sábado, 23 de abril de 2016

TochoWeek #6. Garth Risk Hallberg: Ciudad en llamas


Idioma original: inglés
Título original: City on fire
Año de publicación: 2016
Páginas: 976
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz
Valoración: muy recomendable

Cierta frase de Javier Calvo retumba en mi cabeza mientras sostengo, no sin esfuerzo, este libro, y a medida que avanzo en su lectura. Aquella de que los agentes literarios, o la industria literaria estadounidenses conseguían vendernos una y otra vez lo mismo. Entonces leo la contratapa que habla de uno de los personajes, escritor en busca de la Gran Novela Americana. Luego, el párrafo de Michiko Kakutani, un elogio bastante franco y contundente, que menciona la edad del autor. Para completar, entre las positivas y hasta entusiastas valoraciones del fajín, menciones a DeLillo, Foster Wallace, Tartt.
Más que Ciudad en llamas, parece la tormenta perfecta.
Y he de decir que las alusiones tienen sentido, aunque yo añadiría al injustamente denostado Franzen. Casi es, para mí, la influencia más palpable, pues estructura y estilo le son deudoras. Pero Franzen sitúa a sus personajes en escenarios alejados y en Ciudad en llamas todo ocurre en Nueva York. En un punto lejano, 1976, donde la convulsión impera. Incendios en edificios en barrios que serán oportunamente recuperados. El espíritu punk a punto de explosionar a los dos lados del Atlántico. Las clases privilegiadas, los barrios peligrosos, Central Park. Y el famoso apagón del 77.
Ópera prima. Aunque Hallberg ya se ha bregado en formato periodístico. Su escritura es, desde luego, poco propia de un principiante. Densa, elaborada, párrafos que exigen un ritmo pausado pues no dejan de suministrar información. Detalles que parecen triviales pero que participan en la construcción del ambicioso e imperial edificio (muy propio) en que, a medida que avanzamos en la lectura, notamos que se convierte esta novela. Así vamos comprendiendo todos sus ámbitos de alcance. El icono que es la ciudad en su conjunto. Y los personajes. William, heredero de familia de apellidos compuestos que da nombre a rascacielos. Que intenta renunciar a una cómoda vida sentado en Consejos de Administración. Optando por una existencia bohemia, austera y arriesgada, seducido por la efervescente escena punk de la ciudad. Mediados de los 70, recordemos, mediados de los 70 también, para que todo un heredero se embarque en una relación homosexual e interracial con Mercer, profesor, pero también escritor en ciernes. Regan, su hermana, sí ha aceptado esa vida aunque la haya adaptado a su personalidad dubitativa e insegura. William, seguidor del manual del hijo rebelde, ha montado, en la nerviosa escena local neoyorquina, una banda de música punk. Regan ha montado un matrimonio que es una pantomima y Keith, su marido, ha cruzado la barrera. Ha profanado el hogar conyugal con Sam Ciucciaro, su joven amante, hija de Carmine, artista pirotécnico acechado por la competencia. 

A Sam le han disparado dos veces en la cabeza en la Nochevieja de 1976. Desde la cama del hospital en que está en coma es uno de los centros de Ciudad en llamas. Y hay policías de apellido polaco y periodistas represaliados muy interesados en saber qué ha pasado. Las piezas se van disponiendo, pero esta no es una novela de misterio. La porquería saldrá de debajo de la alfombra, claro que sí.

Hacia la página 400 uno se da cuenta de que necesita leer esta novela o, mejor, que lo que esta novela va a aportarle va más allá de la trama es un conocimiento de la bulliciosa actividad de la ciudad, de su estructura social, de sus oscuros secretos y de sus crueles desigualdades. La sensación de resolución se cierne. Los capítulos iniciales, decenas de ellos, se suceden como escenas, deudoras del innegable sentido visual, Hallberg es muy brillante en la descripción de ambientes y en las pinceladas psicológicas de los personajes. Esa sensación de aceleración se agudiza al final. Presto a resolver no todo, si no lo relevante, el último tramo de la novela cambia de escenario a cada párrafo.

Hallberg apuesta fuerte con una primera novela de esta envergadura, de este alcance. Desde su planteamiento hasta el puro aspecto del libro, con sus interludios de curiosa maquetación y justificada presencia. Ambición no le falta, en tiempos donde esa malentendida moda del minimalismo hipster ha convertido en novelas cosas que no son más que relatos sobredimensionados. Hallberg merece los calificativos que se le otorgan, aunque me parezca mejor narrador que confeccionista de tramas y aunque, por ejemplo, (no sé si achacable a la traducción) los diálogos sean, en algún punto, planos y algo mejorables. Un misterio, cuál pueda ser el siguiente paso del autor, porque cualquier cosa puede parecer poco al lado de una novela que acapara el trabajo de una década. La repercusión, el factor sorpresa, ya los tiene. Ahora viene la cosa ésa de mantenerse.

8 comentarios:

Caballero dijo...

Poco se ha producido de interés literario al norte de la frontera más allá de William Faulkner. Traté de perdonar a los gringos leyendo El jilguero de Donna Tart porque me lo recomendaron hasta el cansancio y encontré más de lo mismo. Me leí el tocho para cumplir y después lo regalé como combustible para un vendedor de elotes. Si Donald Trump se sale con la suya de levantar su muro espero que sea para que toda su literatura basura no cruce la frontera.

Anónimo dijo...

Debo de tener aun por casa el avance de este libro que me pasarón unos amigos dueños de una libreria. Esto fue unos meses antes de que el libro se editara. Fuí incapaz de acabarlo, aburrido, aburrido insustancial.....
Se lo pase a otra persona allegada para que lo leyera y opinara, lo llego a terminar, conclusión de esa persona: no lo compraria.
De todos modos esto es una opinión, todo es cuestión de gustos.

Francesc Bon dijo...

No creo que haya que empecinarse en descartar a los escritores USA por el puro hecho de toda la maquinaria industrial que los ampara y ayuda. Este es un buen libro, extenso, intrincado, con muchas páginas muy disfrutables. Y pensar que tras Faulkner nada, siendo una afirmación muy radical y respetable, sería obviar a DeLillo, Franzen, Foster Wallace... ¿Queremos eso?

Anónimo dijo...

Francesc, después de Ruido de fondo eres fan acérrimo de Delillo o como va la cosa?

Anónimo dijo...

Me lo pille el Día del libro y hay ganitas.. Hablando de De Lillo.. Este libro tiene un aire a 'Submundo'; el mejor libro de Delillo. Ruido de fondo es un soberano coñazo. Un saludo

Mowgli Clan dijo...

No suelo escribir críticas, hoy lo hago como Juana de Arco para defender de tanto derrotismo, un libro que me ha subyugado.
Para mí la ciudad en llamas es un libro feliz, uno de los pocos que hay, y eso a pesar de que los personajes se ven zarandeados en un destino que no controlan, les cuesta verse a sí mismos, y aún más entre ellos, pero siguen intentándolo.
La ciudad en llamas transmite ganas de vivir, de conocer, se nota el entusiasmo del autor por sumergirse en una época y un lugar.

Francesc Bon dijo...

No: fan acérrimo de DeLillo no puedo ser. Ruido de fondo me parece descomunal, no así Cosmópolis. Y me alegro de que este libro se vaya reivindicando por parte de quienes acometen su lectura. Gracias por el comentario.

José Luis García Sánchez dijo...

La lectura de este libro se me ha hecho bola. Todo lo que aparentemente prometía, y que me parecía atractivo (Nueva York, los 70, el punk...), me ha resultado un tostón interminable (aunque lo he terminado). Coincido con una crítica que leí de un cliente en una tienda de internet: si su autor pretendía una novela con espíritu punk/new wave/no wave, le ha salido una novela del peor rock progresivo, venga a acumular capas de arreglos, personajes, flashbacks y flashforwards, que no conducen a nada.