sábado, 7 de noviembre de 2020

Joanna Walsh: Vértigo

Idioma original: inglés
Título original: Vertigo
Traducción: Vanesa García Cazorla
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

La escritora, y al parecer también twittera, Joanna Walsh dice no sentirse cómoda en aquella etiqueta, la de escritora, ni aún menos con que encasillen sus obras en un género determinado. Se entiende bien esa incomodidad leyendo este Vértigo, que en algunos comentarios se define como libro de cuentos, algo que realmente le casa bastante mal a lo que tenemos entre manos. Se pueden llamar cuentos, o relatos, si atendemos a su brevedad y a su carácter aparentemente fraccionario, pero esto es solo apariencia, forma exterior percibida cuando uno examina el libro en un primer vistazo.

En realidad el conjunto es todo un híbrido, algo que según pasamos las páginas tiene aire de relato, pero también de diario, de novela fragmentaria, incluso de poesía. Se trata de imágenes y atmósferas que describen momentos, situaciones o formas de sentir que pueden leerse como cuerpos independientes o como fogonazos de una vida, o de varias. Walsh muestra notable pericia para narrar siempre desde una primera persona cuya voz puede ser la de ella misma, la de un personaje o la de varios diferentes, aunque siempre una mujer.

Una mujer que observa tiendas de moda en París, tiene una cita en un restaurante playero, espera el desenlace de una delicada operación quirúrgica de su hijo, se lanza a cruzar a nado una bahía dudando (o no) de sus propias fuerzas, se relaciona con hombres sin saber a dónde llegará, ve a sus amantes en su propia pareja. Es una colección de postales de una vida cualquiera, escenas más o menos corrientes que sin embargo nos dejan cierto grado de desazón, como si en ninguno de esos momentos hubiese nada que mereciera realmente la pena, nada que dejase la huella de una emoción realmente intensa (quizá con la excepción del relato de la operación, claramente la más dura). 

Para llegar a esa extraña sensación resulta determinante el estilo de la autora, casi siempre seco, tranquilo, a veces cortante, otras tan sintético que suena a poesía, una prosa diferente que sorprende desde las primeras líneas y a la que solo veo el lastre de una querencia excesiva por la redundancia voluntaria y el juego de palabras (muy estimable el trabajo de la traductora explicando algunos de ellos). Pero, para no irme por las ramas, ese tono neutro transmite frialdad, una distancia amplia con el personaje y la situación que está contando, incluso cuando el lector es medio consciente de que precisamente en esos momentos debe existir un flujo de emotividad considerable. No sé, si Joanna Walsh fuese una mujer gélida que no se conmoviese en ninguna circunstancia, seguramente no nos estaría contando lo que nos cuenta.  Así que habrá que pensar que ese peculiar efecto es intencionado, y en ese caso hay que decir que lo consigue con suma eficacia.

El cuadro queda en mi opinión muy interesante desde el punto de vista de técnica literaria pero tiene, claro está, una contrapartida que según para qué lector puede ser peligrosa. Porque si alguien cuenta algo personal (me da igual que sea del autor o del personaje) y lo hace de esa forma aséptica y en apariencia desapasionada se arriesga a que el lector adopte la misma actitud y acabe por no implicarse a fondo. Es hasta cierto punto la sensación que me ha quedado, aunque en mi opinión (como lector un tanto desapegado, es cierto) la cosa no es demasiado grave. Quizá es que no hay que buscar lo que no hay y entonces nos podemos centrar en lo que sí. Y lo que desde mi punto de vista ofrece esta pequeña colección de fragmentos es una composición, a base de esas imágenes más o menos cotidianas que decía antes, en torno una mujer de nuestro tiempo, expectante, dubitativa, que indaga un poco a ciegas sobre su propia vida, a la vez espectadora y protagonista y, por encima de todo, sola.

Esa soledad fatal, absoluta, que tiene asumida con aparente naturalidad y de la que nunca habla, pero que preside cada uno de los episodios, es quizá la que inunda de frialdad los relatos y acaba llegando al lector hasta hacerle dudar de si hay una intención última que guía el texto o es solamente (y nada menos) un ejercicio literario, una ficción, en la medida que sea, en virtud de la cual se plantean situaciones para que cada cual las perciba a su manera. Hay que detenerse un momento y pensar que a lo mejor lo más intenso no son los momentos tópicos de sufrimiento y dolor que muchas veces encontramos en los libros, sino descubrirse a uno mismo, solo, en tantos instantes pongamos aleatorios de cualquier día, en las decisiones, en las aparentes alternativas o en la simple observación de un paisaje.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Guillem Sala: El càstig

Idioma original: catalán
Título original: El càstig
Traducción: sin traducción en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

Parece que la corrección lingüística está empezando a ser objeto de debate últimamente en el sector editorial. Hace unos meses, Santi publicó la reseña de «Panza de burro», de Andrea Abreu, un libro en el que la forma de narrar, el lenguaje utilizado y las expresiones usadas suponían un elemento a tener muy en cuenta a la hora de valorar el libro, pues sus impresiones no se ceñían únicamente a la obra en particular, sino también al mundo que abría, o que reivindicaba; un mundo en el que el estilo empleado se apartaba de la norma lingüística o convertía en prescindible su seguimiento, pues se valoraba más la autenticidad que aportaba a la voz de sus personajes que su corrección. Algo parecido puede que ocurra con este libro de Guillem Sala, «El càstig» (o «El castigo», título que probablemente tendrá si alguna vez se traduce al castellano), por motivos similares que detallaré más adelante. Pero vayamos primero a la historia narrada porque ya de por sí tiene suficientes elementos para ser una lectura de lo más interesante.

En este impactante libro, Guillem Sala sitúa la historia en un instituto que ejerce de nexo común de los distintos personajes que participan en la trama. Así, nos encontramos en el eje central a Sandra, profesora de instituto y pareja de Albert (a quien conoció por ser su profesor en la universidad) y con quién se llevan once años de diferencia y dos años juntos. La relación entre ellos es distante, sin un encaje claro y con caracteres bastante divergentes; vital ella, insulso él («un muerto viviente», tal y como se describe el libro). Esta relación fría se agrieta ante la aparición de Minu, un nuevo profesor del instituto con un carácter totalmente opuesto a Albert y por quien Sandra siente un creciente interés; Minu, el idealista, soñador, optimista, practicante de yoga y surfista, con una confianza en sí mismo inquebrantable, alguien que ama «con la seguridad heredada de unos padres que se quieren» y que piensa en Albert como un «rival temible pero él tiene un amor sin fisuras. Su oferta es pura». Un Minu que entra en la historia de manera no impetuosa, pero sí decidida, nítida, agitando unas aguas ya demasiado tranquilas entre la pareja existente. Y, por otra parte, tenemos a Izan, un alumno de once años alumno de Sandra; un chaval muy testosterónico, muy macho, muy gallito, por quien Sandra siente un especial afecto al ser alguien que necesita ser protegido y cuidado en contraste con la recia educación que recibe en casa.

El estilo de Guillem Sala es plenamente natural, no interpela directamente al lector, sino que su narración es planamente descriptiva, ejerciendo como si de una voz en off se tratara, sin tomar parte, sin interceder ni posicionarse; observa y narra, de manera aséptica, pero en el sentido de neutralidad, no de una manera fría. Y esa mirada externa permite una narración dura y contundente, sin encariñarse con unos personajes ni edulcorar sus vidas. Y, una vez entramos en ese estilo, nos encontramos con lo que será el desencadenante del relato: un suceso que se produce dentro del entorno escolar y que expone las diferentes maneras de entender y tratar un conflicto y cómo estas dependen del carácter y la experiencia vital de cada uno de ellos.

La historia que narra Guillem Sala es muy potente, pues su retrato de la historia es directo, sin suavizar las tensiones existentes y definiendo y detallando a la perfección a los personajes. Así, empezamos a entender el porqué del carácter de Sandra, ese inmenso personaje central lleno de matices, de espíritu derrotista y pesimista, con esa necesidad de romper con todo y de evadirse. El autor demuestra su habilidad en ir suministrando pequeñas dosis, casi imperceptibles, del pasado de Sandra y cómo se forja un carácter con tantas grietas y cicatrices emocionales, alguien sobre quien se afirma que «no se puede rehusar el dolor sin rehusar la vida». Y así, poco a poco, empezamos a conectar con ella, viendo de dónde le viene esa actitud destructiva hacia sí misma, esa sensación de no pertenencia, de abandono y de descontrol de su vida y un vacío que la inunda de dudas y desánimo. Esa infancia castigada, juzgada, apisonada... llena de miedos, inseguridades y temores. Porque Sandra tiene un interior oscuro, y un pasado de cicatrices, también anímicas. Porque de lo que más segura está es de su inseguridad. Y de su fragilidad. Y de una autoestima lastimada que aparece en forma de autocastigo de vez en cuando.

Así, entremezclando el suceso ocurrido en el instituto con la relación amorosa (y desamorosa) de Sandra, el autor nos habla de relaciones, sentimentales y personales, que cada uno quiere construir a su manera, para él mismo, pero también para los demás, demostrando las costuras existentes en las relaciones desiguales y en la necesidad de proyectar nuestro espacio en el del otro, a poco que haya un espacio para ello. Y, de esta manera, se construye en juego de balanzas donde el equilibrio rara vez queda en el medio, sino que se desplaza hacia los lados hasta que uno cede, o se rompe.

Estilísticamente, y aquí enlazo con la entrada de la reseña, sorprende el uso mezclado de catalán y castellano, sin cursivas, acotaciones ni marcas que los distinga. El autor muestra con esta decisión que aplica a alguno de los protagonistas el estilo natural del habla de quien tiene una lengua materna distinta a la que a en escenas cotidianas emplea. Así, las frases entremezclan las lenguas de igual manera en la que de manera natural se entremezclan en el cerebro, en una muestra de code switching que evoca al bilingüismo espontáneo de quién lo mezcla en el día a día, casi sin darse cuenta. A modo de ejemplo, uno puede leer en el libro frases como «Uah, qué bien he dormío! Ya ves, diu la seva cosina la Luz. Han dormit al río». Esto es algo que, en la mente de quién lo dice, puede estructurarse de esta manera y sonar natural. Pero es algo más raro, mucho más raro, de ver en literatura publicada. El uso mezclado de catalán y castellano (incluso en la misma frase) otorga al escritor la posibilidad máxima de retratar personajes que viven en esta dualidad existente en muchas personas en Cataluña. Esa caracterización que se forma en la mente del lector sería imposible sin utilizar este arriesgado recurso. Pero este hecho, a la vez, ha suscitado cierta polémica porque, a pesar de que con ello el escritor consigue su propósito, ¿en qué lugar deja la lengua? ¿En qué situación deja al lector que confía en enriquecer su dominio del idioma a través de la lectura? ¿Cómo esta obra podrá traducirse a otros idiomas? ¿Lo hará ignorando esta fragmentación e hibridación lingüística o adaptará este estilo a otras características del lugar? El debate generado es lógico, necesario e interesante, pues pone la literatura en medio de la sociedad y se cuestiona su papel y función. Por todo ello, este libro, más allá de lo que expone argumentalmente (ya de por sí interesante, aunque demasiado breve según mi opinión), abre un serio debate sobre la función del arte y, en concreto, de la literatura, sobre si aceptamos romper moldes para adecuarlos a la historia o sobre si hay ciertos cánones que no deben romperse cuando hablamos de lenguas minorizadas o en riesgo de retroceso. 

Que cada uno saque sus conclusiones y que, mientras pensamos en todo ello, disfrutemos de la lectura y del poso reflexivo que nos deja esta bien hilvanada y contundente historia porque, de hecho, eso debería ser el tema principal de un libro de ficción. Y ciertamente, la historia que Guillem Sala narra en este libro es de tal profundidad que las menos de doscientas páginas se quedan cortas, pues solo nos permiten ver la punta de un iceberg repleto de detalles y matices en cada uno de sus personajes; el autor ha escrito un libro de una gran violencia emocional que agita y sacude la conciencia incluso días después de haberlo terminado y que crece en la mente del lector por el tema tratado y la forma de hacerlo. Una apuesta arriesgada con la que Guillem Sala muestra su gran talento narrativo y su alta capacidad en el retrato de personajes.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Arturo Úslar Pietri: Estación de máscaras

Idioma original: Español
Año de publicación: 1964
Valoración: Bastante recomendable

Si en "Un retrato en la geografía" nos encontrábamos con un relato protagonizado por los miembros de la familia Collado (sobre todo, por su hijo menor Álvaro), ambientado en los convulsos últimos años de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano (1935-1938 aproximadamente) y que ofrecía varias lecturas (novela de formación, crítica político-social y "ensayo" sobre la "venezolaneidad"), en "Estación de máscaras" nos encontramos con un texto más novelesco que se sitúa en el año 1948 y que es protagonizado, casi en exclusiva, por Álvaro Collado.

1948 es el año elegido por Collado para su retorno a Venezuela tras diez años de exilio que no hacen otra cosa que ahondar el abismo entre quienes quedaron y quien marchó, pese a que la situación, en el fondo, no haya cambiado tanto porque todo es un teatro con la constante repetición de un solo acto. Diez años para un regreso que es el punto de partida de una novela bastante mejor que su predecesora (o esa es mi impresión), tanto por ritmo, por historia, como por su mayor osadía técnica.

Si hablamos de la técnica de la novela, hemos de decir que "Estación de máscaras" juega, sobre todo en su primera mitad, con dos viajes (el retorno en barco y un recorrido en coche por una Caracas de Carnaval) de dos personajes (Álvaro Collado y Lázaro Agotángel) y un intervalo de diez años (1938-1948), para presentar situaciones y personajes y ubicarlos en el momento en el que transcurre la acción. Cambios de tiempo y cambios de narrador que unidos conforman un muy logrado cuadro en varios planos. Si a esto le añadimos que "Estación de máscaras" es una novela "cinematográfica", con escenas que semejan travellings muy bien resueltos, nos queda un novela más arriesgada que "Un retrato en la geografía".

En cuanto al ritmo y la historia, debemos hablar, obviamente, del contexto político. Este es fundamental, especialmente en la segunda mitad de la novela, pero no llega a centrar la narración como lo hacía en "Un retrato en la geografía". Así, "Estación de mascaras" es más un relato sobre el desarraigo, la imposibilidad o no de retornar, la erosión del tiempo, la dualidad pensamiento / acción o las más variadas pasiones humanas, enmarcado (eso sí) en un contexto sociopolítico muy concreto (el auge petrolero, las inestabilidad política, etc.). Por lo tanto, el alejamiento de lo "político-filosófico" y la mayor atención a lo estrictamente novelesco benefician de forma notable al texto, que gana en agilidad con respecto a su predecesora.

Todo lo anterior convierte a esta olvidadísima "Estación de máscaras" en una muy buena novela, emparentada de forma clara con otras obras de tiempos lejanos (es evidente el eco homérico) o no tan lejanos, como la magnífica "La ciudad y los perros".

También de Úslar Pietri en ULAD: Un retrato en la geografía, La isla de Robinsón y Las lanzas coloradas

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Ted Chiang: Exhalación


Idioma original: inglés

Título original: Exhalation

Año de publicación: 2019

Traducción: Rubén Martín Giráldez

Valoración: recomendable

Agosto 2020. F, llamémosle Reseñista A, recibe correos varios de editoriales de forma diaria, algunos, llamémosle habilidad de los redactores de las newsletter de la ya deprimida pero todavía entusiasta industria editorial, particularmente eufóricos y en concreto, los de Sexto Piso, haciendo énfasis en este libro de autor de exótico apellido (orígenes familiares en Taiwna) para ser estadounidense, precedido de una enumeración de premios que le han sido otorgados al autor a lo largo de una carrera prolongada que ha tenido una producción algo rácana (19 cuentos a lo largo de tres décadas, entiendo que los 9 de Exhalación completan los 10 de otra obra) y que ha sido también responsable de alguna que otra historia llevada a la (otrora dicha) gran pantalla.

Reseñista A hace caso de tan convincente argumento y se hace con el libro: no es para nada un entusiasta del género del libro, ciencia-ficción (aunque la entrada sobre el autor en Wikipedia dice que escribe ficción especulativa), pero la verdad es que las referencias e incluso los personajes públicos (Obama, ese añorado presidente que lee ficción y escucha a Kendrick Lamar o Frank Ocean) se expresan de tal manera que, aunque sean argumentos propios de las temidas fajas,  Reseñista A se deja atrapar en la tentación y también se deja atrapar por esas historias que no tienen nada que ver con los temas al uso. No hay naves especiales, personajes alienígenas, distopías de sometimiento de especies o de países, sino argumentos bien trenzados en los que el autor encaja con habilidad y bastante mérito literario ciertos aspectos propios de la mareante carrera tecnológica, incluso se permite el lujo de situar esos relatos fuera de sus escenarios habituales. El primer relato, el del espejo del tiempo, tiene unas atractivas tonalidades orientales que nos hacen prever un libro realmente original, y, aunque conforme se avanza en la lectura, en posteriores relatos, este escenario cambia y nos encontramos con contextos más cercanos y familiares, en futuros cercanos que, bravo Wikipedia, son especulaciones de situaciones que podríamos ver en un par de décadas, a poco que los mareantes avances de la tecnología tengan un poco de suerte y cierto aspecto sobrenatural dé un empujoncito. Los relatos tratan de forma recurrente de temas clásicos del género como los eventuales saltos en el tiempo, ya presente en el primero y en el del aparatito que enciende una luz antes de que pulses un botón o el que da título al libro. También surge a menudo la cuestión de que los avances tecnológicos empiecen a configurar una humanidad con una forma de relaciones adaptada a ellos, como el de los digientes, la cuestión de la convivencia posible de universos paralelos generados por nuestras decisiones alternativas en el cuento de los para-yos, con lo que, en general, Reseñista A se lleva una agradable sorpresa al comprobar que algunos de esos relatos se sostienen en puntos de partida que inducen a la reflexión por encima del puro divertimento. Decide que, dentro de los parámetros de un género a veces sobreexplotado y, teniendo en cuenta que Reseñista A solo fue un lector de clásicos como Clarke, Asimov o K. Dick, la experiencia ha resultado gratificante, incluso estimulante desde una perspectiva intelectual.

Noviembre 2020. B, llamémosle Reseñista B ha engullido el libro con cierta premura. Desde que empezó a oír hablar con insistencia sobre el libro, no solo en eso que se llama "foros literarios" sino en canales mucho más profanos, como las RRSS. Lo cual es muy propio. Ha habido algún comentario en que ya se ha dado por sentado que no solo leer los cuentos de Exhalación era lo más sino que ya había líneas de debate basadas en algunos de los dilemas que se plantean en el libro, que no deja de ser un muy bien escrito ejercicio de constante distopía, pero cuyo espectacular éxito editorial ya empieza a revelarse con ediciones posteriores (a Reseñista B le ha costado unas semanas obtener su copia de la editorial, que ha manifestado haberse visto superada por el elevado interés del público, cosa a lo que ayuda, supongo, el buen ojo de dicha editorial a la hora de diseñar su catálogo). De repente, todo el mundo lo lee y ha gozado con lo osado e incluso adelantado en el tiempo de sus planteamientos: no solamente se habla de realidades que se nos han acercado en apenas unos años, sino que han surgido a la palestra cuestiones con las que igual haya que dirimir en el futuro, como la que surge en el de los digientes, extenso relato o novela corta que parece erigirse en núcleo del libro, muy logrado al establecer las fronteras de la relación de los humanos con una hipotética y muy evolucionada especie de mascotas virtuales o robots guiados por la inteligencia artificial y llevarlos hasta extremos incómodos, si bien quizás, las fechas podrían o no cuadrar, algunas de esas cuestiones ( como la que se plasma en el relato de las existencias que quedan grabadas) ya han surgido en otros formatos como episodios de la serie Black Mirror, con lo que Chiang puede que simplemente esté trasladando a la ficción literaria algunos dilemas que pueden estarse planteando, a nivel filosófico o sociológico, conforme la tecnología y todas sus posibilidades, algunas inexploradas, penetra en nuestras existencias.

Reseñista B, por eso, lamenta que todo ese fenómeno haya distorsionado un poco su apreciación del libro hasta el punto, por ejemplo, de condicionar la contundencia de ciertas afirmaciones que no debería ahorrarse. Los relatos de Exhalación recorren unos quince años de producción de su autor, período que, en términos actuales es una barbaridad. En 2007 (fecha de publicación del primer relato)  no había TV por streaming por todas partes, Smartphones o Apps que controlaban incluso detalles absurdos de tu existencia. Las dudas existenciales sobre algunas de estas cuestiones han quedado resueltas, de un plumazo, por las dinámicas de los mercados, por el puro empujón de la demanda insaciable de gente que ha pasado de disfrutar de gadgets tecnológicos a que la tecnología esté integrada de tal manera en la vida que ahora ni nos planteamos que todas esas empresas de software no puedan estar metidas hasta el tuétano en cada detalle de nuestra existencia. Y es imposible no detectar que, en algún momento y aunque con una primorosamente envuelta sutileza, Chiang desliza algún mensaje o algún nudo argumental de aromas moralizantes, con cierto incómodo vapor new age, defecto, creo, al que el género es algo proclive casi por definición: imaginar otros mundos siempre acaba entrañando mostrarse crítico, por acción u omisión, con el que tenemos. A Reseñista B esos detalles le han hecho arquear la ceja en algún momento y algún cuento (el de la arqueóloga que dialoga con Dios) se ha convertido en una ligera pared difícil de escalar.

En todo caso, a Reseñista B ya le parece formidable, y por eso sigue recomendando el libro  (a lo mejor ineludible sería una valoración más exacta), que ciertas lecturas empujen a ciertas reflexiones y, aunque siempre recuerde la contundente afirmación de Javier Calvo sobre la industria editorial USA y su habilidad para vendernos lo que sea, desde luego, y ya acabo que en un rato uno va a oír la radio en su smartphone para enterarse quién va a tener las claves de los misiles en los próximos años, desde luego, más vale ese planteamiento como resultado de una lectura que quedarse igual y pasar a otra cosa, que es lo que hoy sucede con demasiados libros.

También de Ted Chiang en ULAD: La historia de tu vida

martes, 3 de noviembre de 2020

Daphne du Maurier: Monte Verità

Idioma original: Inglés
Título original: Monte Verità
Traductor: Miguel Cisneros Perales
Año de publicación: 1952
Valoración: Recomendable

Monte Verità es una "novelette" hermosa, inquietante y sugerente de Daphne du Maurier que recuerda sobremanera a gran parte de la producción de su autora. Ah, y está basada en hechos reales, aunque de forma muy vaga. 

Nos es narrada por un británico innominado. La esposa de su amigo Victor se esfuma un día en el Monte Verità, situado en algún país europeo. Los lugareños afirman que se ha unido a una secta que ya ha recabado a muchas de las mujeres del pueblo.

Esta ficción presenta múltiples lecturas, pues du Maurier la dota de una satisfactoria ambigüedad. Reflexiona en torno a la amistad viril, el amor, la obsesión y los estilos de vida alternativos. Superpone eficazmente el materialismo y la espiritualidad, la modernidad y los tiempos arcanos, la civilización y la naturaleza, lo masculino y lo femenino. Está relatada con una prosa que, aunque no deslumbra, cumple sobradamente en los pasajes más complejos.

Le reprocharía, eso sí, un detallito argumental: no me convence en absoluto que la desaparecida se comunique con los protagonistas. Ninguna de sus compañeras lo ha hecho con sus seres queridos antes, así que el suceso no sólo se antoja conveniente, sino que erosiona la aureola de misterio que empaña al asunto. 


También de Daphne du Maurier en ULAD: Mi prima Rachel, Bésame otra vez, forastero

lunes, 2 de noviembre de 2020

David Muñoz y Rayco Pulido: Sordo

Idioma: español

Año de publicación: 2008 (edición ampliada en 2018)

Valoración: recomendable


Existe una tendencia bastante asentada en los últimos tiempos en el mundo de la novela gráfica/cómic que, no diré que llegue a irritarme, pero sí que me hace levantar una ceja en las venturosas ocasiones en que puedo visitar una librería o las más habituales en que examino las páginas web de editoriales y bibliotecas: la publicación, en este formato de cómic/novela gráfica, de títulos que han aparecido antes como novelas "convencionales", o sea, todo letra, sin dibujicos... No me refiero a versiones de clásicos de la literatura, como la que hizo este mismo dibujante del que trata la reseña de hoy, Rayco Pulido, de Nela, de Pérez Galdós, o la estupenda versión de Beowulf de David Rubín y Santiago García; es decir, nuevas interpretaciones que aportan una visión fresca y, a  veces, insólita de obras ya conocidas (y por ende, menos apreciadas de lo que merecen). No, me refiero a versiones de novelas que están viviendo su ciclo comercial en estos mismos momentos y de las que, supongo, se quiere ofrecer un nuevo producto a sus más acérrimos lectores o, sospecho que también, una forma más accesible de leerlas a quien no quiere gastar su tiempo en un tocho de x páginas... Es decir, que juntas podemos encontrar la novela en tapa dura (a veces con algún extra), su edición de bolsillo, su versión como novela gráfica y, en más de un caso, la película o serie de televisión, si es que se ha hecho (e incluso el videojuego y el juego de mesa si hablamos, por ejemplo, de Harry Potter).

De ahí que resulte casi refrescante, al menos para mí, encontrar algún caso "clásico": una novela gráfica, en este caso, que tras su publicación en 2008 suscitó el interés de algún cineasta como para escribir un guión a partir de ella, que se convirtió en película en 2018. Y, a raíz de la aparición del largometraje, la casa editorial publica una nueva edición del cómic con otra cubiereta, alguna página añadida, etc., pero todo de una forma sencilla, clara, sin piruetas mercadotécnicas ni joint ventures de la industria del ocio para adultos... (perdón, voy a borrar lo de ocio para adultos, que suena fatal).

La historia que nos cuenta este libro es aparentemente sencilla pero contundente: en 1942, Anselmo es un "maquis" (en el caso español, y para quien no lo sepa, un guerrillero republicano que luchaba contra la dictadura franquista tras la Guerra Civil) quien, durante una operación de sabotaje contra un puente ferroviario en los Pirineos, queda sordo a resultas de la explosión. El resto de sus compañeros muere, excepto el jefe de la partida, Roberto, que queda malherido y es capturado. Anselmo se refugia en el bosque y sordo como está , trata de sobrevivir de la mejor manera que puede, al tiempo que establecer contacto con la mujer de Roberto en un pueblo cercano y buscar la manera de pasar a Francia, con vistas a una futura liberación de alguna parte del territorio español por los guerrilleros, para forzar a los Aliados a intervenir contra Francia (este intento se produjo, en efecto, en 1944 en el valle de Arán, tras la liberación de Francia).

La mayor parte del cómic transcurre, por tanto, sin palabras, con un Anselmo solitario que tiene  que lidiar con su imprevista sordera, sobrevivir y, al tiempo, evitar los peligros que le depara el bosque y su vida de fugitivo. Se trata de una historia que se pregunta por la posibilidad para un hombre de volver a la Naturaleza, de vivir, por el motivo que sea, apartado del resto de la sociedad, de la que no tiene ya claro si forma parte o no (en literatura se me ocurre algún otro título que explora esta vía, como Robinson Crusoe, claro, o Walden y en cine, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Naúfrago, El renacido...). Cierto que Anselmo se ve obligado a apartarse, mientras que él, de alguna forma, trata de mantener el contacto humano -incluso imaginando una historia de amor-, pero, al fin y al cabo,debe tratar de reconstruir una vida en medio de ese aislamiento, del que su sordera no es sino un agravante, al tiempo que una metáfora. No obstante, tampoco penséis que la novela se va por cerros filosóficos o de un lirismo innecesario; en realidad, resulta de una concreción práctica que se deja de divagaciones, más allá de las necesarias para ponernos en situación. El estricto blanco y negro de las ilustraciones contribuye a esta sensación de sobriedad narrativa, que, lejos de resultar escasa, le da una satisfactoria redondez a la historia.

¿Se puede vivir al margen de la sociedad, de nuestros congéneres, y ya no sobrevivir sino no volverse loco? Esa es la pregunta que plantea y tal vez resuelva Sordo. Para quien quiera averiguarlo...


Más títulos de Rayco Pulido reseñados en Un Libro Al Día: Lamia, Nela

domingo, 1 de noviembre de 2020

Javier Sáez de Ibarra: Vida económica de Tomi Sánchez

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

Javier Sáez de Ibarra es un reconocido "cuentista". Sin ir más lejos, en su currículum figuran dos de los premios más importantes del género dentro del panorama nacional: el Setenil y el Ribera del Duero. Pero hoy no vamos a hablar de sus cuentos sino de su primera novela, "Vida económica de Tomi Sánchez", un texto en el que se nota claramente esa querencia del autor por el cuento. Así, la novela puede ser leída como una sucesión de relatos más o menos independientes que en conjunto configuran un retrato "cubista" del personaje.

Digo retrato cubista porque en esta biografía de Tomi Sánchez saltan por los aires las perspectivas tradicionales, ya sea a través de la ruptura de la linealidad, de la elección de diferentes narradores (aquí cobra especial relevancia la dicotomía entre cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás) o de los variados estilos y registros que el autor maneja en los 35 capítulos del libro. De esta forma nos acercamos a las diversas facetas (laboral, económica, familar, sentimental, etc) de un ser poliédrico, situado un poco al margen y enfrascado en una permanente búsqueda de libertad en un mundo incomprensible y cruel.

La novela comienza de forma abrumadora. Ritmo frenético, mala baba, humor absurdo, negro y cabrón, caracterizan el primer tercio (aprox) del texto, ese que nos presenta la parte final de la vida de Tomi en un mundo también absurdo y levemente distópico, aunque plenamente identificable (que levante la mano quien no se identifique con las situaciones que le tocan vivir a Tomi en su trabajo, por ejemplo). 

Pero no es fácil mantener ese nivel durante 400 páginas y, en mi opinión, la novela pierde algo de esa frescura y ese ritmo inicial. Ojo que hay capítulos magníficos en los que lo disparatado, lo grotesco y lo tragicómico encajan a la perfección, pero la introducción de un elemento poético rompe con la inicial fluidez y "entorpece", en cierto modo, la narración. 

Aun así, ya os digo que hay capítulos geniales, como el XXIII, en el que un hilarante recorrido con un taxista "cuñao" al que solo le falta poner a Federico Jiménez Losantos a toda hostia da paso a una soflama dolorosa (y quién soy yo, qué hago aquí), o el XXV, en el que trata de explicar a sus amigos su conversión al catolicismo, o el XXVII, en el que sus sucesivas (ex)parejas juntan las diferentes piezas de "sus" Tomi, etc.

En resumen, un texto sorprendente (para bien), arriesgado en las formas y valiente en el fondo, con el que el lector podrá identificarse en más de una ocasión. Porque Tomi podríamos ser cualquiera de nosotros, aunque no lo sepamos o creamos.