Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2001
Valoración: muy recomendable
Juan Mayorga es probablemente el dramaturgo español contemporáneo más representado y traducido. Es autor de piezas como Himmelweg, La tortuga de Darwin, La paz perpetua o Cartas de amor a Stalin, y ha adaptado numerosas obras del repertorio más clásico. Enseguida viene a Bilbao, sin ir más lejos, una versión suya de La vida es sueño. El jardín quemado es quizá una obra menor dentro de su trayectoria, pero también un drama eficaz y modesto que reúne algunas de sus características más propias.
La pieza se sitúa en los años 70, en plena transición a la democracia. Benet, un joven psiquiatra recién salido de la facultad, desembarca en una isla indeterminada para descubrir la verdad que se esconde en el sanatorio de San Miguel. Sospecha que el hospital funcionó como presidio durante la Guerra civil, y que el director actual, el doctor Garay, es responsable de la muerte de un célebre poeta republicano y sus once compañeros de viaje. Decidido a desenmascarar a un cómplice de la represión franquista, interroga a los internos. Lo que va descubriendo, sin embargo, no es lo que esperaba, y en el proceso se derrumban las conclusiones morales que traía preparadas de antemano.
Además de dramaturgo, Mayorga es profesor de Matemáticas y Doctor en Filosofía. Hizo su tesis sobre Walter Benjamin, algo que ilumina muchos de sus intereses dramáticos. La historia, tan presente en la obra del filósofo alemán,es un material apreciado por Mayorga. Pero esta no aparece nunca como una imagen estática que pudiéramos contemplar con horror o nostalgia, sino, siguiendo el método de Benjamin, como una constelación dialéctica que súbitamente nos ilumina y nos dice algo sobre nosotros mismos.
La lectura de la Guerra civil y la transición que ofrece El jardín quemado dista mucho de los discursos estereotipados que se suelen repetir. Mayorga sabe sintetizar en poquísimas escenas el ambiguo trasfondo de vivencias que condicionan las decisiones de los personajes, haciendo imposible cualquier juicio sumario, ya sea político o moral. En sus manos, la historia se convierte en arena para luchar contra nuestros propios prejuicios y sentir una dolorosa empatía con los derrotado. Contribuir a eso parece una de las tareas más dignas para el teatro actual.
lunes, 14 de enero de 2013
domingo, 13 de enero de 2013
Joan Didion: Los que sueñan el sueño dorado
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1966-1987
Valoración: recomendable
Joan Didion (ensayista y autora de ficción) ha sido considerada una de las mejores y más importantes cronistas del siglo XX. Aunque yo no estoy en posición de confirmar ni de rebatir tal afirmación, después de leer Los que sueñan el sueño dorado puedo decir que, sin duda, la suya es una voz a tener en cuenta.
Este volumen recoge numerosos artículos y ensayos escritos por Didion para diferentes medios de comunicación (y que aparecieron anteriormente en los libros Arrastrarse hacia Belén, El album blanco, Después de Henry, Salvador y Miami) a lo largo de veinte años.
Aquí la autora habla de la vida en los años sesenta –en la que el mundo de la contracultura tiene un lugar especial–, de las desgracias ocurridas en El Salvador y la presencia –e influencia– de EE.UU. en la política de ese país, de la inmigración, del exilio, de Ronald Reagan, de John Wayne... pero también ofrece varias piezas autobiográficas en las que nos deja ver un poco de sí misma.
Joan Didion utiliza en sus escritos un estilo claro y conciso, sencillo pero no por eso poco trabajado, resultando ciertamente poético en numerosas ocasiones. Así, consigue que cada uno de sus artículos parezca una historia, un pequeño entrante de algo mayor que está por venir (habrá que leer sus obras de ficción, para ver si se cumplen las expectativas). Aunque no resulta tan ácida o tan crítica como otros cronistas, Didion aporta una visión del mundo realmente interesante, donde hasta el más pequeño detalle tiene importancia y nada parece pasar desapercibido.
También de Joan Didion en ULAD: Noches azules
También de Joan Didion en ULAD: Noches azules
sábado, 12 de enero de 2013
Gustave Flaubert: Madame Bovary
Idioma original: francés
Título original: Madame Bovary
Fecha de publicación: 1857
Valoración: Imprescindible
Nunca es fácil reseñar una novela que es considerada una obra maestra de la literatura universal, y más si se desea hacerlo sin revelar un impactante final que sería muy interesante analizar. Pero creo que ya es hora de que en este blog se escriba sobre una de las novelas decimonónicas más polémicas y revolucionarias de todos los tiempos: Madame Bovary.
Escrita por Gustave Flaubert (que tardó seis años en gestarla, en duras jornadas de trabajo que alcanzaron las doce horas), Madame Bovary se publicó por entregas en La Revue de Paris y pronto su autor y su editor tuvieron que enfrentarse a un proceso judicial acusados de inmoralidad. Y aunque ambos salieron bien parados del pleito, la sombra del escándalo ensombreció la novela durante muchos años hasta que finalmente fue reconocida como una gran obra.
¿Pero qué pasaba dentro de este libro que se armó tanto revuelo?
La novela contiene una historia de adulterio cuya protagonista absoluta es la inolvidable Emma, la fantasiosa, bella, rebelde y caprichosa hija de un granjero que se casa con un médico rural viudo llamado Charles Bovary.
Emma piensa que gracias a esta boda su vida dará un giro de ciento ochenta grados. Pero la apasionada madame Bovary enseguida descubre que la realidad no tiene nada que ver con sus ensoñaciones románticas y fastuosas, en cuya gestación han tenido mucho peso las novelas de amor y aventuras que lleva toda su adolescencia devorando. Su vida de casada resulta ser aburrida y poco excitante, y abandonado el espejismo del enamoramiento "salvavidas", su marido le parece un ser vulgar y bonachón hasta rozar la estupidez, sin ambiciones ni cualidades reseñables.
Ni siquiera el nacimiento de su hija Berthe, una niña a la que considera fea y en nada parecida a ella y a la que apenas hace caso, cambiará su gris perspectiva. Por eso no es de extrañar que la joven esposa y madre, la mujer más hermosa y elegante del pueblo donde reside, acabe buscando consuelo en dos amantes consecutivos: Rodolphe, el casanova oficial del lugar, y León, el melancólico ayudante del notario. El primero no cumplirá su promesa de fugarse con ella, y el segundo, de carácter más reservado, también terminará por decepcionar a la bella inconformista, que cada vez tratará con más desdén a su familia y gastará más y más dinero en toda clase de caprichos. Será su afición a las compras y a los préstamos lo que acabe precipitando a madame Bovary en los brazos de la tragedia...
En fin, el argumento de Madame Bovary contiene todos los componentes indispensables para atraer la atención del lector: belleza, infidelidad, rebeldía, sexo y violencia. Pero colocado en su contexto histórico, es natural que despertara tanta polémica. Con su libro, Flaubert desnudó hasta el sonrojo a la aparentemente irreprochable burguesía de su tiempo y engendró un nuevo tipo de heroína, una mujer joven y hermosa que lleva hasta el final sus más primarios instintos. No es de extrañar que a partir de ahí comenzara a utilizarse la palabra "bovarismo" para describir a personas insatisfechas porque llevan vidas que en el fondo no desean llevar. Y también hay que recordar que Flaubert dijo de sí mismo que él era madame Bovary, quizás para responder a los que demonizaban a la atrevida y mentirosa Emma y, por ende, a su creador.
Tengo ganas de leer La orgía perpetua, reflexiones de Mario Vargas Llosa sobre la novela. Y repito que, en mi opinión, Madame Bovary se trata de una obra imprescindible, cargada de intensidad, belleza y dolor, y con un estilo, una densidad psicológica y una calidad literaria imposibles de encontrar en la literatura contemporánea.
PD: hay varias adaptaciones para el cine y la televisión, la mejor para mí, la protagonizada por Jennifer Jones. Y tengo la intención de leerme Anna Karenina y La Regenta para compararlas con Madame Bovary ya que las tres contienen personajes y argumentos parecidos.
Título original: Madame Bovary
Fecha de publicación: 1857
Valoración: Imprescindible
Nunca es fácil reseñar una novela que es considerada una obra maestra de la literatura universal, y más si se desea hacerlo sin revelar un impactante final que sería muy interesante analizar. Pero creo que ya es hora de que en este blog se escriba sobre una de las novelas decimonónicas más polémicas y revolucionarias de todos los tiempos: Madame Bovary.
Escrita por Gustave Flaubert (que tardó seis años en gestarla, en duras jornadas de trabajo que alcanzaron las doce horas), Madame Bovary se publicó por entregas en La Revue de Paris y pronto su autor y su editor tuvieron que enfrentarse a un proceso judicial acusados de inmoralidad. Y aunque ambos salieron bien parados del pleito, la sombra del escándalo ensombreció la novela durante muchos años hasta que finalmente fue reconocida como una gran obra.
¿Pero qué pasaba dentro de este libro que se armó tanto revuelo?
La novela contiene una historia de adulterio cuya protagonista absoluta es la inolvidable Emma, la fantasiosa, bella, rebelde y caprichosa hija de un granjero que se casa con un médico rural viudo llamado Charles Bovary.
Emma piensa que gracias a esta boda su vida dará un giro de ciento ochenta grados. Pero la apasionada madame Bovary enseguida descubre que la realidad no tiene nada que ver con sus ensoñaciones románticas y fastuosas, en cuya gestación han tenido mucho peso las novelas de amor y aventuras que lleva toda su adolescencia devorando. Su vida de casada resulta ser aburrida y poco excitante, y abandonado el espejismo del enamoramiento "salvavidas", su marido le parece un ser vulgar y bonachón hasta rozar la estupidez, sin ambiciones ni cualidades reseñables.
Ni siquiera el nacimiento de su hija Berthe, una niña a la que considera fea y en nada parecida a ella y a la que apenas hace caso, cambiará su gris perspectiva. Por eso no es de extrañar que la joven esposa y madre, la mujer más hermosa y elegante del pueblo donde reside, acabe buscando consuelo en dos amantes consecutivos: Rodolphe, el casanova oficial del lugar, y León, el melancólico ayudante del notario. El primero no cumplirá su promesa de fugarse con ella, y el segundo, de carácter más reservado, también terminará por decepcionar a la bella inconformista, que cada vez tratará con más desdén a su familia y gastará más y más dinero en toda clase de caprichos. Será su afición a las compras y a los préstamos lo que acabe precipitando a madame Bovary en los brazos de la tragedia...
En fin, el argumento de Madame Bovary contiene todos los componentes indispensables para atraer la atención del lector: belleza, infidelidad, rebeldía, sexo y violencia. Pero colocado en su contexto histórico, es natural que despertara tanta polémica. Con su libro, Flaubert desnudó hasta el sonrojo a la aparentemente irreprochable burguesía de su tiempo y engendró un nuevo tipo de heroína, una mujer joven y hermosa que lleva hasta el final sus más primarios instintos. No es de extrañar que a partir de ahí comenzara a utilizarse la palabra "bovarismo" para describir a personas insatisfechas porque llevan vidas que en el fondo no desean llevar. Y también hay que recordar que Flaubert dijo de sí mismo que él era madame Bovary, quizás para responder a los que demonizaban a la atrevida y mentirosa Emma y, por ende, a su creador.
Tengo ganas de leer La orgía perpetua, reflexiones de Mario Vargas Llosa sobre la novela. Y repito que, en mi opinión, Madame Bovary se trata de una obra imprescindible, cargada de intensidad, belleza y dolor, y con un estilo, una densidad psicológica y una calidad literaria imposibles de encontrar en la literatura contemporánea.
PD: hay varias adaptaciones para el cine y la televisión, la mejor para mí, la protagonizada por Jennifer Jones. Y tengo la intención de leerme Anna Karenina y La Regenta para compararlas con Madame Bovary ya que las tres contienen personajes y argumentos parecidos.
viernes, 11 de enero de 2013
Juan Larrea: Versión Celeste
Me resulta difícil hablar de Versión Celeste
sin hablar de mí mismo. La poesía y la prosa de Juan Larrea me han
acompañado durante muchos años, pero este libro en concreto, que reúne
toda su obra poética, ha sido protagonista en algunos de los momentos
más importantes que he vivido. Sergio Oiarzabal, gran poeta y amigo de varias
de las personas que formamos este blog, tenía a Larrea como uno de los mayores creadores de todos los
tiempos, y son incalculables las conversaciones que mantuvimos al hilo de sus poemas, sus reflexiones críticas y su teoría de la literatura: de ahí que pensar en Juan me lleve inevitablemente a pensar en
Sergio; de ahí que, también, los pocos párrafos que pueda dedicar a Versión Celeste
en esta entrada sean de antemano un intento pueril, pobre, de lo mucho
que debería decirse sobre este libro, y también de lo mucho que yo
podría decir. Pero no haberlo reseñado todavía es una falta que
trataremos de enmendar con este primer acercamiento.
Larrea
nace en Bilbao en 1895. Se licencia en Letras en la Universidad de
Deusto en 1915. Valora la posibilidad de ingresar en el seminario. Escribe poemas, viaja. Llega a Paris en 1923. Participa en la vida cultural y se relaciona con casi todos los grandes
autores que, como él, llegaron a la capital francesa durante aquellos
primeros años veinte. Conoce a Vallejo. Publica poemas en revistas, convive con la Generación del 27. Se traslada a Perú en 1930. En 1932 deja de escribir poesía y se dedica
exclusivamente a la prosa. Sigue viajando. Acompaña a Picasso cuando Picasso comienza a
pintar el "Guernica". Está con Buñuel durante la redacción de muchos de
sus guiones. Vuelve a España solamente una vez después de la Guerra. Publica diversos libros. Muere en 1980.
La
obra poética de Juan Larrea es difícil de situar y de ordenar: durante
los años de redacción de la mayor parte de sus poemas, estos apenas
fueron publicados en unas pocas revistas francesas y españolas, y en las dos
famosas antologías que llevó a cabo Gerardo Diego en 1932 y 1934.
Tenemos que esperar a 1934 para encontrar una primera edición de su
libro Oscuro dominio, publicado en México con una tirada mínima; más de tres décadas después, en 1969, verá la luz Versione Celeste, edición italiana a cargo de Einaudi, y por fin, en 1970, Versión Celeste,
en España. La edición que manejo habitualmente es la llevada a cabo por
Miguel Nieto para Cátedra, de 1989, cuya portada ilustra esta entrada, y
que recoge de manera excelente todos los poemas de Larrea. Su obra en
prosa, formada principalmente por crítica de textos poéticos y de artes
plásticas, estudios culturales diversos y análisis de la arqueología
precolombina, se publicó de una forma más normalizada.
En
cuanto al idioma original, es importante señalar que Larrea escribió casi todos sus
poemas en francés (al contrario que su
prosa, siempre en español). El propio Larrea, Gerardo
Diego, Luis Felipe Vivanco, Carlos Barral y otros nombres necesarios de la literatura en nuestro país fueron los traductores. La razón por la
que Larrea escribió la mayor parte de su obra poética en francés tiene que ver con el significado profundo que para él tenía la Poesía y las cualidades que, a su juicio, la definían.
Usando sus propias palabras, Larrea defiende la sacrosantidad de la poesía, su significancia espiritual. Para él, la poesía se diferencia de la literatura en la cualidad visionaria de aquella. Poesía es visión, videncia, profecía: escarba en el sentido del mundo y desvela la verdad profunda de las cosas. El poeta, por tanto, es un vidente, un profeta llamado a revelar todo aquello que la vida sugiere y, sin embargo, permanece oculto. Llega Larrea a este punto de iluminación a través de numerosas crisis de identidad, de una muy personal vivencia del sufrimiento y de una concepción del Lenguaje (con mayúsculas) entendido como religión, como único motor de la imaginación (que no fantasía) capaz de traducir la intimidad. Un juego de vasos comunicantes entre lo que sucede dentro de uno mismo y lo que sucede fuera.
En su búsqueda del "resplandor" que la visión poética ofrece, Larrea decide "expatriarse del Verbo" y escribir en francés, una lengua que conoce y habla notable pero no perfectamente, y de este modo intentar disgregar más fácilmente su propio sistema lingüístico (originalmente, el español), alcanzando así el punto exacto de distancia que considera necesario para romper los modelos gramaticales y, finalmente, proponer una poesía lúcida, mística, dominada por una fuerza superior al poeta.
Creacionista, ultraísta, surrealista... Larrea fue todo eso y mucho más. Adentrarse en Versión Celeste es un trabajo complejo, extenuante, porque sus poemas tienden al laberinto, a una sintaxis descompuesta que se vuelve a montar a ciegas, a la magia de la revelación: el verso provoca antes que en la mente un estallido en la mirada, como si el poeta jugase a las sombras y las luces. Y leído y releído al final del poema uno tiene la sensación de que hay muchas más líneas de las que pueden verse en esa página, y Larrea se queda siempre a varios metros de distancia, lejano, observando nuestra cara de asombro, como en aquel verso inolvidable que afirma:
Usando sus propias palabras, Larrea defiende la sacrosantidad de la poesía, su significancia espiritual. Para él, la poesía se diferencia de la literatura en la cualidad visionaria de aquella. Poesía es visión, videncia, profecía: escarba en el sentido del mundo y desvela la verdad profunda de las cosas. El poeta, por tanto, es un vidente, un profeta llamado a revelar todo aquello que la vida sugiere y, sin embargo, permanece oculto. Llega Larrea a este punto de iluminación a través de numerosas crisis de identidad, de una muy personal vivencia del sufrimiento y de una concepción del Lenguaje (con mayúsculas) entendido como religión, como único motor de la imaginación (que no fantasía) capaz de traducir la intimidad. Un juego de vasos comunicantes entre lo que sucede dentro de uno mismo y lo que sucede fuera.
En su búsqueda del "resplandor" que la visión poética ofrece, Larrea decide "expatriarse del Verbo" y escribir en francés, una lengua que conoce y habla notable pero no perfectamente, y de este modo intentar disgregar más fácilmente su propio sistema lingüístico (originalmente, el español), alcanzando así el punto exacto de distancia que considera necesario para romper los modelos gramaticales y, finalmente, proponer una poesía lúcida, mística, dominada por una fuerza superior al poeta.
Creacionista, ultraísta, surrealista... Larrea fue todo eso y mucho más. Adentrarse en Versión Celeste es un trabajo complejo, extenuante, porque sus poemas tienden al laberinto, a una sintaxis descompuesta que se vuelve a montar a ciegas, a la magia de la revelación: el verso provoca antes que en la mente un estallido en la mirada, como si el poeta jugase a las sombras y las luces. Y leído y releído al final del poema uno tiene la sensación de que hay muchas más líneas de las que pueden verse en esa página, y Larrea se queda siempre a varios metros de distancia, lejano, observando nuestra cara de asombro, como en aquel verso inolvidable que afirma:
vivir resulta el racimo imposible de alcanzar.Para quienes deseen acercarse más a este personaje fundamental de la poesía española, recomiendo los trabajos de J.M. Díaz de Guereñu, David Bary, Robert Gurney o Félix Maraña, entre otros.
jueves, 10 de enero de 2013
Roberto Bolaño: Llamadas telefónicas
Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: recomendable
Parece que, en novela, Bolaño no era dado a las medianías. Ya me disculpará más de uno porque cree una especie de cisma: era capaz de novelas geniales, pero también escribió más de una algo decepcionante. A pesar de su excelente estilo habitual, algunas novelas de su primera época distan de ser perfectas. Si he de mojarme, lo haré una sola vez: Amberes es tan absurda e intragable como genial e indispensable es Estrella distante. Entonces, una recopilación de narrativa corta, género que cultivó en tres libros que, curiosamente, no han sido reseñados aquí (aún: empiezo aquí y ahora a encargarme de ello) resulta adecuada para una valoración con ligeros tintes matemáticos. Por lógica, en estos catorce cuentos (divididos en tres bloques, cada uno titulado como el último relato que contiene), encontraremos al Bolaño irregular en todas sus guisas y niveles.
Lo primero que llama la atención, para los que ya hayan leído algunas de sus novelas, es la progresiva sensación de familiaridad. Parece que esos personajes sean los de otros libros, o lo son, quizás no los principales, sino aquellos que protagonizan interludios, menciones, episodios. Algunos personajes omnipresentes en la obra de Bolaño están aquí. Su alter ego preferido, Arturo Belano. El que detienen durante unos días en una prisión en Estrella distante. O Joanna Silvestri, la actriz porno.
El primer bloque nos muestra un par de excelentes cuentos del Bolaño metaliterario, soberbios en su desarrollo: Sensini es un relato perfecto de nostalgias y Henri Simon Leprince es un evocador y efectivo relato de resistencia. Como para compensar, un par de relatos de corte más experimental (menos clásico) se empeñan en usar personajes con uso de iniciales, y el resultado es confuso y fallido. La segunda parte abandona algo el estilo metaliterario: las historias están más desarrolladas y más dispersas temáticamente. El Bolaño encajador de puzzles aflora pujante en Detectives, que parece una especie de escena descartada en la configuración definitiva, también, de Estrella distante. Las historias se encastran en otras y no son pocas las situaciones que harían ganar puntos a sus novelas más débiles si se incluyeran en ellas. El tercer grupo de relatos tiene un tono más complejo, son textos casi biográficos de personajes variopintos, ambientados varios de ellos en los USA. Alguno de ellos excesivamente abigarrado, llegando a parecer una especie de versión comprimida y precipitada de una novela potencial. Estilo preciso, imaginación torrencial, ideas por doquier, pero no todas ellas resueltas de la mejor manera.
No hay duda, pues este libro se publicó en vida del autor, que hay una intención en la elección de los relatos y en su agrupación. Y, por tanto, este es un libro ejemplar para iniciarse en la narrativa corta de Bolaño, o incluso como aperitivo para toda su obra. Los sabores, las texturas más brillantes están ahí, justo al lado, como para hacer que resalten más, de algunos de sus errores.
También de Roberto Bolaño: Aquí
miércoles, 9 de enero de 2013
Slavoj Zizek: En defensa de la intolerancia

Idioma original: alemán
Título original: Ein Plädoyer für die Intoleranz
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable
De plena actualidad a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, este librito aborda, en menos de 130 páginas, cuestiones que aparecen en varias de las obras del autor. Zizek propone una nueva acepción del término política. Para él significa la asunción de voz y poder por parte de los excluidos hasta entonces (por ejemplo el demos de la antigua Grecia o el partido Solidaridad en la Polonia de los años 80). En contraposición, la postpolítica sería el discurso, tan extendido en las últimas décadas, que pretende que los conflictos ideológicos están ya superados con la finalidad de impedir que un nuevo grupo de silenciados pretendan hacerse con las riendas (lo que significaría el inicio de una nueva etapa política, según la terminología del autor). En nombre de esta distorsión (la afirmación genérica de que todo está en orden) se toleraría cualquier injusticia lo que generaría a veces explosiones aparentemente irracionales de violencia y que, en realidad, no serían sino la única forma de expresión de los que no tienen otro cauce.
La confusión deriva de que la postpolítica define la política como “el arte de lo posible” y según Zizek es “el arte de lo imposible”, justamente lo opuesto. Solo cuando se pretende transformar radicalmente algo que se considera inamovible – asegura – estaríamos haciendo política.
Por eso, desde su punto de vista , y sea quien sea la víctima, cualquier proteccionismo que no modifique las relaciones de poder sirve únicamente para mantener el status quo. Con esa estrategia, cada grupo continuará en el lugar de siempre mientras las supuestas medidas protectoras servirían para que, escudándose en atender sus justas reivindicaciones, nada cambie sustancialmente. Esta sería la astuta manera de superar la divisiones ideológicas haciendo creer a la opinión pública que llueve a gusto de todos, cuando lo que ocurre en realidad es que se están imponiendo, una vez más, los criterios del poder aunque disfrazándolos de objetividad científica. Según dice, los economistas y politólogos justifican así todos los desmanes económicos y consiguen convencer a la mayoría, aunque sea a regañadientes, de que están en posesión de la “única verdad”. Como ejemplo de este razonamiento, aporta el término “radical centre” (centro radical), término acuñado por Tony Blair para definir al partido laborista de la época. Lo que supone una incongruencia, ya que el centro es, precisamente, un concepto moderado, equidistante de radicalismos, cuya función es evitarlos posicionándose entre los extremismos de izquierda y derecha. Parece una forma muy burda de engañar a la opinión pública y, sin embargo, se consigue.
Siguiendo esa misma lógica, las posturas que tienen como objetivo la perpetuación del poder, la profundización de la brecha de las diferencias salariales y cualquier otro proyecto que sirva a los intereses de la gran economía se presentarían disfrazadas de eficacia.
Por otra parte, en el marco de la presente sociedad global, Zizek expone la controvertida afirmación de que el tolerante multiculturalismo actual no es más que una soterrada, astuta y diplomática forma de racismo. Afirma, además, que el reconocimiento de las diferencias culturales no hace sino esconder la verdadera y completa uniformidad que se ha extendido por el planeta y, de paso, desplazar la atención de la economía a la cultura. Y que sirve también como pretexto para tolerar conductas abusivas que se producen, – muchas veces desde el convencimiento más sincero – apelando a la tradición.
Después de abordar asuntos de lo más diverso con argumentos, como mínimo, cuestionables, por ejemplo, su resuelta defensa de la clonación humana, realiza un (para mí) curioso análisis del tamagochi como función social y termina proclamando que la sociedad actual no ha dejado de ser represora aunque lo disimula valiéndose de argumentos científicos – como la locura – para condenar determinados actos. Algo parecido, sostiene, a lo que se acostumbraba en las sociedades soviéticas tachando de locos a los disidentes. Él aboga por el control de toda la sociedad mediante la colectivización de las decisiones económicas y por dejar de creer en la omnisciencia, inmutabilidad e inevitabilidad de las leyes del mercado.
Merece la pena revisar de vez en cuando nuestras certezas más arraigadas, lo que todo el mundo da por supuesto, Zizek es uno de esos autores que, aparte de la variedad de aspectos que analiza en sus obras y del rigor de algunos de sus análisis – por muy arbitrario que nos parezca a veces – posee la virtud de, cada vez que quiere, poner todo patas arriba.
Otras obras de Zizek en ULAD: aquí
Otras obras de Zizek en ULAD: aquí
Etiquetas:
ensayo,
escritores eslovenos,
libros en alemán,
recomendable,
siglo XX
martes, 8 de enero de 2013
Joe Bageant: Crónicas de la América profunda
Título original: Deer Hunting with Jesus: Dispatches from America’s Class War
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable
Joe Bageant (1946-2011) tuvo una vida, cuando menos, curiosa: nacido en Winchester (un pueblo perdido en el estado de Virginia, donde lo más interesante que se puede hacer es beber cerveza o ir de caza), participó en la guerra de Vietnam, volvió a EE.UU. convertido en un hippie y se dedicó a trabajar como periodista (tras haber probado suerte como músico o granjero) hasta que, poco después de haber comenzado el tercer milenio y cansado de la situación política y social que vive su país, decidió volver a su pueblo, abrir un blog y contar todo aquello que no podía contar en los medios para los que trabajaba. Y sí, su blog resultó ser un bombazo y en un par de años se convirtió en uno de los críticos más considerados de su país.
Bageant publicó dos libros (éste que hoy reseño y Rainbow Pie, además de una recopilación de sus artículos titulada Waltzing at the Doomsday Ball) en los que hace un pormenorizado análisis de la América profunda. Lo bueno de este autor es que no se limita a describir lo mal que está la situación actual o los pocos escrúpulos que tienen los tiburones de la banca, sino que toma como punto de partida su pueblo natal y la gente que vive en él, e intenta comprender las circunstancias que les hacen sufrir los palos de las reformas políticas (independientemente de que vengan dados por los republicanos o los demócratas) y que, sin embargo, no les hacen levantarse y luchar por sus derechos.
Como hizo Owen Jones en Chavs (aquí), Bageant denuncia que la clase media estadounidense esté desapareciendo y se esté convirtiendo en una alarmantemente grande clase baja (y que los afectados, además, estén convencidos de que la culpa es suya), que el estadounidense medio se mueva por una "absoluta fe" en su país, aunque no llegue a plantearse qué ocurre en éste o si realmente los que lo dirigen se preocupan por él y por sus derechos, qué trampa económica se esconde detrás de los parques de caravanas, por qué el sistema sanitario es cada vez peor y llega a menos gente o cuál es el origen del extremo (y, en ocasiones, peligroso) sentimiento religioso de sus conciudadanos.
Bageant, en definitiva, hace un pormenorizado estudio de las personas con las que se crió y denuncia su cada vez peor estilo de vida, sin dejar títere con cabeza: demócratas, republicanos, periodistas, políticos, currantes, negros, blancos... pues todos (en diferente medida, claro está) tienen una parte de responsabilidad en lo que ocurre en su país (y en el resto del mundo, por supuesto) y ya va siendo hora de que cada palo aguante su vela.
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