Mostrando las entradas para la consulta Alfred Jarry ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Alfred Jarry ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de marzo de 2009

Alfred Jarry: Ubú rey

Fecha de publicación: 1896
Idioma original: francés
Título original: Ubu Roi
Valoración: Se deja leer

Antes de que nadie se me eche encima, reconozco que la valoración está viciada por una circunstancia obvia: Ubú rey es una obra de teatro y, por tanto, no está hecha para ser leída, sino para representarse. Sucede, además, que Ubú rey es la abuela del teatro del absurdo. Los personajes, de tan grotescos, son casi títeres, monigotes, máscaras, y su acción debe hacer reír al público o escandalizarle. Pero lo que visto sobre un escenario puede ser muy gracioso, leído puede ser una simple memez. En fin, que se pierde mucho al leer la obra en vez de verla.

En cualquier caso hay que reconocerle una modernidad increíble para su época. Se estrenó en 1896, en un París todavía simbolista. La noche del estreno fue uno de esos acontecimientos en los que la vanguardia bohemia tenía a bien mostrarle su profundo desprecio a los bienpensante burgueses "filisteos". A la primera palabra ("merdre", o sea "mierdra", así, con una r intercalada) siguió un cuarto de hora de indignados abucheos y aplausos entusiastas. La obra sólo se representó una vez más antes de caer del cartel, pero esto fue suficiente para convertir a Alfred Jarry en el hombre del momento para la vanguardia artística de París. Por supuesto, Jarry murió a los pocos años, víctima de la tuberculosis y estragado por el alcohol. Comme il faut.

La obra cuenta el ascenso al poder (y posterior caída) del Padre Ubú, capitán del ejército polaco, ex-monarca de Aragón y doctor en 'Patafísica. Alentado por su mujer, Madre Ubú, y su compinche el capitán Bordura, Ubú mata al Wenceslao, rey de Polonia, y se pone en su lugar. En un par de días muestra tan absoluta monstruosidad moral que el zar accede a ayudar a Bugrelao, hijo del legítimo rey, a recuperar su trono. Tras perder la guerra, Ubú parte al exilio.

La figura de Ubú parece estar inspirada por un tal Hébert, profesor de física de Jarry en el liceo, que motivó una farsa para marionetas escrita y representada por los alumnos. En manos de Jarry, el pobre Hébert degeneró hacia un tipo monstruoso en todos los sentidos: con una enorme panza sobre la que se dibuja una espiral, Ubú es cobarde, traidor, estúpido, malvado, colérico y, además, huele mal. Esto como aviso para los profesores que leen este blog: cuidado con caer mal a vuestros alumnos... Para acabar, una pequeña muestra. Cuando un oso ataca a los seguidores de Ubú, este se sube a una roca mientras los demás se enfrentan a él. Así justifica después se actitud:


PADRE UBÚ. (Bajando) Podéis sentiros contentos de estar todavía vivos. El seguir hollando la nieve de Lituania, lo debéis a la magnánima manera de ser del Señor de las Phinanzas. Él se ha despizcado, deslomado y desgañitado recitando padrenuestros por vuestra salvación. Y ha manejado con tanto arrojo la espada espiritual de la oración, como vosotros las armas materiales y, el aquí presente palotín Cotiza, el perecedero pistolete explosivo. No, nos hemos llevado todavía más lejos nuestra abnegación. No hemos dudado en subirnos a la roca más alta, para que nuestras oraciones llegasen antes al cielo.


También de Alfred Jarry en ULAD: Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico

martes, 10 de noviembre de 2020

Alfred Jarry: Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico

Idioma original: Francés
Título original: Gestes et opinions du docteur Faustroll, pataphysicien
Traducción: Teresa Fernández, Gervasio Spaulding, Jesús H. Angulo
Fecha de publicación: 1911
Valoración: Inclasificable

Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, subtitulada Novela neo-científica, fue escrita por Alfred Jarry en 1898, aunque no sería publicada hasta cuatro años después de su muerte, en 1911. Es un artefacto literario inclasificable, iconoclasta a más no poder. Y nunca se toma en serio a sí mismo, pero tampoco renuncia a exhibir una erudición artificiosa y lúdica.

Está relatado con una pompa (no en balde, el narrador es un funcionario, monsieur René-Isidore Panmuphle) que realza lo ridículo y grotesco que es su argumento. Éste es: las aventuras del doctor Faustoll, nacido a los 63 años y pionero de la «patafísica». Le acompañan su ayuda de cámara, un mono babuino llamado Bosse-de-Nage, y el ordenanza Panmuphle, a quien ya hemos mencionado.

Menuda locura, ¿verdad? Pues el autor de esta bizarrada fue, como no puede ser de otro modo, un personaje la mar de extravagante (Alejandro Dolina nos lo cuenta perfectamente en este vídeo); inventor de la 'Patafísica, artífice de una producción delirante e inspirador del Teatro del Absurdo, el Dadá o el Surrealismo. 

Para todos los interesados en la 'Patafísica, ésta es sin duda una obra fundamental. También la recomiendo a aquéllos que se pregunten cuánto mide la superficie de Dios. Sí, habéis oído bien: en Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico se intenta medir la superficie de Dios. Ya veis que las ocurrencias de Jarry no defraudan.

La edición de Libros del Innombrable, por cierto, es exquisita. Comentada, repleta de pertinentes paratextos y profusamente ilustrada, es quizás la mejor que uno puede encontrar en español.


También de Alfred Jarry en ULAD: Ubú rey

sábado, 4 de abril de 2009

VV.AA.: 'Patafísica

Idioma original: francés, español, inglés
Fecha de publicación: 2002
Valoración: Muy recomendable

La 'Patafísica ya apareció en este blog hace no mucho. En la entrada sobre Ubú rey no pude dejar de añadir que Ubú es capitán del ejército polaco, ex-monarca de Aragón y doctor en 'Patafísica. Va siendo hora de que entremos en algún detalle más. Para empezar, aclaremos que el apóstrofo que aparece antes de la P no es ninguna errata. Hace referencia a la elisión de una E inicial y, por tanto, a la etimología de la palabra (tan inventada por Alfred Jarry como la palabra misma, claro está). Según Jarry, 'Patafísica vendría del griego επι (μετα τα φυσικα), es decir, aquello que se añade a la Metafísica. Si la Metafísica ha sido, clásicamente, la ciencia de lo universal y de lo necesario, la 'Patafísica se ocupa de aquello que queda fuera de ese ámbito: lo particular y lo contingente. Sería, así, la ciencia que estudia las excepciones.

Se dirá que una ciencia así es cualquier cosa menos ciencia, y se dirá con razón. Al fin y al cabo, lo que hace Jarry es más bien una parodia del método científico con una finalidad puramente literaria. Si las leyes naturales no se entienden más que como excepciones más frecuentes, entonces la atribución de causas a los fenómenos observados se revela arbitraria, y se abre la veda para intentar otras soluciones imaginarias. Este procedimiento lo desarrolló Jarry en algunos textos breves que tituló Especulaciones y que fue publicando en revistas. En "Las costumbres de los ahogados", por ejemplo, describe con frialdad de entomólogo el hábitat y las pautas migratorias de esa curiosa especie animal. Es uno de los primeros ejemplos que yo conozco de lo que luego ha dado en llamarse ensayo-ficción.

Este libro reúne varias de estas ingeniosas Especulaciones junto a otros textos sobre la 'Patafísica, algunos escritos por miembros del Ilustre Colegio de la 'Patafísica. Esta singular institución se fundó en París en 1948 para honrar la memoria de Alfred Jarry (muerto 41 años antes) y propagar la ciencia inventada por él. Marcel Duchamp, Eugène Ionesco, Joan Miró, Boris Vian o Raymond Queneau (el fundador de OuLiPo) fueron algunos de sus miembros. 'Patafísica, editado con primor por pepitas de calabaza (que se anuncia como "una editorial con menos proyección que un cinexín" y que merece la publicidad gratuita por lo bien que lo hace), reúne una historia completa del Colegio, la arenga inaugural del Barón Mollet y otros escritos teóricos. Para todos los interesados, ésta es sin duda la obra de referencia en castellano.

lunes, 7 de marzo de 2016

Colaboración: El canon occidental de Harold Bloom

Idioma original: inglés

Título original: The Western Canon: The Books and the School of the Ages

Año de publicación: 1994

Traducción: Damián Alou

Valoración: repugnante


Una tarea titánica la de compilar la lista de los libros imprescindibles de Occidente, lo que quiera que sea eso. Como el autor es un simple mortal, su fracaso es previsible, aunque podía haberlo sido menos de conducirse con más modestia.

Bloom es demasiado ignorante para el empeño y muestra un vicio muy presente en algunos autores de habla inglesa, considerar prioritario frente al resto lo que está escrito en inglés. Enmascaran así su flaqueza para leer en otros idiomas. Un ejemplo claro es su tratamiento de la literatura medieval: dedica un capítulo entero a glosar Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer -magnífico libro, por otra parte-, pero ignora a Boccaccio, a Juan Ruiz, a don Juan Manuel (donde podrá encontrar la semilla de La fierecilla domada de su adorado Shakespeare), la literatura de exempla y las farces, sotties y fabliaux en francés, por no seguir con la lista, todos ellos anteriores y de los cuales bebió Chaucer en abundancia.

A ver, cualquiera diría que para hacer un canon no ya occidental sino -seamos más modestos-, sólo europeo, habría que dominar el inglés, pero también al menos el castellano, el francés, el alemán y el italiano, pero no es el caso. Así que para ocultar sus carencias se refugia en la soberbia y la displicencia. Shakespeare es el mejor autor que ha pisado la Tierra. ¿Por qué? Porque lo digo yo. Si un mindundi como Leon Tolstoi osa decir que todos los personajes de Shakespeare hablan igual es porque Tolstoi no sabe suficiente inglés. Y sin embargo, es cierto. Todos los personajes de Shakespeare hablan igual, una de las muchas críticas que cabe hacer al sobrevalorado dramaturgo inglés. Lo que no sucede con Calderón de la Barca, por ejemplo, donde los reyes hablan como reyes y los criados como criados. Claro, ese es el problema de los cánones, que son fruto de un lugar y una época; si lo hubiera escrito un alemán aparecería Calderón, pues fue en Alemania donde se rescató su figura después del olvido al que le condenó el tiempo y aún hoy muchas de las mejores ediciones calderonianas se hacen en territorios de habla alemana. El libro está lleno de ejemplos así. Entroniza a Samuel Beckett pero ignora la existencia del Teatro del Absurdo, como si Beckett no debiera nada a Alfred Jarry, a Dadá y su Cabaret Voltaire o a Antonin Artaud o si su obra fuese una isla solitaria sin comparación con, por ejemplo, la de Eugène Ionesco.

Por otro lado, Bloom es un resentido y lo hace notar. Para él la culpa de la decadencia en la transmisión de la literatura la tienen las feministas, los negros y los homosexuales, bien claro lo escribe. Por supuesto, no cabe un gramo de responsabilidad en profesores ignorantes y dogmáticos como él. Supongo que aquí cuentan mucho las pequeñas miserias de la vida universitaria...

Ojo, le he llamado ignorante, soberbio y resentido, pero no tonto. Tuvo la suficiente astucia para dedicar un espacio separado al catalán en su maravillosa lista y eso le valió un Premi Internacional Catalunya otorgado por la Generalitat y dotado con una muy buena bolsa...

Lo leí hace unos cuantos años, al poco de aparecer, y lo encontré un ejercicio gratuito de arrogancia. Medida por medida, no me he tomado la molestia de repasarlo.



                                                                                             Firmado: Pedro el Negro


Otros títulos de Harold Bloom reseñados en Un Libro al Día: GeniosLa religión en Estados Unidos