martes, 1 de agosto de 2017

Adam Haslett: Union Atlantic

Idioma original: inglés
Título original: Union Atlantic
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Después de haber devorado «Imagina que no estoy», su más reciente novela hasta la fecha, tenía curiosidad por leer otro libro del autor, y en este caso con una temática totalmente diferente.

Publicado en plena crisis económica, el libro se centra especialmente en los hechos que provocaron la caída de Lehman Brothers y sacudieron la economía mundial. Aún hoy seguimos sufriendo sus consecuencias, pagando todos por la temeridad de algunos, en aquellos tiempos de aparente bonanza. Aunque se trate de un libro de ficción donde la crisis económica es el telón de fondo de la novela, sí sirve para recordar el porqué de lo sucedido, no únicamente en clave económica, sino también sociológica.

El libro empieza con un prólogo bélico donde se nos explica el pasado en el ejército de Doug Fanning, magnate de las finanzas. Ya en el primer capítulo vemos rápidamente la evolución del personaje hasta situarnos en el presente y somos testigos de la disputa que tiene con su vecina, Charlotte Graves, acerca del impacto que la construcción de la nueva mansión de Doug ha causado en los terrenos donde ella vivió su niñez, rodeada antiguamente de campos que la mansión de Doug ha destruido. Así, tenemos el escenario del conflicto entre los dos personajes principales de la novela. En paralelo, el autor nos descubre cómo, en el banco donde trabaja Doug, se ha producido un problema de liquidez a raíz de una mala especulación bancaria que, a su vez, afecta al hermano de Charlotte, presidente de la reserva federal de Nueva York. Además, en medio de tal embrollo, aparece Nate, un estudiante a quien Charlotte da clases particulares y que a la vez está relacionado con Doug. Estos personajes conforman el núcleo alrededor del cual se desarrolla la trama de esta novela.

A partir de ahí, la historia se desarrolla en torno a este conflicto entre personajes. La lucha entre dos personalidades tan distantes y extremas como las de Doug y Charlotte sirven como ejemplo del choque de culturas y mentalidades que el autor quiere exponer. Hablamos de Doug y de su casa ostentosa, inmensa, insultantemente majestuosa, pero vacía por dentro, sin muebles ni indicios de servir de hogar para una vida; en el otro extremo, la de Charlote, en claro contraste por la calidez de un hogar antiguo, lleno de vida, de libros. Así, de forma análoga a la vida de sus habitantes, vemos los extremos de la sociedad retratada: mundo exterior vs mundo interior, ostentación vs humildad, apariencia vs intimidad. 

En una primera parte donde vemos el origen de lo que está a punto de suceder, Haslett nos hace un perfecto retrato de los personajes, aunque hay cierto exceso en el pasado de Charlotte, proporcionando demasiado detalle sobre su pasado que, aunque permite ver cómo llega a la situación actual, no es de excesivo interés; tampoco lo son sus habituales conversaciones con sus perros, ya que le restan credibilidad al personaje al caricaturizarlo.

A excepción de este aspecto, el libro es interesante por estar nutrido de elementos de denuncia: se aborda (aunque levemente) el conflicto en Afganistán, se exponen los motivos por los cuales una ambición desmesurada, sin escrúpulos, de los agentes de bolsa e inversores cortoplacistas provocó la caída del sistema financiero mundial; se denuncia la pérdida de valores al importar más aquello que se aparenta que lo que se es, así como el enaltecimiento de la ostentación como aspiración máxima en la vida. Se critica la pérdida de los valores transmitidos por las generaciones anteriores, así como también a la adolescencia sin ideales y sus flirteos con las drogas, el alcohol y el sexo. De todos modos, a pesar de las buenas intenciones del autor, echo de menos una mayor profundidad en el desarrollo de los temas expuestos y también percibo un exceso de tendencia hacia el thriller empresarial (a la manera de John Grisham en «La tapadera» o Joseph Finder en «Paranoia»). Si el autor hubiera dejado de lado ciertas inclinaciones hacia lo superficial y acercamientos a la novela de nihilismo juvenil (a lo Bret Easton Ellis de «Los confidentes» o «Menos que cero») y se hubiera centrado en la trama principal, probablemente hubiera abarcado menos temas, pero le hubiera quedado una novela más redonda. 

En cualquier caso, el marco donde se engloba la historia es bueno, la intención es clara y los personajes están bien definidos. El ritmo es algo y engancha. Lo que lastra la novela y su valoración es la conjunción de todos los elementos, bien definidos pero no bien entrelazados; como si su mera presencia fuera suficiente para sostener la historia. Aun así, a pesar de estos inconvenientes, la novela se lee a una velocidad abismal, y parece ser seña de identidad del autor, a juzgar por lo que también me ocurrió con «Imagina que no estoy» aunque en ese caso el libro es mucho mejor, más redondo, profundo e interesante. 

Con esta novela, Haslett nos habla acerca del boom financiero previo a la caída de Lehman Brothers, a esa época donde la gente vivía montada en el dólar, donde los campos y bosques fueron devastados para construir urbanizaciones. Donde la especulación estaba a la orden del día y parecía que todo el mundo podía ser rico, y es más, debía serlo. La falta de escrúpulos propia de quién tiene un exceso de ambición. Eran tiempos de ganar a toda costa, de arribismo desmesurado, de ambición sin límites; todo lo perdido en escrúpulos, se ganaba en dinero. Todo esto nos suena, nos retumba en la cabeza, nos sorprende y nos indigna. Pero existió. Y existe. Y es real. Y puede suceder de nuevo porque la ambición no entiende de épocas, solo de posibilidades.

También de Adam Haslett en ULAD: Imagina que no estoy

5 comentarios:

Ardilla Squirrel dijo...

Muy buena reseña, Marc. Me interesan las novelas que intentan reflejar nuestros tiempos. Hasta ahora, toda época de grandes transformaciones y quebrantos- y la nuestra lo es- ha dado grandes novelas. Todavía no parece que haya aparecido el genio que retrate la nuestra ¿ O sí y yo no me enterado?

Carlos Andia dijo...

Pues sí Marc sucederá de nuevo. Esto está montado así y siempre hay quienes salen ganando.
Estoy de acuerdo con Ardilla, ya se ha comentado varias veces como esta o aquella "es la novela definitiva sobre la crisis" (se decía de Chirbes por ejemplo). Y no parece que ninguna haya llegado a serlo. Quizá es demasiado pronto, o puede que no sea "una" sino el conjunto de varias.
Enhorabuena por la reseña.

Marc Peig dijo...

Gracias Ardilla Squirrel y Carlos por vuestros comentarios sobre la reseña. Respecto a si es "la novela definitiva sobre la crisis", tengo bastantes dudas. Probablemente cuando salió causó un buen impacto, pues coincidió con la caída del sistema económico; visto en perspectiva, si bien es una buena novela por el alto ritmo que el autor imprime a la historia, hay ciertos aspectos algo desdibujados. En cualquier caso, es un libro recomendable por lo que trata, y más visto ahora en perspectiva, ya que seguimos arrastrando sus consecuencias y parece que un nuevo boom económico se avecina (al menos en el aspecto inmobiliario, donde los precios crecen muy por encima de la economía, al menos por estos lares). Parece que no aprendemos. Ya dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Ojalá sean solo dos.
Saludos, y gracias por comentar!
Marc
PD: Ardilla, si te interesan las novelas que reflejan nuestros tiempos, échale un ojo a la reseña en ULAD del libro "¡Daha!" (en este caso sobre el "mercadeo" de inmigrantes... no te dejará indiferente).

Pablo GP dijo...

Hola, supongo que en el segundo párrafo quieres decir la caída de Lehman Brothers y no de Goldman Sachs.
Saludos.

Marc Peig dijo...

Disculpas, Pablo. Tienes toda la razón. Corregido.
Saludos y gracias por el apunte.
Marc