lunes, 25 de febrero de 2013

José Ovejero: La ética de la crueldad

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Salvo ciertos artículos de Franzen, y los inclasificables desvaríos de Foster Wallace, debo reconocer ser muy poco dado a la lectura de ensayos. Una cuestión meramente personal, pero que excelentes libros como este deberán hacerme replantear. Unas 200 páginas en las que se hace un dinámico, pero profundo estudio de la crueldad como elemento central o ingrediente principal en muchos de los actos de mayor arraigo en la cultura occidental. Con un lógico énfasis en lo que afecta al panorama español, nacionalidad de su autor, sin que se omitan aspectos que se encuentran tan incrustados en los usos y costumbres que, para vergüenza propia y común, rara vez caemos en lo perverso de su naturaleza.
Desprovisto de intenciones dogmáticas, Ovejero avanza descubriendo todas las facetas en las que la crueldad se manifiesta, sin perder de vista las situaciones en las que ésta es mostrada de manera cruda y contundente para conseguir ciertos fines. Su exhaustivo repaso se detiene en la obra de escritores, cineastas, artistas plásticos, como ejemplos de los experimentos visuales y físicos en que se pone a prueba ya no la resistencia del público o del usuario sino su curiosa actitud ante no el hecho cruel en sí mismo sino la valoración o la reprobación social que este provoca en función de la situación en que se produce. En la parte final del libro, analiza con rigor y perspectiva siete libros caracterizados por el uso de la crueldad en diversos niveles. Cómo valoramos de forma distinta un malo que salta en pedazos, en medio de una película de acción, que un animal que sufre en medio de una escena de National Geographic. El ejemplo no es del libro, sino mío al azar. Ensayos como La ética de la crueldad no son parrafadas de conceptos difícilmente asumibles entre referencias plagadas de notas, sólo comprensibles por iniciados. Este libro, por ejemplo, es una estupenda y culturalmente alimenticia guía, completamente contemporánea, por casos significativos, cotidianos, anclados en nuestra herencia histórica, ante los que es difícil reparar a la primera.
Merecido Premio Anagrama de Ensayo 2012: un estirón de orejas personal pues no sólo las situaciones y circunstancias de nuestros personajes de ficción constituyen analogías o metáforas de las que aprender y sacar conclusiones.
Cualquiera mínimamente interesado en cualquier manifestación cultural, no solo la literaria, disfrutará a lo grande con este libro. No solo eso, cuando acabe con él, saldrá en busca de muchas de las referencias que en él se citan.

Otros libros de José Ovejero en ULADEscritores delincuentes Humo

domingo, 24 de febrero de 2013

Izaskun Gracia: Artikoa/Ártica


Idioma original: euskera y español (edición bilingüe) 
Título original: Artikoa/ Ártica
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Imprescindible

Tras apostar por autores como Raúl Zurita, Valerie Mejer, Andrés Fisher o Reynaldo Jiménez, la editorial Amargord ha acertado una vez más con la edición bilingüe Artikoa/ Ártica de Izaskun Gracia Quintana (Bilbao, 1977). Por un lado, por presentar, tal y como indica Pello Otxoteko en el prólogo a la obra, este grito silente que nace de la ruptura profunda y llega a la fragilidad de la belleza, consiguiendo en el camino, poco a poco, sacudir el equilibrio del lector. Y, por otro, por decantarse por un proyecto tan interesante como el de la edición bilingüe. En una nota al final del libro, la escritora explica que algunos poemas de este libro aparecieron en euskera; otros, en castellano. Poco a poco, todos acabaron entremezclándose. En este sentido, es llamativo el equilibrio que se da entre español y euskera, ya que, independientemente de la lengua en que se conciba y lea el texto, la voz poética es una, pura, y esto es muy difícil de lograr en el caso de escritura bilingüe.

Artikoa / Ártica encierra una poesía de la carencia, de la búsqueda y del desasosiego generado ante la perspectiva de que nada parece cambiar. Una poesía que se trastormenta y vuelve a nacer o se cose al cielo para dar rienda suelta a las ansias de volar. Para ello, la poeta hace uso de un lenguaje depurado y de una estructura muy meditada que ya se advirtiera en poemarios anteriores como fuegos fatuos (accésit en el certamen poético Centro Juvenil Latina, 2003), eleak eta beleak (XVII Premio de Poesía Ernestina de Champourcín, 2007) o saco de humos (XIX Premio de Poesía Villa de Aranda, 2010). La obra no incluye una estructura inicio-núcleo-desenlace. Sin embargo, la disposición de los poemas, de cada una de las palabras, los espacios o los silencios es precisa. Nada sobra. Nada falta. Nos hallamos ante una poesía exacta, tensa, donde la autora templa el verso y da a luz una obra perfecta. Cerrada.

El mundo conocido comprime y cerca, pero Izaskun Gracia se acerca a la grieta y observa, analiza. Calla. Bosqueja paisajes en los que sobrevuela héroes agotados, ventanas cegadas, cuerpos de los niños muertos que yacen bajo una higuera, se pierde, el vuelo se detiene en un templo, dios la llora y el cuerpo cae en astillas. Tras poner en duda todo lo aprendido,  entiende el relámpago, embiste la tormenta a través de los ríos que parten de ella y, acuática y silente, abandona sus apóstoles, arde los templos y, a falta de dios, busca en sus muertos la respuesta a sus nombres. Reconstruye. Acto seguido, deshace telares y ocupa entonces el cuerpo en otro compás que trastormenta y dirige sus pasos sin agua. Porque, al fin y al cabo,  no vale la pena agotarse […] que el momento ha llegado y por nada luchar vale ya/ la pena.

No todo es su decir. También está aquello que calla, la sugerencia, el juego de la ambivalencia que introduce valiéndose de la ausencia de puntuación y de una exactitud y concisión admirables en el manejo de la palabra. Versos de una voz poética luminosa que ha visto mucho y que a veces se duele (min ematen dit munduak/ eta ulertzen ez dudan bizitzak/ y tus intentos por volvernos habitables en una tierra que nos/ regurgita impasible mientrasla piel se cubre de/ cicatrices a medida que pasa el tiempo) y, sin embargo, se empeña, terca, en encontrar el norte en mitad de una avenida gélida, ártica, que cubre la piel de cicatrices y que la voz recorre una y otra vez con el fin de no olvidar quién es, con el fin de encontrar más postigos con los que cegar todas las ventanas para, sabiéndose exiliada, dejar la estancia sin resquicio de su vuelta y evitar así la tentación de volverse atrás: han de cambiar los pasos, advierte la poeta, porque adelante ya no es un/ sentido/ el norte desaparece de los mapas que aterida dibujó la/ consciencia/ y en el proceso queda la duda que no desaparece/ sempiterna e innata como el sabor de la piel hasta la muerte/ o hasta volver a la tierra siendo ya polvo años después de/ haber muerto.

Así como existe un movimiento punk, una generación ni-ni o un grupo de poetas gafapasta obsesionados con lo postmo, debería existir una generación izaskungracia que declamara sus versos por la calle, que declamara por ejemplo eta erbesteak beste lur batean esnatu ninduen hegalditik/ non gorputza ez zen egin jausteko baizik eta ezpalak/ eta orduek ez zuten itxaron gu prest egon arte, o que se tatuara enredé en catálogos de imposturas y hallé la adecuada/ alumbré otro cuerpo y salí/ y el mundo se abrió calle e incertidumbre de mañana a la altura del tobillo o en las corvas, que escribiera en las paredes

sakrifizioan irekita larrugorritu nintzen               me desnudé abierta en sacrificio
husturik                                                                 vaciada
eta poliki-poliki ez daukadanak bihurtu               y poco a poco lo que carezco
ninduen harresi]                                                   me volvió muralla]


Y entonces, el mundo sería más habitable.

También de Izaskun Gracia en ULAD: Crónicas del encierro

sábado, 23 de febrero de 2013

Stanislaw Lem: Fiasco

Título original: Fiasko

Idioma original: polaco

Año de publicación: 1987

Valoración: Muy recomendable



En las novelas de Stanislaw Lem, lo de menos es el género. Su mayor acierto, y a pesar del enorme entramado que construye a veces, radica en la verosimilitud, independientemente de si encaja o no en las coordenadas del mundo real tal como lo conocemos, porque es la coherencia entre elementos lo que le hace literariamente creíble. En este caso además, aunque se trate de ciencia ficción, el comportamiento de los personajes recuerda tristemente al de los terrícolas de todos los tiempos.

El argumento gira en torno a tres ingredientes: saltos temporales, dilemas éticos y especulaciones científicas. La acción comienza en siglo XXII, en Titán, satélite de Saturno –aunque enseguida se produce una fractura de casi dos siglos para continuar en un cohete, el Eurídice y, más tarde, en un apéndice de este, el Hermes– y atañe a campos científicos diversos. Se describe la estructura de las naves, la personalidad de los ordenadores que las gestionan, en particular del denominado irónicamente DEUS, bajo cuya responsabilidad se encuentra la tripulación, y cuyos procesos mentales, y hasta emotivos, se acercan tanto a los humanos que da miedo. A medio camino entre filosofía y ciencia, se muestran las similitudes y diferencias entre hombre y máquina:
La única diferencia real entre un hombre nacido de un padre y una madre y una máquina perfectamente humanizada sería el material de que estaban hechos: vivo y no vivo. El autómata humanizado sería tan listo –pero también tan inseguro, tan falible, tan esclavo de sus emociones– como un hombre”(*)
Sin olvidar las descripciones de la ruta del Hermes, su funcionamiento, las decisiones del capitán y los técnicos basándose en complicados razonamientos futuristas, las deducciones sobre el tipo de civilización del planeta Quinta y la fase técnica en que se encuentra, las persecuciones y batallas que tienen lugar en el espacio, la destrucción de su luna, o la detallada (pero críptica) imagen que uno de los pilotos ve al aterrizar.

Un curioso procedimiento para añadir realismo al conjunto consiste en enumerar errores humanos, indecisión, consecuencias no previstas, confusiones, rectificaciones, olvidos, fallos técnicos. Se diría que en el género estos no existiesen, que el futuro se presentase como un todo perfecto donde los aparatos no se estropean y nadie se equivoca jamás. Pero, sabemos por experiencia que eso no sucederá nunca. Poco a poco, nos vemos envueltos en una red de explicaciones que demuestran la sólida formación del autor, tanto en el campo de la física como de otras muchas disciplinas. La imaginación más calenturienta se alía con ellas de tal forma que resulta imposible separar una de otras salvo que uno sea también científico.

En lo que respecta a los avances médicos, podemos ver cómo se criogeniza y posteriormente se resucita a algunos personajes; en otros se induce el sueño para que puedan sobrevivir a velocidades que superan la del sonido. Lem lo explica así:

"Los técnicos del Eurídice, con los biólogos Davis y Vahradian, estaban ya durmiendo a la tripulación del Hermes –su sueño duraría muchos años– pero sin congelación ni hibernación. Se les sometía a embrionización, un proceso en el cual la persona regresaba a la forma de vida anterior al nacimiento, a una existencia fetal, o por lo menos asombrosamente parecida a ésta: sin respiración, bajo el agua." (*)

El protagonista, llegado de siglos atrás, ha de adaptarse a unos compañeros y a un tiempo que no le corresponden. En un principio, se siente ajeno a todo, solo cuando le es encomendada una misión importante consigue sentirse útil e integrarse. Este es el argumento utilizado por Parvis/Tempe para convencer al capitán de que debe formar parte de la expedición que se dirigirá a Quinta: “Al parecer a mí me gusta el peligro. De no ser así, llevaría unos doscientos años debajo de una lápida en la Tierra, porque habría muerto en la cama rodeado de una apenada familia”. (*). La combinación de cuestiones filosóficas y psicológicas, produce paradojas así.

Se multiplican los conflictos éticos bajo la atenta mirada del sacerdote. Este ha de adoptar un rol algo incómodo: velar porque se adopten las decisiones correctas manteniéndose neutral a la vez. Sin ir más lejos, la elección entre dos resurrecciones posibles, pero, fundamentalmente, su fallido intento de mediación en el angustioso proceso durante el cual los tripulantes del Hermes van eliminando los escrúpulos iniciales para dar prioridad a su testarudo propósito de conocer de primera mano la hermética civilización de Quinta. A pesar de la radical negativa de esta y arrastrados por la fuerza de los acontecimientos, se valen de las tretas necesarias para imponerse a ella, incluyendo la progresiva escalada de violencia, durante la cual, no solo los protagonistas, ni siquiera el lector logra calibrar la tremenda injusticia que se está cometiendo con los quintanos. Hasta el enigmático e inesperado desenlace, que justifica perfectamente el título.
(*) Traductora: Maribel de Juan

viernes, 22 de febrero de 2013

John Steinbeck: Los vagabundos de la cosecha

Idioma original: Inglés
Título original: The Harvest Gypsies
Año de publicación: 1936
Traducción: Marta Alcaraz
Valoración: imprescindible

Reconozco que esta es mi primera lectura de Steinbeck. Que el año de publicación de este libro es, casi, aquel en que deja de sentirse cómoda mi filia absoluta por los autores contemporáneos. Y que la lectura de libros como éste me hacen replantear esta inexplicable aversión. Aunque este libro no sea lo que se dice una lectura agradable, y menos hoy en día.
Los vagabundos de la cosecha es un extenso reportaje periodístico, que en la cuidada edición de Libros del Asteroide se acompaña de un largo, pero justificado prólogo y de un reportaje fotográfico con impactantes imágenes. Aunque el impacto real proviene del texto de Steinbeck, una crónica fiel e implacable que nos desliza rápidamente por las simas de la necesidad extrema. Trata del flujo de granjeros que, al perder sus cosechas y sus posesiones en los años 30, la Gran Depresión, tuvo que aventurarse hacia el estado de California, para poder subsistir como temporeros: unos 150.000 americanos alojados prácticamente en las riberas de los riachuelos y en precarias chabolas en los márgenes de las carreteras del estado. Una marea humana acuciada por la miseria y la necesidad más absoluta. Steinbeck habla de sus duras condiciones de vida, de las circunstancias que les han llevado a esas difíciles circunstancias, habla con un estilo directo y objetivo (aunque no deja de exponer bien clara su percepción de la situación) y no repara en ejemplos que, no por la frialdad de su objetiva exposición, pierden su condición de escalofriantes. Y, por supuesto, esa frialdad no excluye la denuncia: cómo los que contratan a los temporeros los hacen acudir en masa para forzar los salarios a la baja, cómo impiden que éstos se organicen en defensa de sus derechos, cómo instauran una doble moral de necesidad de esa fuerza laboral y rechazo una vez es usada. Todo un tratado preocupantemente adaptable a los tiempos que corren.
Como he dicho, ésta es mi primera lectura de Steinbeck. Me merezco ser recriminado por ello. Más adelante, seguro, caerá alguno de sus tres títulos más célebres, todos reseñados ya en Unlibroaldía. No sé si en esta crónica está la semilla de algunos de ellos. Sugiere el prólogo que sí: de hecho el prólogo se titula El fantasma de Tom Joad, en alusión al protagonista de Las uvas de la ira. Puede que en estas crónicas duras y descarnadas esté también el origen del periodismo literario de Capote o de Kapuscinski. Mucho habría que agradecerle entonces a Steinbeck. Pero nada más fiel a la descripción  de su importancia que el ejemplo de este último párrafo del libro: contundente, pero esperanzado.

Los nuevos emigrantes de la Dust Bowl han llegado a California para quedarse. Son buenos americanos, hábiles, inteligentes y, cuando se les concede una oportunidad, socialmente responsables. Condenarlos al hambre e intimidarlos hasta la desesperación no dará resultado. Pueden ser ciudadanos ejemplares, pero también pueden convertirse en un ejército espoleado por el sufrimiento y el odio que termine tomando por la fuerza aquello que necesita. De cómo los tratemos en el futuro dependerá el rumbo que se vean obligados a tomar.

También de John Steinbeck en Unlibroaldía
Al este del Edén, De ratones y hombres, Las uvas de la ira, La perla

jueves, 21 de febrero de 2013

Brecht Evens: Un lugar equivocado

Idioma original: neerlandés
Título original: Ergens waar je niet wil zijn
Año de publicación: 2009
Valoración: muy recomendable


Seguro que todos los lectores, en algún momento de su vida, han oído este dicho: "Hay quien nace con estrella y quien nace estrellado". Sin ponerme a discutir si esto es verdad o mentira, sí puedo afirmar que es la base sobre la que Brecht Evens construye Un lugar equivocado, un conjunto de tres historias relacionadas entre sí en las que el autor analiza tres tipos de personalidad.

En la primera historia, el autor nos lleva a casa de Gary, un hombrecillo tímido y gris que organiza una fiesta para sus amigos y compañeros de estudios, que aceptan su invitación pensando que también acudirá un tal Robbie. Pero las horas pasan y no parece que Robbie se vaya a pasar, y la impaciencia y las pocas ganas de estar en compañía del anfitrión harán mella en todos los que allí se han reunido.

En la segunda historia le seguimos la pista a Naomi, una chica tímida que acude a la discoteca donde suele estar Robbie, con la esperanza de encontrarlo. Y vaya si lo encuentra. Éste –el típico joven atractivo y encantador, el alma de toda fiesta, al que adoran todas las mujeres y al que quieren emular todos los hombres– hará que Naomi viva la mejor noche de su vida, aunque el desenlace de la misma no sea el que ella había esperado.

En la tercera historia vemos a Gary y Robbie en la discoteca, manteniendo una conversación acerca de lo que les habría gustado hacer con su vida y del lugar al que finalmente han llegado. Aquí veremos cuán diferentes son ambos personajes y cómo ni sus destinos ni sus realidades podrán nunca compararse.

Si bien los tres personajes son claramente arquetípicos, el autor consigue que cumplan su objetivo y los tres episodios en los que se nos presentan hablan de las relaciones (de todo tipo) hoy en día, del interés, de la esperanza en el futuro, de las dificultades sociales, de lo efímero de lo importante... a lo que ayuda, en gran medida, el excelente grafismo que acompaña a la historia.

Olvidando la estructura característica del cómic (viñetas y bocadillos), Evens realiza un excelente trabajo (no en vano esta obra fue galardonada con el Premio a la Audacia en el festival de Angoulême) a base de grandes escenarios en los que nos encontramos varios focos de atención, diferentes escenas que se desarrollan a la vez, elaboradas en acuarela, donde los colores adquieren tanta importancia como los dibujos y las palabras (por ejemplo, el autor usa el azul para Robbie, el rojo para Naomi y el gris para Gary; tanto en los personajes como en sus diálogos), y se crea un código visual realmente impactante.

Estamos, sin duda, ante un autor al que hay que seguir de cerca, pues estoy segura de que aún le queda mucho –y aún mejor– trabajo por enseñar.

También de Brecht Evens en ULAD: Los entusiastas

miércoles, 20 de febrero de 2013

Nicole Krauss: La gran casa

Idioma original: inglés
Título original: Great house
Año de publicación: 2012
Traducción: Rita Da Costa
Valoración: recomendable

Nicole Krauss forma parte de una nueva generación de autores americanos que aún no han cumplido los 40 años: con lo cual ya hablamos no sólo de una generación, la de los Ford, Roth, DeLillo, que queda atrás, sino incluso la de Franzen o Louise Erdrich, que empieza a atisbar sus sucesores.
Porque Krauss es una autora sumamente brillante: un estilo impecable, minucioso y elaborado pero de lectura muy estimulante, y un encaje de tramas que delata un fructífero trabajo previo en su obra. La gran casa llega cinco años más tarde de su brillante La historia del amory el recibimiento general crítico indica que este es un libro aún mejor.

De estructura algo compleja, Krauss muestra en esta obra a personajes en distintos momentos de sus vidas, todas ellas relacionadas por la existencia de un elemento común: la posesión, en algún momento, de un mueble, un viejo escritorio lleno de cajones, que pasa de mano en mano, que viaja de continente en continente. Este protagonista inerte de la acción, y sus desplazamientos, acarrean consigo un misterio hacia cuya resolución parece precipitarse el libro. Pero el camino hacia ello está plagado de personajes y de torrente imaginativo. Las historias de sus sucesivos tenedores, los eslabones de la cadena que los une a través del tiempo, esa especie de sensación de custodia colectiva. La portentosa labor de construcción de los personajes, el desplazamiento de la figura del narrador, ahora un viudo a la búsqueda del secreto de su esposa, ahora una joven universitaria en medio de una discontinua historia de amor. Krauss pone todas las piezas en el sitio.

Ahora bien, sea la culpa del cine de Hitchcock, de la literatura policíaca o (no creo) de la trilogía Millenium, que han acostumbrado a esperar cierto efectismo en los finales, Krauss no acaba de ponerle a La gran casa un colofón a la altura de su espectacular progreso narrativo. Como cuando tienes que hacer veinte kilómetros de curvas para llegar a un restaurante que no merecía tanto la pena o, como cuando enseñan en la televisión una magnífica jugada de fútbol, una extraordinaria combinación de juego de equipo cuyo disparo final acaba estrellándose en el larguero. No es una decepción porque atrás han quedado más de 300 páginas de excelente prosa (de la cual creo que debemos dar las gracias a una esmerada traducción), pero sí un pequeño inconveniente. Puede que Krauss haya rechazado elegantemente la opción más pirotécnica, y concluya esta historia de misterios y ocultaciones con la sobriedad de quien quiere apostar por la carrera a largo plazo. Pero la expectativa creada hasta entonces es enorme. Gran escritora a tener en cuenta.

De Nicole Krauss en Unlibroaldía: La historia del amor

martes, 19 de febrero de 2013

Knut Hamsun: Hambre

Idioma original: noruego
Título original: Sult
Fecha de publicación: 1890
Valoración: Muy recomendable

Llegué a este libro por pura casualidad, esquivando a uno de esos individuos desconocidos que en espacios públicos y sin mediar palabra, se le pegan a uno como si no hubiera ningún ser humano más sobre la faz de la tierra. Sucedió en una de las bibliotecas que frecuento, y la lapa humana de turno provocó que dejara de curiosear libros de autores cuyos apellidos empiezan por "D" y huyera despavorido hacia la primera estantería que pillé, donde están los autores cuyos apellidos empiezan por "H". Así hallé a Knut Hamsun, autor del que, otra casualidad, había visto un biopic (palabra horrorosa que significa: película biográfica sobre la vida de un personaje célebre) la noche anterior. Miré un poco de qué iba su Hambre y me lo llevé a casa, dando esquinazo definitivo a mi perseguidor.

Y la verdad es que Hambre me ha gustado mucho y ahora entiendo por qué, según dicen en su prólogo, fue y es libro de cabecera de autores tan dispares como Thomas Mann, Maxim Gorki, Paul Auster, Charles Bukowski o Henry Miller. Yo, por mi parte, estoy convencido de que también le impactó bastante a Ferenc Karinthy (la Metrópolis de éste podría ser su prima-hermana) y a otros muchos más, sobre todo, a "artistas del hambre": escritores que lo pasaron francamente mal, torturados por carencias de todo tipo, mientras escribían sus obras.

Hambre cuenta, precisamente, la historia de un tipo del que no sabemos ni cómo se llama ni de dónde viene, sólo que es escritor y que las está pasando canutas. Vive en Christiania, la antigua capital de Noruega, y por sus calles deambula todo el día muerto de hambre, un hambre descrito con tal fiereza y fidelidad por Hamsun, que a uno se le pueden llegar a revolver las tripas. Nuestro penoso héroe no encuentra trabajo, está medio muerto de frío, empeña todo lo que tiene (en un momento dado incluso intenta vender los botones de su chaleco), le debe no sé cuánto dinero a su arrendadora, malvive escribiendo articulitos para periódicos que, por lo menos, le reconocen que están muy bien, y tiene un curioso y exasperante código ético que le obliga a dar limosnas (¡cuando él está a punto de morir!) pero a rechazar ayudas que él considera que atentan contra su dignidad.

En varios momentos de la novela, que es corta, dan ganas de abofetear al moribundo (¡Dios! ¡Que pida ayuda! ¡Que deje de ser tan asquerosamente orgulloso!), pero la criatura de Hamsun, sin necesidad de nuestros zarandeos, va sobreviviendo milagrosamente página a página, e incluso tiene tiempo para enamorarse de una joven desconocida a la que adjudica el imposible nombre de Ylayali.

En fin, en Hambre tenemos, una vez más, al Hombre (con todas sus circunstancias y valores personales) contra el Mundo. Y el lenguaje y el estilo que utiliza Hamsun para contarnos esta historia narrada en una efectiva primera persona son perfectos para que uno sienta el espíritu desesperado pero obsesivo y rebelde de su protagonista. Porque, pase lo que pase, él mantiene intacta su peculiar visión de la vida. Su vida.


En fin. Un libro muy recomendable con un final que me recordó al de la ya citada Metrópolis, de Karinthy.

Y no pienso hablar de que si Hamsun, premio Nobel de Literatura, fue odiado en su país durante mucho tiempo por sus simpatías por el nazismo, ni del buen biopic que sobre él vi y en el que Max Von Sydow le da vida.

Otras obras de Knut Hamsun reseñadas en Un Libro al Día: PanLa bendición de la tierraVictoria, El círculo se ha cerradoMisterios