Título original: La llum subterrània
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable
101 + 19 = 120 poemas es una antología, publicada por Visor allá por el año 2000, en la que se recoge una muestra de los 10 poemarios publicados hasta ese momento por el ovetense Ángel González, a los que se añaden una serie de poemas inéditos, algunos de los cuales, por cierto, verían la luz en forma de libro años después.
Lo anterior supone, por tanto, un recorrido simplificado a través de más de 40 años y hace que esta reseña y la valoración que la encabeza sean, a su vez, la simplificación de una simplificación, pero allá vamos y que sea lo que Dios quiera.
Perteneciente a la generación del 50, Ángel González se caracteriza por el empleo de un lenguaje cercano a lo coloquial, por el tono conversacional e irónico y por situar sus poemas a medio camino entre la experiencia personal y la experiencia colectiva. Entre los temas que predominan en su obra cabe citar los "problemas metafísico - existenciales", las reflexiones sobre la poesía y sus mecanismos, lo político - social, el amor o el paso del tiempo.
En su primera etapa (desde Áspero mundo (1956) hasta Tratado de urbanismo (1967)), en la que se observa una clara vinculación con otros poetas de su quinta o ligeramente más mayores, como Blas de Otero, ocupan un lugar central los temas existenciales y políticos, si bien en ellos asoman ya el humor y las "torceduras" de la realidad (un ejemplo se puede observar en Ayer). Es la de esta época una poesía de la derrota y de esperanza oscura en la que el existencialismo de corte más individual da paso progresivamente a preocupaciones políticas y sociales.
Personalmente, esta es la etapa que más me interesa del autor, por la potencia y la fuerza de su imaginería, por su mayor conexión con inquietudes y preocupaciones atemporales, así como por una mayor musicalidad general en los poemas.
En la segunda etapa (desde Breves acotaciones... (1969) hasta Deixis en fantasma (1992)), ganan peso las rupturas de la lógica, la ironía y los motivos más "anecdóticos", hasta el punto de acercarse en ocasiones a lo meramente aforístico. Unido a esto, el paso del tiempo y la melancolía y el desencanto cobran mayor protagonismo, en especial en Muestra corregida... (1976). En este sentido, es revelador el poema Contra-orden (Poética por la que me pronuncio ciertos días), en el que dice...
Año de publicación: 2012
Traducción: Altair Díez y Abel H. Pozuelo
Valoración: desilusionante
Enorme dilema; el fan irredento de Houellebecq que habita en mí, incapaz de batirse en duelo ante el flagrante inexperto en poesía. O, mejor dicho, tirando la toalla casi a la primera de cambio. Poesía recoge sus cuatro obras en este género, en el que, diría, el francés se siente a gusto y se identifica, no contento con ser el mejor novelista de su generación y un muy notable ensayista, el sempiterno fumador y galán algo maltratado por el tiempo, ha ido publicando algo que yo no llamaría poemarios, pero que indudablemente quiere tener entidad propia. Quiero decir, mantiene cierta coherencia con el resto de su obra y diría, aunque soy incapaz de emitir juicios técnicos del mínimo calado, busca un ámbito estético al margen de su obra en prosa.
Y puede que esa sea mi premisa equivocada. No niego que estoy algo impaciente por leer mi ejemplar de Aniquilación, por puro placer, y esta sea una introducción idónea y adecuada (la única parte de su obra que no he leído es esta), pero, para mi desesperación, digamos que me he pegado un leve trastazo. Insistiendo en mi nulidad para el género, mi primer atisbo de desazón parte de mi profunda percepción de que a los traductores el proyecto se les ha atragantado. Comprendo la enorme dificultad, pero, gracias a la edición bilingüe, y, a pesar de mi exiguo francés, creo haber notado en ciertos originales una sombra irónica y corrosiva que se ha perdido. Para empezar, la acentuación francesa seguramente aporta una musicalidad algo ripiosa al texto. Traducida al castellano, la musicalidad de los poemas se resiente. Quiero decir: rimar parasite (parásito) y bite (polla), es un auténtico desafío, y no sé si esta traducción tiene sentido al margen de los completistas acérrimos, que, si lo son a todas todas, lo que deberían es aprender francés y degustar a Michel en su versión más libre de distorsiones. Porque insistir en usar el mismo vocablo (a veces algo rebuscado) en aras de ser fiel a la forma del texto no me ha parecido justificado.
Pero puede que el defecto resida ya en el material original. Obviamente, estas poesías nada tienen de bucólico ni - aunque la palabra "amor" sigue surgiendo de vez en cuando - de exaltación del alma. Houellebecq menciona grandes almacenes populares (Monoprix, Prisunic) y sitúa sus textos en entornos urbanos en los que sus personajes (solo auto menciona a otro tal Michel una vez en más de trescientas páginas) adolecen de lo mismo que los protagonistas de sus novelas. Bien: hay acidez, resquemor, escepticismo, nula confianza en sociedad o humanidad, exaltación del individuo como incitador de lo que sea - cambio, revolución, tragedia, autoinmolación- territorio de sobras conocido y en el que no hace falta incidir. Pero en esa falta de interacción, apenas hay conato de diálogo, apenas oponentes como complementarios o antagonistas, y aún sabiendo que el estilo es completamente libre y el desarrollo de los poemas, libre y caótico, en ese necesario establecimiento del narrador como único declamador sin esperanza de corrección o respuesta, resulta que esta Poesía acaba siendo unívoca y percusiva, habrá quien diría que tenaz y convencida, yo me tragaré el sapo, y diré que obstinada y tozuda. Houellebecq, el novelista, llena el universo de atrezzo que completa a su personaje - amantes, familiares, conocidos y saludados. Houellebecq, el poeta, parece quedarse en un rincón solitario, de brazos cruzados y gruñendo entre dientes sobre todo lo que está mal.
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