domingo, 7 de junio de 2020

Jane Austen: Lady Susan

Idioma original: inglés
Título original: Lady Susan
Año de publicación: 1871 (Póstuma) (Se cree que fue escrita en 1793 o 1794)
Valoración: Recomendable




Jane Austen, una mujer que escribe, y tan alejada de nosotros en el tiempo que no puede tener nada que decirnos. Seguro que ha quedado anticuada, obsoleta, confinada en un mundo de mujeres que –si hoy día nos parece estrecho por doméstico y poco interesante– a comienzos del siglo XIX debía ser el colmo del aburrimiento, la banalidad y la ñoñería.
Un momento. Esto no lo está afirmando la persona que escribe, se trata de un recurso retórico llamado ironía que afirma lo contrario de lo que quiere transmitir y que, supongo, conocerán de sobra los aficionados a los libros. En este caso, me pongo en el lugar de los que piensan así para seguir argumentando sobre el asunto. Aviso, porque la última vez que utilicé el procedimiento algunos lectores parecían un poco confundidos.
Bien, continúo. Decía que el reducido universo femenino de hace un par de siglos quizá no fuese muy interesante, y que traerlo a colación no parece tener mucho sentido en nuestra avanzada sociedad tecnológica en la que se han superado las diferencias. Ya no se mata por racismo, como tampoco se maltrata a las mujeres. ¿O sí?
En fin, no nos vayamos tan lejos. Quizá no tengamos que hablar de muertes, tampoco se puede exigir tanto, después de todo no muere una mujer ni un negro todos los días. Estamos diciendo que ahora todos vivimos en igualdad de condiciones: la mujer tiene acceso a estudios superiores con la misma facilidad que el varón y puede trabajar si quiere. A no ser que…
A no ser que en el hogar familiar se alojen personas dependientes (niños, enfermos y/o ancianos), pero esto, lo mismo que el asesinato, son episodios aislados. Sólo fallecen por esta causa unas cinco mujeres al mes en el país desde el que escribo, eso sin contar las ejecutadas fuera de la pareja, una nadería ¡vaya!. Lo que importa es que la mujer ahora trabaja, aunque su sueldo sea bastante menor que el de sus compañeros de igual categoría. Lo malo es que esto la hace depender de su pareja y se ve obligada a asumir las tareas domésticas. Pero eso tampoco tiene mayor importancia, porque si su formación es mayor y da la casualidad de que lleva a casa la mayor parte de los ingresos familiares también va a llevar sobre sus hombros la responsabilidad y las tareas.
Quiero decir con esto –recobrando el tono asertivo y volviendo a Jane Austen y su Lady Susan– que la situación de las mujeres, salvo excepciones, sigue siendo bastante precaria incluso en ambientes acomodados, pues por un motivo u otro se llevan –ahora y entonces– la peor parte del pastel. En aquella época se veían obligadas a casarse y, si podían presumir de cierta distinción, a hacerlo ventajosamente desde el punto de vista social y económico. Se instalaban así en un matrimonio que, sin tener en cuenta sus respectivas afinidades, les solucionaba la vida y, con suerte, les permitía vivir con desahogo. Pero, ¿y si enviudaban sin una renta vitalicia que cubriese sus gastos? En casos así, tal como se refleja en la novela, debían ser acogidas por algún familiar varón con posibles. Incluso si el capital heredado fuese suficiente para llevar una vida cómoda, ¿debían encerrarse en su jaula de oro a llorar al difunto hasta el fin de sus días sin poder aprovechar la riqueza para alternar, presumir y divertirse?
Nuestra protagonista ha superado todo eso, es lo suficientemente inteligente para que no le afecten las convenciones sociales y tan hábil que logra convencer a los más ingenuos de que cumple rigurosamente las reglas. Pero en el estrecho círculo social en que se mueve todo acaba sabiéndose y, debo resaltar, carece completamente de escrúpulos. Es evidente, pues, que no está reivindicando nada sino aprovechándose de todo y de todos. El personaje le ha salido redondo a su autora, aunque reconozco que el contexto resulta un tanto maniqueo. Me explico: todos son bastante bondadosos y ella refinadamente malvada, pero en la vida real nada es blanco o negro del todo, por suerte contamos con una extensa gama de grises. 
Volvamos a lo que comentaba al principio. ¿Les parece poco interesante un riguroso análisis sociológico, que afecta a un porcentaje tan significativo de población como es el cincuenta por ciento? Un análisis que se realiza a pie de siglo y no de forma retrospectiva, por parte de una mente observadora y sagaz que transmite con bastante detalle cómo vivía la gente en esa época, las estratagemas que debían poner en marcha para adaptarse a unas convenciones injustas, o la displicente actitud de los privilegiados, que pueden permitirse ser intachables y no revolcarse por el barro de la despiadada vida real. Ojalá encontrásemos ahora obras de ficción tan claras y certeras, y hablo de ficción porque ensayos hay muchos y muy documentados, pero no suelen llegar al gran público.
Por si fuera poco, Austen también es una maestra de la sátira. Y hay más: su prosa es impecable, los caracteres y ambientes están perfectamente dibujados, sabe mantener intrigado al lector, consigue poner el foco dónde quiere, y que lleguemos a las mismas conclusiones que ella solo a través de la acción, sin que le haga falta premiar y castigar a sus personajes según su código ético. Añado que no solo es sagaz, además es muy divertida e irónica, yo me la imagino escribiendo con una sonrisita malévola. Y la publicaban, que ya tiene mérito, y no lo digo por decir, pues solo a las mujeres con auténtico talento se les permitía despuntar por entonces. Aún así, no es exacto hablar de triunfo si tenemos en cuenta que ninguna de sus obras se publicó con su nombre en vida.
A pesar de todo ello, Lady Susan es una obra menor dentro de la producción de la autora, por su corta extensión, por la temprana fecha en que fue escrita –que la convierte en más valiosa aún– y porque los estrechos márgenes del género epistolar la obligan a hacer concesiones que afectan a la verosimilitud de los textos. Estos resultan demasiado explícitos, transmiten una sinceridad que no es más que el vehículo para informar al lector de los hechos pero que en la pluma de una consumada mentirosa no resulta muy convincente. Un defecto insignificante en una primera obra escrita apenas alcanzada la veintena.

sábado, 6 de junio de 2020

Reseña a cuatro manos: Los puentes de Moscú, de Alfonso Zapico

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien

Nota previa (el reseñista y sus circunstancias). No está claro si los que firmamos abajo tenemos o no una zona de confort en materia literaria. De haberla, creo que en esta ocasión nos salimos claramente de ella: normalmente no reseñamos este tipo de libros, así que pedimos cierta indulgencia, tanto a los lectores del blog como a los compañeros más aficionados a estas cosas.

Introducción, quizás necesaria (los personajes): Los puentes de Moscú presenta a dos personas que son sin duda conocidas en el País Vasco, quizá algo menos a nivel español y seguramente desconocidas por completo en el exterior, así que se requiere una pequeña semblanza:
  • Eduardo Madina: miembro del Partido Socialista vasco nacido en 1976, procedente de la Margen Izquierda (la zona obrera de Bizkaia). Cuando tenía 27 años ETA colocó una bomba-lapa en su coche provocándole la amputación de parte de una pierna. Tras salvar la vida de milagro, siguió su carrera política y llegó a presentarse al cargo de Secretario General del PSOE, aunque perdió frente a Pedro Sánchez.
  • Fermín Muguruza: músico nacido en 1963, frontman de los grupos de ‘Rock radical vasco’ Kortatu y Negu Gorriak, con una larga carrera posterior en solitario; autor de una obra variada y siempre militante, e identificado con la ‘izquierda abertzale’, se le ha acusado desde ciertos sectores de ser simpatizante y altavoz de ETA, pese a que hace tiempo que se muestra contrario al uso de la violencia para fines políticos.
De manera que tenemos dos personajes desde luego fácilmente identificables dentro de la política vasca, pero cuyos roles pueden también trascender lo local y ejemplificar un conflicto que puede darse en ámbitos muy diferentes.

Escena de interior: Eduardo Madina entrevistando a Fermín Muguruza
Por su parte, Alfonso Zapico, el asturiano guionista y dibujante del libro, es autor entre otras de una obra sobre James Joyce (Dublinés, que recibió el Premio Nacional). La idea de Los puentes de Moscú (referido a una plaza en Irún, no a la ciudad rusa) surge de una entrevista que Madina le hizo a Muguruza para el magazine Jotdown, que se puede leer completa aquí. El contexto en el que se compone la obra, cuando ETA anuncia el fin de la lucha armada y se inicia una época social y política nueva tanto en el País Vasco como en España, añade interés al proyecto.

Y, de hecho, al resultado no le faltan virtudes. Desde el punto de vista gráfico, Zapico demuestra una enorme soltura en la composición de las páginas y en la relación entre imagen y texto. Con dibujos a veces a página completa, o varios sucesivos repartidos por la página y separados simplemente por espacio en blanco o por texto, la libertad de composición, unida a la capacidad de Zapico para crear retratos y paisajes con pocos trazos, hace que la lectura resulte ligera y ágil, aunque dejando también margen para disfrutar de su maestría. El blanco y negro, junto con el trazo despreocupado, dan al conjunto un aspecto de fanzine muy apropiado a la época y el ambiente de esos años 80 y 90 en que se sitúa casi todo el relato.

Paisaje bilbaíno desde la Universidad de Deusto (en la época de construcción del Guggenheim).

También es encomiable (aunque luego le pondremos algunos “peros”) la actitud de Zapico, que está también muy presente en el cómic: como persona externa al (mal o bien llamado) conflicto vasco, su actitud es la de escuchar, aprender, intentar comprender, acercarse a una realidad que le resulta ajena e incluso desconcertante. Este deseo de comprender sin juzgar se percibe tanto en la forma como retrata a ambos personajes, como en diversas páginas en las que resume determinados hechos o conceptos, destinados a lectores de fuera del País Vasco (o de fuera de España) que no estén familiarizados con la historia de Euskadi o de ETA. Así, la obra tiene mucho de celebración de la capacidad para tender puentes (de ahí el título) entre personas con posiciones políticas diferentes e incluso, en determinados aspectos, opuestas.

Página dedicada al asesinato de Yoyes.
Este espíritu de concordia, sin embargo, tiene también su lado negativo, y hace que en cierto modo Los puentes de Moscú resulte algo decepcionante, o al menos que no responda a las expectativas previas que teníamos. El relato intenta ofrecer una visión sencilla de un periodo y un conflicto que son realmente complejos, lo que efectivamente puede facilitar una visión alejada de extremismos, pero a cambio se pierde profundidad y se hurtan, a propósito o por el talante del dibujante, aspectos más espinosos o discutibles. Solo uno de los capítulos ofrece una reflexión algo más enfocada sobre los aspectos éticos, más que políticos, de la violencia: es el titulado “La trampa del absurdo”, en el que se plantea el peligro de pensar que ciertas víctimas como Madina no merecían serlo, lo que indirectamente supone asumir que hay otras víctimas (militares, policías, etc.) que sí se lo merecían.

Es cierto que Zapico intenta abrir el foco contraponiendo los puntos de vista de los dos personajes, pero esta contraposición es más la exposición de dos discursos paralelos, sin que lleguen realmente a cruzarse, lo que se plasma incluso de una forma visual, en la página llamada El definiciómetro, en que ambos dan algunas coordenadas de su pensamiento, en páginas separadas. De esta forma, el intento de construir puentes queda en cierto modo a medias, sin profundizar en un campo de donde podrían haber salido quizás reflexiones muy interesantes sobre, por ejemplo, el concepto de socialismo, el uso de la violencia en otros contextos históricos y políticos o la propia idea de reconciliación y reparación en el País Vasco. 

El definiciómetro

Por otro lado, a medida que avanza la lectura se impone la sensación de que el protagonista indiscutible es Fermín Muguruza, y Madina una mera comparsa. Esto puede deberse al origen del volumen (donde el entrevistado era Muguruza), o al carácter de los dos personajes: más expansivo y hablador el músico, más reflexivo y contenido el político. Y no es que Muguruza no sea un personaje interesante desde un punto de vista musical, artístico o político, pero acaba por resultar algo cargante la (auto)glorificación sin (auto)crítica del cantante, que en determinado momento casi da la impresión de que fue él quien trajo personalmente la paz a Euskadi… 

Desde luego, tampoco es fácil transmitir en pocas páginas lo que fueron los años de plomo en el País Vasco. Los puentes de Moscú muestra los atentados, las torturas, la guerra sucia, la corrupción policial, la animadversión contra lo vasco o lo español, según los casos. Pero nos falta quizá lo menos aparatoso y no menos importante, los odios enraizados en barrios y pueblos, el ambiente asfixiante, las pintadas y las guerras de banderas, las justificaciones extemporáneas de unos y de otros, los olvidos o los silencios interesados. El sustrato que alimentaba la violencia y del que no encontramos un reflejo claro en este libro tan bienintencionado. 

Firmado: Santi y Carlos Andia

viernes, 5 de junio de 2020

Edmundo Paz Soldán: Iris

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable


Hace ya un tiempo, reseñamos en este mismo blog "Las visiones", libro que, según los expertos, vendría a ser la continuación temática y estilística de "Iris". Pues bien, tras la lectura de este último, podemos confirmar, con algún matiz, el juicio de los expertos.

Si bien "La visiones" estaba compuesto por 14 relatos más o menos breves, "Iris" es algo parecido a una novela compuesta por cinco relatos, centrados en cinco personajes diferentes, de unas 60-70 páginas cada uno. "Algo parecido a una novela", ojo, porque no hay una estructura planteamiento/nudo/desenlace, sino una serie de relatos conectados entre sí que ofrecen una completa cartografía de un espacio y un tiempo que no aparecen definidos en el texto pero que sí podemos identificar. Ahora bien, podemos hacerlo moviendo el ratón a lo largo de la linea del tiempo, ya que "Iris" puede ubicarse, gracias a algunos elementos tecnológicos que aparecen en la narración, en un futuro apocalíptico al estilo "Blade Runner" (replicantes/ artificiales incluidos), en diferentes momentos del pasado porque las formas de dominio que los colonizadores ejercen sobre Iris son muy parecidas a las que en su momento ejercieron la United Fruit en Centroamérica o la Anaconda en Chile y porque algunos de los métodos empleados por los colonizadores con sus soldados/shanz no son muy diferentes a los utilizados por los estadounidenses con sus soldados en Vietnam, o en el momento presente (era cuestión de explorar un poco para darse cuenta de que todos vivían en lugares así, lo que cambiaba era el estilo de la extrañeza, la intensidad, la magnitud).

En este caso, es la corporación SaintRei quien se encarga de la explotación de las minas de X503 en  el protectorado de Iris y quien ejerce el dominio de facto sobre la población y el territorio. Para ello, cuenta con una serie de tropas, en las que se juntan humanos con artificiales, que no dudan en recurrir a las drogas, al sexo y a la violencia para sobrellevar la soledad y la tensión a la que están sometidos y para hacer frente a la creciente insurgencia irisiana. En esta insurgencia, liderada por el mesiánico  (¿leyenda?, ¿mito?, ¿ser real?, ¿excusa?) Orlewen (guiño a Orwell, quizá?), se observan referencias bíblicas y referencias a cultos precolombinos que confirman el ya citado movimiento en el tiempo de la novela. 

Este movimiento está, además, muy ligado a la forma y al fondo de la novela, totalmente contrapuestos. Así, mientras que la forma es la de novela de ciencia-ficción o novela distópica, el fondo no es otra cosa que un feroz alegato contra las diferentes formas de (neo)colonialismo.
Pero no es la única contraposición que encontraremos en "Iris". Destacan, por ejemplo, el contraste entre el hiperdesarrollismo tecnológico y el creciente culto a deidades estrechamente ligadas a realidades latinoamericanas pasadas y presentes, entre la racionalidad y la animalidad, entre el horror y el placer, entre la búsqueda y la huida, entre Barça y Madrid (hay un Rakitic y un Chendo!), etc.

Mención aparte merecen otros aspectos más vinculados a la opción "estilística" del autor. Uno, el lenguaje, plagado de neologismos, spanglish, palabras casi onomatopéyicas, que cuadra a a la perfección con las sensaciones que de ese mundo se desprenden. Otro, la elección de los personajes centrales de los relatos, casi siempre protagonizados por los colonizadores, y de un narrador externo a estos. 

Termino. Novela que sobrepasa los clichés del género sci-fi, compleja y algo irregular (por momentos), no indicada para todos los públicos tanto por esa complejidad como por su estilo y por la ausencia de una trama al uso, por el estilo, aunque recomendable para quienes se atrevan a entrar en el peculiar mundo de un autor con una larga y variada obra ya a sus espaldas. Un valor seguro.

También de Edmundo Paz Soldán en ULAD: DesencuentrosPalacio quemadoLos días de la pesteLas visionesBillie Ruth

jueves, 4 de junio de 2020

Bruce Jay Friedman: Towns

Idioma original: Inglés
Título original: About Harry Towns
Año de publicación: 1974
Traducción: Manuel Moreno
Valoración: Entre recomendable y está bien

Towns, de Bruce Jay Friedman, versa sobre la vida de Harry Towns, un guionista de cine que se ha separado de su esposa, hace cómicos esfuerzos por ganarse el cariño de su hijo, vive por encima de sus posibilidades en un apartamento de lujo de Manhattan, se acuesta con múltiples mujeres, ha perdido a sus padres y, amén de ludópata, es adicto a la cocaína. Los defectos del bueno de Harry son considerables; sin embargo, él es consciente de ellos e incluso los señala de forma explícita o implícita, por lo que se gana la simpatía del lector.

Como afirma Rodrigo Fresán en el prólogo de este volumen, Towns es una «novela-en-cuentos» (género híbrido también conocido como ciclo cuentístico). La conforman cinco capítulos: "Volver de la costa", "Socios", "Alto, fuerte y guapo", "Nieve", "Uno tras otro" y "Otro intento". Aunque dichos capítulos-relatos se pueden leer de forma autónoma, en su conjunto desprenden una cierta continuidad y gravitan alrededor de cuestiones recurrentes.

A mi juicio, los tres primeros superan con creces a los que les siguen. Friedman tiende a la dispersión, pero en estas narraciones iniciales hay un empaque la mar de satisfactorio, además de una exploración temática francamente lograda. De modo que son muy interesantes. Por el contrario, ninguno de los textos que siguen a "Alto, fuerte y guapo" me ha llegado a impactar en demasía, salvo en pasajes puntuales.

Quizás le pondría una pega a la prosa de Friedman, y es que tengo la impresión de que el autor no sabe cuándo terminar un párrafo. En lo que respecta a la traducción de Manuel Moreno, decir que siente un apego excesivo por expresiones propias del argot norteamericano que en nuestro idioma suenan poco naturales, como «el tipo» o «el chico» (ésta última hace referencia al hijo de Towns). También criticaría de la traducción de Moreno la reiteración de ciertas palabras sin intencionalidad estilística mediante.

En resumen, Towns es una lectura irregular que gustará especialmente a aquéllos familiarizados con las inquietudes de la ficción americana de segunda mitad del siglo XX, a aquéllos que encuentren entrañables a sus escenarios y personajes, a aquéllos que disfruten del humor amable cuyo origen es la amargura. Porque si algo hay en estas páginas es este tipo de humor.  

miércoles, 3 de junio de 2020

Ursula K. Le Guin y David Naimon: Conversaciones sobre la escritura

Idioma original: Inglés
Título original: Conversations on writing
Traducción: Núria Molines Galarza
Año de publicación: 2018
Valoración: Interesante




Abordar un libro de entrevistas a un autor consagrado es —si nos apropiamos del mantra de Forrest Gump— como abrir una caja de bombones. Son libros cuya reseña siempre me resulta enormemente difícil y cada vez que publico una me juro y me perjuro que será la última. Y aquí estamos otra vez. 

Efectivamente, nunca sabes lo que va a salir cuando abres uno de estos libros porque el ángulo y el rigor del entrevistador que plantea las preguntas juega un papel determinante y porque cada entrevistado tiene su talante, su ego y sus manías. Y es que, así como La Frantumaglia proclamaba «Bienvenida a mi profundo e intenso mundo interior-literario» y Conversaciones con Ian McEwan destilaba ese «Puedo opinar con consistencia sobre cualquier cuestión que se me plantee», Conversaciones sobre la escritura sería algo así como «Escribir es mi manera natural de contribuir a que todo sea mejor, si eso es posible». (*) 

Resumen resumido: El escritor David Naimon y Ursula K. Le Guin se reúnen en tres ocasiones para hablar sobre narrativa, poesía y ensayo, las dos primeras en la KBOO, una modesta emisora del East Side de Portland, y la última en casa de la propia autora. 

La decisión de estructurar las conversaciones en tres bloques temáticos puede parecer demasiado rígida a primera vista, pero funciona muy bien ya que Ursula K. Le Guin tiene experiencia en las tres y, lo que es mejor, las ideas muy claras. David Naimon, por su parte, es un fan declarado de la autora pero no por eso cae en la anécdota o el menudeo; conoce la obra, tiene una idea bastante acertada de «lo que mueve» a la autora y sabe poner el foco en las cuestiones de calado. Las conversaciones que se desarrollan a partir de ahí pivotan siempre alrededor de la literatura y la narrativa al tiempo que ofrecen un retrato muy sincero de la mirada de Ursula hacia el mundo. 

La única y gran decepción que me ha proporcionado Conversaciones sobre la escritura es su extensión: apenas alcanza las cien páginas, incluyendo los fragmentos de las obras de la autora que irrumpen puntualmente entre las conversaciones. Sin embargo me doy cuenta de lo mucho que eso tiene que ver con la personalidad de Ursula K. Le Guin, una mujer lúcida, directa e inteligentísima y con cero tendencia al regodeo: 
«Si escribes una villanesca, pues leñe, escribes una villanesca y sanseacabó. No escribes algo parecidito y vas diciendo que es una villanesca. Las normas hay que tomárselas en serio y, al seguirlas, verás que la necesidad de tener que cumplir con ciertos requisitos te da algo que hacer. No sé por qué siempre es así y siempre funciona.» 
La voz de Ursula K. Le Guin es poderosa y transmite mucha verdad; no hay puesta en escena, ella habla así para la entrevista, tal como debe hablar en su casa mientras hace una ensalada de patata y eso, en esta era del postureo cegador es todo un acto de generosidad hacia el lector. 

Sobre la valoración, digo Interesante pero no puedo decir Recomendable porque las entrevistas a escritores no son lecturas mainstream, por así decirlo. Conversaciones sobre la escritura no ofrece, para nada, una inmersión en los mundos ficticios de la autora ni un repaso de los pormenores de su vida. A mí me ha servido para acercarme a ella, comprender los mecanismos que la llevan a escribir como escribe e interesarme por su faceta ensayística. Sospecho que me ganó definitivamente en este punto: 
«Cuando Maybeck planeaba una casa se imaginaba la familia que acabaría viviendo allí. No diseñaba una “máquina para vivir” o para expresar su ego, como hacen muchos arquitectos (algo que suele alabarse). Hacía todo lo contrario y aun así las “Maybecks” son perfectamente reconocibles.» 
Qué maravilla. Casi tanto como lo que hizo en 2014 al recoger la Medalla a la distinguida contribución a las Letras Americanas de la Fundación Nacional del Libro en el 65° National Book Awards. Disponía de seis minutos para dar un discurso y decidió prepararlo a conciencia resultando una maravillosa amalgama de ironía, dulzura y lucidez incontestable, con la que repartió collejas a toda la concurrencia. El vídeo se hizo viral. Escuchadla con detenimiento y si al acabar no la adoráis de pies a cabeza es que no tenéis ni una gota de sangre en las venas. 

(*) Con qué desfachatez pongo afirmaciones en boca de, ni más ni menos que, Elena Ferrante, Ian McEwan y Ursula K. Le Guin.


martes, 2 de junio de 2020

Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas

Idioma original: inglés
Título original: Alice's Adventures in Wonderland
Traducción: Juan Gabriel López Guix (ed. en castellano) / Salvador Oliva Llinàs (ed. en catalán)
Año de publicación: 1865
Valoración: muy recomendable

Creo poder afirmar sin equivocarme que, en mayor o menor medida, «Alicia en el país de las maravillas» es un libro que la mayoría de vosotros conocéis, ya sea por su lectura o por el visionado de la película de Disney. Pero como en ULAD intentamos diversificar y no dejar en el olvido obras que han marcado la vida lectora de nuestros seguidores, era necesario incluir en el blog este libro de Lewis Carroll y hacerlo de manera específica, aunque ya se hizo mención de ella en la entrada «Alicia anotada», de Martin Gardner. Así que vayamos a ello.

Empieza la novela con la pequeña Alicia paseando por el bosque cuando, de improvisto, ve como un conejo que va corriendo se saca del chaleco un reloj y después de mirar la hora dice que llega tarde. Alicia, intrigada por ver un conejo con chaleco y reloj decide seguirle los pasos hasta que se mete en una madriguera y cae por un pozo interminable hasta llegar a un pasillo que da a una gran sala. A partir de aquí, empiezan a suceder extraños sucesos que llevarán a Alicia a un mundo extraño y confuso en el que nada en apariencia tiene sentido.

Con este principio empieza una novela que en apariencia podríamos catalogar de novela de aventuras, con una serie de obstáculos e infortunios con los que la joven Alicia se encuentra, pero que si superamos esta primera capa de profundidad lectora encontramos bastante más, pues la novela nos habla especialmente de la pubertad y el paso de la infancia a la adolescencia. Esto se hace evidente en los múltiples cambios físicos de Alicia que a menudo no comprende y en otros casos incluso no desea. La propia Alicia da muestras de ello cuando, hablando con el personaje encarnado por la oruga, esta le pregunta «y tú, ¿quién eres?», a lo que Alicia contesta «en realidad, en este momento, no lo sé a ciencia cierta» demostrando así, de manera explícita, las dudas que conlleva esta etapa vital y afirmando, también, que «para empezar, ni yo misma puedo entenderlo».

Envuelta en un mundo extraño, poblado de personajes estrambóticos, Alicia se siente perdida en este nuevo mundo y parece que solo ella misma es quien debe hallar su camino. Esto queda evidente cuando le pregunta al gato de Cheshire qué camino debe tomar y el gato le responde diciendo que «eso depende de donde quieras llegar» a lo que Alicia responde que le da bastante igual y el gato le responde que, en ese caso, puede escoger el camino que quiera, evidenciando así la falta de rumbo en épocas de cambio, de crecimiento, de incertidumbre propia de la edad.

Otro aspecto que ejemplifica el paso de la infancia a la madurez es la constatación, por parte de los niños, del poco poder de decisión que tienen. Esto es algo que experimenta Alicia, pues a menudo se ve ninguneada por los animales (algo que ella no acaba de entender pues ella debería estar por encima); en este aspecto hay un metamensaje que expresa el paso de niño a adolescente, en el que uno toma consciencia del poco poder que se tiene enfrente a los adultos. La propia Alicia se sorprende de ello, y Carroll lo evidencia al narrar que «Alicia no dijo nada, nunca la habían contradicho tanto en su vida»; también hay muestras de ello cuando, en conversación con la duquesa, esta le responde que «tú no sabes casi nada (…) y esto sí es un hecho».

La novela, en este tránsito de Alicia hacia la madurez, nos habla también sobre la responsabilidad de nuestros actos, pues Alicia tiende a tomar decisiones de manera poco meditada con el consecuente resultado que debe afrontar, algo a lo que no está acostumbrada. De igual manera, nos habla también sobre los deseos y qué ocurre cuando lo conseguimos, tratando asimismo sobre las consecuencias de lograr aquello que deseamos sin tener muy presente qué implica más allá de en primer instante. Este aspecto se hace evidente especialmente en los primeros capítulos.

De igual manera, también habla sobre el poder de las palabras, sobre la asertividad y la empatía, sobre el cómo decir las cosas influye en la reacción de los demás como ocurre en una conversación con la oruga en la que Alicia le objeta que «¡Trece pulgadas es una altura miserable!», a lo que la oruga le contesta que «Es una altura que está muy bien». El resultado de la conversación acaba con Alicia pensando que «ojalá los animales no se ofendieran tan fácilmente».

Trata también sobre las clases sociales, los que mandan siempre y los que deben obedecer. Esto se evidencia en el personaje de la reina de cartas, que tiene cierta afición por solicitar que corten la cabeza a sus súbditos, mostrando así el poder de los que están siempre por encima. De igual manera, también explora las diferentes personalidades y caracteres, trasladando estas diferencias a las distintas especies y animales con los que se topa Alicia.

Estilísticamente, el ritmo es elevado, con grandes sucesiones de personajes, a cuál más pintoresco, que ofrecen cada uno de ellos una particular visión del mundo y que tiene una cualidad que les identifica claramente. Asimismo, el ritmo narrativo es trepidante y su mensaje contiene mucho más que lo que sus ciento y pico páginas parecen. El autor también juega, hábilmente, con las palabras, rozando en ocasiones el diálogo del absurdo, cosa que divierte a los pequeños, pero hacer pensar a los mayores con sus dobles significados.

En definitiva, este breve cuento trata sobre qué implica hacerse mayor (como cuando le dice a la «Qué manía, está de querer extraer la moral a las cosas»), qué ocurre cuando dejamos atrás la inocencia y debemos empezar a mirar al mundo como a un entorno no hostil, pero tampoco fácil o inocuo. Trata sobre cómo aquello que creíamos fácil y accesible se convierte en complejo y difícil cuando las decisiones y las responsabilidades corren a nuestro cargo. Y los deseos, que ocultan tras su atractiva y bonita apariencia un trasfondo menos agradable.

Por todo lo tratado, es evidente que este es un cuento que, aunque parece destinado a los niños, contiene mucho más de lo que a simple vista puede parecer. De hecho, creo incluso que es más adecuado a los adolescentes o adultos que a los niños. En definitiva, un cuento que, como experimenta la propia Alicia, contiene un mundo interminable en el que sumergirnos y salir de él con muchas experiencias y no menos dudas. No siempre la experiencia aclara los conceptos, a veces es justamente lo contrario. Y eso es, tal y como también le ocurre a Alicia, lo que nos anima a seguir buscando el sentido a nuestro mundo, a pesar de que, probablemente, nunca acabemos encontrándolo.

lunes, 1 de junio de 2020

Iván Ledesma, Miguel Ángel Parra y Jandro González: La vampira de Barcelona

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Para quien no lo sepa, la crónica negra española también tiene sus peculiares personajes, con asesinos quizás no tan célebres como Jack el Destripador o Landrú, pero igual de perturbadores y sanguinarios (también un poco más montaraces): desde Romasanta, el hombre-lobo gallego, al alavés Sacamantecas, pasando por Enriqueta Martí, la conocida como "Vampira de Barcelona" o "del Raval" (en aquella época, hace más de un siglo, los términos "vampiro" o "vampira", en este caso, se empleaba no sólo para designar a los monstruos chupasangres, sino a los asesinos en serie más o menos truculentos); acusada en 1912 de secuestro y asesinato de niños, a los que, se decía, extraía la grasa para fabricar ungüentos... En verdad, fue detenida primero por el secuestro de la niña Teresita Guitart y, a partir de este caso, se fueron encontrando restos y otros indicios de otros crímenes que habría cometido esta mujer, y en los cuales podrían haber estado envueltas altas personalidades de la sociedad barcelonesa de la época.

Esta macabra historia, en su momento muy conocida en todos los rincones el país, merced, sobre todo, a la llamada "literatura de cordel", se perdió luego en la bruma de un pasado a olvidar, como ocurrió con otros hechos de la misma naturaleza luctuosa; sin embargo, en estos 10 ó 15 años, la historia de la Vampira de Barcelona ha despertado el interés de varios escritores, que han ido escribiendo diversos libros sobre ella (como recuerda en uno de los epílogos el autor de uno de ellos, Marc Pastor, y a los que yo añado el escrito por Jordi Corominas i Julián). En esta tendencia de recuperación de la crónica negra autóctona, encontramos también este cómic, con guión de Iván Ledesma y Miguel Ángel Parra e ilustraciones de Jandro González, que, al parecer, sigue con bastante fidelidad las investigaciones llevaadas a cabo por el juez Fernando de Prat, que se nos presenta como el protagonista investigador de la narración. Un magistrado preocupado por encontrar la verdad en medio de la mucha turbiedad del caso y quizás demasiado íntegro para que se lo permitiera la hipocresía social y política de aquel momento. Ahora bien, pese a que, según parece, en este libro se cuida bastante presentar con rigor los distintos pasos de la investigación judicial, también da cierta impresión, al menos, de que se han eliminado algunos de ellos (los más rutinarios y tediosos, supongo), en aras de dotar a la narración de una mayor concreción y dinamismo, amén de no sobrepasar un determinado número de páginas -la historieta en sí vienen a ser unas cien-; eso causa que en algún momento haya un cierto decalaje entre los hechos narrados, o que al menos el lector tenga la sensación de haberse perdido algo, aunque siempre pueda seguir el hilo de la historia.

Por otro lado, la parte gráfica del libro es magnífica, en mi opinión: se trata de un cómic con un dibujo de un trazo excelente y un color administrado con sabiduría y buen gusto; el detalle con el que está recreada la barcelona de aquel momento es exquisito, además. Por ponerle algún pero a las ilustraciones, quizás en algún momento les hubiese venido bien un punto más de dureza, un carácter m´ñas expresionista, por decirlo así, dada la naturaleza truculenta de la historia que cuentan, pero, en fin, no deja de ser una apreciación subjetiva. Cuestión de gustos.


Nota: He leído esta novela gráfica o cómic durante el confinamiento por la pandemia del COVID-19, gracias a la generosidad, en este caso, de la editorial Norma, que lo ha puesto on-line  y gratuitamente a disposición del público. Eso mismo han hecho otras editoriales y autores con sus obras, lo que en un principio parecía una iniciativa loable, aunque pronto encontró la oposición de otros agentes del mundo libresco -sobre todo librerías y pequeñas editoriales-, que consideranq ue es una forma de devaluar aún más el trabajo, ya bastante precario y poco valorado, del sector cultural, en este caso del literario... Yo aún no tengo claro lo que pienso al respecto, pero dejo aquí constancia de este debate para quien quiera reflexionar sobre ello.