Título original: De kommer att drunkna i sina mödrars tårar
Traducción: Neila García
Año de publicación: 2021
Valoración: está bien
«Aquel día había mejillones para cenar, pero eso no era ni una señal ni una coincidencia. Cierto que era algo inusual, pero está claro que no era ninguna señal, aunque más tarde alguna vez hemos dicho, aquello fue un mal agüero, lo hemos dicho alguna vez, pero seguro que no lo era, como tampoco era una coincidencia.»
Año de publicación: 1977
Valoración: Raro
No sé si con Juan Benet estoy empezando a deslizarme hacia el completismo, eso de leerse cualquier cosa que haya escrito un cierto autor, y que es algo que en realidad me repele un poco. Y eso que ni mucho menos he leído todo (ni casi todo) lo publicado por el autor madrileño, pero me he sentido en riesgo de caer en ese vicio al toparme con esta novela, que es sin duda una obra menor, y además extraña a lo que yo consideraba el mundo literario de Benet, incluso a su estilo, sus personajes, sus atmósferas.
La verdad es que llegué a esta novela (por llamarla de alguna manera) de forma casual, y me llamó la atención porque nunca había oído hablar de ella y por ese título que, si nos olvidamos de la minúscula, parece más propio de un ensayo político (me recordó al difícil Jellinek). Pero no, es una especie de novela corta que, como decía, se aleja por completo de todo lo que conocía de este autor. En el estado es una narración algo caótica, con un tono sarcástico y desinhibido, que cuenta (es un decir) el encuentro de tres personajes que paran en una especie de mesón tras un viaje en autobús. Es en principio el clásico escenario de los viajeros que matan el tiempo de parada contándose cosas, aunque en realidad es la mujer prácticamente la única que refiere algunas historias personales. Relatos claro está completamente disparatados, casi siempre de índole sexual, que se sirven entremezclados con cosas sin conexión aparente, como largas exposiciones, algunas dramatizadas, sobre extrañas estrategias bélicas en la guerra franco-prusiana, complicadas digresiones filosóficas, o una hábil parodia sobre la creación literaria en la que medio mundo queda paralizado en la búsqueda de una única palabra que un misterioso autor necesita para continuar su obra.
Y como esto, todo lo que vamos descubriendo tiene tintes de farsa: el mismo ambiente y algunos personajes informes hacen pensar en el esperpento de Valle-Inclán, pasajes de apariencia onírica tienen ecos surrealistas, la estaticidad y el sinsentido de los protagonistas y sus diálogos recuerdan a Beckett, y hasta hay un par de pasajes en que Benet parece parodiarse a sí mismo. Todo ello, eso sí, sin perder en ningún momento de vista esa prosa compleja pero en mi opinión especialmente brillante, capaz de emocionar con la sola mención de un árbol solitario o de arrastrar al lector a una ciénaga de sensaciones contradictorias. O de conseguir esta imagen lúbrica nada menos que del mar Mediterráneo:
'Ese aparentemente apacible pero inquieto, tortuoso y multiforme mar interior, esa líquida lengua que al penetrar, invadir y sellar las profundas invaginaciones a que diera lugar la separación de los tres continentes históricos engendrará en las interioridades de cada seno y de cada golfo, las más delicadas, perversas, sugerentes y nocivas delicias de que puede presumir nuestra moribunda civilización'
No solo la forma, también la capacidad narrativa de Benet tiene destellos extraordinarios cuando relata una absurda guerra en la que el enemigo nunca se defiende, de forma que el invasor avanza en busca de algún contendiente encontrando pueblos cada vez más lejanos y extraños, toda una demostración de que cuando quiere también sabe narrar de una forma nítida y lineal. Sin olvidar tampoco esos crípticos pero geniales juegos de palabras, como el del mismo título (una acepción en desuso de estado es la de un figón o posada), o el más increíble de uno de los capítulos, Fármaco con olor a vid, que es en realidad un ingenioso anagrama de la frase Cómo olvidar a Franco. Y seguramente descubriríamos mil juegos, alusiones y equívocos más si fuéramos capaces de (y tuviéramos humor y conocimientos para) desentrañar el texto completo.
Yo creo que está bastante claro que este libro fue un simple entretenimiento, el pasatiempo de un escritor enorme que por ese tiempo debía estar sumergido en la redacción de Saúl ante Samuel, puede que su obra más compleja, que ya es decir, publicada un par de años después. Y puede que en el fondo se encuentre también aquella reflexión que exponía en La inspiración y el estilo, según la cual (cito de memoria y aprox.) una vez conseguido un estilo personal, el autor puede librarse de la atadura del componente informativo del relato (argumento, desarrollo, desenlace) o, lo que es lo mismo o se parece bastante, tiene licencia para desparramar y lanzarse en varias direcciones sin importarle demasiado lo que piense el lector. O así lo interpreto yo al menos. Así que el libro es un poco como el pintor que se distrae improvisando una cosa ligera con sus pinceles usados, se libera la mente y disfruta un rato de total libertad, lo que crea es algo muy diferente de aquello a lo que dedica su trabajo, pero no por eso deja de tener su sello personal.
Así que tenemos varias perspectivas. Si pensamos en un lector digamos normal, puede tener cierto interés si lo que busca es algo un poco loco, fuera de los cánones aunque bien escrito. Si por el contrario es usted fan declarado de Benet, adicto a la severidad y los misterios de Región e incondicional de esa atmósfera donde el tiempo pierde su secuencia lógica, sin muchas ganas de reírle las gracias al genio cuando le da por ponerse chistoso, igual mejor que no lo intente.
Otras obras de Juan Benet en ULAD: Volverás a Región, Nunca llegarás a nada, El aire de un crimen, Sub rosa, En la penumbra, Otoño en Madrid hacia 1950
Hay en este libro pasajes terribles y que me han dejado temblando y con el corazón apretado, en particular el que da título al libro: el momento en que la escritora, antes y después del procedimiento para interrumpir el embarazo, debe decidir si quiere ver el cuerpo de su hijo, como le aconseja la psicóloga del hospital, o si prefiere ahorrarse esa imagen para evitar que le persiga el resto de su vida. Uno, como lector, se pone en su piel, en una situación tan terrible y tan inimaginable, y es imposible que no se te encoja el alma... Por suerte, también hay momentos de humor y de amor, de solidaridad y de compasión, sobre todo en ese triángulo que forma la autora con el Gran Tejón (su marido, Sasha) y la Tejoncita (su hija, también llamada Sasha). De hecho el epílogo, en el que la historia de la familia se cierra con una sensación de esperanza, ternura y unión a pesar del dolor, ha ayudado a que el regusto final sea melancólico y no rotundamente trágico. La vida, con su dolor, su pérdida y su ocasional aridez, sigue adelante gracias a los afectos que se van construyendo por el camino.
(Cuando estoy casi acabando el libro, en uno de los momentos más duros, mi hijo se despierta de su siesta, viene corriendo a buscarme al cuarto, se sube a la cama y se sienta conmigo delante del ordenador. Luego me da un cabezazo en la nariz, dice "pupa" y me mira como si fuera culpa mía y vuelve a irse corriendo a su cuarto. Y, en fin, es eso).
Título original: Mafia Life
Año de publicación: 2017
Traducción: Daniel Saldaña
Valoración: muy recomendable
Mafia Life es un fascinante libro escrito por un criminólogo, pero despojado de los tecnicismos propios de un estudio. Son más de trescientas páginas que incluyen tanto un extenso índice de notas como curiosos cuadros comparativos que reafirman sus postulados. Varese escribe sobre mafias en su amplio sentido al uso: organizaciones criminales que penetran en las sociedades en que se desarrollan de una manera tan profunda que cuesta llegar hasta sus raíces sin sorprenderse de sus curiosas y contradictorias relaciones con el poder. Varese establece comparaciones en sus jerarquías, sus ritos de iniciación, sus códigos internos, sus normas, su día a día, y a todo aquel ajeno a ese mundo le resulta fascinante, pues la referencia más inmediata pueden ser películas o series o la presencia puntual en prensa (en noticias que hablan de reyertas, de ajustes de cuentas, de bandas rivales), la lectura va a interesarle de forma extrema por cuanto muy pocas sociedades o países, más bien ninguno, parecen a salvo de ese tipo de organizaciones. Hasta para eso la economía es global. Las conclusiones no son precisamente esperanzadoras, por cuando se viene a aseverar, como asevera el dicho, que en todas partes cuecen habas, y que Rusia, Hong Kong, Italia o Estados Unidos cuentan, cada uno, con su marca propia, y que, por mucho que pueda caerte bien Tony Soprano, las estructuras de poder y su condición desvergonzada de uso del crimen para obtener poder o rendimiento económico es común. Matices habrá los que haya, en ciertas condiciones internas o reglamentos que parecen revestirles de un glamour y de una sensación de honorabilidad propia de que, el libro es inequívoco, carecen.
Curiosa, por eso, la vertiente política planteada: las mafias no están cómodas cuando las opciones de izquierdas detentan el poder, y de hecho, tienden a pronunciarse políticamente por las opciones conservadoras. Lo cual es un detalle, como mínimo, revelador.
En cualquier caso, y con las limitaciones de espacio propias, pues solo los entresijos de un solo país de los mencionados ya podrían dar para mucho texto, la sensación es de una lectura apasionante y enormemente didáctica, quizás incluso algo frívola si la abordamos como un mero entretenimiento. Pueden estar más cerca de nosotros de lo que parece.
Y yo me sentiría más cómodo si no tuviera que lidiar con un conflicto interno cada vez que reseño un libro de Malpaso. Este llevaba un tiempo en casa y simplemente ahora le llegó el turno de ser leído. Malpaso viene protagonizando malas noticias, una tras otra, siendo la última una tanda de envíos de burofax a muchos de los sufridos y pacientes colaboradores a los que siguen debiendo dinero. Parece ser que no les gusta que esa realidad se haga pública y deciden contratacar aludiendo a la mala imagen para el negocio que puede acarrear airear esa situación - real, insisto, y aunque desconozco el contenido de esos burofaxes supongo que deben contener advertencias - que es una forma fina de amenazar, como si a aquellos que ya tienen paciencia esperando cobrar algún día, haya que ir a echarles sal en las heridas. No tienes el dinero producto de tu trabajo, pero tampoco te quejes. Mala gestión pasada y mala gestión actual. Ignoro si el dinero se fue en malas inversiones o fue una salida más de fondos para las maquinaciones de una de las personas con quién se relacionó a la editorial, un miembro de la siniestra familia Pujol-Ferrusola. Pero esos burofaxes son tanto señales de un comportamiento inmoral como de una huida hacia adelante patética. Por favor, Malpaso, paga ya.
¿Alguien sabe quén fue Rose Wilder Lane (1886-1968), la escritora biografiada en esta cómic? Porque yo confieso que, hasta leerlo, ni idea... Pues resulta que la susodicha, hija de unos granjeros del Medio Oeste que acabaron instalándose en Missouri, huyendo de la sequía y la pobreza, fue una reportera -para la Cruz Roja, por ejemplo, en países como Albania o Armenia-, exitosa escritora de relatos, feminista y teórica política. Pero la actividad que más fama -siquiera póstuma- y, sobre todo, fortuna le proporcionó fue haber sido coautora, junto a su señora madre, Laura Ingalls Wilder, de la célebre serie de libros de La casa de la pradera (supongo que esto ya sonará a los más viejunos viejóvenes de por aquí), que en principio no eran sino las memorias de juventud de su madre, reescritas por Rose para volverlas más publicables.
Por lo que respecta a su ideología, Rose Wilder Lane, además de un feminismo quizás más práctico que teórico, fue una defensora del "libertarismo" o "anarcocapitalismo" (doctrina que ha acabado por ser bastante más capitalista que anarquista, me parece) y, sobre todo, opositora al, para ella, excesivo poder del Estado, ya fuera el de la América de Roosevelt, el fascista o el comunista -aunque de joven había sido socialista e interesada en el comunismo-; básicamente sus ideas vendrían a ser una vesión primigenia y bienintencionada de la de los "patriotas" que sólo abandonan sus arsenales de armas automáticas en Montana y sitios así para tomar el Capitolio junto a supremacistas blancos y pirados seguidores de QAnon (sería curioso saber los que R. W. L. hubiera pensado de esta gente, aunque al final de su vida ya protegió a un notorio conspiranoico llamado Joseph Kamp). Por supuesto, tuvo cierta relación con la churrigueresca madonna del ultraliberalismo, Ayn Rand (no sé si calificarla de "amistad", porque parece que el enorme ego de ésta le impedía ser amiga de quien fuera), así como con otras muchas escritoras y "comunicadoras" -sobre todo, radiofónicas- de su epóca, hoy en día me temo que mucho más olvidadas.
Se diría que mejor suerte ha corrido nuestra R. W. L. al despertar el interés de Peter Bagge, un conocido historietista que despuntó en los 90 con Mundo Idiota y Odio, cómics emblemáticos para el movimiento grunge, y muy influido por el estilo de Robert Crumb. Bagge se ha dedicado en los últimos años a plasmar en cómics las biografías de otras mujeres que destacaron en diferentes aspectos en los EEUU de la primera mitad del siglo XX y que no son demasiado conocidas fuera de ciertos ámbitos, como Margaret Sanger, defensora de la planificación familiar o la antropóloga, folklorista y escritora afroamericana Zora Neale Hurston. En este caso, sin embargo, no sé hasta que punto consigue el onjetivo de resaltar la figura de R. W. L. ; por una parte, quizá por la propia naturaleza del género, el autor ha tenido que sintetizar , cuando no obviar, muchos aspectos de las circunstancias d la época, y, de hecho, al final del libro ha puesto varias páginas de notas explicativas para me jor comprensión de las mismas. Por otro lado, aunque no deje de lado las características de la obra e ideas de esta escritora, lo que más atraen la atención del lector creo que acaba siendo aquello que no tiene relación directa con las mismas: su evidente bipolaridad, la tormentosa relación con su madre (que tenía un carácter muy parecido al suyo), la pérdida de su hijo, que la llevó a proteger a diversos "hijos" y luego "nietos" sustitutos... Por último, quizá debido al expresivo estilo "contracultural" del dibujo de Bagge, a muchos personajes, y desde luego a la protagonista, se les ve en casi todo momento malhumorados o incluso iracundos (tristes, en el mejor de los casos-, lo que no contribuye a crear empatçia con ellos o incluso con Rose, pese a la inudable inteligencia y valentía que demostró toda su vida (y que, además, contrasta con el afable aspecto que se puede ver en las fotos que acompañan a las notas finales).
En fin, un cómic/biografía gráfica (valga la redundancia) interesante, pero tal vez no tan satisfactorio como podría haber sido... No obstante, no descarto explorar otros de este mismo autor.