en que la voz de Berlin, por fatalista que sea, nunca es cínica. Hay relatos en los que habla de las infidelidades o de los prejuicios, por ejemplo, y la tía es capaz de meter humor. Entendámonos: un humor simpático, nunca cáustico. El humor empañaba precisamente "Mi vida es un libro abierto", uno de mis relatos favoritos. Llegados a este punto, ¿puedo preguntarte si hay algún texto que no te haya gustado y por qué?

-Claro que hay relatos que me han gustado y otros que no tanto. En general me han parecido un punto más apesadumbrados y abigarrados que los cuentos recopilados en Manual para mujeres de la limpiezaMe ha llamado al atención la presencia de numerosos personajes en algunas piezas, algunas tan breves, como si la autora quisiera -intencionadamente o no- dejar constancia de la presencia de determinadas personas. Pero si tuviese que destacar alguno, me quedaría con "Perdida en el Louvre" y también con "Lead street, Alburquerque". Por perlas como esta: "Tendríamos dos hijas y una sería dentista y la otra adicta a la cocaína. Bueno, por supuesto, no sabía nada de eso, pero vi que no sería un camino de rosas". O esta otra: "No se trataba solo de que fuese joven. Llevaba toda la vida de un lado a otro. (...) daba la impresión de que nadie le hubiese contado ni enseñado en qué consistía hacerse mayor, formar una familia o ser una esposa. De que una razón de que fuese tan callada era que estaba observando, para ver cómo se hacía". Pero si me preguntas por alguno que no me haya gustado, pues me temo que la respuesta se queda en blanco, porque de verdad que no me parece ninguno prescindible. ¿Qué opinas tú, Oriol?

-Uff... En mi caso, ha habido unos cuatro relatos que no me han gustado. Cosa que no ha arruinado mi experiencia lectora, ¿eh? Pero, por ejemplo, el que da título al volumen me ha dejado bastante tibio. Lo mismo sucedía con "Polvo al polvo". Y justo estas dos historias giraban de forma casi exclusiva alrededor de los hombres. Teniendo en cuenta que gran parte del libro se centraba en la figura femenina, lo cierto es que me hubiera gustado poder disfrutar estas dos piezas.  

-Los cuentos aquí reunidos fueron escritos entre 1981 y 1999, publicados sobre todo en revistas y editados en formato libro con posterioridad, sin apenas repercusión entre lectores y crítica. Y ahora, décadas después, se han convertido en un éxito de ventas y han tenido una repercusión extraordinaria. No soy capaz de elaborar una teoría al respecto, pero me alegro porque me parece una escritura valiosa y perdón por la falta de originalidad, lúcida y luminosa. Así que en mi opinión, resultan muy recomendables. ¿Qué opinas tú, Oriol?

-¿Cómo? Ah, perdona, ya estaba buscando Manual para mujeres de la limpieza. Coincido completamente contigo, Carlos. Muy, muy recomendables.


 Oriol Vigil & Carlos Ciprés


También de Lucia Berlin en ULAD: Manual para mujeres de la limpieza