miércoles, 12 de noviembre de 2025

Leonard Cline: La estancia oscura

Idioma original:
Inglés
Título original: The Dark Chamber 
Traducción: Santiago García
Año de publicación: 1927
Valoración: Recomendable

La estancia oscura es una novela de terror excelente, ideal para amantes del género, de la literatura psicológica y del decadentismo. Tiene una factura impecable, un tono lúgubre, una ambientación espeluznante, personajes repletos de aristas oscuras y un manejo temático tan ambicioso como nítido.

H. P. Lovecraft dijo de ella en su celebrado ensayo El horror sobrenatural en la literatura: «De gran altura artística es la novela La estancia oscura (1927), del difunto Leonard Cline. Se trata de la historia de un hombre que –con la ambición característica del héroe malvado gótico o byroniano– trata de desafiar a la naturaleza y recuperar cada uno de los momentos de su vida pasada mediante el estímulo anormal de la memoria. Para ello utiliza interminables notas, escritos, objetos evocadores y retratos, y después olores, música y drogas exóticas. Por último, su ambición va más allá de su vida y llega hasta los negros abismos de la memoria hereditaria..., alcanzando incluso los tiempos prehumanos de las ciénagas del periodo carbonífero, y las inimaginables profundidades de los tiempos y seres primordiales... hasta que su gran perro empieza a sentir miedo de él...»

En La estancia oscura, Oscar Fitzalan, un joven músico de origen humilde, es contratado por Richard Pride para llevar a cabo unos misteriosos experimentos en torno a la memoria. Fitzalan se aloja en la mansión de Pride, Mordance Hall, un lugar decadente y oscuro rodeado de montañas y bosques. Allí conoce a Miriam y Janet Pride, esposa e hija de su anfitrión respectivamente, y a Wilfred Hough, el secretario de éste. Pronto descubrirá las dinámicas tóxicas que hay entre todos ellos, y se verá inmerso en su degradación psicológica, moral y física.

Un escritor menor que dispusiera de la misma premisa que Cline hubiera fabricado una novela más convencional: una que no mantuviese con acierto el equilibrio entre lo realista y lo fantástico, dejando a opinión del lector determinar de qué pie cojea; una en la que el argumento, en vez de refinar lo folletinesco, cayera de lleno en sus peores tropos; una que se centrara en los intereantes experimentos de Richard Pride (que a todas luces influyeron a Lovecraft y Clark Ashton Smith), pero que descuidara en el proceso tantas otras vetas argumentales igual de sugerentes.

En fin, quienes se animen a leer La estancia oscura recuerden que no se trata de una obra de terror al uso y que éste se manifiesta de forma extremadamente sutil. 


También de Leonard Cline en ULAD: El dios de piedra

martes, 11 de noviembre de 2025

N.D. Cocea: El vino de larga vida

Idioma original: Rumano
Título original: Vinul de viață lungă
Año de publicación: 1931
Traducción: Borja Mozo Martín
Valoración: Bastante recomendable

- A ver, listillos: Tirando de memoria, ¿cuántos escritores rumanos podéis nombrar? 
- Cartarescu.
- Sí, sí, muy bien, correcto.
- ¡Hertha Muller!
- Medio punto porque nació en Rumanía pero escribe en alemán.
- ¿Cioran?
- Lo mismo que a quien ha dicho Hertha Muller, pero en francés.
- Max Blecher.
- A ver, ¿quién cojones es el repelente que ha dicho Max Blecher?... Vamos, que las vacas sagradas y poquito más, eh!

Bueno, pues para demostrar una vez más lo "rarunos" que somos (y también por si pensáis ir a Pasapalabra y os preguntan "C: apellido del escritor rumano autor de la novela El vino de larga vida"), aquí os traemos una novela de 1931 de un autor rescatado hace escasas semanas por la editorial Muñeca Infinita. Hablamos de El vino de larga vida y de Nicolae (Ceaucescu. No, no, que nos cierran el blog) Dumitru Cocea.

Pese a su brevedad, apenas 120 páginas, la novela lleva en su interior 3 o 4 libros diferentes. Porque aunque digamos que el envoltorio general es el de un cuento moral (¿como los de Erich Rohmer? pregunta el ya mencionado repelente), la novela contiene partes que podrían ser leídas como novela de iniciación, como novela social o como drama lorquiano, con un punto que me recuerda a La hiedra de Grazia Deledda. Vayamos por partes:
  • Novela de iniciación en forma del aprendizaje que el joven juez auxiliar extrae de su relación con Don Manole, noble local "apestado" y blanco de las habladurías de las "fuerzas vivas" del pueblo.
  • Novela social a través de la crítica a personajillos como el alcalde, el cura, etc y las creencias / supersticiones de estos y de la contraposición entre sus ideas y opiniones y las de Don Manole (retornado de París, amante de la buena vida, el arte y los libros, etc)
  • Drama lorquiano por esa historia que Don Manole narra al juez en la parte final de la novela y que marca un punto de inflexión en la vida de aquel. Esta es la parte que me ha traído a la mente a Grazia Deledda y su novela La hiedra, de temática más o menos cercana y con la que comparte protagonismo el paisaje que rodea a los personajes.
Y aunque estos ingredientes por separado podrían dar lugar a un batiburrillo del carajo, Cocea los integra de forma coherente bajo la ya comentada forma de cuento moral, con el que nos invita a pensar en lo realmente importante, en si estamos prestando excesiva atención a estupideces, en qué demonios es la felicidad y cómo tratar de hallarla, en si estamos acertando o no con nuestra forma de los distintos aspectos de la vida.

Me queda, en el lado menos bueno, la sensación de que Cocea podría haber ahondado más en las relaciones de poder que se establecen entre los miembros de las fuerzas vivas del pueblo y que el cuento que se añade al final del texto, obra de Corina Sabau y que vendría a ser una especie de revisión / actualización de la novela de Cocea, no está a la altura de este.

Pero la impresión global es más que favorable, así que bienvenidas estas recuperaciones "medio rarunas" para gente "medio raruna" como nosotros. ¡Y que sean muchas más, oye!

lunes, 10 de noviembre de 2025

ZOOM: La culta latiniparla, de Francisco de Quevedo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1624

Valoración: Inclasificable

 

Es sabido que Francisco de Quevedo fue bastante aficionado a meterse en todos los charcos, y su sátira envenenada le llevó a no pocos problemas. Desde luego, su diatriba más famosa fue la que le enfrentó a Góngora, una disputa de origen sobre todo literario, no tan infrecuente en la época (incluso en tiempos mucho más recientes), que seguramente derivó en lo personal por lo afilado y sangrante de las críticas, materia en la que don Luis tampoco se quedó muy atrás. Como ocurre casi siempre con los clásicos, habrá que reconocer que, si exceptuamos quizá La vida del buscón y algún fragmento divulgado por ciertos cantantes, la figura de Quevedo es mucho más conocida por aquellas movidas que por sus obras. Es así, y soy el primero en apuntarme al equipo de los ignorantes.

Y de repente se me ocurre, por una razón estúpida que no merece la pena contar, buscar qué demonios es eso de La culta latiniparla, qué se esconde tras la obvia intención del título. Y resulta que es menos que un opúsculo, unas poquitas páginas en las que la el ingenio mordaz de don Francisco se explaya a gusto contra el uso de recursos del lenguaje que pretenden aportar una pátina intelectual y diferenciarse de lo vulgar.

No solo el cultismo o el inevitable latinismo, sino también la metáfora voluntariamente opaca, el eufemismo relamido o la frasecita de moda, se van desgranando bajo la verborrea satírica de nuestro autor. De manera que si el texto en sí no da propiamente para una reseña, sí quizá para eso que llamamos metaentrada, un comentario, una reflexión que bien les vendría hacer a unos cuantos perpetradores de libros varios de los que abundan por ahí, incluso a algunos escritores que intentan impresionar con su bagaje léxico, ya sea auténtico o buscado vaya usted a saber en dónde.

Si nos fijamos con un poco más de detenimiento, una de las claves nos la sirve el propio texto, que subraya la voluntad de quienes utilizan estos recursos para oscurecer el mensaje, hacerlo inasequible para el receptor, en definitiva levantar una barrera para poner de manifiesto la superioridad del que habla: ‘su lenguaje está como una boca de lobo, con tanta propiedad como una mala noche, y que no se puede ir por su conversacion de v. merced sin linterna’.

Sería, es verdad, uno de los dardos que tantas veces dirigió Quevedo hacia Góngora, pero también está descubriendo, creo yo, una forma de clasismo: ‘Quando llamare á las criadas, no diga ola Gomez, ola Sanchez, sino unda Gomez, unda Sanchez, que unda y ola son lo propio, y ellas, aunque no lo entienden en latín, lo obedecen en romance’.

Que no es que Quevedo fuese un rojo peligroso, ya sabemos, pero da en el clavo al identificar el lenguaje como una forma de marcar distancias en sociedad.

Pero tampoco dejemos de lado que la imprecación se dirige muy concretamente a cierto tipo de mujeres caracterizadas por su inclinación hacia este tipo de uso de la palabra. Lo cual parece que sirve para que alguien, sin pudor ninguno, hable (en una página de internet que por supuesto no voy a linkar) de ‘ataque machista de Quevedo a las mujeres cultas’. Como he tenido el cuajo de leer un poco más de ese panfleto, viene a decir que don Francisco critica que algunas mujeres de la época (después cita una por una a varias de ellas) hubieran alcanzado cierto nivel cultural, gracias al cual podían expresarse en la forma que se critica. Y claro, Quevedo, machista irreductible, no podía soportar que las mujeres tuviesen acceso a la cultura.

Ya lo de tachar de machista a un señor del siglo XVII debería hacer sonrojar a quien escribió esta estupidez, pero admitamos que son los tiempos que nos han tocado. Pero lo peor de todo es que no se han enterado de nada. Quevedo ni mucho menos está atacando a las mujeres cultas, que probablemente no fuese quienes caían en el vicio que criticaba, el sarcasmo se dirige contra la pedantería, la forma pretenciosa de expresarse para parecer alguien interesante, escapar de la supuesta vulgaridad de lo cotidiano, quizá para dotarse de un aura de intelectualidad de la que se carece. Si la diatriba enfila precisamente a ciertas mujeres, muy probablemente se debe a que semejante proceder estuviera de moda entre ellas en determinados círculos sociales. Y quién sabe si también tendrá origen en alguna experiencia personal poco grata.

Tonterías al margen, si alguien quiere ir a la fuente original, es muy fácil descargarse el pequeño libelo, que se lee en diez minutos, alguno más si uno se quiere detener a examinar con más calma alguna de las expresiones de la época. Ese venenillo tiene cierta gracia, y hasta puede dar para pensar un poco, que nunca está de más.


Otras obras de Francisco de Quevedo reseñadas en ULADLa vida del Buscón llamado don Pablos

domingo, 9 de noviembre de 2025

László Krasznahorkai: Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río

Idioma original: húngaro 
Título original: Északról hegy, Délről tó, Nyugatról utak, Keletről folyó 
Año de publicación: 2003 
Traducción: Adam Kovacsics 
Valoración: recomendable (con muchas reservas)

Hola, amigos, soy László Krasznahorkai, pero me pueden decir el Lalo, y hoy les mostraré, en tan solo 170 páginas, mis conocimientos acerca de pagodas y del Chamaecyparis obtusa, más conocido como hinoki, es decir, un árbol del cual sacan la madera para diversas construcciones como templos, palacios, entre otros, es decir, un árbol muy noble y sagrado al cual le debo gran respeto porque me permite reflexionar sobre el infinito y la historia de la humanidad y de cómo somos incapaces de contemplar la belleza, es decir...

Bueno, exagero, y a decir verdad, valoro que un escritor encuentre un tema que le permita interiorizar conocimientos y gustos para hablar de ello con emoción, pero la excesiva repetición de ideas condiciona (y mucho) la lectura. Se dice que la prosa de László es como "lava volcánica subterránea" (palabras de uno de sus editores, idea que, con cierta ironía, rebatió el mismo escritor), en el sentido de que, a través de las reiteraciones y circularidades, lo que expresa se va canalizando y procesando en tu interior. Pero me parece que media una (gran) distancia entre lo que quiere contar y el hecho de que, a las cincuenta páginas, ya ha dicho lo que tenía que decir una y mil veces.

La trama es mínima: el nieto del príncipe Genji (algunas veces parece que transcurre hace siglos y otras veces es evidente que se desarrolla en un período cercano al nuestro), luego de encontrar en un libro la existencia del jardín más perfecto del mundo, decide escapar de su séquito y buscarlo. Después de dar vueltas en un pueblo y sintiéndose en un laberinto, llega a un templo mientras sus sirvientes lo persiguen (hacen el intento, al menos). Y a partir de ahí empiezan las peculiaridades de la novela.

La estructura está basada en capítulos cortos; por lo general, de cinco capítulos, tres se centran en descripciones de la cultura japonesa, uno de breve reflexión o de mirada sobre el paisaje y el último es el que avanza la trama. Uno se siente, efectivamente, como el protagonista ante las puertas del templo, donde luego de las puertas hay otra entrada exactamente igual, y luego de ella hay otra entrada que es menor pero que no reduce su grandeza, y luego de la entrada hay el templo, donde no encuentra lo que busca, es decir, personas o pistas acerca del jardín, salvo chispazos de intuición que olvida tan rápido como le vienen. Toda esta estructura que no llega a ser laberíntica pero que lo es en cierto modo se potencia con la prosa; si bien no es difícil de seguirle la corriente a las oraciones larguísimas (son pocas las ocasiones en las que uno se pierde), uno termina irritándose con el uso de "pues", "es decir", "pero" (no creo que venga por el lado de la traducción, porque Kovacsics trabajó con toda su obra), y la necesidad de desarrollar lo que ya eran obviedades. Quizás es un efecto buscado, porque dudo que un escritor ya consagrado ponga, solo por descuido, que hay una puerta y que te explique que sirve para que una persona pase a otro lugar, pero cuesta conectar y la trama se resiente en unos hilos innecesariamente complejos.

Esto explica el "con reservas" de la valoración. Entonces, ¿por qué el recomendable? Porque, más allá de la estructura, la idea es valiosa, la de perseguir un lugar que quizás solo existe en un libro que probablemente nunca existió, que quizás lo inventaste como anhelo de algo más profundo, la idea de que efectivamente lo puedes encontrar y perderlo en el mismo instante, la idea de que hay fuerzas que no controlas que se encargan de que ese jardín (tan sencillo que solo son ocho hinokis, árbol cuyo significado se subraya constantemente), que te quita el poder de describirlo, no se encuentre nunca, y te rindas en tu búsqueda porque el ser humano está hecho para perseguir el infinito y nunca alcanzarlo, porque si existiera el infinito, en la realidad, la vida sería imposible de vivir y nunca llegaríamos a ninguna parte. Hay momentos, páginas, que con solo unas pocas frases dan alcance de la magnitud de los conceptos, lo que me hace pensar que: 1) László ha errado en esta novela y otras son mejores; 2) es más bien una excusa para homenajear la cultura japonesa, cultura que, dependiendo del autor, puedo comprender o no; 3) no era mi día o no era mi libro. Creo que todas son válidas. 
Lo que sí, preciosa la portada.

También de László Krasznahorkai: Tango satánico

sábado, 8 de noviembre de 2025

Pola Oloixarac: Bad Hombre


Idioma original:
español

Año de publicación: 2024

Valoración: recomendable

Mucho tiempo desde que reseñé (con no demasiado buen recuerdo) mi primera lectura de Oloixarac. Doce años, cuestión que, permitidme este pequeño paréntesis de solipsismo pseudonostálgico, me produce cierto pasmo, aparte del consabido tópico del tiempo cómo pasa blablabla, también sobre el hecho de que no haya sido una autora que haya inundado el mercado, justo en una época que su perfil, por los motivos que sea, es proclive a una cierta incontinencia que el mercado literario, tal como es hoy, asimila con cierto agrado (y algo de cosdencendencia). 

En todo caso, y  a la vista de mis valoraciones, este ritmo, esta dosificación, entiendo que consciente y premeditada, creo que le sientan bien a su obra. Quizás, no soy capaz de aportar una explicación coherente, obre de forma retrospectiva. Leída Bad hombre tengo un cierto regusto agridulce, una sensación algo incómoda de haber sido demasiado duro anteriormente. Pero recomendar Bad hombre no es en modo alguno un mecanismo de compensación. 

Para empezar, esta es una novela mucho más insertada en el presente de lo que me parecieron las otras, y su desarrollo, aún con esa tonalidad algo bolañiana consistente en saltar en escenario y tiempo y pensar que esa dispersión acaba conformando un mosaico, como esas pinturas que toman otra forma si nos alejamos de ellas, su desarrollo, repito, es coherente, casi lineal, no exageremos pues hablamos de una autora permeable no solo a sus influencias (insertadas, sobre todo hacia el final del libro) sino al propio momento literario actual, que suele arquear la ceja cuando una obra se adscribe al clásico cánon narrativo. Oloixarac ha creado una línea de confluencia con tintes de auto-ficción (tintes tan marcados que uno estaría tentado por llamar a esto crónica autobiográfica), pero creo que no. Supongo que es otro juego con el lector interponerse en medio de círculos literarios, grupos de Whatsapp, talleres creativos, y sacar a relucir los trapos sucios que pueden surgir en este submundo, o encastrar situaciones de la reciente iconografía desde la explosión de las RRSS. Aquí tenemos hashtags, cancelación, fake news, todo lo que haga falta para apuntalar el pretexto de la novela: la existencia de los bad hombres a qué Trump aludía (el tiempo, again) en la campaña de su primer mandato. Tenemos entonces algunos ejemplos de seres masculinos que actúan de manera tóxica con los seres femeninos, y, aunque ciertos detalles al final de la novela puedan suscitar alguna duda, una cierta dinámica que puede ser tan disfrutada por la indudable pericia narrativa de la autora como puesta en solfa tildándola de algún ligero deje oportunista.

Otras obras de Pola Oloixarac reseñadas en ULAD: aquí


viernes, 7 de noviembre de 2025

Patrick Horvath: Bajo los árboles, donde nadie te ve

Idioma original: inglés

Título original: Beneath the Trees Where Nobody Sees

Año de publicación: 2023

Traducción: Santiago García

Valoración: recomendable, pero no para todos los gustos

La pequeña ciudad de Woodcreek es una pintoresca y tranquilísima localidad donde todo el mundo se conoce, se ayuda  y son amables unos con otros, un remanso de paz y calidad de vida  al viejo estilo, que es especialmente apreciado por Samantha Strong, la dueña de la ferretería, una ciudadana también especialmente querida y ejemplar. Claro que Samantha necesita, de vez en cuando, darse una vuelta por la ciudad para poder explayar su verdadera naturaleza, lejos de sus vecinos. Porque Samantha resulta ser una asesina en serie que, eso sí, se cuida de matar siempre lejos de Woodbrook y, por supuesto, a ningún conocido. Sin embargo, alguien más en el pueblo comienza a cometer horrendos crímenes sin preocuparse de estas precauciones y nuestra asesina deberá asumir el papel de detective para encontrar quién es, antes de que las investigaciones oficiales la puedan localizar a ella.

Con este argumento se puede construir un estupendo thriller -lo que, de hecho, es esta novela gráfica- o también una comedia negrísima; Bajo lo árboles... consigue combinar ambos géneros gracias a la elección gráfica que hace su autor. Porque los personajes de la historia, los habitantes de ese idílico pueblo que es Woodcreek no son tienen el aspecto de personas, sino de animales antropomorfos, como en cualquier historieta para niños al uso. Ni siquiera se ha buscado darles un aire de ferocidad -en el caso de los asesinos, me refiero- sino, al contrario, el look de todo el libro es dulce, tirando a ñoño; la propia Samantha es una osita con cierto parecido a los conocidos (quizás ya no tanto) Osos Amorosos y, junto a ella, encontramos, conejos, ratones, cerditos... en fin, la fauna habitual de cualquier cuento infantil. Lo mismo ocurre con la gama cromática empleada, a base de colores suaves, muchas veces lo que llamamos "pastel", tan sólo rotos, en los momentos más truculentos -que lo son mucho, aviso-, por el rojo de la sangre. Porque ahí está la gracia de libro, en esa combinación de lo cursi o ñoño con la violencia más extrema, con la recreación sanguinolenta de la psicopatía extrema. algo a lo que estamos acostumbrados y aceptamos en la ficción sobre psicokillers, ya sean literarias o cinematográficas, pero que impacta más, por contraste, en un cómic que parece destinado al público infantil (por cierto, quien se lleve este libro a casa, por favor, que no lo deje al alcance de los niños. Repito: NO ES UN LIBRO PARA NIÑOS). Como he leído en alguna crítica, este cómic sería como introducir la trama de El silencio de los corderos en el mundo de Winnie the Pooh. Un El viento en los sauces con Patrick Bateman haciendo de las suyas. En realidad, parece que hay toda una tendencia "cuquitruculenta" o cute gore (el término tampoco es mío; lo he leído en otra crítica) en el cómic y la animación actuales... Me estoy acordando de la tremebunda película Unicorn Wars), consistente en esta mezcla de ilustraciones de aire cándido o infantil con argumentos perturbadores. Tal vez se deba, en origen, a la influencia del arte Lowbrow, no lo sé, pero prometo inquirir en el asunto...


También se le puede dar a esta novela gráfica, aunque no sé si era la intención de su autor, un significado sociopolítico: Samantha vive feliz en un entorno ideal e idealizado, como la supuesta sociedad de tiempos pasados que añoran ciertos sectores "nostálgicos" (por decirlo así) tanto en EE.UU. como aquí... Una sociedad donde cada cual tenía su lugar y no se salía de su sitio, donde los vicios y los defectos se escondían debajo de la alfombra; de hecho, nuestra gentil osita se desplazaba a la babilónica ciudad para cometer sus propios crímenes, hasta que algo, en este caso una competencia imprevista, hace saltar ese orden y pone de manifiesto la falsedad del sistema. Lo mismo que el orden pasado ideal que algunos (o muchos) reivindican hoy en día no existió nunca, parece decirnos Horvath, pues tan sólo era necesario fijarse en sus aspectos discordantes para que se le vieran las costuras.

Lo que no significa que seguir un cierto orden no resulte importante...

jueves, 6 de noviembre de 2025

Adam Haslett: Madres e hijos

Idioma original: inglés
Título original: Mothers and Sons
Traducción: Francisco González López en castellano para AdN editorial
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Llevaba tiempo esperando una nueva novela de Adam Haslett, un autor al que le sigo la pista desde que leí «Imagina que no estoy», una novela muy redonda, interesante, conmovedora y que destaqué como lo mejor del año. También sus cuentos cortos en Aquí no eres un extraño no tienen pérdida, con un nivel muy elevado. Así que teniendo en cuenta que han pasado ya nueve años desde la publicación de su última novela, la expectativa era muy alta, y las ganas de leerlo le iban a la par.

Empieza el relato con un desbordamiento de cotidianidad, de la rutina que envuelve a su personaje principal, Peter, y que nos permite conocer su día a día. Vemos que es un abogado que ejerce en Nueva York, que se desvive por su trabajo porque, aunque en muchas ocasiones se le antoja reiterativo y aburrido, el solo motivo de poder ayudar a inmigrantes a obtener una solicitud de asilo defendiéndoles de la administración que los quieren deportar a su país de origen ya le es motivación suficiente para sentirse recompensado. Cabe decir aquí que el primer tercio del libro está construido desde la pausa, desde la rutina del día a día, y es que en este libro Haslett se toma su tiempo en construir los personajes a pesar de que empieza de manera algo alocada y dubitativa al situar el personaje principal en una situación laboral cotidiana, in media res, como si de repente al lector se le hubieran abierto las puertas por las que atisbar la vida de un personaje en su día a día; un día a día que se nos antoja ajetreado y en apariencia monótono y sin demasiado interés. Ahí el lector se contagia en parte de esa aparente apatía, a la vez que va adentrando en el argumento, pero sin saber muy bien cuál de esas pequeñas historias que constituyen los casos que Peter lleva desencadenará el núcleo central de la trama. Y mientras se avanza con pausa en la búsqueda de esa trama principal, en paralelo, el autor va tejiendo la historia de su madre Ann, desgranando cómo es su vida en comunidad, en un centro que ha creado de ayuda a mujeres, y en cómo su vida se ha encaminado a tal propósito de solidaridad y ayuda.  Madre e hijo, con vidas orientadas a ayudar al prójimo, quizá para subsanar unas heridas del pasado que van reabriéndose a medida que avanza la trama (aunque con cierta dificultad pues en las primeras cien primeras páginas uno transita intentando indagar hacia dónde lleva todo esto, sin llegar a tener la certeza de que el camino sea el adecuado).

Ya a partir de ahí, y trazados los mimbres sobre los cuales construir (ya sí) la historia, vemos como el buen creador de personajes que es Haslett nos cuenta una historia de fragilidades e incomprensiones, de tensiones ambientales pero también familiares, de aceptación y de reconciliación, de saber abrirse caminos a través de la maleza enredada por generaciones y costumbres. Es en este entorno donde Haslett destaca, porque es bueno retratando personajes y relaciones, creando, pero especialmente manteniendo, la tensión en núcleos familiares en cierta manera anquilosados y reacios al cambio. Es en estas situaciones (en ocasiones se asemejaría a la literatura de Franzen) donde nos devuelve a su anterior novela, pues lo hizo de manera magistral en «Imagina que no estoy», aunque en este caso tarda demasiado en llegar a ese punto en el que uno se engancha y necesita demasiadas páginas para llegar al punto de inflexión donde todo empieza a encajar. Demasiadas páginas destinadas a una cotidianeidad que dificulta que la historia avance y encuentre ese punto de enganche con el lector. Eso sí, cuando llega, entonces ya la lectura es fluida e interesante y vale la pena por la historia que cuenta y porque nos invita a la reflexión sobre cuanto pesan sobre nuestras vidas los hechos del pasado que dejamos sin resolver a la espera que el tiempo los cubra con una capa de sostenida tranquilidad.

También de Adam Haslett en ULAD: Imagina que no estoyUnion AtlanticAquí no eres un extraño