domingo, 15 de marzo de 2015

Dambudzo Marechera: La casa del hambre

Idioma original: inglés
Título original: The house of hunger
Año de publicación: 1978
Traducción: María R. Fernández Ruiz
Valoración: muy recomendable

Hagamos un pequeño ejercicio. No solamente tengamos en cuenta la poca repercusión de la literatura africana, fruto seguramente de la escasez de traducciones (ya no digamos si los originales parten de algunos de los idiomas autóctonos y no, como es habitual, del inglés o del francés). Tengamos en cuenta las circunstancias de la población allí, y el caldo de cultivo que ello puede representar para el surgimiento de eso que llamamos escenas literarias. En sociedades con escaso acceso a la educación convencional, en sociedades diezmadas por precarias condiciones sanitarias, o por conflictos bélicos, por el hambre, por la miseria. Y ahora pensemos en que Dambudzo Marechera, según reza la solapa, murió en 1987 (con 35 años) a causa de una neumonía provocada por el SIDA. Tras ser expulsado de dos universidades; la de Rodesia y la de Oxford, UK, en este caso por negarse a someterse a tratamiento psiquiátrico (hecho al que se hace referencia explícita).
¿Qué puede depararnos, entonces, un libro como La casa del hambre? Pues una especie de viaje poco agradable con paradas en todos los lugares esperados. Que son, (porque la gran parte del libro -esa casa del hambre- se desarrolla en la Rhodesia que hoy conocemos como Zambia o Zimbabwe, la de la segregación y los conatos de independencia) los siguientes: excesos con el alcohol, con la marihuana, con el sexo, con la violencia, malos tratos de género, más violencia, embarazos no deseados, miseria, hambre, prostitución, enfermedad, falta absoluta de expectativas, desidia, desazón, fetidez, muerte. Y, volviendo a mi ejercicio, un escritor desconocido e ignorado, al que su desesperadas ganas de escribir, y hacerlo sobre su entorno más cercano, literalmente desbordan. Su escritura alterna pasajes de crudo figurativismo con tramos de lírica alucinación. Una montaña rusa que pone a prueba al lector, consciente de que Marechera ataca desde las vísceras, pura bestia a quien le da igual ser o no ser leído, pero que tiene que dejar constancia de esa existencia insegura y alterada. Da igual que sean encuentros con amigos en cervecerías, altercados de extrema violencia en callejones, visitas a amigos, a familiares de amigos, encuentros sexuales, palizas dadas o recibidas. Capaz de alternar un puñado de fascinantes páginas describiendo una tormenta con diálogos entrecortados, más propios de jerga maleante y callejera que de la apoteosis lírica que puede producirse en el siguiente párrafo.
Señores: enterémonos de que esta no es el África colonial  de Dinesen sino la pestilente realidad. Ni leones ni safaris. Porquería y desesperación son el menú del día, de la semana, y Marechera no se corta, no se cortaba, en llamarlo por su nombre y, cosa de agradecer, dejarnos incómodos, disconformes y desorientados.

sábado, 14 de marzo de 2015

Colaboración: Todos nacemos vascos de Óscar Terol

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Se deja leer

Ahora que parece que ha pasado el tsunami de Ocho apellidos vascos, podemos hacer una pequeña incursión en algo que podríamos denominar como un precursor de ese tipo de humor. Porque, para quien no lo sepa, hay que decir que Óscar Terol fue uno de los responsables originarios del programa de ETB Vaya semanita, a su vez inspirador de la exitosa película. Todo hacía pensar que el libro se movería en parecidos registros, quizá con algunas matizaciones.

Porque también se supone que el medio escrito permite mayores cotas de osadía que la pantalla de TV –en especial, tratándose de una cadena pública. Y, por otra parte, el libro se edita en una época (2005) en la que este país ya venía necesitando claramente y de forma urgente un buen repaso a base de ironía corrosiva y acidez desmitificadora. Y aquí es donde nos quedamos a medias.

El corte del libro podíamos definirlo como típico ‘teroliano’, pero el producto es desnatado y bajo en calorías. Es un trabajo bienintencionado y simpático, pero no deja de ser una sucesión de chistes y humoradas más bien inofensivos. Ya se sabe, el vasco amante de la buena mesa y la cuadrilla, cortado con las mujeres, currante y un poco bruto, tan poco hablador como amigo del canturreo.

De forma que, página a página, se nos va bajando el punto. Es cierto que nos encontramos buenos golpes, de esos que le sacan a uno la sonrisa, que los gags están en general bien traídos, y se agradece la coherencia con el disparatado hilo argumental (o sea, que todos nacemos siendo vascos, pero después sólo unos pocos continúan siendo acreedores al título). Pero todo es humor blanco, falta la voluntad auténticamente transgresora, y la obrita acaba resultando acomodaticia. Pocos serán quienes se sientan violentados por la burla... y menos aún, en el entorno de nuestra clases dirigentes.

En suma (y aunque en su época se vendió como churros), correcto, pero irrelevante. Como para leer en la playa.

Firmado: Carlos Andia

viernes, 13 de marzo de 2015

Augusto Cruz: Londres después de medianoche

Idioma: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Los aficionados a la Historia del cine -y al programa Cuarto Milenio- posiblemente hayan oído hablar de la película London after midnight (también conocida como The Hypnotist o El hipnotista, en español), dirigida en 1927 por el inquietante Tod Browning y protagonizada por el no menos inquietante Lon Chaney "el hombre de las mil caras". Este filme se considera la primera película americana de vampiros y además de ser, presuntamente, una película maldita. Escribo "maldita" no en el sentido de "película de culto", puesto que nadie, que se sepa, la ha vuelto a ver desde hace casi 50 años, por lo menos: Londres después de medianoche -la llamaremos así- es también quizás la película desaparecida más célebre de la Hª del cine: la última copia conocida desapareció en el incendio de la bóveda 7 del almacén de la MGM en 1967. Con maldita me refiero a que, al parecer, la desgracia parece cebarse en quien haya tenido relación con el filme: empezando por Lon Chaney, que murió poco después de interpretarlo. Además, en varios cines donde se estrenó , se produjeron incendios, llegando a haber varias víctimas y un tipo en Londres degolló a su novia y trató de matarse a sí mismo también, tras ver esta película. En su defensa, adujo que la figura  del Chaney vampiro se le había aparecido y le había impulsado a cometer el crimen (curiosamente, la iconografía vampírica ha sido fijada a partir de la imagen horripilante de Nosferatu, por una parte, o de la mucho más elegante encarnada por Bela Lugosi, es decir, la clásica del conde Drácula; pero ha dejado de lado esta imagen entre ominosa y sardónica que compuso Chaney... excepto, que yo recuerde, en el personaje interpretado por Stephen Rea en Entrevista con el vampiro, que recogía algo de su estética).

Augusto Cruz, quizás considerándose protegido por su apellido de  vampiros y otros seres tenebrosos (perdón por el chiste malo...), construye su novela alrededor,  justamente,  de la búsqueda de la legendaria película,  encargada por cuenta de un anciano coleccionista, Forrest Ackerman -personaje real, éste; el abuelo de todos los "frikis" de la ciencia ficción y las pelis de terror, por así decirlo-, que contrata a Mc Kenzie, un agente jubilado del FBI que al parecer, resolvió todos los casos que se le encomendaron -aunque no los que le atañen deforma más personal- y que además fue el último asistente del no menos legendario director de la agencia, Edgar Hoover. La historia, pues, exhala en buena medida el aroma de la novela negra norteamericana más clásica, sobre todo en la parte que sr desarrolla en Los Angeles, que no deja de recordarnos incluso a las de Chandler... con sus personajes ya abocados a la senectud, eso sí.  Ahora bien, a partir de un determinado momento, los escenarios cambian y la novela se llena no sólo de referencias a las películas de terror -tenemos hasta alusiones más o menos veladas a La matanza de Texas y Tiburón-, sino también a toda la tradición fantástica occidental, incluyendo -o empezado por- la de los cuentos infantiles: en la narración encontramos desde un castillo encantado, con gigante y todo (e incluso frijoles mágicos), a bandidos, bosques laberínticos, cuevas del tesoro, duendes -chaneques mexicanos, para ser preciso-, momias y hasta un hombre invisible (o dos). Incluso una peculiar "hada madrina" en la figura de Hoover, que sobrevuela toda la novela como una especie de numen protector del protagonista.

Y desde luego,  encontramos fantasmas; fantasmas de todo tipo que no dejan de aparecer en el libro: en su más estricto sentido, pero también de forma figurada, como esos inmigranres irregulares que constituyen la maquinaria invisible de la opulencia norteamericana. Y, sobre todo, fantasmas que toman forma de recuerdo, porque buena parte de la novela la constituyen los recuerdos que se cuentan unos personajes a otros: ancianos amenazados por el alzheimer que se aferran a sus últimos recuerdos para evitar que se desvanezca su vida, mientras otros, en cambio, no pueden desprenderse de ellos para encontrar cierta paz. Personajes que buscan sacar a la luz una parte del pasado que hemos olvidado, mientras hay quien hace todo lo posible para que permanezca en la sombra. El tema central de la novela es, pues la memoria y su reverso, el olvido; ambos los escuderos de la vejez y de su inevitable compañera, la muerte, de cuyo lazo resulta imposible librarse, por más que se le intenten poner obstáculos o invocar añagazas como exhibir un viejo anillo de Boris Karloff o la búsqueda de un Grial inverosímil,  como sería una vieja pelicula de vampiros.

Supongo que se nota que la novela me ha gustado mucho. Espero que a quien siga mi recomendación y la lea, le ocurra lo mismo.

jueves, 12 de marzo de 2015

Herberto Helder: Los pasos en torno

Idioma original: portugués
Título original: Os passos em volta
Año de publicación: 1963
Valoración: Muy recomendable

Estoy últimamente muy monotemático con la literatura portuguesa (Eça de Queirós por partida doble, José Cardoso Pires y ahora Herberto Helder), pero no viene mal, porque realmente la literatura portuguesa es muy mal conocida en España (si exceptuamos a Pessoa, Saramago y Lobo Antunes), y hay autores que vale la pena rescatar del olvido. El autor que reseño hoy, Herberto Helder, está considerado como uno de los autores fundamentales de la literatura portuguesa, a pesar de que (o quizás porque) se niega a dar entrevistas, a ser reeditado o a recibir premios, un poco como J. D. Salinger o Pynchon.

Herberto Helder es conocido sobre todo como poeta; la obra que reseño hoy, Los pasos entorno (hay una traducción de Ana Márquez para Hiperión) es una obra de prosa, aunque me resisto a decir que es un volumen de relatos. Es más bien una colección de textos de prosa poética, algunos más próximos de la narración, otros del diálogo y otros de la recreación onírica o poética de la realidad.


Hay, como decía, en este libro textos que son más estrictamente calificables como cuentos (por ejemplo "Enfermedades de la piel", simplemente magnífico); algunos están cerca de la parábola o la fábulo (como "Teoría de los colores" o "Perros, marineros", que es probablemente mi favorito); pero otras veces la prosa duda entre la narración y la reflexión poética, entre la autoconsciencia y la ironía. El narrador, el poeta, aparece varias veces en el texto en primera o tercera persona. Y hay también paisajes de ciudades europeas por las que el autor viajó: Amberes, Amsterdam, París...


A pesar de que el libro es, como digo, bastante plural, tiene sin embargo una unidad indudable: la unidad que le da el estilo y la utilización del lenguaje que es, sin duda, la de un poeta, por mucho que en esta ocasión escriba en prosa. Es un lenguaje cuidado, sugerente, escogido milimétricamente pero sin necesidad de recurrir a lenguajes pedantes o esotéricos. Lo mejor que uno puede hacer con este libro es dejarse llevar por las palabras que giran, de una manera muy diferente a lo que lo hacen en una narración convencional, en torno a determinados temas, personajes, lugares, hechos.

Así empieza el libro, y no digáis que no da ganas de seguir leyendo:
Se eu quisesse, enlouquecia. Sei uma quantidade de histórias terríveis. Vi muita coisa, contaram-me casos extraordinários, eu próprio... Enfim, às vezes já não consigo arrumar tudo isso. Porque, sabe?, acorda-se às quatro da manhã num quarto vazio, acende-se um cigarro... Está a ver? A pequena luz do fósforo levanta de repente a massa das sombras, a camisa caindo sobre a cadeira ganha um volume impossível, a nossa vida... compreende?... a nossa vida, a vida inteira, está ali como... como um acontecimento excessivo... Tem de se arrumar muito depressa. Há felizmente o estilo. Não calcula o que seja? Vejamos: o estilo é um modo subtil de transferir a confusão e violência da vida para o plano mental de uma unidade de significação. Faço-me entender? Não? Bem, não aguentamos a desordem estuporada da vida.
[Si yo quisiera, enloquecería. Sé una cantidad de historias terribles. He visto muchas cosas, me contaron casos extraordinarios, yo propio... En fin, a veces ya no consigo ordenar todo eso. Porque, ¿sabe?, uno se despierta a las cuatro de la mañana en un cuarto vacío, enciende un cigarro... ¿Lo ve? La pequeña luz de la cerilla levanta de repente la masa de las sombras, la camisa caída sobre la silla gana un vlumen imposible, nuestra vida... ¿comprende?... nuestra vida, la vida entera, está allí como... como un acontecimiento excesivo... Hay que poner orden muy rápido. Felizmente está el estilo. ¿No adivina lo que es? Veamos. el estilo es un modo sutil de transferir la confusión y la violencia de la vida para el plano mental de una unidad de significación. ¿Me explico? ¿No? Bien, no aguantamos el desorden espantoso de la vida.]

Siempre nos quejamos (por lo menos yo a veces me quejo) de que se lee poco relato, de que se lee poca poesía, de que solo se lee novela. Y es verdad, y en este blog contribuimos a esa misma tendencia. Leer Los pasos entorno es una forma de matar dos pájaros de un tiro: no solo se está leyendo relato, no solo se está leyendo poesía; se está leyendo mucho más.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Saïd Sayrafiezadeh: Cuando llegue la revolución habrá patines para todos

Idioma original: inglés
Título original: When Skateboards Will Be Free
Año de publicación: 2014
Traducción: Álex Gibert
Valoración: muy recomendable

"Entonces se bajó la cremallera"

A veces, una mera frase, muy sencilla, como puede verse, actúa de luz piloto que se enciende para avisarnos de que una novela determinada cambia de marcha. Quizás en este contexto decir esto, hasta la frase en sí, pueda resultar equívoco. Pero así lo he percibido. Y así me lo ha corroborado la mención al "incidente" en las últimas páginas. Ése es un momento crucial. Si, hasta ese momento, podíamos interpretar que Sayrafiezadeh estaba coqueteando con el socorrido recurso de apuntalar con solvencia narrativa unos hechos puramente personales, a partir de ahí comprendemos porqué Cuando llegue la revolución habrá patines para todos funciona tan bien y todo lo que leemos suena sincero y directo, como si estuviéramos oyendo una prolongada grabación dejada en un mensaje telefónico. Como si un amigo nos relatara su vida en la barra de un bar.

"Cuando llegue la revolución habrá patines para todos"

Esa es la excusa que Martha, la madre del protagonista, le espeta para no comprarle un skateboard cuando es un niño. Temerosa de que ese juguete sea el primer paso del acceso de su hijo Saïd al demoníaco mundo del consumo desaforado. Al agujero negro, al pozo sin fín de insatisfacción que es el capitalismo. Así se lo quita de encima, y así de natural lo encuentra Saïd, que ha crecido en el enrarecido entorno de dos padres de culturas antagonistas (ella, judía, él, iraní) pero unidos por un descabellado y utópico objetivo común: ser socialistas (o comunistas) en Estados Unidos. Sidsky, llaman a su hijo, en un afán de sovietizar su nombre. Y su vida, una existencia que prematuramente se bifurca (Mahmoud, el padre, abandona el hogar conyugal) gravita en torno a esa militancia. Que si acudir a reuniones, que si montar tenderetes para vender una decadente y precaria revista del Partido Socialista de los Trabajadores, que si albergar o ser albergados por camaradas. Todo ello regido por un trasnochado sentido de la coherencia que, más que teñir, pringa sus vidas hasta condicionar cada uno de sus pasos, hasta coartar sus expectativas.

"Pero mi madre eligió, con plena conciencia, no sólo ser pobre sino permanecer en la pobreza. La elección la padecimos los dos, enormemente. Porque se trataba de eso, de padecer. Era una forma de realizarse. Mi madre, qué duda cabe, encontró el coraje necesario en la convicción de que la desdicha es honorable, que hay virtud en la miseria y nobleza en la necesidad. Y es que a lo mejor los miembros del Partido Socialista de los Trabajadores se reían del ideal cristiano de la pobreza y la renuncia a los bienes materiales, pero en su fuero interno estaban todos convencidos de que no había peor ignominia que la de triunfar en aquella sociedad en bancarrota moral. No es casual que casi todos los miembros fueran chicos de clase media que habían repudiado su educación y sus títulos universitarios para atender a una vocación más noble y más profunda. En una sociedad como la nuestra sólo se podía prosperar faltando a la ética y explotando al proletariado. Marx había vaticinado que los oprimidos heredarían la tierra y esa misma fe compartieron los comunistas que le sucedieron, desde Lenin y Trotsky hasta el último miembro del Partido Socialista de los Trabajadores. En el fondo, mi madre y yo vivíamos conforme a una versión apenas retocada del Sermón de la Montaña. Y cuando llegara la hora de la revolución, avanzaríamos a la cabeza de los desposeídos. De eso se encargaría mi madre."

Como el protagonista infantil de About a boy de Hornby, Saïd es preso de la obsesión, esta vez política, de su madre, convertida en ceguera o convertida en fanatismo o convertida en enternecedora obcecación por alejar a su hijo de eso que ella considera tan dañino. Así acabará, provocando una reacción constatada en otro significativo pasaje, con Saïd entregado al consumo, dudando entre los precios de dos absurdas cajas metálicas donde meter las cajas de kleenex.

Sayrafiezadeh se une a Teju Cole o Junot Díaz en la nutrida nómina de escritores estadounidenses por nacimiento o por adopción que cuentan con orígenes exóticos en lo cultural. Su ejemplar descripción de lo que ocurre en todos sus entornos, sean cercanos (las escuelas a que su madre le obliga a acudir, sus constantes mudanzas a pisos desvencijados repletos de pósters de Fidel o el Che y montones de las panfletarias revistas que nadie compra) o lejanos (las vicisitudes de su padre en el Irán del asalto a la embajada americana y la era Jomeini) posee esa rara cualidad de generar complicidades en el lector. Lo cual convierte a esta novela en una fascinante lectura, y en otro sonrojante ejemplo de la injusticia a que nos condenan las limitaciones de promoción y distribución de las pequeñas editoriales (interesantísimo el catálogo de Malpaso, por cierto): en cualquier mundo ideal este libro estaría entre lo más destacado del 2014.

Colaboración: El beso de la mujer araña de Manuel Puig

Idioma original: español
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable

Tal vez uno de los mayores logros  de esta novela es conseguir que una historia narrada con aparente sencillez, esconda su enorme complejidad de construcción. La empatía y el interés del lector es uno de los mayores incentivos que persigue un escritor y para ello se vale de diversidad de herramientas. Lo destacable es que Puig apuesta por jugar con la estructura y crea una novela muy original pero que no atenta contra esa conexión emocional.

La historia central es la relación que se da entre dos prisioneros que comparten una celda. Sus personalidades son tan disímiles que tal vez en otras circunstancias, serían incapaces de dialogar. Valentín es un preso político y Molina es un homosexual acusado de corrupción de menores. Durante esa obligada compañía, Molina le cuenta películas a Valentín para pasar el rato y por medio de ese diálogo mutuo y convivencia, ambos consiguen un acercamiento. Y es a través de esa recién forjada amistad como sus captores se valen de Molina para intentar quebrar el espíritu revolucionario de Valentín.

Lo interesante de este experimento con la estructura es que posee distintos matices narrativos. En principio, resalta la ausencia de un narrador que lleve la guía de la historia, de modo que la mayor parte de la novela se construye sólo mediante diálogos. Después, en otro nivel, viene el relato de las películas, que parecería algo gratuito, pero en realidad tiene su propia función para mostrarnos algo más de los personajes. El autor se vale de este vehículo de ficción para conectarlos entre sí y con el lector. La narración de esas historias y la discusión que viene después es aquello que introduce la verdadera intimidad de los personajes. Para complementar esto, la obra intercala esos diálogos con fragmentos de informes policiales, entrevistas y notas al pie de página. El lector va construyendo poco a poco sus historias y conociendo las facetas de los personajes.

Tal vez lo más inquietante de esta novela es la empatía que se consigue crear valiéndose de muy pocos recursos y de dirigir toda una historia utilizando sólo las conversaciones de dos prisioneros. En adición, se instaura una atmosfera claustrofóbica, donde sólo contamos con la voz de los personajes y todo lo demás que los rodea, ese mundo físico, queda absolutamente en manos de la imaginación del lector.

Firmado: Julieta Moreyra

martes, 10 de marzo de 2015

Hella S. Haasse: La ciudad escarlata

Idioma original: neerlandés
Título original: Die scharlaten stad
Año de publicación: 1952
Traductor: Andre Martín Koster
Valoración: recomendable

En esta novela, la conocida escritora neerlandesa Hella Haasse afrontó el manido tema de la célebre familia Borja -Borgia, en este libro- desde una perspectiva cuando menos original: en vez de centrarse en los miembros más conocidos de la familia (Rodrigo, César, Lucrecia) lo hizo en el más misterioso de todos, al menos en lo que se refiere a la falta de datos sobre él: Giovanni Borgia, el llamado Infans Romanus, hijo natural de César... o tal vez de su padre, el papa Alejandro VI... o tal vez hijo de la desgraciada Lucrecia... con su padre...o con su hermano... o con algún otro. O quizás hijo de ninguno de ellos, quién sabe...

En la novela, Giovanni, desamparado tras la muerte del papa Alejandro y de César, que ha acabado en la corte del rey de Francia y sirviéndole como soldado en navarra, vuelve a Roma para tratar de acalrar la oscuridad de sus orídenes y labrarse una posición, en una ciudad en la que su apellido apenas si despierta ya curiosidad y nada del temor de antaño. Se cruzará en su camino con el escritor satírico y chismoso profesional Pietro Aretino, el único que parece interesado en el secreto quizá terrible que esconde la propia existencia del joven Borgia. y que además le introduce en el mundo de las bajas pasiones que constituye la tramoya -tampoco demasiado oculta- de ese escenario para la representación del oropel del poder que era la Roma de entonces, la ciudad escarlata.

Aretino no es el único personaje real que aparece en la novela -que de hecho, está contada desde múltiples puntos de vista, aunque predomine el de Giovanni Borgia-. también encontramos a Miguel Ángel, a Maquiavelo, a Alfonso d'Este.. e, inevitablemente, a su esposa, Lucrecia Borgia (quizás la madre... o la tía... o la hermana de Giovanni); el retrato que se hace de ésta es particularmente interesante: a diferencia de las dos visiones extremas que se hecho siempre de ella, la "demonización" o la "santificación", Haasse nos presenta a una Lucrecia cariñosa con Giovanni, pero neurótica, víctima de los hombres que la han rodeado en su vida -su padre, su hermano, sus maridos-, pero también manipuladora y hábil a la hora de utilizar su propia debilidad. Su retrato, además, parece complementarse con el de los otros dos personajes femeninos que aparecen en la novela: la piadosa noble Vittoria Colonna y la prostituta Tulia de Aragón.

Otros "cameos", sin embargo, parecen menos justificados o más metidos con calzador en la historia: es el caso de Ana Bolena o el caballero vasco que luego pasaría a la posteridad como San Ignacio de Loyola. En cualquier caso, este libro sin duda puede ser un deleite para todo aficionado a la novela histórica; en especial, el relato que se hace del famoso sacco de Roma de 1527 resulta pormenorizado, descarnado y, justamente por eso, aterrador pero fascinante.

Una novela, repito, original sobre una materia y unos personajes mil veces tratados en la literatura. Sólo por eso ya merecería ser recomendada, pero es que además está muy bien escrita y parece que documentada. Garantía de unas cuantas horas de lectura placentera y a ratos apasionante, en mi opinión.