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domingo, 24 de julio de 2016

John Dos Passos: Manhattan Transfer

Idioma original: inglés
Título original: Manhattan Transfer
Traductor: José Robles Piquer
Año de publicación: 1925
Valoración: Recomendable / Muy recomendable 

1.- Cuando estudiábamos La colmena de Cela en el colegio, recuerdo que se nos decía que seguía el modelo de novela coral de Manhattan Transfer de John Dos Passos. Es una referencia que se me quedó grabada, y hace ya muchos años, me compré esta novela con intención de leerla inmediatamente. Como suele pasar, se metieron otras lecturas de por medio, y solo ahora me he decidido a leerla.

2.- Manhattan Transfer se publicó en 1925. Ese mismo año se publicaron El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, Mrs Dalloway de Virginia Woolf o La prisionera, quinto volumen de En busca del tiempo perdido. En 1922 se había publicado el Ulises de Joyce. No lo digo con intención de comparar o de decir que unas obras sean mejores de otras; simplemente me llama la atención la distancia estética que separa a obras y escritores coetáneos.

3.- Tal y como nos decían cuando estudiábamos a Cela, Manhattan Transfer es una novela coral: sigue a un grupo de personajes, más o menos interligados, que viven en el Nueva York de los años 10 y 20, inmediatamente antes y después de la Primera Guerra Mundial. Es una novela coral, sí, pero poco a poco se van destacando algunos personajes centrales: Ellen (o Elaine, o Helena), modelo de mujer irresistible y voluble que vuelve locos a los hombres y los hace infelices; Jimmy Herf, descendiente de buena familia que dilapida su fortuna y su felicidad; George Baldwin, un ambicioso abogado que aspira a ascender sin abandonar sus ideales (y a casarse con Ellen); Joe Harland, un exitoso broker de Wall Street arruinado y alcoholizado...

4.- La imagen que la novela transmite de Nueva York es ambigua: el innegable atractivo de sus edificios, sus atardeceres y su actividad incesante contrasta con la crueldad con que devora a sus hijos. Todos los personajes, incluso los que consiguen ascender, viven vidas difíciles, insatisfactorias, vacías. Muchos de ellos beben como cosacos, tienen affaires, malviven con unos pocos dólares, o incluso centavos, en los bolsillos. (Más o menos por estos años, García Lorca visitó la ciudad y escribió su famoso Poeta en Nueva York; su visión es todavía más oscura que la de Dos Passsos). Dos Passos, un autor con una aguda conciencia social y política, se preocupa particularmente por mostrar el destino de los que no forman parte del sueño americano; de los que no encuentran su oportunidad en la tierra de las oportunidades.

5.- La mayor originalidad de Manhattan Transfer, lo que lo diferencia de novelas realistas al estilo decimonónico, es precisamente su estructura fragmentaria y descentrada, una técnica que Dos Passos desarrolló después en su trilogía USA. No se encuentra aquí una gran experimentación estilística (desde luego, nada comparable a Joyce o Woolf), aunque sí se emplea el estilo indirecto libre y el stream of consciousness, con especial acierto cuando se retrata el pensamiento de personajes ansiosos o borrachos. También hay un esfuerzo por retratar el habla de los personajes de distintos orígenes y niveles sociales y educativos, esfuerzo que ha realizado igualmente el traductor, José Robles Piquer, con resultados más que dignos dada la dificultad de la tarea.

6.- Manhattan Transfer es un clásico, lo que es al mismo tiempo una bendición y un castigo. Es un libro que "hay que leer", lo que puede llevar a que dé pereza leerlo. Tiene indudables virtudes, una complejidad impropia de un autor que no tenía ni treinta años cuando la escribió. Las descripciones de la ciudad, quizás el aspecto más preciosista del texto, resultan algo anticuadas y hasta kitsch; en cambio, el retrato de la vida laboral, cultural y social del Nueva York de la época sigue resultando atractivo, aunque terrible (o porque es terrible, y terriblemente actual). Es una novela de cocción lenta, en la que puede costar entrar, precisamente por la pluralidad de historias, pero también una novela que deja poso, imágenes y personajes en la memoria. Un clásico, como decía, en el buen sentido del término.

También de John Dos Passos reseñado en ULADEl paralelo 42

martes, 20 de enero de 2015

Colaboración: El paralelo 42 de John Dos Passos

Idioma original: inglés
Título original: The 42nd Parallel
Año de publicación: 1930
Valoración: Muy recomendable

Fainy, un irlandés al que todos llaman Mac, se busca la vida como puede mientras sueña con la revolución que no llega. John W. Moorehouse encuentra el camino del éxito después de un extraño matrimonio de conveniencia. Eleanor conoce a Eveline, con quien compartirá el descubrimiento de un mundo diferente…

La América de principios de siglo XX es una escenario que rápidamente nos resulta familiar, porque el cine yankee nos ha dejado numerosas obras, algunas excelentes, ambientadas en ese entorno. Vidas hechas a sí mismas, espíritus aventureros a la fuerza en busca de la subsistencia, mucho de desarraigo, de sueños más o menos abstractos en una sociedad individualista, áspera y todavía amorfa.

Todo ese ambiente lo materializa el autor de Manhattan Transfer en el primero de los volúmenes de la trilogía USA, con la objetividad del cronista que trenza relatos sencillos, discursos independientes que se suceden guiados por un mismo e invisible hilo conductor. Y, en la voluntad explícita de retratar una época, la narración se salpica de condimentos externos, titulares de periódicos, noticias a veces irrelevantes, pequeñas historias que no trascienden lo doméstico, simples canturreos o flashes cinematográficos. Pinceladas dispersas que, gracias a un montaje inteligente y a la perspectiva que se va adquiriendo página a página, van conformando la panorámica que constituye realmente el objeto de la obra.

En definitiva, esta técnica del collage que Dos Passos maneja como pocos deja un mosaico espléndidamente ensamblado, formado por pequeñas historias narradas con sobriedad y fluidez, que a cambio sólo exige un mínimo esfuerzo de continuidad para no perder el hilo. Pero, aun si se fracasa en la tarea, poco importa, porque las situaciones, las historias y hasta los mismos personajes no son más que elementos de un gran lienzo en el que el conjunto impera sobre el detalle.

Firmado: Carlos Andia

También de John Dos Passos reseñado en ULADManhattan Transfer

domingo, 25 de noviembre de 2018

Jason Lutes: Trilogía Berlín


Idioma original: inglés
Títulos originales: Berlin, City of Stones; Berlín, City of Smoke; Berlín, City of Light
Años de publicación: 2001; 2008; 2018
Traducción: Kike Benlloch (libro 1) ; Óscar Palmer (libros 2 y 3)
Valoración: Muy recomendable

Hace ya 23 años, al parecer, que Jason Lutes comenzó el proyecto que ha culminado este 2018 con la publicación de su tercera y última parte: la trilogía de novelas gráficas sobre la ciudad de Berlín durante la llamada República de Weimar, ese interludio democrático, pero de lo más convulso, que vivió Alemania entre el final de la I Guerra Mundial, hace justo ahora un siglo, y el ascenso al poder de los nazis. Una época que comenzó con una revolución truncada y que conoció una gran inestabilidad política, crisis económicas (la producida por la guerra y la del crack del 29), paro, enfrentamientos constantes entre los pujantes comunistas y los cada vez más presentes nacionalsocialistas... en fin, todo un cuadro muy poco alentador, aunque en esa época Berlín también vivió unos años de efervescencia cultural y, por qué no decirlo, fiestera... Al menos para quien aún contaba con posibles.

Todo este ambiente lo refleja Lutes de forma magistral. Para ello, utiliza el consabido modelo de novela coral, al modo de Manhattan Transfer (para el lector hispano, quizás nos resulte más cercana La colmena)**, aunque articulada sobre todo a través de dos personajes: el veterano periodista Kurt Severing y Martha Müller, una joven de Colonia que acude a Berlín para estudiar en la escuela de arte. Alrededor de ellos vemos aparecer otros personajes variopintos, que van conformando el panorama caleidoscópico que componía la ciudad entre el otoño de 1928 y el 1 de mayo de 1929, que es el periodo que abarca el primer volumen de la trilogía: Berlín, Ciudad de piedras. Así, conocemos a estudiantes de arte, modelos y cabareteras; periodistas, judíos y comunistas... Los nazis, aunque ya tienen bastante presencia en las ciudad, de momento resultan casi anecdóticos en la narración.

El primer libro acaba, ya digo, con la manifestación del Primero de mayo de 1929, en la que la policía berlinesa causó la muerte de al menos 33 manifestantes. A partir de ahí, y hasta el verano del año siguiente, se desarrolla el segundo libro, Berlín, Ciudad de humo, cuyo hilo conductor no son sólo las vidas de Kurt y Martha, sino también de los Cocoa Kids, un conjunto musical de negros norteamericanos que tocan el novedoso jazz (para Alemania en aquellos años). El abanico social reflejado en el libro se abre y, además de los comunistas y los nazis, cuyos enfrentamientos son cada vez más frecuentes y violentos, conocemos el Berlín de los mendigos y las prostitutas, pero también el de los intelectuales o la alta burguesía -representada a través de la amiga de Kurt, Margharete-, así como sus fiestas desenfrenadas y los clubes clandestinos de lesbianas o los ocultos encuentros entre gays. Aparecen aquí, además, personajes reales como Josephine Baker o los históricos nazis Horst Wessel y Goebbels. En las elecciones al Reichstag de agosto de 1930, el NSDAP ya consigue 107 representantes.


Son los nazis, precisamente, quienes protagonizan, en gran medida, el tercer libro: Berlín, Ciudad de luz; de hecho, el propio Hitler aparece de vez en cuando como guest star... Pero es la lucha entre comunistas y nacionalsocialistas, cada vez más enconada,  por el control de las calles, la que centra este volumen, representada en gran medida por la división de la familia Braun, cuyas desventuras vamos conociendo desde el primer volumen. la ciudad y el país, que además han sufrido un nuevo revés con la crisis bursátil del 29, parecen estar conteniendo el aliento ante la inminente subida de Hitler al poder y el previsible fin de los años de relativa tolerancia y libertad que ha vivido Berlín.


Si bien los tres volúmenes forman un todo, en mi opinión es el segundo de ellos el más logrado, tanto en el aspecto narrativo y documental como a nivel gráfico y visual: los trazos de Lutes se ven más sueltos y seguros que en el primero, y también hay una mayor sofisticación en la composición de las viñetas. Además de esto, desde luego no puedo finalizar esta reseña sin destacar el magnífico trabajo de reconstrucción icónica que ha hecho el autor sobre una ciudad contra la que, como ya sabemos, se ensañó con no poco denuedo la Historia del siglo XX. El resultado es un retrato espléndido y minucioso de esta ciudad en una época apasionante, así como una declaración de amor hacia la misma. Una lectura, por otra parte, de lo más aconsejable en estos tiempos en el que por el horizonte asoman nubes de tormenta que ya creíamos que habrían pasado (esperemos, que, al menos en esto, Marx tuviera razón y si la historia se repite, sea sobre todo en forma de farsa...).

* He puesto tan sólo la cubierta del primer volumen porque las tres son prácticamente iguales:  no cambian más que el título y el color del lomo.
** También, claro está, es inevitable la referencia a Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin, novela la que  hay un guiño en esta trilogía y que merece, algún día, una reseña en Un Libro Al Día, por supuesto...

martes, 23 de enero de 2018

Ignacio Martínez de Pisón: Enterrar a los muertos

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2006
Valoración: Recomendable

Algo más sobre la Guerra civil, sí. Sopesando el ambiente, a veces me pregunto hasta cuándo seguiremos dándole vueltas al tema pero, claro, si pensamos que a día de hoy se siguen escribiendo y filmando cosas sobre las Guerras médicas, la campaña de Napoleón en Rusia o la toma de Granada, parece que tenemos para rato. Sin embargo, no es exactamente lo mismo. La Guerra civil es Historia pero también es algo relativamente reciente, todavía andan por ahí abuelos que la vivieron, pero además hay heridas que parecen siempre abiertas, porque no cicatrizan o porque no se les deja, no sé.  Quizá habría que hacer un gran ejercicio de sinceridad para admitir sin tapujos todas las atrocidades y pasar página de una vez de algo de lo que casi ninguno de los presentes fuimos responsables. Pero igual tampoco es momento para ahondar en la cuestión.

Hablando de heridas y atrocidades, muchas son conocidas y muchas también han sido manipuladas o utilizadas por intereses políticos. Ignacio Martínez de Pisón aporta en este libro algunas más para la colección, e indaga en cuestiones a las que generalmente no se les ha prestado mucha atención. Ese es justamente el principal interés de ‘Enterrar a los muertos’ (anda que se ha lucido con el título).

La atención se centra inicialmente en el escritor norteamericano John Dos Passos (Manhattan Transfer', ‘El Paralelo 42'). Como buena parte de los intelectuales de la época no oculta su simpatía por España, y su perfil izquierdista le convierte en ferviente defensor de la República. Tiene además una estrecha relación con su traductor José Robles, quien a su vez iniciada la guerra hará funciones de intérprete con los jefes militares rusos enviados en apoyo al Gobierno. Dos Passos visita España con frecuencia y colabora en un documental en defensa de la República, pero en uno de sus viajes comprueba que Robles ha desaparecido. Pronto se encuentra con un muro de silencio que al principio no comprende, pero tras pacientes investigaciones termina por encontrar la causa: Robles ha sido purgado por los servicios secretos soviéticos, como otros tantos que iremos conociendo, con la simple sospecha de no ajustarse a la ortodoxia stalinista.

El desarrollo del libro resulta algo chocante, porque parecía que estábamos ante un trabajo –quizá mínimamente novelado- sobre el caso concreto de Robles, pero enseguida conocemos su desenlace, y el misterio por tanto se deshace. No obstante, el interés no decae. La historia de Robles parece la punta de un iceberg desconocido (y perdón por la metáfora manida), a partir de la cual Martínez de Pisón sigue hurgando en ese oscuro mundo de pugnas políticas, primero al rebufo de las investigaciones de Dos Passos, luego diríamos por su cuenta.

La cuestión es, simplificando mucho, la siguiente: Rusia es la única potencia que se ha movido en favor de la República y, aunque su apoyo es bastante menos evidente que el de Alemania o Italia a Franco, tiene jefes militares muy bien colocados y con mucho poder. El stalinismo está en su apogeo, domina la Internacional, y los partidos comunistas se le pliegan sin rechistar; pero también se manifiesta en toda su crudeza el enfrentamiento con Trotski, y la obsesión por la limpieza contra los desleales (reales o supuestos) alcanza niveles de paranoia. Como resultado, España, aparte de un estupendo escaparate para la solidaridad obrera internacionalista, es también un buen banco de pruebas y una pieza del tablero que Stalin desea manejar en su provecho. Igualito que están haciendo Hitler y Mussolini. Así que, mientras los soviéticos dirigen buena parte de las operaciones militares (porque la tropa la ponen los españoles y las Brigadas Internacionales), se ocupan también de ir situando sus peones en puestos clave, intentando abanderar sin complejos la resistencia al fascismo y, claro está, cargándose a todo aquel que disienta de las directrices.

Parece que Dos Passos fue siendo cada vez más consciente de todo esto, y de ahí su progresivo alejamiento de la izquierda tradicional, lo que le cuesta un duro enfrentamiento con su antiguo amigo Hemingway y la recriminación de buen número de intelectuales, que no conocen o no quieren ver la manipulación. Pero como decía, Pisón continúa explorando la cuestión, lo hace con buen pulso aunque con cierto desorden. El drama de los Robles, privados primero de información y luego de cualquier tipo de apoyo oficial, alcanza hasta al propio hijo del traductor ajusticiado, que fue objeto de la represión hasta el punto de terminar encarcelado y finalmente exiliado en México. Aunque parezca paradójico, la limpieza de los enemigos políticos arrecia según la República va perdiendo terreno, y culmina con la aniquilación del trotskista POUM y el exterminio físico de cientos de sus militantes, empezando por su dirigente Andreu Nin. Es decir, que los que no morían en el frente, eran liquidados en la retaguardia por sus teóricos aliados.

La parte final del libro incide en otra cuestión interesante. Al hilo de la dramática lucha política que comentaba, el autor dedica unas cuantas páginas a una pequeña historia del mundo editorial de izquierdas. Es un tema al que creo que Andrés Trapiello ha dedicado una monografía, y resulta sumamente esclarecedor: algunos editores, generalmente con más voluntad que medios, llevaban años promoviendo la publicación de libros en apoyo de ideas progresistas, hasta que en los últimos años de la República experimentaron en su seno esos mismos enfrentamientos entre las distintas tendencias, lo que redundó en su empobrecimiento, dispersión y pérdida de influencia.

Bueno va, que se me ha ido un poco la mano y termino ya. El libro puede resultar extraño en su primera parte si lo tomamos como relato policiaco o de investigación; pero cuando el lector es consciente de su naturaleza –un trabajo muy documentado sobre la intrahistoria política de ese periodo- se revela como un texto sólido y muy interesante.

También de Ignacio Martínez de Pisón en ULAD: La buena reputaciónDerecho natural

jueves, 24 de noviembre de 2016

Camilo José Cela: La colmena

Idioma: castellano
Año de publicación: 1951
Valoración: imprescindible (en principio)


Con motivo del centenario del nacimiento de Camilo José Cela la Real Academia Española de la lengua -de la que él fue miembro- y la editorial Alfaguara -que fue fundada por él- han decidido sacar una edición crítica de la novela La colmena, considerada de forma mayoritaria como su mejor obra. Edición que cuenta con los consabidos prólogos y estudios sesudos y, sobre todo, con la gran novedad de un añadido titulado La colmena inédita en el que constan aquellos párrafos expurgados en su momento por la censura franquista y que, por tanto, aún no habían visto la luz. Hay que explicar que, al parecer, Cela, que había sido cocinero antes que fraile, utilizó en este caso el truco, también repetido por otros escritores y guionistas de tan infausta época, de colocar de cuando en cuando en su novela pasajes deliberadamente "escandalosos" -por lo general, de contenido sexual bien explícito-, para que se cebaran con ellos los censores y dejaran pasar otros de un transgresión (teniendo en cuenta la pacatería nacional-catolicista) más sutil. Aún así, la novela fue primero publicada en Buenos Aires en 1951 y no sería hasta 1963 (siendo Ministro de Información Manuel Fraga, con quien parece que el escritor hacía buenas migas) cuando pudo publicarse de forma completa en España (pero sin los escabrosos párrafos suprimidos y publicados ahora en el apéndice, claro está). 

La razón por la que al régimen franquista no le parecía conveniente la publicación de aquella obra parece obvia: La colmena se nos presenta un fresco (perdón por el tópico) de la sociedad española o al menos madrileña durante los años más duros de la posguerra civil.  Y el panorama no es demasiado halagüeño, como es de suponer... Por la prosa entre sobria y costumbrista, siempre algo distante, de Cela, vemos pasar un plantel innumerable de personajes (bueno, en realidad unos trescientos, por lo visto), con mayor o menor protagonismo, pero todos con su momento de "gloria": alrededor del café de doña Rosa, del burdel de doña Jesusa, de la tahona del señor Ramón, por las calles de un Madrid de aire desolado, se entrecruzan poetas desharrapados, prostitutas y mantenidas, jóvenes vividores, estraperlistas, camareros y limpiabotas, guardias y criaditas, señoritas decentes, señoritas no tan decentes, opositores jetas, alcahuetas, mariquitas, serenos gallegos, honrados comerciantes, usureros, músicos, militares...  todo un despliegue entomológico que Cela parece estudiar con una pinzas y un alfiler en la mano para clavar a sus ejemplares a un corcho. Aunque a decir verdad, el título no me resulta muy bien puesto: más que una colmena, que da idea de un orden y una organización sincronizada a la perfección -"novela reloj", le llamaba él a ésta-, lo que recuerda la novela es a una gusanera triste y pútrida en la que los bichos se retuercen sobre la herida abierta que era la España de aquel momento.

Y tampoco está perfectamente representada la sociedad de la época: como se ha señalado alguna vez, no aparecen ni miembros de la élite vencedora en la guerra (se entiende que eso tampoco habría pasado la criba censora), ni tampoco de la clase obrera industrial -y mucho menos organizada políticamente, por el mismo motivo que el caso anterior-, en todo caso, hay trabajadores subalternos: camareros, planchadoras... o directamente representantes del lumpenproletariat. La sociedad que retrata Cela es sobre todo la de la pequeña burguesía o clase media en una situación de equilibrio inestable. Algo parecido ocurre con los muchos personajes femeninos que aparecen en la novela; la mayoría, o son "mujeres de la vida", o jóvenes en plena ebullición hormonal engañadas por charranes o, si son mujeres de cierta edad, componen un repertorio de viejas arpías, beatas, tontas del bote o dementes... En fin, es comprensible que la visión sobre la mujer que podía tener un escritor español y franquista en los años cuarenta no fuese igualitaria y mucho menos feminista; obviamente, tampoco se trata de que una obra literaria lo sea por decreto. Pero puesto que hablamos de una novela coral por antonomasia (inspirada, por cierto, en Manhattan Transfer, según parece), hubiera sido de agradecer un poco más de apertura de miras, de forma que no nos dejase, al leerla, la impresión de hallarnos ante un catálogo de descripciones misóginas. Aunque tal vez esta tendencia sea tan sólo resultado de la tensión que la miseria sexual del momento producía en el escritor y es de suponer que en sus coetáneos... Miseria sexual que se une a la miseria económica e incluso moral que exudan las páginas de esta novela y que la recubren como una capa aceitosa, como un pringue... Sí, quizás sea esa miseria general -y ya digo que no en último término, precisamente, la referente al sexo- el verdadero tema y motor del libro.

Ahora bien, no quiero ser injusto y dejar una impresión equivocada sobre la novela a quien no la haya leído: también se pueden encontrar aquí un humor irónico, cuando no socarrón, ciertos momentos de ternura y, a pesar de la mirada displicente del autor, no poca admiración hacia la resistencia, algo cazurra si se quiere, incluso pasiva, pero incombustible y tenaz, de la que es capaz el ser humano contra la adversidad. Y sobre todo, una de las mejores prosas que se cristalizaron en el siglo XX en España (otra cosa discutible es si cela la consiguió repetir, antes o después de esta novela). En definitiva: ¿nos encontramos ante un libro imprescindible? Pues depende: dentro de la narrativa española, sin duda; si hablamos de la narrativa en español, seguramente también. Pero si nos referimos a la Historia de la literatura mundial, no lo tengo tan claro... es posible y hasta probable que no lo sea. Lo que no significa, claro está, que no merezca la pena leer este libro; todo lo contrario.

Otras obras de Camilo José Cela reseñadas en Un Libro Al Día:  La familia de Pascual DuartePabellón de reposo