domingo, 26 de febrero de 2017

Nick Hornby: Funny Girl

Idioma original: inglés
Título original: Funny Girl
Año de publicación: 2014
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: recomendable


Nick Hornby es un escritor que, sin duda, cae bien. Para empezar, por la contagiosa bonhomía que desprenden sus libros y eso que con frecuencia analizan el siempre espinoso tema de las relaciones humanas; después, porque escribe a menudo sobre temas "molones" o por lo menos, caros a unos u otros de sus lectores: la música pop, el fútbol, el skateboarding... Por último, a sus lectores varones nos caen simpáticos, me temo, sus personajes masculinos más conocidos: hombres que ya han dejado la primera juventud pero se resisten a hacerlo, aferrándose con tozudez infantil a esas cosas que tan a menudo nos gustan (y nos sirven de ancla con un pasado que no queremos abandonar): la música pop, el fútbol, el skat... bueno, de esto último ya se encargan los años y los achaques de ponerte en tu sitio.

En Funny Girl, sin embargo, el personaje principal -y convincentemente retratado- es Barbara, una joven de físico espectacular, que a comienzo de la década de los 60, tras ganar el concurso de Miss Blackpool, se encamina a Londres para llevar a cabo su verdadero gran sueño: convertirse en una gran actriz cómica a semejanza de su idolatrada Lucille Ball.  Tras unos  decepcionantes comienzos, consigue el papel protagonista de una comedia televisiva  para la BBC titulada -irónicamente, pues para entonces ya se ha puesto el nombre artístico de Sophie Straw- Barbara (y Jim), donde trabaja, además con sus guionistas, productor y actor favoritos de las comedias radiofónicos. La serie consigue no sólo un enorme éxito de público, sino ser, en cierta manera, la encarnación, siquiera momentánea, de los cambios sociales, culturales y hasta políticos que están ocurriendo en el Reino Unido (incluso podríamos hacerlos extensivos al resto del mundo occidental) durante esa década. Y Barbara/Sophie comienza a hacerse famosa, conocer gente famosa y vivir las ventajas e inconvenientes de ese "famoseo", cuando en realidad, lo que a ella más le complace y llena es llevar a cabo su trabajo rodeada de personas con las que congenia y se compenetra para conseguir el mejor resultado posible.

Sospecho que cualquier otro escritor habría llevado a su protagonista, llegada a este punto, por los derroteros de la tragedia lacrimógena o bien de la farsa no menos desatada. Pero Hornby no (tranquilo todo el mundo que no voy a "spoilear" nada); él se limita a seguir con el desarrollo de su historia y de sus personajes con toda tranquilidad, con cierta levedad, incluso, de manera que hay momentos en los que hasta parece que a la novela le falta "sustancia". No es que no ocurran cosas, buenas y malas o que el autor carezca de la habilidad para que nos interesemos en sus criaturas; al contrario, sin hacer alardes descriptivos ni psicológicos, consigue que les conozcamos perfectamente, que empaticemos hasta con los que parecen menos proclives a ello y que cojamos cariño a todos ellos, que participemos en sus dichas y desdichas, sin que apenas nos demos cuenta de la excelencia de la narración que estamos disfrutando. Por otro lado, toca temas de cierta enjundia, como ese cambio de mentalidad que se produjo en una época determinada, el papel de la mujer en esos cambios, la anticuada estructura social de la nación británica... y sobre todo, trata del paso del tiempo y como éste modifica las expectativas que nos creamos sobre nosotros mismos. Pero la novela habla de todo esto sin hacer demasiado énfasis, incluso sin que nos demos cuenta de ello hasta que hemos pasado la página o terminado el capítulo...

Tal vez éste sea el mayor reparo que se le puede poner al libro (y resulta un tanto ridículo decirlo): todo fluye demasiado, es demasiado fácil, demasiado "pop", si se quiere (aunque tampoco es una historia que trate sólo sobre la época pop, por más que se desarrolle en el Swinging London)... y quizás sea debido a lo que podríamos llamar "vanidad del lector", pero de vez en cuando a uno le gusta no sólo leer grandes novelas, sino que haya momentos en ellas que no dejen dudas sobre lo buenas novelas que son, precisamente. Aquí, sin embargo, la historia, contada con un estilo ágil y sencillo, con diálogos brillantes pero de una ironía cómplice, que no apabulla, va calando en nosotros como una lluvia suave en la ropa, hasta que llega un momento en que nos damos cuenta de que estamos empapados de ella; es decir, encantados con lo que estamos leyendo. En fin, no deja de ser una objeción menor; tengo claro que, de momento, Mr. Hornby va a seguir cayéndome de lo más simpático.


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