sábado, 11 de mayo de 2019

Mark Twain: Un bosquejo de familia

Idioma original: inglés
Título original: no especificado (1)
Año de publicación: 2018
Traducción: Borja Aguiló Obrador
Valoración: Muy recomendable

Sucede a menudo que obras aparentemente sencillas o con pocas pretensiones son las que consiguen tocarnos, y eso es lo que me ha sucedido con este librito, de apenas ciento cuarenta páginas. Además, el formato de Un bosquejo de familia no responde a ninguna etiqueta que conozca —no es una novela ni una biografía ni una biografía novelada ni una obra de autoficción—, y tal vez sea ese el motivo por el cual su lectura resulte tan refrescante y liberadora. Por eso y porque está escrita por Mark Twain, claro. 

Resumen resumido: relato de las vivencias de la familia Twain y sus allegados, centrado en la infancia de las tres hijas, Susy, Clara y Jean. 

El origen de este libro no está muy claro aunque se cree que Mark Twain redactó, recopiló y dio forma a estos textos a raíz de la muerte de su hija mayor, Susy, que falleció de meningitis a los veinticinco años; un golpe del que el escritor nunca se rehízo. El relato está planteado como un cuaderno de viaje en el que se alternan las anécdotas con las pequeñas anotaciones, aclaraciones, transcripciones de conversaciones o comentarios, etc… Pero la sólida voz narrativa del autor logra aglutinar todos esos textos de distinta naturaleza de manera que el sentido y la fluidez de la lectura no se resienta. 

Este conjunto de textos posee mucho encanto por su veracidad y naturalidad —el trabajo de traducción para trasladar los giros propios de los dialectos del sur es impagable—, por no hablar del tono irónico y humorístico tan propio de Twain. Como ejemplo un fragmento en el que describe a una de las nodrizas de Clara, su hija mediana: 
«(…). Burlándose de la máxima adamantina que dictaba que una nodriza debía solo participar de cosas delicadas, ella devoraba cualquier cosa y todo lo que pudiera acaparar con sus manos, engullendo diabólicas combinaciones de cerdo fresco, pastel de limón, col hervida, helado, manzanas verdes, intestinos, rábanos crudos, regando todo eso con torrentes de café, té, brandy, whisky, aguarrás, queroseno —cualquier cosa que fuera líquida—. Fumaba pipas, puros, cigarrillos; gritaba de alegría como un Pawnee y blasfemaba como un demonio; y era así como subía las escaleras bien atiborrada como he descrito para deleitar al bebé con un banquete que debería haberlo matado a treinta yardas de distancia, pero que en cambio solo lo alegraba, engordaba, contentaba y embriagaba. (…)» 
Pero más allá de la voz o del tono o de lo original de la propuesta, lo más destacable a mi parecer es la mirada con la que el autor decide qué es digno de ser contado con el objetivo de dejar constancia de la personalidad de cada una de sus tres hijas. Y esa mirada no es únicamente la de un padre fascinado (quién no ha sufrido las disertaciones de progenitores fascinados o no ha ejercido propiamente tal papel). Mark Twain no pierde en ningún momento la conciencia narrativa e hila una serie de anécdotas que realmente contribuyen a que el lector pueda construirse mentalmente los «personajes» de Susy, Clara y Jean. 

Un bosquejo de familia aporta una percepción muy nítida sobre la posición de Twain y su esposa en relación a cuestiones como, por ejemplo, la educación de sus hijas. Y es que las niñas estaban sujetas a una disciplina considerable en cuanto a la asimilación de conocimientos pero, por otra parte tenían campo libre para tratar con todo el mundo y experimentar a sus anchas: 
«(…). Y nuestra labor se veía reforzada por una multitud de involuntarios y accidentales formadores como, por ejemplo, sirvientes, amigos, visitantes, libros, perros, gatos, caballos, vacas, accidentes, viajes, alegrías, penas, mentiras, calumnias, oposiciones, persuasiones, seducciones del bien y del mal, traiciones y fidelidades. (…) los numerosos inconscientes educadores hacen el trabajo de verdad, y sobre ellos los responsables superintendentes no tienen mucha supervisión ni autoridad» 
Otro aspecto que Un bosquejo de familia desvela sobre el matrimonio Twain es su —muy saludable y altamente sorprendente— falta de prejuicios sociales o raciales en la América sureña posterior a la Guerra de Secesión. Los relatos de Twain sobre sus sirvientes y allegados más cercanos (una mezcolanza de etnias, religiones y filosofías vitales) rebosan respeto y cariño y son un canto a la diversidad. Mucho que aprender de estas historias. 

Así que muy recomendable porque logra emocionar sin hacer uso de los lugares comunes o la lágrima fácil, construyendo un relato imborrable sobre la infancia, la paternidad y, sobretodo, la convivencia y el respeto. La mirada y la voz de Mark Twain devuelven al más escéptico su confianza en el ser humano. 

Como única contrapartida, diría que el prólogo que se introduce con el objetivo de establecer el marco histórico, social y cultural del momento me ha resultado demasiado amplio (poco concreto) y extenso en relación a la obra.

Otra contrapartida es que ahora quiero leer todo lo que Mark Twain haya escrito.

(1) Para mi sorpresa, en la edición en castellano no aparece el titulo original ni el nombre del editor, sin embargo, sí existe algo parecido a una edición original con las siguientes diferencias: en ella aparece la esposa de Twain (Livy) y su hija mayor (Susy) como coautoras, hay un editor (Benjamin Griffin) y la obra recoge tanto «A family sketch» como «A record of small foolishnesses».

7 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Al atravesar Luisiana (Estados Unidos) el piloto informa “Estamos sobrevolando el río Mississippi”, y tú te tapas los ojos y evitas mirar por la ventanilla, porque lo quieres ensoñado, con Finn, con Sawyer, con el fugado Jim, con aquellos barcos de vapor, con su fluir aventurero... En voz baja repites (recreándote en las íes y consonantes dobles) Mississippi. Y no te arriesgas a mirarlo, ni siquiera a mil metros desde el avión, para preservar aquello, para que la realidad no lo estropee, por miedo a que no sea como imaginaste y por lealtad al niño que lo descubrió.

Pepe Pótamos dijo...

Hola Beatriz. Me ha llamado la atención que la editorial española no especifique el nombre de la edición original. Seguramente sea ésta que he encontrado en goodreads: "A family sketch and other private writings". Por cierto, en ella también incluían textos de la mujer y de la hija de Twain, Livy y Susy Clemens, que aparecen como coautoras. Saludos!

https://www.goodreads.com/book/show/22141316-a-family-sketch-and-other-private-writings

Anónimo dijo...

Twain es un universo entero. Gracias por la crítica!

Beatriz Garza dijo...

Zumo de Poesía:
Tu anécdota (preciosa, por cierto) representa muy bien la huella emocional que el sur de EEUU de Twain deja en la mente del lector, que no desea que sea borrada.
Gracias por comentar.

Beatriz Garza dijo...

Pepe Pótamos:
Gracias por tu aportación. He curioseado el link de Goodreads que nos has facilitado y parece que la "versión original" tiene más contenido que esta. Así que en la reseña mantendré el "no especificado" pero añadiré a la reseña una nota con la nueva información.
Un saludo y gracias por colaborar en la mejora de los contenidos.

Beatriz Garza dijo...

Anónimo:
Es cierto, existe gran cantidad de escritores brillantes pero no todos logran construir un universo propio.
Saludos.

Josefina dijo...

Agradezco el comentario sobre un libro de Mark Twain. En mi opinión un autor "imprescindible".Saludos,