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viernes, 3 de diciembre de 2021

Tochoweek V #5 Stephen King: Billy Summers

Idioma original: inglés
Título original: Billy Summers
Año de publicación: 2021
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: recomendable (si no esperas una historia de terror)

Vale, ya sé lo que estaréis pensando: que mientras mis compañeros/eras del blog se dejaban las pestañas leyendo tochacos de mil páginas de autores que parecen haberlos escrito con el palo de la escoba metido por el de lo más sesudo y selecto del panorama literario, yo me lo he estado pasando chupete con un best-seller del Rey de los mismos y de Maine. Ante esa sospecha, sólo puede decir dos cosas. SÍ, eso he hecho; tenéis toda la razón. Y, en segundo lugar, señalar que reseñar cualquier libro del Rey no es sólo un placer, sino UN SERVICIO PÚBLICO. Más aún si se trata de su más reciente novela (que siempre puede ser la última, que el hombre tiene ya una edad, por el amor de Dios). Además, cualquier año de éstos los de la Academia Sueca entran en razón y le dan el Nobel, y ya veréis lo que vais a poder presumir de conocer al dedillo su obra, gracias a Un Libro Al Día (el auténtico, rechace imitaciones).

Dicho esto, y a pesar de que estamos hablando del escritor vivo, y posiblemente la persona sobre la faz de la Tierra, más guay que existe, lo cortés no quita lo valiente y la obligación de cualquier reseñista de ULAD es dar su sincera opinión sobre los libros hayamos sido o no sobornados por la editorial que los publica. En este caso, hay que dejar claro desde el principio que ésta no es una de las novelas de corte fantástico o de terror de Stephen King; pertenece, más bien a su vertiente "realista", si se puede considerar tal un noir -de aquella manera- sobre un asesino a sueldo que debe esperar a su víctima en un pequeña ciudad del Sur de EEUU; como no saben cuando deberá llevar a cabo el "trabajo", la excusa que se les ocurre a sus contratantes para justificar la estancia en la ciudad de Billy Summers -el killer- es que se trata de un escritor que necesita un lugar tranquilo para acabar su libro... Y aquí está la gracia de la historia, porque Billy, aunque por precaución intenta parecer más tonto de lo que es, en realidad resulta ser un avezado lector y toma esta coartada como una oportunidad para dar el salto a la escritura, comenzando a redactar su propia y dura autobiografía novelada.

Así pues, nos encontramos con dos novelas en una o, mejor dicho, una novela (incluso más) dentro de otra: por un lado , una novela negra, más Elmore Leonard que James Ellroy (quizás un poco Don Winslow, si se quiere), que en parte recuerda a la hipnótica minuciosidad de Chacal, pero que luego remite a una historia de venganza(s). O también de redención del protagonista, a partir de cierto acontecimiento inesperado... Por lo que respecta, a la "novela dentro de la novela", nos ofrece una historia de crecimiento de un chico de la "basura blanca" y también un relato bélico, en este caso de la guerra de Irak en 2004. Además, y aunque sea a través del protagonista-autor del mismo, King nos regala alguna que otra reflexión de lo más interesante sobre el acto de escribir, algunas perlas se diría que sacadas de su Mientras escribo.

Huelga decir que en esta novela encontramos la agilidad y el dominio narrativo que el Rey ha demostrado ya en multitud de ocasiones, así como la verosimilitud en los detalles que caracteriza a sus historias: los personajes compran en el Wal-Mart, comen en cadenas de hamburguesería y duermen en moteles baratos. Además, se incluyen referencias a películas bien conocidas, series de Netflix y libros -incluso, como suele hacer a veces King, a alguno de los suyos-; por no hablar de las referencias a la etapa trumpista en la que se desarrolla la acción. Aunque es cierto que la situación en sí no resulta demasiado realista , pero tampoco nos vamos a poner melindrosos a estas alturas con el autor de It, El misterio de Salem's Lot o La niebla... Tampoco resulta del todo verosímil el protagonista de la novela: aparte de ser un trasunto de otros "héroes tranquilos" habituales en las novelas de King, resulta ser un tío culto, empático y de lo más majete con niños y mayores que, sobre todo a partir de cierto momento, más que un encallecido asesino asueldo y veterano de guerra 8de una guerra de invasión, no lo olvidemos), se diría un caballero de brillante armadura, aun convenientemente camuflado para desenvolverse con naturalidad en la América Profunda...

Da igual, porque tampoco es que uno busque realismo a ultranza en las novelas de King, ni que fuera Zola, caramba...;) Incluso en una como ésta, en la que el punto sobrenatural -que lo hay- está reducido a una mínima expresión, no es eso lo que sus lectores pedimos; lo que buscamos es una lectura que nos atrape, nos arrebate y no nos suelte hasta que hayamos acabado de conocer lasa aventuras y desventuras de sus personajes, tan de carne y hueso, por otra parte... Y con ese Billy Summers el Rey lo consigue, una vez más.


Más libros de Su Majestad reseñados en Un Libro Al Día: here

jueves, 14 de enero de 2021

Esther García Llovet: Sánchez

Idioma: español

Año de publicación: 2019

Valoración: Entre recomendable y está bien


A todo el mundo le gusta Sánchez (ejem... me refiero a esta novela claro); comprobadlo vosotros mismos: no hay crítica o reseña en la web que no sea elogiosa. A mí, ya lo adelanto, también me ha gustado, aunque quizá un poco menos...

Resumen resumido: Sánchez es un tahúr sin suerte, un granuja de baja estofa, un buscavidas de la fauna madrileña al que, una veraniega noche de San Lorenzo, requiere su antigua novia Nikki -otra que tal- para que le ayude a dar con un ominoso niño pijo llamado Bertrán, propietario de un galgo que ella pretende vender a la italiana Filardi, organizadora de una carrera a la mañana siguiente. Esa noche Nikki y Sánchez recorrerán variopintos lugares, sobre todo de la periferia de Madrid, en busca de Bertrán y el galgo, preguntando por ellos a algunos de los personajes que pueblan su "mala vida" y mientras poniéndonos al corriente -o lo hace Nikki, que es la voz narradora- sobre sus propias desventuras (por cierto, que nunca habría pensado yo que en Madrid podías encontrar a tanta gente en agosto; como soy de provincias, pensaba que todos sus habitantes se  piraban a las playas mediterráneas o de algún otro sitio como Sanxenxo o así).

La novela o novelita, puede inscribirse, como se ve, dentro de la muy arraigada tradición picaresca hispana: hablamos de unos personajes perdedores, antes incluso de que comience el juego, y que sobreviven a base de pequeñas estafas, de pequeños hurtos, pequeños golpes de suerte con los que engañar al gafe ya sí mismos, a base del puro trile, en una palabra... Una novela picaresca, pues, pero tamizada por el filtro de alguna novela negra nosteamericana: estoy pensando en Jim Thompson y, sobre todo, en Elmore Leonard; no sólo parece beber de estas fuentes por el excelente ritmo narrativo que sabe marcar la autora -es asombroso cómo cuando, por ejemplo, cuenta alguna anécdota que al final tampoco tiene mayor trascendencia, te sabe mantener pegado a las páginas como si te hubieras pringado los dedos con Loctite-, sino también por el acertado uso de unos diálogos afilados y pulidos que demuestran, además -o posiblemente-  de un gran trabajo detrás, muy buenas lecturas. No puedo dejar de mencionar, porque en realidad constituye el intríngulis de la novela (y no quiero adelantar nada a posibles lectores, así que atención), un elegante toque sobrenatural que creo le gustaría al propio Stephen King, sin ir más lejos (pero no penséis en zombis o vampiros, tranqui todo el mundo; es mucho más sutil).

Sánchez resulta ser una novela liviana con más densidad de la que puede parecer en un primer momento y, al mismo tiempo, una novela que augura un cierto peso, pero que resulta sorprendentemente liviana. Amén de tal paradoja, esa liviandad constituye, a mi modo de ver, su mayor acierto, pero también su mayor deficiencia, o quizá sería mejor hablar de carencia: uno se queda satisfecho con lo que ha leído, con la, en principio, redondez de la trama, pero al tiempo no deja de pensar que ahí había material para un historia de una mayor entidad, con un centro de gravedad más bajo, que resulte menos proclive a acabar volando por el viento del olvido (me ha quedado un poco cursi, ésto) o desleída en la corriente de las otras (muchas, espero) lecturas que hacemos al cabo del tiempo. Cierto es que esta novela es, además, la segunda de una Trilogía instantánea de Madrid, cuyo primer título fue Cómo dejar de escribir -no sé si la que Esther García Llovet ha publicado recientísimamente, Gordo de feria, también forma parte de tal trilogía-, así que tal vez haya que leerla completa para darle más entidad a cada una de sus partes, por otro lado independientes entre sí. Ya os contaré...

Otros títulos de esta escritora en Un Libro Al Día: Cómo dejar de escribirGordo de feria

viernes, 30 de agosto de 2019

Joe R. Landsdale: Una temporada salvaje

Idioma original: inglés
Título original: Savage Season
Año de publicación: 1990
Traducción: Miguel Ros González
Valoración: se deja leer

Parece que últimamente alguna que otra editorial española está recuperando no ya clásicos de la novela negra, pero sí autores y títulos que, o bien no habían sido publicados aquí, o bien habían pasado sin pena ni gloria hace, pongamos 20 ó 30 años... Claro, que ayuda el hecho de que esos títulos hayan podido ser adaptados al cine o, mejor aún, a una serie de televisión, que es lo que determina el éxito de ciertos libros, en estos tiempos. Es el caso, claro, de la novela reseñada hoy aquí, la primera de una serie escrita por el muy prolífico autor texano Joe R. Landsdale y protagonizada por sus personajes Hap Collins y Leonard Pine (y llevada a la tele con el original título de Hap y Leonard ).

Los dos son currelas agrícolas, amigos y residentes en un pueblo del este de Texas,  pero existen algunas diferencias entre ellos: Hap es blanco, heterosexual y ex-activista contra la guerra de Vietnam, mientras que Leonard es negro, gay y ex-soldado en la guerra de Vietnam.  Ambos comparten, además de su amistad, una afición por las artes marciales, un sentido del humor tendente al sarcasmo y que no tienen un duro, digo dólar, o casi... De ahí que cuando, un invierno a finales de los años 80 -se supone- aparece la ex-mujer de Hap, Trudy (a la que, por cierto, en la serie interpreta Christina Hendricks... y ahí lo dejo, que voy a parecer un Pérez-Reverte cualquiera), para pedirle que le ayude a recuperar el dinero perdido de un atraco a cambio de un buen pellizco del mismo, la pareja protagonista, sin pensárselo mucho, se sume a la aventura, junto a un grupo de nostálgicos de los años sesenta. No voy a revelar más de la trama, pero aviso que la cosa no acaba en plan hippie, sino que cuando estalla la violencia, de una ensalada de tiros y lo que no son tiros, no nos libra nadie...

La novela denota algún resabio de Jim Thompson y de Elmore Leonard: al primero lo recuerda la ambientación en el medio rural cutrillo de Texas; al segundo, los interminables diálogos, trufados de historias del pasado y un humor entre faltón y familiar, que se matcan los personajes. Pero, por desgracia, al menos en este primer libro de la serie, Landsdale no muestra ni la habilidad con el bisturí de Thompson para despellejar a la sociedad norteamericana ni la gracia de Leonard para construir unos diálogos ocurrentes y ligeros... en apariencia. ¿Lo mejor de Landsdale? Que su estilo no es nada rebuscado, no alarga en exceso los capítulos -ni el total de la novela- y, al menos desde que empieza la parte más violenta o "de acción" de la misma, que el ritmo no decae, por lo que la lectura deviene bastante rápida y aun trepidante. Pero que nadie busque lo que no hay: quizá Joe Landsdale merezca alguna otra oportunidad, no lo descarto, pero desde luego no es uno de los autores antes mencionados. Ni Ellroy, ni mucho menos Chandler o Hammet...

lunes, 20 de abril de 2015

Elmore Leonard: El día de Hitler

Idioma original: inglés
Título original: Up in Honey's Room
Año de publicación: 2007
Traductora: Catalina Martínez Muñoz
Valoración: recomendable


Supongo -y espero- que entre los lectores habituales de este blog no se encuentran seguidores de esa estupefaciente ideología política que es el neo-nazismo; la verdad, me extrañaría que hubiese alguno... Ahora bien, es posible que hoy, 20 de Abril, cumpleaños de su amado Führer, haya quien, googleando "Día de Hitler" haya sido conducido hasta aquí por esos azares de los algoritmos y del código binario... Pues bienvenidos sea, si es así, aunque me temo que este libro, pese a su jacarandosa portada, no sea exactamente lo que ese hipotético internazinauta ande buscando.

Lo que va a encontrar aquí es una novela que le traslade al mes de Abril de 1945, Mientras la II Guerra Mundial se acerca a su fin, una serie de peculiares personajes confluyen en Detroit, la ciudad del motor, llamada entonces "el arsenal de la democracia", por su potente industria volcada en la producción de armamento (incluidas las empresas de un conocido filonazi como era Henry Ford). Allí se juntan una serie de peculiares personajes, vinculados a la red de espionaje alemán, que allí dirige la supuesta condesa ucraniana Vera Mezwa, junto a su ambiguo mayordomo Bo: tipejos como Joe Aubrey, Gran Dragón del Klan de Georgia o Walter Schoen, un carnicero nacido en Alemania, que se parece asombrosamente a Heynrich Himmler, hasta el punto de que cree ser su hermano gemelo...claro que en detroit también está su hermosa y desenvuelta ex-mujer, Honey. Y en ese momento, también un par de soldados alemanes del Afrika Korps, fugados de un campo de prisioneros de Oklahoma... En busca de estos dos es por lo que aparece por la ciudad el marshal Carl Webster, uno de los policías más famosos del país, y cuyas primeras aventuras ya nos contaba Leonard en Un tipo implacable.

Con todos estos personajes y circunstancias -añadamos que el fanático Schoen le quiere hacer a Hitler un regalo de cumpleaños a la altura de su devoción por él-, Leonard va tejiendo una trama que nos conduce hacia el imprevisible desenlace, pero, fiel a su estilo, lo hace sin estridencias, relajadamente, a través de coincidencias, conversaciones jocosamente irónicas; muchas copas y más copas, y momentos de un erotismo refrescante y no menos irónico... Como de costumbre en las novelas de este escritor, los protagonistas son tipos ingeniosos y desenvueltos, que saben tratar a las mujeres, y éstas son inteligentes, atractivas y desinhibidas. Los malos, por lo general estúpidos, aunque nos siempre... Una novela que se va leyendo sin dificultad y con creciente placer, como quien disfruta de un Dry Martini o un Whisky sour junto a una agradable compañía... aunque sin obviar los toques ácidos e incluso amargos que nos sacuden al llegar las escenas de violencia, que aparecen con la inexorable facilidad que las de sexo en la novelas de Leonard y que, quizás por ello, a la postre resultan más efectivas que efectistas.

Así que, por favor, improbable lector nazinauta: en vez de salir esta noche a festejar a tu líder pintando en las paredes 14/88, "cruces chuecas" -que diría Paco Ignacio Taibo II - o injuriar inocentes runas nórdicas, hazme caso y quédate en casa leyendo un libro (siempre que no sea Mein Kampf , claro está), que saldrás ganando... Si es de Elmore Leonard, mejor.



Otros libros de Elmore Leonard reseñados en Un Libro Al Día: Mr. Paradise

domingo, 14 de septiembre de 2014

Sara Gran: Claire DeWitt y la Ciudad de los Muertos

Idioma: inglés
Título original: Claire DeWitt and the City Of the Dead
Año de publicación: 2011
Traductor: Ricard Vela Pàmies
Valoración: recomendable

Ésta es la primera novela de una serie protagonizada por la detective
Claire DeWitt (autoproclamada "la mejor detective del mundo"). La "Ciudad de los Muertos", por su parte, resulta ser Nueva Orleans en el 2007, un año y pico después del huracán Katrina, y donde DeWitt, que no había vuelto a esa ciudad en varios años, desde el asesinato de la que fue su mentora, acepta el caso de averiguar qué ha sido de un ayudante del fiscal del distrito, desaparecido desde la tormenta. El escenario de esta novela de misterio se nos presenta, pues, de lo más sugerente: a la idiosincrasia local se le suman los destrozos causados por el huracán (y el post-huracán) y la propia decadencia de la ciudad (la que tiene la tasa más alta de crímenes en EEUU, junto con la más baja de condenas por esos mismos crímenes).

La detective protagonista también resulta de lo más peculiar: de 35 años y oriunda de Brooklyn (qué "casualidad": tiene la misma edad y procedencia que la autora del libro...), sigue de manera incondicional las enseñanzas de un libro escrito por un supuesto detective francés, Jacques Silette, que parece algo así como el Tao Te Ching de la criminología. Además, DeWitt también recurre durante su investigación a sus sueños premonitorios (aquí un hipotético lector y después reseñista alzaría una ceja desconfiada), al sistema adivinatorio chino del I Ching (aquí, ese presunto lector/reseñista alzaría las dos cejas, ya con pasmo) e incluso a un supuesto arte esotérico de lectura de las huellas dactilares (aquí los ojos se abren como platos y las comisuras de la boca se curvan hacia abajo en una mueca de disgusto). Por si fuera poco, la tal Claire DeWitt, aparte de compartir la tópica dipsomanía de los detectives de ficción, resulta ser una porrera de cuidado. Es capaz de fumarse un canuto macerado en líquido de embalsamar cadáveres (y no lo estoy inventando). Vamos, todo un cuadro...

Y sin embargo... el caso es que todo este artefacto literario-detectivesco funciona y bastante bien. En parte, ello se debe al ágil estilo narrativo de Gran, que sabe ser descriptivo sin caer en la prolijidad y reflexivo sin ser plúmbeo. También gracias a un sentido del humor auto infligido y socarrón.  Un estilo de investigación que oscila entre la observación deductiva de un Sherlock Holmes (salvando las distancias) y el "apaleamiento de nubes" del comisario Adamsberg, de la magnífica Fred Vargas (salvando no menos distancias): aquí también se trata más de saber reconocer las pistas que de encontrarlas.

Y además, un pulso para contarnos la calle y sus sufridos personajes que recuerda un poco (¡ojo, sólo un poco!; tampoco nos volvamos locos) el de otro amante de Nueva Orleans, el maestro Elmore Leonard. Quizá se pueda aducir que el encaje entre ese mundo onírico,  lleno de señales esotéricas y la cruda realidad de la trama en sí, y que supone uno de los mayores atractivos de la novela; que ese encaje, digo, no resulte tan ajustado como debería. Cierto, aunque creo que en este caso, no se puede considerar como un demérito de la novela, sino, todo lo más, un aspecto a mejorar en posteriores entregas de esta detective. Porque, al final, lo que podemos sacar de Claire DeWitt y la Ciudad de los Muertos es una escritora y un personaje a seguir en el futuro. Y un nuevo título sobre una ciudad ya legendaria donde la diferencia entre vivos y muertos es mucho más difusa de lo que podríamos pensar. Si es que existe, en algún sitio.

También de Sara Gran en ULAD: Acércate

jueves, 20 de marzo de 2014

Elmore Leonard: Mr. Paradise

Idioma original: inglés
Título original: Mr. Paradise
Traductora: Catalina Martínez Muñoz
Año de publicación: 2004
Valoración: Recomendable

            Con permiso, comenzaré con una pequeña anécdota: Elmore Leonard, uno de los grandes autores de la novela negra norteamericana, falleció el 20 de Agosto del pasado año. Casualmente, yo, que nunca había leído una novela suya (aunque conocía quién era, claro, y había visto películas basadas en sus libros), había comenzado entonces una, por vez primera (quiero pensar que no hubo ningún efecto tipo “mariposa” entre ambos hechos… glups), así que, al conocer la luctuosa noticia, me tomé esa lectura como un homenaje al autor; un homenaje que resultó de lo más gozoso y divertido, porque la novela, que era Bandidos, me encantó y me lo pasé de maravilla con ella.

Desde entonces, he leído media docena más de títulos de Elmore Leonard y en todos los casos me lo he pasado de miedo. Las novelas de Leonard, bastante alejadas de la novela negra hardboiled al uso (lo que no significa que no haya acción y violencia en ellas), están, sobre todo, sostenidas por diálogos chispeantes, en los que los personajes, además de hablar de deportes, de bebidas o relaciones sentimentales, sobre todo se cuentan anécdotas acerca de personajes que han conocido, ya sean compañeros policías o detenidos, o, en el caso de los delincuentes, tipos que compartían celda o patio de recreo en el trullo (con esta querencia por el diálogo, no es de extrañar que Tarantino adaptara una novela suya en Jackie Brown). Sin embargo, por bocazas que puedan resultar los demás, los protagonistas de sus novelas, ya sean polis o maleantes, suelen ser hombres tranquilos, reflexivos y con encantador tacto en el trato con las damas (y el consiguiente éxito entre ellas). Mujeres que, generalmente, y con  independencia de si se trata de policías, agentes inmobiliarios o modelos de lencería, por su parte no tienen un pelo de tontas y  son tan decididas o más que ellos (nada de “rubias tontas”, pues).

Además, y puede que esto sea lo más refrescante de sus novelas, en las tramas no hay planes criminales perfectamente diseñados o investigaciones de una sagacidad fuera de lo creíble. Al contrario, lo que encontramos es mucha improvisación y oportunismo, cuando no un cierto fatalismo ante el devenir de los acontecimientos. Y también mucho sentido del humor; una ironía suave que suele bañar toda la historia.

En la novela que nos ocupa, la trama gira en torno a un anciano abogado que se pirra por las animadoras. Alrededor, un desfile de criados ambiciosos, prostitutas de lujo, asesinos a sueldo, pandilleros mexicanos, detectives de Homicidios, confidentes… Toda una fauna que se puede encontrar, al parecer, en la decadente Detroit, la ciudad que le gustaba tanto a Elmore Leonard como para vivir y morir en ella. En este caso, el argumento, en un principio, parece un poco más “convencional”, más ajustado a lo que suele ser una novela policíaca que en otras historias de  Leonard. En un principio, digo, porque pronto lo previsible pasa a no serlo tanto y, a partir de cierto momento, ya no se trata de cual de los personajes se llevará el gato al agua porque es más listo que los demás, sino de quién resulta ser menos imbécil (eso, la estupidez manifiesta de los delincuentes, es un tema recurrente en las novelas de Leonard y, desde luego, le salva de cualquier acusación de complacencia o fascinación con respecto al crimen).

Ciertamente, es una lástima que Elmore Leonard ya no esté entre nosotros, pero, al menos en mi caso, tengo un consuelo, y para nada triste: he echado cuentas y me quedan todavía sin leer unas diez novelas suyas traducidas al castellano (eso, sin tener en cuenta las no traducidas, las del Oeste que escribió en sus comienzos e incluso la Enciclopedia Británica, para la que trabajó en los 50). Lo que estoy es de enhorabuena, qué narices… Y los que aún no lo hayan leído, también.

También de Emore Leonard en ULAD: El día de Hitler