viernes, 10 de agosto de 2018

Neil Postman: Divertirse hasta morir


Idioma original: inglés
Título original: Amusing Ourselves To Death
Año de publicación: 1985
Traducción: al catalán por Betty Alsina Keith (edición leída)
Valoración: terrorífico

Han sido varias las veces que he consultado el año de publicación de este libro. 1985. Lo he subrayado y todo en la entradilla. Cierto: un año más que ese 1984 al que parece empeñado en refutar. Impresionado por las pocas decenas de líneas del prefacio, compruebo que no sólo me impresionó a mí. Parece que sobre ese prefacio se han llegado hasta a hacer cortas historias gráficas. No es que deba alardear, por eso, de buen ojo. Este libro es uno de tantos que yo ignoraba hasta que, gracias, Un disco a la semana, leí en un artículo sobre el maduro último disco de los Arctic Monkeys,  que La broma infinita de yadeberíaissabertodosquien y este ensayo constituían las lecturas de sobremesa de Alex Turner durante la concepción de su último trabajo. Y si esta confesión supone hasta un cierto punto un reconocimiento de la permeabilidad entre expresiones creativas de los tiempos que corren, también es, de modo intrínseco, un reconocimiento más a los méritos de Neil Postman, escritor ya fallecido al que muchos podrían calificar de gurú o de visionario o de hombre por delante de su tiempo.

Porque, 1985, tened presente, es una fecha que queda unos lustros antes de la explosión de internet (templo del espejismo de la democracia informativa que tanto criticamos y sin el cual este individuo anónimo que escribe desde una terraza en Barcelona no podría ni imaginar que alguien lo leyera en unos  minutos en Bariloche, Argentina), unos años antes de que la guerra del Golfo fuera retransmitida como si fuera una final de la SuperBowl, décadas antes de que los smartphones convirtiesen a media humanidad en zombies que caminan (y cenan, y se despiertan, y conviven con sus parejas en cenas íntimas) con los ojos fijados en una pantalla de apenas un centenar de cm2.

Son 30 años antes de Trump y 30 años antes de que los programas cutres de las telecadenas comerciales pretendan colarnos a sus elementos menos sonrojantes como prescriptores literarios. Y son 20 años antes de la explosión de las RRSS. Madre mía, qué hubiera dicho este hombre de las pérdidas colosales de tiempo a que nos lleva Twitter.

Pero Postman, que nombra varias veces a Marshall McLuhan, con lo que se descarta la clásica competencia entre pensadores de polos opuestos, no prevé todos esos acontecimientos producto del implacable avance tecnólogico. Simplemente ve que el mundo va hacia ellos y que llegarán de una forma u otra y que sus consecuencias no serán todo lo buenas que podrían o que deberían y (esto ya le añado yo) que sus efectos serán irreversibles.

Cierto es que las premisas pueden ser (tres décadas antes) fáciles de establecer. Pero incluso esta afirmación queda sesgada por cómo las cosas han cambiado desde entonces. Y escribo esto cuando hace unos días la gente se reía del bloqueo de las páginas de Wikipedia en ciertos países. ¿Y cómo me informo ahora?

Postman simplemente habla de cómo la TV (y por añadidura la cultura visual) ha alterado la cultura global y el pensamiento y la capacidad de raciocinio. Y de que sus efectos iban a ser cómo los de la perca del Nilo en el famoso reportaje de hace unos años. ¿Cómo? ¿no lo ha habéis visto? Narices, mirad en Youtube. ¿En qué estaba? Ah, lo de la TV. Sí, Postman se lanza a un ensayo/estudio más consultable que necesariamente legible (servidor corrió a hacerse con una de las escasas copias disponibles una vez devolví la copia a la biblioteca*) que parte de ese brillante prefacio para definir al hombre moderno como alguien atrapado por su inagotable voracidad hacia el entretenimiento, muchas veces banal, secuestrado por todo aquello que le distrae y le ayuda a escapar, con la capacidad de pensar y de analizar lo que sucede alrededor prácticamente inhibida o teledirigida o severamente castrada, con la atención de sus sentidos amaestrada por las pautas marcadas de una manera cruelmente instintiva, como si la evolución de la especie haya sido delimitada por los medios de comunicación. No más de dos minutos sobre un tema, no más de unos segundos en un plano fijo, dame media hora en un informativo y yo te explico lo que debes saber, lo demás es superfluo, es pérdida de tiempo, es caca, es desperdicio de tu valioso tiempo como trabajador/productor/consumidor. Postman lo adereza con profusión de ejemplos basados en la evolución de la nación USA, reflejo actual (piense el lector gracias a qué sistema operativo/software/buscador está leyendo esto) del desquiciado acelerón de esta carrera, y cada uno de estos ejemplos es aplastante: se ha pasado de gente interesada en interactuar con lo que pasaba a su alrededor a trozos de carne sentados en el sofá ingiriendo comida o bebidas o snacks a la vez que ingiere lo que el programador de la cadena de turno ha decidido. Y mucha gente solamente sabe del mundo por ese medio.

En fin, no me corresponde a mí organizar un culto a visionarios como Neil Postman. Por cierto, aquí hasta los cultos televisados reciben lo suyo. Puede que hasta se quedara corto, puede que ni siquiera fuera capaz de imaginar a youtubers seguidos por decenas de millones colgando videos llamando a la gente para tomarle el pelo o visitando bosques japoneses llenos de suicidas. Puede que Postman incluso llegara a inspirar con este texto a todos esos desquiciados que son ya demasiado conscientes de que la TV (o Youtube o Instagram) es un poderoso medio de manipulación y de creación de realidades alternativas y otro cómplice más de esa mierda llamada post-verdad. La TV, las redes sociales, la cultura basada en la imagen visual y en el escaso desarrollo intelectual. Puede que nos merezcamos este mundo.

*Copia, por cierto, repleta de subrayados a lápiz, anotaciones, prácticamente podría haber reseñado el libro solamente consultando todas las notas que un lector muy desconsiderado o muy maleducado o con muchas ganas de protagonismo dejó en un libro que es de uso público.

4 comentarios:

Antonieta Palma dijo...

Interesante la reseña, me ha gustado mucho cómo vas planteando nuestra realidad tecnológica, terrorífica por lo demás.

Lupita dijo...

Hola, Francesc:
Me parece muy interesante el tema, pero no sé si me apetecería leerlo, porque contiene todo lo que más me preocupa y asusta de la sociedad actual. No es por cerrar los ojos a la realidad, sino por mantener el optimismo en el futuro.
La democratización de la cultura y el fácil acceso a la información tienen su lado bueno, pero también estamos siendo testigos de un cambio hacia una sociedad cada vez más exigente, impaciente y distraida.
Cada vez más gente conectada pero más sola, con familias desestructuradas y pocas relaciones profundas. Y si parece exagerado, se puede visitar cualquier centro de salud mental.

Yo por mi propia salud mental vivo al margen de las rrss.

Buena reseña, por cierto.
Saludos

Mente Lectora dijo...

Gran comentario sobre el libro.
Es del tipo de libros que me gustan, o de los que estoy leyendo desde hace un tiempo.

Es una pena todo. Simplemente. Creo que el camino hacia donde vamos ya está trazado -y no se a trazado solo, ni por casualidad-.

Francesc Bon dijo...

Pues gracias por los comentarios. Es fascinante por las casualidades que uno acaba leyendo libros que ignoraba que existía y que a uno le dejan impactado. La reseña (si no lo parece ya) hubiera sido interminable pues el alcance de las reflexiones de Postman es certero y el mero hecho de estar aquí contestando vuestras agradables alabanzas es solo una constatación. Y ahora lamento no haber comentado la presencia de Ronald Reagan en la portada de la traducción al catalán. De hecho me pregunto si muchos de los que nos leen llegarona a saber quién fue Reagan.