sábado, 29 de septiembre de 2018

Stephen Vizinczey: En brazos de la mujer madura


Idioma original: inglés
Título original: In Praise of Older Women
Año de publicación: 1965
Traducción: Ana Mª De La Fuente
Valoración: muy recomendable

Antes de que la colonización de la terminología anglosajona generara el término "cougar" o de que Pornhub popularizara eso de las "MILF", varias décadas antes, Stephen Vizinczey publicó este panegírico de las relaciones descompensadas en edad, una especie de reverso de Lolita aún manteniendo el punto de vista masculino, un libro que hoy escandalizaría (apreciación que me limito a apuntar sin atisbo de opinión por mi parte) no por su procacidad en lenguaje y en situaciones descritas, sino por su inequívoca incorrección al otorgar, en todo momento, o esa es mi percepción, un papel nulo a la mujer en la elección de sus parejas sexuales. 
Pero eran los tiempos que corrían. Y eso se toleraba o se aplaudía en las películas de James Bond, perdonad la frivolidad del ejemplo, pero eran tiempos peores, seguro, porque la clave en que las cosas se analizaban, cuando se hacía, era la de una desigualdad arraigada por siglos.
Hoy, En brazos de la mujer madura limita a esa cuestión la posibilidad de escándalo. Porque una reproducción de una señora tendida de espaldas, añeja portada, a estas alturas lo único que puede procurarte son miradas furtivas en el autobús, o las que te puede provocar su título, adecuado y descriptivo como ninguno. Pero los pelos y señales en los encuentros sexuales, la literalidad de la mecánica física, para bien o para mal, y a edades tempranas, ya la conocemos bastante. 
Vizinczey nos regala unas cuantas páginas excelsas. Las de la formación de András Vajda, alter-ego en este juego de equívocos que coincide detalle por detalle con muchos de los hitos de la trayectoria vital del propio escritor. Nacido en Hungría "el mismo año que Hitler accedió al poder", buscándose la vida en el país tomado por las tropas americanas, tras la ocupación y caída de los nazis, luego haciendo lo propio con los rusos ya incorporando el país a su área de influencia (y dedicándoles no pocas frases trufadas por el rencor), siendo objeto de dudas en lo que concierne a su pureza política, finalmente participando en la sofocada y reprimida revolución de 1956, luego ya obligado a exiliarse y a vagar como refugiado hasta, y aquí termina el libro, acabar en la Universidad de Ann Arbor, Michigan. 
Es inevitable que la novela acuse algo de reiteración en sus trazos principales, que son las aventuras que, desde bien temprana edad (el mocoso de doce años que está concertando encuentros entre los soldados americanos y las mujeres de mediana edad que han de tirar adelante en una post-guerra particularmente dura), queda fascinado ante lo que considera que es una verdad inapelable: que no quiere saber nada con las chicas de su edad, que prefiere a las mujeres mayores por su experiencia física y por su actitud vital, una preferencia que Vizinczey explica en textos que no eluden cierto sarcasmo y cierta prepotencia que hoy sería difícil justificar.
A pesar de ello, su enorme facilidad de lectura y la convicción de la prosa lo alejan de cierto perfil de panfletos heteroeróticos tan á la page hoy en día, incluso lo apartan de ciertos clásicos de literatura a la búsqueda del escándalo y la obscenidad gratuita. No se me malinterprete. Vizinczey quería explicar esa historia con ciertos tonos de picaresca y a veces ciertas dosis de crueldad. Diría que Vian anda correteando por ahí y que, en un momento dado, alguna de esas expresiones ligeramente sobradas acabarían aflorando en alguna novela de Roth.

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