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domingo, 22 de mayo de 2016

Berta Vias Mahou: Yo soy El Otro

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien

Hace no mucho tiempo, un servidor reseñó en este bienaventurado blog Golpes de gracia, una novela que trata sobre las figuras paralelas y la consiguiente rivalidad -aunque relativa- de dos boxeadores vascos de los años 30, Paulino Uzcudun e Isidoro Gaztañaga. Curiosamente, por esos días me enteré de la existencia de esta otra novela, Yo soy el Otro, que aborda un asunto parecido, aunque circunscrito en este caso al mundo del toreo. Y además, no sólo cuenta la historia de una rivalidad, sino que, aún más allá, la de un caso pasmoso de un doble o doppelgänger (en alemán estas cosas suenan mejor). Porque esta novela -biografía novelada, más bien- trata de las andanzas, allá por los años 60, del torero jienense José Sáez Fernández, llamado en los ruedo El Otro precisamente por parecerse, por suerte o por desgracia, como una gota de agua a otra al diestro más célebre de aquellos años, y no sólo entre los aficionados taurinos, Manuel Benítez, el Cordobés (la fotografía de la cubierta del libro lo atestigua). Sáez, más joven que el Cordobés, comenzó sus andadura de novillero cuando éste llegaba a la cúspide de su fama, por lo que, quizá mal aconsejado por un apoderado poco escrupuloso, trató de hacer carrera aprovechando el parecido y jugando de forma ambigua a la confusión.

Digamos que, no obstante las buenas hechuras del morlaco que da origen a la novela y el indudable oficio de su autora, la faena no acaba de cuajar; por seguir con el símil taurino, hay unos cuantos muletazos vistosos, pero sin continuidad y que no llegan a transmitir hondura, aunque lo intenten; la escritora no consigue llevarse la historia a sus terrenos, creo, y, a la hora de entrar a matar, no diré que pinche en hueso, pero el resultado es media estocada y descabello. Aplausos del respetable, pero sin petición de orejas ni mucho menos rabo... (para tranquilidad de los lectores más refractarios a la tauromaquia, aviso que éste no es para nada el tono de la novela; de hecho, apenas se mete en cuestiones de la lidia en sí y se desarrolla más bien en los ambientes aledaños a ésta).

He de aclarar que en absoluto se trata de que la escritura de Vías Mahou carezca de calidad; bien al contrario, la novela cae a veces en lo que podríamos llamar "un exceso de literatura"; esto es, cierta abundancia en el estilo y, sobre todo, una evidente querencia por las muchas posibilidades del léxico -y, lo que es más peligroso aún, por los sinónimos-, que enriquecen de una forma tal vez excesiva una narración cuyo cuerpo, por desgracia, no  deja de estar constituído por una serie de anécdotas más o menos resultonas: cuando el Otro conoció al "Uno" (por decirlo así); cuando se hizo pasar por él ante su peña de cierto pueblo; cuando fue en helicóptero a la plaza de toros de otro... Tan sólo en la última parte de la novela se explora con un poco más de ahínco lo que parecía ser el tema central de la historia que se nos narra: la mareante constatación de la existencia de un doppelgänger -más interesante aún, puesto que se cuenta desde el punto de vista del doble-; la reversibilidad de los conceptos de éxito y fracaso; la búsqueda de la propia identidad, más allá de lo que la Naturaleza y el ambiente parecen haber reservado para cada uno...

El resultado es como una de esas chaquetillas de torero de las que se habla en la novela: deslumbrantes, bordadas con hilos de oro y seda, recamadas con cristales brillantes, pero que mantienen la rigidez de su estructura con un relleno de cartón o borra...  Aunque, para ser justos, hay que decir que la sobrevitaminación del estilo y, sobre todo, del léxico, también conlleva una par de efectos positivos sobre la novela: por un lado, proporciona a la narración una sensorialidad  -e incluso sensualidad, en ocasiones- que le resulta de lo más adecuada; por otro, el gusto por emplear el lenguaje de la época del desarrollismo franquista permite que la ambientación de la historia cincuenta años atrás -lo que conlleva su dificultad- se consiga de una manera fácil y poco artificiosa. Por último, también hay que reconocer que quizás la autora no pudo tejer otra cosa, con los mimbres de que disponía. Pero  el lector (este lector, al menos) no puede tampoco dejar de lamentar que la novela se haya decidido por los derroteros de la fidelidad a la biografía del bueno de José Sáez, en vez de utilizarla como trampolín para una ficción más desatada que, pienso yo, le habría abierto un mayor número de posibilidades a la narración, a costa, eso sí, de tergiversar la verdad o incluso inventársela, directamente. Pero en eso está la gracia, ¿no?





jueves, 19 de marzo de 2015

Manuel Chaves Nogales: Juan Belmonte, matador de toros

Idioma original: español
Año de publicación: 1935
Valoración: recomendable para el público en general, repugnante para antitaurinos, imprescindible para aficionados a los toros

Empiezo por aclarar que no soy aficionado a los toros: hace años que no voy a una corrida, y dudo mucho que alguna vez vuelva a ir (salvo alguna vez, por curiosidad, en Portugal, donde no matan los toros en el ruedo). Así que mi crítica del libro es puramente literaria, aunque entiendo que un antitaurino lo leerá de una forma completamente diferente a un aficionado a los toros.

Juan Belmonte, matador de toros es una biografía del torero escrita por el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales, que está siendo recuperado en fechas recientes por la editorial Libros del Asteroide. Adentrándose tanto en el personaje que le cede la voz (salvo por los primeros capítulos, dedicados a la primerísima infancia), esta biografía, casi novelada, nos permite acercarnos a la vida y la personalidad de un peculiar personaje de la primera mitad del siglo XX: un matador que se codeaba con la intelectualidad de la época y que alcanzó los más altos niveles de fama en su profesión.

Lo más interesante de la obra es, sin duda, la personalidad del biografiado: salido de la nada, forjado en capeas nocturnas en las dehesas sevillanas, Juan Belmonte se muestra por momentos orgulloso y altivo, en otras ocasiones humilde, sensible, tímido, y siempre celoso de su honor y de su palabra. Un personaje complejo, que no oculta sus miserias y que se ve desbordado por una fama que lo sobrepasa, y que mantiene una relación contradictoria con su propio arte: lo fascina a veces, lo cansa y lo abruma otras.

Hay dos aspectos que hacen que no le dé una nota más alta que "recomendable" (pensando, repito, en un público general que no sea ni fanáticamente taurino ni extremadamente antitaurino): la primera es la poca relación que la biografía de Belmonte tiene con su contexto histórico: la estructura de la novela, basada fundamentalmente ne anécdotas hilvanadas a través del tiempo, y muy centrada en el personaje, evita que el escritor relacione siquiera sutilmente la figura de Belmonte con las turbulencias históricas y políticas de España en el primer tercio del siglo XX, que no fueron precisamente pocas. Solo al final, con la llegada de la República, el protagonista se enfrenta a las consecuencias de la política en su vida, aunque adoptando una perspectiva, digamos, un poco egocéntrica.

El otro defecto que le encuentro a la obra es que la segunda mitad, la que narra la vida de Belmonte desde que alcanza el éxito, es bastante más repetitiva y bastante menos original que la primera, que cuenta el ascenso difícil e inseguro de Belmonte, sus pillerías de niño y adolescente, su lucha por destacar en un mundo competitivo y lleno de egos, las dificultades de sus inicios... En la segunda mitad casi todo son corridas, giras, faenas, fases de desánimo seguidas de grandes éxitos...

En cualquier caso, esta es una excelente biografía novelada, de la que disfrutarán mucho cualquier tipo de lectores, incluidos aquellos que como yo no son aficionados a los toros, siempre que la figura de un torero no les resulte repugnante de antemano...

También de Manuel Chaves Nogales en ULAD: La agonía de Francia