miércoles, 7 de noviembre de 2018

Kent Haruf: Al final de la tarde

Idioma original: inglés
Título original: Eventide
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz (edición en castellano), Marta Pera (edición en catalán)
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable

Con la trilogía de Holt, de la cual ya reseñamos el primer volumen, Kent Haruf se ganó el reconocimiento de gran parte del público. En esta segunda novela, la historia continua en el punto donde quedó la anterior, y arranca con Victoria, dejando la casa de los hermanos McPheron para irse a vivir sola con su hija y empezar la universidad. Pero la historia sigue transcurriendo en Holt, y sin dejar de lado a Victoria (clara protagonista de la primera parte), nuevos personajes pasan al primer plano de la narración.

Así, fiel a su estilo, Haruf nos sigue llenando las páginas de pequeñas historias, nutriendo de dosis de cotidianidad que van impregnando la lectura y nuestra memoria, estableciendo un vínculo emocional con los personajes por la familiaridad con la que nos son presentados. Con esta premisa, el autor hábilmente recupera algunos de los personajes del primer libro de manera dosificada, introduciendo las pinceladas suficientes de las historias del pasado para que sea fácil recordar donde quedó todo. Es en estos aspectos donde se demuestra el buen hacer de Haruf, en hacerlo fácil, hacerlo simple, pero hacerlo bien, sin fisuras ni lagunas, en una transición entre historias cómoda para el lector.

Comparativamente, y sin cambiar ni un ápice el estilo sobrio, calmado, plácido, de su anterior novela, en esta obra los temas tratados son de mayor calado, más oscuros y más duros; este es el mejor aspecto de este segundo libro, pues el autor profundiza en el conflicto, pero deja en manos del lector toda la carga emocional. Se podría decir que, con la lectura de sus libros, la procesión va por dentro, y es el lector quien decide el nivel de intensidad emocional que quiere añadir a la lectura, pues el autor expone los hechos sin añadir efectismos, sin cargar las tintas, sin ahondar en las heridas. Puede que este aspecto no sea del agrado de todos los lectores y consideren que el libro se quede a medias en lo narrado, pues podría ser más contundente, más explícito; no les faltaría razón, pero, en cualquier caso, es cierto que este estilo es el sello del autor y es uno de los aspectos que gustan de su obra.

Podríamos decir que, en conjunto, esta segunda parte es más regular en cuanto a las historias narradas, pues no hay algunos de los altibajos que sí encontré en la primera parte. En este aspecto, la novela mejora pues todos los personajes tienen su particular punto de interés (independientemente de la historia que les suceda); el autor hace bien en renovar algunos de los personajes de la primera novela, pues algunos no tenían más recorrido y de esta manera de amplía el abanico de temas a tratar (que no desvelaré aquí para mantener el interés del futuro lector). Además, este hecho permite al autor añadir carga emocional, pues los temas que trata son más duros y complejos. En este aspecto la narración hace un decidido paso adelante, pues se aparta ligeramente de ese tono buenista de la primera parte donde el tono que desprendía la novela era de excesiva candidez. En este segundo volumen, los personajes son más oscuros, más humanos, más reales, y da la sensación como si el autor hubiera dejado que la historia madurara hasta llegar a un punto a partir del cual dejar que la historia adquiera tonos más dramáticos, más duros. Así, el autor se decide por, siempre manteniendo el tono pausado y sin proveer detalles escabrosos, introducir algo más de carga emocional y dureza a las historias narradas, y acercarlo más a una realidad a la que solo se acercaba desde cierta distancia. Y se agradece el cambio.

Estamos por tanto delante de un libro que, manteniendo el estilo del primer volumen, mejora en cuanto a las historias narradas, aunque, siendo críticos, también es cierto que la narración aumenta en lentitud, en número de páginas, y esto le va a la contra, pues por el lenguaje siempre correcto y de estilo pausado puede dar la sensación de que el autor pretende alargar la extensión sin motivo aparente que lo justifique. En cualquier caso, el tono calmado es inherente al estilo del autor y acorde al espíritu de la narración, pues se mantiene en armonía con la intención del autor en narrar la cotidianidad de personajes casi anónimos, comunes, como los que podríamos encontrar en un pueblo cualquiera de la Norteamérica rural.

En definitiva, un libro que gustará a aquellos que disfrutaron con «Canción de la llanura», pues, manteniendo el estilo, el autor profundiza en las heridas de la sociedad y, en esa madurez, consigue que sintamos, aún más, el conflicto, las dudas, las injusticias y, también, la solidaridad y el cariño que sus novelas nos ofrecen. Mientras esperamos la tercera entrega, seguiremos en Holt, dejando que sus historias formen parte de nuestros recuerdos.

También de Kent Haruf en ULAD: La canción de la llanura, Bendición, Nosotros en la noche

martes, 6 de noviembre de 2018

Andrea Barrett: La fiebre negra


Idioma original: inglés
Título original: Ship fever
Año de publicación: 1996
Traducción: Magdalena Palmer
Valoración: Entre recomendable y está bien

Curioso libro este, una compilación de relatos que en 1996 se llevó uno de esos premios molones que conceden los norteamericanos y que establece como nexo de unión de todos ellos el protagonismo o, al menos, la referencia a científicos, ya sean reales o ficticios, dedicados a la biología, desde naturalistas del siglo XVIII a modernos bioquímicos. También en casi todos hay un protagonismo o importante presencia de personajes femeninos (supongo que por estas razones se ha puesto en la cubierta de la edición española la foto de una científica... sólo que se trata de la física austríaca Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear y uno de los más escandalosos "olvidos" de posibles premiadas con el Nobel).

No son los únicos puntos en común de los relatos: todos ellos comparten un tono melancólico, un cierto desencanto sobre las vicisitudes y los resultados, rara vez en consonancia con las expectativas, de la existencia humana. Desde la esposa de un profesor universitario que acaba por despreciar a su marido en La carta de Mendel a la segunda mujer de un hombre de negocios que no encuentra su lugar ni en su nueva familia ni en la de origen, de Soroche; del prestigioso científico al que la vejez arrebata los éxitos que puede haber conseguido en su vida -El discípulo inglés- al joven naturalista que intuye que nunca triunfará, de Aves sin patas. Tanto los adúlteros a los que ni siquiera entregarse a una pasión , trastocando la vida de sus respectivas familias, logra salvar de la insatisfacción en La zona litoral, como las hermanas Malburg, del relato con ese mismo título, un par de bioquímicas a medio camino entre el rigor científico y lo inasible de lo arcano, cuyas relaciones familiares resultan bastante desconcertantes (reconozco que es el cuento que me ha gustado menos... demasiados ingredientes en la receta para un gusto tan deslavazado), son ejemplos de una sorda desdicha, más o menos resignada. En realidad, el único cuento que parece conceder algo de esperanza a sus personajes es Rara Avis, donde unas inglesas, en pleno siglo XVIII, deciden mandar al diablo las convenciones sociales y dedicarse a lo que más les gusta, el estudio de la naturaleza, algo en principio vetado para su sexo.

Dejo para el final el último relato, justamente, que da título a todo este volumen y que, en realidad, se trata casi de una novela corta; en mi opinión, es sin duda el mejor de todo el libro. La fiebre negra se refiere al tifus, en este caso a la epidemia de tal enfermedad que tuvo lugar en Canadá en 1847, desencadenada por la afluencia de miles de paupérrimos inmigrantes irlandeses que huían de la hambruna de la patata. La historia está contada desde el punto de vista del joven médico que Quebec Lauchlin Grant y de una de sus pacientes, Nora Kynd y resulta tanto muy lograda en ritmo y estilo como ajustada en intensidad y sensibilidad, sin adoptar, o poco, en el aire desasistido que caracteriza a otros de estos relatos. Una pequeña novela que, además, resulta muy interesante para reflexionar sobre las migraciones y las fronteras, de ahora y de tiempos pasados; su lectura me parece que sería de lo más conveniente para todos aquellos progenitores que han decidido seguir con sus hijos la moda antivacunas de los últimos tiempos. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

Michel Houellebecq: En presencia de Schopenhauer


Idioma original: francés
Título original: En presénce de Schopenhauer
Año de publicación: 2017
Traducción: Joan Riambau
Valoración: insuficiente

Insuficiente.

Porque, sí, los incondicionales del francés huraño estamos famélicos de algo que echarse al gaznate y devoraremos lo que nos echen. Chuscos de pan, migas de pan, el plato rehogado con esas migas de pan, el mantel con los restos, el suelo con lo que se cayó. Pero incluso así una editorial ávida de recibir del público lo que sea (reconocimiento y dinero, por lo general) habría de pensárselo antes que entregar lo que sea.

Insuficiente. Reprise.

Ni siquiera en este texto, primero que se traduce desde que plantara en nuestras narices la espléndida Sumisión, justo en fechas en que aconteció (y nos parece tan lejano) lo de Charlie Hebdo, ni siquiera se ve a Houellebecq cómodo. Como si ese recurrente flash-back que adereza las páginas y que se materializa en recuerdos de toma de contacto con los libros de Schopenhauer, con el ideario del filósofo mediatizara el entorno, Houellebecq escribe demasiado atenazado por la pureza conceptual. No hay lugar para el descarrío en un autor que casi siempre funciona plantando a sus personajes como componentes del mundo que analiza, esa proyección fuera del escenario (fuera del territorio) acaba encorsetando e inhibiendo al Houellebecq polémico que aquí apenas asoma, con la excepción de un par de tópicos masculinos, que no machistas, oculto tras una necesidad algo forzada de mostrarse didáctico.

Insuficiente. Argumentos de calidad-precio.

Aunque sea lo que uno se va a gastar en el último gin-tonic (el que ya sienta mal), esos 8 euros del libro están mal invertidos. Entre prefacio y extractos de Schopenhauer (aunque sean traducción propia de Houellebecq), pequeño formato del libro (o cuaderno) aquí hay apenas veinte páginas reales de texto del genio. Menos que muchos artículos de los que contiene su obra de ensayo y, lamentablemente, enormemente anclados en un aspecto metafísico que, insisto, el escritor francés emplea mejor como telón de fondo del que el lector extrae conclusiones que como extracto puro de teoría que a algunos se (nos) puede indigestar.

Insuficiente. El alumno se arrodilla ante el maestro.

Comprendo a Houellebecq en su enorme respeto hacia Schopenhauer. Aunque he de reconocer no haber leído nada del filósofo alemán. Pero veo al francés tan comedido, tan admirativo y despojado de acidez crítica, tan escorado hacia cierta reverencia incondicional, que a  veces no lo reconozco

Insuficiente. Ficción, queremos ficción.

Eso. Con la vida resuelta como debe estar, aunque con 60 años en plena madurez personal, siempre existe el riesgo de que se le vaya la pinza y, en vez de desaparecer, haga algo como dejar de publicar o apuntarse a algún gimnasio. Por lo cual se lo imploro, en mi nombre, en el de algún otro de los integrantes del blog, en el de su grupo de admiradores constantes o puntuales. Vuelve a tus personajes, a tus tramas difíciles pero posibles, a tus hipérboles que nos hielan el aliento, a tu sensación de aislamiento que puede romperse de cualquier mala manera. Por favor. Vive y escribe, Michel. Vive y escribe.

Un montón de libros de Houellebecq AQUÍ

domingo, 4 de noviembre de 2018

Contrarreseña: El club de los mentirosos, de Mary Karr


Resultado de imagen de el club de los mentirosos amazonIdioma original: inglés
Título original: The Liars’ Club
Año de publicación: 1995
Valoración: Pionero y valiente




“Una familia disfuncional es toda aquella con más de un miembro”
Mary Karr (en entrevista con Kiko Amat – La Vanguardia, 2017)

No me cabe duda de que esta autobiografía novelada habrá levantado algunas ronchas. Incluso ahora, más aún cuando se publicó, hace más de veinte años. Después de todo, se trata de una mujer que desmitifica las sacrosantas relaciones familiares. Principalmente, porque no es un ejercicio de cotilleo –ocupación que suele suscitar benevolencia– sino un testimonio de primera mano de cuyo desarrollo la autora forma parte activa.  Pero cuando se ha vivido envuelta en maledicencia, la catarsis bien merece tal ejercicio de audacia.
Entendámonos. Si vas a desnudarte por dentro, mejor hacerlo con gracia. Y Karr parece aplicárselo: es más que evidente su soltura narrando los episodios más escabrosos, el descaro de quien viene de vuelta, su decidida iconoclastia, productos todos ellos de una personalidad más que potente. Quien espere encontrarse con la entrañable crónica familiar de una muchachita tejana recibirá una tremenda bofetada. Aquí no se salva nadie. Padres, hermana, abuela, ella misma, sus convecinos, y hasta la particular fealdad de su pueblo, se enfrentan al despiadado foco de unos recuerdos que nos parecerán caricaturescos a veces. Es lo que suele ocurrir cuando se intenta retratar fielmente y sin complejos una realidad cualquiera, con sus deformidades y rasgos menos fotogénicos, obteniendo a cambio la satisfacción de haber llamado a cada cosa por su nombre.
No se trata, sin embargo, de una narración descarnada y áspera. Abundan también las escenas bucólicas y los momentos entrañables. Sobre todo cuando Karr enfoca a ese grupo de hombres curtidos por el trabajo (el denominado club de los mentirosos) que celebran sin rechistar las dudosas confesiones del padre. Y es que –parece decirnos– para disfrutar como es debido de estas pretendidas memorias solo hay que concentrarse en lo que se narra, sin cuestionar su veracidad. (Ejercicio metaliterario que, de paso, advierte a los lectores de la escasa fiabilidad de los recuerdos y de que todo escritor puede fabular con entera libertad y permitirse las licencias oportunas.)
Mary Karr es una gran creadora de ambientes, se puede jactar de haber ejecutado algunas escenas verdaderamente memorables, es capaz de reflejar el punto de vista de un niño con verdadera convicción, pero quizá tiende a extenderse más de la cuenta. Por otra parte, el tono desenfadado –cuyas notas épicas son claramente deudoras del  western– resta dramatismo a los hechos, aportando en ocasiones un efecto intrascendente más propio de un producto juvenil que de una novela realista con contenidos tan amargos. También contribuyen a ello la foto de portada y el título.
Con todo, el gran mérito de El club de los mentirosos estriba en la atinada caracterización de cada miembro de la familia, con sus cualidades y defectos. En particular, destaco la figura de Charlie. Ella en absoluto constituye un ejemplo de maternidad abnegada y laboriosa que nunca piensa en sí misma, pero eso la convierte en individuo. No es un mero espejo de los suyos, tiene personalidad propia y asume su carga de deseos, frustraciones y dolor. Es cierto que muestra igual rebeldía, carácter depresivo y nula resistencia a adicciones que el resto, pero también idéntica creatividad, fantasía, talante luchador y un amor infinito por la prole que le tocó en suerte. A pesar de tantas irregularidades, se ha ganado el respeto y cariño de su gente. Y la autora no la mantiene en segundo plano sino que le adjudica un papel de lo más relevante. Teniendo en cuenta que en la literatura canónica no había rastro de modelos para tal cosa y que hubo que abrir camino a machetazos, habrá que reconocerlo sin tapujos.
He calificado esta obra de valiente. Incluso ahora, pero más aún veintitrés años atrás, debía hacer falta mucho de eso para presentar al público un personaje así, y más tratándose de la propia madre.
Si quisiera clasificar esta novela utilizaría una expresión muy trillada pero cambiándole radicalmente el sentido. Incluso me atrevería a afirmar que quien haya tenido la paciencia de llegar hasta el final no podrá contradecirme: esta es una novela de amor con todas las letras, y lo es de una forma mucho más real, profunda y descarnada que esos productos sensibleros que se limitan a repetir tópicos. Quien conmueve de veras es esa Mary Karr de las últimas páginas recogiendo angustiada los pedazos rotos de sus orígenes e intentándolos pegar a duras penas. El argumento entero es una metáfora de la rebeldía que suscita tanta exigencia de perfección a las mujeres, pero sobre todo el prolongado desenlace –muy superior al resto, pues con su estilo reflexivo y depurado completa el sentido de todo lo anterior– me ha parecido magnífico, un broche perfecto de una historia demasiado veraz e incómoda para mentalidades aferradas a lo conveniente.


Más información sobre El club de los mentirosos en Un libro al día, aquí.

sábado, 3 de noviembre de 2018

José María Arguedas: El zorro de arriba y el zorro de abajo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1971
Valoración: Muy recomendable

La contundencia de una primera frase como "En abril de 1966, hace ya algo más de dos años, intenté suicidarme" hace presagiar una autobiografía oscura o turbia, pero "El zorro de arriba y el zorro de abajo" es algo mucho más complejo. Escrito en 1969 y publicado tras la muerte de Arguedas, se trata de un libro absolutamente rompedor, innovador y original que consta de tres vertientes (realidad, ficción y mito) interrelacionadas.

Estructuralmente, en "los zorros" se alternan los diarios personales del escritor, la ficcionalización de la grotesca y esperpéntica ciudad de Chimbote y una serie de diálogos de carácter mítico entre el zorro de arriba y el zorro de abajo. 

Los diarios de Arguedas, que por momentos traen a la mente "El oficio de vivir" de Pavese, muestran un hombre en descomposición que habla de su desesperación y de sus intentos de suicidio, pero también de la función de la literatura o del propio proceso de escritura de "los zorros". Se trata, en resumen, de unos diarios a medio camino entre la confesión personal y el texto metaliterario.

Así como los diarios son el reflejo de un hombre en descomposición, la parte novelada es la historia de una sociedad en crisis. Esta parte ficcional, novela inconclusa que contiene el germen de una obra mucho más vasta, narra los conflictos socales, económicos y culturales que tienen lugar en Chimbote, el mayor puerto pesquero del Perú, en una época de pleno auge económico. Se trata de una novela realista (me recuerda por momentos a la magnífica "Tiempo de silencio") que presenta un variado hormiguero de hombres y destinos, pero siempre dando voz a los que normalmente no la tienen (cholos, serranos, mestizos..., lo que vendría a ser la "gente de arriba"). El centro de la novela radica en la pérdida de identidad social y cultural, de costumbres y tradiciones, que la modernidad y el capitalismo salvaje provocan en la "gente de arriba" llegada a Chimbote en busca de una vida mejor. Buena muestra de esos conflictos y pérdidas son los casi desesperados intentos de integración de "la gente de arriba" siguiendo patrones de conducta de los costeños (la gente "de abajo"), muchas veces impulsados por los propios patronos con sus técnicas de dominación cultural y económica (mafias, infiltrados en sindicatos, prostíbulos...).

Destaca en esta parte novelada la voz que Arguedas da a la gente "de arriba". No hay adornos, los cholos y los serranos hablan como tienen que hablar, con un léxico plagado de "motes" (palabras o frases castellanas pronunciadas erróneamente) y de vocablos quechuas, lo que, pese a entorpecer la lectura para un lector europeo (o incluso de otras zonas de Latinoamérica), otorga gran credibilidad al relato y refuerza la sensación de desarraigo de esas gentes.

Por último, la parte mítica del libro es la más breve. En ella, los dos mitades del Perú (costa y sierra, arriba y abajo) dialogan en busca de una esperanza de entendimiento entre ambas.

Resumiendo, "El zorro de arriba y el zorro de abajo" ha supuesto para mi el descubrimiento de otro autor al que el boom relegó a un segundo (o tercer) plano olvidado y de una obra sumamente compleja (y complicada por momentos), ambiciosa y original que es, además, un ejercicio de cruda realidad para los lectores alejados de los territorios en los que se desarrolla la novela. Y es que esta vez las gentes "de arriba" no son elementos folklóricos ni exóticos, sino seres de carne y hueso enfrentados a terribles contradicciones expuestas por Arguedas en toda su crudeza y verosimilitud.

También de José María Arguedas en ULAD: El Sexto

viernes, 2 de noviembre de 2018

Reseña a cuatro manos: Quedan los huesos de Jesmyn Ward

Resultado de imagen de quedan los huesos amazonIdioma original: inglés
Título original: Salvage the Bones
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

“Quedan los huesos" –un retrato más de la "Norteamérica profunda" que leeremos con el corazón encogido– narra la historia de una familia afroamericana de la zona de los pantanos de Louisiana en los días previos y posteriores a la llegada del huracán Katrina. Una familia profundamente afectada por sus "circunstancias socio-económicas", por un entorno marcado por la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia, larvada o explícita, en sus más variadas formas.

Esta es solo la segunda novela de Ward y se nota. Porque se ajusta demasiado a los cánones, acumula sucesos relevantes en un tiempo record y porque tanto academicismo, en lugar de redondear, cierra artificialmente el relato. No obstante, obtuvo, ni más ni menos, el National Book Award en 2011. Lo malo (no para Ward, obviamente) es que este tipo de premios generan en los lectores una serie de expectativas que no siempre se cumplen. Este puede haber sido el caso de esta novela, que nos ha parecido un buen libro, aunque algo irregular.

En el  haber de Ward hay que anotar que demuestra gran capacidad de observación y que sin ser demasiado explícita, solo a base de insinuaciones, consigue crear un contexto convincente. También nos parece un gran acierto otorgar voz a aquellos que habitualmente permanecen silenciados y olvidados: mujeres y negros pobres. La elección del personaje que narra los hechos es de lo más certera. Quien nos cuenta la historia es Esch, una adolescente de 15 años que es, en nuestra opinión, un muy buen personaje (eso sí, no nos queda claro si su estilo entrecortado se debe a inseguridad narrativa o se ajusta perfectamente a la inmadurez del personaje). Se trata del personaje más complejo de toda la novela y, al mismo tiempo, del más trabajado. Su relato condensa lo ocurrido a lo largo de doce días a base de ir montando, como en un puzzle, las diferentes historias de los miembros de la familia (su padre y sus hermanos Skeetah, Randall y Junior).

Desde que perdieron a su madre cuando solo tenía ocho años, Esch ha quedado a cargo de la cocina y comparte con su hermano mayor algunas labores domésticas, pero se ha criado como un chico más. A pesar de cierta ingenuidad y de un romanticismo alimentado por su afición a la mitología, durante la mayor parte de la trama no se percibe diferente del resto. La figura femenina de ese hogar no tiene, pues, rostro humano. Se trata de China, la perra de pelea a quien otro de los hermanos mayores –y el propio relato a veces– trata como si fuese una persona. Ella es quien pare, alimenta y hasta trabaja por la subsistencia de sus retoños y para el (exiguo) lucro de su único amo: Skeetah. China, además, es símbolo de esperanza, la responsable del, más o menos fundado, horizonte de prosperidad que generan sus eventuales triunfos. Gracias a ellos, su dueño pretende lograr una dignidad que aún no conoce y que le elevará a la categoría de persona. Incluso, y sin exagerar demasiado, podríamos decir que la perra es más persona que el resto de la familia. Ella representa la belleza en medio de un entorno mísero. Se la cuida y limpia con esmero, su blancura es inmaculada –algo que no vemos en los humanos que la rodean– se atiende a sus menores necesidades y deseos, se la dota de majestad y dignidad.

El resto del reparto aparece más desdibujado, aunque con papeles de distinta relevancia. Nos encontramos, desde luego, en un mundo de hombres. La reducida vida social de los personajes viene marcada por las amistades de los dos hermanos mayores, solo al final de la novela aparece una madre (sin personalidad definida, pero se intuye resolutiva y bondadosa) cuya función, como no podía ser de otro modo, es meramente protectora y nutricia. Alguna de esas historias (sobre todo la de Skeetah, algo menos la del Padre y Randall) poseerían por sí solas potencia suficiente como para ser casi novelas independientes. El problema, para nosotros, está en su acoplamiento final.

Y es que no acaba de convencernos la conexión entre las dos partes de la novela: la anterior y la posterior a la llegada del huracán. Da la impresión de que esas historias, que tan bien podrían funcionar por separado, no acaban de cerrar del todo bien. Y es que lo que en un primer momento es un retrato demoledor pero incompleto (después lo explicamos) de la "Norteamérica profunda" acaba convirtiéndose en una historia más convencional de redención con un final, para mi gusto, demasiado hollywoodiense.

Decimos incompleto por dos motivos: el primero sería la ausencia de perspectiva de clase (la perspectiva racial creo que es incompleta para explicar la situación de la familia) y el segundo es una "poética de la miseria" en cierta forma idealizadora que no acaba de convencernos. El único mundo que conocen los personajes es ese Hoyo en el que habitan y las localidades que lo rodean. Ignoran lo que hay más allá y el mundo les ignora a ellos. Ni siquiera sus modestas infracciones entrañan consecuencias. Son pobres, poco instruidos, negros. Integran una sociedad en equilibrio inestable que, en paralelo con la vida de la protagonista, avanza sin sospecharlo hacia su ruina.

Resumiendo, “Quedan los huesos” es una crónica de la derrota. También una descripción de la inocencia y de su pérdida, producida tan bruscamente como suele en la vida real. Pese a todo, creemos que es una novela más que interesante de una autora que promete. Habrá que seguirle la pista.

También de Jesmyn Ward en ULAD: La canción de los vivos y los muertos

Firmado: Koldo y Montuenga

jueves, 1 de noviembre de 2018

Biblio-Necrophiliac Quiz 2018:


¡Feliz día de Todos los Santos y, mañana, día de los Fieles Difuntos a todo el mundo! Sabemos que muchos de nuestros lectores son unos empedernidos necrófi... bibliófilos y, sin duda, más de uno aprovecha sus vacaciones para visitar el Pére Lachaise, la abadía de Westminster o, aunque sea, el cementerio de La Almudena (vale, o La Recoleta), en busca de las tumbas de sus autores favoritos. Bueno, tampoco hace falta ser tan friki: en los suplementos literarios y en los blogs abundan, y más en estas fechas, los reportajes sobre los sepulcros de muchos escritores y escritoras que han honrado a nuestra especie con su presencia y obra (incluso el escritor holandés Cees Nooteboom escribió el libro Tumbas de poetas y pensadores). ¡Veamos si tanta información nos ha aprovechado realizando este rápido y divertido test, nuestro Biblio-Necrophiliac Quiz, sobre las últimas moradas de algunos/as muy insignes literatos/as!


Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).

Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )

1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf

2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos

3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith

4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway

5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges

6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin

7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos

8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda

9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson

10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...

Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:

11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo

Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:



Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas: 
1-C/  2-B/  3-A/  4-A/  5-D/  6- C/ 7-D/  8-A/  9-A/  10-D/  11-B/

Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea.  O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
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