viernes, 7 de febrero de 2025

Tom Wolfe: Los años del desmadre


Idioma original: inglés
Título original: Mauve Gloves & Madmen, Clutter & Vine
Traducción: José Luis Guarner
Año de publicación: 1976
Valoración: recomendable

Quizás valga la pena plantear una cuestión relevante algún día. Sería si la literatura ha de seguir, como otras vertientes artísticas, o culturales, las tendencias del momento, con los riesgos de que ciertas obras queden invalidadas  a la que se suscriben en exceso a las exigencias del momento o, por contra, debe situarse por encima de esa cuestión y brillar por mérito propio sea cuál sea su ámbito temporal. Quizás en esa necesidad de reducir el mérito literario a su manifestación más pura acabaríamos incluso renunciando al aspecto intelectual o subjetivo y quedándonos en la pura expresión sonora. Personalmente, me parecería una subversión. 

A pesar de lo cual, leer a Tom Wolfe en Los años del desmadre me ha dejado una sensación, como mínimo, agridulce. No es que Wolfe no sea punzante, ácido, incluso vitriólico, como en sus otras obras. No es que su estilo se resienta de esa dispersión temática. Es que, en este contexto, y no niego que también por la expectativa que me generaba esa mención a los años 70, algunos de sus escritos me han sonado rancios y almidonados. Como los cuellos de esas camisas que parecen ser su obsesión (no está de más recordar el curioso aspecto del escritor, vestido de un blanco riguroso cuando ya era una celebridad), muchos de estos escritos acusan una resonancia – muy neoyorquina por cierto – entre la pedantería y la necesidad burguesa de epatar. Y como si se tratara de un escritor diferente, en el formato corto, al escritor aclimatado de obras como La hoguera de las vanidades o la infravalorada Todo un hombre, demasiadas veces he tenido la sensación de leer a un escritor excesivamente pendiente de demostrar su vasta cultura urbana, su condición de estrella literaria de primer nivel en el punto neurálgico de la cultura global. Como si se sintiera demasiado cómodo en esa atalaya y como si tuviera una percepción algo elitista de su condición, una desbordante seguridad en que sus opiniones iban a ser celebradas y asumidas.

Aquí sus relatos y los diferentes temas abordados tampoco ayudan a situar estos textos en ese escenario utópico de atemporalidad, pues hay que recordar que, sobre todo, se trata de artículos publicados en medios USA y muy adscritos al entorno: Vietnam, figuras de la escena cultural estadounidense, o cualquier tema por prosaico o frívolo que sea permite a Wolfe desatar su prosa corrosiva, desinhibida, ácida y desbordante. Un relativo doble hándicap para un disfrute absoluto: cierta tendencia autoreferencial a ese mundo restringido y endogámica que es la intelectualidad neoyorquina, y una obvia adscripción al tiempo y momento en que estos escritos se generaron. Esos años 70 a que el título hace referencia que (salvo que Trump decida, cualquier día, lo contrario) ahora nos parecen entrañablemente lejanos.

Más libros de Tom Wolfe reseñados en ULAD: Aquí

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos.¿Por qué decidiste abanderar ese tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.

miércoles, 5 de febrero de 2025

Sergio S. Pando: La isla de los gatos

Idioma original: Español

Año de publicación: 2024

Valoración: Entre está bien y recomendable 

La isla de los gatos es la primera novela del bilbaíno afincado en Madrid Sergio S. Pando y la verdad es que, con sus virtudes y sus defectos, constituye un apreciable ejercicio de ambición literaria.

Con un alto contenido autobiográfico, podemos decir que la novela es una historia de perdedores que no pierden la esperanza, un texto construido a partir de dos tramas separadas en el tiempo que sirven para recorrer la Historia de este país en los últimos 100 años. Y aunque está cantado que, de una forma u otra, esas tramas acabarán convergiendo, lo importante es cómo llegamos a ese punto. Y ahí el autor sale bien parado.

Resumiendo mucho, La isla de los gatos es la historia de Julio, exiliado tras la Guerra Civil en Nueva York, y de Diego, joven que vive en el Bilbao de los 80 (tan denostado en estos tiempos de Guggenheim, gentrificación y franquicias). Son los años de plomo, de la reconversión industrial, de la heroína y los chavales tirados en el parque (esto lo han visto estos ojitos, si) y Diego pasa sus días entre discos, libros, pelis, petas y asignaturas de Geografía e Historia. ¡Para que luego cuatro putos pijos de Pozuelo de Alarcón nos vinieran a hablar de "juventud sin futuro"! En fin.

No me enrollo y paso a comentar las principales virtudes y defectos de la novela.

Entre sus aspectos más destacables, en lo positivo, están:

  • Ambición. No hablo de ambición "formal" ya que en ese sentido en una novela más o menos convencional, si exceptuamos el capítulo 15 de la primera parte, que es el más arriesgado en lo formal (un camino prometedor y diferente que me habría gustado seguir). Me refiero, sobre todo, a ese atrevimiento a meter todo en la novela, a no cortarse, a tocar varios palos. Podrá salir bien, mal o regular (y creo que, en general, sale bien), pero me gusta que el autor asuma el riesgo.
  • Ambientación. Hablamos en escenarios familiares para mí y creo que esos escenarios están bien reflejados en la novela. Atmósfera, contexto, sensación de vacío se dejan ver por toda la parte bilbaína de la novela. 
  • Voces. Parece una gilipollez pero no lo es. ¿Cuántas novelas no se caen porque los personajes hablan todos de la misma forma? Dos personajes tan alejados entre sí, pese a evidentes paralelismos, como Diego y Julio no pueden hablar igual, sería absurdo, y me gusta como ha trabajado el autor con el lenguaje literario, con el habla de los personajes y con los diferentes registros que estos manejan. 
  • Personajes principales. Bien construidos, con sus pasados y sus contextos, con sus contradicciones a cuestas.
En lo no tan positivo cabe mencionar:
  • Intromisión de lo personal. El autor es Licenciado en Geografía e Historia y eso se ve muy a las claras en la novela. De por sí no sería un problema, pero me da la impresión de que hay momentos en los que penetra de forma demasiado evidente (e incluso innecesaria) en el texto.
  • Ligado en parte a lo anterior, en ocasiones lo discursivo / didáctico se entromete en lo puramente novelístico. Sé que ofrece contexto a la acción, pero a veces hay que dejar que sea el lector el que se busque la vida.
  • Reiteraciones, especialmente en la parte neoyorquina de la novela y a la altura de la página 250. Es curioso porque es cuando los años pasan más rápido cuando la novela pierde algo del buen ritmo que tiene.

Pese a todo, me quedo con lo bueno y con la sensación de que, puliendo algunos defectillos, aquí hay madera (y no de la del cuartel de la Salve)

martes, 4 de febrero de 2025

Junichiro Tanizaki: Arenas movedizas

 Idioma original: japonés

Título original: Manji (卍)

Traducción: Aiga Sakamoto y Miguel Martín Onrubia

Año de publicación: 1928

Valoración: muy recomendable


¡Pero qué dramón!

Esta novela tiene todos los elementos (y futuros clichés) de lo que después sería reconocido como novela japonesa: esposas insatisfechas, maridos autoritarios pero pusilánimes, jóvenes seductoras, gigolós sin escrúpulos, deshonra familiar, suicidio por amor, etc. Sin embargo, se ve claramente por qué a Tanizaki se le considera un representante de la novela moderna en Japón. Hay rasgos propios de la novela romántica del siglo XIX, que Tanizaki mezcla muy bien con el estilo de la novela Meiji.

En esta novela temprana de Tanizaki, se nos presenta la vida de una esposa aburrida e insatisfecha, con un historial de infidelidades (pasadas por alto por el marido, siempre guardardando las apariencias), quien se enamora de una joven de belleza fascinante, inocente y narcisista. En esta relación lésbica se interpondrán, por un lado, el marido de la protagonista y, por otro, el amante de la joven, formando un cuadrado (o manji) amoroso digno de una telenovela mexicana.

La historia está narrada desde el punto de vista de la protagonista, quien relata sus desventuras a una suerte de psicólogo o consejero. Sin embargo, su narración se confunde con la voz de los demás personajes, lo cual nos permite conocer sus versiones de manera indirecta, la mayoría de las veces contradictorias, obligándonos a posicionarnos a favor de uno o de otro. Esto se logra gracias a lo bien definidas que están las personalidades de los protagonistas, sin llegar a caricaturizarlos.

Resulta especialmente interesante cómo Tanizaki, a través de la voz de esta narradora poco fiable, juega con la percepción del lector y con la ambigüedad de los hechos. A lo largo de la novela, se ponen de manifiesto no solo las pasiones y frustraciones de cada personaje, sino también la forma en que la sociedad japonesa de la época condicionaba los roles y comportamientos de hombres y mujeres. 

Tal vez no sea la mejor obra de Tanizaki, pero sin duda es una historia interesante y entretenida, narrada con fluidez y no sin uno que otro cliffhanger (la novela fue publicada originalmente por entregas). A pesar de que para el año en que se publicó esta obra, Tanizaki ya era un autor reconocido, me parece que es aquí donde se nota que llegó a su madurez como escritor. 

lunes, 3 de febrero de 2025

Marta Marín-Dòmine: Huir fue lo más bello que tuvimos

Idioma original: catalán
Título original: Fugir és el més bell que teníem
Traducción: traducción al castellano de la propia autora para Galaxia Gutenberg
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable


Como todo buen amante a la lectura sabrá (y habrá experimentado en repetidas ocasiones), a veces ocurre que hay libros que apetece leer y que uno tiene en sus estanterías pero que, por razones desconocidas, no encuentran el momento de ser leídos. En ese misterioso agujero negro en el que se encuentran los libros olvidados, a veces hay joyas que tienen que esperar a la existencia de cierta sequía de opciones para que uno se decida a cogerlos. Y en muchas ocasiones hacerlo es un acierto y la decisión vale la pena. Este libro es un claro ejemplo de ello.

El relato autobiográfico de Marta Marín-Dòmine empieza con una definición sobre el verbo errar, su origen y el uso.  Porque errar vienen de errare, de desviarse de un camino, de ir de un lado a otro sin rumbo y, esa definición etimológica mis recuerdos, también errantes, me lleva a “Los errantes” de Tokarczuk, más aún cuando indica que el errante, “abierto a los cambios, decantado por la elección del movimiento, cuando llega a los lugares no los posee, sino que los habita” aunque, en consecuencia, “quien erra a veces olvida, pero el errante, en cambio, siempre es olvidado. El olvido es el precio de su libertad”. Con esta premisa, el libro trata del exilio, de sus recuerdos y memorias, y se centra especialmente en el exilio de su padre quien, tras la guerra civil y junto con miles de personas, cruzó la frontera terminando en el campo de internamiento de Argelès marcando así la vida de su familia en constante errancia, en intermitentes exilios.

El estilo de la autora es muy elegante, con un lenguaje trabajado en el que se nota el cuidado en la elección de las palabras y en la soltura de la narración. El texto fluye con sonoridad armónica, con la musicalidad de quien ama las palabras y de quien encuentra en ellas la calidez de una nostalgia repleta de recuerdos y carencias. Unas carencias que también sufrió su padre, a caballo entre su Barcelona natal y Francia, con ausencias y faltas en ambos lados y especialmente dolorosa la de su tierra natal, pues «en Barcelona erraste siempre, tú y tantas otras personas que no tenían (…) los recursos de una burguesía colaboradora con el franquismo». Un padre proveniente de una familia ya errante pues el abuelo por parte paterna también huyó a Francia el 1928 debido a que «la Patronal amenazaba los obreros que, como él, estaban profundamente implicados en las luchas sindicales anarquistas», dejando el resto de la familia en Barcelona. Los exilios, que rompen familias y vacían recuerdos. 

De esta manera, la autora explica la historia de su padre (a través de las memorias que escribió a los setenta años) desde que era niño hasta ya adulto y lo enlaza con su visión de esos sucesos siendo niña, reconstruyendo a partir de la historia el paisaje de su vida marcada por tener que abandonar su tierra y con ella parte de sus recuerdos. De igual manera, la autora traza un paralelismo entre el exilio de su padre a Béziers y el suyo en Toronto, con recuerdos heredados y encontrando el confort en la literatura en «unos libros que confirmaban aquello que ya había quedado en la piel, que daban un estatuto de verdad al deseo. Aquella pequeña cartografía visual que arrancaba en una buhardilla y que tenía que llegar a un estudio de Toronto». Ya en 2011 se traslada a Francia, «el país de mi familia, el de las vacaciones de mi infancia», enlazando así su vida con la de su familia, una vida marcada por la guerra en todos ellos, así como también en la propia autora, víctima de las guerras que han azotado y desterrado a su familia y que ya desde pequeña confirman el paisaje de la vida de su familia, porque los oye hablar de ellas, de una guerra que «debe ser terrible (…) porque cuando los adultos la explican los siente vulnerables». También, hablando de la memoria, la autora hila fino y precisa su lenguaje al afirmar con acierto que «me parece que nadie ha filmado aún los espacios vacíos de la Europa de 1945. Ni la manera como se ha tapado, como quien rellena un animal muerto, lo que fue destruido. Es muy probable que esta sea la razón por la cual, en Europa, cuando nos referimos al pasado de los campos de exterminio y de la guerra, hablamos del horror, y muy raramente de vértigo. El horror nos hace desviar la mirada; solo quien osa mirar siente vértigo del pasado».

Combinando reflexiones con menciones puntuales a otros autores como Jünger, Freud, Benjamin o Roland, la autora nos habla de la guerra y de sus causas, sus defensores y aquello que supone en un libro que desborda nostalgia en cada una de sus páginas, una nostalgia que viene de la transmisión de la memoria, de los recuerdos narrados por un padre y que despiertan y asoman al desplazarse la narradora a las tierras que albergaron su infancia afirmando que «contemplo este paisaje que se dibuja a medida que avanza el autocar y lo pinto con el velo transparente y anacrónico de unos recuerdos que me has dejado en herencia (…) te recuerdo sentado en la cocina, o en la mesa del comedor, mientras me contabas tus veranos aquí, y ahora tus palabras se sobreponen al paisaje presente». Una mirada reflejo de una vida que pasa ante sus ojos y se detiene, de manera permanente, en cada uno de esos momentos.

domingo, 2 de febrero de 2025

Laia San José Beltrán: La huella vikinga

Idioma: español 

Año de publicación: 2024

Valoración: recomendable 

Permitidme que me copie a mí mismo y empiece esta reseña de la misma forma que otra que escribí de otro libro sobre la misma temática: Los vikingos están de moda... (quien desee seguir leyendo mi modesto aserto, puede hacerlo en la reseña de Los reyes del río, de Cat Jarman). Lo que significa, entre otras cosas, que han aparecido, de forma directa o indirecta, en multitud de productos culturales recientes, al igual que lo han ido haciendo, intermitentemente, los últimos trescientos años, atribuyéndoseles unas características estereotipadas, pero cambiantes a los largo del tiempo.

A esta imagen o imágenes  de "lo vikingo" en nuestra sociedad y a la utilización de las mismas en las diferentes épocas y por motivos o intereses diversos es a lo que la historiadora y divulgadora en redes sociales y televisión Laia San José Beltrán - bajo el nickname @thevalkyriesvigil-, especialista en el tema, ha dedicado este libro, que no es, por tanto (aviso a navegantes), un manual de historia y cultura vikingas... Lo que no quiere decir que tanto una como otra no tengan obviamente, un lugar preeminente en el libro. Aunque lo propio sería hablar de historia y cultura nórdicas, puesto que la autora lo comienza, justamente, estableciendo qué es eso de "vikingo" y cómo debemos utilizar el término de forma rigurosa. 

A partir de aquí la autora nos va explicando las diferentes concepciones de los vikingos que se han ido sucediendo desde su "redescubrimiento" en los siglos XVIII y XIX hasta la actualidad, pasaando por la "vikingomanía" de la época victoriana o su inclusión en el cine y los cómics de superhéroes. Por supuesto, también su utilización ideológica por parte de los nacionalismos escandinavo y estadounidense del XIX o de los incombustibles nazis en el XX (y sus nietos flipados, hoy en día). Con gran erudición historiográfica y filológica, a la par que claridad expositiva, Laia San José va desmontando las falsas premisas en las que estas ideologías basan su utilización más o menos espúrea de la figura de los vikingos. Asimismo, se incluyen en el libro un par de capítulos sobre las mujeres vikingas -o nórdicas de la época, en general-, tres si se tiene en cuenta otro dedicado a la mítica figurade las valkirias (cómo no, en este caso). También otro más sobre lo que la autora llama "queerkings", es decir, la presencia de lo que hoy conocemos como queer entre los vikingos. Todos estos capítulos habrá quien los considere una concesión al wokismo o siquiera a la propensión actual a presentar la vertiente feminista y LGTBI+ de cualquier tema, pero, en mi opinión, sí que resultan pertinentes, no sñolo por la precisión histórica, sino por contratrrestar el exceso testosterónico que ha solido acompañar la imagen tópica del mundo vikingo (lo mismo se podría decir de otros colectivos y/o periodos históricos).  

Lo más interesentate del libro resulta, no obstante, es, creo yo, la acertada combinación de, por una parte, las referrencias a los vikingos, más o menos evidentes, en diferentes manifestaciones de la cultura popular, desde las óperas de Wagner (sí, amigues, la ópera, en otro tiempo, era un espectáculo bastante popular) al cine hollywoodiense o recientes series de televisión, junto, por otro lado, el despliegue de rigor y erudición historiográfica que he mencionado antes. Quizás, por lo que respecta a los productos de puro entretenimiento, algún lecor o lectora se pueda sentir algo desubicado/a si no lo conoce (es loq ue me ocurre a mí, por ejemplo, con los videojuegos), pero, gracias a San Google, tampoco es que esto suponga un impedimento para seguir las explicaciones del libro. Además de que estos ejemplos no son algo anecdótico, puesto que la idea central del libro no es darnos una panorámica general de la +epoca vikinga -aunque, en buena medida, sí que lo haga-, ni mucho menos ser un manual de Historia de los vikingos, sino guiarnos a través de la pervivencia e influencia de éstos -la huella que menciona el título- en nuestros días, y un aspecto importante lo representa, sin duda, su presencia recurrente en la ficción literaria y audiovisual. Por no hablar de la gran popularidad que sigue manteniendo la imagen de los vikingos, tanto para el marketing de diferentes productos, la motivación de gymbros y demás aspirantes al triunfo personal y profesional o, simplemnete, como socorrido disfraz en los Carnavales. Eso sí: el casco, sin cuernos, por favor...


sábado, 1 de febrero de 2025

William Hope Hodgson: La casa en el confín de la Tierra

Idioma original: Inglés
Título original: The House on the Borderland
Traducción (al catalán): Jordi Llavoré
Año de publicación: 1908
Valoración: Decepcionante

Hace años, cuando devoraba todo lo relacionado con H. P. Lovecraft en particular y el género de terror en general, me topé con una antología de cuentos sobrenaturales con ambientación naval titulada Un horror tropical y otros relatos, de un tal William Hope Hodgson. Como me gustó mucho, empecé a investigar a su autor (quien, según descubrí enseguida, tuvo una gran influencia en Lovecraft). Una de sus obras más reivindicadas es la novela La casa en el confín de la Tierra

Ahora que por fin la he leído, debo decir que entiendo la importancia que ha tenido a la hora de configurar el horror cósmico. Sin embargo, como ficción al uso me parece deficiente, lenta y aburrida. Al fin y al cabo, a sus partes les falta unidad. Asimismo, el conjunto carece de ritmo y fluidez, y abunda en pasajes tediosos. Para colmo, las largas descripciones que contiene no logran erigir una atmósfera convincente (cosa que sí consiguen autores como Algernon Blackwood), e incluso atentan contra la vocación incognoscible de los acontecimientos.

En definitiva, uno termina La casa en el confín de la Tierra pensando que ya ha visto los elementos que la componen en otras ocasiones pero mucho mejor resueltos. Los viajes del espíritu del narrador por el espacio-tiempo que hay en estas páginas son menos interesantes que los de, por ejemplo, el Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, de Lovecraft. Y el asedio de las criaturas de otro mundo palidece, dada su escasa intensidad, al de La piel fría, de Albert Sánchez Piñol. Menuda decepción.