domingo, 31 de enero de 2010

John Buchan: Treinta y nueve escalones

Idioma original: inglésThe Thirty-Nine Steps

Título original:

Año de publicación: 1915
Valoración: está bien

Es curioso lo que ocurre con este libro: es conocido fundamentalmente por sus versiones cinematográficas (hasta cuatro, y se anuncia otra más para 2011), que sin embargo modificaron a voluntad el argumento y los personajes, así que la mayoría de la gente cree que lo conoce, pero no. Por ejemplo, quien se acerque al libro, como yo, esperando ver en papel la famosa escena del protagonista subiendo al Big Ben -de la película de 1978-, se va a llevar una gran decepción.

Treinta y nueve escalones (en otras traducciones, Los treinta y nueve escalones) es una especie de road movie, pero a pie. El protagonista, Hannay, es una persona normal, un aburrido viajero cosmopolita, que de repente se ve envuelto en una conspiración para desestabilizar Europa, y que perseguido a través de Escocia a partes iguales por los conspiradores y por la policía, debe utilizar el ingenio (y una dosis verdaderamente inverosímil de casualidades) para escapar sano y salvo, y detener el complot internacional.

Es curioso comprobar las similitudes (superficiales, claro) entre esta novela y El hombre que fue jueves, de Chesterton: en las dos hay una conspiración anarco-nihilista; en las dos hay persecuciones, a pie, en bicicleta, en tren... Las dos tratan de una conspiración de hombres tan inteligentes que casi son sobrenaturales, y en las dos los "buenos" son perseguidos también por la policía. Pero aquí se acaban las similitudes: Los treinta y nueve escalones es una novela de espías y persecuciones pura y dura, una novela de género al fin y al cabo, mientras que El hombre que fue jueves es una vuelta de tuerca muy personal al género. Si no fuera porque la novela de Chesterton se publicó antes, se podría pensar que era una parodia de la de Buchan; siendo al revés, no cabe pensar que Buchan tuviera en mente la de Chesterton, sino más bien los mismos modelos anteriores, muy de moda en la época.

Desde una perspectiva actual, saturados como estamos de explosiones y persecuciones a lo James Bond, la novela resulta un poco floja: le faltan cliffhangers como los que llenan los actuales best-sellers, y alguna trama secundaria (¿qué tal algún personaje femenino, señor Buchan?) que anime el cotarro; en todo caso, resulta una lectura entretenida, y como es cortita, tampoco cabe lamentarse mucho por haberla leído.

sábado, 30 de enero de 2010

J. D. Salinger: El guardián entre el centeno

Idioma original: inglés
Título original: The catcher in the rye
Fecha de publicación: 1951
Valoración: Muy recomendable

Ha muerto Jerome David Salinger.

El esquivo escritor (un tipo que vivía en una casa apartada, espantaba a base de perdigones a los curiosos y que concedió su última entrevista hace treinta años) ha expirado el 28 de enero de 2010 a los 91 años; de muerte natural, dicen. Y los que escribimos en este blog nos vemos en el deber casi moral de reseñar, por fin, uno de los mayores fenómenos literarios del siglo XX: El guardián entre el centeno.

Y no, no me parece descabellado hablar de "fenómeno", porque ahora mismo no se me ocurre ningún libro que haya provocado tanto de tanto (escándalo, controversia, adicción, inspiración, leyenda urbana, fanatismo...). Pero creo que este no es el espacio idóneo para regalar al visitante hornadas de chascarrillos: quines deseen conocer mejor a los serial killers y a las stars que veneran El guardián entre el centeno, que chapuceen en Google...

El carismático protagonista de esta historia es Holden Caulfield, un muchacho de dieciséis años de buena familia, muy espabilado, mal hablado, ingenioso y repollo pero pésimo estudiante, que está a punto de ser expulsado del cuarto caro colegio donde estudia. Esto lo sabemos ya en las primeras páginas del libro, narrado en primera persona, donde leemos también cómo se pelea con un repelente compañero de estudios por una chica.

Pero no son sólo sus fracasos académicos y sociales lo que le lleva por la calle de la amargura; digamos que a tan corta edad, Holden es un hombrecito completamente consciente de que no le gustan ni un pelo el Mundo y sus habitantes. El inconformismo y el deseo de huir de las garras de la cruda realidad provocan que antes de ser expulsado oficialmente de su centro, huya un fin de semana a la big city de Nueva York. Allí vivirá experiencias de todo tipo, intento de perder su virginidad con una prostituta inclusive...

La galería de personajes que nutre la historia no tiene desperdicio, y el ácido jovenzuelo de apellido Caulfield que la describe no tiene piedad. Ni siquiera es clemente con su hermano mayor, un afamado escritor en Hollywood, o con sus padres, hombre de éxito él y mujer melancólica ella, debido a la muerte por leucemia de uno de sus hijos (al que Holden adoraba).

Lean este libro y conozcan a Holden, Holden Caulfield. El chico que desea dedicarse a evitar que los niños que juegan en los campos de centeno caigan por el amenazador barranco que lo limita por alguna parte. El chico que no quiere crecer. Un Rimbaud, un Peter Pan, un Jo March...

He de decir que en un primer momento, El guardián entre el centeno, caracterizado por su lenguaje rapidísimo, directo y poco floreado, y centrado en la mente ágil y mareante de un adolescente inquieto con respuesta para todo, me pareció algo sobrevalorado. Pero ahora lo considero una de las mejores novelas iniciáticas que he leído, y a HC, uno de los seres literarios más particulares de todos los tiempos. Será que hay que tener cierta edad para comprender que el paso del tiempo expropia muchos tesoros: ciertos años para que en uno se frague el deseo de ser guardián de campos de centeno.

Como último detalle, he aquí esta lucidísima opinión de Benedetti sobre Salinger: “Ni se droga ni se escapa; es un atrincherado, pero no un evadido”.

También de o sobre Salinger en ULAD: SalingerNueve cuentosOona y SalingerFranny y ZooeyLevantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción

viernes, 29 de enero de 2010

J. R. R. Tolkien: El Silmarillion

Idioma original: inglés
Título original: The Silmarillion
Fecha de publicación: 1977
Valoración: muy recomendable

Este es un libro de relatos que Tolkien intentó terminar durante años. Pero no pudo hacerlo, así que su hijo Christopher se encargó, póstumamente, de publicarlo recogiendo todos los fragmentos que había dejado su padre para el mismo, tanto los terminados como los inconclusos. Ardua tarea si tenemos en cuenta que Tolkie realizaba borradores y borradores y borradores, y cambiaba puntos cruciales de la trama en varias ocasiones. Por eso, alguno de los relatos contiene datos que se contradicen con los que podemos leer en el Hobbit o en El señor de los anillos, pero no importa. Toda información se hace escasa cuando quieres conocer la Tierra Media, y estas variaciones nos acercan un poco más a la mente de su creador.

Para muchos seguidores de Tolkien este es su libro más pesado, más denso. Y a mí me encanta. Me explico. En él se nos cuenta cómo empezó todo, como Eru, la divinidad primigenia, fue creando a los ainur con su música, y cómo después, las discordancias de Melkor dieron paso a otras creaciones. Podemos conocer los entresijos de la creación, los seres que fueron apareciendo y qué es lo que hacían. Es la mitología del mundo de Tolkien, la mitología de la Tierra Media. Cierto que la acción puede discurrir más lenta que en otras de sus obras, y se describe al detalle las características de sus personajes, pero resultan imprescindibles para poder explicar quién es quién después. ¿Quién es Gandalf? O mejor dicho, ¿qué es? En el Silmarillion lo puedes descubrir. No es una novela, se trata de un libro de leyendas. Genial.

Dicen que Tolkien, con su obra, quiso dotar a Inglaterra de una mitología propia. Y es en este libro donde la desarrolla. A través de cinco partes y numerosos relatos, nos acerca a los creadores de los Silmarils, joyas únicas y que todos codician, la división de los elfos, la creación de los enanos y los hombres, la decadencia de Melkor y la ascensión de Sauron. Todo lo referente a la creación, la Primera y la Segunda Edad de la Tierra Media.

Esta obra es un silmaril para los lectores del género de fantasía y para los buscadores de mitologías, aunque sean imaginarias.

También de J. R. R. Tolkien un ULAD: El señor de los anillosEl hobbit

jueves, 28 de enero de 2010

Colaboración: El símbolo perdido, de Dan Brown

Idioma original: inglés
Título original: The Lost Symbol
Año de publicación:
2009
Valoración: no aplicable

Nuevo montón de páginas dedicado a las aventuras del profesor Robert Langdon, ese Indiana Jones redivivo del siglo XXI, con la ya habitual macedonia de masonería, artes oscuras, misterios bíblicos, arquitectura medieval y museos. Esta vez, el desafortunado protagonista se verá envuelto en una conspiración criminal -con las peores intenciones- en la capital de Estados Unidos, Washington D.C., y estará acompañado, una vez más, por sabios masones de buen corazón y una inteligente y atractiva investigadora con la que no puede faltar la necesaria tensión sexual. Como puede verse, el mismo mecanismo de éxito que le encumbró en el bestsellerismo con sus dos libros anteriores. Ah, y la CIA. Esta vez también sale la CIA. Siguiendo una lógica evidente, en el próximo libro Robert Langdon se reunirá con el Presidente. Tiempo al tiempo.

Dan Brown sigue fiel a su estilo: capítulos cortos, sintaxis sencilla, personajes sin profundidad, acontecimientos carentes de todo sentido, grandes paradojas argumentales, juegos de pistas sacados del google… Para un lector sin ningún tipo de conocimiento sobre nada -difícil, pero no imposible-, su desenfreno a la hora de enumerar datos históricos, idearios mitológicos o curiosidades religiosas pueden llevar a pensar que realmente este tipo sabe de lo que habla; pero si el lector es, pongamos por caso, un poco astuto y curioso, descubrirá con estupor que Dan Brown es probablemente el mayor especialista del mundo en llenar páginas de mentiras, invenciones y rotundas barbaridades. En el caso de este libro habla bastante de misticismo sufí e Islam, temas que por suerte conozco y en los que, como era de esperar, no da una a derechas.

Lo bueno del libro es que se lee rápido, puede administrarse por vía ocular mientras se hace otra cosa o incluso se come, no provoca ningún tipo de pensamiento ni juicio crítico y se olvida con la misma facilidad que los nombres de los personajes secundarios. Lo peor, que cueste dinero. No me extraña que en su país haya vendido mucho más en formato digital que en papel. El final, por cierto, es un despropósito.

Firma invitada: Iván

También de Dan Brown: El código Da Vinci.

miércoles, 27 de enero de 2010

Hans Magnus Enzensberger: En el laberinto de la inteligencia

Idioma original: alemán
Título original: Im Irrgarten der Intelligenz
Fecha de publicación: 2007
Valoración: está bien

¿Perteneces, oh lector, a esa multitud de personas que han sido sometidas en algún momento de su vida a un test de inteligencia? Muchos colegios e institutos los han usado hasta hace poco para orientar la suerte futura de sus alumnos y en la mayoría de trabajos algún tipo de prueba psicométrica muy similar sigue siendo un filtro de selección. Yo he tenido la suerte de librarme de tales ordalías, pero, aún sin padecerlas, siempre me han causado mucha desconfianza. Creo que cualquier de esos test dice más de la cortedad de miras del examinador que de la inteligencia del examinado. Este ensayo no ha hecho sino reafirmar mi convicción.

Parece muy necesario recordar la parte tenebrosa de algo tan cotidiano y neutro, que podemos hacer por diversión en miles de páginas web, suplementos semanales, etc. Recordar, por ejemplo, que uno de sus primeros usos fue la selección de oficiales entre los soldados del ejército de EE.UU., allá por la I Guerra Mundial, o que los principales defensores del test han acariciado ideas como la eugenesia o la superioridad de unas razas sobre otras. Enzensberger lo hace, y no sin cierto humor.

Merece la pena verle desmenuzar uno de los libros divulgativos de tests con mayor éxito, que pretende medir la inteligencia de los lectores haciéndoles preguntas sobre capitales, estrellas de cine y problemas aritméticos. Por citar sólo una objeción a estos criterios, cabría aducir que tienen un sesgo ligeramente (sólo ligeramente) occidental... ¿Qué concluiría un inuit de Groenlandia -se pregunta Enzensberger- si tuviera que medir con sus propios criterios la inteligencia de cualquiera de nosotros?

Hay que concluir que somos demasiado estúpidos para saber qué es la inteligencia. De ahí el subtítulo del libro: Guía para idiotas. Por cierto, que el título original encierra una pequeña vuelta de tuerca que se pierde en la traducción: y es que el Irrgarten que se ha traducido como "laberinto" refiere a esas estructuras de setos diseñadas para desorientar al caminante y significa literalmente "jardín loco" (manicomio, por ejemplo, es Irrenhaus, "casa de locos"). Es decir, que Enzensberger no pretende decir que el de la inteligencia es un tema muy difícil y arcano en el que se introduce -como en un laberinto- con terror de neófito, sino, más bien, una tomadura de pelo, un campo de obstáculos diseñado por alguien con la perversa intención de que nos perdamos. Pues yo como que me quedo fuera, gracias.

También de Enzensberger en ULAD: Hammerstein o el tesónTumulto, Esterhazy

martes, 26 de enero de 2010

Christopher Moore: Un trabajo muy sucio

Idioma original: inglés
Título original: A Dirty Job
Fecha de publicación: 2006
Valoración: Está bien

Buscando información sobre Christopher Moore (buscaba un libro que regalar a mi padre y alguien me dijo que este autor podría gustarle), descubrí –en algunas páginas de internet, al menos– que es calificado como "escritor estadounidense de ficción absurda". Como el concepto ficción absurda se escapaba a mi entendimiento, decidí investigar un poco más. Y lo que descubrí es que sus novelas tratan de personajes normales que se ven envueltos en circunstancias sobrenaturales o extraordinarias (Wickipedia dixit). Como seguía sin entender a qué venía lo de absurdo (como si no hubiera novelas que hablan de personas normales envueltas en circunstancias extraordinarias), compré uno de sus libros y me lo leí antes de arriesgarme a regalárselo a nadie.

Un trabajo muy sucio comienza presentándonos a Charlie Asher, un hombre normal, dueño de una tienda de antigüedades, que cuenta los minutos para que nazca su primera hija. Pero el que iba a ser el día más feliz de su vida termina convirtiéndose en uno de los peores, puesto que su mujer muere poco después del parto. Y no sólo eso, sino que a su lado, en el hospital, Charlie ve a un hombre al que se supone que no debería ver y que le revela en qué se va a convertir. Así, mientras intenta superar la muerte de su esposa, cuidar de su hija y sobrevivir a sus empleados, descubre que es un Mercader de la Muerte. Sí, sí, así como suena. Su –nuevo– trabajo consiste en recoger las almas abandonadas de aquellos que han dejado este mundo, continuar con su vida normal (si es que sigue siendo normal), evitar que las Fuerzas de la Oscuridad se le suban a la chepa y descubrir quiénes forman el Pueblo Ardilla y por qué están empeñados en hacerse con las almas que recoge. Casi nada.

Y todo esto nos lo cuenta Moore –como ya imaginaréis– con mucho sentido del humor. No llega al nivel de Sharpe, por ejemplo (sí, confieso, tengo debilidad por Tom Sharpe), pero hay que reconocer que no lo hace nada mal, y que tiene momentos verdaderamente memorables. La trama no tiene demasiada complejidad y el final es bastante predecible, pero se le puede perdonar porque tampoco buscamos que esta obra nos cambie la vida. Si buscáis estar entretenidos, no pensar demasiado y pasar un buen rato, éste es vuestro libro. Aunque sigo sin tener muy claro lo de ficción absurda.

También de Christopher Moore en ULAD: El ángel más tonto del mundo

lunes, 25 de enero de 2010

Karmele Jaio: Música en el aire

Idioma original: euskera
Tïtulo original:
Musika aireanAño de publicación: 2009
Valoración: Imprescindible

Tras leer algunos cuentos de Karmele Jaio (Zu bezain ahul), ya estaba convencido de que tenía entre mis manos a una gran narradora. Pero tenía ganas de leer alguna de sus novelas para confirmar si su arte tendría la misma calidad en una obra narrativa de mayor extensión. La conclusión es clara: sin lugar a dudas.

Probablemente lo mejor de Karmele Jaio es su estilo claro, conciso y cargado de ritmo. Esta autora es capaz de transmitir, con muy pocas palabras y frases breves, sentimientos y sensaciones que ocuparían páginas y páginas en otros autores. Y la verdad sea dicha, esa brevedad, esa ausencia de descripciones, muchas veces superfluas y evitables, se agradece.

En lo que se refiere al argumento, también destaca por su sencillez. Elena, una anciana de cualquier pequeño pueblo vasco, vive desde hace años encerrada en su casa, sin salir a la calle, viendo la vida pasar desde su ventana e interpretando la música que ésta va trazando en el viento. ¿A qué se debe este aislamiento? A los sinsabores y a las piedras que la vida ha ido dejando en su camino y, en particular, al enfrentamiento que desde hace muchos años mantiene con la que fue su mejor amiga de la infancia, enfrentamiento que ha desembocado en el silencio entre ambas. Ésta es la premisa de partida, a la que se suma la aparición de otros personajes (sus hijos, la familia de la interina hispanoamericana que la cuida, otros personajes del pueblo...) que enriquecen sobremanera la novela.

Karmele Jaio logra transmitir toda la complejidad del alma humana y describir con precisión el ambiente, a veces opresivo y cargado de viejas rencillas, que suele caracterizar a los pequeños pueblos. Y crea una novela hermosa y, como su título anuncia, repleta de música.

Otras lecturas de Karmele Jaio: Las manos de mi madreStopNo soy yo, La casa del padre