lunes, 11 de febrero de 2013

Jesús Carrasco: Intemperie

Idioma original: Español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Así están las cosas. Para escribir esta reseña he necesitado realizar un ejercicio de abstracción de la realidad: Intemperie es una novela publicada a comienzos de 2013 de la que se lleva hablando desde septiembre de 2012, debido a su enorme éxito en la Feria de Frankfurt, cuando apenas era -suponemos- un texto en pruebas; más aún: solamente aquellos lectores que hayan estado de vacaciones en, por decir un sitio, Marte, no se habrán topado con alguna de las innumerables -y elogiosas- reseñas que sobre ella se han escrito durante las últimas semanas en periódicos, suplementos culturales, revistas especializadas y blogs. Esto ha provocado dos reacciones, de las que he sido testigo por diversas conversaciones privadas y, también, por los comentarios de algunas páginas web: están los que, por un lado, han aceptado sin remedio elevar a la categoría de obra maestra la novela, como proclaman entre fuegos artificiales una gran cantidad de críticos, y están los que, por otro, se han negado por principio a acercarse a un texto que, a la vista de la heroica campaña publicitaria llevada a cabo por la editorial, es necesario leer cueste lo que cueste. Nada más humano: cuanto más te repiten que tienes que hacer algo, menos quieres hacerlo. Es por esa facilidad para posicionarse ante la obra (incluso sin haberla leído) que, repito, creo necesario un ejercicio de abstracción para acercarse a ella de una forma objetiva, así que vamos a evitar los lugares comunes: primera novela del autor, 40 años, personajes arquetípicos, relato de supervivencia, vendida a tropecientas lenguas antes de su publicación, éxito rotundo, etc.

Al grano. La historia que cuenta Intemperie es la de un niño que huye de su pueblo por alguna razón y a quien persigue un siniestro personaje, el alguacil. En su huida, el niño se encontrará con un cabrero que lo acompañará y ayudará en la medida de sus posibilidades. La causa de la escapada del chaval forma parte de la intriga de la novela, pero tampoco demasiado, ya que el autor nos sugiere unos motivos en las primeras páginas que luego, en efecto, se concretan; tampoco el destino final del muchacho tiene misterio: hay varios momentos del texto en los que el autor nos adelanta un futuro que, previsiblemente, el lector no encontrará cuando cierre la obra. Así pues, la trama mantiene cierta tensión narrativa -sobre todo en dos capítulos, maravillosamente escritos, potentísimos-, pero sin llegar a ser significativa; lo que realmente destaca en esta novela es la prosa del autor, que ha sido capaz de construir, en doscientas páginas, una bestia literaria a medio camino entre un poema épico y un diccionario de términos del campo. No se enfaden: por ahí van los tiros.

La novela tiene, como digo, apenas 200 páginas y no es hasta la 95 que sucede algo (esto no es necesariamente malo, por supuesto: la ausencia de acontecimientos que hagan girar la trama, en muchos libros, permite al autor explorar otros caminos, darse a la reflexión, poner ideas en orden, etc.). Hasta entonces, Carrasco relata, con prosa impecable, diríamos perfecta, los primeros días de la huida del protagonista con una precisión obsesiva. En el término "precisión" está la clave. Carrasco es descriptivo hasta el agotamiento y hace gala de un repertorio infinito de términos perdidos en la memoria de nuestra lengua, por desuso o lejanía; durante las primeras páginas uno piensa que esta peculiar forma de narrar obedece a una lograda intentona de situar al lector en un ambiente, en una atmósfera concreta; pasadas esas primeras páginas, el lector comprende que no, que toda la novela seguirá en esa dirección, y que cualquier mínima acción (por inventarme algo: coger una manzana de un árbol) terminará negro sobre blanco en un par de páginas de minuciosa exposición (por seguir con el invento: la posición de los dedos, la postura del pie, el nombre de árbol y de los árboles de alrededor, el color de la manzana y el número de boquetes que tiene, las palabras exactas que definen cada una de las capas de su piel, los nudos de las ramas, las puntas de las hojas, y más). Es ahí donde Carrasco se excede, en mi opinión. Una cosa es la precisión y otra, distinta, regodearse. Y creo que el autor se regodea, atraviesa la línea que separa una prosa exquisita de una prosa exagerada, por momentos cansina: abusa de la descripción, de la terminología, de la yuxtaposición, del inventario. Como cuando enumera los distintos objetos que descansan en el altar cuando el cura oficia la misa; hombre, la metáfora ya estaba entendida: es innecesario que nos ponga en línea cada una de las herramientas (con la búsqueda, como sucede durante casi toda la lectura, de una serie de términos en el diccionario). O como cuando, en mítico párrafo, nos describe el proceso de atadura del aparejo del burro: casi una página demoledora, en términos de continuidad de lectura, para decirnos lo que ya sabíamos al comenzar ese párrafo: cargaron las cosas en el burro. Llega un momento en el que te lo ves venir y te entra miedo: da la impresión de que, si cada una de las tetillas de las cabras tuviera un nombre, Carrasco encontraría la forma de escribir todo un párrafo -resumido en "el cabrero ordeña la cabra"- en el que daría cuenta de esos nombres que, casi seguro, conocen él y Nemesio el del llano.

Carrasco escribe muy bien, seria absurdo decir lo contrario: marca el ritmo, enfatiza los acentos justos, sugiere y propone, lleva al lector de la mano, tiene enorme talento para componer imágenes y moverse en las maneras poéticas (para mí, la vena que más me ha gustado). Quizá repite algunos esquemas en ocasiones ("como Looconte...", "como Lázaro...", "como la mujer de Lot...", "como Jesús..."), hecho que llega a advertirse en una novela con esta extensión y en la que, como hemos dicho, todo la narración se sostiene, especialmente, en la prosa y su aparato lingüístico. También cae en construcciones inevitablemente redundantes, fruto de ese prolijo afán descriptivo (por ejemplo: "como un [objeto cualquiera] invertido...", fórmula que aparece varias veces). El español es una lengua rica, pero pareciera que al autor se le llega a quedar corta. Y es que, independientemente de que se pueda o no se pueda contar todo lo que hace un personaje, habría que pararse a pensar cuándo esa descripción es necesaria y cuándo no, si hablamos de perseguir unos objetivos narrativos. En el caso de Intemperie, son bastantes los episodios en los que me sobran explicaciones y me faltan emociones, a pesar de que al relato lo acompañe una imagen deslumbrante con sobrecarga poética.

Por todo esto he valorado la novela, de acuerdo con los criterios habituales del blog, con un tibio "está bien", quizá forzando la cuerda entre lo que el autor parece capaz de hacer y lo que ha llevado a cabo. Volviendo al primer párrafo, y ya enfrentando esta reseña al noventa y nueve por ciento de las reseñas que han aparecido en otros medios, debo decir que yo no he leído, o no he sabido leer, ese libro magistral y prácticamente definitivo que sí han leído otras personas. Sí que es un buen relato sobre la supervivencia y la solidaridad, pero no mucho más, y creo que la honestidad del autor no está en entredicho. Es una novela que está bien, sólida, que cuenta una historia interesante y que, durante páginas, se me hizo pesada de leer, por exceso y abuso; pesadez que se compensa con algunos momentos líricos particularmente brillantes, pero son destellos, hallazgos. Desde luego, que la comparen con Delibes me hace recordar lo que sentí la primera vez que leí Los santos inocentes y se me para el corazón: no es lo mismo. Porque, si bien ambos autores nos cuentan algo, Delibes además nos decía algo sobre la inocencia, la culpa, el dolor y el miedo en términos universales, sobre una España que abruma, sobre la muerte. No niego la capacidad de Carrasco para escribir una pieza semejante, pues apunta temas en los que ha rascado, un libro que se aferre a la memoria a pesar de las lecturas posteriores, pero, en mi opinión, esta ópera prima adolece justo de eso: ser el relato de una anécdota, interesante en su ejecución, técnicamente impresionante, por momentos lúcida, quizá fácilmente olvidable. 

domingo, 10 de febrero de 2013

James Sallis: Drive

Idioma original: inglés
Título original: Drive
Fecha de publicación: 2005
Valoración: Se deja leer

La brevísima novela negra que hoy reseño es, en mi opinión, un buen ejemplo de que de vez en cuando y gracias a la pericia de ciertos artesanos del llamado séptimo arte, surgen grandes películas inspiradas en libros aceptables o mediocres. Y he de reconocer que si la pelicula Drive (EEUU, 2011, dirigida por el danés Nicolas Winding Refn y protagonizada por Ryan Gosling, Carey Mulligan y Oscar Isaac) no me hubiera dejado tan buen sabor de boca, no habría buscado con interés y curiosidad la novela en la que se basó.

Y ahora que he leído el germen de una de las mejores películas que vi el pasado año, tengo claro que una cosa es el filme Drive y otra muy diferente la novelita noir  Drive. En fin: por escrito, la historia que narrada de forma audiovisual me gustó tanto me ha parecido algo poco original, desganado y predecible.

Pero, ¿de qué va todo esto de Drive?

La novela de James Sallis cuenta la historia de Driver, Driver a secas, un tipo joven, de familia destartalada y criado por padres adoptivos, que vive de varios empleos: por el día, trabaja en un taller de coches y gracias a su increíble habilidad al volante, es especialista en películas de Hollywood; por la noche, en cambio, es el chofer de bandas de atracadores de todo tipo, sólo el chofer, ya que siempre deja bien claro a sus contratantes que pasa de jaleos de mayor envergadura.

Driver vive como un nómada entre moteluchos y apartamentuchos y se alimenta a base de típica comida rápida americana en locales baratos y grasientos. Pero su peculiar y solitaria vida sufrirá grandes cambios cuando conozca a Irina, una joven vecina de su bloque de turno que vive con su hijo de cuatro años. Y a esta pequeña familia a la que Driver tomará cierto afecto enseguida se les unirá Standard, el marido de Irina, que acaba de salir de la cárcel. Será éste el que le proponga al amigo de su mujer un trabajo que acabará de forma desastrosa y sangrienta y que hará que Driver arda en deseos de venganza...

Y no sigo contando más porque el Spoiler acecha peligrosamente.

Sólo dejaré claro que Sallis no es precisamente un escritor melancólico y profundo amante de hacer submarinismo en las psicologías de sus personajes. Poco sabremos de Driver; poco de Nico, el villano de la función; casi nada de la pareja Irina/ Standard, (ambos de origen latino, por comentar...),  y prácticamente nada del resto de los personajes.

En cambio, Sallis parece adorar especialmente las descripciones de lugares y de comida (llama la atención el espacio que dedica a describir dónde y qué zampan sus criaturas), y yo, personalmente, le agradezco que tampoco se explaye demasiado hablando de carrocerías y motores. Está claro que el autor quiere contar historias en las que a sus personajes les pasan cosas (cosas poco agradables, por supuesto) de forma quizás demasiado austera y ágil, pero con todos los ingredientes de una típica fábula americana. Cuentos made in USA donde los llaneros solitarios llevan cazadoras viejas y comen perritos calientes, y los malos tienen el pelo pegajoso y viven de burdeles, tráfico de drogas y atracos chapuceros.

En fin: la novela se lee rápido, la historia se asimila y ¿disfruta? sin prestarse en ningún momento a reflexiones sesudas, y cuando se termina, a uno le queda la sensación de haberse leído un cuento largo de alguna clase de recopilación de brevedades noir.

Y luego, señores y señoras, está la película (ya de culto, dicen) Drive. En ella, entre otras diferencias, el afecto que se profesan Driver e Irina se viste de historia de amor en toda regla; el hijo de Irina adora a Driver; Standard, al principio, recela de su buen vecino, y no se da ningún dato sobre el pasado del protagonista.

La película cuenta con un director inspirado (si podéis, ved la sangrienta e impactante trilogía "Pusher", el trabajo que le lanzó a la fama a Winding Fern, rodada en su Dinamarca natal),  con una loable banda sonora  (que homenajea sin estridencias sonidos de los años 80), y con un grupo de magníficos actores, especialmente: el silencioso pero interesante Ryan Gosling (Driver), con el palillo en la boca como un aldeano y su ya famosa chupa con escorpión en la retaguardia; el siempre efectivo veterano Albert Brooks (uno de los malos), y el camaleón de Oscar Isaac (Standard), que para cada película que hace muda de gestos, lenguaje corporal, voz y alma. En cambio, a la dulce Carey Mulligan (Irene en la pantalla) la veo demasiado señorita inglesa para ser una madre cuasi adolescente con una vida tan dura.

PD: Sallis tiene un segundo libro sobre Driver. Y se dice por Hollywood que va a haber una segunda película. Veremos...

También de James Sallis en ULAD: Otros como yo


sábado, 9 de febrero de 2013

Andrea Camilleri: La danza de la gaviota

Idioma original: italiano
Título original: La danza del gabbiano
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Qué pesado eres, Santi, de verdad. Otra vez Camilleri. Ya sé lo que vas a decir, porque siempre dices lo mismo: que te gusta leer novela policiaca para descansar la cabeza, para recuperar el placer de la lectura por la lectura, blablabla... De verdad, chico, qué cansino.

A ver, venga, cuenta. ¿Qué le pasa al pobrecito Montalbano esta vez? ¿Que su amiguito Fazio ha desaparecido misteriosamente? ¿Que se mezcal un caso de contrabando con un doble asesinato? ¿Que Livia parece que sí, pero luego parece que no, y al final nada? ¿Que al fondo como siempre está la mafia y sus amigos los políticos? Vaya novedad. Y seguro que en el camino el pobrecito Montalbano demostrará ingenio, constancia, capacidad casi sobrehumana de superación, además de comprensión hacia los más desfavorecidos e independencia respecto a los engranajes del poder, blablabla. ¿No es así? Claro que es así, no hace falta que contestes.

Sí, sí, ya sé, ahora dirás que Camilleri escribe novela policiaca, como muchos otros, pero que la escribe como pocos, o alguna otra fórmula que creas que es ingeniosa. Hablarás del humor. (¿Tienes que hablar del humor cada vez que reseñas a Camilleri, Santi? ¿No te cansas?). Dirás que devoraste la novela en una noche. (¿Fueron dos? Ah, bueno, por lo menos una variación sobre el mismo tema). Y dirás que las novelas de Camilleri no dependen tanto de la resolución del misterio en sí como otras novelas policiacas, y sí del universo de personajes, del ambiente decadente y pegajoso del sur de Italia, del quijotismo de su protagonista... ¿Ves lo que has hecho? Ya hasta estoy hablando como tú...

Y ahora, al final, supongo que pondrás un párrafo de conclusión, algo así como: "En fin, este libro es recomendable para seguidores de Camilleri" o "En definitiva, una agradable lectura ligera sin mayores pretensiones" o "Quien no conozca a Camilleri no quedará defraudado, y quien lo conozca tampoco". A lo mejor hasta te dignas mencionar a la traductora, Teresa Clavel Lledó, para quedar bien...

De verdad, Santi, qué cansino. ¿No puedes leer a Proust, como todo el mundo?

También de Andrea Camilleri en ULAD: Aquí

viernes, 8 de febrero de 2013

Joe Matt: Peepshow

Idioma original: inglés
Título original: Peepshow
Año de publicación: 1994
Valoración: muy recomendable

Joe Matt (Filadelfia, 1963) es un autor estadounidense que saltó a la fama por Peepshow, una serie de cómics que empezó a dibujar en 1987 y que pronto llamaron la atención de la crítica (su obra ha sido nominada a cuatro premios Harvey) y del público.

Siguiendo la estela de Harvey Peckar o Robert Crumb, el personaje principal de las historias de Matt es él mismo. Así, en Peepshow el autor se presenta como un personaje inmaduro, obsesionado con la pornografía, incapaz de mantener una relación de pareja sana, profundamente egoísta, perezoso y bastante neurótico en ocasiones.

Además de las broncas con su novia de entonces, Trish, sus fallidos escarceos con otras mujeres y sus frustraciones varias, Matt también muestra en estas historias su relación con los también autores de cómic Seth y Chester Brown, los únicos amigos con los que es completamente sincero y las únicas personas que le hacen poner los pies en el suelo cuando empieza a desvariar.

A pesar de que se muestra a sí mismo como un completo haragán más preocupado por masturbarse que por trabajar, Peepshow no es en absoluto un cómic mal hecho o descuidado. Destaca su dibujo expresivo (y más agradable a la vista que el de Crumb, por ejemplo) y sus tramas ágiles, en las que los diálogos –verosímiles y realistas– son su mejor baza. 

Así, aunque Joe Matt puede parecernos un perfecto imbécil (si todo lo que cuenta sobre sí mismo es cierto), sus cómics nos divertirán y nos harán pasar un buen rato. Y, ¿quién sabe?, igual nos hacen preguntarnos por qué hay tanto inmaduro hoy en día por el mundo... y puede que no nos guste la respuesta.

jueves, 7 de febrero de 2013

Rafael Alvarez - The Wire, toda la verdad

Idioma original: inglés
Título original: The Wire, truth be told
Año de publicación: 2013
Traducción: Joan Eloi Roca
Valoración: absolutamente imprescindible (si has visto la serie) muy recomendable (si sientes curiosidad por verla)

Para un aficionado a una serie televisiva, un libro sobre esa serie ya es un sueño húmedo. No digamos, dos. Si subimos el listón, que uno supere las 550 páginas, imaginaos. Subamos más: que contenga profusión de material gráfico, incluso en color, y tenga una estructura que permite el seguimiento y la recreación de su visionado, eso, ya sólo puede ser calificado como éxtasis. Literario, visual, televisivo, lo que sea. Pero éxtasis absoluto.
Pues bien: eso es justamente The Wire, toda la verdad. Encima, escrito por Rafael Alvarez, natural de Baltimore, centro de la acción, uno de los guionistas de la serie, y con la participación de su factótum, el mismísimo David Simon. O sea, la primera línea absoluta de vivencia, de credibilidad, de implicación el el proceso creativo.
Ah: porque se me había olvidado comentar, a buenas horas, que, encima, el libro es sobre una serie de HBO, The Wire, que anda muy cerca de ser unánimemente considerada la mejor serie televisiva de la historia, y no por una masa entusiasta de seguidores adolescentes que la han visionado recientemente y han inundado internet de votaciones. Nada de eso. La última temporada, quinta, de The Wire fue emitida por primera vez hace uno cinco años y, desde entonces, el mito no hace más que crecer. Vargas Llosa, Hornby, Obama, miles de recomendaciones en prensa especializada. No revistitas a colorines para fans. Comparaciones con Dickens, con Shakespeare, cosa que me parece algo exagerada pues es, un poco, forzar un encaje entre formas diferentes de narrar. Pero eso se lo dejo a los expertos en ambas materias. En el fondo, son comparaciones no desencaminadas, aunque su objetivo sea insistir en la necesidad de su visionado.
Así que, aunque puede que escribir sobre televisión sea como cantar sobre fútbol (o sea, nada mejor que la experiencia directa), la lectura de este libro no solamente estimulará a quien no se haya decidido a ver la serie: también empujará, a quien la haya visto ya, a repetir, o a plantearse muy seriamente hacerlo. Que un libro sea capaz de obrar tal sensación sobre una serie no es poco mérito: no se trata de oír dos veces una cancioncilla pop de cuatro minutos, sino de meterse entre pecho y espalda sesenta horas en cinco temporadas. De placer extremo, pero sesenta horas.
Tal es el mérito, que el libro se erige instantáneamente en un complemento de la serie, en una especie de anotación al margen por si algo se nos pasa pot alto, algo así como una bitácora que, justificadamente frecuente en spoilers, guía nuestros pasos para alcanzar el máximo disfrute. Incluso diría que, si alguien es tan perezoso para perderse tamaño festín, su lectura puede llegar a dar el pego si se quiere aparentar haberla visto.
Claro que lo tienen sencillo: a sus pies que estamos rendidos los que la hemos visto (demasiado pocos: debería ser casi obligatorio su visionado, como leí que se había planteado un político en no sé que país para exigírselo a sus candidatos), no vamos a exigirle a este texto una calidad literaria excelsa. Pero es que esto no es un utensilio para fans alargado artificialmente. Es, justo, lo que su título proclama. Todo lo que puedas plantearte saber sobre The Wire: como una enciclopedia, como los códices secretos, como el Necronomicón. Que haga saltar a pedazos mi objetividad de esta manera es, en sí, un dato muy objetivo. Necesaria la serie (aunque mucho cuidado: para quienes aún quieran series sorprendentes, insisto que este libro es un catálogo de spoilers ) y necesario el libro como valiosa ayuda para comprender mejor, de primera mano, la cultura visual de este siglo. Si The Wire era una novela televisiva, este libro es la edición comentada. A por él, sin titubeos.

Sobre The Wire en UnlibroaldiaThe Wire, 10 dosis de la mejor serie de la televisión

miércoles, 6 de febrero de 2013

Colaboración: Cuatro por cuatro de Sara Mesa


Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2012
Valoración: imprescindible

Sara Mesa. No olviden este nombre. Cuatro por cuatro. Finalista del XXX Premio Herralde de Novela. Léanla. Compartan el libro. Hablen de él. Abran la novela y comiencen. No podrán abandonar la lectura. Leerán a escondidas de su jefe en el trabajo, volverán al libro en el descanso, subyugados por un escenario como el que describe la novela. Olvidarán apearse del autobús en la parada que les corresponde, apenas se ocuparán de su hijo mientras sostienen con la otra mano el retorcido y velado universo con el que esta joven narradora cautiva al lector desde la primera línea. 

Punto de partida: el Wybrany College, un internado destinado a hijos de familias acomodadas y a chicos becados, los “especiales”, cuyos padres trabajan para el colegio. Entre ambas clases, un límite imaginario, aunque perceptible. La línea divisoria se extiende a lo largo de la novela y engloba otros planos: un modelo educativo basado en la división por sexos, el enfrentamiento entre aquellos que aprueban las directrices del internado y algunos personajes que se oponen, la segmentación de la información y el juego entre lo velado y las apariencias, etcétera.

La separación, el aislamiento o el orden (aparente) se construyen también partir de una jerarquía muy marcada en la que el director del College, el Guía (una especie de orientador vil y abyecto), los profesores y los alumnos se convierten en piezas de un juego repleto de secretos y estrategias en la lucha por el poder. En el edificio, incomunicado de un mundo exterior que se derrumba irremisiblemente, confluyen la historia de Celia, una alumna insatisfecha con la vida en el College, la de Ignacio, un alumno cojo e indefenso del que todos los alumnos se ríen, y la de Isidro Bedragare, un profesor sustituto que irrumpe en la vida del internado y recoge sus impresiones en un diario. En todas ellas se aprecia una violencia soterrada que mantiene al lector en vilo hasta el epílogo, momento en el que “los papeles de García Medrano”, el profesor desaparecido al que sustituye Isidro desvelan el secreto del edificio.

No suelo confiar en los premios literarios, pero debo decir que esta vez han dado en el clavo. Además de la historia, lo que arrastra de Cuatro por cuatro es el manejo del lenguaje. Un estilo peculiar, poético y sugerente, crítico, que ayuda a la creación de ese ambiente tan enrarecido.

De hecho, citaría cada una de las líneas de esta novela, porque es uno de esos libros singulares que una vez leídos nos llevan a pensar: ésta es la novela que a mí me hubiera gustado escribir. Lo bueno es que Sara Mesa existe y que va a seguir escribiendo. Para nosotros. La posibilidad de entrar en el universo de esta autora es un lujo. Créanme, una no encuentra un texto como éste todos los años. No dejen de leerla, háganme caso.

Firma invitada: Uxue

También de Sara Mesa en ULAD: CicatrizMala letra

martes, 5 de febrero de 2013

Sam Savage: Cristal

Idioma original: inglés
Título original: Glass
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

Hasta hace poco tiempo, Sam Savage era un completo desconocido. Hasta que publicó Firmin, bastante entradito en años, y de la noche a la mañana se convirtió en el autor más buscado del momento. Después escribió El lamento del perezoso, que también fue un éxito de crítica y público, y, apenas dos años después, nos ofrece Cristal, una novela que no sólo está a la altura de sus predecesoras, sino que, en mi opinión, las supera.

Savage dedica esta novela a Edna, una mujer a la que le solicitan escribir un prólogo para la reedición de un libro escrito por su marido y que decide, en su lugar, escribir un libro que hable de sí misma. Edna recupera así la costumbre de sentarse frente a la máquina de escribir (pues no era su marido el único escritor de la casa) y mecanografía su vida y su relación con él, mientras se pierde en un remolino de reflexiones, recuerdos y pequeñas acciones del día a día.

A pesar de que en el texto abundan las críticas a Clarence, su marido, lo que en realidad nos está contando Edna es su incapacidad para hacer frente a la soledad en la que vive después de la muerte de éste y cómo su personalidad contradictoria y, en ocasiones, errática nunca acabó de cuajar con el carácter soñador y ambicioso de él.

A través de un largo monólogo tan hipnótico como aparentemente desordenado –como lo son los pensamientos de Edna–, Savage nos muestra a una mujer que no ha tenido una vida feliz –ni siquiera cuando tenía razones para serlo, como ella misma llega a decir–, pero que se siente incapaz –o, quizá, como también ella misma dice, demasiado vieja– de soltar las amarras que la sujetan al pasado. Así, consciente de cómo se marchita día a día, quizá es este texto –esos folios que se amontonan sobre el suelo de su salón– su única oportunidad de rendir cuentas con quien ya no está ahí para leerlo y, quizá, consigo misma.



También de Sam Savage: FirminEl lamento del perezoso.