Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable
Lo confieso: ¿me propuse leer este libro sólo por lo mucho que me moló su cubierta? Pues sí, no me escondo (pero es que miradla: no me digáis que no es una genialidad conceptual. Se entiende todo el libro de un vistazo... aparte de llamar la atención, que es de lo que se trata). A ver, también el tema me interesaba, lo reconozco, pero dudo que me hubiese planteado leer de inmediato el libro si hubiese venido envuelto de otra manera; probablemente lo habría dejado en el tsundoku hasta tener tiempo de echarle un vistazo (que no hubiera sucedido nunca).
Dicho esto, la decisión de leerlo ha resultado realmente satisfactoria. El libro, que en principio no es sino una crónica periodística sobre un suceso ocurrido hace más de cuatro décadas, se lee, además, como un thriller policíaco y político, amén del retrato de una época y unas circunstancias que nos pueden parecer ya lejanas, pero, a la vez, indefectiblemente cercanas. O viceversa... Ahora bien, ¿de qué va, ya con más concreción? El subtítulo del libro lo explica a la perfección: De cómo ETA secuestro al rey de los helados (suena un poco a una exploitation de la peli de Willy Wonka, lo sé); es decir, y para ser más exactos, de cómo ETA político-militar secuestró en enero de 1981 al empresario valenciano Luis Suñer, propietario, entre otras cosas, de la fábrica de helados Avidesa, marca hoy desaparecida, pero que quizá nuestros lectores/as de mediana edad (aunque jóvenes de espíritu) recordarán con cariño. Tres meses le tuvo retenido un insólito comando valenciano de ETA-pm -o medio valenciano, en todo caso-, para al cabo liberarlo tras cobrar un rescate de más de trescientos millones de pesetas de la época -los que llamaron "suñerdólares"-; con ellos se financió la disolución de esta banda armada (continuaría la llamada ETA militar, aclaro a quienes nos lean fuera de España), amén de alguna otra y sorprendente inversión, que conocerá quien lea el libro.
La historia resulta pinturera no sólo por los sorprendentes elementos del caso, sino por el carácter o idiosincrasia de sus protagonistas. Por la parte de sus secuestradores, ya digo que se trataba de un comando medio valenciano, aunque sería más preciso decir medio valenciano-madrileño -además de medio vasco, como es de suponer-, pero es que el secuestrado, Luis Suñer, también era un personaje peculiar: se trataba de un empresario de gran éxito hecho a sí mismo (pero de verdad, no como los que ahora presumen de ello), de cuyas empresas dependía buena parte de la economía de la ciudad de Alzira, donde era considerado no ya un prohombre o un benefactor, sino una especie de padre o de padrino... Este tipo de empresariado paternalista, que se preocupaba ,a demás deganar de dinero, del bienestar de sus trabajadores -siempre que no se atreviesen a llevarle la contraria, claro- era bastante propio o, al menos promocionado, en la época franquista y era algo bastante típico, creo, en el País Valenciano. Sobre Suñer, particularmente, basta decir que era un empresario que presumía de ser el que más impuestos pagaba en España -y, de hecho, colaboraba con campañas publicitarias del Ministerio de Hacienda-, que lo mismo financiaba las fallas de su localidad que prometía enviarles helados a la cárcel a sus secuestradores.
Así, el libro, y sin olvidar en ningún momento la tragedia que supuso el terrorismo de ETA en aquellos años y posteriores -más allá de este secuestro y otros secuestros, se nos recuerda tanto la comisión de atentados con víctimas indefensas como las torturas cometidas por las fuerzas de seguridad para combatirla-, transita entre, como he comentado, el reportaje extenso y el thriller, pero sin poder evitar algunos momentos, si no abiertamente humorísticos, digamos que "berlanguianos" (qué otro adjetivo poner, si no...). No obstante, sobre todo, resulta un libro de lo más entretenido y absorbente, que se lee en un suspiro, pero que, al mismo tiempo, hace gala de un rigor del que ya podrían aprender muchos periodistas o ensayistas de más renombre. A partir de una circunstancia casual, como fue el conocimiento de uno de los secuestradores, nunca detenido y ni siquiera identificado, Sergi Moyano llevó a cabo una gran labor de investigación, no sólo por medio del expediente del caso de la hemeroteca de la época, sino entrevistándose con todos los personajes que se vieron involucrados de alguna manera que pudo. Y, además, lo que me resulta más asombroso teniendo en cuenta que se trata de un periodista muy joven, sabiendo transmitir el latido de aquellos años convulsos y la humanidad de quienes los vivieron. El resultado es, en mi opinión, uno de los mejores libros publicados este año, cuando menos es la categoría de no ficción. Aunque, vuelvo a insistir, como narración no tiene desperdicio. Menos aún que la cubierta...

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