viernes, 14 de octubre de 2016

Jean Rolin: La cerca

Idioma original: Francés
Título original: La Clôture
Traducción: Luisa Feliu
Año de publicación: 2002
Valoración: Bastante recomendable

¡Malditos suecos! ¡No les era suficiente con las instrucciones de montaje de los muebles del Ikea, los discos de Abba o las esculturales rubias que venían a corromper al españolito medio de los años 70, representado por Alfredo Landa! ¡Han tenido que concederle el Nobel de Literatura a Bob Dylan sin tener en cuenta nuestra opinión y, lo que es peor aún, sin avisarnos con antelación para preparar una reseña de urgencia!

Pero, ¿sabéis qué? Somos independientes. Hacemos lo que nos da la gana. Ni académicos ni hostias. Además, ¿unos suecos cualesquiera van a marcarle el camino a uno de los alrededores de Bilbao? Así que, como si nada hubiera pasado, allá va la reseña que ya teníamos programada.

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¡Oh, París! La ciudad de la luz, la ciudad del amor, el Sena, Notre-Dame, el Sacré Coeur, el Louvre, los "bateaux mouches"... ¡Y una mierda (con perdón)!

París es también la ciudad de las "banlieues", de las prostitutas, los mendigos, los inmigrantes legales e ilegales, el ruido, el rap, etc

Este otro París es el que muestra Jean Rolin en "La cerca". Para ello se sitúa en el espacio en los boulevares Ney y Macdonald (y sus alrededores). A partir de este espacio geográfico, Rolin narra dos historias, aparentemente desconectadas entre sí: la del mariscal napoleónico Michel Ney, que da nombre a uno de los boulevares, y la de las gentes que pueblan el barrio.

La historia del mariscal Ney, la de su auge y caída, es fundamentalmente una reconstrucción de su carrera militar al lado del pequeño gran corso. Aunque a priori pueda no parecerlo, esta parte es tremendamente entretenida gracias a la agilidad con la que está narrada

La de las gentes que pueblan el barrio es la historia de Gerard Cerbere, de Robert Lepieux, de Ginka Trifonova, de Lito, de personajes sin nombre. Personajes al margen del sistema: prostitutas, refugiados políticos, gente que trata sin más de salir adelante, mendigos, alcohólicos, etc. Personas del París que no aparece en el 98% (cifra aleatoria, lo sé) de los libros y películas ambientados en la ciudad.
Esta parte de libro es dura, jodida, te revuelve las tripas. No hay compasión con los personajes (tampoco creo que ellos la quieran). Para mí, lo mejor del libro. Sin duda.

Como aspecto "negativo" del libro, las descripciones detalladas del paisaje urbano. Sobre todo, para un no parisino. La avenida tal que se cruza con la calle cual en la que hay un edificio así, etc. Me llega a abrumar y hace que, para mi, la valoración global del libro baje un peldaño.

Para terminar, decía anteriormente que las dos historias están aparentemente desconectadas. Obviamente, se sitúan en dos épocas históricas diferentes y los personajes, como veis, no tienen nada que ver entre sí: el militar de éxito (al menos en una parte de su vida) que figurará en los libros de historia y los que son "daños colaterales" del sistema. Pero algo hay que los une. Un hilo muy tenue, nada claro, muy subjetivo, que mejor que tratéis de descubrir leyendo "La cerca". Y ya comentaremos, si quereis.

También de Jean Rolin en ULAD: El rapto de Britney Spears

jueves, 13 de octubre de 2016

Max Aub: Las buenas intenciones

Idioma original: español
Año de publicación: 1.954
Valoración: Está bien

Max Aub –multiexiliado donde los haya- fue siempre una personalidad literaria independiente, y un autor que ha quedado un poco en segundo plano, quizá deslucido primero por la pujanza de las vanguardias anteriores a la Guerra civil, y más adelante por los nombres que dominaron la posguerra. Pero puede que el encontrarse fuera del foco le permitiera a cambio deambular sin cortapisas por muy diferentes ámbitos, moviéndose entre el realismo y cierto grado de experimentación. A su vez, la incidencia de la guerra en su trayectoria personal hizo posible la gran serie bélica que fue ‘El laberinto mágico’, que reúne algunas de sus creaciones más celebradas (aunque tampoco demasiado celebradas, todo hay que decirlo).

No está desde luego entre ellas ‘La buenas intenciones’, un título que podemos considerar menor, de corte claramente realista, que en ocasiones roza el costumbrismo, aunque presenta algunas singularidades dignas de mención. 

Trata el libro de las andanzas de Agustín, un joven anodino, viajante de comercio, que descubre que su padre, en una de sus muchas aventuras, acaba de tener un hijo con una planchadora. El chico, con el único fin de ahorrarle el disgusto a su madre, asume la paternidad del niño y finge una boda con la madre de su hermanastro, con la que inicia la ficción de una vida en común. Es sin duda un tipo pusilánime, que parece verse siempre zarandeado por los acontecimientos; pero la situación, de entrada un tanto vodevilesca, irá poco a poco discurriendo por nuevos derroteros.

Insisto en que esta primera parte suena al típico argumento de enredo, intrascendente, rancio y con una gracia muy relativa. Y tampoco ayudan los atisbos de un lenguaje supuestamente ‘popular’, y un elenco de personajes de simpleza extrema. Se podrá hablar de retrato del segmento más humilde de la sociedad madrileña en aquellos años 30, pero desde ese punto de vista el cuadro queda escaso, sin profundidad, por lo que tampoco resulta convincente. Entre Agustín y su supuesta esposa va naciendo una relación que también parecía previsible, sí, pero aun con todas estas limitaciones, el trazo fino del autor consigue mantenernos lejos de la vulgaridad.

Más adelante se van incorporando pequeñas subtramas en torno a personajes secundarios, que en algunos casos adquieren más potencia que la historia principal. Así conocemos a una mujer que, espantada por la relación incestuosa de su marido y su suegra, decide dedicarse a la prostitución; un librero ex seminarista en cuyo almacén se reúnen nada menos que Azorín y Baroja (llamativo cameo literario); o un criminal cuyas pendencias le llevan a terminar en un destacamento republicano. Y lo que en principio parecen rellenos gratuitos para una historia débil se van desvelando como hilos argumentales que de forma sutil e inteligente servirán para sostener la estructura del relato.

Tampoco dejará de hacerse presente el escenario de la guerra -casi inevitable en el autor-, que ocupa un segundo plano para ir cobrando relevancia poco a poco, y las piezas van encontrando acomodo para un desenlace final que probablemente es lo que más me gusta del libro, por elegante y sorprendente: lo azaroso de la situación, con la guerra ya en su última fase, sirve para un giro repentino y radical, no sólo del argumento, sino del propio tono de la narración, con lo que afortunadamente hemos llegado a un punto muy lejano de aquel inicio tan poco prometedor. Se diría que Aub había empezado el relato con cierta desgana, coqueteando con el humor y sin un objetivo claro, y según avanzaba, la historia se fue enriqueciendo, ganando peso y complejidad, de forma que el resultado final alcanza en conjunto un nivel bastante más digno.

La novela, escrita entremedias de la secuencia de los ‘Campos’, quizá le sirviera al autor para cambiar temporalmente de escenario (sin conseguirlo del todo); y para el lector actual resulta discreta, tal vez poco brillante, pero se sigue con un cierto interés.

P.D: Nótese que he colocado la etiqueta de 'escritores españoles' porque Aub escribió su obra en castellano, y más que nada por simplificar y no enredarnos con sus sucesivas nacionalidades.

Otras obras de Max Aub en ULAD: Juego de cartas, Crímenes ejemplares

miércoles, 12 de octubre de 2016

Edmund Crispin: La juguetería errante

Idioma original: inglés
Título original: The Moving Toyshop
Año de publicación: 1946
Traducción: José C. Vales
Valoración: está bien

Dentro de la acendrada tradición británica de novelas policíacas o de misterio -es decir, en su variante más "fina", me refiero"-, encontramos no pocos autores que combinan o combinaban, más bien, la exposición de crímenes más o menos sanguinarios con ese humor característicamente british. Dentro de este estilo, no sé si el más famoso en su momento (puede que sí, pero estoy pensando también en Michael Innes, por ejemplo), aunque seguramente sí que el más desaforado a ese respecto, fue Edmund Crispin, cuyo verdadero nombre era Robert Bruce Montgomery -el seudónimo lo sacó, precisamente, de una novela de Innes-, músico de formación y profesión, pero que en los años 40 decidió crear su propio personaje detective para escribir una serie de novelas del género, al parecer inspirado en la lectura de una de John Dickson Carr (otro que tal, aunque americano, en este caso). El personaje que fabuló era el filólogo y profesor oxoniense Gervase Fen, un tipo de lo más brillante y excéntrico -no podía ser de otra manera-, aficionado a sembrar el caos por Oxford conduciendo su coche a toda pastilla y, por lo que parece, más proclive a la acción que a la reflexión tocando lánguidamente el violín puesto de droga hasta las cejas (aunque las bebidas espirituosas sí que le van).

La tendencia hacia esa excentricidad se deja notar incluso en la propia trama de la novela; en ésta, que es la tercera de la serie (¿que por qué no he empezado leyendo la primera? Pues porque se supone que La juguetería errante, escrita en 1946, transcurre antes, en 1938... y, sobre todo, porque las críticas que he leído dicen que es la mejor de todas), Crispin le da una vuelta de tuerca al concepto del "misterio en el cuarto cerrado"... y hace desaparecer el cuarto cerrado. No me prodigaré en los detalles para no fastidiarle la lectura a nadie, pero sí debo explicar que el protagonista de la novela, el poeta Richard Cadogan, se va de vacaciones a Oxford, donde cursó sus estudios y allí, la noche de su llegada, descubre un cadáver en una tienda, justamente la juguetería a la que alude el título. Pero cuando al día siguiente pretende denunciar el suceso, resulta que la juguetería de marras ha desaparecido y convertido en una tienda de abastos. Cadogan recurre entonces a su amigo Gervase Fen, profesor de lengua y literatura inglesas en St. Christophe's College de esa ciudad universitaria (college inexistente, en realidad), y ambos se entregan a una pesquisa frenética que les llevará a conocer a personajes siniestros y/o harto extravagantes e ir reclutando una recua de colaboradores no menos inusuales: desde la hermosa señorita Sally Carstairs, a algún que otro sordo profesor de edad avanzada, más toda una caterva de estudiantes disipados y bastante borrachos.

El resultado es que la historia, más que la típica novela-problema de la escuela inglesa, resulta ser una especie de gymkana a lo largo y ancho de Oxford y alrededores  (supongo que quienes conozcan esa localidad sentirán un placer añadido a su lectura), que llega a oscilar, incluso, entre el vodevil y el slapstick, amén del humor más característicamente británico, lleno de ironía e incluso un toque de non sense que convierte la lectura en algo de lo más divertido (como se dice en un momento de la novela: "Oxford es el único lugar de Europa donde un hombre puede hacer cualquier cosa e incurrir en cualquier excentricidad y no despertar ningún interés ni emoción en absoluto en nadie"). Pero bueno, hasta ahí; quien busque una novela canónica de crímenes y misterio, me temo que sufrirá una cierta decepción. Pero cuando no hay pan, buenas son tortas: superada aquélla, a disfrutar.

martes, 11 de octubre de 2016

Javier Pérez Andújar: Los príncipes valientes

Idioma original: español
Año de publicación: 2006
Valoración: soporífero

Javier Pérez Andújar ha estado envuelto hace unas semanas en una pequeña e inofensiva polémica cuando Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, lo eligió para el pregón de las fiestas de la Mercè, hace unas semanas. Puesto que es un escritor que se ha manifestado en contra de la autodeterminación de Catalunya y había gente contraria a cederle protagonismo en un acto tan simbólico. Bueno: los catalanes tampoco llegamos a mucho más que a eso, a esa expresión tan intraducible (probemos "gruñir sin demasiada insistencia ni mala fe") que es rondinar, quejarnos sin demasiado resultado. El pregón de Pérez Andújar, que tuve ocasión de leer y que está relativamente accesible en la red, no hizo más que confirmar y corroborar lo que, en base a los dos libros suyos que, con este, he leído, es la función de su obra, o su enfoque, o la tonalidad que quiera apreciarse por encima de otras. 
Keyword: "Nostalgia".
Ya me he encontrado eso con otros escritores. Marcos Ordónez o José Carlos Llop, por ejemplo. Empiezan a parecerme intercambiables y, de hecho, temo que estén provocando que repita conceptos al hablar de ellos. Así que permitidme que me aleje de la literatura basada en la incitación nostálgica y que aconseje a todo el mundo que haga lo mismo. Porque leer 230 páginas sabiendo, desde la primera, cómo iba a ser exactamente. Cada 50 páginas he valorado el abandono y solo la sensación de que debía expresar mi enfado hizo que siguiera adelante, que evitara la reseña-interruptus. Cada 50 páginas he seguido adelante a ver si pasaba algo relevante o de impacto, y no. Pues, aunque la llame novela, esta es una narración autobiográfica, unas memorias de niñez en el extrarradio obrero, revestidas de épica y fascinación, para alejarse de obviedades como las reposiciones de la serie Verano azul, pero siempre con la apelación al pasado en la punta de la lengua, como si prefiriese una Barcelona con inseguridad y falta de libertades a la actual, que es una ciudad mucho mejor. Porque eso trasluce de las anodinas existencias del narrador y de Ruiz de Hita, compañero en el descubrimiento (sobre todo a través de cómics y series televisivas de sobremesa) del mundo de la cultura popular. A partir de ahí empieza la letanía de menciones y referencias, de anécdotas familiares diversas, las que suele tener cualquier familia. Pero parece que Pérez Andújar piensa que debe involucrarnos en las suyas. Pues conmigo que no cuente.
Algún gazapo subconsciente se coló al cerrar el texto de contraportada hablando de "determinación de querer ser escritor". Porque esto parece pasarle a Pérez Andújar más que querer escribir. Que tampoco es que lo haga demasiado bien. El tiempo verbal de la narración exaspera en su paso del pasado al futuro respecto al pasado, y en la persistencia en aportar frases grandilocuentes siempre al límite de la pedantería, o ya directamente chapoteando en ella. 
Parece que le seduzca eso, lo que antes era ser escritor; tener relevancia, ver ese subtítulo cuando te presentan en la tele, ser consultado en lo concerniente a la cultura. Pero dejadme que os diga algo. Cuando nos quejamos de que la gente no lee, es por libros aburridos como este. Que son solamente versiones mejoradas en la forma de engendros como Yo fui a EGB o la serie Cuéntame. Lecturas solo inteligibles por una porción de una generación, y si pedante es pretender acceder a la universalidad, decidme como se llama a prescindir de intentarlo.

En fin, acabo, que he de ir a mirar mis niveles de azúcar. Toca tomar alguna conclusión. Pregones, artículos en la prensa que le sea más afín o receptiva, entrevistillas de enrolladete, opiniones en conferencias, ya veremos. Pero yo no me trago un libro más del hombre este.

lunes, 10 de octubre de 2016

Jesús Carrasco: La tierra que pisamos

Resultado de imagen de la tierra que pisamos amazonIdioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable


Un hombre aparece en una finca radicada en un pueblo extremeño, ocupado a su vez años antes igual que el resto del país por invasores procedentes de un impreciso norte supuestamente europeo. La vivienda donde tiene lugar la acción ya no pertenece a sus antiguos dueños, que perdieron todos sus derechos desde el momento de la conquista (un simple paseo para una potencia militar como la que se describe) y los edificios que habitaban se distribuyeron en su día entre los militares  invasores.
El actual propietario fue uno de aquellos militares, ahora retirado y aislado por completo a causa del Alzheimer o una dolencia similar. En consecuencia, quien carga con la responsabilidad de expulsarlo es su esposa, Eva Holman, que, contra lo que marca la ley y la moral imperante, se siente incapaz de llevarlo a cabo. Al principio, por lástima, más tarde porque comprende que tras su maltratado aspecto se encuentra el legítimo propietario, y eso la convierte, junto a su marido, en la verdadera usurpadora de un título de propiedad que nunca les ha pertenecido. De ahí que, furtivamente y sin apenas proponérselo, acabe convertida en su protectora efectiva.
Detecto la huella de Ramiro Pinilla en ese vecino cuya rebeldía pasiva encorajina y produce escándalo (o piedad, en el caso de Eva). En cualquier caso su efecto es mucho más potente que si se hubiese presentado a reclamar sus derechos por las malas. Como en La higuera, del novelista vasco, el pertinaz ocupante es un vecino más de ese pueblo al que se ha despojado de todo lo que tenía, familia incluida, como aquel, no se relaciona con nadie y su actitud es, igualmente, tan tenaz como pacífica. (He buscado la palabra “higuera” en la novela para atribuirla a  un guiño de Carrasco, y estar estaba, no sé si intencionadamente o no).
Los problemas con la autoridad aparecerán cuando esa protección se convierte en un secreto a voces, ya que los indígenas se consideran unos apestados, gente sin ningún derecho. Ni siquiera gente: alimañas.
Lo que más credibilidad produce es la actitud de la narradora, nunca compacta del todo. Salvo al final, la notamos vacilante e indecisa. Siente piedad por el vagabundo pero le repelen su suciedad y un hermetismo cercano a la demencia: “A pesar de que intento acercarme a él, de que trato de entenderle, a menudo lo veo y no puedo evitar sentir repulsión.” Pero, aunque desconfíe o se deje llevar por el pánico, nada comparable al temor que provocan en ella sus propios compatriotas.
Las conjeturas de la señora Holman y otros testimonios casuales van tejiendo una historia de crueldad, esclavitud y deshumanización que, por fuerza, ha de resultarnos familiar. Supongo que por la mente de Carrasco habrán pasado las escenas más duras del nazismo, los abusos bolcheviques y el acarreo de esclavos hacia América, entre otros. Aún así, nadie está curado de espanto. Cuando eso que hasta ahora habíamos revivido solo a través de películas y libros de historia se ubica en las cercanas y familiares tierras de Extremadura, cuando los que son tratados como bestias de carga y despojados de toda dignidad humana somos nosotros mismos, imaginarlo resulta incomparablemente más aterrador y espeluznante.
“Yo, que siempre he creído en la idea de que no debe haber espacio entre nosotros para los holgazanes, los pusilánimes y los cobardes. Si hemos alcanzado un lugar hegemónico en la historia ha sido porque hemos sabido expulsar a los débiles. Una bandera tan grande como para albergar a los pueblos del mundo. Un solo Dios verdadero. Un solo rey.”
Pero esos ideales colonialistas y totalitarios no le durarán demasiado. El arrepentimiento va abriéndose paso hasta instalarse definitivamente.
En una fábula como esta, con una intención ética tan clara es inevitable caer en la moralina. El párrafo donde se habla de “caridad, “religión” y “patria”, del Evangelio con su lavatorio de pies etc. está saturado de ella. Un indisimulado maniqueísmo empeña la novela entera: no hay fisura en la maldad de los fuertes, a los débiles solo se les muestra como víctimas, no hay ningún rasgo más que se destaque de ellos. Este enfoque va en aumento a medida  que la señora Holman desarrolla su conciencia crítica.
“Vamos a esos lugares remotos del planeta y allí nos establecemos, tanto da si en desiertos o junglas, como si siguiéramos en nuestras campiñas. Al principio embelesamos  a los indígenas con oropeles y ellos nos traen yuca o café. Más tarde les pedimos que nos lleven de la mano a la roca donde consiguen ese metal con el que perforan sus lóbulos. Luego metemos allí máquinas, capataces con látigos y los indígenas ya no salen a acariciar nuestras pieles blancas.”
Si esto recuerda a las colonias, veamos un fragmento que nos traslada, de algún modo, a las cámaras de gas:
“Cuando el camión está lleno, dos soldados suben la puerta, ajustan los cierres y palmean la caja. El motor arranca y una nube de humo negro es expulsada hacia el interior del templo. Todavía tarda unos segundos el camión en ponerse en marcha, metiendo, a base de acelerones, más humo en la nave. Tienen que dejar las puertas abiertas durante un buen rato para que el aire vuelva a ser respirable.”
Una ucronía más, que critica la realidad pasada y presente metaforizándola en un mundo paralelo. Interesante, amena, correctamente escrita y estructurada,  pero con intenciones e influencias demasiado evidentes. Creo que su lectura merece la pena, pero puede que el autor tenga que escucharse más a sí mismo y pensar un poco menos en la excelencia de su escritura para encontrar una voz propia que se le está empezando a resistir.

 También de Jesús Carrasco: Intemperie

domingo, 9 de octubre de 2016

Roque Larraquy: La Comemadre

Idioma original: Español
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable

Hay un aguafuerte de Francisco de Goya, publicado en 1799, llamado "El sueño de la razón produce monstruos". El título sería un resumen breve, conciso y muy apropiado para este libro, que supone el sorprendente e interesantísimo debut del argentino Roque Larraquy. Un libro extraño y perturbador compuesto por dos historias separadas por 102 años de distancia. Veamos:

1907. Un sanatorio en Temperley (Buenos Aires). Un macabro, por no decir "gore",  experimento científico y una historia de amor o de seducción. El doctor Quintana como principal protagonista, testigo y narrador de ambas. Enfermos sin esperanza, doctores sin escrúpulos y el intento de ver y entender qué hay después de la vida.

2009. Un artista que repasa una tesis que sobre el están escribiendo. Un artista experimental y un tanto truculento, con su doppelganger y su amante de rigor. Un artista que trata de acceder a la fama a través de montajes y obras que llamen la atención.

Dos historias que no son del todo independientes, aunque lo pueda parecer. Entre los nexos que las unen están, por ejemplo, el fondo de las mismas, los protagonistas desquiciados y la comemadre del título, una larva patagónica que devora e invade todo a su paso.

Dos historias sobre la razón y la locura, sobre la crueldad y sobre el intento, pese a todo, de sobrevivir a la muerte, narradas con un frases breves y un estilo cortante muy adecuado al tono de la obra. Le pondría un único pero al libro, y es que cada frase parece una sentencia, lo que hace perder al conjunto un punto de frescura.

En cualquier caso, apuntado queda el curioso nombre de Roque Larraquy. Le seguiremos la pista.

sábado, 8 de octubre de 2016

Alfred: Come prima

Idioma original: francés
Título original: Come prima
Año de publicación: 2013
Traducción: Regina López Muñoz
Valoración: Muy recomendable

En algún lugar de Francia, en 1958, Giovanni, un joven italiano, encuentra a su hermano mayor, al que lleva diez años sin ver, para llevarle de vuelta a Italia con las cenizas de su padre, recién fallecido. Fabio, el hermano, malvive como boxeador y "sablista", así que, aún a regañadientes, acaba por embarcarse en un viaje que lleva toda una vida demorando, a bordo de un exiguo FIAT 500 (de los de entonces, no en uno de los coches chachis que hay ahora). Por el camino vivirán encuentros y desencuentros, aventuras inesperadas, descubrimientos aún más sorprendentes... pero sobre todo será un viaje a un pasado  que ninguno de los dos ha querido afrontar antes y, más aún, a un presente que no es para nada como a ellos les hubiese gustado.

Road-comic mediterráneo y nostágico, sabiamente narrado y bien dosificado por Alfred, que convierte su obra en una panorámica impresionista y entrañable -también melancólica- de aquella época, a medio camino entre el neorrealismo y las pelis de Jacques Tati. Dibujado con un trazo exquisito -un poco "pacorroquiano", si se quiere-, minucioso cuando hace falta, pero también abocetado o expresionista si es menester -de hecho, Alfred utiliza diferentes recursos gráficos según se trate de la narración lineal, los recuerdos o las pesadillas de los personajes-, el libro ofrece el argumento perfecto para convencer a los aún remisos -espero que ya muy pocos- en aceptar las posibilidades y hallazgos de este medio narrativo. Una hermosa obra de la BD actual (llamadlo historieta, llamadlo novela gráfica o lo que sea) y una historia emocionante sobre la familia, sobre los sueños y la derrota. Y el arrepentimiento y la indulgencia que nos debemos a nosotros mismos y a los demás... Serán tan sólo unos monigotes pintados en un papel, pero a ver quién es capaz de que no se le escape la lagrimita, leyendo esto...

Nota pelotilla: Como es de bien nacidos sera agradecidos y todo eso, me permito saludar desde aquí al blog Deborahlibros, por el que tuve primera noticia de este estupendo cómic: Eskerrik asko!