miércoles, 17 de marzo de 2021

Albert Monteys: ¡Universo!

Idioma: español 

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable 

Hay que reconocerlo: somos malísimos predeciendo el futuro. A ver, si no, quién iba a decir, hace un año hace dos años, que nos iba a caer la que nos ha caído, por ejemplo (vale, no me saquéis ahora vídeos de Cuarto Milenio avisando de que estaban creando el coronavirus en un laboratorio chino para acabar con la raza blanca e implementar el Plan Kalergi, o algo así...). Ahora bien, aunque no sea otra cosa, y pese a que en no pocas ocasiones se ponga también de lo más plúmbea trascendente, la Ciencia-Ficción tiene al menos un punto divertido, al desarrollar posibilidades un tanto desquiciadas y que difícilmente llegarán a poducirse, aunque nunca se sabe... Esto es lo que ha hecho el historietista Albert Monteys, veterano de El Jueves y Orgullo y Satisfacción, en este cómic compuesto por una serie de capítulos sobre un universo alternativo o, quizás sea más exacto decir -sobre todo en lo que respecta al primer capítulo- sobre posibilidades alternativas a nuestro universo:

-Esta primera parte de ¡Universo!, titulada #01 Espectacular primer número: ¡el pasado es ahora!, nos cuenta cómo en las Industrias Wortham -muebles y electrodomésticos-, investigando, supuestamente, un sistema de cocción en frío, descubrenuna manera de viajar en el tiempo y el dueño envía a uno de sus empleados al momento anterior al Big Bang para que registre en su nombre todas las moléculas que componen -o compondrán- la materia del Universo. Con imprevisibles resultados, como cabe suponer...

-#2 Desconsuelo mecánico en la fábrica de amor: se producen una serie de homicidios cometidos por parte de robots-amantes de determinado modelo sobre sus amantes-dueñas humanas, por razones desconocidas.

-#3 Lo que sabemos de Taurus-77: Las cuitas de los tripulantes de una de las naves de la misión Handshake para encontrar vida inteligente en otros planetas.

-#4 Lo que sabemos del planeta Tierra: nos revela la verdad de cómo se ha producido esa vida inteligente del planeta anterior.

-Por último, #5 En este número: ¡La Cristina del mañana!: Una investigadora de industrias Wortham se queda atrapada en la máquina de viajes en el tiem...cocción en frío y sufre un estado de desincronización temporal cada vez más acentuada...

Aunque algunas de las historias  que componen el libro resulten un poco o un mucho inquietantes, la sensación que predomina con su lectura es la diversión, ya digo, no sólo por unos guiones en los que se alterna el vértigo cuántico (reconozco que ni idea de loq ue puede significar esto, pero lo pongo porque queda molón) y un costumbrismo irónico y entermnecedor, sino, además, reforzada por el trazo llenos de humor de los dibujos de Monteys. 

En suma, un cómic entretenido, divertido y bonito de mirar = recomendable, sin duda.


martes, 16 de marzo de 2021

Berta Dávila: Carrusel

Idioma original:
gallego
Título original: Carrusel
Año de publicación: 2019
Traducción: Berta Dávila
Valoración: Recomendable > Muy recomendable

Es curioso cómo influyen las expectativas previas en el modo como leemos un libro. Carrusel, de Berta Dávila, se publica en su versión castellana (traducida del gallego por la propia autora) en la misma editorial que Panza de Burro de Andrea Abreu, que como ya comenté en su día fue para mí una de las lecturas más luminosas y sorprendentes del año pasado. Venía, además, muy bien recomendada por una persona de cuyo criterio me fío mucho, aunque nuestros gustos no siempre coincidan. Así que entre eso, y quizás la sugerencia infantil del título, esperaba encontrarme con un Panza de Burro 2: Galicia Drift. Y no: son novelas muy diferentes, aunque ambas propongan una investigación estilística radical de signo casi se podría decir que opuesto.

Ese fue uno de los motivos por los que me costó entrar en el texto de Carrusel: frente a la (muy trabajada y estudiada) naturalidad de Panza de burro, Carrusel propone un lenguaje deliberada y manifiestamente poético, que parte de lo concreto e incluso lo nimio para adentrarse en lo abstracto y lo matefórico. Un lenguaje delicadamente trabajado, a veces lacónico o aforístico y que, en una primera impresión, me pareció incluso demasiado forzado. Tampoco me ayudaron a entrar en el libro las referencias al propio proceso de escritura ("este libro que estoy escribiendo", "empecé a escribir este libro", etc.), un recurso, y ya sé que esto es cuestión de gustos, que personalmente me resulta incómodo. Pero luego, ya sea porque fui entrando en el lenguaje y en la propuesta estética de la novela, o porque el propio texto alcanza su propia velocidad de crucero, lo cierto es que a partir del tercer o cuarto capítulo me atrapó y me fascinó, hasta tal punto que hice algo que no recuerdo haber hecho nunca: nada más acabar la novela la "rebobiné" en el eReader, y empecé a leerla otra vez. Y creo que esta es de hecho una novela que a pesar de su brevedad (o a lo mejor gracias a ella) se podría releer muchas veces, y siempre se encontrarían cosas nuevas.
 
Esta es, efecto, una obra densa, y que no sigue la estructura de una trama narrativa tradicional, aunque en un sentido muy vago sí haya una cierta progresión cronológica, sino que pertenece a "otro tipo de historias más difíciles de contar, que empiezan y terminan en cada trazo del pincel. Esas historias hay que escribirlas con pulso de miniaturista y necesitan ser leídas con pupilas miopes, atendiendo a cada punto. En ese tipo de historias lo que más importa es el detalle, lo único que importa es el detalle, realmente", como se afirma en el primer capítulo. De hecho,quien mueve los hilos de la narración es la memoria asociativa, que establece conexiones temáticas o emocionales a través del tiempo y el espacio, relaciona lo que es con lo que fue, este gesto con aquel otro gesto semejante, este lugar con aquel otro lugar del mismo tipo, y crea un universo familiar y de amistad por momentos borros, por momentos terriblemente cruel, pero también poblado de amor y de empatía.

Así, para agarrarnos al texto y darle sentido nos sirven ciertos nombres (el tío Carlos, la amiga Natalia), imágenes (el mercurio como veneno, los números como representación y sustitutos del mundo, el coleccionismo como forma de aproximarse al mundo), o temas (la enfermedad mental, la muerte, la familia, la maternidad). De hecho, la idea de circularidad indicada por el propio título remite también a la idea de repetición neurótica, una dolencia que parece aquejar a varios miembros de la familia de la narradora, marcando las páginas más descarnadas y terribles de la novela. Y a pesar de todo, a pesar de su dureza, creo que el texto consigue arrancar destellos de luz y dejar una sensación de calidez, porque a pesar de su sufrimiento, de su introspección y de sus traumas, los personajes consiguen convivir, comunicarse, quererse, encontrarse. "La mayor parte de las historias son una suma de trazos de luz y de sombra", dice la narradora, y lo pone en práctica en el texto.

Y el estilo, ese mismo estilo que al principio me dificultaba entrar en la novela, acabó por convertirse en otro elemento luminoso del texto, otro motivo para seguir leyendo página tras página (y para volver a empezar el libro una vez terminado). No tengo en absoluto el hábito de subrayar libros, y como este lo estaba leyendo en formato digital, todavía menos, pero no hay duda de que Carrusel es un libro muy subrayable, cargado, como decía antes, de aforismos sobre la vida y la muerte, la enfermedad, la amistad, la soledad, la maternidad o la propia literatura. Incluyo aquí como muestra un párrafo, de entre los muchos que podría haber escogido, donde se muestra este cruce entre familia, memoria y literatura:

No gestiono bien lo imprevisible, a lo mejor porque yo misma soy así la mayor parte del tiempo. Imagino que es algo que he heredado, sin quererlo, de la abuela Úrsula. Mientras recogemos su casa, encontramos notas manuscritas en pequeños trozos de papel prácticamente sobre cada objeto de importancia que poseía, sobre cada cajón, sobre cada espejo: las medicinas, los pequeños recados, el listado de los libros que están guardados en la librería y los que están en la mesilla de noche. Esa necesidad de controlar las pocas cosas que pueden controlarse, de anotarlas y darles forma, se parece mucho a lo que yo hago: escribir para comprender la infinidad del mundo en el que vivo como si fuera una casa que me pertenece.

Y otro párrafo, ya cerca del final, que resume la búsqueda de la luz en medio de la oscuridad, y con el que creo que es apropiado cerrar esta reseña:

Así son también las cajas de música que me obsesionan desde que era una niña. La lógica del mecanismo de una caja de música son los obstáculos. La rueda no se detiene, el sonido aparece cada vez que ella tropieza. Si no hubiera obstáculos, no habría música tampoco. No sé en qué momento tomé conciencia de vivir dentro de una caja de música, tropezándome. Tal vez ese y no otro es mi hogar y el lugar que siempre estoy buscando, ese sitio al que siempre quiero volver y del que nunca quiero marcharme. O a lo mejor es así como vivimos todos.

Si es así, celebrémoslo.

lunes, 15 de marzo de 2021

Roque Larraquy y Diego Ontivero: Informe sobre ectoplasma animal

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Valoración: Curioso y recomendable

Pues es este un libro muy breve, de apenas 80 páginas, que contiene 23 "microhistorias" y 21 ilustraciones que tienen como nexo común la loca historia de la Sociedad Ectográfica Argentina. Estructurados a su vez en cuatro partes - apariciones, teoría ectográfica (y alguna que otra anomalía), breve historia de la ectofotografía e "intrahistoria" de la Sociedad - los textos se sirven de diferentes materiales y de diferentes géneros para construir un volumen a medio camino entre el absurdo y el delirio.

En la primera parte de "Informe sobre ectoplasma animal" se nos presentan en forma de microrrelatos una serie de apariciones (un mono albino en Montevideo 1940, un pato en un mingitorio de una confitería bonaerense en 1952, todo un océano que cubría la Pampa...) que sitúan los textos entre el terror, la ciencia-ficción y el humor surrealista.  

En la segunda parte, cuatro breves textos sirven para presentar aspectos de la teoría ectográfica ya insinuados en los microrrelatos anteriores. Esta parte emparenta con la posterior historia de la ectofotografia y de la Sociedad Ectográfica Argentina, en la que Larraquy detalla principios y definiciones, técnicas y descubrimientos  obtenidos de fragmentos del diario del fundador de la Sociedad, un tal Severo Solpe.

Cierra el libro la que quizá sea la parte más interesante del mismo, esa en la que se mezclan la búsqueda de financiación, la búsqueda del reconocimiento de la ectografía como ciencia y su uso para fines político-militares con el contexto político del momento (el Golpe de Estado de Uriburu, etc). Para esto, el autor abandona el campo del microrrelato al uso y se sirve de las cartas que el ya citado Solpe envía a un senador de la República, Por otra parte, y si alguien ha leído la magnífica "La comemadre", este parte final de "Informe sobre ectoplasma animal" emparenta con aquella en tiempos, lugares, obsesiones y ciertas refinadas y no tan refinadas crueldades.

En cuanto a las ilustraciones de Diego Ontivero, y un poco en la línea de lo que podéis ver en la fotografía de la cubierta, predomina la geometría y la abstracción con imágenes cercanas, en ocasiones, al cubismo. No siempre la relación con los textos a los que acompañan en clara al 100%, aunque constituyen un acompañamiento de lo más curioso.

Y por lo que respecta a los textos, resultan estos sorprendentes y divertidos, completamente locos algunos, pero me queda la sensación de que la historia de esta Sociedad Ectográfica Argentina podría ser el punto de partida de una gran novela en manos de un Roque Larraquy que ya dejó en "La comemadre" un muy buen ejemplo de lo que es capaz de hacer. 

También de Roque Larraquy en ULAD: La comemadre

domingo, 14 de marzo de 2021

Ali Smith: Primavera

Idioma original: inglés
Título original: Spring
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán). En castellano estará disponible próximamente.
Año de publicación: 2019
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

Uno podría pensar que «Primavera», tercer libro del cuarteto estacional de Ali Smith, podría tratar sobre el renacer, el despertar, la irrupción de savia nueva y fresca que alimente nuevos brotes de esperanza e ilusión. Al fin y al cabo, de eso probablemente trataría un libro supuestamente basado en esa estación del año. Pero aquí hablamos de Ali Smith, y de ella podemos esperar muchas cosas, pero difícilmente irán desvinculadas de nuestro presente y, por tanto, sabemos que estarán envueltas de denuncia y crítica política y social.

Por ello, la siempre incisiva y mordaz Ali Smith, arranca ya desde la primera página con un breve capítulo donde vuelca todo lo necesario, todo lo deseable, para que el mundo estalle. O acabe de hacerlo. Derechos, libertades, migración, política, sociedad, todo cabe en el universo mental de la autora para ejercer de altavoz y lanzar ese grito de alerta. Porque en el fondo, es culpa nuestra, porque necesitamos muchas cosas, necesitamos «que las noticias sean lo que nosotros digamos que son», «queremos que las autoridades digan que la verdad no es la verdad», «queremos que las personas que calificamos de extranjeras se sientan extranjeras», «necesitamos personas que se sientan privadas del derecho a voto» para que así todo estalle, para que irrumpa un nuevo mundo, para conseguir de esta forma que ya nada sea como antes y empezar de cero. Porque lo que viene del mundo antiguo no nos vale. Ese es el mensaje inicial y ese su grito que nos pone alerta.

El arranque del libro es fulgurante, vitalizador, con un ritmo impetuoso que arrasa con todo y sin escrúpulos, porque la primavera hará brotar la vida, a pesar de todo, a pesar de todos, porque la naturaleza puede y debe, porque a pesar de todo «la luz se mueve» y se dirige a nosotros sin piedad ni dulzura. Porque «las plantas que crecen entre la basura y el plástico, tarde o temprano, salen, a pesar de todo», porque Ali Smith está siempre atenta a la actualidad, siempre alerta, y sitúa el cambio climático en primer plano. Por si acaso se nos hubiera olvidado o hubiéramos tentados de negar su existencia. Y, como hacía en sus dos obras anteriores, aquí rescata la figura de la artista plástica Tacita Dean y su estilo de corte minimalista, para destacar lo efímera que es la vida, casi imperceptible, pero terriblemente hermosa a través de sus pequeños detalles. O también, rescata una imposible relación entre Katherine Mansfield y Rainer Maria Rilke, brillante en planteamiento y que sirve para recuperar su memoria.

Una vez superado (sí, por la contundencia y rotundidad de las primeras páginas podríamos hablar de «superado») ese ímpetu inicial, ese torrente ideológico, esa carga arrasadora con la que la autora nos aturde, nos presenta a Richard Lease, uno de los principales protagonistas de la historia, a través de un diálogo interno que evidencia el mal concepto de sí mismo: un perdedor, alguien quien ha dejado muy atrás la ilusión por las cosas, alguien con poca confianza en sí mismo y baja autoestima. Richard, que parece que arrastra su vida atada a un sentimiento de melancolía y añoranza por la muerte de Paddy, guionista y su gran amiga. Richard, con sus diálogos internos, Richard con sus dudas e inseguridades, Richard con sus conversaciones con su hija imaginaria; una hija siempre presente y constante en su vida, con quien mantiene diálogos trascendentales que le cuestionan su manera de pensar y que le preocupan, le inquietan y que en su imaginación reemplaza ocasionalmente, sin llegar a sustituir, a su verdadera hija con la que ya no tiene contacto. 

Con ese personaje que llena y envuelve el primer tercio del libro, Ali Smith no deja de sorprendernos libro tras libro, pues con esta novela manifiesta de manera clara su excepcional habilidad para, no únicamente tratar diferentes temas en cada uno de los libros del cuarteto estacional, sino también al hacerlo con un estilo y aproximaciones de manera totalmente diferentes. En este inicio, en su primera parte, Ali Smith aparca parcialmente su tono ácido y demoledoramente crítico y se acoge inicialmente a un tono más sensible, más emotivo, más tierno. Centrándose en únicamente en un personaje con evidentes y claras contradicciones, le permiten cubrir todo aquello que pretende narrar: una historia que deja de lado la oscuridad y el frío del invierno y que sin dejar completamente de lado la visión parcialmente negativa se abre a la posibilidad de un optimismo que, envuelto de emocionalidad y ternura, opta por hacerse presente en la maltrecha vida de su protagonista.

Y, cuando nos hemos acostumbrado a Richard, a sus preocupaciones e inquietudes, a sus reflexiones y lamentos, a su pesar por la muerte de presencia aun constante de su amiga Paddy, la mente prolífica de Ali Smith nos rompe la narración añadiendo un segundo personaje crucial; Brittany, una joven que trabaja de ACD (Ayudante en la Custodia de Detenidos) en un C.I.E. de Gran Bretaña. Un personaje que ejerce de pilar sobre el cual la autora vuelca sus críticas hacia un sistema pensado y gestionado de manera que deja a los reclusos de lado; así, la autora nos habla de los centros de internamiento (bueno, «detención» mejor dicho) de inmigrantes, de la injusticia existente en la realidad a la que son sometidos sus reclusos. De esta manera, en esta segunda parte, Ali Smith afila su ironía para cargar sin contemplaciones sobre los CIE y las condiciones a las que someten a sus internos, y vuelca su denuncia a los políticos que intentan por todos los medios que esas condiciones aparezcan suavizadas, moderadas, modificadas, alteradas para así dar a la opinión pública una imagen diametralmente opuesta a la real cuando la realidad es otra en palabras de sus internos al afirmar que «el miedo será siempre parte de mi sentido de pertenencia donde esté, en cualquier sitio, durante el resto de mi vida. Luché mucho para llegar a este país vuestro. Y lo primero que hicisteis cuando llegué fue darme una carta que decía Bienvenida a un país en el que no eres bienvenida. Ahora eres una persona con la calificación de bienvenida con quien podemos hacer lo que queramos». La mirada de Ali Smith siempre va ligada a la crítica mordaz sobre la sociedad, sobre el control y el poder, sobre las injusticias a los que someten a la población. Y los políticos, alguien que convierte a los votantes en insignificantes con la complicidad de los periodistas, interesados principalmente en rellenar el espacio con trifulcas: «nos preguntáis todo el rato qué pensamos, como si tuviera alguna importancia. Les da lo mismo lo que pensemos. Solo queréis peleas. Te diré lo que conseguís. Nos hacéis insignificantes».

Y, cuando nos hemos familiarizado con Richard y con Brit, aparece Florence para completar el escenario; un grandísimo personaje, ese personaje joven, atrevido, valiente, espontáneo y luminoso que siempre aparece en las novelas de Ali Smith para destacar por encima de todos, para sobresalir entre tanto desánimo; es el personaje que sacude el tablero y le insufla un nuevo aliento que esconde el optimismo de quien no se resigna. Florence destaca como la juventud que debe florecer pero que ostenta una madurez inaudita e impropia de su edad, pues la situación del mundo en la que le toca vivir le ha suprimido su inocencia, convirtiéndose así en alguien con una madurez que constata la dureza del mundo en el que nos toca vivir. Florence, que llama a Brit «la máquina», en alusión al grupo de música, pero también al hecho de trabajar en un CIE, desproveyéndola así de humanidad, a pesar de sus intentos. Florence, una chica empoderada, llena de optimismo a pesar de que no posee nada tangible; únicamente sus ganas de luchar y resistir en un mundo hostil.

En manos de Ali Smith, la primavera se manifiesta como un momento de reverdecer, un brote de savia nueva que remite al renacimiento de nuevas esperanzas, un rebrote de la vida que, con la compañía de unas almas en principio solitarias, confirma un conjunto en el que unas a otras se nutren para establecer un nuevo comienzo. Sus personajes tienen una fuerza inmensa, es encomiable a la habilidad que tiene en retratar los personajes y en darles una personalidad que los hace únicos y entrañables, próximos, sensibles y, especialmente en los personajes jóvenes, de mentalidad abierta y principios en construcción, de ideas fuertes y vigorosas que luchan por establecerse y enraizar en el campo de la intelectualidad y la personalidad. Es innegable el don que tiene para mezclar una trama argumental con detalles de nuestra realidad. Pero en Ali Smith no todo puede ser visto con el filtro del optimismo, porque a pesar de ese atisbo de luz, la novela gira de nuevo en torno a las desigualdades sociales, los abusos, el sometimiento a las normas estrictas y rígidas de gobernantes sin escrúpulos ni sin capacidad ni capacidad de escucha y las redes sociales y los móviles, que con sus tentáculos captan nuestras vidas porque «queremos tu pasado y tu presente porque también queremos tu futuro. Lo queremos todo de ti». Y sabemos que la primavera vuelve, pero se irá en medio de una situación climática que lucha irremediablemente por establecer sus propias prioridades y designios, en medio de una crisis que la autora pone de manifiesto al decir «alteradme el clima, os joderé la vida. Vuestra vida no es nada para mí».

Todos estos elementos de denuncia, hábilmente mezclados con la vida de sus protagonistas, hacen que la prosa de Ali Smith destaque de manera excepcional y sea capaz de imbricar una trama argumental coherente y actual con múltiples puntos como el arte, la sociedad, la política, las injusticias, la soledad, el abandono, la desesperanza, la ilusión, la rebeldía, el conflicto, la deshumanización, la crítica, la renuncia, la oposición y la constatación de que el mundo se vuelve oscuro. Y constatar que la primavera, que debería traernos un reverdecimiento y savia nueva, no deja de ser un episodio temporal en el que podamos coger algo de aliento sin esperar que la ilusión de nuevos rebrotes sea algo permanente y definitivo.

sábado, 13 de marzo de 2021

John Le Carré: El sastre de Panamá


Idioma de publicación:
inglés

Título original: The tailor of Panama

Año de publicación: 1996

Traducción: Carlos Milla

Valoración: recomendable

Casi tres meses después de su fallecimiento, en el epígrafe "libros que andan por casa" presto la atención, y creo que es la primera vez, a John Le Carré, pseudónimo, por cierto, de David Cornwell, autor especializado en el espionaje partiendo de su experiencia personal en el sector. Como muchos autores de la segunda mitad del siglo XX, encuadrados dentro de un género (Greene, Lapierre, Collins) de enorme poderío comercial, de alto nivel de sugerencia visual, lo cual les procuraba un innegable gancho y una curiosa hegemonía, prácticamente ese ramillete de autores justificó el acuñamiento del término best seller y hasta aquí hemos llegado: ventas millonarias, adelantos generosos, lanzamientos multinacionales, incluso antes de que apareciera la oleada de la novela histórica (queridos lectores: no me busquéis ahí) y degradara hasta el extremo: hoy best seller es casi sinónimo de obra de fácil lectura e incierto valor literario.

Creo que Le Carré queda a medio camino de ese concepto: El sastre de Panamá me ha parecido una novela bien escrita, quizás no con un estilo depurado pero desde luego alejado de las frases cortas y las parrafadas desechables. Cierto es que Le Carré se ve obligado, 1996, a situar su obra en periodos y escenarios alejados de los estereotipos de los 60 a los 80 (telón de acero, guerra fría, los dos bloques) y que ha de optar, en ese 1996 que queda a medio camino entre la caída del muro y la de las torres del WTC, por imaginar un Panamá previo a la salida de la dominación USA, pergeñando una trama donde la república centroamericana es un nido de confidentes, espías y contraespías de los movimientos de las autoridades del Canal, auténtico protagonista inerte en su condición de enclave geoestratégico, que en este caso se concreta en la figura de Harry Pendel, responsable de la sastrería P&B, que proclama orgullosa haber tenido sede en Saville Row, Londres, sastre que se dedica a vestir con caros ropajes a la élite de poder que desfila por sus instalaciones. Louisa, su esposa, trabaja en las cercanías de políticos prominentes y emergentes. Andrew Osnard, del servicio de inteligencia británico, lo elige para chantajearle sin reparo, ya que Pendel tiene un pasado sobre el que Osnard ha indagado, un pasado mucho menos idílico del que Pendel proclama y da a conocer. Pendel cede al chantaje y acepta convertirse en informador.

Y hasta ahí puedo llegar. Se trata de una novela de suspense, sabéis. Solo diré que Le Carré se inclina más por el aspecto psicológico (Pendel ha elegido una vida honrada y aburrida a la que no quiere renunciar) e incluso escora la novela hacia cierto escenario de picaresca (Pendel debe satisfacer a Osnard sin traicionar a su entorno) en el que la novela se empantana un poco. No hay acción, no hay tiros ni persecuciones, de hecho hay más bien un juego laberíntico, descrito en escenas que cambien de enclave para evitar un desarrollo demasiado lineal, obvio recurso del género, y podríamos incluso destacar que la novela juega al cambio de roles: Osnard tiene un comportamiento más abiertamente deshonesto que Pendel. El final se atisba demasiado pronto y la novela pierde fuelle en sus últimas cien páginas, se trata de un texto más que digno si bien el género, como tal, ha perdido buena parte de la relativa erótica de décadas pasadas. Hoy todo es más sórdido y lúgubre y menos rodeado de ese glamour ligeramente decadente que la obra de Le Carré parece desprender.


viernes, 12 de marzo de 2021

Henry Miller: Una pesadilla con aire acondicionado

 Idioma original: inglés

Título original: The Air-conditioned Nightmare

Traducción: José Luis Piquero

Año de publicación: 1945

Valoración: Entre recomendable y Está bien


Henry Miller se había ido a Europa, a Paris concretamente, a lo mismo que cientos de artistas de todos los géneros, a vivir en el cogollo del arte, donde todo se gestaba, donde las vanguardias eran siempre bienvenidas, la creatividad se respiraba en cada café, en cada pensión de mala muerte. Pero los tiempos dejaron de ser propicios y la guerra llamaba a las puertas, así que decidió volver a los Estados Unidos para materializar una idea que le llevaba tiempo rondando: un largo viaje por su país natal para explorar su realidad y trasladarla a un libro. Lo hace allá por 1941, todavía antes de Pearl Harbour, y el libro es el resultado del periplo.

Parece indudable que Miller ya inicia la aventura con prejuicios muy sólidos. El hombre llega seguramente tan fascinado por el viejo continente que acaba de dejar,  tan predispuesto a encontrarse algo abominable, que lo larga en el primer y más descriptivo capítulo titulado ¡Buenas noticias! ¡Dios es amor! Son horribles las ciudades (en particular, Nueva York, donde nació) pero también las localidades más pequeñas, es un mundo impersonal, cegado por la ambición y el consumismo, un lugar íntegramente dominado por la vulgaridad: 

“Tenemos un gusto arquitectónico que se acerca al punto de la inexistencia tanto como es posible. En las diez mil millas que he recorrido hasta ahora, he conocido dos ciudades que poseen barrios merecedores de echarles un segundo vistazo: me refiero a Charleston y a Nueva Orleans. El resto de ciudades, pueblos y villas por los que he pasado espero no volver a verlos en toda mi vida"

No solo en el aspecto externo. El puritanismo y la obsesión por las comodidades y las posesiones materiales ha degradado hasta tal punto al norteamericano que todo ha dejado de importar: la educación, el arte, la pobreza, la democracia misma. Es una sociedad enferma que inevitablemente compara con la Europa que acaba de dejar, cargada de historia, de joyas arquitectónicas, de ideales, de explosiva creatividad. 

Sin embargo, este potente arranque del libro, que a veces se coloca como extracto significativo, no agota la narración, porque el viaje continúa y Miller, que parece haberse desahogado suficientemente, recorre el sur del país en un viejo Buick destartalado. El formato hace inevitable el recuerdo de Kerouac, aunque En el camino se escribió unos cuantos años más tarde, y las similitudes no van mucho más allá del carácter itinerante y el entorno geográfico. Olvidándose un tanto de las ciudades y sus aberraciones, Miller se va deteniendo a conocer a diversos personajes, siempre relacionados con las artes o el pensamiento, tipos más o menos extravagantes que suscitan su entusiasmo, como un tal Weeks Hall (que recuerda vagamente al Canterel de Raymond Roussel), el cirujano-pintor Souchon, o el músico Edgar Varèse. Individuos aislados que parecen conservar el espíritu que Miller echa de menos en el alma del país, que de alguna manera trascienden ese mundo materialista del que reniega y conectan con el equipaje mental que trae del viejo mundo. Siempre en el sur, donde el autor parece encontrar restos de las antiguas esencias perdidas desde la victoria del Norte en la guerra, el poso de formas aristocráticas, la vida a un ritmo pausado deleitándose en el detalle, el buen gusto ligeramente decadente, las plantaciones de tabaco y algodón. 

Los encuentros con estos personajes hacen florecer cierto impulso filosófico que muestra a un Miller vital, a veces atronador, siempre sincero y también reflexivo, sensible ante la injusticia (la desigualdad y la pobreza, la segregación de negros e indios, el menosprecio hacia el artista) y con un espíritu irreductible: 

“A los dieciocho años era tan filósofo como lo seré siempre. Un anarquista de corazón, un espíritu no gregario, un independiente y un filibustero. Amistades sólidas, odios sólidos, desprecio de todo lo tibio, de toda componenda.”

Pero también con un profundo sentido de la estética que se expresa con generosidad al contemplar el Gran Cañón del Colorado, al que dedica bellísimas descripciones, aunque no por ello deja pasar la oportunidad de remachar ‘Por qué será que en América las grandes obras de arte son todas obra de la Naturaleza?’ 

Como el libro es sobre todo un híbrido en el que cabe todo, tiene momentos para cosas muy diversas como la narración, con tintes surrealistas, de un sueño a propósito de la ciudad de Mobile (solamente a partir de su toponimia), los desternillantes relatos de sus penalidades en la carretera o de una cena de alto copete en Hollywood, o la versión dramatizada de una hipotética charla entre el interesante acuarelista John Marin y su mentor Alfred Stieglitz. De manera que el Miller cronista deja amplio espacio al escritor deseoso de expresarse libremente en distintas direcciones.

Queda la sensación de que aquel comienzo incendiario del libro pudiera no ser totalmente representativo de las convicciones del autor. Quizá era solo producto del shock por haber dejado la Europa ilustrada en la que creció como escritor y tal vez enfrentarse a algunos de sus fantasmas personales. Porque aunque de entrada nos topemos con algo parecido al dolor por una patria decepcionante (a este lado del charco resonarían ecos de la generación del 98), da la sensación de que poco a poco Miller se va sintiendo menos incómodo y empieza a encontrar argumentos para detestar en menor medida o con menos vehemencia el país al que regresa.

Otras obras de Henry Miller en ULADTrópico de Cáncer


jueves, 11 de marzo de 2021

Nora Krug: Heimat

Idioma original: inglés
Título Original: Belonging. A German Reckons with History and Home
Año de publicación: 2018
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Siempre es aconsejable seguir las recomendaciones del nuestra amiga Deborahlibros y en este caso no podía ser menos: interesado gracias a su excelente reseña, me puse a leer este libro de la escritora e ilustradores estadounidense de origen alemán -o alemana nacionalizada estadounidense- Nora Krug. Y, desde luego, no he quedado decepcionado. 

Lo de la nacionalidad de la autora tiene su importancia, porque Krug, nacida y criada en la ciudad de Karlsruhe, se fue a los veintitantos a Nueva York, donde, ya antes incluso de su matrimonio con un judío de Brooklyn, experimentó, si no una crisis, sí una toma de conciencia de las connotaciones negativas e incluso de la carga de culpa que conllevaba su origen alemán por lo sucedido durante el III Reich. Algo de lo que ella ya era consciente, claro, como perteneciente a la segunda generación de nacidos tras la guerra y a los que las instituciones educativas alemanas se han cuidado mucho de recordar con meticulosidad germánica los crímenes de aquella época (con un celo sólo comparable al de los diferentes gobiernos españoles para educar sobre los cometidos por el régimen franquista, su complicidad con los nazis, el oprobio de la División Azul, etc.). Krug, asaltada además por la lógica nostalgia, se dedicó a explorar por diferentes vías el concepto de "patria", algo que, sin embargo, en el alemán heimat no se corresponde exactamente con la ampulosa idea imperial que suponemos -y que le pretendían dar los nazis-, sino más bien con "terruño" o "espacio en el que uno se siente cómodo" (por cierto que, aunque el original en inglés del libro no sea ése, este es el tercero que reseño ya con "Patria" como título, después de la exitosa novela de Aramburu y la menos conocida pero excelente novela gráfica de Nina Bunjevac... ¿No hay un registro de títulos o algo así?).

Vista la dificultad de establecer que era para ella su auténtica patria, más allá de unos recuerdos y paisajes e incluso objetos cotidianos que asociaba con Alemania (ya volveré sobre esto después) y, en su caso, además, de sentirse cómoda con una identidad libre de culpas, Nora Krug decidió empezar por lo más cercano, aunque, al tiempo, bastante desconocido para ella: la historia de su propia familia durante aquellos años, más allá de los rumores o incluso leyendas familiares sobre lo que habían hecho sus abuelos; la rama paterna de su familia le resultaba aún más misteriosa porque su padre, oriundo de Külsheim, había roto casi del todo los lazos con sus parientes. Nora consigue averiguar bastante de unos y de otros, pero sobre todo se centra en dos personajes que tuvieron una participación más activa en la guerra: su tío Franz-Karl, muerto en el frente de Italia y al que su padre ni siquiera llegó a conocer y su abuelo paterno, Willi Rock, profesor de autoescuela en Karlsruhe y chófer militar durante la contienda (aprovecho para lamentar que la madre de Nora se casara con un alemán llamado Krug y no con un rumano de apellido Pop, porque entonces la autora del libro se habría llamado Nora Pop-Rock, y ya me diréis si se puede molar más...); no voy a adelantar resultados sobre sus pesquisas... sólo diré que las cosas suelen ser más complejas y también más simples de lo que parecen. Y que, como sabemos gracias a cualquier teleserie norteamericana, incluyendo Los Simpsons, la sangre siempre es más espesa que el agua...

En cuanto al aspecto formal del libro, me cuesta considerarlo un libro de autoficción, como he leído en alguna parte, siendo más bien de crónica o mejor investigación familiar, aunque también refleje las vivencias y reflexiones de la autora, claro... De igual manera, no creo que se pueda considerar una novela gráfica; para empezar, no es una novela y tampoco es un cómic, propiamente dicho: en el libro se combinan páginas en forma de historieta, con otras en prosa "normal", con ilustraciones, fotos, documentos, etc. Hay un apartado dedicado a recuerdos de la guerra mundial que la autora, supuestamente, ha ido encontrando en mercadillos (fotografías, postales, cartas, medallas) y otro titulado Del cuaderno de una emigrada nostálgica, evocando objetos típicos y cotidianos en las casas alemanas y que se suponen son característicos de la idiosincrasia germánica por su eficacia y fiabilidad,  que van jalonando todo el libro: desde los archivadores Leitz o el típico pan negro, a las bolsas de agua caliente (por fortuna, no aparece el típico y estrambótico modelo de inodoro alemán, aunque podría). Se trata de una selección que tiene, aparte de expresar la "morriñen" de la autora (o como se diga en alemán, con alguna palabra de veintitrés letras), más intención, quizás incluso irónica, de lo que podría parecer: la  lista se abre con los apósitos Hansaplast, que por lo visto se pueden adherir a cualquier superficie cutánea, da igual en qué condiciones se encuentre, pero que causan dolorcillo al despegarlos, y se cierra con el superpegamento UHU, capaz de pegar cualquier material, aunque, eso sí, no puede rellenar grietas.

En conclusión, una novela gráfica lo-que-sea cuya lectura me parece de lo más recomendable. Y también, si tenéis interés, cualquier entrevista a su autora, que es una mujer que parece tener la cabeza muy en su sitio y explica asuntos espinosos sin  innecesarios ambages, de una forma franca y renovadora. Lástima lo de su apellido, pero no se puede tener todo...