Mostrando las entradas para la consulta angela davis ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta angela davis ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Rebecca Solnit: Esperanza en la oscuridad

Idioma original: inglés
Título original: Hope in the Dark: Untold Histories, Wild Possibilities (Updated Edition)
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

La esperanza. No como lugar mental donde uno espera, de manera pasiva y sentado, a que ocurran cosas, sino como una herramienta para el cambio, el impulso que te empuja a salir por la puerta para conseguir aquello que quieres. La esperanza como motor de la acción, como combustible. Esta es la idea global que contiene el libro, y la autora reflexiona sobre ello en los diferentes capítulos donde se analiza la esperanza como elemento común y necesario para el cambio en la sociedad.

De esta manera, partiendo de un artículo que la autora publicó en internet a raíz de la guerra de Irak, Solnit estructura su relato en una serie de capítulos en los que aborda la esperanza desde diferentes puntos de vista, diferentes luchas, pero siempre con la mentalidad positiva y optimista que ya demostró en «Los hombres me explican cosas». De esta manera, fiel a su estilo, la autora denuncia y acusa, pero su propio relato mantiene abierta una ventana a la esperanza, al deseo de que las cosas cambien gracias a la voluntad y la acción del pueblo, claro poseedor de su futuro a pesar de que a veces se pretende menoscabar su poder. Hay que persistir y mantener la esperanza, pues tal y como afirma la autora «la esperanza no es una puerta, sino la sensación que en algún momento podría haber una puerta».

Así, el libro trata varios temas, en sus diferentes apartados, relacionados con el activismo, pues habla sobre la decepción tras la elección de Bush como presidente de EE.UU. y el desánimo que surgió tras la decisión de la participación en la guerra de Irak, la capacidad asociativa de la sociedad para organizarse y manifestarse para protestar, la manera en que el poder ejerce el miedo sobre la sociedad para abandone la lucha por sus ideales (algo que hemos visto demasiado, especialmente de un tiempo a esta parte), la manera en que se pretende hacer creer que  los únicos que tienen voz en el mundo son los grandes actores (siempre cercanos al poder) cuando en realidad la lucha de manera global, desde la base de la sociedad, puede originar los grandes cambios como ocurrió con la caída del muro de Berlín o la revolución china en la plaza de Tiananmén. La autora también critica la globalización, pues causa pérdida de la masa salarial, crisis en el comercio local y pobreza en zonas rurales y agrícolas; también analiza los atentados del 11 de septiembre de 2001 contraponiendo el humanismo de la sociedad americana que se volcó en la ayuda y la solidaridad, con actos de heroísmo en forma de pequeñas acciones y la empatía y cooperación mostradas, en claro contraste con el uso del miedo y el desconcierto por parte de las autoridades canalizándolo para justificar una guerra con intereses económicos y políticos.

Con todo ese trasfondo de denuncia, la autora canaliza el mensaje hacia la esperanza, explicando la necesidad del activismo para conseguir revertir las situaciones no deseadas, a sabiendas que el resultado de las luchas activistas no es inmediato ni a menudo tampoco visible, ni con resultados rotundos o definitivos, pero sí es a través de pequeñas victorias, tras mucho trabajo realizado, donde se consigue avanzar, de manera lenta pero inexorable, tratando de proteger cualquier pequeño terreno ganado a la injusticia, hasta que el cambio esté consolidado. Y recalca también «la importancia de conseguir un mundo mejor, no un mundo perfecto», pues a menudo el deseo de conseguir la perfección o la victoria total impide el avance, cuando lo realmente importante es participar de manera constante y continua en el desarrollo de un mundo que no está acabado, que está siempre abierto a la mejora. Y esta lucha se debe realizar de manera global (algo que también sugiere Angela Davis), pues el mensaje ha cambiado de «piensa en global, actúa en local» a «piensa en local, actúa en global», pues muchas de las batallas libradas tienen ramificaciones en diferentes países o regiones, y hay que aprovechar el alcance de las redes sociales para difundir el mensaje y conseguir apoyos de quién lucha por causas similares en otras partes del mundo.

Por todo lo expuesto, se trata de un libro muy recomendable, no únicamente por las ideas que transmite, sino también por la convicción mostrada en ellas, pues siendo consciente de la dificultad en cambiar las cosas y sin abandonar el realismo ni caer en falsas utopías, la autora ha escrito un libro lleno de optimismo, y además lo ha hecho de manera perfectamente estructurada y equilibrada. Este es otro punto fuerte del libro, su estructura, pues a pesar de que el libro se compone de varios capítulos donde la autora aborda diferentes temas, quiero destacar de manera expresa la perfecta continuidad entre ellos, pues la autora sabe mantener el tono y la línea argumental a lo largo de todo el libro y escribe un relato continuo sin repetir conceptos, sin dar vueltas a una misma idea, sin reiterar en los mismos ejemplos. Este aspecto lo hace diferente de otros ensayos que consisten en un conjunto de artículos o conferencias agrupadas en un libro (me viene a la cabeza «Los hombres me explican cosas», de la misma autora o también «La batalla es una lucha constante» de la antes mencionada Angela Davis). En esta obra, la narración continua es un valor añadido al propio contenido y hace que la lectura del libro sea más ágil a ojos de un lector no acostumbrado a los ensayos y dan clara muestra de la habilidad de la autora, más allá del interés que despierten sus ideas, para definir un marco donde, más allá de los retos y las dificultades que entraña un mundo complejo y de poderosos intereses, se percibe, de forma nítida y clara, un camino hacia la esperanza, una luz hacia la oscuridad.

Vivimos en una época convulsa por la pérdida de libertades; es probable que simpaticemos y/o estemos inmersos en luchas en varios frentes, ya sea contra el machismo, el racismo, la desigualdad, la mala gestión de la crisis humanitaria o la pérdida de derechos civiles, o también en favor del feminismo, la libertad, la solidaridad entre pueblos, por poner ejemplos de luchas actuales. Y es en estos tiempos, cuando leer a Solnit nos da el empuje, el aliento necesario que nos permita agarrarnos a una esperanza cuando solo vemos oscuridad y dificultades. Hay veces en que solo una pequeña chispa, un destello de luz, es suficiente para iluminar un camino que parecía inexistente, para encontrar la grieta por donde abrirnos paso, para reclamar nuestros derechos y ofrecer la ayuda necesaria y actuar. Porque debemos luchar, de manera pacífica, por aquello en lo que creemos, alcanzar aquello a lo que aspiramos, pues todos deberíamos contribuir a generar la ilusión, la esperanza, y el empuje, para que, a través de cada una de nuestras pequeñas acciones, podamos conseguir  una sociedad mejor y ver que un futuro mejor no solo es deseable, sino también posible. No queda otro remedio que mantener y alimentar la esperanza y  creer que la lucha no solo es posible, sino que es necesaria, algo que la autora resume perfectamente en el libro con la siguiente frase:

«No hay una alternativa a luchar por los ideales porque la alternativa es rendirse y rendirse no es únicamente abandonar el futuro, sino también el alma.»

También de Rebecca Solnit en ULAD: Los hombres me explican cosas, Una guía sobre el arte de perderseRecuerdos de mi inexistenciaEl camino inesperado

lunes, 11 de diciembre de 2017

Angela Davis: La libertad es una batalla constante: Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimiento

Idioma original: inglés
Título original: Freedom Is a Constant Struggle: Ferguson, Palestine, and the Foundations of a Movement
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien

Personaje clave en el activismo mundial, Angela Davis ha luchado a lo largo de su vida en favor de muchas causas, todas ellas con un elemento común: la igualdad social y la defensa de las clases más desfavorecidas de la sociedad. La figura de la autora es ampliamente conocida en el mundo del activismo, y su pasado es una clara muestra de su compromiso; de ideas marxistas (lo cual supuso su expulsión como profesora de la Universidad de California en época macarthista), estuvo también implicada en el movimiento de las Panteras Negras e incluso fue acusada de asesinato en un altercado con la policía (del que acabó siendo absuelta), motivo por el cual se dio a la fuga, siendo perseguida por el FBI y causando que apareciera en la lista de las diez personas más buscadas del planeta por terrorismo. Por tanto, es evidente que, más allá de compartir (o no) sus teorías y su ideología, la vida llevada a cabo por la autora la sitúa como una voz a tener en cuenta por el activismo.

Con una estructura basada en diez capítulos cortos, correspondientes a conferencias impartidas por todo el mundo y entrevistas por diferentes medios de comunicación, el propósito del libro es exponer diferentes temas que deberían ser cuestionados por la sociedad, y establecer un marco donde plasmar las reflexiones ante ciertos aspectos que deberían ser tratados, para lograr con ello una sociedad más justa y equilibrada. De esta manera, a pesar de que cada capítulo es independiente y, por tanto, puede leerse de forma independiente, sí existe entre ellos una conexión respecto a los temas tratados, de manera que podemos encontrar el mismo tema en varios capítulos. Este aspecto ayuda a interiorizar los temas expuestos, pero también produce una gran sensación de repetición si uno lee el libro de manera continua. Por tanto, ahí mi primera recomendación: tratar el libro como libro de consulta, y leerlo en diferentes momentos alternándolo con otras lecturas. Otra recomendación que añadiría es tener cierta información previa sobre los temas tratados, para poder aprovechar los conocimientos que la autora expone (otra opción sería leer este libro para abrir la mente a los temas expuestos, y profundizar posteriormente).

El conjunto de conferencias y entrevistas publicado trata, en primer lugar, sobre la colectivización en los movimientos, la formación de los Black Panthers y qué pretendían conseguir, enlazando este tema con los altercados de Ferguson; ahí habla sobre la policía y su formación con técnicas propias de un ejército y echa una mirada atrás enlazando este tema con la colonización y la esclavitud vinculadas a la historia de los E.E.U.U. Manteniendo el discurso sobre estos ejes, aborda los problemas del racismo en la sociedad norteamericana a todos los niveles, especialmente el económico y social. Profundizando el discurso, habla de Martin Luther King, del movimiento Black Lives Matters, de Rosa Parks e incluso de Barack Obama, y enlaza el tema del racismo con el conflicto entre Israel y Palestina, explicando la importancia de las facciones colectivas en la lucha contra el racismo y la desigualdad. La lucha en comunidad es la única que puede hacer posible el éxito en su propósito, la comunidad es la que mantiene la esperanza y el optimismo, porque hay que afrontar el tema del racismo, no a través de casos individuales, sino de manera sistémica; la autora defiende la importancia de la difusión sobre la necesidad de la lucha, y vincularla al mayor número posible de países, exponiendo los temas con una mirada global, estableciendo paralelismos entre lo que ocurre en un territorio y lo que ocurre en otros, para que la población entienda que esos conflictos no pertenecen a un territorio concreto sino que se trata de problemas globales, pues afectan a los derechos humanos. En este aspecto, trata también la lucha por los derechos de las mujeres, y la necesaria involucración de los hombres con la causa, la importancia de su implicación en el feminismo, así como los derechos del colectivo LGTBI.

Adicionalmente, el libro también plantea interesantes cuestiones sobre las cárceles, su necesidad y su función en la sociedad; la autora es muy crítica con ellas por considerarlas un negocio que interesa al estado y por no estar orientada a la ayuda a los presos, sino a intereses económicos que incluso se expanden más allá de las propias cárceles, hasta llegar a las escuelas donde los profesores son formados en el uso de armas. Sus ideas van en el camino de que en lugar de tratar los orígenes de los delincuentes y las causas que les ha llevado a la cometer los delitos, simplemente se actúa sobre las consecuencias. Según su visión, se debería analizar el por qué una persona llega a cometer los crímenes, qué provoca que su manera de ser cambie para llegar a ser capaz a de cometer un crimen; haciendo especial hincapié en la falta de formación y de oportunidades, se deberían analizar las causas psicológicas que llevan a una persona en una sociedad a cometer actos delictivos y centrar el esfuerzo en corregir el comportamiento antes de que el suceso ocurra (cuestión largamente tratada a lo largo del tiempo, como hizo, por ejemplo, Victor Hugo hace doscientos años). La autora aprovecha la reflexión sobre el sistema penitenciario para criticar instituciones como el FBI o la CIA por su dificultad en adaptarse a la sociedad, afirmando que «la memoria individual es mucho menos duradera que la memoria de las instituciones, sobre todo de las instituciones represivas».

De esta manera, el libro plantea un conjunto de reflexiones interesantes y sitúa la lucha por las libertades en una lucha global, destacando que, para conseguir su resultado, es necesaria la interconexión entre luchas parecidas en distintos territorios, la internacionalización de la batalla en diferentes lugares estableciendo un marco común para conseguir empatía entre los diferentes pueblos y unir a la población de diferentes lugares en una misma lucha, por una misma causa: «La lucha contra los abusos atañe a todos, es global, estableciendo una solidaridad entre pueblos en una lucha común contra los abusos, en una batalla global a favor de la libertad». Interesante libro, a pesar de su excesiva reiteración de temas que lastra bastante su lectura, pues aporta una mirada crítica al mundo en el que vivimos, lo cual siempre es bueno.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Ibram X. Kendi: Marcados al nacer. La historia definitiva de las ideas racistas en Estados Unidos

Idioma original: inglés
Traducción: Jesús Negro García y Francesc Pedrosa Martín
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable
Título original: Stamped from the Beginning: The Definitive History of Racist Ideas in America

Son muchos los libros que han tratado el tema del racismo y del antirracismo (en ULAD hay reseñados muchos de ellos), pero pocos lo han hecho con la profundidad del libro que nos ocupa y narrando su evolución a lo largo de la historia. El propósito de este libro del Doctor Ibram X. Kendi, una de las principales voces antirracistas en EE.UU. y ganador del National Book Award, es hacer un recorrido histórico del racismo en Estados Unidos; en palabras del propio autor, «Marcados al nacer narra la historia integral de las ideas racistas, desde sus orígenes en la Europa del siglo XV, pasando por la época colonial (…) hasta llegar al siglo XXI y a los debates actuales sobre los acontecimientos que están teniendo lugar en nuestras calles».

Para aclarar conceptos que se irán viendo a lo largo del ensayo, Kendi nos detalla las diferencias entre las posiciones segregacionistas (culpar a las propias personas de las disparidades raciales), antirracistas (quienes señalan con el dedo la discriminación racial) y asimilacionistas (que afirman que tanto las personas negras como la discriminación racial son responsables de las disparidades raciales, que «los comportamientos inferiores de los negros podrían superarse si se les diera el entorno propicio»). Kendi nos habla también de la «interseccionalidad», el «prejuicio derivado de la intersección de las ideas racistas y otras formas de intolerancia, como el sexismo, el clasismo, el etnocentrismo o la homofobia» como elementos a combatir.

Kendi estructura el libro en cinco grandes partes y utiliza como “guías” a Cotton Mather, Thomas Jefferson, William Lloyd Garrison, W.E.B. Du Bois y Angela Davis, los cinco «teóricos raciales más destacados o provocativos durante sus respectivas vidas, puesto que escribieron, divulgaron y enseñaron ideas de índole racial (y no racial) tan fascinantes como originales, influyentes e incluso contradictorias». Así, el libro parte de la colonización y nos narra el inicio de la esclavitud y del comercio de esclavos africanos, en el siglo XV; ahí comienza «la historia registrada de las ideas racistas contra los negros», pues «la mayoría de los cautivos vendidos en Europa occidental eran europeos orientales, hechos prisioneros por los saqueadores turcos en todo el territorio alrededor del Mar Negro. Muchos de los cautivos eran eslavos, de manera que el término con el que se designaba a dicha etnia pasó a ser raíz de la palabra “esclavo” en la mayor parte de los idiomas del occidente de Europa». Con la llegada de Colón a América y la masacre que supuso para los indígenas, el esclavismo se extendió pues «prácticamente desde el momento de la llegada de Colón, una oleada de colonos españoles comenzó a degradar y esclavizar a los indígenas del continente, transfiriendo los constructos sobre los pueblos africanos a los americanos nativos».

De esta manera, el libro de Kendi hace un repaso del racismo en orden cronológico y abarca diferentes aspectos de la sociedad, tratando de manera transversal los siguientes aspectos de la sociedad en los que el racismo ha sido presente a lo largo de los siglos y que aquí agrupo, no de manera cronológica, sino en su ámbito de incidencia:

Racismo ideológico:
Kendi nos habla de cómo Mather y Cotton, prevenientes de Inglaterra, crearon escuelas y universidades coloniales en EE.UU., donde se enseñaba literatura griega y latina y estudiaron Aristóteles quien «consideraba que los antiguos griegos eran superiores a todos los que no eran griegos» provocando de esta manera que los puritanos estadounidenses aprendieran «una serie de fundamentos para las jerarquías humanas, de manera que comenzaron a creer que algunos eran superiores a otros» y, de manera similar a Aristóteles con los griegos, los puritanos «creían ser superiores a los americanos nativos, a los pueblos africanos e incluso a los anglicanos, es decir, a todos aquellos que no fuesen puritanos». 

Ya en la época de Thomas Jefferson, «las ideas de la Ilustración dieron legitimidad a este histórico “sesgo” racial, el vínculo entre la luz, la piel blanca y la razón, por un lado, y entre la oscuridad, la piel negra y la ignorancia, por otro» así como Carl Linneo (padre de la Ilustración en Suecia) que junto con «sus compañeros “ilustrados” también creaban jerarquías humanas; dentro del reino europeo, situaban a los irlandeses, a los judíos, al pueblo romaní y a los europeos del sur y del este en el nivel más bajo». Kendi cita también a Voltaire y sus ideas racistas al afirmar, sobre la raza negra, que «aunque su razonamiento no sea de una naturaleza distinta al nuestro, es al menos claramente inferior» y que «los pueblos africanos son como animales —agregaba— que viven únicamente para satisfacer las necesidades corporales» así como también David Hume que, aunque se oponía a la esclavitud, era terriblemente racista al afirmar que «soy proclive a sospechar que los negros (…) son inferiores a los blancos» o también Kant, quien afirmaba que «la humanidad alcanza su máxima perfección en la raza de los blancos». Así, el debate estaba entre los defensores de la monogénesis y los de la poligénesis, un debate que se alargaría a lo largo de décadas.

«A medida que se incrementaba el número de negros libres en la década de 1790 y el número de esclavos negros empezaba a disminuir en el Norte, el debate racial cambió; de los problemas de la esclavitud de paso a hablar de la condición y las capacidades de los negros libres». Así, se pasó a la estrategia de «persuasión por elevación» basada en «la idea de que era posible persuadir a los blancos para que abandonasen sus prejuicios racistas si veían que las personas negras mejoraban su conducta (…) La carga de las relaciones entre razas recaía directamente sobre los estadounidenses negros». 

Activismo:
En 1833 se forma la Sociedad Antiesclavista estadounidense, quienes en 1835 «se valieron de las nuevas tecnologías para difundir la palabra del abolicionismo a los potenciales conversos» y «llegaron a abrumar a la nación entre veinte mil y cincuenta mil ejemplares semanales de su panfleto abolicionista. Ya, en 1966, se forma la Marcha contra el miedo de Mississippi y surgió el grito «Black Power» como concepto que resumía las demandas del control negro para las comunidades negras. Ese mismo año «Huey Newton y Bobby Seale redactaron el programa de diez puntos para su recién fundado Partido de los Panteras Negras para la Autodefensa» y un año más tarde, Angela Davis, una vez volvió de sus estudios de filosofía en Alemania y «ayudó a crear el Sindicato de Estudiantes Negros en la Universidad de California en San Diego». Poco tiempo después, «la muerte de King convirtió a innumerables activistas con doble conciencia en antirracistas de conciencia única, y el Poder Negro creció hasta convertirse en la mayor organización antirracista desde el periodo posterior a la Guerra de Secesión». Así se narra la evolución del activismo en defensa de la comunidad negra y termina hablando de los asesinatos de Trayvon Martin y otros muchos, y la creación de la plataforma #BlackLivesMatter a manos de Alicia Garza y Patrisse Cullors

Racismo cultural:
Kendi también afirma que, junto con los colonos, las ideas racistas llegaron por parte de un grupo distinto, el de los dramaturgos, y hace mención a autores de textos racistas a través de las obras de teatro del siglo XVII; desde el racismo de Shakespeare en Otelo y «la inferioridad negra a superioridad blanca» a «un malvado y sobresexuado Arón» de Tito Andrónico o «La tempestad» con el personaje de «Calibán, el hipersexual hijo bastardo de un demonio y una bruja africana, descendiente de una ‘raza vil’». 

La cultura popular no ayudó a erradicar el racismo, como se demuestra con Edgar Rice Burroughs y su creación literaria, en 1912, de «Tarzán de los monos» en la que un huérfano de padres blancos se cría en África central y «se convierte en el cazador y guerrero más habilidoso de la comunidad, más que ninguno de los simios africanos con los que convive, (…) protege a una mujer blanca llamada Jane de los violentos negros y simios de la zona (…) enseña a escribir a los africanos, tal que si se tratase de niños, a combatir y cultiva sus propios alimentos». También habla del estreno, en 1915, de la película «El nacimiento de una nación» y sus ideas racistas o la publicación, en 1916, de “The passing of The Great Race”’ de Madison Grant en el que idea una escala étnico-racial que sirvió de referencia a Hitler para su “Mi lucha” y que él mismo define como “mi biblia”». Ya en 1933 se estrena King Kong que «no deja de ser un remake de ‘El nacimiento de una nación’ enmarcado en un escenario isleño a lo Tarzán» o en 1936 con el estreno de «Lo que el viento se llevó», donde «se ofrece un retrato de los señores blancos como nobles y atentos, y de los esclavos como leales aunque gandules, poco preparados para la libertad».

Racismo legislativo:
El libro hace también un repaso de como las leyes fueron modificándose a lo largo de los siglos y parte de 1705, con la revisión del código fiscal en Massachussets (…) en la que los legisladores de Virginia hicieron obligatoria la participación de las patrullas de vigilancia de los esclavos (…) por parte de grupos de blancos. «En la misma legislación se negaba a los negros la posibilidad de ocupar cargos públicos», en 1808 «un Tribunal de Carolina del Sur dictaminó que las mujeres esclavas carecían de derechos sobre sus hijos»; afortunadamente, la historia empezó a cambiar cuando, en 1848, se produce la primera convención por los derechos de las mujeres que reclamaban el «voto para todos los ciudadanos, con independencia de su género o raza» y, en el 17 de julio de 1862, se aprobó la Ley de Segunda Confiscación que «disponía que todos los africanos con duelo que huyesen a las líneas del ejército de la Unión o que residieran en territorios ocupados por la Unión “quedaban liberados para siempre de su esclavitud”» o el 31 de enero de 1865 donde se aprueba la decimotercera enmienda que abolía la esclavitud. El 27 de febrero de 1869 se aprueba la decimoquinta enmienda en el que «se prohibía que Estados Unidos o los estados denegasen o limitasen el derecho de voto ‘en virtud de la raza, el color o la condición anterior a la esclavitud’». También la ley de derechos civiles de 1964 que «declaraba ilegal la discriminación por motivos de raza, color, religión, sexo u origen nacional en los organismos y las instalaciones gubernamentales, así como en la vivienda, la enseñanza y el empleo públicos».

Racismo académico:
Con los test de admisión a la universidad, la discriminación seguía produciéndose, creando «nuevas barreras que coartaban a los negros pobres. ‘La clase de ha convertido en algo más importante que la raza a la hora de determinar el acceso a los negros a los privilegios y al poder’». Aportando datos, Kendi asevera que en 2004, «la probabilidad de que un estudiante blanco se inscribiera en las universidades más selectivas» era cinco veces superior a que lo hiciera un negro.

Racismo policial:
A pesar de que nadie conocía las tasas delictivas, como los «índices de arrestos y encarcelamientos de negros» eran superiores, «daban pábulo a las ideas racistas de que los negros quebrantaban más la ley» y «tales suposiciones hacían girar la rueda de la discriminación racial en el sistema judicial penal, que alentaba una mayor suspicacia hacia las personas negras, la presencia de más policía en los barrios negros, un mayor número de arrestos y un encarcelamiento más prolongado, lo que a su vez aumentaba más la suspicacia, etc.» y nos habla del Verano Rojo en 1919, de los linchamientos por parte del Klan en 1980 así como «el terror perpetrado por grupos de policía a lo largo y ancho del país, desde registros a mujeres en los que eran obligadas a desnudarse y abusos sexuales contra ellas hasta golpes propinados con la culata de la pistola en la cabeza de los hombres negros».

Racismo antropológico:
«En 1853, (…) en Francia, el aristócrata realista Arthur de Gobineau publicaba en cuatro volúmenes su “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” en el que (…) incluía un análisis sobre la “verdad colosal” de la jerarquía racial de la poligénesis. (…) Entre las especies blancas, la aria era la suprema, creadora indiscutible de todas las grandes civilizaciones de la historia del mundo». Las teorías de Gobineau tuvieron mucho éxito entre los alemanes, con el resultado ya conocido por todos.

Por todo ello, el libro que ha escrito Kendi es un repaso detallado y exhaustivo del racismo existente en Estados Unidos. Un ensayo donde predominan los hechos históricos más que la opinión del autor quien traza un recorrido que nos lleva desde el primer tráfico de esclavos hasta nuestros días, evidenciando que el racismo ha existido durante siglos y siempre ha sido mantenido y alimentado por motivos racistas, obviamente, pero también por intereses eminentemente económicos y políticos. Así, como es habitual, racismo y clasismo se asocian para lograr el interés común de las clases «nobles» blancas y sus egoístas y privados intereses porque tras este extenso ensayo, Kendi constata que «el poder nunca va a sacrificarse a sí mismo y renunciar a sus intereses» y que «solo puede garantizarse un Estados Unidos antirracista si quienes están en el poder son antirracistas por principios, de manera que las políticas antirracistas se conviertan en la norma habitual». 

También de Ibram X. Kendi en ULAD: Cómo ser antirracista

jueves, 7 de febrero de 2019

Reseña + Entrevista: Tú, ¡cállate!, de Laura Huerga y Blanca Busquets

Idioma original: catalán/castellano
Título original: Tu, calla!/Tú, ¡cállate! 
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable

Estamos asistiendo, últimamente en España, a un momento en el que los derechos de los ciudadanos son recortados, día tras día y de manera alarmante. Parece que en pocos años se ha abierto la veda a limitar, recortar y restringir derechos y libertades que costaron mucho conseguir, y corremos el riesgo de que en poco tiempo los perdamos de nuevo. Nos acercamos a tiempos que nos llevan a épocas oscuras de nuestro pasado, y libros como el presente sirven para encender una luz que nos despierte, que ilumine ante nuestros ojos la realidad de lo que está pasando.

Así, la obra que nos ocupa es un libro de denuncia, y su título contundente y el subtítulo que lo acompaña ya lo indican claramente. Estamos en una clara lucha entre la censura y el derecho a la libertad de expresión y manifestación. Del resultado de esta confrontación depende nuestra libertad, aunque ya avisó Angela Davis que «la libertad es una batalla constante» y, por tanto, siempre hay que estar atentos.

Con la censura como elemento nuclear, ya en las primeras páginas las autoras nos ponen rápidamente en antecedentes y narran el origen y propósitos del libro. Así empiezan mencionando la reforma del Código Penal y la Ley Mordaza, ambas aprobadas el 1 de julio de 2015 como respuesta principal a tres movimientos que ponían en jaque, a través de la desobediencia civil, un estado heredado del franquismo y regido por la constitución de 1978: el 15M, Podemos y el soberanismo catalán. A ello, hay que añadir la irrupción con fuerza de movimientos reivindicativos antifascistas, la plataforma PAH, las protestas por el soterramiento del AVE en Murcia, manifestaciones feministas...  Mucha desobediencia civil para un estado acostumbrado a atar en corto a sus ciudadanos. ¿La respuesta del estado ante el cambio de paradigma social y tanta reivindicación? Más represión, a través de un endurecimiento del Código Penal y la aprobación de la Ley Mordaza (ley criticada por asociaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, entre otras y medios internacionales como el New York Times, que afirmó que la ley recordaba a los tiempos de Franco).

Con este propósito censor y represivo, la aprobación de la Ley Mordaza es clave, ya que modificando la tipificación de algunos delitos y pasando otros a ser infracciones administrativas en lugar de penales, se elimina la presunción de inocencia; en lugar de que la fiscalía tenga que probar la culpabilidad, es el supuesto infractor quien debe probar la inocencia y hacerlo por encima de la presunción de veracidad y la discrecionalidad de los agentes policiales. Si a ello le sumamos una falta de investigación sobre las prácticas que llevan a cabo los cuerpos y fuerzas de seguridad, tenemos un sistema policial regido por una gran dosis de impunidad. La propia ONU ya denunció la manera en la que la ley estaba redactada y el peligro que suponía debido a la restricción del derecho a la libertad de expresión que implicaba; también, en un artículo escrito por «UN experts», se avisaba que «tal y como están definidos los crímenes, podrían criminalizar aquellos que convoquen manifestaciones pacíficas». El resultado y el ejemplo más evidente de esto es la detención y acusación de rebelión a Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, por haber participado en una manifestación pacífica. A día de hoy, siguen en prisión provisional, sin haber sido juzgados aún, más de un año más tarde de aquellos hechos.

En un escenario geopolítico como en el que nos encontramos, la situación de alerta terrorista que vive Occidente y en concreto España fue utilizada por parte del gobierno para instrumentalizar el miedo y el populismo, aprobando una ley que tenía también como propósito atacar directamente la libertad de expresión y coartar las libertades de los ciudadanos. Así, una interpretación sesgada sobre lo que es «Terrorismo e incitación al terrorismo» sirve al aparato estatal para criminalizar la actuación, por ejemplo, de los CDRs (Comités de Defensa de la República) y convertir manifestaciones pacíficas en posibles actos de terrorismo. Como ejemplo, la acusación de terrorismo a dos personas (Adrià Carrasco y Tamara Vila) por el simple hecho de levantar las barreras de un peaje en una acción de resistencia pacífica. Pero no únicamente el aparato represor se escuda en unas leyes ambiguas y difusas, sino que también tiene el soporte y complicidad de los medios de comunicación afines al poder, que crean un relato de violencia (incluso antes de que haya detenciones) para justificar acciones posteriores. Los medios difunden miedo a través de mentiras, el estado actúa. Todos perdemos. Así, la estrategia es clara: se crea la noticia acompañándola de lenguaje bélico, se genera un ambiente donde la opinión pública consienta cualquier medida, y luego se aplica la (supuesta) justicia. La prueba del endurecimiento del código penal es que ha habido más sentencias por enaltecimiento del terrorismo después de la renuncia definitiva de ETA a las armas que antes de ese hecho.

La consecuencia directa de ello no es únicamente la censura ejercida por el estado, sino también la propia autocensura. Y es que la detención de hasta 76 personas entre 2014 y 2016 por comentarios en Twitter tienen como objetivo este efecto autocensor, en claro detrimento de la libertad de expresión. Como ejemplo evidente está el de Cassandra, acusada de enaltecimiento del terrorismo por tuitear un chiste sobre Carrero Blanco. La autocensura aplicada por un doble motivo: por el posible procedimiento judicial penal, pero también por el perjuicio que causa el mismo al implicado en su vida laboral, a su estado de salud, etc. En los casos tratados, sea el acusado absuelto o no, en el propio proceso ya está el castigo.

Algo similar ocurre con la incitación al odio; la ley fue creada pensada para proteger grupos vulnerables o tradicionalmente discriminados o minorías desamparadas o en riesgo de exclusión social. Sin embargo, no ha sido así, atribuyendo delitos de incitación al odio a los críticos contra la policía nacional, el PP o la Monarquía, todos ellos estamentos en clara posición dominante y lejos de encontrarse en una situación de vulnerabilidad. Hay cargos por delitos de odio a propietarios de un restaurante por negarse a servir a la policía tras el referéndum del 1O, o un civil que se puso una nariz de payaso al lado de un policía. Y la diferencia de trato es aún más evidente si nos fijamos en una cierta impunidad del que la extrema derecha parece gozar por parte de la policía, fiscalía y sistema judicial. Una impunidad que tiene como resultado una ayuda a favor de la represión.

En el capítulo dedicado a la ley mordaza se habla de la facilidad con la que las críticas a los estamentos policiales se transforman en faltas de respeto con las consiguientes multas a quien las realiza. Y todo ello también se hace extensivo al colectivo de periodistas, que son obstaculizados por hacer su labor, atentando contra la libertad de información. Hay que poder ser crítico con el sistema, pues en caso contrario nos acercamos demasiado a un estado totalitario. El libro destaca varios casos de aplicación restrictiva de la ley mordaza, con multas a periodistas y manifestantes, con un objetivo claro que vas más allá del castigo puntual: el objetivo final es el de atemorizar y avisar al resto de la población; si haces esto, te ocurrirá lo otro, así que cuidado. Así, se veta el debate, se elimina el pensamiento crítico, se restringe la opinión, se censura la discrepancia, se criminaliza la disidencia.

El libro también trata sobre las consecuencias de todo ello, que consisten principalmente en un aumento de la represión hacia la libertad de expresión que conduce a la autocensura, y la represión de la libertad de manifestación conduce a la desmovilización. De hecho, Amnistía Internacional explica de manera clara que manifestarse es un derecho y que “las autoridades tienen una obligación positiva de facilitar el desecho de reunión”, ¿ocurre así en España? De hecho, el propio Tribunal Constitucional afirma que “el espacio urbano no es solo un ámbito de circulación, sino también un ámbito de participación, por lo que cualquier corte de tráfico o invasión de calzadas producido por el curso de una manifestación puede incluirse en los límites del artículo 21.2 CE.”. ¿Con lo que afirma el TC, sería entonces terrorismo cortar una autopista? No debería serlo, pero actualmente podríamos ser acusados de ello. El resultado de ello es un exceso de autocensura en la población, convirtiéndonos nosotros mismos en represores de la libertad de expresión.

El libro está repleto de ejemplos que ponen en evidencia esta interpretación abusiva, sesgada e interesada de la ley, además de los ya mencionados anteriormente. Así nos habla de los casos de Pitu y Apurtu.org, Valtònyc, Ermengol Gassiot, y Cesar Strawberry, Pablo Hásel, los chicos de Altsasu, Willy Toledo, la criminalización de los CDRs, la existencia de presos políticos catalanes y denuncias contra profesores por hablar de los hechos del 1 de octubre, entre muchos otros casos.

A pesar de ser un ensayo con gran trasfondo jurídico-legal, las autoras han conseguido redactarlo de manera sencilla, haciéndolo totalmente accesible a cualquier lector, y es de agradecer, pues no parecía tarea fácil. Además, se nota el gran trabajo de documentación realizado, pues se nombran y se explican múltiples casos donde se hace evidente este retroceso en los derechos humanos. Se trata, por tanto, de un libro muy necesario en el que se pone de relieve la deriva represora de un estado que, en lugar de adaptarse a las demandas de la sociedad a la que debe dar respuesta, opta por intentar acallarla. Independientemente de la posición política que se tenga, el libro es necesario porque habla de algo que, ideología política aparte, nos concierne a todos: el derecho a la libertad de expresión y manifestación. Y aunque retrata casos ocurridos en el estado español, el libro también puede ser de interés para aquellos que, desde fuera, quieran ver lo que actualmente ocurre en España, una de las supuestas democracias avanzadas. Así estamos.

Y para profundizar un poco más sobre el momento en el que nos encontramos, hablamos con una de sus autoras, Laura Huerga, que amablemente ha aceptado participar en esta breve entrevista:

¿En qué momento decidisteis lanzaros a escribir sobre esta temática? ¿Cuál fue el detonante?
La acumulación de casos en un tema tan delicado como el de la libertad de expresión y que, como editorial, es nuestra obligación defender con más ahínco incluso. Era un listado que, al principio pretendía ser una enumeración de injusticias, y que se acabó convirtiendo en una voluntad expresa de querer conocer nuestros derechos y entender las leyes que los vulneran. También nos interesaba saber quién o qué intereses podría haber detrás.

En una sociedad donde constantemente vemos nuevos casos de censura, debe ser difícil escoger un momento en el cual terminar el libro. ¿Cuál fue el motivo final que os dijo "tenemos que sacarlo ya"?
Teníamos la sensación de que para que el libro sirviese de algo, tenía que salir pronto. Pedro Sánchez había prometido la derogación de la ley mordaza y cuando empezó el debate en el Congreso ya sólo se hablaba de posible reforma. El libro pretende concienciar sobre la necesidad de la derogación para recuperar derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión y de manifestación, aunque en realidad sólo es una de las cosas que se tendrían que hacer para proteger estos derechos.

En el libro comentáis, mencionando la tesis de Naomi Klein, que los gobiernos aprovechan momentos de crisis en los que la sociedad está centrada en salir adelante para implantar medidas poco populares. ¿Creéis que la sociedad ha apartado la mirada ante los abusos, o incluso hay cierta parte de la sociedad que, por ignorancia o incluso por interés, ha callado ante los recortes sobre la libertad?
El gobierno español lo ha utilizado de tal manera que parecía que siguiera las instrucciones de la propia Klein como si fuera un manual de la represión. En cuanto al resto de nosotros, siempre hay motivos por los que callar, sin duda. Desde el riesgo personal hasta el interés. Desde el miedo al otro hasta la explotación de una situación de vulnerabilidad de ese mismo otro. Pero callar ante estas injusticias es lo mismo que ejercerlas. Es consentir. Es legitimar.

Tras la publicación simultánea en catalán y castellano, ¿el público lo ha recibido de igual manera?
En catalán ha funcionado mucho mejor que en castellano, pero es cierto que el apoyo de la prensa catalana ha sido imprescindible para su difusión. Es algo que aún tendríamos que trabajar en la edición castellana, así como la presencia de actos fuera de Cataluña que ayudarían también.

Este libro se ha publicado en un momento en que la situación se estaba haciendo ya insostenible, pero tras el auge de partidos como VOX parece que no estamos aún en el peor momento. ¿Creéis que en un corto plazo de tiempo será necesario sacar un nuevo volumen para denunciar nuevos casos?
A cada nueva noticia tomamos notas para actualizar los contenidos. Lo cierto es que algunos de los casos han tenido alguna actualización, pero no es relevante para el hilo que sigue el relato. Los casos nos ayudan a explicar los agujeros, vacíos, vaguedades y errores, tanto de la ley mordaza como de la reforma del código penal. Y dado que sigue pasando con otros nombres y en otros sitios, el discurso sigue teniendo el mismo interés.

Pregunta final, y hablando de autocensura, ¿os ha influenciado de algún modo a la hora de escribir el libro? ¿Os habéis autocensurado o lo habéis escrito con total libertad?
No nos hemos censurado y hemos realizado un ejercicio de autocrítica muy intenso para que así no pasara. Nuestro editor incluso nos hizo una broma, señalando un párrafo que no desvelaré, sobre qué tipo de pastelitos preferíamos que nos llevara a prisión. A veces el humor es el único revulsivo que nos queda.

viernes, 1 de abril de 2016

Fermín Muguruza, Harkaitz Cano & Dr. Alderete: Black is Beltza

Idioma: castellano / euskera (*)
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

La anécdota es bastante conocida en Navarra, pero supongo que no tanto fuera de allí. en octubre de 1965 la comparsa de gigantes y cabezudos -más "zaldikos" y "kilikis", claro- fueron invitados a participar en el desfile por la quinta avenida de Nueva York. ¿Todos? No: los gigantes de raza negra, que -paradójicamente- representan al continente americano, no lo hicieron pues las autoridades consideraron que podrían dar lugar a disturbios raciales, en una año que había vivido una buena cantidad de ellos a lo largo de todo el país. Para rizar la ironía, se tuvo que contratar a personal local que portase los cabezudos... y se contrataron ayudantes de raza negra. (**)

Partiendo de esta historia, el músico vasco Fermín Muguruza (exacto, el ex-Kortatu y ex-Negu Gorriak), el escritor también vasco Harkaitz Cano y el ilustrador argentino Dr. Alderete crearon un cómic con las aventuras de Manex Unanue, uno de los mozos encargados de hacer bailar a un gigante negro y que no pudo desfilar por ello. Enfadado por ello, Manex, nacido en el País Vasco francés, hijo de un brigadista inglés y de una navarra (!), se pierde por Nueva York y acaba en Harlem, donde hace nuevos amigos y decide quedarse en América. Por medio de una carambola argumental, acaba enrolado en la revolución cubana y encargado de una importante misión que le llevará de un lugar a otro del globo, de Cuba a México y de Canadá a Argelia, esquivando la persecución de los villanos de turno (en esta ocasión el FBI y, no sé muy bien por qué, también ciertas agencias de inteligencia de varios países). En su periplo, Manex se cruzará con diversos personajes emblemáticos de la época, tanto de la política como la cultura, el Che Guevara, el escritor Juan Rulfo, el black panther Emory Douglas o el actor mexicano Germán Valdés "Tin-Tan". Otros muchos aparecen brevemente, componiendo el marco de esa década tan interesante como fueron los 60: Andy Warhol, Mohamed Ali, Angela Davis, el general De Gaulle...Y, por supuesto ,ya que un músico ha intervenido en la creación del cómic, toda una serie de músicos ya míticos que crean el ambiente necesario, entre revolucionario y cool para las peripecias de Manex: Otis Redding, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, The Who, Cheihha Rimitti... si alguien quiere iniciarse en la cultura y la Historia de los burbujeantes años 60, este cómic puede ser un buen inicio, incluso una oportunidad de encontrar referencias algo menos trilladas que las que se suelen señalar.

Por lo demás el trazo del dibujante resulta vigoroso y, aunque a veces no demasiado pulido, es adecuado para contar una aventura tan dinámica. Quizás en algún momento cuesta seguir el hilo de la narración, aunque esto puede deberse a la influencia del montaje cinematográfico -de hecho, parece que en un principio el proyecto era hacer una película de animación- en el cómic. ¿Qué otras pegas se le pueden poner? Pues, básicamente, que el argumento parece a veces producto de -¿cómo decirlo?- un cierto delirio autosatisfactorio; el simpático Manex acaba convertido en una suerte de James Bond vasco y revolucionario (también un poco lila, la verdad) que combate a los malandrines y mantiene tórridos encuentros con bellas mujeres en exóticos escenarios internacionales... No es que yo sea un talibán de la verosimilitud en la ficción, ni mucho menos, pero esto no hay quien se lo crea. "Oye, ¿y qué pasa porque no sea verosímil?", se opondrá, sin duda, alguna voz, empezando por la de mi conciencia; "tampoco lo son las pelis de James Bond y bien que disfrutas con ellas". En efecto, pero tampoco me las creo (y, por otro lado, también he disfrutado a ratos con este cómic). Y además, habría que considerar la sutil, o no tan sutil diferencia, entre un original y una copia. Por ejemplo, también prefiero a los Beatles -que aparecen como referencia en el cómic, dicho sea de paso- que a Los Bravos, por más que éstos cantaran aquello de "Black is Beltza"... es decir, perdón: "Black is Black". Cuestión de gustos.

Notas:
(*) El libro se publicó a la vez en los dos idiomas, sin que me conste que uno sea la traducción del otro, o viceversa.
(**) Aún a riesgo de resultar pedante, he de señalar que, al parecer, en realidad los dos gigantes negros, Braulia y Toko-Toko, ni siquiera viajaron a N.Y. y se quedaron en Pamplona. Por otro lado, los graves disturbios raciales del año 65 no fueron debidos, al menos directamente, al asesinato de Malcolm X en febrero de ese año, tal y como se sugiere en el libro.

Otros títulos de estos autores (o sea, de Harkaitz Cano) reseñados en Un Libro Al Día:  aquí

viernes, 20 de septiembre de 2024

Lola Olufemi: Feminismo interrumpido. Reventar el poder

Idioma original: inglés
Título original: Feminism, Interrupted: Disrupting Power
Traducción: Josefina Caball en catalán para Raig Verd y Laura Estefanía en castellano para Rayo Verde
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

Siempre es interesante ampliar conocimientos acerca de las desigualdades existentes en nuestra sociedad ya sea en conceptos de racismo, feminismo, capitalismo, etc. Y, a menudo sucede, que todos estos conceptos van ligados, porque la opresión siempre va dirigida a las partes más vulnerables de la sociedad y acostumbra a ir de arriba a abajo en la escala social.

Este ensayo escrito por la feminista y activista Lola Olufemi parte de la idea de remover consciencias y hacernos reflexionar acerca de la sociedad que tenemos y la que podríamos conseguir. Ya la propia autora indica este propósito afirmando en la introducción que «este libro se dirige a cualquier persona que haya empezado a pensar de manera crítica (…) Espero que este libro os haga pensar en los límites de este mundo y en las posibilidades de los mundos que podemos crear conjuntamente». Así, esta mirada crítica que defiende y practica la autora, también la dirige hacia su propio movimiento, hacia el feminismo que de manera conceptual ella defiende, pero que choca de manera frontal con el racismo y las desigualdades entre etnias. Tal es así, que confiesa sin tapujos que «yo veía que las mujeres negras eran excluidas del concepto de feminidad, según la definición que hacía la supremacía blanca, y que las personas que quedaban al otro lado de estas fronteras sencillamente no existían a ojos del feminismo convencional. Empecé a entender hasta qué punto el espíritu rebelde y desafiante que me habían infundido las feministas que admiraba estaba determinado por factores de raza y clase». Esta denuncia sobre la corriente feminista dominante es algo que no siempre está en el debate pero que es importante destacarlo, y es algo que recuerda mucho a Nikki Kendall y su libro «Feminismo de barrio» donde este concepto era un tema central en su ensayo. Por ello, el libro está rodeado holísticamente de la interseccionalidad, «el prejuicio derivado de la intersección de las ideas racistas y otras formas de intolerancia, como el sexismo, el clasismo, el etnocentrismo o la homofobia» (parafraseando a Ibram X. Kendi en «Marcados al nacer. La historia definitiva de las ideas racistas en Estados Unidos»).

La autora critica de manera frontal el sexismo, un sexismo que va más allá de las conductas o pensamientos individuales pues está impregnado de manera estructural en los organismos y estructuras gubernamentales. Por ello afirma que «cuando las feministas tildan el estado de ‘sexista’, quieren decir que la provisión estatal, la asignación de recursos y la manera como se hace la supervisión refuerzan la opresión de género restringiendo la libertad de las mujeres». Este sexismo también está presente en la legislación que pretender combatirlo ya que, en cuanto a las leyes protectoras contra la violencia doméstica, la autora afirma que «la cuestión más urgente para las supervivientes no es que sus agresores vayan a la cárcel, sino que haya una red de protección de la cual se puedan fiar y que les permita salir de situaciones abusivas. Necesitan albergues, vías para una estabilidad económica y asistencia social adecuada». Así, no únicamente critica la mentalidad sino como esta rige el día a día, como las prioridades están en otra parte, acertando plenamente en su cuestionamiento sobre la utilidad de un estado en los que sus intereses no se dirigen hacia los desfavorecidos, preguntándose: «¿de qué sirve un país que se niega a situar las necesidades de la ciudadanía antes que el progreso capitalista?».

Otros focos del libro son su denuncia hacia las terfs y su falso feminismo, así como las trabajadoras sexuales y de cómo el sexo se utiliza como una forma de abuso de poder, la poca cobertura que tienen en cuanto a seguridad física y social y la necesidad de replantear el sistema penal y carcelario pues «creer en las prisiones presupone que son neutrales des del punto de vista racial (…) que ayudan a rehabilitar los delincuentes y a reparar el agravio sufrido por las víctimas». Así, aboga (mencionando a Angela Davis) por la abolición de las prisiones y por dedicar recursos y orientar la sociedad hacia cuestionar y cambiar aquello que empuja a las personas a delinquir, con la intención de «encontrar la manera de crear las condiciones para transformar las relaciones que son causa del delito». También la autora habla de la religión y de su influencia, así como de la crítica fácil que se hace desde fuera especialmente hacia las mujeres musulmanas pues «raramente son consideradas individuos el cuerpo de las cuales es necesario proteger, cuidar o tener en cuenta en los debates feministas. Se habla en nombre de la mujer musulmana, pero no se habla de ella: se lo imponen, la invaden, la diseccionan: raramente es tratada como un ser humano autónomo, la libertad de la cual merece ser comprendida en sus propios términos. Cuando en los medios de comunicación se habla de las mujeres musulmanas, son caricaturas vacías o víctimas que sufren bajo el control patriarcal del padre o los hermanos. Necesitan constantemente que las salven: de ellas mismas, las unas de las otras, de ‘países atrasados’».

Cabe decir que parte del libro tiene una mirada centrada en Gran Bretaña (país donde nació u reside la autora) por lo que en algunos casos los ejemplos planteados no coinciden en su totalidad con lo que sería aplicable en otros países y hace que en algunos casos la lectura pierda algo de interés, aunque, en cualquier caso, se trata de un libro interesante pues ayuda a ampliar la mirada sobre el feminismo, así como para recordar conceptos que en algunos casos ya conocíamos o intuíamos. 

Dice la autora que «si este libro os empuja a elegir algún otro o a mirar un documental, buscar en el archivo, coger un libro de poesía —si os enciende u os reaviva el interés por el feminismo—, habré conseguido mi objetivo». Y este es un sin duda un objetivo que, a través de esta reseña, comparto con ella.