miércoles, 18 de septiembre de 2019

Marguerite Duras: El dolor

Idioma original: francés
Título original: La doleur
Año de publicación: 1985
Traducción: Clara Janés
Valoración: muy recomendable

Como profano en la obra de Marguerite Duras, salvo por la escueta consulta que he efectuado en la red y la información contenida en solapa y post-data de este libro, me limitaré a apuntar que no sé si esta es una obra representativa. Parece una publicación de un escritor que, en el fragor de una gran repercusión, rescata escritos a requerimiento de cierta presión, no editorial, más bien percibo que como consecuencia de ese gran éxito que acarrea entrevistas, interés desmedido, cierta euforia bien entendida a la que se intenta dar respuesta.
Bueno, también sabía sobre Duras que era la casera (supongo, real) de Vila-Matas, en la notable París no se acaba nunca.
Hecha esta breve puntualización, El dolor es una obra muy notable. Una demostración, a tenor de lo apuntado por la autora (diarios que apenas recuerda haber escrito), de que incluso abordando textos íntimos, dígase menores o sin una intención directa de ser divulgados, ciertos escritores lo son, y punto. Hasta dirigiéndose al papel en blanco, Duras es aquí extremadamente respetuosa con la forma, disponiendo de un fondo, de unos hechos reales y vividos que ya son fascinantes de por sí. El grueso de este libro, sus cuatro primeros relatos, se circunscriben en diferentes momentos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, con la Francia ocupada, con la Resistencia, los colaboracionistas y con el durísimo e incierto proceso de la repatriación de los prisioneros de los campos de concentración.
Robert L., marido de Duras, es uno de ellos, un prisionero que, cuando el conflicto está acabando, está en uno de los campos que ha sido liberado. Duras le espera y acude al Servicio de Indagaciones a saber qué ha sido de él. El caos reina, se sabe de las medidas desesperadas que los nazis han aplicado cuando han sospechado que van a ser derrotados y sus actos serán juzgados. Se habla de las marchas de la muerte y de los fusilamientos. Hasta aquí, podríamos decir que se trata de una narración lógica de la desesperación ante la incerteza. Pero Duras la quiebra cuando confiesa que, en ausencia de su marido, tiene ya una nueva pareja, D., igualmente miembro de la resistencia y colaborador activo en las indagaciones. No es la única ruptura con el estereotipo: Duras mismo reconocerá un par de relatos más adelante (pero igualmente en uno de los cuatro relatos marcados como “reales”, o sea, no “creación”) haber dirigido una cruel sesión de tortura donde un colaboracionista con la Gestapo es duramente golpeado en la oleada de represalias post-liberación. Entre estos dos relatos, un fascinante episodio en el cual Duras mantiene contacto con un mando alemán, el que detuvo a su marido y que sorprendentemente se presta a ayudarla, en una tensa relación de desconfianza mutua que parece ir a adquirir tintes trágicos en cualquier momento. Fascinante segundo relato que completa un terceto inicial que bien podría resumir la esencia del conflicto: la tragedia, la traición, la venganza.
Todo ello escrito en un tono solemne pero no lacrimoso, siempre (recordemos, el punto de partida es un diario) con una sinceridad descarnada antes que grandilocuente. Los diarios de la supervivencia en el peor de los escenarios y un documento estremecedor por el mero hecho de ser eso: sencillo, sincero, resignado, pero no exento de rabia.

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