Mostrando entradas con la etiqueta siglo XVI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta siglo XVI. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de febrero de 2017

Luis de Camões: Los lusíadas

Idioma original: portugués
Título original: Os Lusíadas
Año de publicación: 1572
Valoración: Ufff

Es difícil enfrentarse ingenuamente, con la inocencia del lector que lee únicamente por placer, a obras que tienen el peso histórico y canónico de Os Lusíadas, de Camões, y más cuando se vive en Portugal, un país en el que todos los niños están, al menos en teoría, obligados a leer esta obra con 14 o 15 años. En la figura de Camões (o como se solía escribir en español, Camoens) se siente todo el peso de la historia y la crítica literaria: desde que fue exaltado por los románticos europeos como gran poeta de la nacionalidad hasta hoy, son miles las páginas escritas (sobre todo, pero no solo, por portugueses) alabando la inventiva del escritor, su estilo, su originalidad, su fuerza poética, su elocuencia.

Y se comprende perfectamente que esto sea así, en cierto modo. Os Lusíadas es, más que ninguna otra que yo conozca, una epopeya "nacional", o sea, de exaltación de la patria y su glorioso destino. El argumento central, que, eso sí, contiene muchos desvíos, narra el viaje de Vasco de Gama desde Lisboa hasta la India, dentro de las campañas de Descubrimientos de los portugueses en Asia. Este viaje se ve entorpecido por la oposición de Baco y ayudado por Venus (en una mezcla de mitología clásica y exaltación cristiana que puede resultar chocante, pero que es muy de su época). Entre los peligros que encuentran a su paso se incluyen las traiciones de los pérfidos musulmanes (Os Lusiadas sería una obra muy del gusto de Trump, si supiese leer), monstruos mitológicos como Adamastor, titán que habita el Cabo de las Tormentas, o las propias tempestades marinas, provocadas (o no) por los dioses. Afortunadamente para los marineros de Vasco de Gama, su llegada a la India tiene premio doble, porque a su regreso son empujados por Venus hasta la Isla de los Amores, donde tienen ocasión de reposar en brazos de bellísimas ninfas.

No seré yo quien ponga en duda la maestría estilística y versificadora de Camões, no solo por escribir un poema de diez cantos en octavas perfectas, sino sobre todo porque la obra tiene fragmentos, sin duda, que dan para leer y releer y disfrutar y analizar cada una de las palabras escogidas, cómo fueron escogidas y colocadas en el poema, y los efectos que se consiguen con ellas. Algunos episodios, como el de Adamastor o el de la Isla de los Amores (que es el más picante de todos, claro), o también algunos pasajes en que la épica deja paso a la lírica, se destacan sobre el conjunto y han sido justamente ensalzadas por la crítica y retomados por la cultura portuguesa posterior.

Y sin embargo, sin embargo... la lectura íntegra y seguida de Os Lusíadas no es, me temo, una experiencia placentera, no ya para un niño de doce o trece años, sino ni siquiera para un lector adulto medio, especialmente uno que no sea portugués. Una parte importante de su contenido (los cantos III y IV, y también el VIII) está dedicado a contar la historia de Portugal, desde su fundación mítica hasta los tiempos de Camões, y a presentar a algunos de sus héroes nacionales, como Viriato, Afonso Henriques o Egas Moniz. Los pasajes en que los dioses discuten sobre el destino de los héroes tampoco son lo más atractivo del poema, por decirlo finamente. Quiero decir que hace falta una sensibilidad poética muy afinada, un patriotismo portugués muy exaltado y/o un gusto muy depurado por los clásicos para que Os Lusíadas no se haga pesado hasta el punto de sentir la tentación de abandonarlo.

En resumen, lo que quiero decir (y de ahí la valoración tan peculiar que le he puesto) es que en esta obra existe una distancia enorme entre el valor filológico de la obra, e incluso su valor estético como monumento de la lengua portuguesa, y el placer que esta obra puede proporcionar actualmente a un lector no académico. No es, desde luego, una lectura adecuada para principiantes, salvo que sea dada en pequeñas dosis y con mucha ayuda. Y me pregunto hasta qué punto muchas de las personas que alaban esta obra como siendo una maravilla del arte literario realmente la han leído, la han entendido y han disfrutado con ella, o si simplemente repiten lo que se les dijo que tenían que decir (algo que, por otra parte, cabe preguntarse de la mayor parte de los grandes clásicos).

Y creo que con esto, he perdido cualquier posibilidad de conseguir algún día la nacionalidad portuguesa.

jueves, 25 de junio de 2015

Colaboración: Gargantúa y Pantagruel (Los cinco libros) de François Rabelais

Idioma original: Francés
Título original: Gargantua et Pantagruel
Traductor: Gabriel Hormaechea
Año de publicación: 1531 (ó 32) 1564
Valoración: Imprescindible

Rabelais no ha tenido suerte con el castellano. Si en 1630 un censor hablaba de “un hombre de cortas obligaciones llamado Francisco de Rabeles, el cual se preciaba de ser picante y maldiciente”, aún hubo que esperar tres siglos hasta la década de 1920 , para que Eduardo Barriobero presentara la primera traducción completa, que en los noventa años posteriores fue reimpresa esporádicamente en ediciones muy descuidadas, donde las erratas son más que las palabras.
Hasta que en el año 2011 el exquisito Jaume Vallcorba remedió el desastre con una nueva traducción de Gabriel Hormaechea y una edición muy cuidada (¡con introducciones a cada uno de los más de 250 capítulos!) que no por casualidad, hacía el número 200 de la colección de narrativa de Acantilado. Aunque, como se verá más adelante, no reniego de la vieja traducción del anarquista riojano.
¿Qué encontraremos en Gargantúa y Pantagruel? A François Rabelais, un médico de una cultura tan amplia que podría ser definido como sabio, y la prueba de su sabiduría es que no ahorraba estacazos a los pedantes de su época. Eso sí, envueltos en fino humor, lo que aún les enfadaba más.
El libro es un canto a la amistad, a la camaradería, a la aventura, al futuro... Es uno de los libros más optimistas jamás escritos. Aunque aquí hay que hacer una advertencia: como Lazarillo, el Buscón y tantos otros, es un libro que pide vino. No imagino su lectura bebiendo una bebida energética, un suplemento vitamínico o un refresco bajo en calorías. Un libro que desborda imaginación, tanto para la invención de aventuras como para la creación de palabras. (Y, por cierto, cabe lamentar que en la traducción moderna ha desaparecido el maravilloso calibistro que Barriobero sí conservó). ¿En cuántos libros se describe un combate contra un ejército de morcillas? Sin duda el vino ayudó mucho al escritor...
Podría ocupar cientos de páginas con las maravillas que se encierran en la crónica de la vida de estos dos gigantes y sus compañeros, pero sólo me ocuparé de su valor como medicina para el espíritu. Por otra parte, nada extraño siendo obra de un médico. Es todo un placer llegar a casa después de un día horroroso y leerse tranquilamente “De cómo Gargantúa se comió a diez peregrinos con ensalada”. Entre otras razones porque la dosis está perfectamente calculada, los capítulos tienen la longitud justa, aunque a veces hagan falta dos o tres para olvidar según qué cosas. Hay que pensar que entonces se leía en voz alta, de modo que muchos analfabetos habían leído más que algunos universitarios de hoy. La longitud de los capítulos estaba pensada para no fatigar la voz del lector ni cansar a los oyentes.
En definitiva, como cualquier otro clásico, es un libro al que siempre apetece volver y nunca cansa. 
Obra maestra absoluta.


                                                                                    Firmado: Pedro el Negro

miércoles, 20 de mayo de 2015

Nicolás Maquiavelo: El Príncipe

Idioma original: italiano
Título original: Il Principe
Año de publicación: 1534
Traducción: Helena Puigdoménech
Valoración: Imprescindible

Vale, lo sé: todo el mundo ha leído ya a Maquiavelo...O, al menos, sabe de qué va El Príncipe... o, al menos, ha utilizado alguna vez el adjetivo "maquiavélico" como sinónimo de retorcido, intrigante, maquinador... Más de uno pensará incluso que éste no es un título demasiado novedoso como para ser reseñado en un blog literario tan puntero como es éste. Y no, novedoso no es, ciertamente: se escribió exactamente hace 500 años, cinco siglos del ala (bueno, 502, en realidad: en 1513, mientras el bueno de Nicolás se encontraba en las mazmorras de los Médici, para trata de congraciarse con éstos. Aunque no sería publicado hasta 1534). Pero eso no le resta un ápice de actualidad; muy al contrario: podría haberse escrito ayer mismo , en lugar de utilizar ejemplos de la Antigüedad Clásica o de la Italia renacentista, hablarnos de Irak, de Siria o de Gaza, y el texto no sufriría modificaciones sustanciales. Y seguiría siendo válido.

Más aún. si por algo merece la pena leer este libro es para que los gobernados podamos discernir más fácilmente -aún, quiero decir- las estrategias, artimañas y despropósitos que nos infligen nuestros gobernantes, más allá de las apariencias (si es que alguien se deja engañar por ellos, a estas alturas... aunque me temo que va a ser que sí). Porque son las mismas que utilizaban hace cinco siglos, y hace veinte, también...

El Príncipe es un tratado teórico sobre cómo obtener el poder y conservarlo, dando por supuesto que el poder no tiene un origen divino e indiscutible, sino humano y bastante fácil de perder. En sus 26 capítulos, establece toda una categorización de los diferentes principados (lo de las repúblicas lo deja para otro momento), de cómo sus dirigentes obtuvieron el poder, ya sea de forma hereditaria  por las armas (o incluso por medios menos lícitos aún). También le da especial importancia a los tipos de ejércitos con los que puede contar un príncipe, ya sean tropas mercenarias o milicias autóctonas -de las que es más partidario Maquiavelo, que deseaba liberar a las ciudades italianas de las manos extranjeras, hasta el punto de ser considerado incluso una suerte de protonacionalista italiano-. Y sobre todo, habla de los medios que debe utilizar el Príncipe ideal para gobernar a sus súbditos, de cómo administrar la crueldad y la benevolencia, de si es preferible ser amado u odiado; del cuidado que se ha de poner acerca de  quienes te rodean y te ayudan a ejercer el gobierno o simplemente te adulan...

Como ejemplos a seguir por el príncipe ideal pone, como se señala a menudo,  al Duque Valentino, César Borgia -aunque, sobre todo, como ejemplo de alguien que hizo siempre lo más adecuado para obtener el poder y, sin embargo, no pudo conservarlo-, pero, sobre todo, a Fernando de Aragón, del que considera que "no puede haber ejemplo más admirable y maravilloso"... Cierto es que esas admirables y grandes empresas de Fernando el Católico fueron sobre todo hacer la guerra a unos vecinos que estaban en paz con él, perseguir y expulsar a los "marranos" y manipular a los nobles, al pueblo e incluso a la Iglesia para que sirvieran a sus intereses. Actos que en el siglo XXI podemos considerar poco éticos y hasta reprobables -al menos, si miramos para otro lado sobre mucho de lo que ocurre en el mundo-, pero que Maquiavelo, pragmático y hasta utilitarista por excelencia, juzga según el resultado obtenido, no acerca de los medios para obtenerlo. Ahora bien, A este autor se le podrá considerar cínico, pero no hipócrita: en ningún momento justifica sus propuestas en base a la moralidad o a valores como la compasión y la justicia. (es más, afirma que el gobierno del Estado obliga a obrar "...contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión...". Aunque también es verdad que considera que "...no hay nada que sea más necesario aparentar que el practicar la religión..."). De hecho, ni siquiera su opinión sobre los gobernados es mejor que la de los gobernantes: 

"Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos (...), pero cuando la necesidad se presenta se rebelan..."

"...se debe señalar que el odio se gana tanto con las buenas acciones como por las perversas, por cuyo motivo (...), un príncipe que quiera conservar el poder es a menudo obligado a no ser bueno..."

Lo que nos hizo Maquiavelo, hace cinco siglos, fue un regalo: el conocimiento exacto de cómo podemos ser manipulados, forzados y engañados por nuestros queridos gobernantes. Un conocimiento involuntario y, por tanto, sincero, puesto que no estaba pensado para ser divulgado entre el público, sino para el aprovechamiento por parte de una élite. Por ello, todos los que aspiramos a que no nos engañen, manipulen y exploten -o lo menos posible, si puede ser- deberíamos conocer y estudiar esta obra , mucho más provechosa que cualquier novela de ficción o serie de televisión que trate sobre las luchas de poder (ya sabemos a lo que me refiero...): una herramienta para preservar nuestra independencia de criterio como ciudadanos libres, que nos es brindada por el acervo cultural de este viejo Occidente, cuyos dirigentes -nuestros dirigentes- tal vez confían en que no nos demos cuenta de su vigencia y oportunidad, en que lo consideremos un libraco viejo más o un nombre a memorizar en el colegio... y no lo que es, en realidad: un arma arrebatada al enemigo.

Para quien no lo vea así, un par de perlas más: 

"Al apoderarse del  un Estado, todo usurpador debe reflexionar sobre los crímenes que le es preciso cometer y ejecutarlos todos a la vez, para que no tenga que renovarlos día a día..."

" Por lo cual es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno y a practicarlo o no, de acuerdo con la necesidad..."



domingo, 3 de abril de 2011

Anónimo (mayas quichés): Popol Vuh (Libro del Consejo)

Idioma original: quiché
Fecha de publicación: no hay una fecha clara
Valoración: muy recomendable

Últimamente me hallo rodeada de los antiguos mayas, los tengo por todas partes, susurrándome cosas sobre Itzamná o Kukulkan...y obligándome a leer muchísimo, que si la costa de Yucatán, la ciudad de Tikal, el dichoso Popol Vuh...vale, lo confieso, no me susurran nada, es más aburrido que eso, he estado preparando un curso sobre ellos pero es como si estuviesen por todas partes!

En fin, que hoy presentamos una de los pocos textos que se han conservado de esta cultura después de la quema masiva a la que fueron llevados cientos de libros mayas. Se le llama la Biblia de los mayas pues nos cuenta su visión de la cosmogonía y la mitología, esenciales para entender su cultura.

El texto ha pasado por multitud de manos y países. Lo redactaron los mayas quichés, en idioma quiché pero con caracteres latinos (esta era una buena forma para que no fuese enviado directamente a la quema) y nos cuenta fray Francisco Ximénez que data de mediados del siglo XVI . Permaneció oculto hasta 1701, cuando los mayas quiché decidieron mostrárselo. Tradujo el texto al castellano, estructurándolo en dos columnas: una en quiché y otra en castellano. Después de viajar a Europa y pasar por varios países, fue devuelto a América y hoy se conserva en Chicago. Por fin se ha podido estudiar y se ha intentado desentrañar su significado.

Se puede dividir en cuatro partes. Primero nos narra la creación del mundo, y cómo dividen el mundo en Caan, trece escalones ascendentes y descendentes donde moran los trece señores del supramundo; Xibalbá, con sus nueve peldaños también ascendentes y descendentes y sus nueve señores del inframundo; y Cab, la superficie de la tierra, un cuadrado plano con las cuatro esquinas gobernadas por un punto cardinal, y donde nace la Gran ceiba que con sus ramas toca el Caan y con sus raíces el Xibalbá, uniendo todo lo que habita en esta estructura romboidal.

Después, los tres intentos fallidos de creación del ser humano, hasta que dan con el maíz y el invento funciona; las leyendas y aventuras de varias parejas de gemelos legendarias y un breve repaso de la historia de los reyes de Yucatán.

Dependiendo de la traducción,nos encontramos ante una lectura amena, y divertida. Sí, lo he escrito bien, divertida, pues la parte referente a las leyendas de los gemelos es graciosisima. Se centra sobre todo en la pareja constituida por Hunahpú e Ixbalanqué, y cómo descienden al Xibalbá y engañan a los señores de la noche. Es tronchante leer cómo se hacen trastadas unos a otros, como cortan una cabeza que se suplanta con un calabacín, hay mosquitos espía, engaños como: “Sentaos en ese banco, que estaréis cansados” y se sientan, y se achicharran el trasero porque el banco estaba al rojo vivo, etc...

Una forma de acercarse a la cultura maya de primera mano y entender su visión del mundo. ¡Ah!, y si os estáis preguntando sobre si hay más referencias a estas historias, pues sí, en las pinturas del sitio de San Bartolo o en las de Bonampak se encuentran testimonios del Preclásico y Clásico mayas que lo confirman.

jueves, 17 de febrero de 2011

Erasmo de Rotterdam: Elogio de la locura

Título original: Stultitiae Laus o Μωρίας Εγκώμιον (Morias Enkomion)
Idioma original: latín
Año de publicación: 1511 (escrito en 1509)
Valoración: imprescindible

Entrar en la biblioteca siempre es una experiencia agradable. Oler el papel acumulado, ver la sonrisa de las bibliotecarias cuando les devuelves un libro, observar a los chavales que preparan muy concentrados exámenes y a los jubilados que leen aplicadamente el periódico, regodear la vista con los lomos de cientos de tomos ordenados con celo.

Y en este regodeo cayeron mis ojos sobre este otro regodeo, el del maestro de Rotterdam, don Erasmo, sobre la necedad. Compuesto a modo de broma hacia su amigo Tomás Moro, como explica en el prologo en el que se lo dedica, su fama supero incluso a su propio autor, quien confesaba a sus íntimos estar un poco cansado de ella. Debía mortificar algo a nuestro sesudo humanista que su fama procediera principalmente de este divertimento. Sobre todo porqué la inmensa erudición de la que hacía gala y su posición de referente entre la comunidad intelectual de la época, le habían llevado a la publicación de gran número de libros y a la redacción de varios centenares de cartas a diversos líderes políticos y religiosos del momento, que acudían a él en busca de guía y consejo.

Pero este divertido ensayo ganó inmediata aceptación. En él, la Necedad, personificada en forma de diosa griega y a la que acompañan otros varios del enorme panteón disponible, nos va relatando la ventajas de su culto, hasta el punto de juzgarse indispensable para el mantenimiento de la sociedad y para su felicidad, la que declara ser imposible sin su concurso. En breves capítulos, que son fruto de una división posterior a la de su primera publicación, nos va desgranando las diversas situaciones en las que reina, los distintos individuos a los que afecta y las númerosas instituciones que de ella están impregnadas. No deja títere con cabeza y uno comprende porqué la inquisición lo censuró tanto. Se recomienda a las integrantes del sector femenino de la humanidad (¿he sido lo bastante políticamente correcto?) que se salten el capítulo XVII, si, ese que se titula La mujer, encarnación de la Necedad.

sábado, 28 de agosto de 2010

Miguel Ángel Buonarroti: Cartas y sonetos

Título original: Epistolario e sonetto
Idioma original: italiano
Fecha de publicación:
1623
Valoración: muy recomendable

De vez en cuando surge un personaje en la historia que nos atrae como un faro, y nos obliga a saber más de él, a querer comprender su vida, su obra, su visión. Indagamos y leemos biografías, buscamos las reproducciones de sus obras (si es un artista), y devoramos toda esa información que parece dotarles de tridimensionalidad. No podemos hablar con ellos y bombardearles a preguntas, pero algo es algo. Aunque no suficiente, porque siempre estaremos buscando más y más información sobre ellos, y nuestros amigos sabrán qué regalarnos y con lo que acertarán seguro. Lo bueno, que ciertos personajes son propensos a ser objeto de estudio una y otra vez, y que cada cierto tiempo alguien escribirá sobre ellos, o sacará un DVD o celebrará algún evento conmemorativo.

Y eso es lo que pasa con este ser que más que un faro fue para mí lo que me tiró del caballo camino a Damasco. Miguel Ángel Buonarroti, el genio. Visionario, renovador, potente, único. Destaca comoi mprescindible en cualquier rama artística, ya sea pintura, escultura o arquitectura. Y hete aquí que obsesionada con su obra, descubro este librito con sus sonetos y cartas. Perfecto!
Se lee rapidísimo (sobretodo si estás casi en estado de éxtasis divino) y nos muestra otra faceta del genio. Dicen que su poesía destaca dentro del siglo XVI, y blablabla. Aparte de todo lo que se pueda explicar obre ella, al admirador del artista su poesía nos muestra otra de sus caras, igualmente íntima y con la misma terribilitá. Sonetos y más sonetos, sobre todo dedicados al Amor. El lector podrá apreciar otra faceta más en la que destaca sobremanera nuestro Miguel Ángel.

Y la segunda parte del libro corresponde a las cartas enviadas por Miguel Ángel a su padre, principalmente, al Papa Julio II (para el que trabajaba) y a otros amigos y artistas. Es curioso observar cómo este genio era también un ser de carne y hueso que tenía que lidiar con su padre, por culpa del calavera de su hermano, que gastaba todo el dinero que Miguel Ángel mandaba a su casa y no tenía ninguna ocupación, o cómo tenía que lidiar también con un Papa exigente que mermaba su libertad creadora. Nos muestran un punto de vista más real de su vida y a través de sus propias palabras, quejas, peticiones y agradecimientos. Unos documentos inestimables para conocerle y comprenderle mejor.

jueves, 26 de agosto de 2010

William Shakespeare: Romeo y Julieta

Idioma original: inglés
Título original: Romeo and Juliet
Año de publicación: 1597
Valoración: imprescindible

La trágica historia de la pareja de enamorados más famosa del mundo es por todos conocida (pese a todo, me esforzaré por no desvelar el archiconocido final). Sin embargo -y quizá me equivoque-, me parece que es una de esas grandes obras de la que la mayor parte de la gente ha leído apenas unos fragmentos. Se me antoja un poco como El Quijote, una obra que -lo confieso- en casa de mis padres sirvió durante mucho tiempo para calzar un armario. ("¡¡¡Buuuuh, buuuuuuuh!!!", me abuchean voces de fondo).

A mí la lectura de Romeo y Julieta me sorprendió gratamente, y voy a escribir esta reseña en función de mi experiencia como lectora contemporánea. Si queréis un análisis más erudito de la misma, estoy segura de que encontraréis numerosas fuentes en Internet que podrán saciar vuestra curiosidad mucho mejor de lo que lo haría la que escribe estas líneas.

Lo que sigue no es nada nuevo, pero Romeo y Julieta es una obra universal. Y es que trata un tema tan universal e intemporal como el amor: el que se profesan los protagonistas es el amor primero, ése que obnubila la mente y los sentidos y nos posee por completo, llevándonos a hacer caso omiso a los dictados de la razón. Ése que todos, o casi todos de nosotros, hemos sentido alguna vez.

Creo que hay que tener en mente todo esto para acercarse a esta tragedia de Shakespeare, cuya enredosa trama resultaría de otro modo totalmente inverosímil: a diferencia de cómo nos los pintan Leonardo DiCaprio y Claire Danes en la "moderna" versión cinematográfica de 1996, los jóvenes enamorados tienen apenas 14 años. De
ahí la efusividad de sus palabras y la impulsividad de sus actos que les conducirán, junto con las jugarretas del Destino, a tan trágico final.

Pero leer Romeo y Julieta es, sobre todo, deleitarse en el preciosismo de un lenguaje poético en mi opinión difícilmente igualable. Quien decida abordar la obra ha de olvidarse del lenguaje ordinario y dejarse envolver por uno que se regodea en sí mismo creando imágenes de embaucadora belleza.

Y esto lo dice una que leyó la obra a regañadientes convencida de que iba a ser "una cursilada" (a los 18 yo no estaba para tonterías). Sólo tuve que leerla para cambiar de opinión. Y vosotros, ¿qué opináis?

Por cierto: recomiendo fervientemente la versión cinematográfica de Franco Zefirelli (la fotografía es de una secuencia de la escena del balcón de dicha película).

También de William Shakespeare en ULADOteloHamlet

miércoles, 21 de julio de 2010

Anónimo: Vida del Lazarillo de Tormes

Idioma original: español
Año de publicación: 1554
Valoración: Imprescindible

El Lazarillo es, desde hace tiempo, uno de mis libros favoritos. Me parece una verdadera maravilla, que reúne la importancia histórica (como elemento de enganche entre las recopilaciones de relatos con marco, al estilo del Decameron, y la novela moderna; y por supuesto, como fundadora de la novela picaresca) y el puro entretenimiento, por lo menos en algunos capítulos. Es verdad que el Lazarillo es una obra muy irregular, tanto que parece inacabada, o apenas esbozada, en su segunda mitad; y sin embargo, aún así, lo que tenemos es una obrita preciosa, divertida, ácida y de una ambigüedad magistral.

Probablemente, lo más conocido del Lazarillo son los cuentecillos que construyen las aventuras del "mozo de muchos amos" con el ciego, con el cura o con el escudero. Quién no ha leído alguna vez, en algún manual de secundaria, la aventura del ciego y la longaniza, o la del racimo de uvas, o la de la cabezada en el toro... Mi favorito es, probablemente, el capítulo del escudero, un personaje caricaturesco y satírico, pero tremendamente humano al mismo tiempo.

Pero no es ahí, creo, donde está el mayor mérito del Lazarillo (además del estilo, que por momentos es sencillamente brillante): lo más genial, y lo que hace que esta novela sea una novela, es el marco narrativo general: como se nos explica en el prólogo, la historia de Lázaro está contada desde el final de su vida ("la cumbre de toda mi buena fortuna"), para explicar "el caso" (al final descubriremos que se trata de acusaciones de adulterio y amancebamiento de su mujer) a una "Vuesa Merced" de la que poco o nada sabemos, para que "se tenga entera noticia de [su] persona", y de paso, para que "consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto".

Ese hilo conductor (el aprendizaje de Lázaro a lo largo de su vida) y esa escisión narrativa entre el Lázaro que vive las aventuras, y el Lázaro mayor que las narra, es el que le da unidad y sentido a la obra, y lo dota de una ambigüedad moral y narrativa que aún hoy divide a los críticos: ¿es el Lazarillo la historia de un fracaso (porque Lázaro pasa de hijo de ladrón a marido de amancebada) o es verdaderamente una historia de aprendizaje y ascenso social (porque Lázaro consigue sobrevivir por sí mismo y sacar adelante una familia)?

Ah, y por cierto, todavía pervive el misterio de la autoría del Lazarillo, por mucho que cada año salga un especialista que diga haberlo resuelto "definitivamente". Lo más probable, salvo que se vuelva a producir otro milagro como el de la edición desconocida que apareció escondida en una pared, es que nunca lo sepamos con total certeza. Y a quién le importa...